Bueno, vamos a ver como les complace el final. Me pase todo el fin de semana escribiendo uno digno; salieron cuatro versiones, y este fue el más que parecía adecuado. No sé cómo quedará ante sus ojos, pero hice el intento, el mejor de ellos. Si no les gusta ya saben por qué. Bueno, debo agradecerles a todos por el apoyo desde el principio hasta aquí. Gracias por todos los reviews.

Tengo dos cosas importantes:

*Gracias a Bunnylovespancakes por dibujar un fan-art de esta historia. Pueden pasar a mi página y está el enlace del dibujo, muchas gracias preciosa.

*Segundo y último, gracias a su votación US/UK va al frente, en segundo lugar Fr/UK

Bueno, eso es todo, los dejo con el final, espero que les guste.

Hetalia no me pertenece

Itálico, lo que escribe Arthur

Advertencia: Amor entre un hombre mayor y un chico menor de edad. Final.


I... I... I... I...
Can't get you out of my head
God knows I've tried
But I just can't forget
Those crazy nights
And all those things that we did
I... I... I... I...
Can't get you out of my head


~Como Soldado Fiel~


…Su amor era adicción. El era adictivo como una píldora de dormir. El era, y sigue siendo, mi Lithium. No quiero estar encerado sin él, no quiero olvidar como se siente esa quemadura en mi piel. No lo quiero dejar, lo quiero, lo quiero…el mundo es frio si no estas cerca de mí; nada hacia sentido… Si tenía que gritar al mundo lo que hice lo hacía. Estaba alucinando, pero para mí era una alucinación placentera. Me niego a perderlo, aunque sé que se acerca el final…


Otra noche que muere y otro día que nace. El tiempo pasa sin perdonar, ni mucho menos esperar.

Arthur otra vez se levantó en el mismo horario. ¿Qué mes era? Septiembre.

Ya la época de frio tocaba y acariciaba delicadamente las calles de Londres, tan melancólico. Preparo una taza de té y se sentó en su mesa de siempre, mirando a su alrededor sintiendo como pieza por pieza una sonrisa se formaba en sus labios mientras cada latido aceleraba su corazón. Alguien se acercaba.

—…hola…— Arthur levantó y volteo su mirada, sus ojos verdes vieron como Alfred, algo tímido, pasaba por al frente de la calle con su mochila como siempre lo hace. ¿Quizás sea esta la fase de dejarlo ir? ¿La fase de decir aquellas cosas que él por su edad no dirá? Por la manera de su mirar, quizás no.

—…se dice buenos días…— murmuró el británico escondiendo su sonrisa. Siempre tan formal.


…sus besos, caricias, abrazos y un sinfín de melodías harmoniosas. No quería rendir eso, no lo quería tirar todo a la nada como si fuera una página blanca llena de errores que simplemente se eliminan con facilidad. Para él, quería ser un barco a la deriva, obsesionado por naufragar y llegar a su orilla. Sé que él me esperá pacientemente con lágrimas en sus ojos azules al final del puerto mientras los demás le dicen que he muerto…pero su corazón dice que mantenga la esperanza…Quiero negar que lo tengo que dejar, pero sé que se acerca el final…que poético escribí eso…


Las tres de la tarde y él ya estaba en sus brazos, nuevamente la ropa por el suelo. Otra vez Alfred gemía de placer mientras el británico le decía en el oído dulces observaciones que notaba en su cuerpo. Le decía que quería naufragar en los mares profundos de sus ojos, sufrir de insolación en el desierto de su piel mientras luchá por encontrar la fuente de lo prohibido. Para Alfred cada palabra significaba perderse en un delirio total mientras sentía como su placer llegaba a la cima.

¿Cómo se sentía nuevamente? Como agua a punto de ebullición, como volcán a punto de erupción, como una supernova a punto de morir dando su destello final. El más brillante de todos.

Los días pasaban y hacía más frio. Era sábado, y Alfred había inventado que tenía que visitar a sus amigos, pero en realidad iba directamente a los brazos de Arthur. Estaba vez lo tenía acomodado cerca de su pecho mientras el británico miraba la lluvia chocar contra la ventana de su habitación. Arthur sabe que tiene que decir lo que Alfred no dirá por su edad, pero después, un momento más en sus brazos no es para nada mal. El tomara la culpa por el bien y el futuro de Alfred.

Una mariposa muere al séptimo día de haber salido de su prisión…déjala libre, que vuele y surqué los cielos azules disfrutando de la libertad perdida...déjala morir feliz.

—…Alfred…— el británico coloco sus manos en las mejillas, ya bañadas en rojo, y levantó la cara del joven. Sin perder tiempo, porque es preciado, Arthur se perdió en sus ojos fascinantes que poseen un color difícil de definir.

¿Azul de mar o azul de cielo? Que importa, ambos son infinitos.

—…— Alfred no dijo nada. Solo se dejo guiar, como siempre. Dejo que los labios del británico rozaran sus mejillas, cuello y hombro mientras dejaba que sus dedos se enredaban en su cabello todo revuelto. A Alfred como que encontraba fascinante el cabello del británico.

Al terminar Arthur lentamente se echó para atrás viendo cuando Alfred volteo para mirarlo, el británico sólo pudo mirar fijamente al infamtil y hermoso rostro que Alfred lucia en esos precisos momentos. Se veía tan inocente, pero a la misma vez tan adictivo. Arthur lo quería, y ahora.

El británico haciéndole más caso a sus instintos de amor y lujuria removió en un movimiento súbito la camisa del chico, lanzándola al suelo mientras Alfred hacia los movimientos casi automáticos, colocando sus brazos alrededor del cuello del mayor mientras cerraba la distancia entre ambos.

—…Mmm…— Se sabe que el tiempo no espera, pero para ellos se detuvo junto a sus manos, besos y caricias, las cuales eran tiernas y dulces. Los dedos de Alfred se aferraron a la camisa del británico mientras este lo empujaba con cuidado a la cama, labios juntos hasta el final de la caída. Lentamente Arthur introdujo su lengua en la boca del joven buscando un sabor dulce que merodeaba alrededor. Dulce miel bendita. No podía evitar que su cuerpo se estremeciera por los pequeños gemidos de placer que Alfred hacia en el proceso, casi tímidos.

—…esto no puede terminar así…— pensó el británico mientras sus brazos se apoyaban firmemente alrededor del delicado cuerpo de porcelana, dejando un pequeño rastro de saliva en los labios abandonados del chico para dirigirse a su cuello mientras el calor de sus cuerpos empezaba aumentar.

—Arthur…— El británico rápido conecto sus labios a los de Alfred buscando nuevamente el dulce sabor. Honestamente sabía lo que Alfred le iba a pedir y estaba más que obligado a seguir sus órdenes.

Se despegó otra vez de los labios de su niño mientras que Alfred respondía con un pequeño sonido de protesta que hizo que Arthur se riera. Luego de su pequeña carcajada comenzaba a quitarse su camisa. Se sentía feliz, tenía que admitirlo. Reía, y sentía como si fuera la primera vez que lo hacía. Era una risa de verdad, una risa que venía de su corazón y no fingida o producto de su imaginación. Para nada era aquella sonrisa con sabor amargo que lucía sus labios cuando veía a sus hermanos.

Mientras tanto Alfred tenía la mejor posición. El joven podía ver claramente las sombras y los hermosos matices que el cuerpo del británico poseía mientras lentamente descartaba su camisa lanzándola al suelo para lanzarse nuevamente a la conquista de otro mundo nuevo. Colocara la bandera de su país imaginario en el corazón del chico.

Arthur luego comenzó a besar al chico en el cuello, mientras Alfred inclinaba su cabeza hacia atrás permitiéndole al mayor un mejor acceso a su piel pálida. El británico comenzó a dejar parches húmedos en la piel del chico, desesperado por mantener ese sabor, por mantener la exquisita sensación en sus labios. Cada marca significaba los pasos para seguir si vuelve a perderse en el camino de la conquista y tenga que regresar. Poco a poco seguía viajando por el rendido cuello del joven, rozando su nariz de una manera traviesa, sonriendo cuando sentía la vibración de las pequeñas carcajadas que emitía el chico. Arthur ama su risa. Tan llena de energía.

—A-Arthur…me haces cosquillas…— El británico amaba escuchar eso. Escucharlo ser tan feliz.

En movimientos lentos la lengua del británico saboreaba cada rincón, espacio, sombra y figura del chico, sus labios formándose en una sonrisa satisfactoria cuando escuchaba los gemidos de Alfred, cuando sentía los débiles temblores en su frágil cuerpo y como después de ellos se ponía tenso para luego relajarse una vez más. Sus respiraciones en sincronización mientras sus cuerpos en perfecta harmonía comenzaban a rozarse sumergiéndose en su ola personal de pasión. Arthur no podía abandonar esto tan fácilmente, pero sabe que debe. Pese a lo tan oculto que tiene su amor, ya alguien sospecha que la inocencia de Alfred ha sido manchada.

Por eso esa mirada acusadora por parte del francés, por eso esos ojos azules llenos de odio y rencor. Por eso esa sonrisa repulsiva. Él lo sabía. ¿Cómo no lo iba a saber si tanto Alfred y su hermano son su mayor tesoro?

—Alfred, no importa lo que pase yo…— Arthur murmuró, pero no pudo terminar la frase. Hacer mas daño del que estaba haciendo...no podía. Era hora de dejarlo ir.

Alfred levantó su mirada, el británico notando la cara de confusión que tenia. No quería confundir a su niño, eso es lo menos que quiere, así que ya sabe lo que tiene que hacer.

— ¿Arthur que pasa? — Arthur puso su frente junto a la del joven mientras sus manos terminaron descansando en la cintura del americano. Descansaban ligeramente como nieve recién caída, no había presión alguna para sostener a Alfred, pero bastante dulce para que el chico deseara no moverse.

—Alfred, no podemos seguir con esto— dijo en voz baja, quebrando el cristal de su amor en pedazos sin nada que hacer más que ver como los pedazos caían al suelo, quebrándose aun más, viendo y buscando una manera posible de cómo los pedazos se pudieran recobrar y juntar, aunque la herida se vea a flor de piel, y el recuerdo del dolor queme constantemente cada esquina del pensamiento.

— ¿Solo me utilizaste para cumplir tus fantasías y ahora que te cansas me descartas? ¿Es eso?— el corazón del británico se hizo nada cuando esas dagas de odio penetraron en su cuerpo. Nunca, pero nunca pensó, de eso está seguro, utilizar a Alfred de esa manera vil e inhumana.

Arthur simplemente se quedo ahí, mirando como el chico se levantaba de la cama y se ponía su camisa de vuelta. Viendo que hizo lo posible, pero no triunfó, cuando obtuvo lo que necesitaba, pero no lo que quería. Sintiéndose tan cansado, pero sabiendo que no podrá dormir…atrapado en reversa, sin nada que hacer.

— ¿Alfred que es eso? — pregunto el británico en voz un poco alarmada cuando vio que el chico coloco alrededor de su cuello unas pequeñas placas de identificación, viendo eso, Arthur pudo entender algo, algo que causo dolor, pero que era verdad. Alfred no cree en nadie más que en él, aunque abras la puerta y le muestres algo mejor siempre creerá en él, y nada más que en él.

—…quiero volver a América…voy a ser militar— y ese fue el fin. Simplemente así.

Las lagrimas que salen e inundan tus mejillas, cuando pierdes algo que no puedes remplazar, cuando amas a alguien y no es suficiente…pudiera haber sido peor.


…Alfred…eres como la libertad, simple y sin ataduras, siempre mía, pero a la vez en posesión de muchos. Te necesito como la vida a la muerte, como el sol a la luna, como el cielo a las estrellas, como el roció a la flor, pero sé que más personas te necesitan aun más que yo. Quiero decirte que si lees esto, nunca, pero nunca, pensé en cumplir fantasías contigo, nunca pensé en cumplir mis deseos oscuros contigo, jamás. Eres un ángel, eres lithium. Que las luces te lleven a tu hogar e iluminen tu camino, hazlo, que yo tratare desde lejos arreglarte…soy honesto y nunca lo he sido…


—Me agrada encontrarte aquí monsieur Kirkland. Comment êtes-vous?— Arthur ni siquiera levantó la mirada, simplemente se hecho para un lado mientras el francés tomaba asiento cerca de él. Tenía que ser honesto, no le agradaba la compañía del hombre, lo odiaba, pero sabía que no estaba en posición de insultar.

Arthur solo suspiró y volteo al cristal fijando su mirada a los ojos del francés. Azules como los de Alfred. ¿Los habrá heredado de él? —Lo siento…no hablo francés—

Je suis désolévamos a pretender que eso es cierto. ¿Sabes porque estoy aquí, non? — dijo el francés en un tono amargo mientras tomaba del café que le acababan de traer. Arthur sabía la razón del encuentro, por eso mantuvo silencio mientras la tensión del pequeño restaurante aumentaba, tanto que un simple cuchillo podía cortarla.

El silencio asusta porque significa verdad.

—Debería ahorrar mis palabras y matarte ahora mismo…libraría el mundo de personas sin alma como tu…— Arthur trago en seco, quería responder, pero sabía que sus palabras no valían nada al lado de la verdad. El británico le caería a golpes al francés, pero sabe que no está en el lugar de hacerlo. Así que solo se dedica a escuchar.

Arthur solo sopló el café y tomo un pequeño sorbo.

—…pero Alfred nunca me perdonaría y no podría vivir con eso…así que si tienes, por lo menos un poco de respeto hacia mi familia y eres lo suficientemente hombre…déjalo en paz, dejanos…monsieur Kirkland… s'il vous plaît

…y a si lo haría, pero no porque el francés se lo ordena, ningún francés le puede decir que hacer y menos Francis, lo hará porque Alfred ya está decidido en lo que quiere hacer con su vida y está más que claro que Arthur no es parte de ella. El británico vio que en el libro de la vida de Alfred, él solo es un capítulo descartado.


¿Dónde te buscare ahora que estas tan lejos de mi? Para mi barco se le hace difícil encontrar la luz del faro. Tan lejos que no parece ni real… Recuerdo tus lágrimas y también la luz en tu ventana. Te veía. Veía como sonreías, como reías y te molestabas. Recuerdo como me convenciste y como yo te convencí en aquel verano de locura. Para mí todo era serio mientras que tú soñabas con costas azures, no era lo mismo. Solo una vida y la he vivido en vano. Si la vida es un juego, perdí desde el principio. Estoy encerado entre cuatro paredes adornadas de seda sintiéndome marginado en el mundo que he creado. Sin ti…


El invierno se convierte en primavera, la primavera en verano, y así sigue el círculo sin fin. Un simple soplo al las páginas del calendario y ya diez años se vienen encima. Para Arthur, Londres nunca se había visto tan vacía, pero a la misma vez llena de personas. Sentado en la misma mesa con la misma taza de té, con su libro entre sus manos mientras llegaba a la última pagina. Sonrió. De seguro recibirá más críticas que Vladimir Nabokov y su novela Lolita, lo bueno es que él nunca escribe su nombre verdadero.

— ¿Qué habrá sido de tu vida mi niño? — levantó la mirada de su libro mientras miraba a la casa vacía que estaba a su lado. No pudo evitar reírse, niño no era exactamente la mejor palabra para describir a alguien que ya tiene 26 años, pero no importa, para Arthur seguirá siendo niño. No encuentra la diferencia, además el es el mayor de los dos, así que Alfred sigue siendo un niño.

Lentamente cerró el libro y lo dejo descansar en la mesa mientras caminaba a su casa. Un sonido en la puerta llamo su atención y confundido fue a la entrada principal. Era extraño, nadie lo busca, nadie lo llama, nadie lo solicita. Desde que acabo con su amor clandestino todo el mundo lo ha ignorado y lo trata como extraño.

— ¿Hay alguien…

Estaba vacío, no había nadie, solo un par de hojas que bailaban en el viento perdiendo su tiempo, pero luego pisó algo y automáticamente miro al suelo. Era una copia de su libro, el cual rápido recogió, noto que una rosa marcaba la última página del libro. Peter Maylee. Esa rosa.

Rápido lo abrió y leyó.


…Haciendo todo los que los demás hacen, el resto son detalles. Escuchando a la gente llorar cuando digo algo y nada más. Mi corazón encerado en un castillo de pena, lo sé, yo mismo lo busque, pero este amor, ese amor, es más valioso que cualquier foto que pueda tener enmarcada en un marco de madera. Vivo en pena. Solo me queda decir... ¿Por qué no vuelves a mí? ¿Cuando un día cualquiera abra la puerta de mi casa te encontraré ahí? Ese sería mi final feliz…

Peter Maylee


Levantó su mirada luego de terminar solo para que sus ojos verdes notaran al final un hombre alto, rubio vestido de uniforme de gala; el más hermoso de todos. Tenía que admitir que esa camisa de manga larga color azul marino, ese sombrero blanco haciendo juego con su cabello rubio y pantalón azul real lo hacían ver como hombre y no como niño, pero que importa ahora si es hombre o niño.

—Me alegra saber que de verdad me quieres… Gracias por no usar tu nombre verdadero— sonrió. Arthur solo se quedo ahí teniendo tantas cosas que contar, pero sin poder encontrar la manera de empezar.

—Se dice buenos días y hola Alfred...— sonrió. Siempre tan formal.


*se esconde de las miradas* Bueno, he aquí el final, versión número cuatro. Las otras tres versiones eran más tragedia y no pude hacerlo, simplemente no pude. Merecían un final feliz, y ustedes también. Espero que les haya gustado y que no me maten por como quedo, y si, nuestro querido Arthur se salió con la suya.

Algunas cosas:

* Lithium: Es una especie de droga que se usa para ayudar a las personas con trastornos emocionales. Es bastante adictiva por cierto, es casi imposible vivir sin ella.

* Monsieur (Señor) Comment êtes-vous? (¿Como estas?) Je suis désolé (Lo siento) S'il vous plaît (Por favor)

* Peter Maylee: Es una rosa muy hermosa de color rosado, pero oscuro, que tiene un olor parecido a un reliquia antigua, no es muy fuerte, más bien un olor suave, es hermosa, me encanta esa rosa.

* Algo más, adoro el uniforme de gala de los marinos de Estados Unidos, simplemente hermosos, no pude evitar vestir a Alfred de esa manera :)

Bueno, aclarado eso debo darle las gracias por haber leído este capítulo y la historia completa. Saben que sin ustedes no hubiera sido posible llegar hasta aquí. Gracias.

Gracias y no olviden su último review, que me llene de amor :)