Disclaimer: La Trilogía "Los Juegos del Hambre" y sus personajes no me pertenecen, solo soy una fan con suficiente imaginación como para inventar locuras, no recibo ni un centavo. Esta historia participa para el reto propuesto por LizethMellark en Pidiendo teselas del foro "El diente de león".

¡Alerta! Es una historia extraña llena de blasfemia literaria comparable a una mala adaptación cinematográfica. De ante mano te advierto, es Finnis, no llegues al final solo para enviarme al Árbol del Ahorcado ¿sí? Muchas Gracias.

Solo un día tarde…casi que no cuenta, ¿No? Aun es lunes en alguna parte del mundo… ¿SI? ¿NO?

Aviso. Contiene Lemon (escenas para adultos explicitas). Todos sabemos las restricciones de edad que eso implica, así que si lees es bajo tu propio riesgo, no me culpes insensato! Jajaja. Por eso también cambió el rating a M.


.Capítulo 8.

~FINNICK POV~

Prim y Sey hablan hasta por los codos cuando están juntos. Da risa verles sonriendo por la más mínima tontería, ver a la pequeña Everdeen ruborizándose con una simple caricia de mi primo. Aun así paso poco tiempo mirándoles. Tengo los ojos en otra persona, una muy nerviosa hermana mayor que observa las vías férreas por donde debería aparecer el tren proveniente del Trece. Se ha alejado de la pareja y le he seguido como siempre.

— Todo saldrá bien Katniss — le oigo suspirar, arruga un trozo de papel en sus manos una y otra vez — Katniss.

— Te oí las otras diez veces Finnick… no puedo calmarme — ni siquiera se digna a mirarme.

— Mírame — apoyo apenas mi mano en su hombro y tiembla, no me temas Katniss— solo un minuto — voltea a verme, no ha dormido bien anoche, quizás no haya dormido en absoluto, las bolsas bajo sus bellos ojos están azules.

— ¿Qué? — musita exasperada.

— Pasarás la noche en mi casa — le sorprende, aprieto un poco el agarre para que no me interrumpa — esta noche vendrás a mi casa en la Aldea, no te quedaras con tu hermana y tu madre.

— Yo…— se lo piensa, voltea a ver a su hermana, repara en el tren que aparece a varios metros de donde estamos — creo que sería bueno — musita tan bajo que con el ruido del motor de la locomotora apenas le oigo — gracias.

— Ni lo menciones — acaricio con disimulo su mejilla antes de que se aleje de mi para volver con su hermana.

Me quedo rezagado, apenas unos pasos más atrás de las chicas Everdeen y mi primo, que se han acercado a recibir a la rubia mujer junto a otras personas que esperaban visitas desde los distritos alejados. Realmente me gustaría decir que es cierto y que todo estará bien entre la mayor y su madre, pero lo cierto es que Katniss es como yo en demasiados aspectos. Los Juegos, la revolución, Snow, han hecho demasiado en nuestra mente y los de afuera no pueden entenderlo. Menos alguien que desde que sus hijas eran pequeñas decidió abandonarlas. Sentí mucho odio por esa mujer cuando dejó a Katniss sola, cuando ella de pequeña lo hizo todo para mantenerlas vivas. Sin embargo, no puedo decir mucho porque también deje sola al Sinsajo porque no deseaba ver su autodestrucción.

Escucho a Primrose emitir un chillido y le veo brincar por sobre las demás personas. Se aferra a una mujer a la que los años le han pasado factura pero aun así luce como lo que es una hija de comerciantes, muy similar a su hija menor, un opuesto increíble con la castaña que se limita a observarle. Quiero acercarme, sacarla de ahí y llevármela lejos, solo para que no sufra, para que no se evada de nuevo, no quiero que me deje otra vez.

Tanya abraza levemente al novio de su hija y le agradece que tome las maletas que porta. Vuelvo a fijar la vista en Katniss, me está viendo, está asustada, puedo verlo en su palidez, en sus ojos color plata rehuyendo mi mirada cuando la voz de su madre pronuncia su nombre. La esbelta mujer se arroja a los brazos de su hija, tienen casi la misma estatura. Da apenas algunas palmadas en la espalda y se aleja. Prim empieza a hablar de nuevo y Tanya parece olvidarse de nuevo de su hija mayor.

Ya habíamos decidido ir a mi casa, aquella casona en la Aldea de Vencedores que el gobierno de Paylor nos dejó conservar. Es más grande que el apartamento de soltera de Primrose, nos permite movernos con soltura. He pedido a Lara que venga de la Isla para que se encargue de todo. Nos recibe con una sonrisa genuina y nos invita a sentarnos a la mesa, llegamos justo para la hora del almuerzo.

La comida transcurre en calma. La conversación es banal, distritos, política, las festividades que se aproximan. Tanya pregunta al pasar cuando se casaran los más jóvenes de la mesa, haciendo que Sey emita una pequeña exclamación, Prim se pone totalmente roja y reprende a su madre en un chillido. Veo a Katniss apretar los labios antes de tomar su copa con la mano temblorosa. Me descubre viéndole, no sé qué mueca debo tener, quizás preocupado, porque sonríe apenas y algo de la chispa en sus ojos regresa.

— Oh cariño no debes avergonzarte, es algo hermoso el casamiento — la mujer suspira, me limito a ver a mi primo ponerse nervioso.

— Madre, detente — musita la pequeña rubia.

— Recuerdo cuando Katniss desfilaba con todos esos vestidos…

— Madre — chilla Prim, voltea a ver a su hermana.

— Katniss — suspiro, la castaña está en pie.

— Me… me tomaré un momento — acota entrecortadamente, no me mira.

— Katniss, lo siento, hija.

Es tarde, se ha esfumado. Mi casa es igual a la suya así que probablemente acabe en alguno de los baños o en el estudio, quien sabe. La mujer se disculpa de nuevo, pero Prim sigue chillándole. Simplemente me excuso, Prim me mira con preocupación así que acoto que me cerciorare sobre el estado de la chica en llamas.

— Katniss — está sentada a los pies de mi cama mirándose los zapatos — háblame…

— Debí haber regresado al Doce ayer — es como un golpe en el estómago, Prim le obligo a extender su estadía porque al fin su madre vendría.

— Oh gracias… — habíamos pasado juntos los dos días extras como en los viejos tiempos, juntos pero sin estarlo, no iba a insistirle, no quería presionarla, su presencia era suficiente de momento.

— Sabes que no es por ti Finn… — su mirada gris conecta con la mía — no quería verle, no quería oírle hablar de mi como la que echó todo a perder… — respira agitada — no quería oírle hablar de mi fallido casamiento o de lo bien que me veía desfilando vestidos que Snow quería que usara.

— Ella no ve el mundo a través de tus ojos Katniss…

— Lo hace adrede Finnick quiere herirme — está temblando de nuevo, le tomo por los hombros — ella solo busca alejarme, que le odie y… lo hago…

Tomo su mentón obligándole a mirarme. Apenas estoy inclinándome para besarla pero es ella quien acorta los centímetros. Roza sus labios en los míos pero me encargo de besarle con ganas. La última vez que probé sus labios fue en casa de su hermana luego de una pesadilla en la que le veía morir en mis brazos. Me alejo apenas cuando siento que se me nubla el juicio, me falta el aire, mis manos han acabado a centímetros de su trasero, las devuelvo a su espalda. Ella jadea levemente, siento su aliento en mi piel. El corazón me late a prisa, le necesito. Quiero volver a besarla pero se aleja.

— ¿Qué? — musito esperando alguna escusa patética.

— Estamos demorando en bajar — asiento, no es una mala escusa en realidad.

— Iré primero… tómate tu tiempo Katniss — asiente apenas, beso su frente y le dejo sola nuevamente.

Prim casi salta al verme entrar en el comedor. Pregunta por su hermana. Sonrío y le digo que volverá en unos instantes. Me limito a mirar a la mujer mayor que se dedica a revolver sus alimentos en el palto. Nunca he sido un hombre muy paciente y soy sumamente directo cuando le pido que evite hablar del pasado, que quizás ella no comprenda por lo que ha pasado su hija. Evito decir que soy el único que puede comprender al cien lo que pasa por la cabeza del Sinsajo, porque no quiero sonar egocéntrico. Tanya se limita a asentir y a pedir disculpas.

— No es necesario Katniss — exclama quizás demasiado alto la pequeña Everdeen cuando Katniss dice que pasara la noche aquí.

— Estaba usando el cuarto de madre y ella ahora está aquí — toma las manos de su hermana — nos veremos mañana patito.

— Pero podemos dormir juntas, como en los viejos tiempos — le abraza fuerte y aprovecha para mirarme y guiñarme — bueno… qué más da, supongo que estaremos más cómodos así — leo de sus labios un "cuídala" y asiento — supongo que es algo bueno que no me hicieras caso y no bajaras del maletero tu maleta, ahora tienes tus cosas aquí — sonríe, Katniss bufa como respuesta.

— Eso fue rápido — acota su novio.

— Tienes que soltarme Prim — la rubia se separa y ambas ríen.

— Te quiero hija — la mujer le da un corto abrazo al que Katniss intenta corresponder dando alguna palmada en la espalda a la dama.

Nos quedamos frente a la puerta viendo alejarse el vehículo. Oigo a mi acompañante suspirar quedamente. Me pregunto si correrá a encerrarse en su mundo, si me dejará entrar y tratar de consolarle.

— ¿Damos un paseo? — Voltea a verme — ¿Prefieres té y galletas? — consulto despreocupado.

— Vamos a la playa un rato… si te apetece…

— Seguro, conozco un lugar.

— Ya — contesta volviendo a entrar — es tu distrito, si no lo conoces sería un problema ¿no crees?

— Touché Sinsajo —llevo su maleta hasta la habitación de huéspedes — te daré tu espacio.

— Finnick.

— ¿Si?

— Gracias… por todo.

Asiento levemente y cierro la puerta. Voy hasta mi cuarto, tomo un bañador, dos toallas enormes y suaves. Bajo a la cocina y le encargo a Lara que prepare lo necesario para una merienda en la playa. Sé dónde llevar a una chica que deseo conquistar. Han pasado siglos desde que Finnick Odair necesitó de un rincón del Cuatro para conseguir una cita, pero no era cualquier chica y realmente necesitaba que Katniss me aceptara por fin.

Es un trayecto corto en coche. No es que me guste manejar, prefiero ir a pie. Pero es más corto y debido al silencio que predomina entre los dos prefiero que sea rápido. Terminamos en una pequeña playa, desolada y apartada de la playa principal. Katniss lleva un enorme mantel y un morral que abandona sobre la arena para extender la tela sobre la arena. Hago lo mismo dejando al lado la cesta con comida.

Decidimos nadar un rato antes de que el sol baje más. Nos dedicamos a estar en contacto con el agua, cerca, pero respetando nuestros espacios. No puedo evitar mirarla, en su maravilloso traje azul marino, su piel reluciendo al sol, notoriamente más bronceada que cuando llego al Cuatro. Soy descubierto y a su vez le descubro viéndome. Suelto una carcajada y ella me imita. Nadamos hasta estar frente a frente. Aun siento la arena bajo mis pies pero sé que ella está flotando, es unos cuantos centímetros más baja que yo. Tomo sus manos y le atraigo a mí, terminan en mi nuca acariciando mi cabello, mis manos estratégicamente ubicadas en su espalda. Noto su vientre plano en contacto con la piel de mi abdomen y debo respirar pausadamente para no dejar que mis instintos ganen.

Patalea levemente para mantenerse a flote mientras nos besamos. Un beso dulce de esos que no logran satisfacer para nada mi necesidad sino todo lo contrario. Me sorprende rodeando sus piernas en mi cintura y casi cualquier atisbo de cordura abandona mi cuerpo. Siento electricidad ahí donde su piel roza la mía, los besos aumentan de nivel al punto que debemos separarnos a por aire, solo para volver a besarnos igual que antes.

Poco a poco he ido avanzando hacia la orilla. Se estremece en mis brazos cuando el agua ya no nos cubre y la brisa choca en nuestros cuerpos. Suspira en mis labios, abro los ojos solo para encontrarme con una faceta adorable de Katniss. Su sonrojo, los ojos suavemente cerrados, sus labios ligeramente entreabiertos. Susurra apenas mi nombre y me desconcierta el vuelco que da mi corazón al escucharlo, como si fuese la primera vez que le oigo decirlo. Tropiezo con la cesta y acabo sobre ella en la manta. Mis reflejos me permiten proteger su nuca del golpe y me sostengo con el otro brazo para no aplastarle. Hundo mis dedos en su espesa cabellera.

— ¿Estás bien? — no ha abierto los ojos, respira agitadamente, nuestras piernas se han enredado, no puedo moverme.

— Si— sus ojos plateados relucen, vivaces, acaricio su mejilla ruborizada y suspira — ¿Tu? ¿Qué paso?

— Olvide donde había dejado la cesta y tropecé con ella — asiente levemente— estoy bien— más que bien — deberíamos tomar algo ¿No?

Aparentemente no. Siento la presión de sus dedos en mi espalda para que ceda y me acerque a ella. No me pierdo el momento en que cierra los ojos al contacto de mis labios en los suyos. Siento calor a pesar de la suave brisa en mi cuerpo húmedo, una llama interna, su llama; propagándose por todo mi cuerpo hasta acabar concentrada más allá de mi vientre. Suspiro en sus labios, debo detenerme, si no lo hago le asustare.

Intento alejarme, parece desorientada. Me observa mientras me siento a su lado, estoy jadeando. Me imita quedando frente a mí. Nos miramos un largo rato, perdidos en las dudas del otro, recobrando el aliento. Ella le teme a mi experiencia, yo a que su miedo sea tan grande que me aleje solo para no intentar salir herida. Está en su mundo, ha desviado la mirada al mar así que me dedico a observarla en detalle. Tiene algunas cicatrices, casi invisibles, que descubro muero por acariciar. Su piel luce suave y sé que ese bikini luce muy bien en ella pero no puedo evitar imaginarlo en el parqué de mi cuarto.

Siento su mano en mi rodilla así que alzo la vista a su rostro. Me ha vuelto a descubrir, no soy bueno para disimular. Creo que estoy alucinando, tengo que, o me quede dormido. Se incorpora apenas y vuelve a besarme, sus manos en mis hombros. No solo eso, se sienta sobre mis piernas y busca mis labios. Reacciono al instante apegándole a mi cuerpo, mis manos acaban en su cintura.

~FIN FINNICK POV~

Hay un hermoso atardecer, pero los dos vencedores no están observando al sol ocultarse tras el mar. Los besos han aumentado de nivel y puedes oír a la joven gemir en alguna ocasión. Las manos de Finnick dudan, una en su espalda casi rozando el nudo del top, la otra demasiado abajo rozando un sitio indebido. Duda pero es fuerte y con delicadeza ambas manos acaban en la cintura de la castaña.

— Katniss, suficiente… — suspira abandonando su boca, la chica se queja aun sin abrir los ojos.

— ¿Hice algo malo? —el joven acaricia sus rosadas mejillas y ella tiembla ligeramente.

— No preciosa… no es el sitio adecuado—los ojos grises recorren el lugar — quizás debiéramos volver…

— Está anocheciendo — exclama sorprendida— tenemos que volver.

— Seguro Sinsajo pero para eso debes levantarte de mis piernas — apenas pueden verse pero la chica alcanza a ver la reluciente sonrisa del gran Finnick Odair.

— No hay nadie — susurra por lo bajo ocultándose en su cuello.

— Katniss…

— Finnick ¿acaso… tienes miedo?

Él no sabe quién es la chica sentada a horcajadas sobre su persona. No entiende a donde fue la temerosa muchacha de días atrás y como ha terminado en una playa con esa otra cuyos ojos plateados parecen brillar con la luz del crepúsculo. De pronto, la chica en llamas parece haber recobrado alguna chispa, besa su cuello sacándole un sonido entre un gruñido y un gemido que le sienta de maravillas a su inexperta acompañante, que decide seguir depositando besos en aquel sitio mientras las varoniles manos de Finnick recorren la piel olivácea.

Es claro que tiene más fuerza que la chica y en un movimiento están recostados sobre la manta a cuadros. Ella le mira desde abajo, sus rasgos atenuados por la creciente oscuridad. Le ve intentar recuperar el aliento y vuelve a besarle colocándose estratégicamente sobre ella. Cree que nunca se cansara de sus rosados labios ahora algo hinchados, pero les abandona para pasar a besar su cuello. Un leve susurro le acelera las pulsaciones. Su nombre y un leve gemido cuando sus manos acarician por sobre el top.

La parte superior del traje de baño de Katniss acaba en algún sitio cerca de ellos. Finnick busca calmarle volviendo a sus labios, arrancando otro gemido al rozar un pezón con el pulgar. Las manos de la chica se mueven inexpertas en la musculada espalda. No es consiente quizás de la electricidad que sus caricias trasmiten, del calor que se agolpa en la entrepierna de Finnick. El chico se dedica a besar sitios de la anatomía de Katniss que la chica jamás creyó que alguien besaría. Empieza en sus pechos, dedicando unos minutos a excitarle, hace luego un camino de besos por su delicado vientre sacando alguna que otra risa por las cosquillas.

Vuelven a besarse lujuriosamente, Katniss se estremece bajo el peso que ejerce Finnick sobre su cuerpo. Apenas se da cuenta de que ha sido despojada de su última prenda, solo es consciente de Finnick susurrando su nombre en sus labios al sentir la presión en su húmeda intimidad, sus dedos entrelazando los suyos. Katniss refuerza el agarre gimiendo levemente, en tensión ante aquel extraño pero placentero dolor. En algún punto ese pequeño dolor queda atrás y se unen en un vaivén lento.

~FINNICK POV~

La luna llena me regala la dicha de verle bajo mi cuerpo. Agitada, mordiendo su labio inferior para no gemir. Siento sus piernas alrededor de mi cintura, la humedad de su interior, mi nombre susurrado tan bajo que es casi un suspiro. Lejos de calmar mis ansias despierta esa parte que intento alejar en su presencia. Me muevo más y más, ahora no evita gemir y no puede más que verse adorable y hacer mella en mi interior. Ciertamente esta chica no sabe los efectos que tiene en la gente, en mí, en mi alma condenada.

Sus uñas se aferran en la piel de mi espalda, le siento estremecer, su calor llamándome. Chilla mi nombre arqueando la espalda de modo que su cuerpo se pega al mío. Llegamos juntos al que ha sido el mejor clímax en muchísimo tiempo. Pero eso no podría importarme menos. Es ella, su pecho subiendo y bajando, algo agitada por el ejercicio, temblorosa por el placer que escapa por sus poros, su brazo sobre sus ojos avergonzada supongo y sus labios algo hinchados entreabiertos en busca de aire. Me inclino para besarle y me corresponde aletargada. Tiembla de arriba abajo y me pregunto que pasara por su cabeza. Me quito con sumo cuidado de su interior y me tumbo a su lado. Los minutos pasan y no emite palabra, admito que estoy poniéndome nervioso, hace tiempo no estaba con nadie pero no creo haberlo hecho fatal. Me preocupan sus temores hasta que siento su mano tibia sobre mi estómago, ascendiendo hasta mi pecho donde apoya también su cabeza.

— Gracias — apenas lo oigo, el sonido de las olas es incluso más alto que su voz.

— No es el tipo de cosas que se agradecen — se aprieta contra mi cuerpo rozando su nariz en mi pecho, me recorre un cálido estremecimiento.

— No sé qué sé supone que debe pasar — aún susurra, no me mira.

— ¿Disculpa?

— No tiene importancia…

— Katniss — acoto— no tienes que guardarte las cosas...

— Es la primera vez… — apoya el mentón en mi pecho y me mira avergonzada.

— ¿En una playa?… supongo que es normal, no vi ninguna en el Doce.

— No Finnick — musita cohibida y juro que estoy perdido — esta fue mi primera vez y ya — pega su rostro contra mi piel, siento su aliento tibio.

— Mierda — me levanto arrastrándola conmigo, tomo su mentón — ¿estás segura? — Hace esa mueca que me recuerda a Haymitch cuando es sarcástico — genial ahora creerás que soy un maldito…— pone una mano sobre mi boca.

— No creo nada Finn— toma mis mejillas en sus manos mirándome fijamente — me sentí viva y hace mucho… mucho tiempo que no me sentía así.

Se acerca y deja un beso en mis labios. Es distinto a pesar de ser los mismos labios, es un beso en el que espero diga que no piensa alejarse, aunque solo dura unos segundos, mis labios aún se sienten tocados por los suyos. Se pone en pie y le sigo, nuestras ropas están cerca, aunque llenas de arena. Le noto nerviosa, tomo su mano y voltea hacia mí. Sobran palabras, sé que tiene miedo. Me teme y ahora sé porque y me siento un idiota por presionarle. Le hago avanzar hasta que nuestros pies tocan el agua. Emite un pequeño chillido y lo cierto es que el agua está bastante fría. Sin embargo me sigue, nada a mi lado, aun tomando mi mano. Quitamos cualquier rastro de arena de la ropa y volvemos a salir. Le envuelvo en una de las toallas que estaba dentro de la cesta y pongo otra sobre mis hombros.

Caminamos hasta el coche y en unos cuantos minutos estamos en la Aldea de Vencedores. Las luces de mi casa son las únicas encendidas de las doce iguales. Un asqueroso recuerdo de mis amigos muertos me deja petrificado por un momento.

— Finnick ¿Todo bien?

— Si, olvídalo — acoto dedicándole una sonrisa que espero no note falsa.

— Señor, bienvenido — la puerta de casa se abre y Lara nos sonríe — calentaré la cena.

— Oh Lara siempre tan atenta —dejo pasar a Katniss primero — nos daremos una ducha antes así que no te apures.

— Si señor — se va hacia la cocina y nosotros al piso superior.

— Te veo luego — sonríe y asiente metiéndose en el cuarto de huéspedes.

Paso un buen rato bajo el agua caliente. Es interesante como habiendo estado con tantas mujeres, su tacto es el que me ha parecido más real. Incluso con mi querida Annie, las cosas acababan en una monotonía absoluta. Katniss se sentía real bajo mi cuerpo, sus caricias en mi piel, su voz, sus labios. De pronto me doy cuenta de algo importante algo que borra inmediatamente la estúpida sonrisa que veía a traves del cristal cuando estoy secando mi cuerpo. Ella se irá, quizás no pasado mañana como estaba planeado, pero se irá.

— ¿Finnick? — está tocando la puerta de mi cuarto, estuve demasiado tiempo aquí.

— Diez minutos — exclamo.

— Cla-claro — musita al otro lado de la puerta, abro y cierro cajones a toda prisa— te esperare abajo.

La cena transcurre en paz. No hablo mucho, milagrosamente es ella quien llena el silencio. Se queja de su madre, de cuál será el futuro de su hermana y de lo mucho que le ha gustado la pequeña playa a la que fuimos. Asiento y tiro alguna que otra frase, pero apenas pruebo bocado. Siento un nudo en el estómago. Por primera vez en años, soy consciente del temor de perder a alguien. Quizás cuando Katniss vuelva al Doce, reprima estos recuerdos y me aleje de nuevo.

— ¡Odair! — siento su mano en la mía— Finnick — insiste.

— Sabes que odio que me llames por mi apellido — tiene una mueca de preocupación— ¿Qué?

— No has tocado tu comida y hace rato estoy tratando de llamar tu atención — acota acariciando mi mano con su pulgar.

— Se me paso el hambre… ¿Estás cansada? — Niega — yo si… creo que iré a la cama ya, buenas noches.

— Finn — me levanto y abandono la habitación, tengo el pulso acelerado, siento sus pasos detrás de mí — Finn.

— Buenas noches Katniss— le cierro la puerta en la nariz y me apego a ella, estoy temblando, hace cuatro malditos años que no tengo un ataque ¿Por qué? ahora.

— Finnick abre… algo no está bien.

— Todo está bien preciosa — sentencio por sobre los golpes que le da a la puerta, intento aminorar el ritmo de mi respiración.

— Déjame entrar Finnick — me alejo de la puerta y enseguida cede sobre la fuerza que ejerce la castaña — ¿Qué te ocurre?

— Nada — me mira fijamente, tiene la mirada vidriosa— lo juro estoy bien.

— No lo estás… desde que saliste de la ducha actúas raro…

— Solo es sueño — me siento en la cama, le veo caminar hasta mi — lo prometo.

— Vale… me iré entonces — apoya su mano en mi hombro, abre la boca para decir algo pero vuelve a apretarlos fuertemente.

Quizás ni siquiera deba irse para que le permita alejarse de mí.


Y ahí queda. Mas drama y mejor el siguiente domingo/ lunes.

Hagan sus apuestas… ¿Finnick le dirá sus temores? ¿Katniss no se va del Cuatro? ¿Finnick decide dejar su amado distrito para seguir al Sinsajo al Doce? Las leo muchachas así que dejen su review.

Con cariño atentamente, Anna Scheler.