Mucho diálogo y poco sentido. Está sin editar, pero lo subo ya porque ando liada con la matrícula de la carrera y tengo un maletón más grande que los sueños de un niño que debería haber deshecho hace horas. Abrazadme antes de que llore *cries*


8# Pulgato

Luffy tenía razón. A medias. Como siempre.

Por una parte, el mar le devolvió el sombrero pero por otra, no fue el mar exactamente.

— ¡Qué pasada! ¡Un pulpo-gato!

—Querrás decir gato-pulpo, que de pulpo tiene más bien poco.

— ¿Tú crees?

Sanji no solo lo creía. Lo sabía. Sabía perfectamente cómo era un pulpo. Había atravesado unos cuantos con el arpón y metido en la cazuela otros tantos. Nami conocía a Hatchan. Sobraban explicaciones.

— ¿Os he contado aquella vez que me enfrenté a un tibulpo?

— ¿Un tiqué?—preguntó Luffy, que de repente parecía haber perdido el interés en concretar qué se habían encontrado dormitando enroscado alrededor del ancla.

Usopp sonrió con amplitud y apoyó la pierna en el borde de la caja que habían recubierto de plástico impermeable y llenado de agua salada. El gato-pulpo olfateó la suela con curiosidad.

— ¡Un tibulpo! Tenía seis años cuando me atacó. Medía por lo menos, por lo menos como tres Merrys y escupía tinta ácida por la boca que si tocaba la madera la licuaba en menos de un segundo.

Luffy silbó largamente, emocionado.

—Ah. ¿Y por qué te atacó?

—Seguramente vio su nariz, lo confundió con un pez espada y se sintió amenazado—se mofó Zoro, que afilaba sus espadas un poco apartado de los demás.

— ¿Algún problema con mi nariz?

—Sanji, si Usopp es un pez espada, ¿Zoro qué es?

—Pues un alga espada.

Nami examinaba las patas del intruso que había aparecido con el sombrero de Luffy colgado al cuello. Efectivamente, lo único que tenía de pulpo eran unas branquias carmines en la primera mitad del lomo y una ventosa por pata. De hecho, si lo mirabas de pasada no era más que un gato negro ordinario con un par de tajos profundos cerca de la cabeza y un apego inusual hacia el agua.

Y hacia ellos.

Al ser descubierto, se había desperezado como cualquier gato habría hecho y se había arrojado al mar desde el ancla a medio subir. El sombrero había flotado y Luffy había estirado el brazo para recuperarlo, y cuando este volvió a su posición original, humano y animal se habían mirado a los ojos. Negros y pequeños los del humano, de pupilas redondas, y grandes y amarillos los del animal, de pupilas alargadas. Dos pares de ojos rebosantes de fascinación.

— ¡Ay!

Al menos por parte de Luffy.

Lo había mordido y Luffy lo había dejado caer, a unos buenos cientos de metros del Merry. A la mañana siguiente, y habiendo olvidado el percance del día anterior, Luffy había dejado escapar una exclamación ahogada al ver al pulpo-gato nadar a un costado del barco, persiguiendo una manada de delfines que jugueteaban un poco más allá de la proa, dando saltos y surfeando sobre sus colas. Había mirado a Luffy y se había relamido los bigotes.

Al caer la noche Sanji hizo atún a la pimienta y para sorpresa de todos, Luffy se levantó de la mesa una vez hubo vaciado su sexto plato de lasaña vegetal de batata con extra de bechamel y había salido corriendo con una servilleta aceitosa en las manos que fue goteando por todo el camino, y que le habría valido una paliza combinada y brutal por parte de Sanji y Nami si no se hubiera asomado a la barandilla con labios de trompeta y hubiera hecho psbsbsbsbs.

¿Se puede saber qué haces?había preguntado Nami con el ceño fruncido. Nada fuera de lo cotidiano, una pregunta bastante rutinaria tratándose del capitán.

Luffy ni siquiera se había dado la vuelta para mirarla, ocupado como estaba escrutando la superficie del mar más próxima al barco.

Llamo al gatocontestó con simpleza—. Hoy lo he visto intentando meterse entre unas gaviotas que se estaban comiendo a un cachalote muertoexplicó sin dejar de psbsbsbsbsear—pero las gaviotas no le han dejado acercarse mucho.

Nami y Sanji se miraron, como sopesando si un gato hambriento que había mordido a su capitán justificaba parte de la cocina y la cubierta pringadas de aceite y una ración menos de atún a la pimienta.

Luffy…

Luffy mandó a Nami a callar con la mano, y cuando Sanji estaba calentando el tobillo para darle una patada que lo mandara volando al Gran Line, unos bigotes largos y húmedos emergieron de la barandilla. Si Luffy no se hubiera quedado tan quieto, bueno, si Luffy, que nunca se quedaba quieto, no hubiera puesto involuntariamente aquella cara de niño que quiere hacer migas con un gato callejero dándole de comer, Sanji le habría aplastado el cráneo contra la cubierta porque total, ya estaba sucia.

¡Os digo que peleé contra un tibulpo y le gané!refunfuñó Usopp sobándose la nariz.

Sanji se encendió un cigarrillo y se colocó bien la corbata negra.

Ya, si yo te creo. Cuando estaba en el Baratie me enfrentaba cada semana a su peligrosísimo hermano, el pulpurón.

¿Mitad pulpo, mitad tiburón?Luffy con un hilo de voz, los puños cerrados a la altura del pecho.

Tú sí que eres un pulporió Zoro por lo bajo. Sanji se preparó para declarar oficialmente el estado de guerra, pero Nami llegó antes y en un abrir y cerrar de ojos estaban todos en el suelo, veían blanco y oían arpas y voces angelicales que los alentaban a pasar al otro lado.

Ya basta de memeces. ¿Queréis decirme qué vamos a hacer con este…?

¡Pulgato!—gimió Luffy en un último esfuerzo antes de morir indignamente.

¿…este pulgato?

¿Nos lo podemos quedar?

Morirse no habría estado mal. Si a Zoro le hubieran dado a escoger entre morir sin ser el mejor espadachín del mundo o soportar la pataleta de Luffy de quiero un pulgato quieroquieroquiero (que incluía revolcones por el suelo y morritos en forma de tres) se lo habría planteado seriamente. ¿Si le hubieran ofrecido una reserva inagotable de sake en el más allá? Luffy tendría una mascota a bordo y un vicecapitán fiambre.

Soyalérgicoapenas un murmullo.

— ¿Qué?

Carraspeó antes de volver a intentarlo.

Soy alérgico a los gatos.

Sanji lo miró como si lo estuviera viendo bajo una nueva luz, maravillado.

¿Has probado a comer carne? A lo mejor así se te quita.

¿Cómo se me va a quitar así? Además, la alergia es alergia.

—Ah. Pero no te preocupes, encontraremos un médico prontodesvió la mirada de Nami a propósito—. Después del bardo, claro.

¡Que no es eso!

O seaempezó Sanjique si un niño que no ha tocado una espada en su vida cierra la puerta mientras estás en una habitación llena de gatoscalada corta, ¿te ganaría?

Zoro lo miró con dureza antes de cruzarse de brazos. Un leve rubor surcaba la parte alta de sus mejillas.

Depende de lo que estuviera hecha la puerta.

Vaya.

—Sí.

—Yo voto porque el gato se quede.

— ¡Ya tengo dos votos!—aplaudió Luffy, feliz de la vida—. Usopp… ¿a ti te gustan más los gatos que los perros, verdad?

— ¿¡Tantas ganas tienes de verme muerto, miserable!?

—Luffy, no inventes… además, ¿no habíamos quedado en que tenía más de pulpo que de gato? Todavía tengo pesadillas llenas de tentáculos…

—Pero Usopp… ¿estás seguro de que no era un tilamar? ¿Mitad tiburón, mitad calamar? Es que los pulpos no echan tinta…

—Qué listo eres cuando quieres… quiero decir, claro que era un tibulp…

— ¡YA ESTÁ BIEN!

Cinco pares de ojos fijos en Nami, el tiempo detenido y atado por un hilo finísimo y hecho del mismo material que la espada de Ojos de Halcón. Un dolor pulsante de cabeza que la estaba acuciando desde hacía cinco minutos y que había ido in crescendo, amenazando con partirle la cabeza en dos.

—Luffy y Sanji, si queréis pulgato le compráis vosotros la comida, ¡y olvidaos de que os dé dinero extra para sus gastos! Ah, y tendréis que cambiarle el agua y todo eso, y como Sanji no tiene mucho tiempo para andar ocupándose de pulgatos—¿pulgatos?, se reprendió mentalmente, ¿en serio? ¿Quieres que te tomen en serio y dices "pulgatos"? Nami, antes de esta gente solías tener estilo—y tú tienes la capacidad de atención de un alfiler, Luffy, a la mínima que lo descuides vete despidiéndote de él.

Zoro estornudó.

—Se va a llamar Sabo—declaró Luffy, agachándose junto a la caja.

— ¿Sabo? ¿Qué clase de nombre es ese?—rió Sanji con la ceja más rizada que nunca.

—Desde luego de gato no es…—comentó Usopp con un tic bajo el ojo.

—Pero Sabo no es un gato corriente—recordó Luffy con solemnidad—. Es un pulgato, ¿a que sí?

Sabo se achaparró contra el fondo plastificado y soltó unas burbujitas de conformidad por el hocico.

Zoro suspiró. Algunas derrotas es mejor asumirlas que atesorarlas.

Pero en la cubierta no puede quedarse. Que aquí duermo y entreno.

¿No puedes entrenar en otro sitio?

¡Dónde demonios quieres que entrene si estamos en un barco?

¿En la barandilla?

¡NI HABLAR!

Sabo era un pulgato acostumbrado a la adversidad. Había pasado toda su vida en el mar, después de todo. Estaba curtido.

Lo venció el sueño justo después de oír algo que a través del agua de su caja sonaba como "lo siento Zoro, órdenes del capitán" y que carecía de sentido para un animal como él.

Para cuando Zoro se refugió en el camarote de los chicos arrastrando los pies con la barbilla bien alta y el orgullo herido de bala de cañón, Sabo soñaba con él mismo cazando un atún enorme y llevándolo a casa, en un islote de coral rojo bermellón donde lo esperaban su madre y sus hermanos y no había gaviotas egoístas con las que sacar las uñas por el botín.


Lo del tibulpo y el tiburón no es mío. O sea, los términos los he oído de la boca de Luis Piedrahita -uno de mis futuros maridos ya know-. No he llamado Sabo ll a esta parte porque no toca, pero en un futuro no muy lejano habrá un Sabo ll, I´ll promise. Gracias a todos los que comentan y siguen el fic, you guys´re pure love.

¿Un reviewsito para alegrarme la depresión postvacacional :´( ?