CAPÍTULO 8: Octavos de final (2): Inglaterra-Turquía.

Al día siguiente, después del entrenamiento, Harry se fue a la chimenea del hotel conectada a la Red Flú internacional y contactó con Andromeda Tonks. La mujer, más parecida físicamente a su hermana Bellatrix que a Narcissa, le dedicó una breve sonrisa afectuosa. No se habían conocido hasta el último año de la guerra, pero después se habían convertido en la única familia que le quedaba al pequeño Ted Lupin. Harry tenía con ella una relación muy parecida a la que mantenía con Minerva McGonagall, la directora de Hogwarts: se apreciaban, pero ambas eran demasiado reservadas como para tomarse con ellas las libertades que se tomaba con Molly Weasley, a la que consideraba prácticamente como una madre adoptiva.

Harry quería darle el último empujoncito para convencerla de que ella y Ted fueran a Alemania y vieran un partido de la selección inglesa.

-Podéis venir el día de antes y marcharos después del partido, incluso al día siguiente.

-¿Y dónde nos alojaremos? Dicen que es imposible encontrar una plaza libre en ningún hotel, posada o camping de Alemania.

-Está todo arreglado. Los padres de Oliver Wood van a estar aquí todo el Mundial y tienen sitio de sobra en su tienda. Estarán encantados de prestaros una habitación.

Andromeda asintió un poco.

-De acuerdo. Pero no puedo organizarlo todo a tiempo para ir al partido contra Turquía. Si pasáis a cuartos, iremos entonces.

-Vale, perfecto.

-Espera un momento, voy a decirle a Ted que estás aquí.

Mientras su ahijado llegaba, los pensamientos de Harry se deslizaron hacia Draco, algo que había dejado de ser una novedad. Había esperado en vano su carta, aunque tampoco le sorprendía tanto que estuviera mostrando más resistencia que él; lanzarse de cabeza hacia delante sin pensar las consecuencias era un rasgo típico de los Gryffindor, no de los Slytherin. Pero eso no le desanimaba; siempre le habían gustado los retos.

Y Draco era el primer mago gay sin pareja que no se tiraba en sus brazos a la primera insinuación.

-¡Hola, Harry!

La cara de Ted, sobresaliendo entre las ascuas, sonreía de oreja a oreja.

-Hola, Ted¿cómo estás?

-La abuela me ha dicho que tienes que decirme algo. ¿Vamos a ir a Alemania?

Harry asintió, sonriente.

-Pero tenéis que esperar a que pasemos a cuartos¿de acuerdo?

Ted frunció un poco el ceño en un gesto reflexivo heredado de su padre.

-Vas a ganar a Turquía¿verdad?

-Te prometo que haré todo lo que pueda –dijo Harry.

Eso bastó para hacer sonreir al niño de nuevo.

-Genial, me muero de ganas. Ya verás Hector cuando se entere.-Hector Scamander era su mejor amigo, un sobrino del marido de Luna Lovegood-. ¿Puede venirse él también?

-No creo, tú solo ya le das bastante faena a tu abuela.

El niño protestó un poco, porque tenia nueve años y habría sido demasiado pedirle que no protestara, pero aceptó con buena cara que Hector tendría que quedarse en Inglaterra con sus padres. Después le contó a Harry que había estado practicando con la escoba, que había ido al cine con Andromeda, y que él y Victoire Weasley, la hija de Bill Weasley y Fleur Delacour, habían pasado una tarde fantástica desgnomizando el jardín de su casa.

Ted se parecía a su madre, pero tenía los ojos color miel y el pelo fino y castaño de su padre. Había algo en su mirada que hacía que Harry se sintiera en la obligación de pasarle el Mapa del Merodeador cuando entrara en Hogwarts, como si su instinto le dijera que, una vez en el colegio, Ted pasaría a ser su legítimo dueño. Harry no quería ni pensar en las cosas que su ahijado podía terminar haciendo con el Mapa en sus manos, y mucho menos en lo que Andromeda le diría a él si se enteraba de que le había proporcionado a su nieto la herramienta perfecta para meterse en líos. Pero su instinto mandaba. Ted tendría el Mapa y que Dios y Merlín se apiadaran del Jefe de su Casa, fuera el que fuera.

Cuando regresó a su habitación, Harry sacó un trozo de pergamino, pluma y un tintero y le escribió un breve mensaje a Draco, recordándole que estaba esperando un mensaje suyo diciendo un sitio y una hora. Después fue a buscar una lechuza a la lechucería, situada al lado de la terraza en la que se habían acostado por primera vez. Mientras iba hacia allí, no pudo dejar de darse cuenta de que ahora era más consciente que nunca de que Andromeda era tía de Draco y Ted, su sobrino. Que él supiera, Draco jamás había intercambiado palabra ni con uno ni con otro, y aunque todos daban por sentado que él y Narcissa despreciaban a Andromeda por haberse casado con un mago de sangre muggle y a Ted por tener, además, sangre de hombre-lobo por parte de su padre, Harry ya no estaba tan seguro.

En una de sus visiones durante la guerra había visto a Voldemort burlándose de los Malfoy y de Bellatrix Lestrange por sus parientes supuestamente inadecuados, pero sólo Lucius y Bellatrix habían actuado como si eso fuera una ofensa para su honor de mortífagos. Narcissa parecía haber estado demasiado ocupada ocultando su odio hacia Voldemort para poder sentir algo más y Draco... bueno, en ese momento, sencillamente, daba la impresión de estar a punto de sufrir un shock nervioso. Harry se preguntó qué pensaría ahora de Ted Lupin, aunque era más curiosidad que deseos de reunir a las dos familias: no estaba nada seguro de querer que su ahijado se relacionara con Lucius Malfoy.

La lechuza se marchó volando, portando el mensaje para Draco. Harry deseó con todas sus fuerzas que no tardara en traer la respuesta deseada. Quizás si conseguían desfogarse a gusto durante una noche, esa locura que los había invadido de pronto se disiparía y quizás entonces podría concentrarse en el Mundial y dejar de comportarse como un adolescente obsesionado por el sexo.

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Al día siguiente, Inglaterra se enfrentó a Turquía. La mañana se presentaba desapacible, con rachas de viento que hacían el vuelo más peligroso que otras veces. Harry, subido en su escoba, se sentía tan intranquilo como el tiempo, y sabía que no eran solo los nervios de los primeros momentos del partido.

Draco no había contestado a su carta y Harry había empezado a pensar, decepcionado y algo herido en su amor propio, que no estaba interesado en acostarse más veces con él. ¿Cómo era posible que hubiera quedado satisfecho con un revolcón empapado en alcohol y un polvo rápido en el baño¿Es que no había comprendido que podían estar en puertas de tener el mejor sexo de sus vidas¿O sí lo comprendía, pero aun así lo rechazaba.¿Por qué podía controlarse más que él? No era justo.

Harry se esforzó en olvidarlo mientras volaba alrededor del campo de juego. Estaba en mitad de un partido de octavos de final del Mundial, no era el momento de ponerse introspectivo ni caliente. Los turcos aún estaban intentando lavar su honor después del patético partido contra Croacia y no se andaban con chiquitas. El Buscador turco había intentado picarle un par de veces, pero había abandonado la provocación al darse cuenta de que Harry no entendía ni media palabra de su atroz inglés.

Al cabo de unos minutos, Harry divisó la snitch a sólo cien metros de él, y en una dirección que le daba toda la ventaja frente al Buscador turco. Entonces enfiló su escoba hacia allí, con los ojos fijos en el destello dorado. Pero cuando ya estaba sólo a cinco o seis metros, un hechizo le dio de lleno, haciendo que su escoba diera varias vueltas de campana. Harry se sujetó como pudo, sin saber si era un intento desesperado de los turcos de evitar la derrota o un ataque en toda regla, pero el rugido furioso del campo le hizo optar por lo primero. Cuando por din recuperó el control de su escoba, la cabeza le daba vueltas.

-¡Harry!-Era la voz de Oliver, sujetándole con fuerza por los brazos, como si quisiera anclarlo-. ¿Estás bien?

-Creo... que sí. ¿La snitch...?

Oliver señaló con la cabeza en dirección a la otra punta del campo y Harry, aunque aún veía doble, distinguió al Buscador rival persiguiendo la snitch. Mientras, el jugador turco que le había disparado el hechizo había sido expulsado. Probablemente le caerían varios partidos de suspensión, pero si así le daba la victoria a su equipo, consideraría que había valido la pena.

Harry asintió, apretó los ojos con fuerza para ver si así se le pasaba el mareo antes y echó a volar en dirección a la snitch. El público, incluso los turcos, aplaudieron con fuerza su recuperación. Harry estaba bastante indignado con lo que había pasado-era una falta extrema que se producía rara vez- y volaba como si estuviera a punto de batirse en combate. En una decisión arriesgada, optó por tratar de interceptar la snitch en lugar de unirse a su persecución. La snitch, presintiendo quizás que su camino iba a ser bloqueado, ascendió bruscamente hacia arriba. Harry hizo una especie de pirueta para cambiar de dirección y subió también.

Una blduger enviada por Marcus Flint obligó al Buscador turco a desviarse para evitar el impacto. Harry aprovechó la ventaja para colocarse por delante. Ahora que estaba tan cerca de ella, podía darse cuenta de los pequeños bandazos que daba, y comprendió que la fuerza del viento iba a obligar a la snitch a apostar por la velocidad, no por los cambios constantes de rumbo o los zigzags. Harry aplastó su cuerpo contra la escoba todo lo que pudo y estiró el brazo.

Su escoba dio una sacudida, y de nuevo, fue el clamor del campo el que le indicó que había sido objeto de una falta. El árbitro pitó rápidamente blagging, señalando al Buscador turco, y Harry comprendió, atónito, que le había sujetado el palo de la escoba. Los turcos fueron penalizados, pero ya habían conseguido lo que querían, pues la snitch había tenido tiempo de alejarse. Con un resoplido frustrado, Harry reanudó la persecución.

Los ingleses iban ganando 130-40 gracias a la acumulación de faltas de los turcos. Oliver, Angelina y Marianne estaban echando el resto para conseguir una diferencia de ciento cincuenta puntos entre los marcadores; entonces, aunque los turcos consiguieran la snitch, la victoria seguiría siendo para ellos. Pero Harry pensaba que eso sólo haría que el Buscador turco se desentendiera de la snitch y se centrara únicamente en boicotearlo a él.

Era el partido más largo que había dispuestado en aquel Mundial y los brazos y las piernas empezaban a resentirse. Cuando encaró la snitch por tercera vez, se conjuró a sí mismo para que fuera la definitiva. Estaba pendiente de todo, la posición de las bludgers, los movimientos del Buscador turco, cualquier hechizo que pudiera tenerle como objetivo. La snitch tenía que ser suya. El Buscador turco intentó darle un codazo y Harry respondió con otro, desequilibrándolo y poniéndose por delante.

La snitch iba directa hacia las gradas. Harry sabía que haría un cambio de dirección, pero¿hacia dónde¿Derecha, izquierda, arriba o abajo? Sus ojos estaban fijos en la pelota, como un portero antes de parar un penalty. La snitch esperaría hasta el último segundo para esquivar el choque contra las gradas. Faltaban cinco metros. Cuatro. Tres. Dos. Uno.

"¡Izquierda!"

Harry giró hacia la izquierda bruscamente, alargó el brazo y atrapó la snitch mientras su espalda chocaba con fuerza contra los asientos. Su aullido de dolor quedó ahogado por los gritos del público. Después, perdió el conocimiento.

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Cuando volvió a abrir los ojos, Harry se encontró en el hospital. Una enfermera de mediana edad y aspecto maternal le sonrió amablemente.

-Ah, herr Potter¿se encuentra mejor?-le preguntó en un inglés con fuerte acento germano.

Harry se dio cuenta de que, al contrario de lo que cabía esperar, no le dolía nada.

-¿Me he roto algo?

-Un par de costillas, pero ya está curado, no se preocupe. Podrá jugar su próximo parrtido.

Eso tranquilizó su miedo a perderse un encuentro antes incluso de que pudiera cristalizarse. Lo que quedaba, pues, era el placer de una victoria duramente conseguida. Después de tragarse una poción previsiblemente asquerosa, la entrenadora, Ron y Oliver entraron a la habitación para hablar con él, asegurarse de que estaba bien y comentarle lo sucios que habían sido los turcos.

Harry temía que le obligaran a pasar allí la noche, pero los huesos rotos sanaban muy rápidamente en el mundo mágico y al cabo de un par de horas le dieron el alta, aconsejándole simplemente que pasara el resto del día en cama.

Cuando llegaron al hotel, Harry, bajo la vigilante mirada de su entrenadora, se fue con Ron a la habitación, armados con un tablero de damas explosivas y un mazo de naipes. En menos de cinco minutos estaban enfrascados en una partida de damas, intercambiando pullas amistosas.

-Esto me recuerda a todas las veces que uno de los dos acababa en el enfermería en Hogwarts-sonrió Harry, al cabo de un rato.

-Habla por ti, colega. Yo sólo aterricé allí un par de veces.

-Sí, eso es verdad.

Ron meneó suavemente la cabeza.

-Si te digo la verdad, espero que Rose y el bebé no se metan en tantos líos como nosotros cuando les llegue el momento de ir a Hogwarts. No entiendo cómo a mis padres no les dio un infarto.

-Supongo que los gemelos fueron un buen entrenamiento.

"Los gemelos" era una expresión que aún dolía, después de nueve años, pero todos se habían acostumbrado a ese dolor. Incluso George parecía haberlo superado, en especial tras el nacimiento de su hijo Freddy, que ya tenía cinco años.

Había sido doloroso presenciar cuánto tiempo tardaba en perder la costumbre de dejar sus frases a mitad, esperando a que su hermano la completara.

-¿Te has preguntado alguna vez si el viejo Dumbledore avisaba de esas cosas? –dijo Ron-. Tengo que preguntarle a mi madre si recibió alguna carta suya. Ya sabes: "Querida Molly; no te inquietes, pero tu hijo Ron se enfrentó ayer a un troll en los lavabos."

Harry se echó a reir.

-Si se las mandó, yo quiero leerlas.

Angelina, Alicia y los demás se fueron turnando para hacerles compañía a ambos sin abarrotar la habitación. Maureen Davies y Percival Robinson aprovecharon que esta vez no tenía escapatoria y también le dieron la lista completa de las invitaciones oficiales, ofertas y peticiones de entrevistas que había recibido: el gobierno alemán insistía una vez más en dar un baile en su honor, la mujer de los mooncalfs quería que asistiera a una de sus conferencias de su grupo y Play-Witch le ofrecía cien mil galeones por posar desnudo en las páginas centrales de su revista.

-Quieren ver la varita que derrotó a Voldemort –dijo Ron, con su expresión más seria, provocando una explosión de risas a su alrededor.

Harry, colorado, lo fulminó con la mirada. Pero al menos luego se comportó como un amigo decente y se las apañó para sacar de allí a Maureen y a Robinson, que lo estaban mareando con propuestas que pensaba rechazar. Estaba distraído; no paraba de preguntarse si Draco se habría enterado ya de su accidentada victoria. Seguramente sí, ese tipo de noticias volaban entre las distintas sedes del Mundial. Gracias a un hechizo, las lechuzas oficiales y de los jugadores de quidditch entraban sin cesar por la ventana de su habitación –las de los fans tenían que hacer sus entregas en recepción-, pero nunca era la que él quería. Y a medida que se aproximaba la hora de cenar, Harry llegó a la conclusión de que era mejor no esperar ningún mensaje de Draco.

Pero el mensaje llegó, justo cuando un elfo doméstico acababa de llevarles la cena a él y a Ron. La letra del sobre estaba disimulada, pero no la del mensaje.

"Enhorabuena, pero no te mates hasta haber jugado conmigo la final.. D"

-¿Quién es?

Harry se mordió los labios, con la mente a mil por hora. Le había escrito. Y firmado con la inicial de su nombre, no de su apellido. Y a su manera, le estaba diciendo que se cuidara.

-Nadie.

Ron lo miró con curiosidad.

-Esto tiene que ver con el chico misterioso¿verdad? Quiero decir... no estarás en medio de... algo.

Harry tuvo que sonreir.

-¿Algo¿Algo como abrir la Cámara Secreta o buscar horrorcruxes?

-Bueno, hay precedentes¿no? –se defendió Ron, sonriendo también mientras se encogía de hombros.

-Dios, no. Ya tuve bastante de todo eso en Hogwarts. No, esto... es personal.

Ron asintió.

-De acuerdo. ¿Y a qué viene tanto secreto¿Es que está casado o algo así?

Harry miró a Ron boquiabierto, sin poder creer que hubiera sugerido tal cosa.

-No, claro que no.

Pero no dijo nada más, en una clara alusión a que no quería hablar más del tema y Ron, que jamás había sido entrometido, no insistió. Harry se lo agradeció sinceramente, no sin una fugaz punzada de culpa. Sin embargo, su atención estaba centrada en la carta. En lo que decía y en lo que no decía. Draco no había mencionado nada de quedar, pero daba lo mismo. Sabía perfectamente que si no hubiera querido volver a verlo no le habría escrito ni siquiera esa nota. "Eh, estoy aquí¿ya te has cansado de perseguirme?". Eso es lo que quería decir ese mensaje, lo supiera Draco o no.

Y la verdad era que no, no se había cansado de perseguirle.

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"Gracias por escribir, Draco, Ha sido una fractura limpia y mañana estaré cómo nuevo. Pero sigo pensando en aquello que hablamos. Sigo queriendo las mismas cosas. ¿Por qué te está costando tanto decidirte¿No será que tienes miedo de ser tú el que acabe suplicando, después de todo? H."

En su hotel, Draco leyó la carta y abrió mucho los ojos.

-¿Eso crees? –exclamó-. ¡Ja!

Ya se las apañaría para que no le viera la espalda. Harry Potter iba a convertirse en el Niño-que-no-se-sentó durante una buena temporada.

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Dnanne, hola. Les habían pillado por sorpresa, pero nadie sospecha nada, que es lo importante.

Haima, k tal? Muchas gracias por el comentario, me alegra que te guste la historia.

Marcia Canija, hola. La verdad es que yo no sé apenas nada de Alemania, sólo unos cuantos nombres de ciudades, II Guerra Mundial y poco más. Ya ves que este capi ha quedado un poco más corto que el otro, eso no se puede evitar. Pero el siguiente será más largo, prometido. Casi el doble que este.

Sami Marauder, hola, déjame pensar... ¿querías que actualizara? Jaja, aquí lo tienes y el lunes, más.

Efi-Lala, hola. Me alegra muchísimo que los lemon estén quedando bien, jeje. Y lo del Mundial, también. Supongo que ser un poco futbolera ayuda a no perderse. Las súplicas, en el próximo capítulo.

Lireve, k tal, me alegra volver a verte, guapa. ¿En serio te lías con las eliminatorias? Mira, primero jugaron una liguilla. Dentro de cada grupo, todos jugaban contra todos, como en la Liga de fútbol. Los dieciséis mejores equipos pasaron a octavos. A partir de ese momento ya se enfrentan por parejas; el que gana sigue y el que pierde, se va del Mundial. Los ganadores de octavos pasan a cuartos, los que ganan cuartos a semifinales y los que ganan las semis, a la final. ¿Te he ayudado en algo? Espero que sí. Por otro lado, me alegro mucho de que estés pasándotelo bien con el fic y ojalá que puedas volver a conectarte pronto, un besito.