Disclaimer: The story doesn't belong to us, the characters are property of S. Meyer and the plot belongs to cynosure23. We just translate with her permission.

Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de cynosure23, solo nos adjudicamos la traducción.


The Game

Autora: cynosure23

Traductora: Flaca Paz

Beta: Yanina Barboza


Capítulo 8

16 de agosto de 2015

Me paré frente a la puerta tres del estadio Bush nerviosa, escaneando la multitud. Había recogido las tres entradas de la boletería, así que tenía que esperar por los padres de Edward antes de entrar. Había visto fotos de ellos mientras desembalaba algunas de las pertenencias de Edward en su departamento, y sabía qué aspecto tenían. Se parecía a su padre, con los ojos de su madre. Me imaginé que serían fáciles de detectar, pero la multitud era incluso más grande de lo que había previsto, y me preocupaba que no los viera.

—¿Bella? —Me di vuelta para ver una mujer hermosa con los ojos verdes parada detrás de mí, sonriendo de una manera amistosa—. ¿Eres Bella? —preguntó.

—Sí —dije, aliviada—. Soy Bella.

La mujer sonrió aún más, y me sorprendió lo similar que era la sonrisa de Edward a la de su madre.

—Soy Esme, y este es mi marido, Carlisle. —Hizo un gesto hacia el hombre alto y apuesto que estaba detrás de ella, que se parecía tanto a su hijo que tuve que mirar dos veces—. Encantada de conocerte.

—Encantada de conocerte, también —dije, estrechándole la mano a los dos—. Estoy muy contenta de que podamos estar aquí hoy.

Esme asintió, haciéndose eco de esa opinión.

—¿Deberíamos entrar? —preguntó Carlisle, ofreciendo a su esposa su brazo. Ella lo tomó, y les entregué sus boletos antes de seguirlos a través de la verificación de bolsos y detectores de metales y luego dentro del estadio.

Encontramos nuestros asientos rápidamente, y me quedé impresionada por la vista. Había ido a una cantidad decente de partidos de los Cardinals en los últimos diez años que había vivido en St. Louis, pero nunca había tenido asientos tan grandiosos. Estábamos en la primera fila directamente detrás del banquillo de los Cardinals. El calor del sol del mediodía golpeaba sobre nosotros, y estaba agradecida de haber decidido ir y comprar una nueva camiseta sin mangas de los Cardinals para usar con mis pantalones cortos negros.

Carlisle se ofreció a ir a buscarnos algo de comida, y Esme se sentó en el asiento a mi lado.

—Edward no ha dejado de hablar de ti todo el fin de semana —dijo, sonriendo intensamente—. No puedo decirte lo maravilloso que es pasar algún tiempo contigo.

—Gracias —dije, y pude sentir mis mejillas enrojecidas.

—Su hermano lo hizo pasar un mal momento, por supuesto —añadió Esme con una risa—. Marcus es un año más chico que Edward, pero actúan más como gemelos. Son casi gemelos irlandeses, en realidad —añadió con una carcajada.

—Edward dijo que tenía que pasar tiempo con tu nieto, también —dije—. ¿Cuántos años tiene él?

Esme sonrió con cariño, una verdadera abuela cariñosa.

—Oh, el pequeño Austin tiene dos años. Apenas un bebé, y Carlisle y yo ya estamos ansiosos por otro nieto. Por suerte, la esposa de Marcus está embarazada de nuevo.

—Debe ser difícil vivir tan lejos de tus nietos —dije—. Y de tus hijos.

—Lo es —respondió Esme—. Hemos estado hablando de mudarnos desde que a Edward lo convocaron el mes pasado, pero ahora Carlisle está demorando. Garrett, nuestro otro hijo, está terminando su licenciatura en California, y Carlisle no quiere irse hasta que haya terminado.

—Comprensible —dije—. Al menos Marcus y Edward se tienen el uno al otro aquí.

—Si. Y ambos tienen mujeres maravillosas en sus vidas —dijo Esme, sonriendo astutamente—. Pero cuéntame un poco sobre ti, Bella. He oído mucho por Edward, por supuesto, pero me gustaría escucharte a ti, también. ¿Edward dice que eres médico?

Hablamos durante varios minutos, y le conté de mi vida antes que Carlisle regresara con un plato enorme de nachos y tres botellas de cervezas. Yo acepté la mía con mucho gusto, necesitando el refresco.

Los jugadores estaban empezando a llegar al banquillo enfrente de nosotros, aunque sólo podíamos ver la parte superior de sus cabezas. El equipo contrario, los Marlins, estaba realizando su práctica de bateo, por lo que nos pusimos a mirarlos.

Entonces, una cabeza familiar surgió del banquillo, con una sonrisa que yo habría reconocido desde un kilómetro.

—Hola —dijo, saludándonos a los tres—. Pero que sorpresa verlos aquí.

Otros fanáticos que se sentaban cerca de nosotros comenzaron a mirarnos fijamente, así que Edward solo nos saludó con la mano. Luego él me hizo señas a mí, imitando que iba a lanzar algo. Unos segundos después, lanzó una pelota de béisbol a través del techo del banquillo y cayó en mi regazo.

La recogí con una gran sonrisa, consciente de que Carlisle y Esme, además de otros fans seguramente, estaban viendo.

Edward había firmado la pelota, pero apenas podía leer su desprolija letra. Su número, cincuenta y cinco, resaltaba, junto con el descuidado corazón que había garabateado por encima de él.

Le sonreí a Edward, sosteniendo la pelota cerca de mi pecho. Él me guiñó un ojo, y luego despareció de nuevo dentro del banquillo.

Esme miró la pelota, sonriéndome a sabiendas antes de estirar y poner su mano sobre el brazo de su marido y regresar su atención al campo.

El juego empezó menos de media hora después, y Edward estaba bateando segundo, jugando en el exterior izquierdo. No teníamos buena vista de ellos mientras jugaba la defensa, pero pudimos verlo perfectamente en el plato.

Golpeó hacia fuera en su primer bateo, y luego hizo rodar la pelota expulsándola fuera la segunda vez. Podía decir por su postura cuando se paró en la primera base que estaba frustrado consigo mismo. Sin embargo, eso no duró mucho, cuando el siguiente bateador golpeó un jonrón altísimo y Edward corrió por las bases para anotar.

Esme, Carlisle, y yo estábamos todos de pie animando, al igual que el resto del estadio. Edward cruzó la base del bateador, pero se quedó atrás para felicitar a su compañero de equipo. Trotaron hacia el banquillo después, y Edward miró hacia arriba y me sonrió mientras bajaba las escaleras. Le sonreí de nuevo, tirándole un beso.

Los Marlins tomaron la delantera después de eso, pero todavía era un buen juego. Esme, Carlisle, y yo comimos más bocadillos, compramos algodón de azúcar y maní de los vendedores que se filtraban a través de los puestos.

Edward se apoyó contra la valla en la parte delantera del banquillo, comiendo semillas de girasol y bromeando con algunos de sus amigos. Vi a Alec de inmediato, y lo saludé con la mano, pero también vi muchas otras caras conocidas. Algunos de mis jugadores favoritos, los había seguido incluso antes de conocer a Edward, estaban obviamente allí también, y era emocionante estar tan cerca de esos deportistas, que habían alcanzado niveles de fama de superestrellas dentro de St. Louis.

Entonces me di cuenta de que Edward podría alcanzar ese mismo nivel de fama pronto. Era emocionante, y esperaba que lo hiciera, pero también daba miedo. ¿Las cosas cambiarían entre nosotros si eso sucedía?

—Edward está en el círculo de espera, Bella —dijo Esme, golpeando mi brazo y sacándome de mis pensamientos.

—Gracias —dije agradecida, empujando esos pensamientos fuera de mi mente y concentrándome en Edward. El bateador antes que él fue eliminado, y observé cuidadosamente mientras Edward caminaba hasta el plato y ocupaba su posición.

Dos pelotas pasaron junto a él, perdiendo la zona de bateo, y esperó pacientemente. Entonces el siguiente lanzamiento llegó, y con un tronido fuerte, salió disparada y volando por el aire.

Estaba de pie antes de que la pelota saliera de los jardines, pero también lo estaba el resto del estadio, animando a su debutante en su primer jonrón. Sirenas y fuegos artificiales explotaron, pero en lo único que estaba enfocada era en Edward, corriendo las bases con una gran sonrisa en su rostro.

—¡Su primera carrera! —dijo Esme junto a mí, aplaudiendo—. ¡Guau!

Guau era correcto. Edward terminó de correr las bases y trotó hacia el banquillo, pero los aplausos ensordecedores no se detuvieron hasta que reapareció en la parte superior de las escaleras del banquillo, sus mejillas estaban sonrosadas, y levantó su casco en agradecimiento a la exultante multitud.

Los Cardinals terminaron perdiendo el juego cuatro a seis, pero para mí, la puntuación o el resultado no importaban. Y aunque estaba segura de que Edward no estaba feliz de haber perdido, anotar su primer jonrón en las grandes ligas era algo muy importante.

—Vamos a llevar a Edward a cenar esta noche, ¿te unirás a nosotros? —Carlisle caminaba muy cerca de mí mientras salíamos del estadio después del partido, así podía oírlo a pesar de la gran multitud.

Revisé mi reloj, frunciendo el ceño. Eran las cinco en punto, y aunque no tenía que estar en el hospital hasta la medianoche, tenía que recuperar el sueño y hacer unas cuantas cosas más. Estaría trabajando el turno de noche toda la semana siguiente, así que si no tenía unas horas de sueño ahora, me sentiría pésimo más tarde.

—Me encantaría, pero tengo que llegar a casa y dormir antes de mi turno esta noche —dije disculpándome mientras los tres nos dirigíamos calle abajo hacia el estacionamiento—. Trabajo el turno de noche toda la semana.

—Qué lástima —dijo Esme—. Y nosotros nos vamos mañana, así que supongo que no volveremos a verte.

—No, lo siento. Ojalá pudiéramos haber pasado más tiempo juntos —dije sinceramente. Realmente había disfrutado de la compañía de Esme y Carlisle, y realmente me hubiera encantado conocerlos un poco más.

Esme me sonrió dulcemente, de lo más tranquila.

—Lo entendemos, Bella. Tienes un horario muy exigente, igual que Edward.

Asentí, deseando que no fuera cierto.

—Esperamos volver a St. Louis pronto —añadió Carlisle—. ¿Tal vez para los partidos de eliminatorias?

—¡No seas pájaro de mal agüero! —gritó Esme, codeando a su esposo en broma—. Pero él tiene razón —agregó, mirándome—. Con suerte, podremos venir a visitarlos nuevamente antes de que termine la temporada. Y Edward vendrá a casa a California a visitarnos en diciembre, ¿quizás puedas venir?

Me puse colorada.

—Tendré que hablar con Edward sobre eso —dije ligeramente—. Pero sí, cuando estén de regreso en St. Louis, definitivamente tendremos que pasar más tiempo juntos. Edward puede avisarme con tiempo y tal vez incluso hasta puedo pedir tiempo libre en el trabajo.

—Fue un placer conocerte, Bella —dijo Carlisle mientras caminábamos a la entrada del garaje en el estacionamiento—. Cuida a Edward por nosotros. —Sus ojos azules se arrugaron cuando me sonrió, y le di un abrazo amistoso de despedida—. Voy a arrancar el coche —le informó a su esposa, dándome un último saludó.

—También fue maravilloso conocerte —dije, y después me giré hacia Esme mientras su esposo entraba a su coche alquilado.

—Mantente en contacto, Bella —dijo Esme, dándome un largo abrazo—. Me encantó conocerte. Gracias por cuidar a Edward.

Me reí, abrazándola.

—Me mantendré en contacto. Tengo tu número de teléfono, y te voy a añadir en Facebook. Y gracias por, bueno, por criar a Edward como es. Soy muy afortunada, y no me sorprende que sea tan dulce después de conocerlos a ti y Carlisle.

Dijimos un último adiós y luego nos separamos, y me dirigí a mi coche sola. Saqué mi teléfono mientras esperaba que el aire acondicionado se notara, y me alegró ver que Edward me había enviado un mensaje de texto, agradeciéndome por haber venido al juego y deseándome una buena noche de trabajo.

Le envié un mensaje texto, felicitándolo y avisándole que lo vería mañana por la mañana cuando saliera del trabajo.

Habíamos tenido bastante suerte con nuestros horarios hasta ahora, considerándolo todo. Pero a partir de esta semana, seríamos realmente puestos a prueba. Trabajaba de noche toda la semana, y cuando regresara a mis horarios normales, Edward estaría en un viaje por carretera con el equipo durante casi dos semanas enteras.

Sería difícil, pero ambos teníamos que confiar en que valdría la pena.


¡Hola!

Un nuevo capítulo y Bella conoció a los padres de Edward... ¿Qué les ha parecido este encuentro?

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¡Hasta el próximo capítulo!