¡Hola! ¿Qué tal? Vengo a dejar (de nuevo) doble actualización =D espero continuar así hasta que entre a la escuela hehehehe

¡Gracias a todos por sus comentarios! Son grandiosos!

Bueno, sin más…

ENJOY!

ADVERTENCIAS :

El capítulo contiene un poco de interacción sexual entre Kurt y Blaine, si gustas puedes saltarte esa parte.

THE PAIN OF LOVE

SEASON ONE

CAPITULO 7

-¡Chicos, ya estoy en casa! – pegué un bote enorme. El corazón se me puso en la boca en cuanto oí a mi madre entrar en casa por la puerta y salté del sofá, disparado, tan exaltado y con tanta rapidez que tiré a Blaine al suelo, de boca. No me paré a mirarle y agarré lo primero que vi a mano, su enorme chaqueta, poniéndomela encima con descuido. – Chicos, ¿Están en casa? ¿Kurt, cielo?

Vi a Blaine, levantándose del suelo y mirándome con cara de incertidumbre al ver que le había robado su ropa. Le señalé, histérico, la puerta de la cocina y él frunció el ceño, tirando de su chaqueta, la que tapaba la desnudez de mi torso plagado de chupetones y por si fuera poco, el tatuaje. Le pegué una patada baja que quería dirigir hacía su vientre, pero al ver su cara pálida y como cerraba los ojos con fuerza, maldiciéndome por lo bajo y encogiéndose adolorido, me di cuenta de que por desgracia para él, le había dado un poco más abajo.

No me paré a pensarlo. Me levanté y aprovechando su escasa guardia y su "incapacidad" para replicar, lo empujé hacía la cocina y cerré la puerta de golpe.

-¡Kurt, cielo!

-Hola mamá. – intenté sonreír, sudando a chorros al verla aparecer cargada de bolsas que depositó en el suelo después de dirigirme una mirada de extrañeza. - ¿Cómo es que has llegado tan temprano?

-Oh, lo tenía todo planeado para este día cariño y me he pedido el día libre. He ido a comprar algunas cosas para la cena de hoy, será especial. – miré las bolsas sobre el suelo con una ceja alzada.

-¿Qué celebramos?

-Que Blaine está aquí y… ¡Gordon va a venir a cenar esta noche! ¿No es genial? – entorné los ojos, no muy contento por la noticia, la verdad, pero al ver la expresión de felicidad de mi madre, no pude hacer otra cosa que sonreír.

-Genial mamá. Será… increíble. ¿Necesitas que te ayude en algo? – mi madre se quedó parada frente a mí, con las bolsas de nuevo en las manos cuando entornó los ojos, observándome fijamente. Parecía extrañada y sorprendida y eso me hizo tragar saliva, nervioso. Mi madre siempre había sido tan astuta como despistada, un lince para ciertos asuntos, como saber cuando mentía y cuando decía la verdad y acordarme de ello, me hizo empezar a sudar cuando se me acercó lentamente, con cara de preocupación. - ¿Qué… que pasa? – de repente, frunció el ceño.

-Kurt… – rara vez me llamaba Kurt y no utilizaba un apodo cariñoso y eso significaba que estaba enfadada. Oh, dios… no… - ¿Qué has hecho? – el corazón volvía a latirme desbocado a causa del nerviosismo. ¿Nos había descubierto? Joder, me tomaría por loco, por depravado, por cerdo. No me volvería a dirigir la palabra en la vida. Me echaría de casa o peor, ¡Me metería en un psiquiátrico! – Cariño… bueno, supongo que es normal. Estás en la edad después de todo.

-¿Qué? – fue lo primero que dije en cuanto tuve suficiente conciencia como para reaccionar. Mi madre se mordió la lengua, azorada de repente, cortada.

-Bueno, supongo que ya eres mayorcito como para saber donde te metes, pero ten cuidado. Mantener relaciones sexuales a tu edad… es un tema delicado.

-¿¡Qué!? – mi madre sonrió, como si lo que acabara de decir fuera lo más normal del mundo. Llevó una mano de repente hasta mi hombro y noté la frialdad de su piel sobre la mía. La chaqueta era grande que se me caía y me dejaba al descubierto el hombro izquierdo, escurriéndose por él. Se me veían los chupetones y en cuanto me di cuenta, me aparté de un salto de mi madre y me coloqué bien la chaqueta. Sentí las mejillas arder y mucha vergüenza ante la risita divertida de mamá.

-Cielo, lo comprendo. A tu edad yo también actuaba así. De esa forma acabé teniendo dos preciosos hijos. Sólo te digo que tengas cuidado. ¿Estarás usando preservativos, no?

-¡Mamá! – como para decirle que no los necesitaba… de momento. De todas formas, si llegara a usarlos a día de hoy, seguramente no sería en mi pene donde acabaría puesto.

-¿Dónde está tu hermano? – preguntó, recogiendo las bolsas de nuevo.

-Pues creo que está… ¿¡A dónde vas!? – me puse frente a ella, frenándole el paso al ver que iba directa a la cocina.

-Voy a dejar las cosas, cielo. ¿Qué pasa? ¿Y ese nerviosismo?

-¿Nerviosismo? ¿Yo? ¡Que va! – estaba tan nervioso, que me entró la risa floja y empecé a sudar. Notaba las espesas gotas de sudor empapándome la cara y el cuerpo y las piernas me flojeaban y me temblaban, como un flan.

-¿Estás bien, cariño?

-¡Si, claro que si, genial! – un golpecito tras la puerta de la cocina me sobresaltó. Mi madre pareció no darse cuenta, pero yo empezaba a sentir una taquicardia compulsiva o lo que fuera que se sintiera cuando el corazón te hacía, ¡Bum, bum, bum! Y notabas como chocaba con las tripas.

-No creo que estés bien, quizás estés incubando algo. Iré a buscar alguna medicina para…

-¡No! – le grité. Ella saltó y me miró con expresión asustada. – No puedes entrar… - conseguí murmurar, con la boca seca.

-¿Por qué?

-Porque… porque… me estoy desmayando. – y me tiré al suelo dramáticamente.

-¡Kurt! – mi madre prácticamente derrapó hasta mi lado y empezó a sacudirme entre sus brazos, gritando, histérica. Entreabrí los ojos, sin moverme, y pude ver como Blaine asomaba la cabeza por la puerta de la cocina. - ¡Oh, dios, cariño! ¡Voy a llamar a una ambulancia!

-¡No, no, mamá, quédate conmigo, que tengo mucho miedo mamá! – mi madre se debatió, exasperada, sin saber que hacer mientras Blaine salía de puntillas de la cocina, abrochándose los pantalones apresuradamente, dirigiéndose hacia la entradita. - ¡No! ¡No! ¡Me duele, me duele! – Blaine me miró con una ceja alzada, sin saber que hacer. No era cuestión de que apareciera entrando en casa desnudo de cintura para arriba y descalzo. Ni siquiera mi madre se creería que había salido con esas pintas. - ¡El baño, el baño!

-¡Kurt, que dices!

-¡No lo sé, estoy muy mal! ¡Me desmayo otra vez! – Blaine salió corriendo del salón hacía el baño mientras mi madre, gritando mi nombre desesperada, empezó a arrastrarme hacía el sofá como podía. De repente, vi a Blaine otra vez asomando la cabeza por la puerta del salón.

"Te vas arrepentir por esto" leí sus labios y vi como se señalaba la entrepierna con gesto furioso para salir corriendo hacía el baño de nuevo.

Tragué saliva. Pero si no le había dado tan fuerte.

-Hijo, hijo, ¿Estás bien? ¡Responde cariño, por favor!

-Si mamá… - la miré intentando aparentar incertidumbre y poco a poco me levanté del sofá hasta estar sentado. Mi madre estaba pálida. – Ya ha pasado. Sólo ha sido… un shock. Ya estoy mucho mejor.

-¡De eso nada! ¡Por dios, que susto me has dado Kurt! ¡No puede haberse pasado tan rápido cuando incluso te has puesto a delirar! ¡Mañana irás al médico!

-¿Qué? No hace falta mamá.

-Oh, sí que hace falta. Tú estás incubando algo grande y no me quedaré tranquila hasta que no te vea un médico.

-Pero…

-¡No me repliques, vas a ir al médico y se acabó! – puse los ojos en blanco. Más me valía no llevarle la contraria.

-Vale mamá.

-Y ahora no sé si debería posponer la cena de esta noche… - la oí murmurar de camino a la cocina, a regaña dientes. A veces, mi madre era una histérica.

Me levanté del sofá enseguida, de un salto cuando la perdí de vista tras la puerta y caminé con precaución hacía el baño, sintiéndome intimidado por el intenso silencio que se había formado. Me detuve unos segundos frente a la puerta, agarrando el pomo y la abrí de golpe. No sabía exactamente que esperaba encontrarme allí, pero me decepcionó bastante al no ver absolutamente nada fuera de lo normal.

De hecho, Blaine no estaba.

Cerré la puerta y salí del baño. Me pregunté si quizás Blaine había subido arriba, a su cuarto tal vez. Empecé a subir las escaleras y lo primero que hice fue entrar en su habitación furtivamente, examinándolo todo, sin verlo allí. Fui hacía la mía…

-¡Te agarré! – grité al abrirla de golpe, pero seguía sin verle allí.

Ladeé la cabeza.

Sentí sus manos agarrarme los hombros y de un empujón, me empotró contra la puerta, cerrándola de golpe. Me hice daño en la espalda y por un momento, me encogí y cerré los ojos hasta que vi sus manos situarse a ambos lados de mi cabeza, acorralándome.

-Me has… reventado… los huevos. – me mordí el labio. Parecía muy enfadado.

-No te movías, nos iban a ver.

-¡Porque me has robado la ropa! ¡Eso es mío! – gritó, tirando de su chaqueta, la cual seguía escurriéndose por mis hombros.

-¡Estaba desnudo, me iba a ver todas las mierdas que me has hecho en el cuerpo!

-¡Ese no es mi problema!

-¡Si nos atrapan será tu problema y el mío! – ahí se quedó callado unos segundos.

-¡Bah, me da igual!

-¿Qué te da igual? ¡Tú estás tonto! ¡Definitivamente, tengo un hermano idiota!

-¡Y yo uno obseso por mi ropa!

-¿Qué? ¡Yo no estoy obseso por tu ropa!

-¿No? – Blaine anduvo con gesto cabreado hasta mi cama, deshaciéndola y metió la mano bajo la almohada, sacando de un tirón otra chaqueta, la que me había dejado la noche en la que por primera vez, lo habíamos hecho. Me la mostró, alzando una ceja. Me puse rojo hasta la raíz del pelo. – Entonces, esto lo ha traído el ratoncito Pérez ¿No?

-Eso… no es mío.

-¡Obviamente no, porque es mío!

-¡Eh, eh, que tú me la diste para que no pasara frío!

-¡Te la dejé! Y todavía no me la has devuelto, ¿Puedo preguntar por qué la tienes escondida debajo de tu almohada?

-Pu-pu-pues… - me daba vergüenza soltarle que me abrazaba a ella de vez en cuando para sentirle más cerca, para captar su olor.

-No me digas que la usas para hacer guarrerías, ¿Verdad?

-¿Qué?

-Admítelo. Nadie guardaría algo así de una persona que solo conoce de un par de polvos si no es para recordar como lo hizo. ¿A qué sí? – me quedé descolocado, observando como zarandeaba la chaqueta frente a mí sonriendo con total maldad. ¡Me estaba provocando! - ¿Qué haces con la chaqueta? ¿Te haces pajas sobre ella mientras piensas en mí? – sentí como me temblaba el brazo y la temperatura de mi cuerpo subía y subía, pero no por excitación, esta vez no. - ¡Pero que guarro eres, Muñeco! – cerré el puño. La barbilla empezó a temblarme de tan apretados que tenía los dientes.

-Cállate.

-Quizás te la restriegas.

-Basta ya, Blaine y cierra la boca. – no parecía dispuesto a callar y los ojos empezaron a escocerme. Sentía las cuencas arder.

-O quizás la muerdas mientras te metes los dedos por detrás, imaginándote que soy yo. - mi cuerpo entero empezó a deshacerse en espasmos.

-Déjalo ya. - Bajé la cabeza y vi como Blaine se me acercaba con la chulería pintada en la cara.

-No me digas que te vas a poner a llorar por… - no le di tiempo a acabar. Levanté el brazo y le pegué un puñetazo en la mejilla con tanta rabia acumulada que lo hizo retroceder varios pasos y encogerse un poco.

Me agarré el puño con la otra mano enseguida. Joder, me había reventado los nudillos con ese golpe. Me dolía hasta a mí, a él… le abría destrozado la mandíbula.

-Blaine… - mi hermano no se movió, llevándose las manos a la boca con la cabeza agachada y el cuerpo encorvado hacía adelante. – Lo siento, ¿Te duele mucho? – me situé a su lado y apoyé mis manos sobre sus hombros, sin saber que hacer, sin saber cual sería su reacción en cuanto despertara del aturdimiento del golpe, sin saber si me gritaría o me devolvería el puñetazo y la patada con el doble de fuerza, sólo sabía que no podía irme y dejarlo ahí tirado cuando le había pegado yo mismo con mi propio puño en un arranque de ira.

Murmuró algo que no alcancé a escuchar.

-¿Blaine? – y entonces alzó la cabeza y oí el crujido de su mandíbula, encajándosela de nuevo con sus propias manos. Cerró los ojos, acariciándose la mejilla con expresión molesta e irritada y me miró. Me agarró del cuello de la chaqueta y tiró de mi hacía arriba, obligándome incluso a situarme de rodillas sobre el suelo.

-Hoy ya van dos veces. ¿Qué pasa? ¿Quieres morir? Dilo de una vez y te ayudaré a cumplir tu deseo. – entorné los ojos. Estaba muy enfadado y por un momento, tuve miedo recordando el aspecto demacrado de Sparky tras la pelea contra mi hermano. ¿Me haría a mí lo mismo? Blaine ya había demostrado varias veces sus escasos escrúpulos, por no decir nulos. Me había follado sabiendo que éramos hermanos la primera noche y seguía haciéndolo, sin aparente remordimiento… aunque yo me dejara… porque me gustaba.

No lo entendía. No entendía como podía disfrutar tanto magreándome con mi propio hermano, dejando que me la metiera por detrás, dejando que me reventara por dentro y se corriera en mí. Era una locura, pero me encantaba.

Y sólo era así conmigo. Sólo era bueno conmigo.

Sonreí al recordar sus palabras.

-¿De que coño te ríes? – no me detuve a analizar su expresión. Poco importaba como de enfadado estaba, pues conmigo, no le funcionaba y era algo que también me había demostrado aunque fuera inconscientemente, aunque no tuviera escrúpulos.

Sólo era bueno conmigo.

-¿Qué mierda estás pensan…? – mi lengua recorrió de arriba abajo sus labios, dejándolo totalmente paralizado cuando pegué mi boca a su mejilla herida y la abrí. Le mordí suavemente. – Umh… - mierda, le deseaba otra vez. Quería terminar lo que habíamos empezado abajo, quería que volviera a tocarme, que volviera a agarrarme y me lo hiciera de todas las formas posibles.

Separé mi boca de su mejilla, empapada de mi saliva y le miré en silencio a los ojos. Blaine entreabrió los labios, la respiración acelerada, jadeando como si hubiera estado corriendo durante dos horas sin detenerse un segundo. El brazo con el que me sujetaba le tembló unos instantes antes de soltarme.

-Puto Muñeco. – y se abalanzó sobre mí. Los dos nos tomamos con ganas y sin pararnos a pensar que no estábamos solos en casa, encajamos nuestros labios a la perfección, moviéndolos sobre los contrarios como dos desesperados. Empujé a mi hermano contra la puerta del armario provocando un espantoso ruido al estamparlo contra la madera sin dejar de comernos la boca, sin dejar que su lengua se alejara de la mía. Por un momento, por pura ansia me descubrí siendo yo quien se lo comía a él, quien le agarraba con fuerza y le tocaba como un ansioso todo el cuerpo. Como si fuera mío.

Blaine me mordió los labios de repente y nuestras lenguas se separaron. Nos miramos unos segundos entre jadeos. Se lamió los restos de saliva que habían quedado sobre sus labios húmedos y rojos. Se toqueteó el piercing y no fui capaz de desviar mi mirada descarada de los sensuales movimientos de su lengua.

Lo que podría hacerme con esa lengua…

-Eres un ansioso… además de un obseso por mi ropa. – me reí como un idiota al escucharle. Sus brazos desnudos me rodearon y me apretaron contra él con firmeza sin intención de dejarme escapar. Su pecho estaba caliente, era duro y tenía la piel suave, sin rastro de vello. Por unos momentos cerré los ojos y dejé apoyada mi cabeza ahí. Blaine hinchó el pecho, cogiendo aire.

-Pues tú eres un posesivo y un depravado que le gusta tirarse a su hermano. No sé que es peor.

-Muñeco…

-Dime de una vez porque me llamas Muñeco.

-Esta noche.

-Viene Gordon a cenar y seguro, seguro que se queda.

-¿Quién es Gordon? – me acariciaba el pelo con una mano, la otra la mantenía pegada a mi cintura bajo la sudadera y yo no tenía intención de deshacer el abrazo que nos unía. Era tan agradable.

-Gordon es mi futuro padrastro… nuestro futuro padrastro. – Estaba claro que ninguno de los dos tenía claro cual era el sitio de Blaine en la familia. Él no sabía si llamar a mi madre mamá o Elizabeth, además… se suponía que éramos hermanos y esto, no lo hacían precisamente los hermanos. Era cosa de enfermos. – Blaine… ¿Me consideras tu hermano?

-¿Hum?

-¿Soy un hermano para ti o… o que soy? – noté como su pecho se hinchaba al tomar aire.

-Me has cachado, vale, lo admito. No te considero mi hermano. – separé la cabeza de su caliente pecho y le miré, esperando una respuesta más explícita. – No eres mi hermano, eres mi Muñeco. – sonrió, como si lo que acabara de decir fuera un chiste divertido. Yo seguía sin verle sentido.

-¿Hay mucha diferencia entre hermano y Muñeco? – me besó los labios levemente y rozándolos con los míos, respondió.

-Mucha. Si fueras mi hermano no podría hacerte esto, ¿No? – entorné los ojos, con su aliento en mi boca, tomando él el mío y yo el suyo.

-Supongo… que no. ¿Por eso me llamas Muñeco?

-Me sería difícil seguir acostándome contigo si tuviera en la cabeza que eres mi hermano y la idea, acabaría dándome asco. Pensar que no tienes relación de sangre conmigo es mucho más fácil, pensar que eres como cualquier otra persona…

-Cualquier otra persona con la que te puedes restregar a gusto, a tu antojo, utilizándola. Como un Muñeco. – la idea de que me comparara con cualquier otra persona me cabreaba y mucho. – Si no te gusta la idea de tirarte a tu hermano, no lo hagas.

-¿Qué pasa? ¿Me vas a decir que tú piensas en mí como hermano mientras lo hacemos y nos tocamos así?

-No, pero… - me mordí el labio. No pensaba en él como mi hermano mientras me penetraba, pero sabía que lo era me gustara o no. Era algo muy contradictorio. No me gustaba que mi hermano me tocara, me gustaba que lo hiciera Blaine, pero… es que precisamente era mi hermano.

Eso me daba que pensar.

-Oh, Muñeco. – Blaine me cogió de las muñecas y me separó de él, haciéndome retroceder lejos del armario y provocando que chocara contra el escritorio. Posó mis manos sobre su cara, sin dejar de mirarme fijamente, hipnotizándome. - ¿Quién pensabas que te tocaba en el coche la primera vez?

-Un… un desconocido. No sabía quien eras.

-¿Y por qué dejaste que te lo hiciera?

-Porque… me gustabas.

-¿Y ahora, quien piensas que te toca y te tiene acorralado entre el escritorio y su cuerpo? – encogí el cuello. Blaine acercaba cada vez más su boca a la mía y su entrepierna chocaba contra mi ingle suavemente. Sonreí, pasando la lengua por mis labios. Blaine me miraba embobado de una manera casi atontada y eso me hacía sentir idiota.

Venga, ¿Qué esperas? Házmelo de una vez.

-La persona que quiero que me reviente de una puta vez… se llama Blaine. – sonrió, divertido y ansioso.

-¿Y quien es Blaine para ti? ¿Tu hermano?

-¡Que jodan a mi hermano, yo te quiero a ti! – y otra vez, como dos locos, apreté su cara entre mis manos y junté nuestras bocas, con todas las ganas de comérmelo. Me arrancó la chaqueta a tirones, entre dientes maldiciendo la ropa por obligarnos a separar nuestros labios y en cuanto me la sacó, me agarró del trasero y me subió al escritorio, tirando todo lo que había en él, los libros, los discos, los cuadernos, el teclado del ordenador y casi tiramos la pantalla de un manotazo. Me daba igual mientras no parara de comerme la boca y nuestras lenguas siguieran peleándose por el terreno contrario.

Le rodeé el cuello con los brazos y le agarré de los rizos con fuerza, casi dándole tirones cada vez que me mordía o me apretaba el trasero con sus manos, pegándome a él y restregándose todo lo que podía contra mí.

Le arañé la espalda descendiendo hasta sus pantalones, empezando a bajárselos, totalmente enloquecido, tocando la suave piel de su duro trasero, apretándola entre mis manos.

-¿Kurt? – nos costó horrores separarnos en cuanto oímos como tocaban a la puerta. Dejamos de besarnos, con la respiración entre cortada, pero sin separarnos ni apartar nuestras manos del otro. - ¿Kurt, estás ahí? – no me quedó más remedio. Enseguida, solté a Blaine y lo empujé lentamente hacía un lado. Me bajé de un salto del escritorio y me pasé la mano por los labios, intentando borrar todo rastro de saliva. Blaine hizo lo mismo y se colocó bien los pantalones antes de dejarse caer sobre la cama, intentando aparentar tranquilidad.

-¿Sí?

-¿Kurt, puedo entrar? – miré a Blaine, recuperando la respiración a bocanadas. Asintió con la cabeza.

-Si.

-¡Ey, Kurt! – Gordon, mi futuro padrastro, entró por la puerta con los brazos extendidos y una gran sonrisa en la cara.

-¡Gordon! – le di un abrazo y sentí los huesos crujir cuando me espachurró contra su cuerpo de oso.

-¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Dónde te metes? ¿Muy ocupado con los estudios? Tu madre me ha dicho que vas muy bien en la universidad.

-Si, uno hace lo que puede. – desvió la mirada entonces a Blaine, con una sonrisa reluciente.

-Tú debes de ser Blaine.

-Hola. – a él si que se le notó la sonrisa falsa en la cara cuando se levantó. Estrecharon las manos en forma de saludo.

-Vaya, no te esperaba así. Siempre te había imaginado un estilo a Kurt.

-Si, supongo que no todos los hermanos se parecen tanto como se dice. – se separaron casi a la nada. De repente podía casi tocar la tensión con mis propias manos.

-Así que vas a quedarte a cenar, ¿No, Gordon?

-Si, creo que será mejor que vaya a ayudar a tu madre a preparar la mesa sino quiero que me acuse de vago. Nos vemos dentro de… cinco minutos. – asentí con la cabeza, viendo como se iba de la misma manera que venía y cerró la puerta dejándonos de nuevo en intimidad. Suspiré, más tranquilo y aliviado. Oí de nuevo un crujido desagradable, Blaine se toqueteaba el cuello con gesto tosco.

Por su expresión, no parecía haberle caído muy bien mi padrastro.

-Parece que hoy no es tu día de suerte. – le dije y su boca se torció en una risita.

-¿No? – me acarició con una mano la mejilla y los labios e hizo intento de besarme, pero se separó en el último momento. – Yo diría que sí. – y salió de la habitación.

Me pasé la lengua por los labios, sintiendo su sabor y le pegué una patada a la puerta cerrada, sin poder contener mi júbilo.

¡Mierda, Blaine me volvía loco!