Capítulo 7: All Things Go. Part 1


En una pequeña pradera en medio de la inmensa megalópolis de Aldebarán, dos pequeños niños corrían de un lado a otro persiguiéndose entre risas.

"¡Te atrapé!" – Dijo el niño cayendo sobre la niña mientras intentaba recuperar la respiración, para luego comenzar a hacerle cosquillas.

"¡Para, para! ¡Por favor!" – Dijo esta mientras las lágrimas saltaban de sus ojos a causa de las risas.

Este después de aburrirse le hizo caso y ceso su ataque, para dejarse caer a su lado boca arriba y contemplar el azulado cielo. Mientras que la niña desplazo su mano lentamente sobre la irregular hierva para alcanzar la mano del niño y entrelazar los dedos.

"Es hermoso ¿No crees?" – Le dijo esta.

"El cielo… sí claro por qué no" – Le dijo este.

"No tonto, la pradera" – Le dijo esta – "Es cómo un pequeño paraíso dentro de la ciudad"

"Si tú lo dices, aunque a mi parecer Arcadia es mucho mejor" – Le dijo mientras pensaba en el enorme parque vegetal cuyo tamaño podría ser como el de una selva en medio de la ciudad y justo en medio de este una de las construcciones más antigua de la ciudad, la Catedral del Tiempo y el Espacio.

"Arcadia también me gusta, pero no sé este sitio es como mucho más íntimo" – Dijo esta ya que no había nadie en el lugar, sólo ellos dos y la naturaleza.

"Algún día seré el capitán del ejército de la ciudad" – Dijo el chico mientras pensaba en voz alta.

"Eso sería increíble" – Dijo la chica mientras sus cabellos eran mecidos por el viento.

"Y espero que tú estés ahí cuando eso ocurra ¿Prometido?"

"Prometido" – Dijo ella mientras apretaba un poco más el agarre ente ambos y este se reía.

"Por fin os encuentro" – Dijo la voz de una mujer detrás de ellos.

Al levantarse ambos jóvenes y darse la vuelta vieron a una mujer de no más de veinte años, alta, rubia y de tez blanca que les daba una mirada de reproche.

"Anne" – Dijeron ambos a la vez.

"No sabéis lo que os llevo buscando y no es precisamente que esta ciudad sea pequeña" – Les dijo mientras tomaba a siento al lado de ellos – "No entendéis que no podéis escaparos así como si nada del Prismodium.

"Perdona Anne pero por favor no le eches la culpa a Ven, el no tuvo nada que ver yo fui la que lo convenció" – Dijo ella.

"Tamara no, yo soy el mayor aquí así que yo asumiré la culpa"

"¡Ven no!" – Dijo Tamara.

"Por favor dejad el melodrama para otro momento, pareja" – Ambos se sonrojaron por lo dicho – "Vamos que se está haciendo tarde" – Dijo esta mientras se levantaba, y los dos jóvenes la imitaban.

Acto seguido los dos siguieron a la mayor a través de la pradera hasta su vehículo.

"¡Me pido delante!" – Dijo Tamara mientras corría hasta la puerta del copiloto.

"¡Qué! ¡No es justo!" – Dijo Ven.

"Lo siento" – Dijo la niña mientras se subía al coche. Este inflo las mejillas molesto pero al instante sintió como una mano le acariciaba los cabellos y al mirar hacia arriba vi como la mujer le sonreía.

"Venga no pongas esa cara, déjala ir ahí y la próxima vez te llevo a dar una vuelta por la ciudad y te dejo conducir" – Al instante la cara de Ven se iluminó para sonreírle a la vez que asentía – "¡Bien!" – Dijo mientras entraba en el coche.

Una vez dentro la mujer pulso unos cuantos botones del panel holográfico de luz haciendo que el vehículo se encendiera y elevara a unos cuantos centímetros del suelo, para luego tomar los mando y conducir por toda la iluminada ciudad por una de las grandes vías para llegar al punto central de toda aquella civilización, donde se erigía el edificio más alto de toda la ciudad, con diferencia, el Prismodium. Y justo encima de este se elevaba un poco más alto el Cristal, el corazón de la ciudad.

Cuando Tamara se bajó del coche, no pudo evitar levantar su cabeza para ver la luz que provenía de la esfera celestial, la cual contrarrestaba bastante con el oscuro y estrellado cielo que se cernía sobre la ciudad, esa era una de las mejores vistas que había tenido en los apenas escasos seis años que había tenido de vida.

Acto seguido esta subió todo los escalones que llevaban a la gran puerta de una mezcla de cristal y acero, seguida de sus dos amigos. Y una vez adentro esta se dio la vuelta con una gran sonrisa.

"Ven vamos a habitación a seguir jugando un poco más" – Dijo mientras se acercaba al niño y lo jalaba de la mano – "El abuelo no sabe que ya llegamos"

Al instante se escuchó un carraspeo en la sala y esta miro extrañada a Anne pero esta le dio una señal con los ojos para que mirara hacia atrás y al darse la vuelta justo delante de ella tenía a un anciano vestido con una túnica con dos tonos distinto de blanco que la miraba sin ningún tipo de expresión.

"Abuelo" – Dijo ella agachando la cabeza ante la penetrante mirada del señor (N/A: Para que os hagáis una idea, me imagino al abuelo de Tamara como a Gandalf)

"¿Qué escusa tenéis esta vez?" – Preguntó el hombre con un tono sereno.

"Pues… esto" – Dijo la joven.

"Fui yo" – Se adelantó Ven – "Había encontrado una pradera perfecta para jugar en el distrito de Regulus y me pareció buena idea ir un rato" – Dijo este ante la atenta mirada de Tamara. Por otro lado Anne no pudo evitar suspirar ante la estupidez del niño.

"¿Regulus? Eso está bastante lejos de aquí, cruzando el río de Galeno a casi una hora a pie"

"Cogimos el aéreotren" – Dijo Ven.

"Ya veo"

"Perdón señor, no debimos irnos así sin más y menos llevándome a su sobrina sin su consentimiento" – Dijo Ven mientras agachaba la cabeza apenado ya que no todos los días debías pedir disculpas al máximo dirigente del concilio de sabios que gobernaba el imperio, aunque cuando se era amigo de Tamara era algo muy usual.

"Tamara" – Llamó la atención de su nieta.

"¿Sí abuelo?" – Dijo esta levantando la mirada.

"Deberías aprender más de este joven" – Dijo – "Es admirable el cariño que te tiene hasta tal punto en cubrirte en una de tus travesuras… como siempre" – A la joven se le sonrojaron las mejillas – "Debes ser más valiente a la hora de afrontar tus errores, no siempre tendrás a alguien que te cubra las espaldas"

"¡Pero...!" – Iba a replicar Ventus pero al instante recibió una colleja de Anne que lo hizo callar y al mirarla molesto, esta le estaba dando una mirada mortal que lo petrifico al instante.

"Lo sé abuelo e-es so-sólo qu-que…" – La joven no pudo continuar ya que comenzó a llorar tapándose la cara para que no la vieran. Si algo más le dolía en este mundo era decepcionar a sus seres queridos, esta no era la primera vez que se escapaba a hurtadillas y siempre era Ven el que se llevaba las broncas protegiéndola. Pero qué podía hacer ella, había perdido a sus padres muy joven debido a la explosión del reactor de la nave en la que ellos viajaban en una de sus expediciones científicas y tampoco su abuelo le prestaba mucha atención al tener cosas más ocupadas que hacer; al igual que su único amigo era Ven. Por lo que en muchas ocasiones se veía tentada a explorar más allá de las cuatros paredes que eran el Prismodium para llenar ese vació de atención que había en su vida.

"Tamara ¿Por qué lloras?"

"Pe-Perdón p-por decep-decepcionarte abuelo" – Dijo.

"Tamara, mírame" – Dijo el anciano.

Y esta al despejar sus mojados ojos de sus manos y levantar la vista para ver a su abuelo, lo vio con una sonrisa divertida y una expresión gentil, y agachado a su altura – "Pequeña, tú jamás me decepcionaras"

Al instante la niña salió corriendo para llegar hasta donde estaba él y poder abrazarlo para luego hundir su cara en su pecho y seguir llorando. En cambio el hombre sólo se rio mientras le acariciaba la cabeza y la consolaba.

"Perdone señor" – Dijo Anne mientras se acercaba junto a Ventus – "Se suponía que debía vigilarlos pero no sé dónde tenía la cabeza"

"Eso es que no para de pensar en la cita que tiene hoy con Thomas" – Dijo Ven divertido, pero la diversión duro poco cuando sintió un coscorrón que lo dejo en el suelo sobándose la cabeza a causa del dolor.

"Ven ¿Te encuentras bien?" – Dijo la niña que ya había parado de llorar y ahora se encontraba agachada junto a su amigo que estaba boca abajo en el suelo. Él cual pronunció un casi inentendible sí.

"¿Thomas?" – Dijo el anciano – "¿Uno de los científicos jefes del laboratorio de física espacio temporal verdad?"

"Sí" – Dijo ella sonrojada.

"Me gusta, es un buen partido" – Dijo el anciano.

"¡Señor!" – Grito ella avergonzada haciendo que todas las personas que iban de un lado para otro se pararan un momento para después seguir con su camino. Por otra parte los niños se rieron.

"No te pongas así, aunque seas una miembro del consejo todavía eres joven y tienes que disfrutar del regalo que es la vida" – Le dijo el anciano mientras se incorporaba

"Lo sé"

"¿Y qué te vas a poner está noche Anne? – Pregunto la pequeña Tamara emocionada.

"Es secreto" – Le dijo ella.

"Te dice que es secreto porque no tiene ni idea de que se va a poner" – Le dijo Ven con una sonrisa. Pero la diversión duro poco cuando sintió como esta le daba uno de esos pellizcos suyos que te paralizaban el brazo.

"Sigue por ese camino Ven y te encierro en la morgue" – Sentencio. El niño se quedó pálido ante lo dicho, sabía que Anne era una de las personas más amables y gentiles del mundo, pero era mejor no hacerla enfadar.

Y la joven no mentía con lo de la morgue, el Prismodium era el centro neurálgico de toda la ciudad, el lugar donde se estudiaban todas las disciplinas científicas de Aldebarán, desde las más modernas que habían surgido en los últimos cuatro siglos hasta las más antiguas que el ser humano conocía desde tiempo atrás, y por ello unas cuantas plantas del edifico estaban dedicadas a las ciencias de la salud y por ello era esencial tener una morgue.

Del mismo modo que el pequeño Ventus nunca olvidaría como el año pasado, un día que estaba buscando a Anne para preguntarle algunas dudas que tenía sobre las tareas que esta le había mandado, sin darse cuenta entro en aquella sala y vio aquella hilera de frías mesas metálicas, en donde unas descansaban los cuerpos tapados por unas sábanas blancas mientras que en otras, para su desgracia, estaban completamente a la vista. En su mente se repetía una y otra vez que aquello no pudo alguna vez haber sido personas rebosantes de vida y que lo único que quedara de ellos fueran aquellos decrépitos y grisáceos cuerpos. No quería seguir mirando pero no lo podía evitarlo y para cuando su vista llego a la cara de aquella persona, con una expresión fácil tan relajada se quedó paralizado, era como si el tiempo se hubiera detenido para él; no se dio cuenta de que había vuelto a la normalidad cuando se vio la figura de Anne delante de él chasqueándole los dedos para que volviera en si a la vez que no se dio cuenta de las lágrimas que surcaban sus mejillas. Al instante la chica se lo llevo de aquel lugar y durante una semana él durmió con ella por las pesadillas que tenía y aunque Anne le intentaba hacerle olvidar aquello, él no podía ya que no se sentía el mismo, sabía de la muerte pero aquel día cuando la vio tan de cerca y comprendió de verdad lo que era en si sintió que su infancia murió; aquel ilimitado tiempo que creía que era la infancia desapareció con aquello y entonces supo que desde que uno ponía un pie es este mundo la cuenta atrás había comenzado.

"¿Por qué no vais a cenar? Que ya es tarde" – Les dijo Anne.

"Vale" – Dijo Tam mientras agarraba a Ven, el cual estaba un poco fuera de este mundo, y se lo llevaba.

"Te has pasado un poco con lo que le dijiste" – Le dijo el anciano.

"Lo sé, pero es que últimamente he tenido tanto ajetreo que no sé ni cómo puedo mantener una conversación de forma consciente. Yo jamás le haría algo así, él pobre ya ha pasado por demasiadas cosas malas que no sé cómo es capaz de seguir sonriendo" – Dijo un poco cabizbaja mientras veía como ambos niños se marchaban.


Esa misma noche, Tamara estaba sentada en su enorme cama, de su gran habitación, mirando a través de su gran ventanal, el inmenso mar de nubes que se extendía hasta donde alcanzaba la vista; del cual sobresalían miles de rascacielos, que en comparación con el Prismodium eran pequeños, espacios entre nubes por donde se colaba la luz de la ciudad; así como que en el espacio aéreo se podían ver varias de las torres aéreas la cuales eran alargadas, como espinas, y la luz azul que producían de algunas partes hacían brillar el metal blanco del que estaban hechas.

"¿Por qué tarda tanto?" – Pensó ella.

De repente escuchó como tocaban la puerta y rápidamente salió de la cama para correr y pulsar el botón y en un abrir y cerrar de ojos la puerta se abrió, y justo del otro lado estaba Ven.

"Por fin llegas" – Le dijo mientras se tapaba la boca al bostezar – "¿Por qué has tardado tanto?" – Dijo mientras lo agarraba de una mano y tiraba de él hacia la cama.

"¡Tengo que enseñarte una cosa!" – Dijo él emocionado.

Pero ella no le importo sólo recorrió el camino de vuelta a la cama para luego subirse y comenzar a prepararse para dormir.

"¿No tienes curiosidad por saber qué es?"

"Tengo mucho sueño Ven ¿No puede esperar hasta mañana?"

"No hace falta salir del cuarto, mira" – Le dijo.

Entonces la niña se sentó, con la espalda apoyada en el las almohadas para ver que Ventus entre sus manos tenía un cristal rectangular de quince pulgadas, bastante delgado, recubierto de un fino marco de acero.

"¿De dónde has sacado eso?"

"Del despacho de Anne" – Al instante a la niña se le cayó la mandíbula al escuchar eso.

"¡Le has robado la Tablet a Anne!" – Grito pero rápidamente se tapó la boca.

"No se la he robado, se la voy a devolver mañana" – Dijo para luego pulsar un punto cualquiera de la pantalla trasparente y al instante esta se encendió mostrando de pantalla de bloqueo una imagen de un atardecer. Rápidamente Ven tecleo la contraseña y el aparato se desbloqueó.

"Ventus te vas a meter en un lio muy gordo"

"Tranquila sé lo que hago"

"Eso es lo que me preocupa"

Entonces la pequeña vio como ven pulsaba un documento.

"¿Eso es lo que querías mostrarme?"

"Sí"

"¿Qué es?"

"Al parecer el consejo va a aprobar una misión de exploración hacia el otro extremo este de la isla de Alejandría" – Dijo Ven.

"Eso está bastante lejos de aquí" – Le dijo ella – "Más allá de la cadena montañosa de Eraclio"

"Exacto, al parecer es una misión para un pequeño grupo de soldados, la elite del ejército y entre ellos está el capitán Sebastián" – Dijo Ventus emocionado al pensar en el hombre que tenía sobre un pedestal – "Van a hacer una exploración a un antiguo templo de la costa"

"¿Y qué se supone que están buscando?" – Le preguntó Tamara.

"No lo sé, el resto de la información está codificada, pero eso no viene a cuento. Lo que quería decirte era que fuésemos con ellos"

"¡Qué!... Ven no nos dejarían"

"No estoy diciendo de pedir permiso"

"¡Estás diciendo que nos colemos en una misión del consejo!" – Ventus asintió – "Ven no"

"Vamos Tam, será divertido iremos a ver un lugar de nuestros antepasados, imagínate explorar ese templo, cómo será por dentro, las cosas que tendrá"

"No sé Ven, hay algo que no me cuadra en todo esto. ¿Por qué va el ejército a explorar un viejo túnel cuando es algo que perfectamente podrían hacer los arqueólogos?"

"Ahí es donde está la emoción, descubrir que es lo que está buscado el ejército. ¡Vamos Tam! No me digas que no tienes curiosidad"

La joven se quedó un momento callada, era cierto que la curiosidad era cada vez más grande – "Pongamos que decido ir, ¿Cómo vamos hacer para llegar hasta allá?"

"Hay una nave que saldrá mañana en la madrugada desde el puerto de Meridian, lo único que tenemos que hacer es colarnos en la nave antes de que llegue el equipo y viajar de incognito junto a ellos"

Tam lo medito – "Si me dices que sí, mandare el voto de llevar a cabo la operación. Por lo que he visto todo el consejo ha dicho que sí excepto Anne y al parecer la operación sólo se llevará a cabo si es por unanimidad. Creo que eso es lo que la ha tenido estos días tan preocupada" – Al instante Tam le dio una mirada de preocupación – "Tranquila, ella se va mañana a hacer unos trabajos a la parte norte de la ciudad y no volverá hasta dentro de dos días, no se enterará"

Tam siguió meditando, el plan de Ven parecía a prueba de fallos, aún tenía un extraño presentimiento sobre aquella misión pero su curiosidad no hacía más que aumentar – "Vale" – Le dijo – "Vamos a explorar"

"¡Eso es fantástico!" – Dijo Ven eufórico mientras la abrazaba y ella se sonrojaba un poco – "Voy a decir que sí" – Dijo y sin que Tam viera, cambio el voto negativo de Anne por uno positivo para luego enviarlo, dando así vía libre a la misión.

"Bien, ahora vamos a dormir" – Le dijo ella mientras se acostaba.

"Vale" – Le contesto él mientras ponía la Tablet en la mesa de noche y la imitaba a ella, para después arropar a ambos y abrazarla, atrayéndola así hacia él.

Esa noche los dos niños durmieron deseosos de que el día siguiente hiciese acto de presencia, pero lo que ambos no sabían era que en aquel templo alejado de la mano de dios habitaba un antiguo mal que rondaba por aquellos laberínticos pasillos, un depredador que aguardaba tranquilamente a que sus presas vinieran a por él para dar así comienzo a la cacería.


Al día siguiente todo transcurrió de forma normal con la única diferencia de que a medida que pasaban las horas la impaciencia de la pequeña Tamara iba creciendo por momentos, cuando se despertó por la mañana sólo encontró una nota de Ventus en la que ponía que él se encargaría de todos los preparativos para su aventura y lo único que tenía que hacer ella era estar en su habitación antes de la una en punto, ya que a esa hora él iría a buscarla.

La joven volvió a mirar el reloj de la pared, apenas eran las diez, todavía quedaban tres horas antes de que Ven la buscará y ya no sabía que más hacer, había agotado todas sus ideas para matar el tiempo y hacer que el día pasará más rápido, acto seguido la niña dirigió la vista de su casi intacto plato de sopa, no tenía ganas de comer.

"¿Ocurre algo Tamara?" – Le pregunto su abuelo despegando su vista de unos archivos que analizaba.

"No abuelo" – Mintió, otra vez volvía a mentirle a su abuelo y esa era una de las precisas razones por las que se le había quitado el apetito.

"¿Segura? Te noto un poco rara hoy, no sé cómo impaciente por algo"

"Que va abuelo" – Dijo intentando ocultar la risilla nerviosa.

"Está bien si tú lo dices"

"Oye abuelo, no tengo más hambre ¿Será que me puedo ir a mi habitación?"

"Si apenas has tocado tu comida"

"Lo sé, sólo que no tengo ganas de comer"

El hombre suspiro – "Está bien, puedes irte"

"Gracias abuelo" – Dijo ella mientras se levantaba para luego acercarse hasta el hombre y darle un beso en la mejilla – "Buenas noches"

"Buenas noches" – Le dijo el hombre antes de que ella desapareciera de sala.

La joven recorrió el gran pasillo con rapidez para llegar finalmente a la habitación, donde puso su dedo en el lector de huellas para acto seguido la puerta se abriera, una vez dentro de su habitación la niña se tiró en la mullida cama, miró el reloj de la pared sólo para ver que eran las diez y cuarto de la noche, sólo habían pasado quince minutos desde la última vez que miro un reloj; no pudo evitar bufar por la maldita espera que le esperaba. Pero sin darse cuenta, la niña dirigió su vista a un punto ciego de la habitación para dejar volar su imaginación a la vez que el cansancio de todas las cosas que había llevado a cabo hoy comenzaba a hacer acto de presencia, inundando su cuerpo y adormeciéndolo hasta que llegó el punto que no aguanto más la pesadez de sus parpados y los cerró sólo un momento, quedándose así dormida sin darse cuenta.

Unos golpes comenzaron a sonar de lejos, ella sólo los ignoro y se acomodó mejor en su cama, pero los golpes continuaron hasta que escuchó como alguien la llamaba lo que la hizo despertarse rápidamente ya que rápidamente, como una bofetada, recordó todo lo pasado antes de dormirse – "La misión" – Dijo ella mientras se levantaba de la cama y rápidamente miraba el reloj para ver que eran la una y cinco de la mañana.

Fue hasta la puerta para luego abrirla y ver a Ventus – "Por fin abres" – Dijo él algo molesto.

"Perdón, me dormí" – Le contesto algo sonrojada.

"Tranquila no pasa nada, ponte esto" – Dijo algo molesto mientras me entregaba una capa con capucha – "Así pasaremos desapercibidos" – Dijo mientras se ponía la suya.

"Vale" – Le dijo mientras lo imitaba.

Acto seguido Ventus pulso un pequeño botón que estaba en el cuello de la capucha y la capa se volvió invisible – "Así no nos verán" – Le dijo antes de volverse también invisible. Entonces él me cogió de la mano y comenzamos a correr a través del solitario pasillo hasta detenernos delante del panel de control del ascensor, el cual activo en sentido descendente haciendo que apareciera el haz de luz azul.

"Venga vamos" – Le dijo mientras se metías dentro del ascensor y comenzaban a descender a gran velocidad por todo el edificio hasta que en poco más de un par de minutos habían pasado de la planta trescientos cinco a la cero. Una vez en el enorme recibidor, Ven le susurró que no hiciera ningún ruido que pudiera alertar los centinelas, que eren unos pequeños robots flotantes que se encargaban del cuidado y protección del edificio, para luego volver a agarrar su mano y dirigirse a la puerta de salida. Por la que pudieron salir sin complicaciones gracias a que alguien, por suerte, estaba entrando al edificio porque sino hubiera sido muy raro explicar como la puerta automática se abrió por si sola.

Una vez afuera Tamara fue golpeada por el frío aire del lugar, como se notaba que el invierno estaba comenzando a hacer acto de presencia, podía ver como el vapor que producía el aire que salía de su interior, el contraste de temperaturas entre el interior y exterior era bastante grande.

"Vamos no te detengas" – Le dijo mientras tiraba de ella para comenzar a bajar por las escaleras que atravesaban los jardines del edificio, siendo iluminados por la luz del cristal, hasta salir de la pequeña muralla que rodeaba el lugar. Una vez fuera del Prismodium, estos atravesaron un paso de peatones de la inmensa calle que rodeaba al edificio para comenzar a correr en dirección hacia una de las grandes vías de la ciudad.

Cuando llegaron a dicha parte, ante ellos se alargaban kilómetros y kilómetros de calle y edificios, y una de las cosas tan interesantes de estas vías es que algunas, las más viejas, eran antiguos edificios renacentistas que tras la décima revolución arquitectónica de la ciudad habían sido reconstruidos con los materiales que se utilizaban actualmente por lo que lo antiguo se mezclaba con lo moderno.

"Ventus me duelen los pies, por fa podemos parar a descansar un poco" – Le rogo la pequeña Tamara mientras se quitaba la capucha y deshacía la invisibilidad ya que a esas horas no había nadie por ahí, dejando que sus cabellos fuera mecidos por el gélido viento – "Llevamos recorrido un montón y el puerto de Meridian esta casi a cuatro horas a paso veloz"

"Tranquila no va a hacer falta caminar más"

"¿Cómo estás tan seguro?"

"Mira" – Dijo mientras le señalaba un pequeño tren de no más de cuatro vagones que se estacionaba en un punto determinado del carril que estaba pegado a la acera – "Subamos" – Dijo él mientras tiraba de ella para pulsar el botón y abrir la puerta para poder entrar en un lugar más cálido.

"No sabía que había aéreo trenes a estas horas" – Le dijo ella mientras se sentaba.

"Todos funcionan gracias a la energía del cristal además son controlados automáticamente desde la estación central por lo que no es un problema tenerlos funcionando todo el día"

"Ya veo" – Le dijo ella mientras apoyaba la cabeza en la fría ventanilla.

"Este aéreo tren lleva directo al puerto de Meridian por lo que en poco más de veinte minutos estaremos allá" – Le dijo – "Así que si todo sale bien estaremos dentro de la nave antes de las tres, que es la hora en la que llegaran los soldados y partirán hacia el templo"

"¿Y sabes cómo vamos a entrar en un edificio gubernamental?"

"Tranquila confía en mí" – Le dijo él mientras buscaba su mano para agarrarla y disfrutar del recorrido.

Y tal y como dijo Ventus en poco más de veinte minutos el aéreo tren los había dejado delante del puerto de Meridian, al bajarse Tamara no pudo evitar abrazarse así misma a causa del contraste de temperaturas.

"Ven la puerta está cerrada" – Le dijo ella cuando ambos niños se quedaron justo delante de la enorme puerta de acero.

"Tranquila" – Le dijo mientras se acercaba a un panel holográfico que estaba al lado de la puerta para teclear una clave haciendo que al instante la enorme y gruesa puerta de acero comenzará a abrirse.

"¿Cómo?"

"Todos los del consejo poseen una clave maestra que abre cualquier puerta de la ciudad, es algo que solamente el consejo sabe pero da la casualidad que un día escuché hablar a Anne sobre la clave y comencé a investigar hasta descubrirla"

"Ven te meterás en un lio muy gordo"

"Tampoco iré a la cárcel, no hay en la ciudad" – Le dijo divertido.

"Y creo que entre las leyes de la ciudad no se encuentra la pena de muerte… ahora no recuerdo bien ya que era un libro de leyes muy gordo, creo que como unas dos mil páginas"

"¿Y qué libro era ese?"

"No recuerdo su nombre pero es algo así como la constitución para los ciudadanos"

"¿Estabas leyendo el grimorio?"

"No exactamente… era el índice"

"¡El índice!" – Le dijo Ven alterado, ya que el índice era un pequeño cetro metálico en forma de T en el cual se almacenaba no sólo el saber de los aldebariénses, sino también tácticas de combate, tecnología, armamento así como un gran mapa estelar donde se haya la posición de las grandes instalaciones y armas; el cual se encontraba en el segundo edificio más alto de la ciudad, un par de kilómetros por debajo del Prismodium, la Torre de los cielos – "Se supone que los únicos que tienen acceso a él es el consejo y las personas que ellos aprueban"

"Ser la nieta de dirigente principal del consejo tiene sus ventajas… además me cole en una de mis escapadas" – Le dijo mientras entraban al lugar con la enorme puerta cerrándose detrás de ellos.

Una vez dentro, ante ellos habían colocadas en una línea horizontal por lo menos veinte naves de transporte.

"Espera aquí, voy a buscar la nuestra"

"Vale" – Le dijo esta mientras Ven se marchaba y ella lo único que hacía era caminar hasta el borde de la gran plataforma metálica para sentarse y observar el panorama. El puerto de Meridian, era una estructura en forma de media luna, que servía como base para el desembarco y embarque de pequeñas naves de transporte. No era el puerto más grande de la ciudad ya que los más grandes eran el de Apolo y Dionisio, que se encontraban en las zonas noreste y noroeste de la ciudad, que poseían la misma forma de media luna, en los cuales se encontraban las fragatas espaciales del ejército pero ninguno de los dos se comparaba con el puerto espacial, donde se encontraba la gran flota espacial del imperio; al cual sólo se podía llegar a través de un vehículo espacial o por medio de la única estructura que superaba al Prismodium, el ascensor espacial que se encontraba en una pequeña isla situada en la zona norte de la ciudad y el cual ascendía a lo largo de cien mil kilómetros sobre el nivel del mar hasta alcanzar el gran puerto espacial.

El panorama era hermoso, debido a la forma del puerto este generaba una pequeña cascada, de no más de quince metros, a lo largo de todo el borde que se precipitaba hasta el mar, a su vez la luz de la perlada luna se reflejaba sobre las oscuras aguas en el centro de la media luna; en pocas palabras las vistas eran esplendidas. Tam se tomó un momento para mirar a lo lejos en el cielo una pequeña estrella azul que brillaba incandescentemente sobre la ciudad, no pudo evitar sentir una punzada de dolor sobre su corazón al ver todo lo que se habían alejado; siempre se escapaba de aquel edificio pero nunca tan lejos y menos de noche – "Sólo espero que el abuelo no se dé cuenta" – Pensó la niña mientras seguía mirando al cristal elevado sobre el gran edificio.

"Tam" – Llamó su atención Ven – "Ya he encontrado la nave, ¡Vamos!"

Entonces la niña se paró y siguió al muchacho a través de la extensa línea de naves hasta que, después de contar al menos quince naves desde la posición en la que estaba, llegaron a su respectivo transporte.

"Aquí" – Le dijo Ven mientras se acercaban a la nave y activaba un panel que había al lado de la compuerta, pulsar un botón holográfico y hacer que la puerta se abriera – "Vamos, adentro hará más calor" - Cuando la niña escucho eso no pudo evitar entrar lo antes posible para resguardarse del frío.

"Ven, por aquí" – Le dijo el chico a la niña mientras abría una de las escotillas de los conductos de respiración.

"¿Quieres qué entre ahí?" – Le contesto ella no muy convencida.

"Sí, si no cuando entren nos verán" – Le dijo él – "Vamos, no hay peligro" – Dijo. Entonces la niña no tuvo más remedio que agacharse y entrar al lugar, seguida de Ventus que una vez adentro cerró la escotilla. El espacio era lo suficientemente grande como para que ambos niños se pudieran sentar si rozar la cabeza con el techo.

"¿Qué hora es Ven?"

"Las dos y media" – Le dijo mirando el reloj de su muñeca, la niña no pudo evitar bostezar a causa del sueño por su respuesta – "Si quieres duérmete, te despertare cuando lleguemos"

Sin pensárselo dos veces Tamara se acostó, apoyando la cabeza en el regazo de Ventus para luego cerrar los ojos y ser invadida por el sueño, en cambio Ventus no se podía dormir debido a la emoción que tenía así que únicamente se limitó a jugar con los cabellos de la niña para pasar el rato.


"Tam" – Escuchaba como la llamaban – "Vamos Tam, despierta" – Dijeron mientras sentía como la movían – "Vamos dormilona, que ya hemos llegado"

Poco a poco, la pequeña comenzó a abrir sus verdosos ojos hasta que finalmente las imágenes que tenía delante de ella cobraron forma, se incorporó como pudo mientras sentía como la espalda le dolía bastante - ¿Ya hemos llegado?

"Sí" – Le dijo él con una sonrisa – "Vamos"

Entonces Ven abrió de nuevo la escotilla para que ambos salieran, la nave estaba en completo silencio.

"¿Qué horas son?" – Le pregunto ella mientras se estiraba.

"Van a ser las seis de la mañana" – Le dijo mientras buscaba en uno de los compartimentos – "Toma" – Dijo mientras le pasaba una linterna – "No creo que haya luz allá dentro"

Una vez que estaban preparados, ambos niños bajaron por la rampa de embarque para salir a un exterior completamente diferente al que estaban acostumbrados, la naturaleza los rodeaba por competo, delante de ellos había un inmenso mar adornado por una brillante luz mientras que a su alrededor había una inmensa playa.

"¡Es hermoso!" – Dijo la niña eufórica mientras saltaba para hundir sus pies en la fría arena, correteando de un lado a otro, hasta que se detuvo rápidamente - "Ventus" – llamo al chico, quien se encontraba observando el paisaje, haciendo que rodeara la nave hasta donde estaba su amiga – "Mira" – Le dijo señalando con el dedo.

Cuando el niño llegó a la posición de la pequeña se quedó estupefacto observando lo que ella le señalaba, delante de ellos había una enorme pared de piedra completamente tallada con lo que parecían ser figuras de monstruos pero lo que más llamaba la atención era la entrada, que consistía en la estructura de una calavera humana cuya única forma de entrar al templo era a través de la boca. Rápidamente la niña busco la mano de su amigo ya que aquella calavera que poseía más similitudes con la de un monstruo que con la de un humano la asustaba.

"Vamos" – Le dijo él tirando de ella.

Poco a poco los niños fueron acercándose poco a poco a la entrada , haciendo un rápido parón para encender sus linternas ya que una vez que pasaron la entrada era como si la luz fuese absorbida por la oscuridad, para luego seguir continuado por aquel enorme y silencios pasillo de piedra; mientras avanzaban Tamara no pudo evitar girar la cabeza para ver como el exterior, iluminado por la tenue luz de luna, cada vez quedaba más atrás hasta que finalmente sólo era un punto blanco en medio de toda aquella oscuridad por lo que no le quedó otra opción que llenarse de valor para voltear la cabeza hacia delante y continuar.

No sabía cuánto tiempo llevaban caminando, lo único que sabía la niña es que era bastante a medida que se seguían adentrando en aquel lugar la cosa no mejoraba, aquella curiosidad había muerto nada más poner un pie en este lugar y lo único que deseaba era volver a casa. Aquello no era como se lo esperaba, lo único que habían visto era un enorme pasillo, por el que seguían andando, el cual en un momento sintió como comenzaba a descender por lo que la idea de que estuvieran adentrándose en las profundidades de la tierra no le gustaba nada.

"Ven me quiero ir a casa" – Le dijo ella.

"Pero si todavía no hemos visto nada guay, venga continuemos un poco más"

"Pero llevamos recorriendo el mismo pasillo no sé cuánto tiempo y no parece que llegué a su fin"

"Venga Tam, no seas miedosa" – Le dijo el divertido.

"No tengo miedo" – Le dijo ella algo enfadada

"¿Qué es eso?" – Dijo señalando el niño.

"¿Qué cosa?" – Preguntó Tamara mientras miraba en la dirección que le señalaba su amigo, pero esta no vio nada y al darse la vuelta para ver qué quería mostrarle Ven esta no pudo evitar gritar al ver como Ventus estaba poniendo una cara de terror mientras se iluminaba con la linterna haciéndola gritar del susto. Por otro lado Ventus al ver la reacción de ella no pudo aguantarse la risa.

"¡Ventus idiota!" – Le dijo ella enfadada mientras comenzaba correr lejos de él, adentrándose en las profundidades cada vez más.

"¡Tam espera! ¡Sólo fue una broma!" – Le grito el mientras la perseguía, la había cagada.

Y así estuvieron no más de cinco minutos, hasta que el chico por fin la pudo atrapar en un abrazo para evitar que siguiera huyendo mientras que ella sólo se resistió, lo único que quería era que la dejará sola.

"Lo siento, por favor perdóname no lo volveré a hacer" – Dijo mientras la abrazaba más fuerte.

Ella al final se acabó rindiendo – "Ventus tonto" – Dijo ella con la cabeza agachada.

"¿Me perdonas?"

"Sí pero tendrás que hacer algo para compensarme"

"Tranquila lo haré" – Dijo mientras la soltaba.

"¿Dónde estamos?" – Dijo la niña al darse cuenta de que habían salido del pasillo para entrar en una gran salón circular en forma de bóveda, cuyas paredes había la entrada para doce caminos distintos, el suelo estaba cubierto por una espesa niebla que se adentraba hacía los demás caminos.

"¿Cuál crees que deberíamos escoger?" - Le preguntó Ven mientras observaba cada uno de los pasillos ansioso, preguntándose qué podrían en cada uno de ellos, pero al no recibir respuesta de Tamara se extrañó. Por lo que dirigió su vista hacía ella y la encontró observando unas escrituras que se encontraban en el techo.

"¿Entiendes lo que pone?" – Le preguntó ya que aquellas palabras eran bastante raras.

"Es latín" – Le dijo ella concentrada en aquello.

"¿Y eres capaz de entenderlo?

"Sí, bueno más o menos lo que he aprendido de la lengua muerta no es mucho, pero la misma frase se repite una y otra vez alrededor del techo"

"¿Y sabes lo qué es?"

"Si no me equivoco… pone… necrópolis de los muertos" – Dijo ella en un susurró.

De repente de los más profundos de las entrañas de aquel lugar se escuchó un rugido monstruoso de lo que parecía un enorme animal, el cual parecía bastante enfadado; que reverbero por todo aquel silencioso lugar poniéndolo los pelos de punta a los niños. Seguido a aquel rugido comenzaron a oírse una serie de ruidos de disparos y seguido a más rugidos.

"Ve-Ven… ¿Dónde nos hemos metido?" – Le dijo la pequeña niña temblando de miedo mientras se abrazaba a sí misma y observaba muy atentamente el corredor por el que había venido principalmente aquel diabólico sonido.

A su vez mientras eso pasaba, en la ciudad un anciano de largos cabellos blancos se encontraba en la punta del edificio más alto de toda la ciudad observando tranquilamente la enorme bola de energía, la cual dotaba de vida a toda la ciudad. En un momento dado, aquel anciano giro la cabeza para observar como del suelo emergía una joven chica que en poco tiempo comenzó a caminar hacia su dirección.

"Buenas noches Anne o más bien buenos días" – Dijo el hombre haciéndose a un lado para que la chica se sentará.

"No es por ser imprudente señor pero vamos directos al grano, ¿Por qué me ha hecho venir desde el extremo norte de la ciudad a estas horas? Sea lo que sea ¿No podía esperar hasta mañana?" – Le dijo la chica cortante.

"Que tanta prisa tienen los jóvenes de hoy en día, vamos siéntate junto a mí y disfruta de la paz y tranquilidad del lugar"

La chica suspiro algo cansada para después sentarse, no tenía ganas de estar en ese lugar y menos cuando precisa mente el lugar donde estaban se encontraba a diez kilómetros sobre el nivel del mar (N/A: Pensad que el Prismodium es bastante alto, ya que el edificio más alto de la tierra sólo mide 828 metros), lo único que quería era volver a la comodidad y calidez de su cama, por lo menos la luz que emanaba del cristal era lo suficiente cálida como para contrarrestar el frio del lugar.

"Sabes, a veces vengo a este lugar a estas horas de la madrugada a pensar ya que la tranquilidad que domina este sitio me permite pensar con claridad cuando tengo algún pesar o cuando quiero llevar a cabo nuevas ideas, por lo que te recomiendo venir más a menudo"

"Señor por favor me puede decir ya para que me ha hecho venir" – Le dijo esta cansada mientras bostezaba para luego frotarse los ojos.

El hombre no pudo evitar sonreír ante la impaciencia de la chica, en cierto modo le recordaba a su nieta – "Te hecho venir, ya que me sorprendió recibir tu aprobación para realizar la misión kairo, dada tu postura las semanas posteriores a la misión pensé que jamás aceptarías"

De repente a la chica se le abrieron los ojos en el acto y cualquier signo de cansancio desapareció de su cuerpo para rápidamente levantarse y encarar al anciano.

"¿Cómo que recibió mi aprobación?" – Dijo bastante preocupada.

"Sí, justamente anteayer por la noche"

"Señor yo nunca le mande mi voto para aprobar aquel suicido" – Dijo esta poniéndose aún más alterada – "Es imposible"

"Pues no lo es, porque en mi despacho tengo el email que me mandaste con el voto afirmativo"

"Oh no" – Dijo ella y rápidamente comenzó a correr lo más rápido que pudo hacía el ascensor seguida del anciano, que ante tal reacción se preocupó por la chica por lo que rápidamente la siguió.

"Anne ¿Qué ocurre?" – Le dijo este preocupado pero la chica no le respondió, únicamente se concentró en el pensamiento que rondaba su mente del cual esperaba estar equivocada y que no fuese eso.

Una vez que llegaron al piso deseado, esta corrió al por todo el lugar hasta llegar al sitio que quería, justo delante de ella se encontraba la puerta que daba a la habitación de cierta niña; cuando el anciano llegó poco a poco comenzó a unir las piezas del puzle pero no se quedaron ahí parados y entraron rápidamente. La habitación estaba en completo silencio y al encender las luces comprobaron que esta estaba completamente vacía.

"Dios no" – Dijo Anne al ver en la mesa de noche su Tablet, la cual Ventus se había olvidado de devolver. Esta agarro el aparato sólo para encenderlo y comprobar que en efecto el voto positivo para aprobar la misión había sido mandado desde ahí. No sólo eso sino también fue capaz de entra en el sistema de seguridad del puerto de Meridian para observar por medio de las cámaras con los niños entraban en la nave que llevaba a aquel infierno. Debido al temblor de sus manos no pudo evitar soltar el aparato, la chica estaba completamente aterrada y pálida – "¡Tenemos que avisar al escuadrón ya!" – Grito – "¡Hay que decirle a Sebastián que cancelé la misión y busqué a los niños! Ellos no saben dónde se han metido" – Dijo esta al borde del llanto.

Sin perder ni un minuto más, el anciano golpeo su báculo metálico contra el suelo del lugar y de repente por todo el edificio comenzó a sonar el ruido de millones de alarmas, la alerta había sido activada.


Mientras tanto en aquel tenebroso lugar – "Ven volvamos" - Le dijo Tam asustada, no había pasado mucho tiempo desde que escucharon el último ruido de aquel ser procedente desde las profundidades de la necrópolis.

"Tranquila no nos va a pasar nada malo" – Le dijo él tranquilo mientras agarraba más fuerte la mano de la niña para evitar que esta se fuera a la mínima oportunidad – "Sólo es ver qué era eso y te prometo que volvemos a la nave" - Por lo que a la chica no le quedó más remedio que respirar profundo y seguir a su amigo.

"Mira" – Le dijo ella después del pequeño silencio que ocupo el sonido de su rápida conversación – "Eso parece luz"

"¡Vamos!" – Le dijo él acelerando el paso.

Y finalmente ambos niños terminaron de cruzar el extenso corredor hasta llegar a una habitación circular en la cual en lo más alto del techo abovedado había una pequeña esfera de luz blanca que iluminaba todo el lugar. Miles de restos humanos estaban incrustados por toda la pared de la habitación, el techo estaba lleno de estalactitas y el suelo de piedra no era uniforme sino más bien parecía estar tallado con cientos de dibujos tribales. Aquel lugar parecía la misma recamara de la muerte.

"Creo que es mejor que nos vayamos" – Dijo Ven algo asustado, ya que aquel lugar poseía un aura oscura que le producía un sentimiento de ansiedad y miedo, además tener las oscuras cuencas de las miles de calaveras, incrustadas en la pared, apuntando directamente a ellos era algo que no le reconfortaba – "Vamos Tam" – Le dijo pero no recibió respuesta por lo que dirigió su vista a ella para ver como la niña señalaba pálida algo.

El muchacho siguió el temblante dedo índice de la chica para ver como justo el centro de la habitación había algo, cuando el muchacho reconoció lo que era sus ojos casi se salieron de sus orbitas e inevitablemente calló al suelo de rodillas. Podía reconocer perfectamente la armadura plateada y azul de aquel sujeto, era el capitán Sebastián… más bien lo que quedaba de él. Parecía como un animal lo hubiera atacado y desperdigado por todo el centro del lugar. Al muchacho se le acumularon las lágrimas en los ojos, el capitán Sebastián, el gran capitán del ejército de Aldebarán, su héroe, su modelo a seguir… hubiera sido reducido a esos destrozados trozos de sangrante carne sin vida – "Esto tiene que ser una pesadilla" – Dijo en estado de shock.

De repente, de la pared de delante de ellos comenzó a brotar un extraño humo negro del que finalmente emergió lo que parecía ser un extraño humanoide – "Es un demonio" – Dijo la niña aterrorizada.

Rápidamente la criatura poso su vista en ambos jóvenes y rugió furiosa, materializando de entre sus garras fuego.

"¡Ven tenemos que irnos ya!" – Le gritaba Tamara mientras lo zarandeaba para hacerlo volver en sí. La criatura se iba acercando muy lentamente, haciendo resonar sus garras por el suelo – "¡Ven por favor vuelve!"

La imagen del ser aquel y las llamas se reflejaban en los ojos del muchacho pero en su estado era incapaz de procesar todo lo que sus ojos veían, era como si su cerebro hubiese desconectado y su mente fuese ajena a todo lo que pasaba en el exterior, podía escuchar una voz que lo llamaba a lo lejos, la cual repetía su nombre una y otra vez al mismo tiempo que sentía como su cuerpo era movido bruscamente.

Hasta que finalmente una sola imagen lo hizo volver en sí, la cual fue como un enorme brazo aplastaba sin problema alguna el casco, y dentro de él la cabeza del capitán, mientras los líquidos y restos cerebrales se escurrían entre sus garras. Eso hizo que Ventus recuperara su consciencia. Entonces vio a aquel ser y no pudo evitar tener miedo pero cuando se dio la vuelta y vio la cara de su amiga tuvo que ocultar sus temores y ser fuerte, ser fuerte por ella. Rápidamente se levantó y la cogió de la mano para echar a correr lejos de ahí pero la criatura fue más rápida que ellos y lanzó una bola de fuego que creo un muro de llamas que les impedía escapar.

"¡Mierda!" – Dijo este mientras se colocaba delante de Tamara.

"Ven tengo miedo" – Le dijo la niña al borde del llanto mientras se aferraba a su camisa.

"Tranquila todo va a salir bien" – Le dijo aunque en el fondo él sabía que eso no era así – "Ya verás que dentro de poco estamos de vuelta en casa"

Entonces el muchacho vio una grieta entre la pared – "Tam" – Llamó la atención de la niña – "Cuando te diga ya quiero que corras hasta la grieta que esta allá"

"Ven, no, o vamos los dos o ninguno"

"Sólo quiero que corras sin mirar atrás, yo siempre iré detrás de ti ¿De acuerdo?" – Pero la niña no respondió – "De acuerdo" – Dijo este más alto.

"Sí" – Dijo esta resignada.

El monstruo cada vez se acercaba más a ellos, lentamente como un depredador asechando a su presa pero Ventus no estaba dispuesto a asumir ese rol, protegería a Tamara a toda costa.

"¡Ya!" – Grito este.

Y como la niña había prometido, comenzó a correr en dirección a la grieta pero cuando escuchó como aquella criatura rugía furiosa sintió la tentación de pararse lo cual no hizo al escuchar como Ven le gritaba que siguiera adelante. Rápidamente esta alcanzo la grieta por la que fue capaz de pasar sin ningún tipo de dificultad gracias a su pequeño cuerpo, lo que esta no se esperaba es que aquella grieta fuese más profunda de lo que esperaba por lo que no le quedo más opción que seguir adentrándose en las tinieblas de aquel claustrofóbico lugar.

Una vez desde el otro lado, esta se dio por fin la vuelta esperando ver a Ven pero este en ningún momento apareció se quedó esperándolo ahí parada, con la vista fija en la profunda grieta a lo largo de quince minutos; a veces iluminaba con la linterna para ver si veía algo pero nada, Ventus no aparecía. Todo estaba en completo silencio, un silencio tan sepulcral que casi resultaba agobiante, esta no se había percatado hasta ahora de que en un momento dado del recorrido dejo de escuchar los rugidos del monstruo.

Para cuando se mentalizo de que Ven jamás aparecería por ahí, la niña no pudo contener más las lágrimas y comenzó a llorar por la pérdida de una de sus seres más queridos. Su único amigo. Cuando termino de llorar la perdida, esta se limpió las lágrimas, respiro profundamente y dirigió la vista al largo y enorme pasillo, la oscuridad que gobernaba el lugar se tragaba la luz de la linterna, sin ninguna otra salida la niña respiro profundamente varias veces para luego seguir aquella ruta con la esperanza de encontrar alguna salida.

Camino, camino y camino pero seguía sin llegar a alguna parte, el pasillo parecía no tener fin alguno. De vez en cuando esta iluminaba las enormes paredes del lugar para ver las enormes columnas pegadas a estas que repetían incansablemente en aquel lugar, en un momento dado sintió la presencia de algo detrás de ella al sentir un escalofrío en la espalda pero al darse la vuelta lo único que había era oscuridad por lo que sin más se dio la vuelta y continuo su camino creyendo que había sido una pequeña broma de su imaginación, pero lo que la niña no sabía era que en aquella profunda oscuridad varios pares de ojos observaban detenidamente a la joven intrusa que se había adentrado en su territorio.

La joven siguió caminando pero se tuvo que detener al ver como su linterna comenzaba a titilar – "No, por favor no te apagues" – Dijo mientras daba pequeños golpes al objeto para que funcionara pero el resultado fue al contrario ya que se apagó – "¡Mecachis!" – Dijo absorbida en la oscuridad, sus ojos no eran capaces de adaptarse a la oscuridad del lugar pero milagrosamente el momento duro poco ya que la linterna volvió a funcionar, alumbrándole de lleno la cara y haciendo que cerrara los ojos momentáneamente debido al dolor, de lo que esta no se dio cuenta fue que al mismo tiempo en que todo paso el foco de luz también ilumino a varias figuras humanas que se encontraban detrás de ellas, figuras a las que sólo se les ilumino hasta la altura del pecho; dejando ver sus grisáceas pieles y sus ropas hechas jirones. La figura que estaba más cerca de ella comenzó poco a poco a acercar su cadavérica mano a la niña.

Tamara sintió como una fría brisa que le meció los cabellos, haciendo que se congelara en el acto y al darse la vuelta, rápidamente, de nuevo no vio nada; aquel silencio sepulcral la estaba agobiando cada vez más. Pero había una cosa de la que se dio cuenta, el lugar cada vez estaba más frio y no sabía el por qué de aquello.

De repente esta sintió como algo más frio que el mismo hielo la atravesaba, haciendo que se abrazara así misma, mientras tiritaba y respiraba agitadamente comenzó a escuchar como susurros en una lengua extraña – "¿Ho – Hola?" – Preguntó esta a la nada mientras iluminaba de un lado a otro sin ver a nadie. Los susurros se habían callado, todo volvía a estar en silencio hasta que finalmente se volvió a escuchar algo, un ruido que provenía del camino por el que había venido, por lo que al alumbrar así ese lugar no vio nada, sólo lo poco del pasillo que la linterna era capaz de alumbrar para luego dar comienzo a la profunda oscuridad. Pero de repente, de la pantalla oscura broto una pequeña piedrecita que cayó a unos pocos centímetros de sus pies. Algo se la había lanzado de lo más profundo de las tinieblas.

Sin pensárselo dos veces la niña hecho a correr lo más lejos que podía de ahí, corrió, corrió y corrió a gran velocidad ese infinito corredor de la muerte, escuchando como los susurros en aquella extraña lengua se hacían cada vez más fuertes hasta tal punto de que ya se podía escuchar las voces de varias personas reverberando por todo el lugar; por ello Tamara aumento más la velocidad a pesar de que sus pies le dolieran y sus pulmones clamaran por aire.

Para cuando las voces por fin cesaron esta se permitió el lujo de detenerse y llenar sus pulmones con la mayor cantidad de aire posible, una vez que su respiración se había normalizado Tamara no pudo evitar dejar escapar unos cuantos sollozos, tenía miedo y lo único que quería era volver a casa para no pisar nunca más el lugar donde se encontraba, todo sería más fácil si Ventus estuviera aquí.

"Ven ¿Dónde estarás?" – Susurro. No sabía por qué lo había dicho si sabía que él se había ido para siempre pero aun así tenía una fuerte sensación en el corazón que le decía de que eso era mentira y que tarde o temprano el aparecería – "Sólo espero que estés bien" – Dijo esta.

De repente sintió como el suelo comenzó a temblar para luego escuchar como este se resquebrajaba bruscamente, la niña intento huir pero no pudo y cuando el suelo finalmente colapso, esta acabo hundiéndose junto a él. La niña sentía como su cuerpo era arrastrado, por la gravedad, hasta las profundidades del abismo; grito hasta el punto de que su garganta ardía pero rápidamente la caída ceso cuando su cuerpo impacto contra el agua y su grito seso al llenarse su boca con esta pero rápidamente la escupió al probar el asqueroso de esta, un extraño y desagradable sabor metálico se había impregnado en sus papilas.

En las profundidades de esa agua, esta vio como la linterna que había soltado durante la caída poco a poco se iba hundiendo por lo que para no quedarse a oscuras rápidamente buceo para agarrarla. Una vez logrado esto, Tamara sintió como sus pulmones comenzaban a dolerle por la falta de aire por lo que comenzó a subir con la mayor velocidad que le permitían sus doloridas piernas hasta la superficie.

Para cuando emergió, esta lo primero que hizo fue dar una gran bocanada de aire para luego iluminar el lugar con la escasa luz que emitía la linterna, estaba en lo que parecía una enorme caverna – "Vaya, es impresionante" – Se dijo mientras observaba aquel inmenso lugar. Poco a poco todos sus sentidos fueron acostumbrándose al lugar, su piel tiritaba por la fría agua y cuando respiro profundamente tuvo que taparse la nariz debido al repugnante olor del lugar, era un olor insoportable como si algo muerto estuviera descomponiéndose.

Volvió a sentir aquel extraño y desagradable olor metálico, por lo que extrañada ilumino la mano, con la que se había tapado la nariz para comprobar que esta estaba completamente roja, al instante se asustó al ver que aquello con lo que se mezclaba el agua era sangre y al pensar que podía estar herida pero descartó aquella idea cuando al iluminar el agua vio por fin que esta estaba de un oscuro color rojo. La niña se quedó completamente helada y petrificada al ver que las aguas en las que flotaba estaban completamente llenas de una espesa y podrida sangre. ¿Cómo era posible que toda esa sangre hubiera llegado allí? Su pregunta no tardó en ser respondida.

De repente sintió como algo que flotaba le rosaba la espalda y al darse la vuelta para comprobar que era no pudo evitar gritar al ver los restos de un cadáver humano descuartizado, no sólo era uno más atrás de este había cientos en casi las mismas condiciones. Rápidamente Tamara comenzó a nadar histérica para alejarse lo más posible de todos aquellos cuerpos que poco a poco se iban acercando a ella pero mientras nadaba de espaldas volvió a sentir como chocaba con otra cosa y al girarse comprobó que eran más cadáveres. Grito, grito y grito, no podía alejarse más ya que estaba completamente rodeada de muerte.

Pero entre toda aquella muerte, hubo un rayo de esperanza ya que la niña pudo ver que no muy a lo lejos, entre todo aquel mar de cadáveres, había un pequeño islote; por lo que armándose de valor esta se hundió en aquellas aguas para nadar por debajo de la capa de cadáveres. Mientras llevaba a cabo su recorrido, esta a veces sentía como los muertos le rozaban la espalda pero esto no la detenía ya que lo único que quería era llegar cuando antes al islote, principalmente porque ya no podía aguantar más la respiración. Finalmente esta fue capaz de llegar al montículo de tierra al cual se subió rápidamente

Una vez en medio del islote esta volvió a iluminar la caverna para darse cuenta de que era más grande de lo que parecía, el pequeño islote donde esta se encontraba Tamara estaba justo en medio de una laguna que para desgracia de la niña estaba completamente infestada de cadáveres.

"Pobres personas" – Dijo esta recorriendo con su vista la gran explanada de la muerte. De repente las voces comenzaron a sonar de nuevo, como ecos que reverberaban por toda la caverna – "¿Ho – Hola?" – Preguntó – "Sí hay alguien ahí, por favor déjese ver no le voy a hacer daño" – Dijo está recorriendo el lugar con su mirada.

Las voces se callaron y por un momento Tamara sintió como el tiempo dejaba de fluir, se detuvo lo suficiente para dejar ver a la niña como de entre los límites de la laguna y el comienzo de las paredes; de esa oscuridad comenzaban a surgir cientos de figuras humanas que se extendían por todas la caverna. Figuras humanas de pieles grisáceas y ropas hechas jirones, y cuyos rotos parecían a ver sido emborronados, que observaban a la niña a través de aquellas dos grandes, profundas y oscuras cuencas que todos tenían por ojos; la observaban todos ahí quietos sin inmutarse para nada. Por su parte Tamara también los miraba a ellos, girando de vez en cuando sobre su eje para poder mirar a todos y cada uno de ellos.

No estaba asustada, algo en el fondo le decía que aquellos seres no le harían daño sino más bien le parecía que la miraban con lastima, lo cual no entendía. De repente cayeron unas cuantas rocas al agua que hicieron que aquellos seres fueran retrocediendo así la oscuridad – "¿Se están ocultando de algo?" - Y al dirigir su vista a arriba vi de nuevo a aquel demonio observándola muy detenidamente – "Ellos le tienen miedo a esas cosas" – Afirmo la niña.

Entonces poco a poco la criatura comenzó a bajar por la pared del lugar hasta posicionarse sobre las aguas, para seguir observándola como un cazador a su presa. Por otro lado, la niña no pudo hacer nada más que dejarse caer de rodillas para luego mirar al suelo y así ocultar su cara, dando así la oportunidad para que las lágrimas comenzaran a salir ya que sabía que estaba acabada, que este lugar sería su tumba para siempre.

La criatura rugió para comenzar a correr hacia ella mientras que Tamara cerró muy fuerte los ojos y hundió sus manos en la tierra, el sonido que hacía el ser contra el agua le decía que cada vez estaba más cerca de ella, por lo que cerro todavía más fuerte sus ojos esperando el momento final – "Sólo será un momento de dolor y después habrá paz" – Se dijo mentalmente.

Pero de repente se escuchó el ruido de una fuerte explosión cuya onda expansiva tiro a Tamara hacia atrás arrastrándola por toda la superficie, la niña abrió los ojos dolorida, estaba algo desorientada y todo le daba vueltas pero podía ver a lo lejos la figura de ese ser revolviéndose en el agua, seguido vio otro proyectil de luz que impactaba contra el ser seguido a un montón de disparos que provenían del piso de arriba, no entendía muy bien lo que pasaba.

Entonces sintió como algo caía al lado suyo y al mirar a ver qué era, pudo distinguir la figura de un caballero al lado suyo – "¡Imbécil casi le das a la niña!" – Le grito la mujer a su compañero que seguía manteniendo a raya al Wendigo a base de metralleta.

"No es momento de peleas sácala de ahí ya"

"Te encuentras bien, ¿Estás herida?" – Le preguntó al ver la cantidad de sangre que tenía en su cuerpo. Pero Tamara era incapaz de contestar, la cabeza le dolía cada vez más, veía un montón de manchas negras y todo le daba vueltas. Al ver que no iba obtener respuesta por parte de la niña, rápidamente esta saco una pequeña linterna y le ilumino los ojos – "¡Joder!" – Grito esta al ver que las pupilas de la niña no reaccionaban ante el estímulo visual, lo que indicaba que había algún daño cerebral que tenía que ser tratado cuando antes.

Sin perder más tiempo cogió a la niña en brazos para luego activar los propulsores de la espalda de la armadura y alcanzar a su compañero en el piso de arriba – "¡Vamos deja de disparar!" – Le grito mientras echaba a correr, por el bien de la niña tenían que salir de ahí cuanto antes. Siguiendo las órdenes de su compañera, el soldado paro de disparar no sin antes volver a lanzar otro proyectil para luego correr siguiendo los pasos de su compañera.

Ambos corrieron por el largo corredor todo lo rápido que pudieron hasta que llegaron a un enorme agujero en la pared en el cual se localizaba la grieta que la niña atravesó, el cual cruzaron para entrar de nuevo en aquella sala circular.

"¿Qué vamos a hacer con el cadáver de Sebastián? No podemos dejarlo ahí" – Le dijo su compañero al ver como esta ya se disponía a abandonar la sala.

"Ya no podemos hacer nada por él"

"¡Pero era nuestro amigo, murió protegiéndonos!"

"¡Lo sé! A mí también me duele pero ya no podemos hacer nada más, ese ser volverá dentro de poco y no pienso tener más bajas hoy. Además tenemos que llevar esta niña cuanto antes a la ciudad, necesita un médico"

"De acuerdo, pero dame un momento" – Dijo este mientras se acercaba a los restos de su compañero y amigo para sacarle la placa de identificación.

Al mismo tiempo que todo esto pasaba, Tamara sentía como si el flujo del tiempo había tomado otro recorrido completamente diferente, uno mucho más lento y pausado, todo estaba de color gris. Podía ver a aquellas dos personas hablando alteradas y oírlas pero incapaz de comprenderlas, a su vez todo estaba demasiado frio lo que la hacía tener ganas de cerrar los ojos cada vez más, haciendo que parpadeara reiteradamente. En uno de esos parpadeos pudo ver como ellos habían sido rodeados por todos aquellos seres de la caverna, pero esta vez no tenían aquel tétrico aspecto debido a que sus pieles grisáceas ahora eran blancas como la mismísima luna, sus ropajes eran impecables y sus antiguos rostros emborronados habían desaparecido y ahora dejaban ver a las personas que un vez fueron.

Entre todos aquellos había uno que destacaba, un chico de no más de veintidós años de cabellos negros desordenados, de profundos ojos verdes y que portaba una brillante armadura plateada, este miraba a los dos soldados un poco triste hasta que su vista se posó en la niña para poco a poco acercarse a esta, para cuando ya estaba suficientemente cerca la niña estiro su brazo para poder tocarlo y este estiro el suyo para cogerla de la mano.

La chica al ver lo que estaba haciendo la niña comenzó a preocuparse todavía más al temer por su salud y la posibilidad de que comenzaran a desvariar.

"Ya esta" – Dijo el chico guardando el objeto.

"Vamos" – Dijo esta mientras echaban a correr.

Tamara sintió como aquel cálido agarre desaparecía para ver como poco a poco estos se alejaban de la habitación, quedando cada vez más a lo lejos todas aquellas almas pero de entre todas aquellas había una que observaba con una sonrisa como sus mejores amigos se marchaban de aquel lugar a salvo.

Cuando la niña sintió como suaves gotas de agua supo que había salido ya de aquella pesadilla, sus ojos pesaban más y cuando los abría casi todo lo que veía eran grandes manchas negras que iban cegando su visión, también supo que estaban entrando en la nave cuando el ruido de los pasos en la arena fue sustituido por el ruido de botas impactando sobre una superficie metálica. Sintió como poco a poco la depositaban en una superficie mullida, eran las pierna de alguien.

"Tamara" – Escucho como le decían, reconocía a la perfección esa voz, era Ven. Intentó abrir los ojos pero no podía, intento hablarle pero no era capaz de hablarle – "¡Tamara!" – Escucho como a Ven se le quebraba la voz al no obtener respuesta de su amiga y comenzó a sentir como pequeñas gotas cálidas impactaban contra su cara, ¿Eran lágrimas? ¿Acaso Ventus estaba llorando? Ya tampoco era capaz de distinguir aquello –"N – No me responde" – Dijo este.

"Mierda" – Escucho a la chica – "¡Romeo enciende de una puta vez la nave!"

"Tam por favor quédate conmigo" – Le dijo Ven pero ya le costaba cada vez más oírlo – "¡L – Le está saliendo sangre de la nariz!" – Grito este.

"¡Mierda Romeo la nave!" – Grito más fuerte la chica.

Eso fue lo último que supo la chica antes de que la audición también le fallara y finalmente su consciencia se desvaneciera de este mundo.


"Ah mi cabeza" – Dijo la niña mientras poco a poco se iba incorporando de la cama en la que estaba y se llevaba una mano a la cabeza. Poco a poco los recuerdos de todo lo vivido comenzaron a golpear su mente pero cuando se dio la vuelta y miro por la venta y vio el panorama de la ciudad no pudo evitar sonreír, estaba de vuelta en casa.

Al recorrer con la mirada el lugar donde se encontraba y ver que era su habitación, su sonrisa se ensancho todavía más.

Rápidamente se levantó de la cama, tenía que ir cuanto antes a ver a su abuelo pero al poner los pies sobre el suelo tuvo que agarrarse de la cama ya que sintió un fuerte mareo que por poco la hizo caer. Entonces esta se percató, al mirarse en el espejo del cuarto, que tenía una venda al redor de la cabeza – ¿Qué me ha pasado?" – Se preguntó mientras se tocaba la venda.

Extrañada por las vendas de su cabeza Tamara miro alrededor de la habitación buscando alguna señal que le dijera de el por qué de esas vendas. Entonces esta descubrió una Tablet igual a la de Anne en la mesa de noche sobre su cama.

Esta la cogió y desbloqueó para ver un informe médico el cual leyó atentamente – "Paciente número 3456678, Tamara Rapp. La paciente ha sufrido unas fuertes conmociones cerebrales a causa de la explosión de un proyectil que impactó a escasos metros de ella, como consecuencia la paciente ha sufrido un derrame cerebral múltiple, el cual fue empeorando a medida que esta era evacuada de la zona de impacto. Como consecuencia de dicho derrame importantes estructuras cerebrales se han visto gravemente perjudicadas" – La niña tomo aire para continuar – "A nivel de la corteza cerebral, las áreas 17,18 y 19 de Brodmann relacionadas con la visión y el procesamiento de esta información fueron dañadas, las áreas 1,2 y 3 encargadas del procesamiento de la sensibilidad general también, el área 4 (motora voluntaria) y la 6 (premotora) fueron de las más perjudicadas. Las áreas 41 y 42 encargadas del procesamiento de la información auditiva recibieron un daño parcial, las áreas 44 y 45 (Broca) relacionadas con la producción del lenguaje también fueron dañadas gravemente" – Paro un momento – "Además tenemos que tener en cuenta que el de todas estas áreas de la corteza la área 37 (Encargada del reconocimiento de caras familiares) fue destruida completamente a causa de la hemorragia, además tenemos que tener en cuenta que esto solo fueron daños externos ya que a nivel de las estructuras cerebrales internas, pudimos comprobar una vez que habían traído a la paciente que el tálamo fue dañado casi en su totalidad por ello la paciente perdió la conciencia completamente" – La chica trago saliva – "Pero gracias a la rápida actuación del grupo de reconocimiento que al ver que la niña no respondía decidieron meter a la chica en un tubo de criogenización pararon rápidamente el avance de la hemorragia, si esto no hubiera sido así la niña hubiera muerto antes de que el propio cerebro hubiese muerto en si a causa de la hemorragia. Ya que la hemorragia estaba muy cerca de afectar al tronco encéfalo y si lo hubiese afectado un fallo respiratorio y cardiovascular hubiera sido inminente" – Volvió a tomar aire – "Pero gracias a nuestra tecnología hemos sido capaces de arreglar todo el daño en cuestión de horas, ahora solo cabe esperar a que la paciente se recupere, aunque es importante que esta no reciba sobre saltos procedentes de malas noticias, impresiones negativas ya que esto podría desencadenar una respuesta negativa"

Tamara terminó de leer el informe pálida y temblando ante lo leído, no se había dado cuenta de lo cerca que había estado de perder la vida aunque la cosa no mejoro cuando en las siguientes vio radiografías de su cerebro, en el cual habían bastantes zonas negras que representaban las hemorragias. Rápidamente dejo el aparato donde estaba, no quería seguir viendo aquello.

Salió de su habitación con el único deseo de buscar a su abuelo, tenía que explicarle todo pero al ir a su despacho no lo encontró por lo que pensó que estaría en la sala donde el consejo se solía reunir por lo que echó a correr todo lo que sus pies le daban para reunirse cuanto antes con él. Lo que le extraño a la chica, fue que cuando llegó a las grandes puertas estas estaban completamente cerradas y al instante volvió a sentir otro extraño presentimiento pero no se detuvo, ya que se dirigió al panel que había al lado para meter la clave que Ven le había enseñado y así abrir las puertas.

Una vez que estas se abrieron y Tamara pudo entrar en aquella circular sala sintió como su cuerpo se paralizaba cuando sus ojos se posaron en lo que había justo en medio del lugar, aquello que la había hecho estremecerse hasta tal punto de dejarla de piedra era Ventus, este se encontraba atado a un pequeño poste con toda la camisa desgarrada debido a que estaba siendo azotado por uno de aquellos caballeros robóticos. En los ojos de la niña se reflejó, muy lentamente, como el látigo laser impactaba contra la espalda del muchacho y algunas gotas de sangre salpicaban el lugar así como su cara de dolor y el intento de aguantarse los gritos.

Cuando la niña volvió en sí salió corriendo a toda prisa hacia él para rápidamente abrazarlo. A su vez Ventus se percató de que alguien lo estaba abrazando y al abrir los ojos se sorprendió de ver quien era – "Tamara" – Dijo este con un hilo de voz apagado, pero la chica no le respondió sólo se limitó a sollozar - "Por favor vete" – Le suplico este.

"No" – Le dijo la chica encarándolo para luego mirar alrededor y ver como todo el consejo los miraba asombrados, nadie se esperaba que la niña apareciera, entre todas aquellas personas Tam pudo ver a Anne siendo sujetada por dos guardias y la cual estaba llorando, así como a su abuelo quien estaba ordenando a dos guardias que sacaran a su nieta de ahí – "Esta vez no te pienso dejar solo" – Recalcó esta.

Entonces ambos vieron como el caballero volvía a preparar el látigo y lo único que pudieron hacer fue cerrar los ojos y esperar el golpe, pero este nunca llegó y cuando abrieron los ojos para saber qué había pasado, estos pudieron ver como el látigo de hecho sí iba hacia ellos pero este se había enrollado en el brazo de una persona, fuese quién fuese los había protegido. Ambos siguieron el recorrido del brazo para saber quién era su salvador y entonces la niña se sorprendió al ver que la persona que estaba justo delante de ellos era nada más y nada menos que el mismo chico que había visto en la cueva.

"No puede ser" – Dijo esta sorprendida.

"¡Soltadme de una puta vez!" – Grito Anne mientras se zafaba de aquellos dos guardias para correr hacía el centro de la sala – "Ven cariño ya estoy aquí" - Le dijo esta mientras soltaba las cadenas y lo abrazaba para aguantarlo ya que este no tenía fuerzas para aguantarse en pie. Anne no pudo evitar observar sus manos manchadas con la sangre de la espalda de Ventus – "Gracias Gerard" – Le dijo esta al chico el cual tiro del látigo para arrebatárselo al robot.

"Dais pena" – Dijo este dirigiéndose a todo el consejo – "Hacedle esto a un pobre niño"

Acto seguido el consejo comenzó a hablar hasta que el anciano golpeo el suelo con su báculo para hacer callar a todo el mundo – "Silencio" – Dijo este – "Este joven a hecho demasiadas travesuras que siempre he pasado por alto pero esta última es imperdonable, merece un castigo" – Dijo el anciano enfadado.

"¡Eso no es excusa para torturarlo de esta manera!"

"¡Silencio insensato! Recuerda ante quien te estás dirigiendo"

"No tengo respeto hacia alguien que da el consentimiento para que le hagan esto a un niño, anciano"

"¡Insensato! No entiendes el peligro en que esa sabandija ha metido a mi nieta"

"No voy a discutir más, te recuerdo yo también he perdido a mi hermano en ese lugar y no estoy dispuesto a que se sigan cometiendo más barbaridades, ya todos hemos tenido suficientes" – Dijo para darse la vuelta y acercarse hasta Anna – "¿Cómo se encuentra?"

"Muy mal, tenemos que curarlo cuanto antes" - Le dijo mientras se limpiaba los ojos para luego acariciar los cabellos del inconsciente muchacho.

"Está bien vamos" – Dijo este mientras se agachaba para luego cargaba al niño.

Acto seguido Anne se paró para irse junto a Gerard no sin antes coger la mano de Tamara para llevársela de ahí – "Vámonos" - Le dijo esta mientras se llevaba a la niña.

"¿Ventus se va a poner bien?"

"Claro que sí pequeña, yo misma me encargare de que se ponga mejor y cuando menos te des cuenta estaréis correteando de nuevo por ahí" - Le dijo mientras apretaba un poco su agarre.

Esta asintió y mientras caminaba a la salida no pudo evitar girar la cabeza para ver a su abuelo una última vez antes de que las puertas se cerraran, la expresión que tenía era irreconocible, jamás había visto a su abuelo así y por una vez en su vida sintió miedo de este.


Bueno aquí tenéis el séptimo capítulo, antes que nada perdón por si este capítulo no ha estado a la altura del anterior, en el sentido de que no ha tenido toda la chicha que esperabaís ver, pero es que desde mi punto de vista este es uno de los capítulos más importantes de toda la historia y por ello quiero hacerlo lo mejor que pueda, además me gusta hacer capítulos largos pero es que cuando vi que sólo llevaba 25 pág de Word y que no tenía plasmado ni la mitad de cosas que quiero que aparezcan en este capítulo decidí cortar y dividir, así no me apuro por terminarlo y me puedo tomar mi tiempo para hacerlo tal y como quiero; y dándome la oportunidad de meter nuevas cosas.

Pero a lo que vamos, espero que lo hayáis disfrutado y que no fuese una perdida de tiempo, espero vuestros reviews!... Además si en ellos queréis que posibles teorías tenéis para lo que pasará más adelante y vuestra opinión sobre los nuevos personajes que ha aparecido sería fantástico.

PD: Ya en el siguiente si va a haber más chicha y perdón por la tardanza, pero la universidad me exige mucho tiempo. La canción que ha inspirado del título es All Things Go de Nicki Minaj.