Para aclarar algunas dudas:

-En este capitulo me imaginé a las chicas con la vestimenta que llevaban en el 6x01 cuando van a buscar a Hyde en el Ayuntamiento. Regina sigue teniendo el cabello un poco largo.

-Recuerden que esta es una historia SwanQueen, es decir: Regina + Emma - Hook y Robin. Hasta ahora no tengo pensado incluir al arquero porque honestamente no se me ocurre nada para él. Se aceptan recomendaciones, peticiones, etc.

-En esta historia no seguiré al pie la secuencia de los capítulos nuevos, solo sacaré ciertas cosas que me parezcan interesantes para agregarlas aquí.

-Lo que no esté escrito o no se mencione aquí es porque no ha ocurrido, independientemente de que haya salido en la serie. Se seguirá tomando en cuenta solo la temporada pasada. No sé si me explico bien t_t

-¿Ya mencioné que me encanta Regina usando la espada? Bueno, se pueden imaginar que habrá bastante de eso.

En otras noticias, creo que este capitulo es un poco entretenido. De verdad quisiera actualizar más seguido pero el internet y la inspiración no me lo permiten. ¿Uno o dos capítulos por mes les parece bien?

Ya saben que su opinión es importante y aprecio los comentarios. Si tienen alguna duda, preguntas, amenazas de muerte (?) venga, se acepta todo eso. Ahora a leer.


—De acuerdo, sí. Algo me está molestando, —confirmó a regañadientes— algo con cabello rubio y afición por las chaquetas de cuero...

—¿Emma?

La mujer de cabello corto enarcó ambas cejas al momento de pronunciar el nombre de su hija. Miró a Regina ahora que ambas se habían detenido, preguntándose entonces de qué manera podría estar Emma molestándola, cuando se notaba que la rubia no hacía más que esforzarse por ayudarla y defenderla ante los demás.

Regina sólo dejó escapar un suspiro antes de asentir.

—Sí. Ella está...

Pero no pudo completar la frase al momento. Ni siquiera ella misma sabía con certeza cuales eran los motivos que la hacían sentir de aquel modo... ¿Era por el beso en la estación? ¿Eran las dudas de Emma? ¿La falta de confianza entre ambas? Algo la estaba molestando mucho, y desconocía, de todos los motivos que tenía para estar enojada con la rubia en ese momento, cual de ellos era el correcto.

O tal vez, muy en el fondo, sí lo sabía. Simplemente se negaba a darle importancia a la verdadera causa de su enojo. No tenía intención alguna de permitirse aceptar más problemas de los que ya estaban rondando a su alrededor...

Y es que estaba sintiendo demasiadas cosas.

Una vez Blanca comprendió que Regina no tenía la más mínima intención de continuar con aquello, enlazó su brazo con el de la morena para obtener así su atención, ya que la mayor se había perdido en sus pensamientos luego de pronunciar aquellas tres palabras. Y sin presionar mucho más acerca del tema, guió a la morena para que comenzara a caminar una vez más junto a ella. Quizá lo mejor sería dejar ese asunto como un tema para después.

Los minutos de silencio que compartieron fueron relativamente cortos. La más joven no quería molestar con preguntas que, aunque sabía que eventualmente acabaría por hacer, en el momento sólo conseguirían incomodar a la morena mucho más, y lo menos que deseaba era enojar a Regina luego de la situación que habían tenido que vivir poco antes, cuando la había acusado. Sentía que lo mejor que podía hacer en ese momento era demostrarle que estaba allí para ella, sin dudas esta vez.

—Regina... —Puedes confiar en mí, pensaba decir, pero la voz de Regina la interrumpió.

—Besé a Emma.

El sonido de las hojas de los árboles siendo movidos por el viento fue todo lo que pudo oírse después.

La más joven se detuvo en seco. Su vista seguía fija hacia adelante, pero no estaba mirando nada en específico. Intentaba, o mejor dicho, se forzaba a comprender esa repentina confesión.

Regina se mordió el labio inferior y alzó la vista hacia los árboles que continuaban haciendo ruido, dejó escapar un poco de aire de sus pulmones y sintió cómo Blanca retiraba lentamente el brazo que había enlazado previamente con el suyo.

La gente suele decir: "piensa mal y acertarás". Aún sabiendo ésto, Blanca deseaba que sus pensamientos turbios fueran sólo eso y nada más; su lado maternal pensando lo peor, imaginando cosas que ni en un millón de años llegarían a suceder... Porque no era posible, ¿cierto? Emma y Regina teniendo un acercamiento como ese, simplemente no era posible.

Unos largos minutos más tarde, se decidió a preguntar para salir de dudas. Necesitaba estar segura de que había entendido las cosas erróneamente, pero justo en el momento que su boca se abrió para hablar, el teléfono de Regina comenzó a sonar de manera insistente en el bolsillo de su saco, captando la atención de ambas.


Al llegar a las afueras del Ayuntamiento, Emma empujó a Zelena con muy poca delicadeza para obligarla a que se ocultase junto con ella tras unos arbustos. La pelirroja estaba por protestar, pero Emma le dedicó una mirada asesina haciendo gestos para que guardara silencio, acto seguido, señaló hacia adelante, donde la figura de Regina Mills se dirigía hacia la entrada del edificio.

—¿Qué sucede contigo? —Preguntó Zelena en voz baja, mirando a la rubia con curiosidad y confusión a la vez; las arrugas en su entrecejo siendo ya bastante notables. —¿No estábamos buscándola?

—Fíjate en su ropa, —sugirió, manteniendo sus ojos fijos en la mujer de cabello oscuro, como si temiera que en algún momento pudiera desaparecer de su vista— no es la misma que tenía cuando estaba con nosotras.

Zelena obedeció y dirigió su mirada hacia la mujer que todavía -por suerte para ellas- era ajena a la presencia de ambas tras aquellos arbustos, y al confirmar lo que la rubia le decía, enarcó ambas cejas.

—¿Es ella? —Preguntó entonces, frunciendo el entrecejo nuevamente.

—Ya lo averiguaremos —anunció mientras sacaba del bolsillo trasero de sus jeans el teléfono, desbloqueó la pantalla ante la mirada todavía curiosa de Zelena, buscó en sus contactos y presionó "Llamar" cuando encontró el que buscaba. Sus ojos, mientras le fuera posible, siempre estuvieron fijos en la morena mientras ésta se acercaba más y más a la puerta principal.

Zelena, en su lugar, permanecía alternando la mirada entre ambas -Emma y Regina- sin comprender del todo lo que planeaba la rubia.

Después de un par de segundos, nada ocurrió. Tanto ella como Zelena vieron a la otra mujer entrar al Ayuntamiento mientras que, en su oído, la rubia reconoció la voz de Regina, confirmando así sus sospechas.

¿Emma?

—La tenemos.

¿Dónde?

¿Para qué alargar más la conversación con preguntas innecesarias? Regina fue directamente a lo que deseaba saber; quería llegar allí, donde sea que estuviera La Reina Malvada, para enfrentarla y encargarse de ella completamente esta vez.

Y sólo bastó que la rubia pronunciara una palabra para que Regina hiciera un rápido giro con su mano, logrando transportarse inmediatamente al lugar donde Emma y Zelena esperarían su aparición para actuar. Blanca no pudo sino quedarse con la boca abierta luego de que Regina se fuera sin decir nada más.

Lo que ninguna de las dos esperaba era que Regina, en lugar de aparecer junto a ellas tras los arbustos donde le habían mencionado que estarían escondidas hasta que llegara, hiciera su aparición de una vez en el interior del Ayuntamiento de Storybrooke; un lugar que ella conocía más que bien.

Para cuando Regina entró a la que fuera por tanto tiempo su oficina, La Reina Malvada ya estaba allí, de pie en medio del salón y con una posición bastante relajada. Ésa mujer la estaba mirando con una sonrisa arrogante, no con odio o repudio como ella esperaba. Tampoco adoptaba una postura defensiva, simplemente le estaba sonriendo como si disfrutara la visita de un buen amigo.

Regina podía sentir que la sangre le hervía por causa del enorme enojo. La Reina, de pie frente a ella a unos aproximados quince pasos, podía notarlo sin problemas.

Con su mano derecha en alto, la morena fue capaz de materializar una bola de fuego que cargaba con toda su ira; su mandíbula estaba tan tensa que llegaba a doler. Estaba dispuesta a terminarlo todo en ese momento.

—Pero qué agradable sorpresa... —comentó al tiempo que elevaba su mano izquierda, haciendo creer a Regina que imitaría su acción, pero la mujer no hizo mas que mirarse las uñas, inspeccionándolas, admirándolas, como si aquello fuera una simple charla casual y no tuviera frente a ella una enorme bola de fuego con su nombre escrito. En cualquier momento los dientes de Regina comenzarían a rechinar si continuaba igual de tensa, lo sabía, pero no podía evitarlo. No podía ser de otro modo. Y la Reina dejó escapar un suspiro de fastidio. —Bien. Visto que ya me has descubierto, no tengo motivos para seguir utilizando estos horribles atuendos que insistes en llevar.

Dicho esto, la mujer agitó su mano sin siquiera mirar la reacción de Regina. Segundos más tarde, el traje de Reina con el que había llegado a Storybrooke cubría su cuerpo nuevamente, su cabello largo volvía a estar en una perfecta coleta y, ahora sí, se encontró con la mirada de una enojada y muy alterada Regina Mills.

—Dame un motivo para no incinerarte ahora mismo... —pidió amenazante, obteniendo una risa como respuesta.

—Yo no lo haría si fuera tú, —sus oscuros y perversos ojos se fijaron entonces en la morena frente a ella, estudiando por completo su imagen; su ropa, el cabello, incluso la elección de maquillaje, y Regina sintió un escalofrío recorrer su espalda ante esa mirada— sólo estás ridiculizándote. ¿De verdad crees que éso —señaló con el dedo índice de su mano la bola de fuego que su otra mitad todavía sujetaba— me hará daño alguno?

Una pequeña carcajada burlesca escapó de ella luego de apuntar aquello.

Regina, por toda respuesta, atinó a lanzar la bola directo hacia la otra mujer, quien apenas tuvo que mover su mano para desviar el ataque hacia una de las paredes, provocando que algunas cosas cayeran al suelo.

La Reina dejó escapar una carcajada más fuerte entonces, que sólo sirvió para enojar mucho más a Regina.

—¡¿Qué demonios es lo que quieres?! —La morena casi rugió, sus ojos echando chispas mientras permanecían fijos en la otra mujer; en ella misma. Podía sentir los golpes de su corazón fuertemente contra su pecho, su respiración irregular, su rostro en general adquiriendo un tono rojizo gracias al enojo...

Regina estaba fuera de control.

Muchas veces llegamos a odiar partes de nosotros mismos hasta el punto en que deseamos que desaparezcan. Soñamos constantemente con eliminar éso que nos desagrada, aquello que nos impide estar plenamente en paz con quienes somos... y éste era uno de esos casos, pero llevado a otro nivel.

—Lo que quiero es que recuerdes, querida... —La Reina se acercó lenta y peligrosamente a ella, obligándola a retroceder un par de pasos a menos de que quisiera que sus cuerpos se tocaran— quién eres en realidad.

—Sé perfectamente quién soy.

Regina se detuvo al hablar. No le daría el gusto a su mitad malvada de verla retroceder ante ella, no podía mostrarse débil si pensaba ganar esa batalla. Tenía que mantenerse firme, por ella y todos los demás que estaban en riesgo por su causa.

—Me temo que te equivocas... —comentó en voz baja, elevando su mano derecha para alcanzar con ella la mejilla contraria. Tenía la intención de acariciarla, y Regina no dio ni un solo paso hacia atrás para impedirlo. Únicamente tomó aire.

La Reina sonrió con malicia, pensando que tenía a Regina justo donde la quería.

—¡Déjala ir!

Emma Swan, entrando a la oficina con su mejor faceta de héroe, no dio tiempo alguno a que La Reina pudiera girarse para encararla cuando ya había lanzado el primer ataque para obligarla a que se alejara de Regina. Zelena la seguía de cerca, y sus ojos se abrieron como platos al ver lo que sucedió.

Dos cuerpos similares pero con diferente vestimenta se apartaron uno del otro de manera violenta y repentina, uno de ellos golpeando el escritorio, mientras el otro había salido disparado hacia la pared más cercana, donde cayó al suelo después de un fuerte impacto.

—¡Regina! —Había gritado la pelirroja al ver el cuerpo de su hermana caer junto al escritorio de madera donde tantas noches y días había permanecido trabajando.

La aludida apenas alcanzó a sentarse con mucho esfuerzo mientras Zelena llegaba hasta ella para ayudarla. Su mano derecha fue directamente a sujetar su antebrazo izquierdo, donde la sangre empezaba a hacerse notar, brotando de un corte no muy grande provocado por una de las esquinas del escritorio.

Notando la delgada capa de líquido rojo que comenzaba a cubrir una pequeña parte del brazo de Regina, Emma sintió un terrible malestar. Fue un trago amargo para ella el ver lo que había provocado en un intento casi desesperado por proteger a la otra mujer, y la expresión en el rostro de Regina no hacía más que incrementar el sentimiento de culpa en ella.

Zelena miraba con ojos ampliamente abiertos la herida en el brazo de su hermana, quien sólo se mordía el labio inferior mientras mantenía los ojos cerrados con fuerza. Emma tuvo la intención de ir hacia ellas, pero al percibir una bola de fuego acercándose en su dirección, tuvo que retroceder de un salto para evitar que impactara con ella, maldiciendo en voz baja por haber olvidado que La Reina Malvada seguía en la misma sala.

La mujer de largo cabello oscuro se fue poniendo de pie lentamente, todavía recuperándose de ese fuerte golpe que había recibido cortesía de la Salvadora.

Emma volvió a maldecir en lo que vio a La Reina avanzar hacia ella de manera tranquila. Tuvo la intención de romper parte de su suéter negro para que Zelena pudiera utilizarlo para cubrir la herida de Regina, pero en ese momento de torpeza, adrenalina y desesperación, sólo pudo optar por comenzar a sacarse la chaqueta roja que llevaba. Regina y Zelena estaban ajenas a lo que las otras dos mujeres hacían, aunque la morena de vez en vez le lanzaba una mirada a su mitad malvada, preocupada por lo que ésta pudiera hacer.

Una vez se desprendió de la chaqueta, la sostuvo con una de sus manos para entonces sacarse el suéter rápida y descuidadamente por encima de la cabeza. Sólo quedó el sujetador cubriendo la parte superior de su cuerpo, cosa que a La Reina Malvada hizo sonreír, y antes de que Emma alcanzara a bajar los brazos, la mujer del extravagante traje movió con fuerza una de sus manos para así provocar que el cuerpo de la rubia se precipitara hacia atrás, sin embargo Emma se incorporó al momento y alcanzó a lanzar el suéter hacia donde se encontraban las hermanas, logrando que éste diera justo en el rostro de Zelena, quien arrugó la nariz al reconocer el objeto.

—¿Qué demonios eres ahora? —Inquirió mientras apretaba con enojo el suéter entre sus manos y le dedicaba una mirada de pura incredulidad. —¿Una stripper?

La rubia ignoró el comentario y se puso de pie al tiempo que volvía a colocarse la chaqueta roja para no dejar su cuerpo expuesto mucho más. Zelena le lanzó una mirada de desaprobación, pero luego alzó ambas cejas al ver cómo Emma esquivó una bola de fuego antes de responder.

—Úsalo para limpiar la herida y detener la hemorragia, genio.

La pelirroja se quejó, pero no por ello dejó de seguir las órdenes de Emma.

Zelena comenzó a desgarrar la tela del suéter para limpiar un poco la sangre alrededor de la herida, y como dijo la rubia, cubrió dicha herida con un trozo limpio de tela, haciendo un poco de presión para evitar que siguiera perdiendo sangre. Por suerte hasta ahora, no había perdido mucha.

Regina emitió unas cuantas quejas por el dolor, provocando que Emma desviara su atención hacia ella y perdiera la concentración por unos segundos que La Reina Malvada supo aprovechar muy bien.

En un abrir y cerrar de ojos, la rubia estuvo aprisionada con magia contra la pared a su espalda.

La Reina sonreía complacida al tiempo que llegaba hasta a ella, viendo cómo forcejeaba e intentaba vagamente liberarse. No tenía sentido que siguiera intentando escapar, ambas lo sabían, pero Emma era incapaz de darse por vencida. Sólo se detuvo cuando sintió las manos ajenas colarse por debajo de su chaqueta para acariciarle el muy bien trabajado abdomen, el cual se contrajo un poco ante el tacto de esos dedos fríos.

—Oh... —la mujer hizo un pequeño puchero. Sus manos todavía acariciando con lentitud la piel de Emma, mientras que sus ojos vagaban por el bello rostro que ahora estaba a escasos centímetros del suyo. —Es una pena que tengas los días contados, Salvadora —susurró casi sobre sus labios, resistiendo apenas el deseo de besarlos— pudimos pasarlo muy bien tú y yo.

—No lo creo.

—Oh, vamos. Sabes que es verdad.

Regina había permanecido ajena a la interacción entre La Reina Malvada y Emma mientras Zelena ajustaba el trozo de tela en su brazo, hasta que escuchó el cuerpo de la rubia golpeando la pared cuando su otra mitad se encargó de estamparla allí. No fue capaz de ver cómo La Reina Malvada acariciaba el cuerpo de Emma, ya que la figura de la mujer se lo impedía, pero bastó verla acercarse de aquella manera al rostro de la rubia para que la ira que antes se había instalado en ella apareciera nuevamente. Su mano derecha abandonó la zona de su brazo herido que había estado sujetando y, sin detenerse siquiera a pensarlo, lanzó un ataque hacia su mitad malvada al igual que hizo Emma cuando las vio al llegar. Por suerte, Regina sabía que tenía perfecto dominio de su magia y que no dañaría a la rubia en el proceso.

Sin embargo, para su desgracia y gran enojo, dicho ataque nunca salió.

Su mano derecha estaba extendida en dirección a donde Emma y La Reina se encontraban, pero de su palma no salía mas que una pequeña llama inestable que luchaba por mantenerse viva.

Zelena enarcó ambas cejas sorprendida al ver esto, y La Reina giró su rostro un poco, sin distanciarse demasiado de Emma, para confirmar que lo que escuchaba era a Regina intentando utilizar su magia.

La sonrisa en el rostro de la mujer de cabello largo sólo se hizo más amplia al ver la patética imagen de Regina, sentada en el suelo como una niña pequeña, intentando materializar una bola de fuego que se negaba a formarse. No pudo evitar dejar escapar una risa.

—¿Qué demonios...? —Murmuraba la morena mientras seguía intentando, únicamente para obtener el mismo resultado.

—Oh, eso. Entrelacé el escritorio y la mayoría de las cosas que hay aquí con un hechizo mágico de amortiguación —informó sonriente.

—¿Qué demonios? —Repitió una vez más, ahora mirando a la otra mujer, quien seguía gustosamente pegada al cuerpo inmóvil de Emma.

La Reina Malvada negó lentamente con la cabeza, fingiendo cierta desaprobación ante la elección de palabras de Regina.

—Esa no es la manera correcta de expresarse. ¿Dónde ha quedado tu vocabulario refinado, Regina? —Preguntó con ese tono de burla que sólo ella sabía emplear, y sin dar tiempo a que la morena pudiera replicar algo, procedió a explicar lo que sucedía. —Tenía planeado dejar el hechizo para que hiciera efecto después, cuando decidieras aparecerte por aquí. Así podría tener una charla tranquila contigo; sin magia, sin interrupciones... pero parece que nuestra querida Emma ha alterado un poco esos planes. —Volvió a girar su rostro, esta vez para mirar nuevamente de frente a la rubia en cuestión. —¿No es así, Salvadora?

Emma abrió la boca para responder ante la atenta mirada de las otras tres mujeres.

Las hermanas, todavía en el suelo, eran incapaces de moverse mientras presenciaban la escena. Regina deseaba más que nunca que la rubia pudiera utilizar su magia para defenderse; para liberarse. Sin embargo, sus enrojecidos ojos oscuros sólo captaron la imagen de una indefensa Emma Swan que fue callada por los demandantes labios de La Reina Malvada.

Podría haber gritado en ese instante mientras veía cómo avanzaba aquel beso nada delicado, pero parecía no tener fuerzas siquiera para respirar. Había algo en su pecho, una fuerte presión que se lo impedía y, a su vez, le ordenaba que actuara.

Regina sujetó con fuerza e ira parte de la ropa de Zelena para obligarla a que apartara la vista de las otras dos mujeres y atendiera lo que ella tenía que decir. Se negaba a seguir presenciando aquello de brazos cruzados.

—¡Haz algo! —Exigió con una exclamación en voz baja, no deseando ser escuchada por su otra mitad para no advertirla de sus intenciones. —¡No permitas que la toque! ¡Maldición, haz algo, por favor! —Repetía al tiempo que tiraba de su ropa con desesperación, queriendo hacer reaccionar a su hermana. No soportaba la idea de que La Reina Malvada estuviera besando a Emma de aquella forma, y lo peor de todo es que la rubia no parecía estar pasándolo tan mal.

Era ésto lo que más enojaba a Regina.

La pelirroja con toda la buena voluntad se puso de pie, ayudándose con el escritorio a su lado para no perder el equilibrio, pero el pinchazo de energía que recibió la hizo retroceder de golpe, y Regina, sabiendo lo que eso significaba, no pudo hacer más que cerrar los ojos con fuerza mientras maldecía para sus adentros. Tenía que pensar algo pronto.

Y lo hizo.

Mientras los labios de La Reina Malvada - los mismos labios de Regina, dejaban un reguero de besos cortos y sensuales alrededor de la boca de Emma, la morena se las arregló para atar su cabello en una coleta y alcanzar uno de los sables que formaba parte de la decoración de su oficina. En el olvido había quedado el brazo herido que Zelena vagamente había vendado con la ropa de la rubia, ese asunto era el menos importante ahora; necesitaba alejar de cualquier modo a esa mujer de Emma.

Regina cortó el aire de la habitación con un par de movimientos de su espada, provocando ruidos que obtuvieron la atención tanto de La Reina como de Emma. Ambas rompieron la conexión de sus labios para fijarse en la morena, quien ahora apuntaba hacia su otra mitad con el arma.