Muchos días más pasaron desde el accidente con la puerta, Edward rondaba alrededor algunas veces. 'Casualmente' nos encontrábamos en algunos lugares en los que no tendríamos por qué coincidir, pero allí estaba él. Trataba de ignorarlo, pasaba de largo, volteaba la mirada a otro lado cuando él intentaba abordarme o cambiaba de rumbo si lo veía. Mi máximo anhelo durante todos esos días era que terminen las clases y volar, simbólicamente, ya que no podía hacer mucho con mi viejo Chevy, a casa.
Estaba haciendo un buen trabajo esquivándolo, en verdad. Estábamos mitad de semana y probablemente lo habría unas cinco veces. Esperaba que la suerte se mantuviera de mi lado ese día, pero pedía mucho. Fruncí el ceño inmediatamente a penas lo vi fuera del salón de Matemáticas, esperándome, era muy obvio. Ni bien me vio se acercó a mí con paso firme, sentía que mi corazón iba a salirse, mi piernas no me obedecían y ¡Oh, Dios! Se me cayeron todos lo que llevaba en ese momento, él rápidamente aprovechó para llegar hasta mí y recoger las cosas del suelo y cargarlas en sus brazos, sin darme tiempo para quitárselas y seguir mi camino.
¿Qué tengo que hacer para que me des mis cosas? – suspiré profundamente. A lo que él contestó inmediatamente.
Déjame invitarte un café y hablar contigo. - ¿Realmente no podía ser tan cara dura de pedirme algo así o sí? Lo único que sabía era que mi corazón estaba latiendo muy rápido y no podría soportar más tiempo en un lugar cerrado como el instituto, a pesar de que los pasillos ya casi estaban vacíos. - ¿Entonces? – insistió y no me dejó más opción que aceptar lo que me pedía.
Caminamos uno al lado del otro, él cargando mis cosas y yo… pues a su lado con la mochila al hombro, vacía. Salimos del instituto y nos dirigimos al estacionamiento, a su auto, para ser precisos. No sabía que 'ir por un café' significaba salir del instituto, pero bueno, ahora lo sabía. Bufé antes de subir al auto.
No iré en tu auto. – Me quejé y él puso la cabeza hacia un lado, dando a comprender que no entendía por qué y luego habló.
Pues en tu auto nos demoraremos una eternidad. – se burló de mi viejo Chevy con descaro y yo lo fulminé con la mirada. Eso era verdad, y me provocaba reír, pero por alguna razón no quería darle el placer de verme reír. – Dale, entra ya. – Suspiró y rodeó el auto para abrirme la puerta del copiloto. No me quedó más que entrar de mala gana y tirar la mochila en el asiento trasero. Su auto seguía igual por dentro, tan igual como hace más de 5 meses. Por poco y me parecía la mañana en que nos quedamos solos en mi casa, luego de que 'formalizáramos', por así decirlo… Mejor era ya no recordar. Tomé aire y sentí que él ya estaba a mi lado. Por alguna razón había cerrado los ojos y comprimía lágrimas.
¿Estás bien? – me preguntó preocupado, lo pude notar en su expresión. Le contesté que sí sin mirarlo a los ojos y bajé un poco la ventana. Él encendió el auto y salió del estacionamiento con dirección a…
¿A dónde vamos? – le pregunté luego de unos diez minutos de estar en silencio y de darme cuenta de que se estaba alejando del camino a la cafetería del pueblo. Fruncí el ceño y palpé mi celular en la casaca que llevaba, sí, allí estaba. ¿A quién podría llamar? ¿Charlie? ¿Angela? Mordí mi labio mientras miraba al frente y Edward finalmente habló.
No hagas eso, sabes que me provoca. – me sacó de mis pensamientos ¿le provoca? Un par de minutos después comprendí lo que había pasado. – Bien, vamos a mi departamento.
Oh, no, ni lo creas. – rugí. – No iré a tu estúpido departamento. Para, ahora. – Sin querer mi voz había tomado un tono autoritario y desaceleró hasta parar el auto. Volvió la mirada hacia mí y tomó una de mis manos.
Bella. – suspiró y se llevó mi mano a los labios y la besó suavemente. – Por favor, necesitamos conversar, solo conversar. Por favor, Bella. – volvió a levantar la mirada y pude ver el arrepentimiento en ellos. No podía… no podía ceder. Pero mi orgullo ya no era tan fuerte, mi mente ya no le estaba ganando a mi corazón. Retiré mi mano lentamente de entre las suyas y lo miré fijamente e indiferente.
No tengo mucho tiempo, será mejor que no te demores. – A penas terminé de hablar, él ya estaba en marcha a su departamento.
