Draco en un Rincón

Capítulo 8

-¡Esto es ridículo!- explotó Draco al llegar a casa ese día.

Desde hacía un mes que el rubio llegaba a un departamento vacío, frío y oscuro. Su madre no estaba por ningún lado, pero aquello ya no le extrañaba a esas alturas. Parecía como si Narcisa ya nunca estuviera en casa esos días.

Como era costumbre ahora, Draco se dirigió a la cocina. En el refrigerador encontró la habitual nota de su madre anunciándole que había salido, que estaba con unas amigas tomando el té, que llegaría tarde y que no le esperara para cenar.

-¿Qué amigas, madre? –bufó el rubio, enfadado.

¿Acaso su madre pensaba que era un idiota? Sinceramente, qué excusa tan patética…

Ni siquiera en los tiempos en que la familia tenía dinero y contaba con el respecto y la admiración de la alta sociedad de Londres, su madre se ausentaba durante períodos largos de tiempo de la mansión. Narcisa era una mujer de detalles, refinada, educada en los mejores colegios de Suiza para mantener un hogar impecable, de buen gusto, perfecto en todos los sentidos.

Cuando lo perdieron todo y se mudaron a aquel departamento en Belgravia, su madre había reducido la servidumbre al mínimo –por supuesto, ya no contaban con el dinero necesario para permitirse más que eso- se había tragado su orgullo sin emitir alguna queja y se había dedicado ella misma a realizar muchas labores domésticas –cocinar era una de ellas, cosa que Draco agradecía en su fuero interno porque lo hacía estupendamente bien-. Por supuesto, eso era antes, pensó oscuramente. Parecía que Narcisa ahora tenía otras prioridades.

Sintiéndose ligeramente abandonado por su madre –patético Draco, ya no eres un bebé, se reprochó-, el rubio calentó en el microondas sus macarrones con queso –parecía que su mamá sí le consideraba un bebé después de todo, pues le había dejado su cena favorita cuando tenía siete años. Por Dios…-. Estaba hambriento, así que devoró sus macarrones con queso en un santiamén, sin poder admitir ante sí mismo cuánto le seguían gustando; aquello sería como admitir que todavía era un niño, cosa que, por supuesto, no era.

Después de lavar los cacharros sucios, Draco fue a su habitación a hacer algo de tarea. Aquello no le apetecía mucho, la verdad, pero estaba determinado a esperar a su madre despierto. Iba a averiguar qué hacía cada bendita tarde, quisiera ella o no.

~o00o~

Cuando Narcisa llegó a casa, se sobresaltó al ver a Draco esperando por ella en la sala. La seriedad con la que le deseó buenas noches le dio mala espino, aunque supo disimularlo bien. Ella se sacó el abrigo y se relajó en el sofá mientras el rubio fue a la cocina a prepararle una taza de té y un bocadillo para cenar. La mujer sonrió con ternura cuando le vio marchar; sin duda era afortunada de tener un hijo tan atento.

-Aquí tienes, madre –anunció, poniendo un servició de té sobre la mesita de la sala y un plato con un único emparedado relleno con lonchas de jamón frío, lechuga y rodajas de tomate. Draco preparó dos tazas de té, le dio uno a su madre y el otro lo dejó para sí.

Narcisa sonrió ligeramente mientras le observaba servir las bebidas.

-Gracias, querido- agradeció mientras probaba el emparedado. Estaba realmente bueno.

La mujer comió en silencio bajo la atenta mirada del joven, agradeciendo internamente que no quisiera abordar el tema que claramente le tenía preocupado antes de que pudiera terminar de cenar; realmente estaba hambrienta. Unos minutos después, dejó el plato vacío sobre la mesa. El rubio se apresuró a servirle una segunda taza de té.

-Madre.

-¿Sí, cariño? –Allí vamos… pensó.

-¿Dónde estuviste toda la tarde?

-Como la nota en el refrigerador decía, tomando el té con unas amigas.

-¿Y con qué amigas estabas exactamente?

-Oh, ya sabes… mis amigas del club de bridge- respondió con vaguedad.

El rubio asintió ausentemente. Su madre ya no pertenecía a ese club y ambos lo sabían.

-¿Qué hiciste ayer? –insistió.

-Fui de compras.

-¿Qué compraste?

-No pude encontrar nada de mi agrado.

-Madre… -resopló- ¿me tomas por tonto?

Narcisa endureció su mirada.

-No me hablas así, Draco. Sabes que no te lo permito.

Draco tuvo la decencia de parecer avergonzado. Posó la mirada en sus tenis, ligeramente ruborizado. La mujer suspiró, lamentando tener que ser tan dura con el muchacho.

-Lo lamento, madre…

Ella asintió.

-¿Qué es lo que realmente quieres saber, hijo?

Draco tragó con fuerza, temeroso de lo que pudiera averiguar, pero necesitando saberlo de todas formas.

-Quiero que me digas la verdad… -reconoció finalmente, abatido- Es evidente que estás realizando alguna actividad importante cada tarde. ¿Por qué no quieres decirme qué es, mamá? ¿No me tienes confianza?

Oh, hijo mío, no es así… -la mujer se sentó al lado del rubio y le rodeó con sus brazos. Draco suspiró, sintiéndose reconfortado.

-¿Entonces qué está pasando?

-Bueno, yo… -dudó la mujer.

Draco le miró estupefacto, sin poder creer que su madre pudiera balbucear una respuesta; ella jamás hacía ese tipo de cosas… ¡Ahora sí se sentía alarmado!

-Oh, Dios, qué suced-

-Tengo un empleo- reconoció simplemente.

Draco seguía inmerso en un océano de oscuras posibilidades cuando escuchó la respuesta de su madre.

-Espera… ¿qué? ¿cómo? ¿dónde? ¿cuándo?- quedó boquiabierto.

Narcisa carcajeó, divertida. Draco tenía meses sin verla tan contenta y se alegró por ello, aunque fuera a su costa. Esta vez podría tolerarlo porque era su madre y la amaba con todo el corazón.

-¡Una pregunta a la vez, hijo!

-¿Qué quieres decir con "tengo un empleo"?

Ella volvió a reír y esta vez el rubio bufó. La amaba, pero tampoco quería ser su payaso personal.

-Está bien –la mujer alzó sus manos en son de paz-. Quiero decir precisamente eso: tengo un empleo.

-¿Pero cómo? ¿dónde? ¿cuán-

-¡Detente! –la mujer hizo enormes esfuerzos para no reír de nuevo- Te lo explicaré, pero cálmate, por favor.

Draco respiró profundamente y luego sirvió dos tazas más de té. La bebida estaba tibia para entonces, pero a ninguno pareció importarle.

-Tenemos mucho que agradecerle a Sirius Black.

-¿Sirius Black? ¿Tu primo?

-Sí, mi primo. Él me dio empleo en su empresa.

-¿De verdad? –no podía superar la sorpresa.

-De verdad.

-Y… ¿qué haces exactamente?

-Estoy recibiendo entrenamiento para convertirme en su asistente personal.

Los ojos del rubio se abrieron enormes como platos.

-¿De verdad? –volvió a preguntar. Estaba tan sorprendido que no le importaba repetirse.

Narcisa sonrió, enternecida.

-Claro.

-Pero… ¿cómo pasó?

-Debido a sus negocios, Sirius vivió durante muchos años fuera del país, así que no se enteró de lo que pasó con tu padre y nuestro patrimonio –la mirada del joven se endureció-. Cuando regresó, pudo averiguarlo. Sin embargo, no sabía a ciencia cierta qué había pasado con nosotros. Tienes que comprender, Draco, la relación de Sirius con nuestra familia era escaza, por no decir nula. Realmente no había pensado en buscarnos. No realmente.

Gracias a Harry, él sabía sobre Sirius y la pésima relación que había tenido con sus padres… seguramente el resto de su familia tampoco había sido muy solidaria en cuanto a sus sentimientos… Draco podía comprender que no quisiera saber nada sobre ellos.

-Entiendo.

-No sé realmente qué le motivó a buscarnos…

Repentinamente le asaltó el recuerdo de aquella tarde bajo la lluvia junto a Harry…

-… Sirius, quiero que conozcas a un compañero de clase, Draco Malfoy. Draco, este es mi padrino, Sirius Black.

Sirius frunce el ceño mientras estrecha la mano del rubio.

-Draco… ¿Por casualidad eres el hijo de Lucius Malfoy?

-Sí, ¿por qué?

-Porque conozco a tu madre, Narcisa. ¿Cómo está ella?

¿Sería posible que Sirius Black buscase a su madre después de aquel encuentro?

-… Pero lo hizo –prosiguió su madre, ignorante de las cavilaciones de su hijo-. Un día tocó a la puerta del departamento y el resto es historia.

-Vaya. Hemos sido afortunados, ¿no lo crees?

Narcisa entrecerró sus ojos.

-Ten presente que nuestra familia es incapaz de aceptar limosnas, Draco. En un principio no estuve dispuesta a aceptar su ayuda, pero…

-¿Pero?

-… Sirius me convenció de que su oferta no era una limosna y mucho menos que sentía lástima por nosotros. Es cierto que jamás tuve la necesidad de trabajar antes, pero yo también estudié administración de empresas en la misma universidad en la que conocí a tu padre –el joven asintió pues conocía ese hecho-. Sirius me explicó que necesitaba a alguien de confianza que ocupara el cargo. Alguien que, estuviera seguro, velara por sus intereses y los de la empresa en la mejor manera posible, ¿y quién mejor que la familia para desempeñar dicha función? Lo que decía tenía mucho sentido.

-Claro, por supuesto –reconoció el menor.

-Así es. Entonces acepté el empleo.

-¿Así de fácil?

-Por supuesto que no –frunció el ceño-. Lo que me convenció fue saber que me ofrecía el trabajo en período de prueba y que la decisión final la tendrá la Junta Directiva de la empresa. No él.

-Guao.

-Estaré seis meses en período de prueba y luego me harán una evaluación con base en mi productividad. Si es favorable, podré asumir el cargo definitivamente.

-¡Estoy tan orgulloso de ti, mamá! –Draco abrazó a su madre con fuerza- Lo único que resta por saber es por qué no me lo dijiste antes.

Narcisa guardó silencio un instante, observando detenidamente sus manos, y luego respondió.

-No quería decírtelo hasta que fuera algo seguro… ¿Y si a la final no consigo el empleo?

Draco sonrió con cierta arrogancia.

-Claro que vas a conseguirlo, mamá. Eres estupenda en todo lo que haces.

La mujer contuvo las lágrimas.

-Muchas gracias, querido.

Aquello era todo lo que quería de la vida: un trabajo digno que hiciera sentir orgulloso a su hijo.

~o00o~

-Lo he perdido definitivamente, Remus.

El aludido bufó.

-Mírate nada más: ebrio perdido en un bar de mala muerte. ¿Cómo podrías convencer a cualquiera para que esté contigo así como te muestras ahora? ¡Das pena, Sirius Black!

Sirius le hizo un ademán al cantinero para que le sirviera otro trago de coñac. Era cierto, estaba dando un numerito en aquel tugurio del Soho, pero no le importante. Justo en ese momento, nada parecía importar más allá de ese dolor que devoraba sus entrañas constantemente, sin tregua ni descanso. Había intentado todo por recuperar a Severus, pero cada avance había fracasado estrepitosamente uno tras otro. Era un pobre diablo con el corazón roto.

-Lo he perdido. Ya no sé qué más pueda hacer para hacerle entender que lo quiero, que deseo estar con él… Nada funciona. Ni siquiera está dispuesto a escucharme… ¿qué puedo hacer, Remus?

Remus rodó los ojos ante aquel empalagoso despliegue de dramatismo tan típico de las obras de Víctor Hugo, Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

-Por ahora deberías ir a casa, colega. Una buena ducha y una noche de descanso es lo que necesitas.

Aferrándose a las solapas de su chaqueta, Sirius sollozó en el pecho de su amigo.

-¡Lo he perdido!

-¡Muy bien, basta ya!

Remus se levantó de la butaca en donde estaba sentado –cosa difícil porque Sirius se negaba a soltarle- y tomando su billetera, extrajo algunos billetes que arrojó desprolijamente sobre la mesa.

-Te llevaré a casa. Ahora.

~o00o~

-¿Por qué siempre llegas tan tarde a casa, mamá?

Narcisa sonrió. Draco y ella se habían quedado conversando en la sala por mucho tiempo. Era casi media noche ahora, pero la mujer no había querido mandar a la cama a su hijo todavía. Era viernes y ninguno de los dos debería levantarse temprano al día siguiente. Además, estaban disfrutando mucho la conversación.

-Las empresas Black tienen muchas ramificaciones, se diversifica en muchas actividades. Necesito conocer todos los detalles de cada negocio en la que se invierte dinero para desempeñar a cabalidad mis funciones como la asistente personal del presidente. He decidido quedarme en la oficina después que termina la jornada laboral. Después que todos se marchan a casa, es tranquilo para leer.

-No tienes que hacer eso. Puedes leer aquí, ¿no?

Narcisa sonrió, acariciando los cabellos lacios del rubio.

-Sí, supongo que podría. Te sientes solo en el departamento, ¿no es verdad?

-Claro que no.

Draco infló graciosamente sus mejillas.

-Mamá.

-Dime.

-Quisiera conversar contigo de… alguien.

Narcisa alzó una ceja al ver las mejillas sonrosadas de su hijo.

-¿De alguien? ¿Quién?

El rubio sonrió con ternura.

-Su nombre es Harry, Harry Potter.

~o00o~

El ruido de unos golpes incesantes en su puerta le despertó. Severus encendió la lámpara ubicada en su mesita de noche y observó la hora en su reloj despertador. Eran las dos de la mañana. Frunciendo el ceño, se puso en pie y salió a prisa de la habitación, colocándose su bata sobre el pijama. Pensando en una posible emergencia, en Draco y Narcisa, abrió de golpe la puerta, sintiéndose preocupado.

Un peso muerto cayó en sus brazos.

-Pero, ¿qué…?

Producto de la sorpresa inicial, Severus sostuvo con sus brazos al hombre casi desmayado. Era delgado y ligero y trasmitía un pesado olor a sudor y alcohol. Al moreno no le llevó mucho tiempo descubrir de quién se trataba.

-¡Por todos los santos, Black! ¡Qué haces aquí! ¡Y borracho para más inri!

-S-Severus…

Snape arrugó el rostro.

-¡Maldición Black, apestas!

-S-sí, b-bueno… lo mismo me dijo, Re… -tragó saliva- Remus…

-¿Lupin está aquí? ¿Dónde?

Sirius rio con ganas, provocando que ambos casi se fueran de bruces contra el suelo. Resoplando por el enorme esfuerzo, Severus tuvo que sostenerle rápidamente para evitar que sus culos terminaran sobre el frío pavimento. Observó a la calle desierta con urgencia; Lupin no estaba por ninguna parte.

-Remus no está aquí, tontito…

-Puedo verlo.

-E-es tan g-gracioso…

-No lo creo así –gruñó el moreno, cerrando la puerta con el pie. Lo único que le faltaba es que sus vecinos se quejaran de semejante escándalo o que terminaran llamando a la policía. Si eso pasaba iba a terminar estrangulando a Black sin duda.

-Remus me llevó a casa… -prosiguió Sirius de todas formas- pensó que dormía… -mientras continuaba narrando la historia que le parecía la mar de graciosa, era literalmente arrastrado hasta la sala de estar- verás, yo le convencí que estaría bien… Remus puede ser realmente una lata, ¿sabes? A veces creo que fue alguna especia de c-cura o d-doctor en su vida pasada… En fin, cuando se fue, ¡me escape, ja, ja, ja!

-Fascinante historia, Black.

Severus arrojó al hombre sobre el sofá de su sala con una fuerza mayor a la necesaria, pero francamente aquello le importaba un carajo.

-¿Cómo diablos sabes dónde vivo?

Sirius volvió a reír.

-Te he estado siguiendo, ¿recuerdas?

-Ah, sí. Bien, pues yo no sé dónde vives . Dame tu dirección inmediatamente: pienso llamar enseguida a un taxi que te lleve a casa.

Sirius quedó boquiabierto un instante y luego se lanzó a llorar.

-No, por favor, S-Severus… -tomó una mano del moreno con desesperación-. Yo vine a hablar contigo, no me eches…

Severus observó al borracho, sintiéndose estupefacto. Sin poder evitarlo, se sentó a su lado.

-¿Qué pasa contigo, Black?

Sirius se negó a soltar la mano del moreno. Cuando sintió la calidez del otro hombre a su lado, recostó su cabeza en el hombro ajeno; se sentía muy cómodo… sentía tanto frío y justo así como estaba ahora podía sentir ese calor tan agradable… estaba tan cómodo, tan a gusto y reconfortado… no pudo evitar suspirar.

Inmediatamente después se quedó dormido.

-¿Por qué siempre me tienes que meter en tantos problemas, Black?

Severus resopló, pero no se levantó en mucho tiempo. El hombre a su lado respiraba lenta y suavemente y de vez en cuando roncaba también. Odiaba admitir que se pudiera sentir cómodo en esa situación tan ridícula. Obligándose, aplicando cada gramo de fuerza de voluntad que tenía, finalmente se apartó del cuerpo dormido. Ya eran cerca de los tres de la mañana y le urgía dormir un poco. Necesitaba tener una conversación seria con Sirius apenas despertara. Ya no podían seguir así, ninguno de los dos, eso lo admitía. Tenían que hablar y aclarar muchas cosas. Tenían que poner fin a aquella situación cíclica en la que Sirius le buscaba y él huía. Se estaban lastimando uno al otro.

Severus recostó al otro sobre el sofá y procedió a quitarle los zapatos. Fue en busca de una frazada que usó para arroparlo. La noche era un poco fría y no quería que se resfriara.

Estaba a punto de irse, pero la tentación era tan grande… no podía evitarlo…

En el último instante se inclinó sobre Sirius, le apartó cariñosamente el flequillo de la frente y le dio un beso.

~o00o~

Muchas gracias por sus comentarios, por seguir la historia después de tanto tiempo y principalmente por preocuparse por mi salud. Poco a poco espero ir mejorado… El que esté escribiendo tan entusiasmadamente es una buena señal.

Yo odio leer una historia que me guste y que la autora la abandone en la mejor parte. Estoy trabajando duro para que lo mismo no pase con mi fanfic. No sé si lo hayan notado, pero ya todos los cabos sueltos se están aclarando y solventando. Ya no falta mucho para el final.

Quisiera desearles a todos un próspero año 2016.

Mucha salud y éxito para todos.

Terminado el 1 de enero de 2016