Hacía un calor horrible, aún con todas las ventanas abiertas el calor era sofocante, y para colmo se habían quedado sin luz.
Tenían encendidas más de una docena de velas, dispersas por toda la sala, Sherlock andaba sin camisa, dejando ver el blanco torso sudando, se calmaba el calor con las bebidas que se enfriaban en la hielera.
John estaba tirado en su sofá, también sudando y de mal humor, también sin camisa, se estaba empezando a dormir por el calor cuando escuchó el grito de Sherlock.
- ¿Estás bien?- preguntó el doctor, sin moverse de su lugar.
- Me quemé un poco, es todo- respondió Sherlock.
Watson se levantó y fue a ver a Sherlock, se había quemado con cera en la mano, cosa de nada pero siempre era mejor revisar, tomó la mano herida y comenzó a retirar la cera ya fría, estaba concentrado en su tarea cuando escuchó un pequeño gemido por parte del detective, levantó la vista para encontrarse con la mirada celeste de Holmes.
- Sherlock, ¿estás…?-
- Se siente bien- dijo Sherlock, sonriendo – tus manos sobre la quemadura, se siente rico-
- Eres un pervertido- dijo John, sonriendo.
Se acomodó a horcajadas sobre su detective, besándole apasionadamente, le acarició el pecho blanco y desnudo, entonces alargó la mano para tomar una vela, la inclinó y dejó caer la cera sobre aquel pecho, Sherlock gimió de puro gusto.
- Ah, John, eso me gusta- anunció el detective.
John se rió, volvió a verter cera en el pecho de Sherlock.
- Ahhm, hazlo de nuevo-
Aquello se repitió muchas veces, por toda la piel y los dos rosados pezones de Sherlock, que terminaron rojos por el contacto, Sherlock sólo gemía, arañando la espalda de John, reclamando sus labios, se quejó cuando John se apartó de él pero no fue por mucho tiempo, Watson volvió con un cubo de hielo, el cuál pasó por las quemaduras rojas de aquel lechoso torso.
- Hmm, John, ah, sí…-
Los pezones fueron los más consentidos, terminando duros y empapados, Sherlock no paraba de gemir, apretando el trasero de su compañero, John decidió no torturarle más, le abrió el pantalón con cuidado, la erección de Sherlock estaba más que dispuesta y mojada, se bajó un poco la ropa, suficiente para que su entrada estuviera libre, tomó el miembro de Sherlock y lo fue metiendo despacio en su interior, la sensación era simplemente deliciosa, Sherlock estaba muy, muy duro.
- Vamos, John, sabes que me quieres adentro- decía Sherlock, mientras le pellizcaba los pezones duros – mételo todo, John, todo hasta el fondo-
- ¡Sherlock!- gimió John, dejándose caer por completo sobre Holmes.
Ambos estaban demasiado excitados, John sólo necesitó moverse un par de veces para dejar salir toda su semilla sobre el vientre quemado de Sherlock, quien lo acompañó poco después en el éxtasis del orgasmo, se quedaron buen rato así, abrazados y en silencio.
Entonces las luces se encendieron, la electricidad estaba funcionando de nuevo, John se apartó, se acomodó la ropa ante la mirada divertida de Sherlock.
- John, no pagues la luz este mes-
