Disclaimer: los personajes pertenecen a Stephenie Meyer. La trama pertenece totalmente a mi imaginación.

Gracias a Lady B por betear el capítulo!

Mi Compañero Gay

Capítulo 8

POV Edward

-¿Seguro que estás bien? – volví a preguntar.

-Que sí, mariquita, vete con tu amigo y disfruta, ¡es viernes!

Miré de nuevo a Bella. Tenía mejor aspecto que hace dos días, y ya ni tenía fiebre ni le dolía el pecho, pero aún tenía continuos estornudos y la nariz colorada de habérsela sonado tanto.

-Pero no tengo problema en quedarme – me sentía mal al dejarla sola, ¡Jasper se podía ir al diablo!

-Alice viene de camino y me hará compañía esta noche, no te preocupes. Ya me has cuidado bastante estos dos días – Bella se levantó del sofá y me empujó hacia la puerta – además estás muy guapo y tienes que aprovecharlo.

Bella observó mis pantalones negros, mi cinturón oscuro y llevó las manos a la tela de mi camisa azul cielo, alisó las invisibles arrugas y abrió los primeros botones.

-Mejor - me sonrió y luego se tapó la boca para contener un estornudo.

-Anda, vuelve al sofá y tápate.

-De acuerdo, pásatelo bien, búscate un hombre sexy y hazle todo lo que yo le haría.

Cuando cogí mi abrigo gris, las llaves del coche y salí, mi boca se torció en una mueca y una sacudida recorrió mi columna vertebral, "¡un hombre sexy!"

Encendí el motor y conduje hasta el bar en el que había quedado con Jasper. El rubio llevaba insistiendo desde ayer para que lo acompañara. A saber que querría. Como fuera una tontería lo mataba, sobre todo cuando pensaba pasar un viernes tranquilo acompañando a Bella, cenando con ella y viendo una película, e incluso, si ella quisiera, no me hubiera importado ver una cursilería.

Aparqué y divisé a Jasper esperándome en la puerta. Después de saludarnos, entramos.

-¿y bien? ¿qué quieres conmigo? – pregunté a bocajarro después de haber conseguido unas bebidas.

-Joder, ¡tú sí que vas al grano! ¿qué pasa, qué un amigo no puede salir a tomar algo con otro amigo?

-Cuando yo, tu amigo, te llamé a ti, mi amigo, hace tres días me mandaste al carajo porque te estabas tirando a María.

-No te preocupes, eso ya no será más una excusa – bebió su Martini – a diferencia de ti, yo soy listo y me acosté con ella antes de dejarlo.

-¿Has terminado con ella? ¿por eso me has llamado? ¡no me digas que estás deprimido!

Jasper abrió impactado los ojos y luego me miró como si tuviera un grano enorme en la cara.

-¿qué mierda? ¡claro que no! María me dijo que tenía en el punto de mira a otro tipo y yo no soy el segundo plato de nadie. Ambos siempre hemos sido sincero desde el principio y nuestra relación solo era sexo, puro sexo. Lo dejamos como amigos, pero nos dimos un homenaje como despedida – Jasper bebió de nuevo y me alzó las cejas desde detrás del vaso.

Jasper era todo un caso. Me revolví el pelo y agarré mi copa. Di un vistazo a mí alrededor. Varias chicas me observaron coquetas, pero ninguna llamaba mi atención.

-Bueno, entonces, ¿por qué querías verme tan urgentemente? – me acordé que estaba mosqueado con él y lo miré enfadado.

El pavo se rió al ver mi expresión.

-No me digas que tu compañerita se estaba paseando desnuda por el salón y te he privado de verlo.

-No, estúpido. Está enferma.

-¿enferma? ¡Edward! ¿no habréis estado jugando a los médicos? – inquirió con un ojo entrecerrado.

-¡Claro que no! – salté – sólo he cuidado de ella.

-¡que tierno! – Jasper se quitó con el dedo una lágrima imaginaria.

-Cómo sigas diciendo idioteces, ¡me voy! – el bastardo me estaba molestando, yo solo me preocupaba por Bella.

-Espera, amigo – Jasper me agarró de mi antebrazo y ya se puso serio – simplemente necesito tu compañía, no quiero ser el sujeta velas o el violinista o la tercera pata, como prefieras.

-¿Cómo?

-Rosalie.

¿Rosalie? Ahh, ¡Rosalie! Su prima diabólica y dictadora.

-¿Qué pasa?

-Resulta que se ha echado novio y como soy su única familia aquí, quiere presentármelo, como para hacerlo más oficial. No quiero quedarme solo con una pareja que recién está empezando y que soltará miel por todos los poros.

-Pero, ¿novio? Sólo lleva aquí mes y medio.

-Mi prima no sabe estar sin pareja, y parece que está vez ha encontrado a su medio limón – Jasper rió y no pude evitar acompañarle – es un chico de su carrera, pero del último curso. Mira, ¡ahí están!

Jasper se levantó e hizo señas a una pareja que llegaba. Rosalie, tan rubia y despampanante como la primera vez que la vi, llevaba un vestido rojo corto y atado al cuello. Su acompañante vestía unos jeans y una camisa oscura. El tipo era bastante alto, me sacaría cerca de media cabeza, y eso que yo era alto, y se le veía bastante corpulento. Podría pensar que era un matón, hasta que sonrió y sus ojos castaños se entrecerraron y unos hoyuelos aparecieron en sus mejillas.

-¡Jasper! – Rosalie se acercó y le dio un abrazo – y tú eras… Edward, ¿no? – la rubia me sonrió cuando le asentí – bueno, os presento a mi novio, Emmett.

Rosalie se encaramó orgullosa al brazo del mastodonte, el cual no paraba de sonreír. El chico le estrechó la mano a Jasper y luego a mí. Estaba seguro que no lo había visto en mi vida, pero ¿por qué me sonaba ese nombre? Vi como el tal Emmett fue a la barra a por unas bebidas para Rosalie y él y como hablo por el móvil durante un par de minutos. Moreno, alto y fuerte… no, no lo había visto seguro.

La rubia se sentó y comenzó a contarnos como conoció a Emmett y lo bueno que era para ella, mucho mejor que alguien llamado Royce. Al parecer Jasper conocía al sujeto porque asintió con vigor, dándole la razón.

Cuando Emmett llegó, platicamos de todo un poco: del tiempo, de la ciudad, de nuestras carreras,… Emmett nos dijo que él vivía en Seattle con su familia y que este era su último año en la universidad y después, trabajaría en una fábrica que diseñaba nuevos modelos de auto. Rosalie estaba totalmente sonriente mirando a su acompañante, así que cuando comenzaron a besarse, Jasper y yo pusimos pies en polvorosa.

Nos sentamos en la barra y pedimos una nueva ronda. Jasper me contó algo acerca de unas prácticas que le habían dado y de cómo ahora quería centrarse en sus estudios.

-¿Seguro? – me reí – eso dijiste la última vez y a los dos días estabas bajo la falda de María.

-De verdad, tío – Jasper palmeó mi espalda – es en serio, ya estamos en el penúltimo año y si queremos hacer la residencia en un gran hospital, ¡tenemos que ponernos las pilas!

-Yo no tengo problemas – me encogí de hombros – la única chica que me vuelve loco cree que soy gay.

Jasper empezó a reírse - ¡¿no me digas que estás enamorado?

-No, no – o eso creo, pensé – pero tú sabes, la veo todos los días: con el pelo revuelto por las mañanas, sonriente cuando viene de trabajar, con las mejillas sonrojadas después de la ducha, cantando mientras coc…

-Ya, ya. Creo que he cogido el punto – Jasper volvió a reír y se terminó su copa. De repente, vi que le guiñaba el ojo a alguien – creo que empezaré mañana a tomarme mi carrera en serio.

Giré la cabeza y un par de chicas nos veían. Eran bonitas y nos miraban riéndose entre ellas. Jasper les hizo una seña con la cabeza y ellas empezaron a venir hacia nosotros. Las dos eran altas y dignas de girarse a mirarlas. Vestían con tops ajustados y faldas cortas.

-Menos mal que ibas a centrarte – le gruñí a Jasper – no tengo humor para esto.

-¿Sabes? Desde que vives con esa tal Isabella, no tienes humor para nada. En verano tenía que detenerte para que no te lanzarás hacia todas las chicas – Jasper me miró fijamente, ¡odiaba cuando me analizaba!

-¡No hagas eso! – le golpeé su hombro con el mío. Jasper me ignoró y se volvió hacia las dos chicas a las que les quedaban apenas dos metros para llegar.

-¡Me quedo con la morena! – me susurró Jasper y se levantó de la silla donde estaba subido – Hola, señorita – Jasper besó la mano de la morena - ¿quieres bailar?

Y antes de que me hubiera dado tiempo de terminar la bebida, Jasper ya estaba en la pista bailando con la chica y a mí me había dejado con la rubia en la barra. La chica me miraba bajo sus pestañas, intentado dar sensación de una inocencia que no poseía.

-Bueno, - titubeé - ¿quieres bailar?

-¡Claro! – la chica tiró de mi mano para llevarme a la pista.

Bailamos un rato y la chica se rozó contra mí todo lo que pudo y de todas las formas posibles. Creo que me dijo que se llamaba Lauren, y ella me preguntó por mi nombre, pero me hice el sordo con la excusa de la música alta y no se lo di. No me gustaba eso de ir dando mi nombre y mi número a desconocidos, y sobre todo a chicas que sólo buscaban una cosa; porque aunque parezca increíble no me gustan los líos de una sola noche.

Aunque mi subconsciente me gritó que si la chica hubiera sido Bella seguro que no me hubiera importado que solo fuera una noche. Sin lugar a dudas, Bella iba a ser mi suplicio.

Cuando la chica intentó besarme, la separé de mí de forma educada y me despedí de ella. Como pude me perdí entre la multitud y luego, salí a la calle. Cuando el aire me dio en la cara, me revolví desesperado el cabello y saqué un cigarrillo, ¿por qué no me podía sacar a Bella Swan de la cabeza?

OoooooooooooooO

POV Bella

Me desperté bastante tarde el sábado y me reí al ver a mi acompañante de cama. Me levanté con cuidado y abrí las cortinas. Después de tantos días de lluvia, el sol parecía querer salir de entre las nubes. Mi acompañante frunció el ceño cuando le dio uno de los rayos de sol en la cara. Abrió los ojos y me tiró una almohada.

-¿Para qué abres las cortinas? ¡estaba teniendo un sueño bastante satisfactorio!

Alice se incorporó de la cama y casi se cae intentando quitarse el revoltijo de sábanas en el que estaba metida. Sacó las piernas y por fin pudo salir. La camiseta mía que llevaba puesta le quedaba demasiado grande y eso, junto a la cara de enfadado, la hacía parecerse al enanito Gruñón de Blancanieves.

-Son las once y media de la mañana, como sigamos durmiendo se nos van a atontar aún más las neuronas.

-Pero Bella… – gimoteó, pero al segundo me estaba ayudando a hacer la cama - ¿y cómo te sientes hoy?

-Bastante bien, ¡deseando aire fresco! – sonreí.

Después de pasar los últimos días convaleciente, ya me sentía mucho mejor. Todavía moqueaba un poco, pero ya no estornudaba ni me dolía el pecho ni la garganta. Cuando terminamos con la cama, nos quitamos la ropa de dormir y nos vestimos.

Nos lo habíamos pasado muy bien la noche anterior. Estuvimos viendo la tele, hablando de la universidad y por supuesto, de chicos. Tuve que hacer un gran esfuerzo para que Alice no notara mis nuevos sentimientos hacia mi compañero de piso.

Al final, como se nos hizo tarde y puesto que también nos llamó Emmett para decir que nos quería ver a las dos para hablarnos sobre alguien, se quedó aquí a dormir conmigo y su hermano quedó en recogernos a las dos en mi piso.

-¿quieres café? Preparé algo mientras esperamos a Emmett – Alice asintió.

Nos fuimos a la cocina y puse la cafetera en marcha. Alice se sentó sobre la mesada y se dedicó a descolocarse todavía más las puntas de su cabello. Escuché una puerta cerrarse en el pasillo.

-Buenos días, chicas – nos dijo un adormilado Edward desde la puerta de la cocina.

-Hola – le dijimos las dos a coro con bastante alegría. Rodé los ojos ante eso.

-Me marchó ya – se puso a mirar entre unas carpetas que llevaba en las manos – tengo algo de papeleo administrativo que atender en la universidad para poder hacer mis prácticas.

-¡Adiós! – Alice pestañeó como una maniática y puso su sonrisa de no he roto nunca un plato.

-Adiós – le devolvió Edward y empezó a salir de la cocina - ¿Bella? – me llamó desde el salón - ¿cómo estás hoy?

Salí de la cocina mientras me limpiaba las manos con un paño.

-Genial – le sonreí – muchas gracias por tus cuidados, doctor mariquita.

-De nada, pequeña – me pellizcó con cariño la mejilla como era su costumbre últimamente y dejó unos papeles encima de la mesa del salón – estos no los necesito – se dijo para sí – bueno, ¡nos vemos esta tarde! – me sonrió y salió del piso.

Cuando volví a la cocina, el café ya estaba hecho y Alice estaba apagando la cafetera. Saqué dos juegos de tazas y lo serví. Nos fuimos al salón cada una con su café. Estuvimos hablando de tonterías hasta que a las doce y media sonó el porterillo. Apreté el botón para que se pudiera abrir el portón del portal después de verificar que se trataba de Emmett y luego le esperé en la puerta de mi piso. Cuando salió del ascensor parecía otra persona diferente a la que yo conocía.

-¿Emmett? – le pregunté alucinada.

El grandote, con una cara de tontaina y una enorme sonrisa boba, entró y se sentó junto a su hermana en el sofá.

-¡Eh, burro! – Alice intentó agitarlo con sus pequeñas manos - ¿qué te pasa?

-He encontrado a la mujer de mi vida – Emmett no dejó de sonreír mientras soltaba cada palabra de la oración.

-¿Eso es lo que nos querías contar, grandullón? – Alice empezó a rebotar en el sofá emocionada - ¡es la primera vez que dices algo así de una de tus chicas, hermanito!

-Me alegro por ti, Emmett – le sonreí y me senté a su otro lado.

-¡Soy tan feliz! – Emmett nos cogió a cada una con un brazo y nos apretó contra su pecho.

-Bueno, cuenta, cuenta – Alice agarró su brazo con fuerza, ávida de noticias.

Emmett nos habló de su chica, llamada Rosalie. Estudiaba lo mismo que él y era de Los Ángeles. Nos contó lo hermosa y sarcástica que era, y no sé cuantas miles de cosas más. Desde luego, la tal Rosalie lo tenía comiendo de su mano. Espero que no se aproveche de él.

-Y anoche me presentó a su primo – dijo Emmett – decía que quería que conociera a alguien de su familia, ¿os lo podéis creer? – Emmett nos volvió a apretujar - ¡mi Rosie ve lo nuestro como algo oficial!

Lo que yo creía es que Emmett estaba a punto de ponerse a botar en el sofá por la emoción, y Alice tenía un pase, pero él rompería mi sofá en dos.

-Estamos muy contentas por ti, grandote mío – Alice le cogió la cara a su hermano y le plantó un beso sonoro en la mejilla - ¡ya era hora de que empezaras a sentar la cabeza! Mamá me tiene harta de tanto escucharla decir que vas de flor en flor – Alice chasqueó la lengua.

-Pues eso, ¡se acabó! – Emmett soltó una carcajada atronadora y, luego se acomodó los brazos detrás de la cabeza y estiró los pies para ponerlos encima de la mesa.

-¡Cuidado! – Alice quitó unos papeles de la mesa donde Emmett pensaba poner sus pies - ¡que los manchas, bruto! Toma, Bella.

Cogí lo que me tendía Alice. Eran los folios que Edward había dejado antes de irse, los que no le hacían falta. El primer folio era una fotocopia de su documento de identidad. No pude evitar sonreír a la foto de Edward que me miraba desde la fotocopia.

-¿Qué miras embobada? - Emmett se echó encima de mí y miró el folio - ¡ey! ¡yo conozco a ese tío!

-¿Cómo?

Alice también se acercó a mirar lo que veía su hermano.

-Como lo vas a conocer tú, ni que frecuentaras bares de ambiente (*) – Alice soltó una risilla.

-¿bares de ambiente? – Emmett miró perdido a Alice y después me arrancó la fotocopia de la mano – yo no sé que hace esto aquí, pero este sujeto – le puso el papel a Alice en la cara – estaba conmigo anoche en la discoteca – y tras decir eso, se quedó tan pancho.

-¿y me puedes explicar que hace el compañero gay de Bella contigo? – preguntó Alice ofuscada y poniendo los brazos en jarras.

Yo ya me encontraba perdida en la pelea de los hermanos y no hacía más que mirar de uno a otro como en un partido de tenis.

-¿es tu compañero de piso? – Emmett me miró consternado.

-Sí, - asentí sin entender aún donde derivaría esto – es Edward, mi compañero gay.

-¡¿gay? – medió gritó Emmett totalmente incrédulo – perdona que te lo diga, cariño, - tomó mi mano – pero por la forma en la que se rozaba anoche con una rubia, yo diría que es todo menos gay.

No sé en qué momento dejé de respirar.


(*) bar de ambiente: bar frecuentado principalmente por personales homosexuales, pero no por ello exclusivo.

Hola! :)

TA CHÁN! Bella lo pilló! qué pasara ahora? Edward tendrá los días contados? jejeje!

Bueno, espero que os guste el capítulo, es el más largo que he escrito hasta ahora!

Muchas gracias por vuestros comentarios, alertas y favoritos! sois unos soles!