Desde que obtuve estos ojos, muchas cosas han llegado a cambiar. Y de las cosas que ocurrieron antes de eso, hay muy pocas que puedo recordar.
Cuando trato de pensar en ello tan solo consigo encontrarme con una pared borrosa, una simple mancha gris. Y lo peor es que no se qué debería estar ahí, no sé si realmente debería haber algo ahí. Hay fotografías en mi casa de las que yo no tengo conocimiento alguno acerca de los acontecimientos ocurridos ese día. En una ocasión mi hermano me preguntó por una camiseta que llevaba un día en que salimos a un parque de atracciones. Hasta que me dijo eso y no estaba enterada de que hubiéramos ido a un parque de ese tipo.
Pronto mis padres se dieron cuenta de mi pérdida de memoria y se preocuparon, aunque dieron por hecho que era un problema neurológico, por lo que me recomendaron llenar día con día un diario. Cada que lo leo… es como si otra persona me platicara su vida.
He llegado a la conclusión de quisiera conservar esos recuerdos. Sean buenos o malos. Incluso si fuese una experiencia traumática desearía recordarla.
Bien podría en este momento mirar a los ojos a un amigo de la infancia y no le reconocería. Y esa persona terminaría herida por eso. Temería lastimar a alguien que me recuerda y yo no a ella.
Despierto con el temor de que eso ocurra a diario.
Decidí dejar de lado el tema del complejo de culpa después de los inútiles balbuceos con excusas por parte de Ayane. A decir verdad, después de la "reunión" no sentía ganas de discutir con nadie más.
La televisión nunca ha sido de mi total agrado, pero cuando vi a Konoha sentado frente al televisor decidí sentarme junto a él. El canal de las noticias estaba puesto y múltiples imágenes pasaban, todas relacionadas con algún ataque a una cadena de hospitales.
– ¿Hay algo interesante? –dije al aire, realmente no esperando que me respondiera.
– A decir verdad, no. –Konoha suspiró y dejó el control remoto a su lado mientras apoyaba su codo en su rodilla y su mentón en su mano. –Pero el canal de cocina está en comerciales.
Asentí y clavé la vista en el televisor sin verlo en realidad. Inclusive algunos de los sonidos que había alrededor se aislaron un poco.
Me fije en el titular de la noticia. "Nuevo ataque a Hospitales Sloane", el sonido de la voz de la periodista que presentaba me era un tanto irritante, por lo que dejé de oírla, tan solo me fijé en la sucesión de grabaciones e imágenes fijas que discurrían por la pantalla.
Fue tan solo una fracción de segundo, pero pude ver una imagen que claramente ya había visto en algún otro lado. La reacción que mostré al verlo hizo que mi hermano se girara verme.
– ¿Qué te pasa? –me preguntó.
– ¿Lo viste? La imagen. Un par de… personas que salían de los escombros –traté de explicarle.
– Muchas personas salieron de los escombros –señaló mirando a la pantalla– no entiendo qué pudo haberte llamado la atención.
Fue cuando recordé que Konoha no había estado en la reunión improvisada.
– Dos personas en específico. Del lado izquierdo. –Apunté con un dedo– No salieron como el resto, arrastrándose. Fue… fue como si tan solo hubieran aparecido en ese sitio.
Mi hermano me miró de nuevo con cara de no entender, así que decidí rendirme. Sin embargo, continuaba con la mirada fija en la pantalla, atenta por si volvían a aparecer. Estaba segura, definitivamente esas dos figuras eran las que escribía el secuestrador en su testimonio.
Aunque, por lo menos en esa misma nota, no volvieron a aparecer.
Me levanté del sillón y volví al comedor, donde Shion dormía plácidamente recostada sobre la mesa al lado de su cesta de flores artificiales. Ayane también cabeceaba al lado de ella.
– ¿Cómo va? –me preguntó con la cabeza apoyada en la mesa. Me senté a su lado y apoyé el codo en la superficie de metal.
– Bueno, indicios y dudas por aquí y por allá –suspiré y tomé una de las flores. La sostuve entre mis dedos con la mirada fija en ella. –Nada concluso aun. Pero parece que de momento ya todo está mas tranquilo.
– Ya veo… Qué bueno… –mientras balbuceaba esto último, Ayane terminó por caer finalmente.
No pude evitar reír por lo bajo. Dejé de nuevo la flor en la cesta y me levanté de la silla. Observé al par de chicas dormir y me pregunté que tendría de especial este sitio que hacía que quien entrara se quedase dormido. Incluso a mí me comenzaba a dar sueño.
– ¿No has encontrado nada? –una voz me hizo sobresaltarme, la carne se me puso de gallina– ¿O aun no has buscado nada?
Me giré y vi a Kuro sonriendo de manera traviesa en el marco de la puerta. Detrás de él Shane observaba a su hermana y a Shion con cara aburrida. Incliné la cabeza.
– ¿Ver las noticias cuenta? –pregunté mientras sonreía para ocultar un poco la inquietud que llevaba.
Kuro me devolvió la sonrisa y se acercó a la mesa, más concretamente al lado donde Ayane dormía. Shane entró detrás de él y se le quedó mirando.
– Intenta algo y todo el peso de la posesividad de un hermano mayor caerá sobre ti –le dijo Shane a mi hermano en broma, aunque el tono de su voz era más plano que un papel.
– Como si tuvieras alguna pizca de interés –dijo Kuro con una mirada irónica– Lo mismo va para ti, Kisaragi.
Yo no entendí muy bien a que venía ese comentario, pero bastó para que Shane se pusiera rojo como un tomate. Trastabilló un par de pasos hacia atrás mientras agitaba sus manos. Volví a inclinar la cabeza, confundida y Shane me miró con la cara encendida, como si buscase alguna reacción en mí. Como no la encontró soltó un resoplo y bajó la cara.
– Oh… y yo que solo hacía una broma. –Kuro rió mientras observaba a Shane.
– Cállate. –gruñó Shane.
Reí por lo bajo, provocando que el hermano de Ayane me dedicara una mirada irritada. De inmediato dejé de reír, aunque las ganas de hacerlo eran casi insoportables.
Kuro se sentó a la mesa y comenzó a juguetear con una de las flores de Shion.
– Espero que ya no haya más sorpresas…–susurró.
SHANE
Me pregunto cuando se le ocurrirá a Kuroha aprender a cerrar la boca. ¿En serio tenía que decir eso? Realmente, todos, los tres hermanos me sacan totalmente de mis casillas.
Observé a Ayane, sorprendido de la facilidad con la que cayó dormida en la mesa, siendo que no siempre había sido así, al menos no cuando niña.
– Bien, volveré a la sala –Akemi puso sus manos en sus bolsillos y empezó a andar. Fui tras ella, pero por un instante sentí la necesidad de tomarla del brazo. Trastabillé tratando de evitar esa acción. Ella me volteó a ver– ¿Qué pasó?
– Nada. –Dije desviando la mirada– Te acompaño.
Akemi asintió y regresó su dirección a la sala de estar, donde Konoha hacía el esfuerzo por no quedarse dormido. Me senté a un lado de él y Akemi se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas y en medio de nosotros dos. Miré de reojo a ambos, un tanto inquieto.
– ¿Tenemos algo en la cara? –mirándome también de reojo Konoha inquirió con los brazos cruzados. Era esa mirada que parecía atravesarte por completo.
– No, solo… –traté de enfocar la vista en un punto sobre el televisor–…ustedes dos no son del tipo que mira televisión, así.
Konoha asintió y devolvió la vista al aparato. Traté de hacer lo mismo, aunque no estoy seguro de que lo hubiera hecho, porque de lo que decía la reportera no me enteré de nada. Eso hasta que a Akemi se le ocurrió pegar un brinco.
Fue tan repentino que tanto Konoha como yo saltamos también, cada uno a una esquina del sillón.
– ¿¡Q…qué demonios, Akemi!? –La voz de Konoha tembló en su exclamación. De seguro su ritmo cardiaco estaba tan acelerado como el mío.
– ¡Eso es! –exclamó ella caminando de un lado al otro delante del sillón. Su paso era apresurado y fuerte. En sus ojos tenía ese brillo característico que aparecía cuando algo se le ocurría.
Al troté se asomó a la puerta que conducía al pasillo y asomó la cabeza.
– ¡Zusuki! –el modo en que gritó me hizo preocupar acerca de si despertaría a Shion y a Ayane. Incluso yo me sobresalté.
– ¡Voy! –incluso me sorprendió la naturalidad con la que Zusuki respondió al llamado.
Miré a Akemi con los ojos desorbitados mientras ella se envolvía en la bufanda blanca y tomaba, aparentemente de la nada, un rifle. Contó con precisión las balas que le quedaban al cartucho y empacó dos más de los mismos. No pareció afectarle en lo absoluto nuestras miradas temerosas.
Zusuki no tardó mucho en llegar y ni siquiera hizo pregunta alguna. Con un destello turquesa la cinta que ataba su cabello fue retirada, dejando libres sus rizos dorados. Akemi le lanzó lo que parecía ser un revolver, nuevamente sacado de la nada, que su amiga atrapó con habilidad y escondió entre sus ropas.
En medio de todo aquel movimiento que parecía sacado de alguna película de acción o algo por el estilo un par de personas irrumpieron en el umbral. Debería lamentar decir esto pero, peleando, como era habitual.
– Te digo que no hacía falta venir aquí –se quejaba la voz masculina de la figura más alta, que andaba por detrás de la más pequeña.
– No me importa Tarou. –replicaba la chica.
Y, haciendo su entrada triunfal como personajes de relleno para añadir la mayor pérdida de sentido a la escena que presenciaba, mi primo Momotarou y su amiga de infancia, Hinami, discutían como una pareja recién casada ignorando por completo la situación que discurría a su alrededor.
Genial. Planeaba crecer para vivir cómodamente, no para terminar en un manicomio.
–Cuidado –dijo Akemi sin prestar demasiada atención mientras lanzaba en dirección de Zusuki la katana de la chica, la cual Hinami apenas alcanzó a esquivar.
– ¿Todo? –inquirió Zusuki con una sonrisa traviesa.
– Todo –Afirmó Akemi en tono serio.
– Hey, ¿Qué está pasando? –preguntó Tarou haciéndose a un lado para permitirle a Zusuki pasar.
– Prisa. Akemi vio algo. Pregúntale al psicópata. –y salió dejando Tarou más perdido de lo que ya estaba.
– ¡Kuro! –exclamó Hinami cuando el mencionado entró en la habitación.
Supongamos que un ser humano quema normalmente 50 neuronas por minuto en situaciones normales. Hasta ahora, la confusión y el desentendimiento habían asesinado a la mitad de mi cerebro.
Akemi ya iba en dirección del pasillo con toda la intención de alcanzar a Zusuki, quien seguro ya estaba en el piso inferior. En esta ocasión no pude retener mi reacción.
Apenas salió del departamento aceleré el paso para alcanzarla y la tomé del brazo, deteniéndola. Aunque en realidad pensé por un momento que ambos caeríamos al suelo gracias a la inercia. Ella me miró desconcertada e incluso y me quedé atónito por lo que acababa de hacer. De inmediato la solté y ella inclinó la cabeza.
– ¿Pasa algo? –a pesar de emplear su habitual tono monótono había un pequeño cambio que me indicaba que tenía prisa.
Literalmente, me quedé mudo. Si acaso un "Eh..." salió de mi boca. ¿Qué demonios debía decir? ¿Por qué rayos la había detenido? En mi mente me reprendí por todo lo que hacía. Ella empezó a mover el pie, con nerviosismo, impaciente.
– Eh... bueno –balbucee. ¡BALBUCEE! En serio el calor empezaba a afectarme– Solo… tengan cuidado.
Akemi sonrió, decidida y alzó un pulgar.
– Siempre tenemos cuidado –afirmó y echó a correr por el pasillo, en dirección de las escaleras.
Y me dejó ahí, observando el sitio donde la punta de su cabello había desaparecido. Con más palabras en la boca de las que me gustarían.
AYANE
Me espabilé de golpe apenas oí que la puerta era cerrada. Fue cuando me percaté de que Shion dormía plácidamente a un lado mío y que una chaqueta oscura me cubría los hombros. No pude evitar esbozar una sonrisa, aunque, de cualquier modo, no habría intentado evitar su aparición.
Fuera de la cocina pude oír una discusión que, después de un momento, identifiqué como algo casi natural. Mi primo Tarou y su amiga, Hinami, debían encontrarse en ese momento en el recibidor. Me puse de pie y tratando de hacer el menor ruido apoyé la espalda en la pared, sujetando fuerte la chaqueta entre mis manos.
Supongo que, como parte de los personajes secundarios, mi participación no debe ser tan condicionante para el desenlace de los acontecimientos, pero, si se me da el tiempo de narrar aunque sea un pequeño instante del interminable flujo temporal, debería aprovecharlo. Hasta nunca cuarta pared… [1]
Ahora, como sé que no me podrán responder, supongo que sólo me queda tratar de adivinar qué es lo que quieren saber. ¿Pasado o presente? ¿Cuál es más importante? Durante mucho tiempo esa pregunta podría estar rondando en las cabezas de numerosos personajes de nuestra historia.
Ya saben cómo fue que X llegó a ser tan callada y reservada, así como su dichoso estatus culpable. Aunque algunas cosas permanecen como un misterio que solo quien nos está dando voy y vida en este momento sabe.
Por el otro lado, lo que ocurría en el momento también era importante, así que un poco de ambas no estaría mal.
Primero, el modo en que llegamos a conocernos no está definido de la mejor manera y eso es gracias a la vaga de la autora, pero debo decir que sus palabras no siempre condicionan nuestra vida.
Veamos, 15 de agosto. 10 años atrás.
En ese entonces Akemi y mi hermano solían asistir a la misma clase y ella era el tipo de persona optimista, alegre que se dedica a tratar de apoyar a todo el mundo. Lo que llegó a hacer por varios de nosotros no me corresponde a mí decirlo, sólo diré que en ese entonces se organizó una excursión para el grupo de ellos, a la cual mi hermano se negó a ir. "Demasiadas complicaciones", dijo en ese momento.
Aunque intentó convencerlo, Akemi no logró que mi hermano asistiera. Así pues, marchó sin él. A pesar de su agradable personalidad, Akemi no tenía facilidad para hacer amigos y la mayor parte del viaje lo vivió sola.
Mientras tanto, mi hermano se quedó en casa, encerrado en su cuarto. Por el tiempo que duró ahí, llegué a deducir que leía de nuevo el diario de nuestros abuelos, el cual había robado de un cajón de mamá. Desde que lo obtuvo, ya había pasado tiempo, pero yo no me había atrevido a decir que Shane lo tenía.
Abrí la puerta de su habitación tratando de hacer el menor ruido posible, aun así él se percató de mí.
—Pasa —dijo en un gruñido sin despegar la vista del diario.
Me escabullí dentro y me senté en su cama, casi en la orilla. Guarde silencio, incomoda. No tanto por estar en una habitación que no era la mía, sino por la manía con la que mi hermano se zambullía en las palabras del diario.
—Así que… decidiste no ir —dije con nerviosismo.
—Correcto —me cortó él, que con 7 años sonaba como un viejo amargado.
Fruncí el ceño e hice mala cara. Si, bastante infantil, lo sé, pero en ese momento no se me ocurría nada mejor.
—Sabes… Akemi-chan se vio triste cuando supo que no irías…
— ¿Y? —dijo, irritado, aunque pude notar que su tono de voz había cambiado considerablemente. No supe si tomarlo como una señal buena o mala. Acá entre nos nunca se sabe con él.
Guardé silencio, contrariada. Lo vi tomar una hoja y escribir en ella con una pluma que Kuro le había regalado la navidad pasada. No escribió mucho, puesto que tardó casi nada en dejar la pluma para luego romper la nota en pedazos.
—No entiendo… —comenté en voz baja.
—No hace falta que lo hagas —dijo fríamente poniéndose de pie al oír que abrían y cerraban la puerta principal.
Salió al encuentro con nuestros padres sin decir nada más. Yo hice el amago de seguirle aunque antes de salir me detuve ante su escritorio. Con ayuda de un lápiz acomodé los pedazos con cuidado y por fin pude leer lo que había anotado.
Escrito con una letra forzada y marcada, propia de alguien que está triste o enfadado quedaban las palabras "Lo siento".
Aunque nunca comenté ese suceso a nadie más que a ustedes justo ahora, es un recuerdo que me acompaña siempre.
Cuando salí a reunirme con mi familia, mis padres nos comentaron del accidente de Akemi. El semblante de Shane cambió drásticamente e incluso pensé que se iría corriendo. Pero no, sólo se quedó ahí, de pie. Aquello influyó en su conducta a partir de entonces.
Tiempo después Akemi nos detallaría lo ocurrido y el hecho de que ahora poseía poderes. El autobús en que viajaba se había volcado y, para añadirle drama, incendiado. El conductor estaba desaparecido así que lo habían dado por muerto. En cuanto a los poderes de X, nunca nos dijo como se dio cuenta de ellos, simplemente supo que ahora los tenía y, con la práctica, lo que usarlos acarreaba.
Shane después de eso se sumió aún más en los diarios y Akemi se distanció. Poco a poco acumuló todo tipo de armas y se dedicó a dominarlas.
Poco después de eso, Zusuki demostró también poseer poderes, aunque ella nunca quiso dar explicaciones, Akemi tampoco.
Nuestra vida se sumió bajo un velo de incertidumbre y comenzamos a cuidar nuestros pasos. Aunque no lo suficiente.
Cielos, eso sonó épico, si se me permite decirlo.
Y así es como llegamos a éste año, éste mes, éste día. A éste relato que contamos.
Me habrá tomado minutos de su vida narrar el modo en que se activó la bomba de tiempo, como la llama la Autora, y sin embargo en mi presente no han transcurrido ni siquiera dos.
Shion sigue dormida, la discusión entre Tarou y Hinami continua y ninguno de nosotros conoce el modo en que sucederán las cosas.
Seré tan solo un personaje dentro de una historia. Pero diré que… el transcurso de las paradojas es algo peligroso y emocionante de vivir.
AKEMI
Una buena parte del camino hasta el hospital transcurrió en silencio. Cuando salimos de la base, Zusuki trajo un auto y ambas subimos en él. No dijo de donde lo sacó y, la verdad, no quise averiguar nada, solamente miré por la ventanilla el trayecto.
Conforme más nos fuimos acercando al lugar la cantidad de patrullas aumentó. Por todos lados veíamos personas uniformadas y cintas de precaución.
—Ese es lindo… —comentó Zusuki señalando a uno de los policías.
—Ojos en el camino por favor… —pedí hundiéndome en mi asiento y tratando de esconder la cara.
—Éste es el camino —dijo con una sonrisa mientras recalcaba la palabra "éste".
Pronto la cantidad de transeúntes curiosos, patrullas y ambulancias fue tal que no nos permitió seguir avanzando. Bufé por lo bajo.
—¿Gustas que los quite del camino? —preguntó la conductora mientras sus ojos se volvían rojos. La miré con ojos desorbitados.
—Ni se te ocurra —exclamé abriendo la puerta y saliendo de un salto— caminaremos.
Zusuki suspiró y salió también del choche. Procuramos alejarnos lo más que pudimos de la multitud en un intento de que no notaran las armas que, aunque las llevábamos más o menos escondidas podrían llamar la atención de cualquiera que se fijara en nosotras. Y era en este tipo de situaciones que requerían sigilo y de pasar desadvertidas que la compañía de Zusuki no era la ideal. No me malentiendan, aunque exasperante, Zusuki podía llegar a ser una muy buena compañía, pero era precisamente su deslumbrante presencia la que me obligaba a tener mi alerta funcionando a un 200%.
Sin embargo, en esta ocasión la paranoia que dominaba a la gente y mantenía su atención en la entrada del edificio fue el camuflaje perfecto para nosotras, que entrabamos por un lateral.
Pronto la cantidad de escombros esparcidos por el suelo aumentó e hizo que fuera un poco más difícil el camino hasta la entrada.
— Y, ¿Cuál es el brillante plan, chica tiempo? —preguntó Zusuki mientras hacía equilibrio sobre una roca. Puse los ojos en blanco ante el chica tiempo.
— Bueno, uno de los tipos que nos atacaron presuntamente trabaja para esta cadena de hospitales, y en uno de los ataques anteriores que han ocurrido, él dijo ver a un par de chicos sospechosos. —me agaché para pasar por debajo de una varilla.
— ¿Y tú punto es?
— Una de dos. O los que han estado explotando edificios los obligaron a hacer eso o si no seguirían con su campaña del terror —hice una pausa— o directamente el grupo de personas se le ocurrió que era buena idea, tal vez buscando culparnos a nosotros.
— Pero, al final es gente del hospital la que anda detrás de ustedes. Sea cual sea el caso —resolvió Zusuki.
—Sí. Pero aún no se responde la pregunta del porqué. —resoplé, desesperada.
— Bello…
Continuamos esquivando pedazos de pared hasta que por fin llegamos a una apertura en el edificio donde, convenientemente, estaban de pie un par de oficiales, gruesos como dos árboles que a leguas nos daban a entender que nadie pasaba.
— Perfecto —dije entre dientes mientras pateaba una piedrecilla.
— Tú déjamelo a mí —dijo Zusuki guiñándome un ojo. —solo sígueme el juego.
No me dio tiempo de asentir por que pronto ya estábamos delante de los guardias que, efectivamente, nos negaron el paso con un gesto tosco.
— Nadie entra —dijo uno de ellos con voz cavernosa. Hasta parecía que habían elegido a los dos que más se parecían a un par de pit bulls para esa entrada en específico.
— Y mucho menos por aquí —declaró el segundo.
Zusuki hizo un mohín.
— Vamos, tenemos que entrar, es importante —exclamó— somos del departamento de criminología y se nos encargó fotografiar el sitio antes de que venga maquinaría a recoger.
— ¿Ah sí? —dijo el primer oficial con un deje de sarcasmo mientras su bigote se meneaba bajo una risa. —En ese caso, ¿Dónde están sus placas?
Zusuki extrajo de un bolsillo un par de placas que yo habría jurado que eran reales. De donde las obtuvo hasta el día de hoy es un misterio para mí.
— Aquí —afirmó con una sonrisa satisfactoria. — ¿Ya podemos pasar?
Bigotón y su secuaz examinaron las placas. A los pocos segundos asintieron con el ceño fruncido.
— Pero, un momento —exclamo el segundón alzando la vista de repente— tú no pareces estar vestida de acuerdo a las normas del departamento.
Señaló a Zusuki con un gesto de la cabeza, pero sé que sus ojos no estaban posados precisamente en los de ella. La mayoría de las veces yo me mantenía en un perfil bajo cuando Zusuki ponía en marcha algún plan distractor, pero en esta ocasión conseguí darme cuenta de que las cosas iban a acabar mal.
— Ya ve, siempre trato de hacérselo ver, pero no hace caso —negué con la cabeza fingiendo exasperación— un día de estos contraerá algún bicho raro y lamentara vestir así.
De manera discreta Zusuki me dio un pellizco en el brazo mientras los guardias se miraban con complicidad.
— Por favor… si no llevamos esto no se imaginan la reprimenda que nos pondrán —intentó Zusuki arrastrando las palabras y tomando una posición un tanto sugerente— ¿Si...?
Ambos hombres volvieron a mirarse y a mí el sudor frio empezaba a correrme por la espalda. Volvieron la vista hacia nosotras.
— De a… —bigotes empezaba a darnos el visto bueno cuando se interrumpió de repente y se quedó mirando hacia su lado derecho.
Le seguí la mirada, intrigada, y pude notar que a quien observaba era a una persona que se acercaba como podía a nosotros entre los escombros. De inmediato los guardias se pusieron tensos y en posición de firmes.
Observé con atención a la figura que venía en camino. Era un hombre, aunque no debía rebasar los 23 años de edad. Se veía vivo y al mismo tiempo preocupado, y vestía un traje gris. De alguna manera me pareció inquietantemente familiar, aunque no supe identificarlo.
— ¿Qué es lo que pasa? —preguntó al llegar paseando su mirada de nosotras a los guardias y vuelta a empezar.
— Señor Sloan —exclamó el segundón inclinando la cabeza— verá, estas dos querían entrar, aunque, por supuesto que no se lo permitimos.
Fruncí el ceño, contrariada. ¡Hacia tan solo un segundo estaban a punto de dejarnos pasar! Le eché una ojeada al recién llegado. Así que este era el famoso empresario cuyos hospitales eran las víctimas. Por no hablar de que era nuestro impedimento a entrar.
— ¿Cuál es su asunto aquí? —preguntó. Desvié la mirada mientras Zusuki daba de nuevo el rollo del departamento de criminología, aunque en todo ese tiempo sentí que alguien, no sabría decir quien, me atravesaba con la mirada.
Cuando Zusuki terminó regresé la mirada a nuestros interlocutores al tiempo para ver a Sloan revisar de nuevo las placas falsas.
— Bueno parece estar todo en orden —señaló mientras asentía con la cabeza— Déjenlas pasar, no queremos que se metan en problemas, ¿o sí?
Esto último lo dijo con una sonrisa que la verdad me erizó la piel en el sentido de que algo malo esta por pasar. Los guardias asintieron con la cabeza y nos abrieron el paso. Zusuki entró delante de mí y yo la seguí con la mirada fija en el suelo. Sin embargo, antes de desaparecer en la oscuridad del lugar alguien me detuvo tomándome del brazo. Cuando volví la mirada era Sloan quien me detenía.
— Si encuentran algo que ayude a encontrar a los culpables, por favor díganme —pidió de una manera inquietantemente amable.
— Lo tendré en mente —aseguré zafándome de su agarre y alcanzando a Zusuki.
— ¿Qué ha sido eso? —preguntó mientras sus ojos se tornaban rojos.
— No tengo la menor idea — resoplé mientras descolgaba mi rifle y lo sujetaba con ambas manos. — ¿Estas lista?
—No, ahora quédate detrás de mí.
[1] Es probable que muchos ya sepan a qué se refiere Ayane con esto, pero para dejar claro: la cuarta pared es la que separa la realidad de la ficción. Los personajes que "rompen" la cuarta pared son aquellos que SABEN que son solo personajes e incluso hablan con nosotros. ~A.
