-2.4-
Star Trek Primes en el Tiempo
Por Ladygon
Segunda Parte: En el universo alterado
IV
Puso la mano en su corazón, tratando de tranquilizarse. "Sé valiente Kirk"- se decía, es lo que le había dicho el viejo Jim. "Mejor no pensar y guiarse por las presentes circunstancias". Guiarse por el presente y en el presente, no estaba David. Cuando fuera su presente pensaría en él, pero por ahora, en este presente, solo estaba Spock. Esta sabiduría lo tranquilizó de improviso. Era la sabiduría de Jim Prime que lo reconfortaba.
La habitación de Spock no era tan austera como pensaba sería. Tenía muchas cosas culturales que llamaban la atención. Encontró una toalla que enrolló en su cintura y anduvo paseándose con ella, mirando, aprendiendo sobre Spock y sus costumbres. Era muy místico el hombre. Había objetos religiosos al parecer y algunas velas. Tomó una vela entre sus manos y una imagen traicionera pasó por su mente. Se puso rojo como tomate: "Eres un maldito pervertido" se recriminó, puesto que el uso de las velas en el sexo era muy sado para él. Después de esto, no pudo estar tranquilo, pues el solo hecho de pensar en tener sexo con Spock, lo ponía extremadamente nervioso, volvía a gatillar las dudas, y la poca paciencia que trató de reunir con todas sus fuerzas, se esfumó en el aire.
Rápidamente, se vistió para salir corriendo de ahí. De nada le valió la larga historia de Jim Primes, simplemente se le olvidó todo. Solo quería salir de ahí lo más pronto posible. Se dirigió a la puerta casi corriendo y esta se abrió. Dio tres pasos afuera y quedó paralizado. Si se iba ahora, podría arruinarlo todo, pero quería irse de ahí, otro paso, titubeó, quería quedarse. La verdad es que no sabía qué deseaba hacer, estaba muy confundido. Dio media vuelta y chocó con alguien.
-¿Adónde va señor? Pensé que me esperaría- Spock lo miró con intensidad.
Jim se puso nervioso.
-Demorabas mucho. Te iba a buscar- mintió.
-No hablemos aquí- Spock dio paso para entrar a su habitación.
El capitán no tuvo más remedio que entrar otra vez, pero no pudo decir nada. Spock habló, cuando ya estaban dentro del cuarto:
- Estaba con la teniente Uhura, le dije de nuestro experimento y lo que íbamos a hacer.
-¿En serio se lo dijiste?- abrió grande los ojos llenos de sorpresa.
-Eso dije que iba a hacer y lo hice.
-¿Y qué dijo ella?- Jim preguntó curioso.
-Dijo que era un idiota insensible.
-¿Y qué más dijo?
-Nada más.
-¿Cómo que nada más? Es obvio que eres un insensible, pero algo más debió pasar.
-Afirmativo, me golpeó y se fue.
-¿Te golpeó?
-Tiene un gancho fuerte- dijo, tomándose la barbilla.
-Pero Spock, no debiste ser tan directo con ella- le recriminó entre divertido y serio. Una combinación extraña.
-No encontré otra forma de hacerlo. Cuando estuve frente a ella, busqué la forma más lógica de decirlo sin dañarla y no encontré las palabras. Así que decidí decirlo simplemente.
Jim lo comprendió perfectamente, ¡vaya que lo comprendió!
-Quizás no debamos precipitarnos, y tomarnos las cosas con calma.
-Estoy de acuerdo con usted capitán. Sería eficaz ver el problema desde otra perspectiva. Mantener una postura científica frente a los hechos y analizarlos.
Jim solo veía los labios de Spock moverse. Spock terminó de hablar y lo quedó mirando.
Los dos al mismo tiempo se abalanzaron, el uno al otro, en busca de un beso sin igual. El deseo los embargó y los brazos buscaron entrelazarse en el otro, así como las manos buscaban las caricias de cada uno. De pie, sintieron las piernas flaquearles. La necesidad, los llevó a buscar por inercia el sofá de antes, para reanudar lo interrumpido.
Las sensaciones se agolparon, abrumándolos por completo, de verdad pareciera que no se habían desconectado desde el movimiento anterior, cuando se besaron por primera vez. Se sentían poseídos por una fuerza avasalladora sin control. Ahora no había nada que los retuviera, o nadie, según el caso visto.
Jim se sentía en las nubes, una sensación conocida por él, pero multiplicada al exponente mil, sino era más. La atracción era muy poderosa, pero al parecer, se volvió así de fuerte solo dado por el conocimiento de que ambos se gustaban al punto de querer sexo con el otro.
El momento de sentarse en aquel mueble nunca llegó, porque Spock lo lanzó al sofá y se recostó sobre él como un poseído. Si Jim tenía miedo a ser el pasivo, no se notó. Estaba igual o mayormente poseído que Spock. Era una sensación tan arrebatadora, que las mentes se fueron a pasear, dejándolos solos y desamparados ante lo que iba a ocurrir.
Demás está decir que, el razonamiento lógico de Spock no estaba, simplemente, se fue o fue anulado por las fuertes sensaciones. Estaba hambriento, porque de forma literal, lo comía a besos. Era un Spock diferente, como si una llama interna se hubiera encendido y ese calor comenzara a subir, atacándolos a ambos. Se incorporó y se quitó la parte de arriba del uniforme frente a él ¡Oh, Dios!, la visión fue increíble para Jim y fue a besar ese pecho desnudo.
Spock lo agarró de la nuca, lo tironeó de su pelo hacia atrás y lo besó en los labios. Más calor, y le desnudaron también su pecho, pero no conforme con esto, le quitaron toda la ropa. Este se bajó sus pantalones para liberar su miembro erguido. Ahora fue el turno del otro de saborearse, y el turno de Spock de perder la cabeza al mirar su acción y lanzarse sobre él para besarlo. Le metió un dedo allá abajo. Sintió como Jim se quejó deliciosamente, otro dedo, otro quejido. Vio como Jim comenzó a gotear, ya estaba listo. Puso su pene en la entrada y empujó con cuidado, pese a la urgencia de sus deseos.
El arqueo de Jim, hizo que el pene se deslizara con suavidad hasta un pequeño tope que saltó al empujar un poco más, provocándole una sensación irresistible, que no pudo contener y la liberó, metiendo su pene hasta el fondo. Gritó cuando llegó hasta ahí y ese interior lo acogió con tanto ardor y calidez al mismo tiempo, que parecía imposible. Recibió un beso igual de acogedor y su mente cayó en brazos de Jim. Sus movimientos fueron al unísono, entró y salió, una vez, que se sintió espectacular, luego volvió a entrar y comenzó un ritmo lento mientras las caricias, los abrazos y los besos, lo volvían loco.
Se sintieron completos el uno con el otro. El misterio fue develado, revelando el motivo y la razón por la cual se sentían de esa forma: habían nacido para ser el uno del otro.
Sonrieron con tal descubrimiento milagroso y se entregaron a nivel espiritual sin contemplaciones. Spock alzó su mano y la colocó en el rostro de Jim. La fusión comenzó casi al instante y la comprensión fue más poderosa. No solo para la mente del vulcano, sino también, para la mente de Jim.
"Así que es cierto, eres mi T'hy'la"- dijo Spock, atravesando su mente y su alma.
"Y tú eres el mío"- respondió Jim, provocando el mismo efecto en su amante.
Entonces, fue recíproco y el orgasmo se le vino encima, como la electricidad que recorre una ruta y llega a su destino de golpe.
Los dos echaron la cabeza hacia atrás y gritaron al mismo tiempo. Cayeron juntos; Jim se había elevado un poco al recibir la semilla caliente, llenando su interior. Spock cayó sobre él, luego de vaciarse por completo.
Respirando con dificultad, se incorporó, se levantó del sofá y tomó a un desfalleciente Jim en brazos. Luego, lo llevó hasta su cama donde lo depositó con suavidad, y volvió a tomar su lugar sobre él para volver a poseerlo, una vez más.
Jim todavía no se recuperaba cuando volvió a sentirlo dentro suyo. Instintivamente, abrió más sus piernas y se entregó todo, a los arrebatos de su amante. Jamás sintió algo, ni remotamente parecido, a lo que sentía en este momento. Sentirse unido a ese nivel era algo increíble, la felicidad misma. La sonrisa en sus labios no desaparecía mientras era penetrado incontables veces. Una sensación de complemento, de no estar solo y la seguridad que nunca más lo estaría si estaba a su lado. El orgasmo lo volvió azotar y lo azotó varias veces más, dejándolo nocaut.
Spock también cayó dormido y completamente satisfecho. Despertó unas horas después con Jim a su lado. Se levantó sigiloso y observó a su amante. Se veía desastroso lleno de moretones, exhausto, con ojeras y con un poco de sangre en su entrepierna. La visión lo asustó y no supo qué hacer.
Quizás debería irse de ahí y hacer como que nada pasó, pero estaba en su habitación y tendría que volver de todas formas. El pánico comenzó a apoderarse de él, pero si era su T'hy'la tendría que comprender. Resultaba que no era un T'hy'la vulcano, sino uno humano y por ende, impredecible. Se agarró la cabeza con una mano y una luz iluminó sus pensamientos. Cubrió a Jim con la sábana y se puso una bata blanca para cubrir su desnudez. No había tiempo de vestirse.
Fue hasta el visor de comunicaciones, se sentó frente a él. Vaciló un momento, porque se sentía angustiado, un sentimiento bastante incómodo pocas veces experimentado por él. Decidió entonces, arriesgarse al enlazar la comunicación con esa persona a quien no deseaba ver por el momento.
Sin embargo, apareció el otro a quien no quería ver. Era lógico que estuvieran juntos, y se recriminó por su falta de lógica al no pensarlo antes. Tragó saliva.
-Comandante Spock- le dedicaron una hermosa sonrisa.
Asintió con la cabeza a modo de cortesía.
-Almirante, ¿se encuentra el embajador?- respondió el joven.
Jim Prime lo observó con curiosidad y luego sonrió con malicia.
Ese tipo lo sabía, lo sabía. Sintió un nudo en su garganta.
-¡Spock!- llamó, desviando la vista sin hacer comentarios, lo cual agradeció- ¡Te buscas!
-¿Cómo dices Jim?- escuchó la voz del embajador.
-El otro Spock está en el visor- dijo divertido Jim Prime.
El embajador se acercó al visor, vestía la misma bata blanca de él y tenía el cabello mojado. Era evidente lo que estuvieron haciendo esos señores hace un rato: simplemente, lo mismo que él.
-Señor Spock- saludó.
-Señor Spock- repitió el joven.
El joven comprendió que debía ser directo. No había nada que explicar.
-Jim está muy agotado y lastimado después de nuestro… encuentro…- iba continuar diciendo "sexual", pero no le salió la palabra.
De todas formas, no fue necesario, porque el otro completó la frase en su mente y en su rostro. Entonces le contestó:
-Solo permanece a su lado y todo estará bien. Él es muy fuerte, no te reprimas, porque su cuerpo resistirá todo lo que le hagas.
Spock abrió los ojos.
-¡Oye! ¡Qué le estás diciendo al chico!- interrumpió Jim Prime en el visor, apartando a su pareja un poco- debes tener cuidado con él, es muy sensible. Debes meterte en la cama con él y no salir de ella sin su permiso- dijo con seriedad al joven.
-Tendré en cuenta sus sugerencias, almirante- le hizo una venia- embajador- otro asentimiento de su cabeza en su dirección- Spock fuera.
La pantalla se oscureció.
-¿Y bien?, ¿qué opinas?- preguntó con preocupación Jim Prime a su Spock.
-Estarán bien.
-¿Cómo puedes estar tan seguro?- dijo con ansiedad.
Spock Prime se levantó de su asiento frente al visor, haciendo que su esposo se enderezara y lo viera a los ojos.
-Jiiim- le dijo con su particular forma de mencionar su nombre como arrastrando la "i" de forma sensual.
El corazón del mencionado saltó en su pecho.
-Ellos están destinados, pase lo que pase, estarán juntos y nada- Spock hizo una pausa- ni nadie- otra pausa- podrá evitarlo.
-¿Ni Uhura?- preguntó dudoso su amado.
Spock Prime recordó su conversación con la teniente hace unos momentos. Sin querer, había presenciado el rompimiento del joven Spock con Uhura y la feroz respuesta de la rechazada: un sonoro golpe, que llegó incluso, a dolerle a él a pesar de no estar en forma directa involucrado.
Siguió a la teniente hasta un rincón de ingeniería y la vio al punto de las lágrimas.
-Teniente Uhura, ¿me permite unas palabras?- dijo el viejo Spock.
La teniente volteó sorprendida.
-Usted es.
-El embajador Spock.
-Sí, lo sé- lo miró curiosa- dígame.
-Quiero disculparme con usted por el actuar tan cruel de mi contraparte joven.
-No tiene que disculparse conmigo. Usted no tiene la culpa.
-En realidad, sí, la tengo.
Uhura lo volvió mirar con insistencia.
-Fui yo quien habló con él y le dijo que su futuro era el capitán Kirk- dice con parsimonia el vulcano.
-¿Por qué hizo eso?
-Porque es cierto.
Uhura tuvo un presentimiento.
-¿Usted tuvo algo conmigo, digo, con mi otra yo?- preguntó Uhura.
-Sí, lo tuve, pero no resultó. Mi destino es…
-Kirk- concluyó la frase.
-Así es- la miró fijo.
-Entiendo, no lo comprendo, pero lo entiendo.
El embajador quedó confuso ante las palabras ilógicas de la teniente, pero supo que era algo humano.
-Si es algo que sucederá tarde o temprano, prefiero saberlo ahora por muy doloroso que sea- afirmó la teniente.
Spock Prime asintió, porque ahora comprendió las palabras de Uhura. Las palabras que volvió a repetir, ahora a su amor, para acallar su corazón preocupado.
-¿Ves, Jim? Nada ni nadie podría evitar nuestro amor- dijo con mirada significativa- hasta la teniente Uhura lo entendió como te acabo de explicar.
-Spock, te amo. No nos separaremos nunca más. Ahora sí, nunca más.
-Sí, mi amor, nunca más. Ni siquiera la muerte, ni el tiempo, pudieron, ni podrán separarnos.
Jim sonrió, pues lo que dijo su vulcano les abría un futuro lleno de felicidad. Sin embargo, ignoró que las palabras de Spock, no iban dirigidas ni al pasado, ni al presente, ni tampoco al futuro, puesto que la grandeza de ellas trascendería, incluso, más allá de la muerte, del espacio y del despiadado tiempo, convirtiéndolo en algo circular, imperecedero, en algo eterno.
