Hola hola, después de algún tiempo, vengo con otro capítulo de esta historia. Espero que sea de su agrado, y cualquier comentario es bien recibido!. Les agradezco mucho a los que me han dejado comentarios, siempre me ayudan a saber si voy bien o me regreso, jaja.

Saludos!

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PARTE VIII

Cursos intrazables a través de mi...

Los escasos rayos de un sol matutino de invierno se colaron por la ventana de la habitación de Hermione, y ella abrió los ojos con la sensación de que apenas dos minutos antes los acababa de cerrar. Alguien llamó a la puerta y ella respondió con voz suave para dejar que pasaran. Una mujer delgada entró acompañada de otras dos, que iban cargadas de un montón de utensilios y prendas de vestir limpias. Hicieron una reverencia, seguida de un respetuoso saludo, y luego, empezaron con el ritual que Hermione ya conocía perfectamente bien, pues lo venía viviendo desde que era una niña. La ayudaron a quitarse la ropa de dormir y prepararon todo para que se diera un baño, acomodando aquí y allá pequeños frascos con fragancias, que decían, eran de tierras lejanas y cuyo valor era algo que solo una reina podía costear.

"Hace un buen día para ser invierno, milady." Le dijo la mujer. "No le vendría mal un paseo por los jardines."

Hermione se limitó a alzar las cejas, pensando que eso tendría que esperar bastante.

"Luce agotada." Le dijo la mujer, que la observó por un segundo como lo hubiera hecho una madre preocupada por su hija.

"No he pasado muy buena noche." Respondió Hermione, pero sonriendo para que quedara claro que aquello no era de mucha importancia. Una simple noche de insomnio y nada más.

Caminando hacia el cuarto de baño, Hermione bostezó llevándose una mano a la boca y luego frotándose los ojos para intentar sentirse un poco más despejada.

"Si fue así quizá cometimos un error al despertaros a esta hora de la mañana." Le dijo la mujer, poniendo un gesto apenado mientras verificaba la temperatura del agua con la que estaban llenando la tina.

"Por supuesto que no." Le respondió Hermione, conteniendo un bostezo.

"Os traeremos el desayuno a vuestra habitación Milady."

Hermione asintió un tanto ausente.

La mujer permaneció con un gesto ligeramente apenado durante todo el tiempo que se quedó ahí para ayudarla a darse un baño y vestirse después. Pero Hermione tenía la mente ocupada en decenas de cosas más, como para preocuparse de dormir algunos minutos extras. Así que el baño le despejó la mente, y se vistió con un vestido de seda de cuello alto, lo bastante grueso como para ser invierno. Luego comió algo de lo que le habían llevado como desayuno, y estaba decidiendo entre un higo y una manzana cuando alguien llamó a la puerta. Era Remus Lupin, el nuevo General de la Guardia Real desde la noche anterior.

"Buenos días Remus." Le dijo Hermione, dejando la manzana para después, colocándola sobre el plato.

"Buenos días Milady." Le dijo Remus, inclinando la cabeza. "¿Habéis pasado buena noche?" le preguntó, y a Hermione le pareció que en esas palabras iba escondido el nombre de Harry. Haciendo gala de su autocontrol, - o al menos eso esperaba - Hermione asintió con la cabeza. "Lamento interrumpiros, pero ayer por la noche me dijo que deseaba hablar conmigo hoy temprano."

"No te preocupes." Le respondió Hermione, haciendo a un lado el resto del desayuno y haciendo un gesto al sirviente para que retirara los alimentos. "Por favor." Le dijo, señalando con una mano una silla que se encontraba frente a ella, para que Remus Lupin tomara asiento.

Les sirvieron un poco de té caliente a ambos y Hermione ordenó a los miembros de la servidumbre retirarse.

"Ya he dado instrucciones para que se almacenen víveres en caso de un asedio, y hoy mismo deben estar informando a la gente en la ciudad para que se prepare en caso de un ataque. Habrá quienes viajen al sur, en busca de mayor seguridad."

Remus asintió, dando después un sorbo a su taza de té.

"¿Y los miembros del Consejo?" le preguntó el hombre.

"Los que viven en lugares cercanos estarán llegando en estos días, los demás confío en que no tarden demasiado. He enviado a los rastreadores para que busquen a algunos." Le dijo, imaginando que con esto quedaba claro que Tonks estaba incluida en aquel grupo. Ella sabía que eran buenos amigos.

El gesto de Remus se tornó más serio de lo habitual y la observó algunos segundos en silencio.

"Seguramente harán un buen trabajo, pero no podemos asegurar que lleguen a tiempo, Milady."

Hermione rebulló ligeramente en la silla, un gesto de inseguridad que no se hubiera permitido frente a alguien del que no estuviera absolutamente segura de su lealtad.

"Se que planean atacarnos con dragones... no podemos defendernos con espadas, arcos y lanzas, necesitamos Magia."

"¿Pero estáis conciente de que pueden no llegar a tiempo?"

"Lo sé. Pero también sé que es la mejor opción."

Remus asintió dándole la razón. ¡Por el Gran Mago!. Tenían que llegar a tiempo. En el Palacio, e incluso en la misma Guardia Real había realmente pocas personas que poseían algún talento en la Magia. No sería suficiente en caso de un ataque de las dimensiones que ella imaginaba. El hecho de que ella sabía que el ataque no sería con la intención de conseguir una victoria en aquel momento, no conseguía tranquilizarla en absoluto.

"Los dragones no son caballos, no se pueden encontrar en cualquier establo y mucho menos se pueden domesticar. No van a llegar con cientos de ellos a dejar esto en ruinas. Quieren intimidarnos."

"Una táctica bastante efectiva. La gente está asustada." Le dijo Remus.

"Lo sé... escribí un discurso con el propósito de tranquilizarlos, algo breve. Enviaré a alguien esta misma mañana a que lo lea en la plaza de la ciudad. Hoy me reuniré durante la mayor parte del día con algunos mercaderes, y después de la comida espero recibir a los primeros miembros del Consejo."

Remus asintió, y durante la siguiente hora o quizá más, se dedicaron a hablar de las condiciones en las que se daría el reclutamiento de aspirantes a Guardias y miembros del ejército.

Al termino de todo, Remus se despidió de ella y Hermione se colocó una gruesa capa de color azul para después salir de su habitación y encontrarse con que dos Guardias la esperaban ya, como últimamente era su costumbre. La acompañaron sin decir una palabra, hasta que finalmente entró en un salón pequeño donde acostumbraba reunirse con algunos mercaderes de rango no muy elevado. No necesitó sentarse para comenzar a leer los pergaminos que en una mesa cercana, ya estaban listos para que los analizara.

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"A cualquiera le hubieran cortado la cabeza por hablarle así a la Reina." Le dijo Ron a Harry, mientras tomaba su arco y apuntaba a un blanco que se hallaba a varios metros de distancia. Estaban en un campo de práctica.

Harry le había relatado a Ron lo que había sucedido la noche anterior, y su amigo pelirrojo puso cara de asombro desde el principio hasta el final.

"Estás exagerando." Le dijo Harry, observando como su amigo contenía la respiración mientras mantenía la vista fija en el centro del blanco.

Ron se mantuvo inmóvil y en un segundo soltó la cuerda, disparando la flecha que se dirigió velozmente al centro del objetivo. Falló por unos centímetros.

"Como sea." Le dijo Ron, observando con disgusto a la flecha como si ella tuviera la culpa de no acertar. "Sabes, he estado practicando. Montar a caballo y disparar."

Harry alzó las cejas y se imaginó a Ron sobre un caballo y con un arco en las manos, haciendo malabares dignos de un bufón para poder mantenerse sobre el animal.

"¿Y no te has roto ningún hueso?"

Ron fingió una risa divertida y luego negó con la cabeza.

"No. La clave es dominar al caballo. Ya sé que no soy un jinete excepcional, pero creo que puedo mejorar bastante."

"En una lucha cuerpo a cuerpo un arco no es de mucha ayuda Ron."

"Lo sé, lo sé. ¿Pero siempre tiene sus ventajas no?."

Cuando Harry estaba punto de responderle, ambos escucharon un sonido que cualquier Aspirante a Guardia Real identificaría: un llamado de alerta para que, desde donde quiera que se encontraran, se dirigieran a las posiciones que tuvieran asignadas.

"¿Es un simulacro verdad?" le dijo Ron, observándolo como si esperara que le dijera que si.

Sin decir nada, y sin tiempo para encogerse de hombros, Harry echó a correr hacia donde los Aspirantes deberían de estar en el caso de escuchar aquella alerta, que era un patio cercano. Vieron correr a algunos Aspirantes de un lado para otro, con cara de nerviosismo, acomodándose las espadas, los cinturones y tropezándose en el proceso.

Cuando llegaron y se acomodaron en la formación que habían aprendido casi desde el primer día de entrenamiento, un hombre de aspecto severo los observó a todos, y luego sacó un pergamino con la lista de los nombres de cada uno. Uno a uno fue diciendo los nombres y haciendo una pequeña anotación en el pergamino cada vez que alguien le contestaba, o no. Justo cuando Harry empezaba a convencerse de que aquello había sido un simulacro más, el hombre habló con voz ronca.

"Estamos en estado de alerta y es una orden que nadie vaya más allá de los límites de la ciudad, a menos que cuente con el permiso correspondiente de la Guardia. A partir de ahora se establecerán horarios de guardias para cada uno de vosotros, esta vez estarán solos en la posición que se les asigne. Las posiciones más importantes serán resguardadas por los Guardias del Palacio y aquel que sea sorprendido durmiendo en horas de guardia..." dirigió la mirada a un muchacho, hijo de un herrero, que Harry parecía recordar por el nombre de Neville Longbottom. El muchacho de cabello castaño bajó la mirada y se movió nerviosamente en su lugar "... seréis castigado con dos semanas de trabajos en los establos, limpieza de armaduras, chimeneas y lo que se agregue. Y por supuesto, se tomará en cuenta cuando se haga la evaluación correspondiente para ser ascendidos a Guardias."

Todos permanecieron con el rostro sereno, como si quedarse dormido en una noche de guardia fuera algo imposible de ocurrir.

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Para cuando llegó la tarde, Hermione se encontraba en una de las salas contiguas a la Sala Mayor del Consejo de los Magos. Le habían informado que un miembro del Consejo junto con su familia (esposa e hija), había llegado ya, y ahora se limitaba a esperarlos en aquel lugar. Para cuando los anunciaron, Hermione estaba segura de que había pasado una eternidad. Un hombre de ojos un tanto rasgados entró, seguido de su esposa e hija; ambas con rasgos similares a los de él. Él iba vestido con una chaqueta de color rojo y pantalones negros, ambas prendas bordadas con hilos plateados. No era muy alto y tenía un aspecto más o menos amigable. Llevaba el cabello lacio más largo de lo que Hermione estaba acostumbrada a verlo, pero recogido completamente con un listón de color negro. Su complexión delgada, contribuía a darle un aspecto inofensivo. Su esposa era una mujer delgada también, con el cabello lacio y mucho más largo que el de su esposo; iba ataviada con un vestido de color azul oscuro, bordado con hilos plateados del mismo tono que los de su esposo. Una joven iba a un lado de ella, quizá uno o dos años mayor que Hermione, observaba a su alrededor, y en su mirada había curiosidad y otra cosa que bien podía significar que estaba juzgando todo lo que veía. Llevaba un vestido color vino, con bordados dorados y una gruesa capa negra que hacía juego con su vestido, al llevar los mismos motivos adornándola. Tanto el hombre como su esposa, eran miembros del Consejo, y también de un antiguo linaje de nobles (el de los Chang), que habían emigrado de tierras lejanas y habían llegado a territorios del sur de Harmonyland, instalándose definitivamente ahí, y jurando lealtad a la corona de la Llama Azul.

"Majestad." Le dijo el hombre, haciendo una respetuosa reverencia, que su esposa e hija imitaron prácticamente al mismo tiempo.

"Os doy la bienvenida." les dijo Hermione sonriendo, invitándolos a que se sentaran en los sofás cercanos. "¿Cómo ha estado el viaje?"

"Sin mayores contratiempos." Le respondió Lord Chang.

"Me alegra escucharlo."

Hermione les sonrió y dirigió su mirada a Cho, que le devolvió la sonrisa.

"Supongo que estaréis cansados del viaje, pero es muy importante poneros al tanto de la situación en la que nos encontramos. Si lady Cho desea ir a descansar yo no tengo ningún inconveniente."

Cho dirigió su mirada hacia ella y la observó algunos segundos.

"¿Os molesta mi presencia?"

Justo a tiempo, Hermione contuvo un gesto de asombro.

"Por supuesto que no. Pero tampoco encuentro razones para que permanezcáis aquí. Claro que si es lo que deseáis, podéis hacerlo."

"Me retiro. Milady." Le dijo, y luego se levantó, hizo una breve reverencia, y salió irguiéndose tanto que Hermione tuvo que contener una risa.

Hasta que había salido, recordó que no había dado instrucciones a nadie para que la condujeran a su habitación. Bueno, dar vueltas por el Palacio no le venía mal a nadie.

"Disculpadla, majestad." Le dijo Lord Chang, mostrándose lo suficientemente apenado por él y su hija juntos.

"Siempre hay tiempo para disculpas, y en este caso creo que ella es quien las tiene que ofrecer."

El hombre se movió nerviosamente en la silla, y se aclaró la garganta.

"Os aseguro que lo hará, su Majestad." Le dijo la madre de Cho.

Hermione asintió levemente con la cabeza, sonriendo ligeramente.

"Por el momento hay otros asuntos de mayor importancia."

Ambos asintieron y Hermione se dispuso a explicarles la situación en la que se encontraban con lujo de detalle.

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Cho caminó por un largo pasillo de paredes de mármol blanco, adornado con tapices multicolores. Observó las armaduras en los pasillos, que empezaban siendo antiguas y al final del corredor eran las más recientes que utilizaban los integrantes de la Guardia Real.

La tarde era nublada y el viento, aunque no muy fuerte, bastante frío. Ella venía de un lugar donde el clima era templado la mayor parte del año, y la nieve era algo que sólo podía ver cuando viajaba al norte por alguna razón. En ese momento precisamente, algunos copos de nieve comenzaban a caer. Pensó que ver nevar, podía resultar más divertido que quedarse en esa sala con sus padres y la reina, escuchándolos discutir de asuntos que a ella no le interesaban. Cuando viró a la izquierda en uno de los pasillos, y llegó a uno que no tenía salida, se dio cuenta de que se había perdido. Regresó por donde había venido y al llegar a otro pasillo no supo que dirección tomar. Tres Guardias, con sus uniformes y capas negras con azul, pasaron junto a ella e inclinaron la cabeza respetuosamente al verla. Ella les devolvió el gesto y los observó hasta que se alejaron y entraron en una habitación que ella no sabía que era. Cho observó a su alrededor y decidió subir por unas escaleras que se hallaban un poco más adelante. Así lo hizo, pero al llegar al rellano de las mismas, un Guardia se acercó y le dijo que no podía seguir más adelante.

"Lo lamento, pero estoy un tanto desorientada." Le dijo Cho.

"Milady, alguien os acompañará a un lugar más agradable. ¿Lady Cho, cierto?."

Ella asintió.

"No os preocupéis, seguramente la reina os ofrecerá una cena. ¡Harry!."

Un muchacho salió de algún lugar detrás de una columna, portando un uniforme de Guardia, aunque era diferente porque la llama era más pequeña.

"¿Podéis conducir a la señorita hasta una de los comedores del ala norte?."

"Claro." Le dijo Harry. "Milady." dijo, haciendo una seña para que lo acompañara.

Ella caminó, adelantándose ligeramente.

"¿Sois Guardia Real?" le preguntó, observando su uniforme de color negro.

Harry negó con la cabeza.

"Aspirante, Milady."

"Bueno, tenéis toda la apariencia de un Guardia. ¿Por qué el paso está restringido?."

"En condiciones normales quizá no habrían sido tan estrictos milady. Pero son tiempos difíciles y hay lugares que están más vigilados que otros." Le dijo Harry, apenas dirigiéndole una breve mirada.

Cho alzó las cejas.

"¿Sois todos los Aspirantes tan fríos?."

El muchacho volteó a verla, con cara de asombro. De lo que estaba segura, era de que no todos tendrían esos mismos ojos verdes. Ella le sonrió, y el muchacho puso cara de confusión.

"No milady... pero no esperáis que os trate como si os conociera de años. Por supuesto no es mi intención ser maleducado."

"¿Qué hacéis para divertiros en este lugar?" le preguntó Cho.

"Nunca faltan cosas que hacer, milady."

"Lo imagino... ¿pero para distraeros?. Cuando no tenéis las manos ocupadas con espadas, lanzas o arcos¿qué hacéis?."

Harry sacudió ligeramente la cabeza y se encogió de hombros.

"Hay algunas tabernas en la ciudad..."

"¿Bailan y todo eso?"

"Si..." respondió Harry, no muy seguro de a donde iba esa conversación. "Bueno, yo no lo hago muy bien. Pero se pasa un buen rato."

"Sería interesante conocer un lugar así..."

Harry no pudo evitar sonreír abiertamente.

"Milady, no creo que sea el tipo de lugar que alguien como usted debería visitar."

La risa de Cho se escuchó por todo el pasillo por el que caminaban. Y justo en ese momento, Hermione daba la vuelta, acompañada por los padres de Cho y un par de Guardias.

"Parece que tendremos que discutirlo después, Harry." Le dijo Cho, volteando para observarlo y sonriendo de una manera que lo puso un tanto incómodo. Cho caminó hacia sus padres, y ambos le dirigieron una mirada a Harry.

"Es un Aspirante a Guardia." Les dijo Hermione, que en ese momento observaba a Harry con una extraña curiosidad. "Supongo que estabais por conducirla a alguna sala."

"Así es Majestad. A uno de los comedores en el ala norte."

"Perfecto, pero mis Guardias pueden hacerlo." Dijo Hermione, observando a los Chang. "Tenéis que disculparme, pero no podré acompañaros."

"No os preocupéis Majestad." Le dijo Lord Chang.

"Por favor, llevadlos." Les dijo, y tanto Harry como Hermione se quedaron de pie en el pasillo, observando como todos se alejaban.

"Lamento haber interrumpido vuestra conversación." Le dijo Hermione, caminado delante de él.

"No hay problema milady... Hermione."

Ella le dirigió una mirada, sin aminorar su marcha.

"Quiero decir que no era nada de importancia." Le aclaró Harry.

"Por supuesto, os veías muy contento."

De pronto Hermione se dio cuenta de la manera en la que esa actitud debía de verse.

"Quiero decir, por supuesto que no es asunto mío. Podéis retiraros."

Harry caminó en silencio junto a ella.

"¿Habéis dormido bien?"

Hermione volteó a verlo, recordando la forma en la que le había hablado apenas la noche anterior. Él no mostraba ningún tipo de molestia, claro que pocos lo harían frente a una reina...

"Más o menos." Le respondió Hermione.

"Lo imaginé..."

Ella se quedó en silencio, y dobló en un pasillo. Después se preguntó por que había doblado en ese pasillo y se detuvo. Harry hizo lo mismo, y ella se dio media vuelta, caminado en dirección contraria. ¿Debería ofrecerle disculpas?.

"Iré al estudio, podéis retiraros Harry."

"Puedo acompañarte hasta el estudio, si no te molesta."

"No... claro. Por supuesto que no me molesta."

Harry le sonrió.

"¿Imaginas a Cho en una taberna?"

Hermione frunció el ceño y le dirigió una mirada, luego la desvió y comenzó a reírse.

"Creo que no. Sería algo interesante de ver. ¿Era eso lo que estaban conversando?"

"Si. De eso y de que no es lugar para una hija de nobles."

Hermione alzó las cejas e hizo un gesto con la cabeza, como si en parte le diera la razón y en parte estuviera dispuesta a discutir el punto.

"¿Y si te digo que yo estuve en una?."

"Te preguntaría ¿cómo, por el Gran Mago, fuiste capaz de tal cosa?"

Hermione sonrió ligeramente.

"Tenía dieciséis años y me escapé." Le respondió Hermione, sintiéndose orgullosa de su acto de rebeldía.

Harry sonrió, asintiendo con la cabeza.

"¿Nadie se enteró?"

Hermione dejó caer los hombros, y observó como un elfo doméstico encendía una de las antorchas, pues comenzaba a oscurecer.

"Todo el mundo se enteró. Fui a una taberna en la ciudad y había media servidumbre del Palacio en ese lugar."

Harry soltó una carcajada.

"No fue agradable cuando estaba bailando y de pronto, al intercambiar parejas, me encontré bailando con el cocinero."

Al imaginar la escena, Harry se echó a reír nuevamente. Finalmente llegaron a las puertas detrás de las cuales estaba el estudio de Hermione.

"Gracias por acompañarme Harry. Espero verte pronto." Le dijo Hermione, despidiéndose de él.

"Hasta pronto."

Hizo una reverencia, y luego se alejó por el pasillo directo al lugar donde tenía que montar guardia.

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Estaba en un pasillo oscuro, y al final un fuego azul era lo único que podía distinguir. Caminó resuelta hacia él, observando formas en el límite de su visión. Por alguna razón no deseaba ver lo que se hallaba a sus pies. Una voz distante le decía algo que ella no alcanzaba a comprender. De pronto la luz, que no sabía de donde provenía, le brindaba la posibilidad de ver con claridad lo que la rodeaba. Eran paredes de piedra, un angosto pasillo que parecía cernirse sobre ella conforme avanzaba, tan solo dándole la posibilidad de caminar con gran esfuerzo. Luego el pasillo ya no lo era más, y estaba en el salón principal del palacio, donde su padre jugaba con ella y su madre los observaba sonriente. Era un recuerdo vago, casi el único que conservaba de él. O probablemente un sueño nada más. De repente el salón se hallaba en ruinas, y su madre la llamaba. Ella atravesaba el enorme espacio, pero al llegar a la puerta no había nadie. Y no sabía si ir a la izquierda o a la derecha. El pasillo estaba muy oscuro, y las sombras parecían amenazarla. Cerró rápidamente la puerta y corrió hacia la misma silla donde había visto a su madre un instante antes. Se sentó en ella y observó el salón desierto.

Se despertó, no sobresaltada, pero con una extraña sensación de vacío en el estómago y un nudo en la garganta. Se incorporó, notando que temblaba ligeramente. No quiso cerrar los ojos para recuperarse, porque generalmente eso conducía a que algunos fragmentos de sus sueños regresaran. Salió de la cama, se puso unos escarpines y una gruesa capa de color negro que cerró perfectamente y cuya capucha levantó para cubrirse la cabeza. Solo necesitaba un poco de aire y otro poco de buenos recuerdos. Caminó cautelosamente hacia un extremo de la habitación, hasta donde se encontraba una mesa tallada en madera, de patas muy gruesas. Colocando la mano derecha en una esquina de la mesa, hizo un poco de magia para moverla de su lugar, y el mueble se deslizó algunos centímetros sin hacer el menor ruido. El lugar en donde estaba una de las gruesas patas, dejó al descubierto una pequeña loza suelta en el piso. La quitó sin ninguna dificultad, dejando después descubierta una especie de gruesa cuerda, de la cual tiró y que levantó una loza más grande, pero no tan gruesa como seguramente lo serían las demás. Cuando finalmente la pudo retirar, quedó un hueco en el piso lo suficientemente grande para que una persona se deslizara por él sin mucha dificultad. Había unas escaleras, y ella descendió, colocando después nuevamente la loza de piedra en su lugar y quedando en penumbra. Con ambas manos tanteó la pared y encontró en ella una antorcha apagada, utilizando magia nuevamente la encendió. La luz del fuego iluminó una especie de angosto pasillo, un túnel de unos diez metros de largo que concluía en otras escaleras. Caminó, subió y quitó otra loza de piedra que quedaba por encima de su cabeza. Salió a un almacén donde los elfos guardaban todo tipo de materiales utilizados para mantenimiento del Palacio, y buscó la puerta para salir del cuarto. Salió a un pasillo desierto y al llegar al final, se asomó para observar a un Guardia, que portaba una lanza y caminaba de ida y de regreso al final del pasillo. Esperó a que le diera la espalda y con el corazón en la garganta, se deslizó hasta unas escaleras que estaban del lado derecho y que conducían a una cámara subterránea. Descendió hasta que llegó a una pequeña cámara que tenía una salida del lado derecho. Al final, llegó a un jardín pequeño en el que había un columpio. Sin importar que la temperatura era casi congelante, se sentó en él, contemplando la nieve a sus pies, meciéndose ligeramente y secándose las lágrimas.

De pronto escuchó pasos, pero se dijo inmediatamente que era la reina y en ese momento podía mandar al diablo a quien fuera. Además, nadie tomaba en cuenta ese jardín, y mucho menos sabían que era ahí donde ella y su madre solían jugar largos ratos cuando ella era una niña. Una sombra se alargó en la entrada de la cámara, y de pronto Hermione se horrorizó pensando que podía ser alguien peligroso y nadie sabía que ella se hallaba en ese lugar para ayudarla.

Se puso de pie y se preparó para gritar, golpear, o lo que fuera necesario. Y de pronto, el corazón casi se le sale del pecho cuando un muchacho con uniforme de aspirante, cabello negro y ojos verdes se asomó a donde ella estaba.

"Pero que- ¿Hermione?" exclamó Harry, observándola con los ojos como platos y sosteniendo con una mano una lámpara de aceite.

Ella hizo un gesto, llevándose un dedo a los labios para decirle que guardara silencio.

"¿Qué haces aquí¿A esta hora¡es invierno, por la Cordillera del Mago¡y estás sola¿te has vuelto loca?"

"¡Guarda silencio!"

"Lo haré cuando me expliques... quiero decir¡no entiendo nada!" dijo Harry, susurrando furiosamente y agitando tanto la lámpara que sus sombras bailaban en el piso.

"No podía dormir."

"La gente normal que no puede dormir no sale a mitad de una noche helada a columpiarse por ahí en un lugar solitario." Le dijo, colocando la lámpara en el piso.

"¡Me estás faltando al respeto!"

"Lo siento Hermione, pero estoy diciendo lo que veo. Tienes que regresar inmediatamente a tu habitación, puedo acompañarte. ¿Cómo llegaste hasta aquí sin ser vista?"

Hermione abrió la boca y la cerró. Luego bajó la mirada, mientras Harry la observaba atentamente.

"¿Pensabas repetir eso de la taberna?. Porque no es el momento adecuado para andar por ahí en la madrugada."

Le dieron ganas de reír, pero se sentó en el columpio y entrelazó las manos. No llevaba guantes y las tenía frías.

"¿Hermione?"

"Mi madre... me traía aquí cuando era una niña. Y... no podía dormir."

Fue lo que le dijo, pero Harry entendió también todo lo que ella no le dijo. Hermione se puso de pie y caminó hacia él.

"Me retiro, pero no tienes que acompañarme."

"Estabas llorando."

Hermione se mordió el labio inferior, y el nudo en la garganta se hizo más fuerte.

"No es nada grave. Fue una tontería. Un mal sueño."

"¿Un mal sueño?"

"Si. Estaba en el palacio, sola. Ya lo olvidé, sabes como son los sueños." Se aclaró la garganta cuando notó que la voz se le quebró ligeramente. La expresión de Harry era apacible, pero sus ojos de alguna manera le demandaban seguir hablando. "Y luego jugaba con mi padre. Y con mamá." Sonrió amargamente. "Y luego ya no estaban. ¿lo ves?. Es una tontería. No importa. Quiero decir... no te preocupes."

Intentó sonreír. Era una reina. No podía ponerse a llorar como una niña frente a un Aspirante a Guardia. Y ciertamente, un aspirante no podía acercarse tanto como lo estaba haciendo Harry en ese momento. Y una reina no podía dejar que un aspirante la abrazara, como lo estaba haciendo ella en ese instante. Permaneció inmóvil, como si el contacto le resultara ajeno. Y si estaba temblando, seguramente era porque tenía frío. Harry se separó de ella y colocó las manos sobre sus hombros.

"No sé si te entiendo o no... pero creo que ser reina no significa dejar de... de sentir..."

No supo si fue la manera en que se lo dijo, la forma en que la observó, o la presión de sus manos sobre sus brazos, pero a una lágrima le siguió otra y otra más, hasta que se encontró llorando con el rostro hundido en el pecho de Harry y los brazos alrededor de él. En ese momento era simplemente una jovencita, llorando la ausencia de sus padres. Y Harry, lo más cercano que ella tenía a un amigo, porque había algo en él que la hacía olvidarse por momentos de los protocolos, la política y los metros de pergamino, y que le recordaba esa parte de ella que solo podía dejar libre cuando estaba sola, con sus miedos y sus inseguridades, con las risas que contenía por algún comentario absurdo de parte de algún noble, o el gesto aburrido que no podía dejar escapar frente a un informe de un mercader, o las simples ganas de saltar y aplaudir como una niña cuando un bufón hacía una acrobacia. Simplemente, había algo en Harry que en ese momento la dejaba llorar, pero por primera vez, sabiendo que cuando terminara, ya no estaría sola. Se separó de él y se secó las lágrimas con una mano.

"Puedo acompañarte de regreso." Escuchó la voz de Harry.

"No vamos a tomar un camino muy convencional..."

"Te seguiré..." afirmó Harry, tomando la lámpara, apagándola y haciendo una seña para que ella fuera adelante.

Ella asintió con la cabeza y se acomodó la capucha de la capa otra vez y luego caminó, dirigiéndose a la cámara y subiendo las escaleras. Se cercioró de que el Guardia al final del pasillo estuviera de espaldas y rápidamente caminó hasta que llegó al almacén, pasando Harry detrás de ella y entrando en el cuarto.

"¿Y qué hacemos aquí?" preguntó Harry, observando las escobas en un extremo.

"Dijiste que me seguirías..."

"Claro..."

Hermione caminó hasta el hueco en el piso, y Harry observó con algo de asombro cuando ella se agachó para retirar la loza, dejando al descubierto un pasadizo iluminado con el fuego de una antorcha.

"Si dices algo de esto, te mandaré colgar." Le dijo Hermione, con tono divertido.

Harry alzó las cejas, observando como ella descendía las escaleras.

"Guardaré el secreto, os doy mi palabra."

"Está bien... debería disculparme por la manera en que te hablé..." añadió, justo antes de descender las escaleras.

"No te preocupes.." le dijo, encogiéndose de hombros. "Vamos." Añadió, apurándola para que continuara caminando.

Ambos caminaron por el túnel y cuando llegaron al final, él levantó la loza de piedra y salió primero, ayudándola luego para que subiera.

"Debes apagar la antorcha cuando regreses."

"Ojalá pudiera salir por aquí..." Le dijo Harry, señalando la puerta de la habitación de Hermione.

"Por supuesto que no, hay Guardias en la puerta y no puedes-"

"Lo sé." Le dijo Harry, alzando las manos en una actitud defensiva. "Debo irme."

Sin decir nada más, descendió nuevamente las escaleras y le sonrió a Hermione, haciendo un gesto con la mano para despedirse. Cuando la loza quedó nuevamente en su lugar, los muebles regresaron a su posición original, y todo volvió al silencio propio de la madrugada, Hermione se sentó en el borde de la cama, sonriendo, y sintiendo que era la primera vez que lo hacía después de mucho tiempo.

Continuará...