Sé que no tengo perdón de Dios. Pero, de verdad, deben disculparme. Ha sido un poco extenuante todo este tiempo que he estado ausente, luchando por sacar buenas notas sin estudiar y esas cosas que hago yo normalmente xDDD ¿Alguna vez habéis escuchado "En Abril, exámenes mil"? Salió el otro día en twitter y tiene mucha razón xD
Bueno, ahora pondré el jodido Disclaimer: twilight no es mío, es de Stephenie Meyer. Yo sólo juego con sus personajes, creando una historia casi original de ciencia-ficción. Probablemente se me olvide escribirlo de nuevo xD
A ver, de este capítulo quiero mencionar que, efectivamente, es el preludio del algo bueno. ¿Imagináis lo que va a pasar? A veces me gusta escuchar vuestras teorías xDDD Sin más dilación: el tan esperado capi:
Preludio
Junior miró a su prima, estática en medio del salón, con la mirada perdida en las placas de madera del suelo. Escuchó atentamente su respiración entrecortada, su rostro arrugado en una expresión entre pensativa y preocupada. Caminó tranquilamente hacia ella sintiendo cómo todo a su alrededor se desvanecía, cómo para ellos no era importante la velocidad de los movimientos de los Cullen mientras levantaban uno a uno a los actuales gobernantes del mundo vampírico, desmayados en el suelo con los ojos cerrados, lágrimas carmesí salían de sus ojos.
Emmet Junior llegó a su querida prima, pasó un brazo por encima de sus hombros y la miró atentamente, observando que no parecía inmutarse de su presencia. Ignorante ante los pensamientos que cruzaban por la mente de su prima, se limitó a pasar lentamente una mano por su espalda, esperando a que ella saliese de su ensimismamiento.
— ¿Isa?- preguntó, dudoso. Ella alzó la cabeza como si fuera una autómata.
— Dime- respondió, pero era obvio que no estaba allí mismo.
El otro iba a responder, pero fue acallado por las voces a sus espaldas, indicando que los siete se habían despertando. Ambos semivampiros se giraron para observar a las figuras que se sentaban y sacudían la cabeza. Miraron sus rostros cubiertos de las lágrimas rojas, pálidos más que de costumbre y los ojos, que habían recuperado el color dorado, abiertos desmesuradamente.
— ¿Estáis bien?- preguntó Carlisle. Algunos alzaron la mirada, pero Mary y Benjamin parecieron no haber escuchado. Repentinamente, se taparon los oídos y comenzaron a mirar a todos lados desesperadamente, asustados.
— ¿Qué ocurre?- susurró Claire nerviosa, pasando de un rostro a otro, encontrándose únicamente con preocupación. Edward la abrazó cariñosamente frotando sus manos contra sus brazos para darle algo del calor que no tenía.
— Observad sus ojos- dijo Alice señalando a los que sí les habían escuchado, pero que sus ojos no los enfocaban correctamente. Anabelle y Frank murmuraban algo, pero nadie pudo escucharlo. Se balanceaban hacia delante y hacia atrás, girando su cabeza, como intentando escuchar algo más, pero fruncían el ceño y entrecerraban los ojos.
— ¿Estás bien?- dijo Esme corriendo hacia Matthew observando que intentaba decir algo, pero se agarraban la garganta con mucha fuerza, arañándose y con los ojos desorbitados. Entonces se fijaron que Chun-Li a su lado estaba en las mismas, pero agarraba trozos de su ropa, desgarrándola y parpadeando rápidamente, como queriendo derramar lágrimas que no iban a salir. Esme puso una mano en la del vampiro, deteniéndolo en hacerse daño y, maternalmente, puso la otra mano en la cabeza de la vampiresa, acariciando suavemente los cabellos negros como el carbón. Ellos se calmaron y comenzaron a recuperar el aliento, ya que estaban jadeando.
— Marty- dijo Emmet mientras iba hacia el vampiro que quedaba, pero este no respondió. Sólo sus ojos se movían de un lado a otro, pero sus brazos siguieron en su sitio, sus labios cerrados y no parecía siquiera respirar.
— Parálisis- dijo Rosalie constatando el hecho en medio de una habitación en donde nadie más hablaba. Sólo se escuchaban las respiraciones agitadas de los vampiros.
— ¿Habrá sido Bella?- dijo Junior desde su posición junto a Isabel.
— ¿Por qué quería hacerles daño a sus amigos?- dijo Jasper extrañado. Entonces reparó en su hija y se preguntó qué le pasaba. Observó sus ojos, midió sus emociones, percatándose de que saltaba casi imperceptiblemente cuando alguien mencionaba el nombre de su tía.
— Quién sabe- murmuró su esposa.
— ¿Se habrá vuelto loca?- dijo Rosalie. Inmediatamente todos se congelaron en el sitio.
— A estas alturas... -dijo Carlisle después de unos momentos- No me sorprendería.
— Yo tampoco- dijo Esme con un suspiro.
— Eso está claro- dijo Edward con el ceño fruncido, un brazo rodeando protectoramente a Claire- De otro modo, ¿Por qué asesinaría a esos humanos? ¿Por qué querría a Claire como Reina?
— Tal vez tenga un plan bajo la manga- dijo Jasper poniendo en marcha su mente militar-. Quizá todo esto lo planea sólo para matar a Claire.
— Es verdad- dijo Emmet-. Puede que venga en la presentación de la nueva Reina y la asesine.- la humana tembló.
— Pero sería una locura-dijo Alice intentando defender a su amiga. O al menos lo que quedaba de ella. Ni ella misma guardaba ya esperanzas de que ella estuviese todavía allí-. Sería el peor momento para atacar ya que allí estarán multitud de vampiros, además de nosotros y los amigos de Bella.
— Tú misma lo has dicho: es una locura.- dijo Edward- Una persona cuerda no lo intentaría.
Isabel los escuchaba en silencio. ¡Estaban mal! Ella no podía estar loca. No... Su tía no estaba loca... No podía estarlo. Todos estaban mal. Ella todavía los amaba, todavía se preocupaba por ellos. Cerró los ojos recordando las caricias que a veces le daba en el rostro con la punta de sus dedos, recordó la sensación que dejaban detrás, como si siempre tuviese un escudo a su alrededor que la protegería. Ahora, ese escudo se había apagado, mas no desaparecido, y eso era lo que la mantenía creyendo. Tenía fe en Bella. Y quizá, y era lo que más tristeza le daba, era que era la única que quedaba, pensó observando a los Cullen charlar sobre su supuesta locura, sus asesinatos y lo horroroso de sus actos.
Iba a abrir la boca para decir por enésima vez su tesis, pero el sonido que provino de la garganta de Frank distrajo a los Cullen.
— ¿Dónde... dónde estamos?- dijo, su voz sonaba como la suya, pero con un timbre de varias. Entonces se dieron cuenta de que hablaba en plural. Hablaba de los siete como un mismo ser.
— En casa- dijo Esme maternalmente, pero cuando tocó su brazo con delicadeza no hubo reacción alguna. Más bien pareció que se apartaba como si no le gustase el contacto.
— ¿Qué nos ha pasado?- dijo esta vez Chun-Li con la voz rasposa.
— Habéis sido poseídos por Bella- el nombre salió extraño en los labios de Jasper- durante un rato. Utilizó vuestros cuerpos para comunicarse.
— ¿Bella...?- levantó el rostro Mary mirándolos. Su voz sonaba débil y al entrecerrar los ojos dio a entender que estaba procesando la información lentamente.
— Sí- dijo Alice.
— ¿Qué os ha pasado? De repente unos estaban ciegos, otros sordos, mudos y Marty estaba paralizado- dijo Emmet incorporando al último, quien lentamente estaba moviendo las manos y los pies, recobrando sensibilidad.
— No... No lo sabemos- dijo Benjamin poniendo su cabeza entre sus manos.
— En un momento estábamos aquí...- dijo Anabelle acomodándose en el suelo con una mano enterrada entre sus cabellos.
— Pero al siguiente estábamos lejos...- murmuró Matthew sobándose las marcas que se había hecho.
— Fue horrible...- susurró Mary- Yo escuchaba voces, gritos por todos lados. No podía deshacerme de ellos... Me hablaban, me susurraban, me gritaban; me advertían, aconsejaban e intimidaban...
— Voces que no tenían comienzo ni final... Voces vivas y voces muertas...- completó Benjamin reconociendo la breve descripción de su compañera de equipo.
— Escuchábamos todo.- dijeron al unísono, pero Mary continuó-: Demasiadas cosas a la vez, tan fuertes, que nos dejaron sordos.
Los otros vampiros escuchaban atentamente, pero Anabelle inspiró hondo, preparándose para hablar.
— Nosotros...- dijo tranquilamente mirando a su alrededor- Nosotros, por otro lado, lo veíamos todo. Luces que impedían apartar la vista, una oscuridad tan profunda que no tenía fin; paisajes lejanos, lugares inexistentes y fantásticos, fuera de este planeta. Ciudades que ya habían desaparecido hacía mucho tiempo, lugares que quedan por existir.
— Miles de lugares tan distintos entre sí, miles de vidas que pasaron por nuestros ojos. Años y años, siglos tras siglos, todo a la vez, sin que pudiésemos controlar su ritmo. Era doloroso.- completó Frank.
— Tanta hermosura y tanto horror, que no quedamos ciegos.
— Nosotros no vimos ni oímos cosas...- dijo Chun-Li temblando casi imperceptiblemente.
— Sólo veíamos oscuridad, no escuchábamos nada más que nuestros propios gritos.- dijo Matthew.- Dolía demasiado. Era como si nos golpeasen por todos lados, como si miles de rayos nos atravesaran parte a parte. Algo arrancaba nuestra piel tira a tira, algo que también desgarraba los músculos y rompía los huesos lentamente, incansablemente.
— También era como si una fuerza invisible hiciera que nuestro cuerpo pesara toneladas en vez de kilos. No podíamos dar un sólo paso o mover los brazos para que se detuviesen. Dolor por todas partes... Y sólo podíamos gritar que parasen, sin éxito.
— No recuerdo en qué momento perdimos la voz.- finalizó el rubio pasando de nuevo las manos por el cuello adolorido.
— Yo...- dijo Marty apoyando contra Emmet, quien lo sostenía mientras escuchaba atentamente.- No sentía nada.
— ¿Absolutamente nada?- preguntó Carlisle asombrado.
— Mi cuerpo totalmente entumecido, no había calor por ningún lado, no podía moverme. Sólo había oscuridad a mi alrededor, sólo silencio y el frío. No podía hablar, no había muestras de que estuviese vivo o de que hubiese vida cerca. Era como si estuviese atrapado en un cuerpo muerto.
— Pero podías mover los ojos cuando despertaron -dijo Rosalie.
— Ya lo sé- susurró.- Pero no sé cómo describirlo... Además de aquello, yo mismo sentía que no serviría de nada. No quería hablar porque mi voz no sería escuchada o no quería ver lo estuviese a mi alrededor porque no vería nada agradable... esos pensamientos pasaban una y otra vez por mi mente. Nada de lo que hiciese serviría para algo porque...
— ¿"Porque"?- incitó Emmet a que continuase.
— Porque... moriré de todos modos. Y porque no cambiaría nada.- parpadeó varias veces, asombrado de escucharse a sí mismo. Ladeó la cabeza aturdido, antes de sacudirla.
La sala cayó en un profundo silencio, cada uno pensando en todas esas explicaciones. ¿Por qué les habían ocurrido todas esas cosas? Cada una era más horrible que la anterior, marcando la desesperación pura o el dolor que describían de sus experiencias. Los siete amigos se preguntaban si todo aquello en realidad sería trozos de recuerdos de Bella, o lo que ella misma experimentara en esos momentos, ya que antes de sumergirse cada uno en esas experiencias, sintieron el tirón de adentrarse en la mente de otro vampiro, como cuando entraban en aquellas puertas.
Bella... ¿Qué estaba ocurriendo con ella?
— Todo esto significa una cosa...- dijo Jasper sacándolos de sus ensimismamientos.
— ¿Qué es?- preguntó Alice.
— Bella puede vigilarnos, sabe lo que vamos a hacer y puede adentrarse en vuestras mentes a distancia. Es peligroso.
— Y estamos desprotegidos- se dio cuenta Benjamin.
— Hay que hacer un escudo- dijo Chun-Li poniéndose de pie.
Inmediatamente los siete salieron corriendo hacia la puerta de la mansión, ahora ya completamente recuperados de lo que había pasado momentos atrás. Asintieron cuando se formó un plan en sus cabezas antes de dividirse y colocarse equidistantes alrededor de la mansión blanca, cerrando los ojos para concentrarse. Sintieron la fuerza de la energía del ambiente, permitiendo que pasara a través de ellos, renovándolos a la vez que la dirigían hacia una "pared" en sus mentes, que ahora se iba haciendo real mientras pasaban los segundos. Pronto, hubo un escudo similar al que antes habría hecho Bella. Impenetrable, incapacitando ver el futuro de los estuviesen dentro, utilizar poderes mentales contra ellos, o acercarse de manera física. Una fortaleza segura.
Ahora volaban a toda velocidad hacia el lugar que lograron recordar del torrente de información. Era el próximo objetivo de Bella, el lugar de donde ahora podían oler una gran cantidad de sangre provenir, acompañado de un olor vacío, como el del agua, que eran incapaces de identificar o relacionar con alguien o algo. Se miraron a los ojos antes de descender al suelo y observar la situación.
Allí, en medio de unos sesenta cadáveres vacíos y con los ojos todavía abiertos, estaba la que una vez llamaron amiga y mentora. Sus manos ya no eran delicadas y níveas, perfectas y estilizadas; sino que en su lugar ahora estaban unas garras de horribles uñas ensangrentadas. Su hermoso cabello caoba era mecido libremente por la brisa, chocando con las enormes alas membranosas que llegaban hasta el suelo y sobrepasaban su cabeza en altura, de manera que fácilmente parecía capaces de cubrirla en su totalidad a pesar de que ahora había aumentado en tamaño, llegando más o menos a los dos metros de altura, quizás algo más, posiblemente obligando a cualquiera que esté cerca a mirar hacia arriba. Sus pies desnudos también poseían esas uñas más cercanas a unas garras, aunque no llegaban a rayar el suelo que pisaba. Su cuerpo estaba cubierto por los mismos jirones de las ropas que usó el día en que sus caminos se separaron. Detrás se balanceaba la misma cola de la última vez, con movimiento calculados y medidos a la perfección.
— Bella...- susurró Mary dando un paso hacia delante, pero fue respondida por un gruñido bajo de advertencia. La criatura que tenían delante apenas los miró brevemente por encima del hombro antes de regresar a su tarea de antes: escribir en el muro de cristal que tenía delante. Ellos no podían ver lo que escribía, ya que estaban mirando a la bestia desde una perspectiva lateral, impidiendo ver la superficie donde ella escribía con la sangre de sus víctimas.
— ¿Por qué…?- dijo Chun-Li fijándose en la mirada perdida con la que la otra escribía con sus garras ensangrentadas. Parecía que por sus ojos pasaban multitud de cosas, su mente en otra cosa muy diferente a esta. Pero no pareció reconocerlos. La vampira tembló de miedo.
— ¿Por qué?-repitió ella con esa voz que era la suya, pero a la vez no lo era. Pareció sonreír, pero no estaban seguros ya que se esfumó al instante. Su brazo siguió moviéndose.- Yo a veces digo lo mismo.
— No tienes por qué asesinar personas, Bella- dijo Matthew intentando acercarse, pero una mirada de reojo lo detuvo. Aquellos irises carmesí no conocían nada de la amabilidad que antes los suavizaban. No podía ver amor o cariño en ellos, sólo el brillo era capaz de echarle para atrás, pero ahora sus ojos eran símbolo de todo lo contrario. Tembló ligeramente.
— Vuelve con nosotros- le dijo Frank sin moverse de su sitio-. Podemos encontrar una solución a esto. No hay necesidad de que la situación siga así.
— Es verdad- concordó Marty asintiendo rápidamente-. Podemos conseguir que no te ejecuten o te metan en prisión...
— Mentira- lo cortó ella-. No hay posibilidades conmigo. Soy un caso perdido. Un punto muerto- siguió escribiendo.
— ¡No es cierto!- dijo Mary- Todavía eres Bella, la Bella que conocíamos, ¿verdad?- preguntó más que dijo, quitando toda la seguridad que había en su voz.
— Miradme- susurró la bestia deteniendo su tarea antes de girarse hacia ellos con una ligera sonrisa en los labios que helaría la sangre a cualquiera.- De Bella ya no queda nada. No podréis evitarlo. Nadie puede...- soltó una risilla nerviosa antes de regresar a la pared de cristal.
— ¿Por qué Claire?- soltó Anabelle abruptamente. La criatura pareció sobresaltarse momentáneamente, pero continuó escribiendo. Suspiró.
— ¿Os ha gustado mi mensaje?- sonrió macabramente- ¿Cómo ha calado por allí? Me costó un poco mantener el control...- los miró de nuevo por el rabillo del ojo, dando a entender que con "mantener el control" no se refería exactamente a mantener la conexión de las mentes. Algunos se estremecieron. Ella rió suavemente.- ¿Cómo le va a Edward? ¿A la que llamé mi amiga? ¿A los que decían ser mi familia?- ella se detuvo y dio un paso atrás, admirando su trabajo.- ¿Os ha comido la lengua el gato?- se burló cuando no le respondieron.
— No me has respondido- frunció el ceño la rubia- ¿Por qué tiene que ser Claire, Bella? Y sé que estás ahí, en alguna parte. No nos mientas.
— No estoy mintiendo- sonrió mostrando sin quererlo los crecidos colmillos-. Claire es especial. ¿Una humana con vampiros? Debe tener mucho valor...- murmuró repitiendo lo que se decía de ella tiempo atrás, pero esta vez tenía un deje oscuro, lejos de ser una apreciación positiva.- Imagínatelo. Se ganaría la confianza de los humanos también, unificando ambos pueblos; vivirían en armonía. ¿No es eso lo que perseguíamos durante tanto tiempo?- preguntó dando unos pasos hacia atrás- Y no está sola- torció el gesto ante la palabra-, tiene a los Cullen y a Edward, quienes no la dejarán caer y la mantendrán por el buen camino. Tiene unos amigos que la protegerán cuando quieran atacarla- los miró de reojo diciéndoles algo con los ojos que no supieron descifrar.- Lo tiene todo.
— Sabes que lo que dices no lo piensas de verdad- dijo Matthew recordando que esas palabras las dijeron ellos mismos cuando Bella fue elegida.
— Nosotros no la queremos a ella, te queremos a ti- dijo Mary, paralizada. Era como si hablase de ella misma.
La criatura sonrió, extendiendo los brazos al máximo y enfrentándolos cara a cara. Abrió sus alas también, impidiendo que los pocos rayos de la luna casi desaparecida en el cielo nocturno iluminaran su rostro al estar de espaldas, a su vez que tapando los cuerpos a sus pies. Su cabello ondeaba libremente al viento y una repentina ráfaga fuerte golpeó su rostro inmutable. Los miró uno a uno con la expresión controlada, midiéndoles y evaluándolos, pero con una suave sonrisa para nada amable en el rostro. No supieron lo que pensaba ni lo que iba a hacer. La incertidumbre los mató en los segundos que la bestia que había frente a sus ojos los observaba.
— Miradme- repitió algo más alto que antes, ampliando la sonrisa, pero esta vez su voz sonaba hasta triste. Vieron sus ojos recorrer sus rostros de nuevo, temblando y brillando más aún que antes. La forma en que su rostro mostraba una sonrisa a pesar de que claramente estuviese triste (los músculos tensos, las cejas alzadas) les recordó de algún modo a la estatua que había en su puerta la primera vez que entraron- Ya es muy tarde. Se acabó, para mí y para todos -su voz no tembló, pero de algún modo les parecía que iba a hacerlo. La bestia elevó su rostro hacia el cielo nocturno y rugió, logrando un sonido lleno de emociones y sentimientos para nada animales. Un torbellino tormentoso se asimilaba a lo que ella dejó salir de su boca llena de letales dientes y colmillos, tantas cosas a la vez, que no pudieron identificar todo lo que escucharon. Hubo una ráfaga muy fuerte de viento que les obligó a cerrar los ojos, protegiéndose con los brazos.
Y cuando volvieron a mirar, ella ya no estaba.
Algunos tragaron fuerte, pensando en lo que había dicho, pero Mary decidió hacer caso a su curiosidad y dio un paso al frente, buscando. Antes de que nadie pudiese detenerla, estuvo fuera del alcance de los brazos de sus compañeros, la mirada fija en la pared de cristal, o al menos lo que podía ver. Cuando llegó al lugar donde la bestia estuvo por última vez, evitó observar lo que había escrito y prefirió ver la luna casi oscura por completo, probablemente lo último que la antes llamada Bella observó antes de echar a volar. Dejó que la brisa fría e inclemente, para los humanos, de la noche la golpeara con saña antes de girarse por completo. Miró a sus amigos con los rostros sorprendidos y los ojos bien abiertos antes de ver las enormes letras escritas con sangre por toda la pared de cristal que reflejaba el lugar debido a la oscuridad, haciendo la escena de la matanza doblemente horrible.
—Memento Mori... -susurró en voz baja leyendo las palabras.
O también, "Recuerda que morirás".
La tarde estaba tranquila en la mansión Cullen. Alice revoloteaba de un lado a otro sin parar, preparando todo para la llegada de los amigos que Claire había invitado a la casa ya que no salía de allí porque era peligroso desde que, de algún modo que desconocían, se había filtrado la información de la "visita" de Bella y de que Claire iba a ser la nueva "Reina". Aún a ese momento había revuelo por todas partes, manifestaciones que defendían a la humana diciendo que "si un vampiro puede reinar sobre humanos, ¿por qué no una humana entre vampiros?"; por otro lado, los Siete, que todavía estaban en proceso de cambio de poderes, se dedicaban a acallar las revueltas y rebeliones de los vampiros que no aceptaban a la nueva Reina y que preferían a los vampiros sobre todas las cosas. Odiaban a los humanos, los despreciaban, pero al menos se habían mantenido bajo control las últimas décadas del mandato de Bella. Ahora todo se había salido del control.
Todo el mundo odiaba a Bella. Isabel lo solía pensar con tristeza al ver las noticas que llegaban a la casa, ya sea desde directamente los labios de los que salían al exterior (porque no le dejaban salir sola a ella) o por la televisión. Ahora no sólo las noticias hablaban de ella, sino que todos los programas hablaban de supuestos testigos de sus asesinatos o de cotilleos en las vidas de las familias de las víctimas de sus asesinatos. Era como una ola de mucha fuerza que había azotado todo el mundo, centrando la atención únicamente en lo había pasado en apenas una semana. Y el odio. Nadie hablaba en defensa de Bella, nadie refutaba nada... Y todo había empeorado cuando se le declaró enemigo público número uno. Los vampiros, los humanos... No había distinción entre ellos a la hora de hablar en contra de Bella, declarando en su contra, hablando sobre asesinatos aleatorios que quién sabe si fueron ciertos o si en realidad los hizo Bella, sobre lo defraudados que se sentían al haber confiado en ella, sobre de quién era la culpa... Pero nadie sabía la verdad completa. Lo que la gente sabía era que Bella había enloquecido de celos al descubrir que Edward la había engañado con una humana. A pesar de que en parte era cierto, no quitaba el que no era solamente eso y que habían ocultado información. No hablaban de que ella había perdido un hijo, no decían que fue traicionada por su propia familia o el cómo ellos día a día le mentían.
Y estas eran las personas que la idolatraban, pensó Isabel viendo la televisión de reojo mientras observaba por la ventana, como siempre hacía desde que Bella desapareció. Bueno, tampoco ellos se quedan atrás, pensó viendo ahora a Edward, quien había cambiado mucho. Con un suspiro, recordó cómo negaba que aquel hijo fuese suyo, ya que si lo fuese, ella estaría con más meses de embarazo; solía insinuar que tal vez ella tardase en llegar a casa porque se lo pasaba bien allá a donde fuera y una retahíla de comentarios de este tipo cuando el tema salía a colación. Recordó la pelea a gritos con Alice cuando él no movía un dedo por defender a Bella y que la criticaba e insultaba como los demás, lleno de odio. Al principio todos se peleaban por el asunto "Bella", pero ahora... Ahora era como si no existiese. Cuando había algo sobre ella en televisión, cambiaban de canal o ponían los videojuegos, no la mencionaban y todas sus cosas habían sido tiradas en el ático y la puerta cerrada con llave. Era como con sus recuerdos, que parecían criar polvo en lo más profundo de sus mentes.
— Ya vienen- dijo Alice dando los últimos toques a su pelo antes de aproximarse a la puerta para abrirla. Todos los demás en la casa dejaron lo que hacían para acompañar a Alice, Edward y Claire en la puerta. Isabel se quedó observando por la ventana, sin ganas de moverse.
Escucharon las ruedas de un coche aproximarse a la mansión blanca y todos mantuvieron la posición, una sonrisa en sus rostros. Excepto Isabel.
Antes de que nadie llegase a tocar, Alice abrió la puerta con una enorme sonrisa en el rostro, encontrándose con un chico humano, quien llevaba una expresión sorprendida en el rostro. Ambos se miraron unos segundos y él se apartó abruptamente, algo sonrojado, ocultándose tras las gafas de pasta que utilizaba mientras murmuraba un débil "Perdón". Al quitarse, pudieron ver el rostro blanco y pálido de una chica, humana también, enmarcado en un cabello rubio que caía en ondas un poco más allá de sus hombros. Sus manos estaban ocupadas por un teléfono móvil amarillo que parecía acaparar toda su atención, aunque también era capaz de llamar la atención de todos debido a la gran cantidad de adornos que tenía, además del enorme globo de chicle de fresa que estaba haciendo con la boca. Ella apartó la vista del teléfono unos segundos enarcando una ceja como diciendo "¿Qué miras?" mientras el globo de chicle explotaba.
Ugh..., pensaron muchos en ese momento ante tal comportamiento.
La chica se adentró en la casa siguiendo al tímido humano de antes, dejando a la vista a otro chico, pero esta vez era vampiro. Los Cullen lo miraron sorprendidos, ya que se esperaban que todos los amigos de Claire fuesen humanos como ella, pero de algún modo fue una grata sorpresa el que algunos fuesen vampiros también.
— Bonjour- sonrió el vampiro a todos antes de fijar su vista en Claire- Veo que sigues tan hermosa como siempre, Claire- dijo ofreciéndole una sonrisa, la cual ella devolvió. Edward frunció el ceño y apretó ligeramente el agarre en la cintura de la humana mirando fijamente al otro vampiro a los ojos. Este sonrió, su expresión totalmente controlada. Isabel lo observó atentamente con los ojos entrecerrados. Ni dos segundos y ya le caía mal.
Todos le caían mal.
Por último entró otra chica, vampira, pero esta tenía los rasgos distintos a los de los demás. Parecía europea, pero no francesa como la rubia de antes, sino más bien hacia el sur... Ella sonrió y ladeó la cabeza haciendo balancear la larga coleta de su hermoso cabello castaño oscuro que llegaría más allá de su cintura suelto. Dio varios pasos hacia delante hasta Alice, abrazándola y dándole un beso en cada mejilla.
— ¡Hola!*- dijo todavía con una sonrisa en el rostro procediendo a repetir el proceso con cada Cullen, sorprendiéndolos.
— ¡Ana!- le regañó Claire con una risilla suave- Recuerda que aquí las costumbres son distintas.
— ¡Ah! Lo siento...- dijo sonriendo y disculpándose muy apenada- En España es normal saludar con dos besos a las personas cuando te encuentras con ellas...
Pronto, todos estuvieron riendo. Isabel los observaba atentamente, preguntándose quiénes eran. Dos eran humanos, dos eran vampiros; distintas nacionalidades, distintas personalidades... Pero aún así había algo que los relacionaba: Claire. Los observó atentamente acomodarse en el salón de la casa, charlando tranquilamente sobre cualquier cosa. Cómo conocieron a Claire, sus vidas en general, a qué se dedicaban... Todos reían y sonreían, como si fuera de la barrera que rodeaba la casa no estuviese desatándose el apocalipsis. Probablemente este fuera el lugar más seguro y pacífico de todo el mundo, un Edén o utopía perfectos donde nada malo ocurre. Para ella era un infierno.
Regresó la vista hacia la ventana para observar siete figuras recortándose en el cielo nocturno, todas con alas membranosas saliendo de sus espaldas que utilizaban para volar. Isabel se levantó en silencio y salió por la puerta ignorando las advertencias de los Cullen. Se detuvo en el porche y los miró aterrizar con los rostros más pálidos y preocupados que cuando salieron. Observó sus ojos dorados desenfocados, cada uno perdidos en sus pensamientos, y se preocupó. Algo había pasado, lo sabía. No le hacía falta preguntarse de dónde venía la sangre en las manos de algunos para saber que había sido culpa de Bella.
Suspiró.
— ¿Qué ha pasado?- preguntó suavemente, temiendo la respuesta. Ellos le devolvieron la mirada unos segundos, pero la apartaron inmediatamente.
— Está peor- consiguió decir Frank mirando hacia otra parte.
— Aquí tampoco van bien las cosas- susurró en respuesta mirando hacia la casa. Los otros siete miraron también y escucharon con atención las risas que provenían del interior.- Los amigos de Claire...
— ¿Isa?- escucharon la voz de Alice buscando a su hija antes de que ella se asomase por la ventana, pero no salió. Sus ojos dorados parecían cansados.- Ah, aquí estás. No salgas de la casa- advirtió-, puede ser peligroso.
Isabel no le contestó, pero Alice tampoco esperaba una respuesta. Los otros siete observaron el intercambio con la mirada cansada, pero no se sorprendieron. Se había convertido ya en algo usual con el paso de los días desde que llegó Claire a la casa, cambiándolo todo.
Los vampiros se encaminaron a la mansión blanca para contar lo que había visto, sin importarle lo más mínimo que estuviesen los amigos de la humana. Isabel les acompañó, pero se mantuvo en silencio mientras ellos explicaban el intercambio, observando atentamente las expresiones de los visitantes. A la rubia nada de esto pareció importarle, más bien le aburría mientras seguía con su teléfono móvil haciendo ruido cada vez que pulsaba una tecla. La vampiresa de cabello castaño observaba a los vampiros contar la historia con los labios cerrados fuertemente, formando una línea y el ceño algo fruncido, pensativa. El chico de las gafas, el humano, observaba todos los rostros atentamente como midiéndolos, pero no hizo nada más que eso. Y por último el francés observaba fijamente a Claire, serio por primera vez desde que lo vieron llegar, como comunicándose mediante miradas. Mantuvo sus ojos pegados en los de él, pero se vio obligada a quitarlos cuando este se dio cuenta de que estaba observándolo.
— Ah...- escucharon a Emmet, pero él no dijo nada, sólo miró al suelo.
— ¿Qué ocurre?- preguntó Anabelle con voz cansada.
— No sé si tiene que ver, pero... Jasper y yo vimos muchos cadáveres de animales desangrados...
— Pero toda su sangre estaba a varios metros de ellos.- completó el rubio. Esme soltó un jadeo de sorpresa, sin creérselo.
— Parece el ataque de un vampiro, pero... ¿Qué sentido tiene si no ha bebido ni una gota?- dijo la humana rubia todavía con los ojos fijos en el teléfono.
— Lillie tiene razón- dijo el francés pensativo.
— ¿Por qué querría desangrar a un animal?- dijo la vampiresa de cabello castaño, Ana.
— Quién sabe- susurró Claire, pensativa también. Ella miró a Edward y luego a todos los Cullen antes de posar su mirada tan parecida a la de la Bella humana, pero a la vez tan diferente, en los amigos de la ex-Reina.- Pobrecilla...- susurró de improviso, ganándose las miradas curiosas de los vampiros y humanos de lugar.
— ¿Por qué?- dijo el humano de las gafas de pasta.
— ¿Podría ser que ahora sólo mata por matar? Eran animales, ni siquiera podían hacerle daño...- dijo apenada con la cabeza medio oculta en el pecho de Edward. Él la apretó levemente, reconfortándola.
— Pero no era reciente- dijo Jasper, extrañado.
— Es extraño- dijo Carlisle, pero entonces reparó en los rostros cansado y agotados e inusualmente pálidos de los siete vampiros de pie- ¿Por qué no vais a descansar un poco?
— Es cierto, tenéis mala cara- dijo Esme con una sonrisa. Ellos asintieron, pero no pudieron sonreír.
Aunque se fuese lento para un vampiro, para los humanos simplemente desaparecieron. Mientras ellos se iban, se miraron los unos a los otros a los ojos, preocupados. Todos habían visto a la perfección la imagen mental de ambos vampiros; el cadáver putrefacto, las marcas de colmillos, la carne desgarrada, los árboles en el suelo, destrozados y llenos de arañazos y los enormes charcos de sangre a bastantes metros de los animales, ya seca en algunas partes, que coloreaban la hierba de abajo de un fuerte tono carmín. El olor del recuerdo les hacía querer vomitar.
No, no era el olor... Era la similitud con los asesinatos en las ciudades que habían investigado, tanto antes del "incidente" con Bella como con los casos realizados por ella misma.
Un pensamiento les cruzó la mente como un rayo, a los siete a la vez, ya que compartían la información instantáneamente.
¿Y si...?, pensaron a la vez. ¿Y si todos aquellos asesinatos que Bella... investigaba... en realidad los cometió ella?
Mary acalló un sollozo con la mano. No, no, no, ¡No! No podía ser cierto.
— Pero lo es- dijo Marty pasándole el brazo por encima de los hombros, reconfortándola. Pero también era como si ese acto calmase a los siete.
Estaba ya atardeciendo, el sol medio oculto entre las nubes, pero el lugar donde estaban en ese momento sólo era iluminado por las luces artificiales. Isabel miró hacia arriba sólo para encontrarse con el cielo azul que se iba oscureciendo cuanto más se alejaba del sol poniente, enmarcado en hormigón, cristal y hierro. El edificio en el que ahora estaban sería el lugar donde sería oficial la sustitución de Bella por la humana en el reinado; pero todos los que conocían la situación, tendría otro significado: la eliminación de la Bella que amaban, y la ocupación de Claire de su lugar entre ellos.
La niña vampira bajó la cabeza y miró a su alrededor. Estaban en una especie de sala gigante, como un estadio de fútbol, pero no había sillas de ningún tipo, la gente tenía que estar de pie; el suelo era de madera flotante y sonaba el "tac, tac" del taconeo de las mujeres. Pero, aunque no hubiese techo y se pudiese ver perfectamente el cielo y se oliese el bosque que rodeaba el edificio, le daba cierta claustrofobia. La gente se removía inquieta, gente que se componía de humanos y vampiros por igual, pero todos tenían algo en común: su aura de ira y desprecio, de rabia contenida, el desencanto y la decepción. Observaban a los Cullen con desconfianza, silenciosamente (unos más que otros) echándoles la culpa de los males que azotaban la Tierra, hablando entre ellos, una mujeres llorando en voz baja todas vestidas de negro, vampiros que se mantenían como estatuas en el sitio con los puños apretado fulminando con la mirada a los Cullen y a los Siete.
Ah, claro. Eran los familiares y parejas de las víctimas.
— ¿Falta mucho?- preguntó a quien tenía más cerca, Frank. Él se giró y la observó unos momentos fijamente, mas no le contestaba.
— Un poco más- no le sonrió como seguramente harían los demás para tranquilizarla, pero estaba acostumbrada a su carácter silencioso.
Isabel se giró de nuevo hacia la multitud, ignorando el zumbido de los murmullos inacabables, de las palabras llenas de rabia. Parpadeó y entonces se concentró para ver sus colores, aunque supiese que iba a ver el violeta de la tristeza, el verde de la envidia y el amarillo enfermizo de la venganza junto al carmesí de la rabia. Un sinfín de nubes de colores que le obligaban a parpadear para quitar semejante visión, pero la perseguían, rodeaban y asfixiaban, pero nadie más podía saber sobre eso. Miró nerviosa a sus padres, pero ellos estaban muy ocupados con los Cullen y Claire, ultimando detalles. Isabel decidió fijarse en ellos en vez de a la furibunda multitud para distraerse, pero no supo qué era peor. Sus corazones, que antes le eran atrayentes debido a la luz del amor que irradiaban, ahora brillaban controladamente. No eran de colores oscuros, no estaban opacados ni observaba falsas emociones... Pero estaban diferentes. Sabía que Claire tenía algo que ver. Debía de ser el culpable pero, no tenía pruebas de nada. Además, ¿cómo iría a investigar si ni siquiera le dejaban dar dos pasos? Tenían miedo ante lo desconocido, pero sobretodo a lo que Bella podría ser capaz de hacer.
Suspiró, intentando calmarse, pero lo empeoró. A su nariz llegó el olor de la humana mezclado con el residual en las ropas que usaba, la ropa que le pertenecía a Bella. Llevaba puesto el uniforme de Reina de la vampira, que le quedaba a la perfección. Eran de la misma altura y talle, como si fuesen clones, había dicho Alice sorprendida, tomándolo como un curioso chiste. Observó cómo el corsé negro y rojo se cerraba en su pecho como le había quedado a Bella, cómo los pantalones se ajustaban a la perfección a sus torneadas piernas, cómo sus botas embellecían sus menudos pies, tal y como lo hicieron en su día a su familiar. Pero algo no estaba bien. Ella no era pálida, ella se sonrojaba; su rostro no estaba ligeramente deformado por cicatrices, sus ojos no eran rojos y su sonrisa no le gustaba. Ella no era su tía. No podían sustituirla. No podían, no se atreverían.
Sacudió la cabeza y sintió el ligero cambio cuando ya estaban listos y se situó junto a su familia, pero manteniendo claro que no quería estar cerca de ellos. "Recuerda que debemos estar unidos para las cámaras" le dijeron, "Todos deben saber que cuentan con nuestro apoyo". Sí, claro.
Se situó junto a su primo, tomándole de la mano. Era su último apoyo dentro de la familia, su última baza de confianza y fe en ellos, pero lo estaba perdiendo. Con otro suspiro se giró a su izquierda y vio a los Siete con la cabeza alta y mandando a callar, claramente esparciendo una ola de calma y sosiego entre los presentes para que callasen. Se miraron entre ellos hasta que Chun-Li asintió y se aproximó hasta el micrófono en un atril de madera que habían dispuesto. Carraspeó para llamar la atención una vez más y se hizo el silencio.
— Antes que nada, todos les agradecemos el que hayan venido a asistir en este acontecimiento- comenzó con la voz monótona y controlada, lejos de la alegría que mostraba hacía apenas un par de semanas-. Como ya sabréis, nos hemos reunido para verificar el tan conocido rumor y anunciar que la elegida definitiva para ser Reina será- la vampiresa vaciló un poco y desvió sus ojos hacia el suelo, pero sólo los vampiros se dieron cuenta de la duda- Claire Watson.- hubieron murmullos entre la multitud, algunos de sorpresa, otros asentían ante las palabras.- Ahora, Claire vendrá a pronunciar unas palabras...
— Buenas tardes- saludó con una sonrisa, claramente nerviosa, pero luchaba por ocultarlo-. Sobre todo este asunto creo que queda añadir que me esforzaré para ser una buena Reina, lucharé por los derechos de ambos, humanos y vampiros, y por la igualdad entre las especies- sonrió y miró a Edward, buscando apoyo.- ¡No somos tan diferentes!- pronunció con una sonrisa alegre- Tenemos sentimientos, nos ponemos tristes y felices por igual, tenemos familia y amigos... ¡Podemos ser hermanos!- dijo para finalizar, pero al final casi ni se le escuchó por los aplausos de la multitud. Humanos, vampiros... Ambas razas le aplaudían y se alegraban por tener a esa Reina.
Por un momento, todo parecía un sueño hecho realidad.
Entonces, las luces parpadearon ligeramente antes de apagarse completamente, una por una, a velocidades vertiginosas. Los vampiros sí podían ver en la oscuridad, pero aunque buscasen por todas partes no había nadie, no olían nada ni escuchaban una respiración fuera de lugar. Un tintineo débil, como unas campanillas realmente pequeñas, se escuchó perfectamente para ambas especies junto a una risilla suave, claramente femenina. Las luces regresaron de improviso, tan repentino como se fueron, pero más bien parecía que un soplo de aire les iba devolviendo la vida una por una. Pero, claro, esta vez el viento trajo otra cosa.
Allí estaba Bella, tal y como la vieron sus amigos la última vez, sólo que al parecer se había lavado y cambiado las ropas. No parecía tan terrorífica sin tanta sangre y suciedad encima; pero ahora, más que sus orejas puntiagudas o la cola que parecía tener vida propia, llamaban la atención las marcas que había por toda la piel de la bestia. Su rostro, sus brazos, sus piernas... Usualmente la gente las veía y ya se había acostumbrado a ver las cicatrices; pero ahora, al no llevar nada más que una especie de top deportivo y unos pantalones cortos de licra negra como el top, se podían ver todas las marcas. Observaron las marcas de agujeros de bala, la enorme cicatriz en su espalda que iba de un hombro hasta la cintura, las mordidas de aspecto doloroso, de las que arrancan trozos de piel, en sus muslos... Y lo peor es que las lucía con orgullo. No las tapaba, no las ocultaba; las enseñaba a todo el mundo, a las cámaras que habían traído los periodistas, a humanos y vampiros. Mostraba en lo que se había convertido... No, no era eso... Era su ser al completo, la verdad, la realidad de su existencia. Era un monstruo.
Sus atemorizantes ojos rojos los observaron a todos, uno por uno, deteniéndose apenas unos segundos en los amigos de Claire, quienes habían sido invitados por los Cullen, y que estaban junto a Edward y la chica humana, quien permanecía en el mismo lugar que meros segundos antes.
La bestia resopló. Esbozando una sonrisa, dio un par de pasos antes de situarse frente a Claire e inclinarse ligeramente hacia delante, pero con sorna en su rostro.
— Mis felicitaciones, Reina- dijo claramente-. Larga vida y prosperidad, ¿no es así?- mantuvo su sonrisa mientras se erguía. Miró a su derecha encontrándose con los rostros sorprendidos de dos vampiros y dos humanos- Vaya, rostros nuevos...- susurró, pero no parecía sorprendida para nada.- A ver si acierto: Rémi LeBeau**- dijo tocándole con la punta del dedo índice el pecho al vampiro francés, este sólo la observaba fijamente- Ana María Campos de la Torre...- la castaña gruñó y sus ojos se volvieron ligeramente negros de la rabia- Fraçoise Le Fanu***, o quizás debería decirte... ¿Lilly?
— "Lillie"****, por favor- dijo el vampiro francés, pero estaba fuera de lugar. Bella chasqueó la lengua, pero cuando miró al último "nuevo" sonrió de oreja a oreja e hizo una especie de ronroneo para nada agresivo, más bien era cariñoso, como un gato muy grande.
— Oh, vaya- dijo ladeando la cabeza, acercándose al humano- Mira qué tenemos aquí, un chico guapo... Aunque la verdad, te queda mejor sin nada de por medio...- dijo con las garras en sus gafas y quitándolas lentamente, sin rozar siquiera la piel de aspecto frágil del chico frente a sus atemorizantes uñas.
— ¿Qué quieres?- dijo el chico en un hilo de voz.
— Sólo quiero charlar...- se acercó a él lentamente sin apartar sus ojos de los del chico- O tal vez no- rió suavemente antes de cerrar el espacio que había entre ellos, posando sus fríos labios como la piedra en los cálidos del humano. Se oyeron murmullos de sorpresa y algún que otro jadeo entre la multitud, pero todos los que estaban en la tarima; es decir, los Cullen, los Siete, Claire y sus amigos; se la quedaron mirando con sorpresa y alguno que otro con rabia.
— ¡Bella!- soltó un grito Esme, pero ella no contestó, sino que se acercó más al humano, haciéndole sentir su piel fría, y, acariciando suavemente y con mucha delicadeza con su nariz, fue bajando su rostro hasta que sus labios helados llegaron al cuello del atemorizado humano.
No me lo puedo creer, pensó Isabel. Entonces se fijó en el ligero cambio en los ojos y la expresión del chico, la cual se crispó apenas de rabia. Miró de nuevo y vio el ligero destello de energía, fuera de las ondas usualmente controladas, provenir del humano cuando Bella llegó por fin a su cuello y ya rozaba la piel sobre la arteria principal con suavidad. Isabel se fijó mejor, sorprendiéndose al descubrir que ambos movían sus labios a tal velocidad que aquel que no estuviese atento no se daría cuenta. Y eso era lo que ocurría. Todos estaban tan atentos al beso y a lo que el monstruo hacía que nadie lo vio. Excepto ella. Cerró los ojos para concentrarse y poder escuchar por encima de las voces del lugar...
— Se acabó el tiempo- susurró Bella-. No vas a salir exitoso y lo sabes, Matteus.
— Ah, Bella, estás equivocada- una esquina de su boca apenas se levantó en una discreta sonrisa- te voy a descuartizar frente a todas estas personas que desean tu muerte. Y luego, mataré a los Cullen. Y me ensañaré en tus queridos sobrinos.
— No podrás- siseó.
— Lo he visto. Veo cómo los proteges y los vigilas- vio sus ojos moverse un milímetro hacia ella, así que Isabel disimuló y hacía como que no escuchaba- Es demasiado lista, ha descubierto todo el pastel. Por ello tendrá un castigo especial. ¿Me pregunto si ya será lo suficientemente mayor para la verdadera diversión?
— ¡Maldita sea!- gruñó audiblemente, sus ojos brillantes de color rojo y la muerte visible en ellos. Abrió su boca y acercó sus colmillos a la piel del que se hacía llamar Matteus, lista para desgarrar su cuello... Pero fue tirada hacia atrás antes de conseguirlo. No peleó, no alargó las manos hacia el humano que ahora estaba con el rostro asustado y sorprendido tras la grande y fuerte espalda de Emmet, quien le protegía. Sólo se miraron a los ojos, peleando sin palabras... E Isabel miró cómo, por un sólo milisegundo, en el rostro del tal Matteus apareció una macabra sonrisa que mostró todos sus dientes.
Todo sucedió muy rápido: en un momento estaban todos en pose defensiva, protegiendo a los humanos que estaban en la tarima; y al siguiente los siete vampiros habían envuelto a la criatura en toda serie de restricciones, cadenas y ataduras que disponían, una cada uno. Ahora Bella tenía una especie de máscara sin expresión, de un material parecido al metal que le impedía ver; para evitar que moviese los brazos, usaba una especie de camisa de fuerza, como las que había en los manicomios, con multitud de correas firmemente apretadas de grandes hebillas de acero. Sobre esa camisa, unas cadenas de eslabones gruesos la envolvían desde el cuello hasta abajo, rodeando la base de sus alas, evitando que aletease para liberar, aunque ella tampoco mostró signos de lucha. Sus piernas estaban envueltas hasta los tobillos por una cinta que, aunque de aspecto frágil y débil, sabían por experiencia que era más resistente que el diamante, capaz de cortar cualquier material, incluido la piel de vampiro; y en donde ya no habían cintas, sus pies estaban atados entre ellos, sin dejarle la posibilidad de andar.
No se podía oír su respiración o el latido de ese corazón que debía estar muerto. Todos en el lugar estaban expectantes a su próximo movimiento, o sus próximas palabras, pero dudaban que pudiese decir algo con esa máscara encima. Aún así, les pareció escuchar una risilla en sus mentes cuando la criatura se irguió. Matthew tragó antes de hablar.
— No podemos permitir un ataque, Bella. Lo sentimos por tener que recurrir a esto- murmuró, pero no hubo respuesta por parte de la criatura alada.
— ¿Será suficiente?
— ¿Aguantará?
— No podrán detener a ese monstruo...- murmuraban humanos entre los asistentes, mientras que por otro lado los vampiros observaban con rabia a la figura encadenada y atada, claramente echándole la culpa de sus pérdidas.
Buenas cadenas, queridos, escucharon todos por el lugar, pero no provenía de unas cuerdas vocales. Me alegro de haberos entrenado bien.
— ¿Cómo?- soltó una mujer, sorprendida.
— Imposible- dijo un joven con las manos en los oídos intentando no escuchar.
Es inútil que te tapes las orejas, soltó de repente. No necesito de ojos para ver ni de oídos para escuchar.
— ¡Silencio!- ordenó Chun-Li con voz clara ante el creciente volumen de los murmullos de los asistentes.- Ahora... Procederemos con el juicio.
— Isabella Marie Cullen...- comenzó Marty en un silencio sepulcral.
Dime, rió ella.
— Se te acusa del asesinato directo de doscientos noventa y tres humanos, veintiocho vampiros y alteración indebida de la atmósfera. Has violado las leyes de diez países, tanto humanas como vampíricas. ¿Tienes algo que decir a tu favor?- preguntó Frank con la mandíbula encajada, serio.
Os echaba de menos. Habéis cambiado tanto en tan poco tiempo..., escucharon una voz melancólica.
— Se observa que no tiene nada que decir...- dijo Benjamin, interrumpiéndola.
La verdad es que estas cadenas son muy fuertes...
—... Por ello, en nombre de la actual Reina de los Vampiros, Claire Watson...- siguió Mary.
... Uf, que mal suena eso...
—... se te declara culpable. Las muertes serán pagadas con tu sangre...
Bueno, supongo que es el final..., soltó otra risa.
—... y se te condena a la muerte inmediata.- finalizó mirando al suelo. Miró a sus compañeros con los ojos enrojecidos y a punto de romper a llorar, dándose cuenta que los otros también estaban casi como ella. Con un suspiro, sacó la espada que llevaba en su espalda y la acercó al cuello apenas visible entre tanta atadura, justo debajo de sus puntiagudas orejas.
... No, no lo es. Lo lamento, chicos... Pero no puedo permitirlo.
— No puedes moverte- le recordó Claire.
Dije que las cadenas eran fuertes..., murmuró sin inmutarse de la presencia de la afilada cuchilla en su cuello. Pero no son lo suficientemente fuertes, sintieron la sonrisa en su voz mental. Lo siento, de verdad que lo lamento..., creyeron escuchar.
En un sólo movimiento que nadie pudo ver, la criatura había hecho salir despedidos los trozos irreconocibles de las cadenas y ataduras que la mantenían cautiva. En un segundo, ella seguía allí, triunfante, erguida y atemorizante sin que una marca de las cadenas o la camisa quedasen en su piel. De un salto, llegó a justo detrás de una indefensa Claire que estaba demasiado lejos de Edward en ese momento. Bella la miró fijamente, de arriba a abajo, y esbozó una sonrisa que mostraba todos sus dientes.
— ¿Sabes, Claire?- dijo con la voz seria, sin una muestra de sonrisa o afecto de ningún tipo. La frialdad destilaba por cada uno de sus poros y, por una vez en todos esos años, pensaron que ante ellos estaba un auténtico vampiro.- Había algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer.
— ¡No!- gritó Edward echando a correr, tropezándose con una barrera transparente.
— ¿"Ella no", Edward?- rió con voz seca- Me alegra saber que te preocupa tanto. Pero bueno- se encogió de hombros-, memento mori...
Y sin que nadie pudiese evitarlo, introdujo su mano en el pecho de la chica sin que las ropas pareciesen ser ningún tipo de impedimento para atravesar piel, huesos y órganos como si fuesen de mantequilla. De un tirón, sacó su mano de la chica, pero tenía algo en su mano.
— ¡Eso es...!- dijo Esme con las manos tapando su boca y los ojos muy abiertos de la sorpresa.
Es su mano, palpitante, llevo de vida y salpicando sangre por todas partes, estaba un corazón humano. El corazón de Claire. Miraron a la chica, que tenía un hilillo de sangre cayendo desde sus labios pintados, sus ojos abiertos de la sorpresa y el cuerpo paralizado. De entre sus labios entreabiertos salió una especie de grito sin voz antes de que cayese al suelo. Muerta.
Por todo el lugar pudieron escuchar los gritos desesperados de Edward, quien más que nunca luchaba para llegar junto a la humana, pero le era impedido el paso por la estúpida barrera. Él golpeaba, arañaba, pateaba, pero era inútil. Fue entonces cuando los Siete decidieron actuar, ya sea por rabia propia, por tener que defender lo que quedaba de la Reina o porque querían llegar hasta Bella; pero se aproximaron a la barrera y con un sólo puñetazo que propinaron los siete a la vez, la pared de cristal se rompió y eso les recordó a una versión en miniatura de lo que pasó aquella vez en el claro, una semana atrás. Antes de que llegasen a ella, la criatura dio un salto hacia atrás, aterrizando en el espacio entre los espectadores y la tarima de madera, esperando.
— ¡Que alguien la atrape!- chilló una mujer.
Pero justo cuando iban a por ella, los siete vampiros fueron bruscamente tirados hacia atrás con violencia, tan rápido que apenas vieron cuatro sombras pasar a su lado. Dieron un traspiés pero lograron equilibrarse tan rápido como habían sido empujados, recuperándose a tiempo de ver cuatro figuras frente a ellos, encarando a Bella y ocupando su lugar en esta pelea.
— ¡Quedaos para protegerlos!- oyeron un grito, pero no ubicaron esa voz.
— ¿Pero qué...?- gritó Emmet sorprendido, pero no era el único.
Frente a ellos, estaban los cuatro amigos de Claire, los dos humanos y los dos vampiros; pero su aspecto cambiaba.
Los humanos sonrieron mientras su piel se aclaraba a gran velocidad, sus ojos cambiaban de color, volviéndose del color rojo de la sangre; Rémi cuadraba los hombros enseñando sus colmillos afilados, mirando al cielo ya oscurecido; Matteus sonreía también mientras se peinaba los cabellos hacia atrás y sacaba una pistola plateada; Françoise, o Lillie, hizo desaparecer su teléfono entre sus dedos, y este pareció que se fundía, recomponiéndose en una pistola similar a la del chico, pero algo más larga; por último, Ana se soltaba el cabello con un suspiro, llegándole más allá de lo que todos pensaban, volviéndose amarillo en las puntas como en las llamas de una hoguera. Los cuatro formaron una pared entre la tarima y la criatura, preparándose para atacar.
— Lamentamos no haberlo dicho antes- les dijo el francés por encima del hombro y con un deje de disculpa-, pero en realidad los cuatro somos vampiros. Queríamos por una vez probar lo que era la vida de un humano.
— ¿Acaso tu madre no te ha enseñado a no decir mentiras?- gruñó lo que antes era Bella, con el ceño fruncido.
— ¿De qué diablos estás hablando?- gruñó de vuelta la rubia.
— Vosotros sabréis- respondió, pero no añadió nada más.
Hubo silencio, mucho silencio por unos momentos. Todos sabían que ahora venía lo peor, una pelea, una batalla. Por fin se decidiría el final de todo lo que pasaba. No había una sola nube, un rayo de sol. No se oían animales ni el viento se atrevía a interrumpir el momento. Los árboles del exterior no crujían en la quietud más extrema
Pero todos sabían que era el preludio de una tormenta. Y la sonrisa en los labios del monstruo que había entre ellos lo afirmaba.
*: Ella lo dice en español.
**:Rémi LeBeau, aunque no escrito exactamente así, es el nombre de Gambit o Gambito, un personaje del mundo Marvel, específicamente los X-Men. ¡Felicidades si lo habéis adivinado! Le puse así porque me imagino a nuestro amigo francés igualito que a él. Si conocéis a Gambit, sabéis a lo que me refiero.
***: "Le Fanu", si sois fans del mundo vampírico (como yo, independientemente de Twilight), es el famoso autor de Carmilla, "Sheridan Le Fanu". Para un poco más de cultura, Carmilla trata de la primera mujer vampiro como tal, el concepto que poseemos hoy en día. Es algo así como el vampiro de Lord Byron,que marcó tendencia. Carmilla está basado en una mujer real, la condesa Bathory, quien creía que la sangre era la fuente de la juventud eterna.
****: "Lilly" y "Lillie" poseen pronunciaciones distintas si se tiene en cuenta que estamos hablando de acento francés.
Como un tip: llamé a la española "Ana" no porque sea el mismo nombre que el mío. No, no planeo meter un personaje que sea "yo" por la cara. Es que me parece que Ana es el nombre de mujer más común que hay en España xDDD Y los apellidos suenan muy finolis. Es a propósito ;D
¿Qué tal? Me he esforzado para poder sacarlo. Ha sido una tarea difícil, teniendo en cuenta que estoy hasta la coronilla de todo. Eran días en los que, cuando quería escribir, no me salía nada. Y lo siento para las y los que sigan mi traducción, pero me parece que se va a retrasar.
Afortunadamente para las y los que leeis el fic de Crepúsculo, los siguientes caps espero que se escribas tan fácil como si se escribiesen solos. Es como los últimos 3 capis del otro fic, era lo que deseaba escribir desde un principio :D
Besitos.
PD: Escribid reviews~! No tenéis ni idea de lo mucho que me animan. Me deprime saber que en los fics que tienen más tiempo hay menos reviews que en la traducción que subi hace dos meses D: Bueno, no soy quién para discutir. Os quiero por igual.
