Atención, señoras...

Esta es la penúltima actualización de "Ahora tú"...

La última será el 14 de Febrero, también doble...

Y...como no puede ser menos...recomiendo canción...es "How to safe a life", de "The Fray" watch?v=DF0zefuJ4Ys

Dicho esto...

Dentro, capítulo...

HOW TO SAVE A LIVE

Era noche cerrada mientras los Marines registraban el enésimo tren que pasaba cerca de ese cuartel de la Marina, ahora a menos de una isla de distancia.

El sargento pasó por delante,con aire entre aburrido y cansado, y entonces dos soldados, con las gorras caladas,se cuadraron frente a él en la oscuridad de la noche.

-Este tren está también limpio, señor. – dijo uno.

-Tsk… Bien, descansen. Volveremos a la base esta noche. El relevo viene ya – dijo el sargento, mal ocultando un bostezo mientras se giraba y el tren volvía a marchar.

Lo que el sargento no sabía era que los dos soldados a los que esos uniformes pertenecían realmente estaban ahora inconscientes, atados, amordazados y en calzoncillos, ocultos entre un montón de paja y rumbo a la próxima isla…

Los dos "soldados" sonrieron levemente en cuanto el sargento se marchó, con uno encendiéndose disimuladamente un cigarrillo y el otro amartillando una bolsa de viaje donde estaban sus tres katanas, colgándolo de su lado con disimulo

.

-Me tienes que explicar cómo se te ocurren todas estas ideas – le susurró Zoro al rubio en el oído.

-No es tan difícil – susurró Sanji a su vez. – Las pienso y ya está.

-¿Y ya está? En ese viaje estás que te sales… - suspiró el peliverde, sin quitarse la gorra. –Supongo que ahora subiremos al barco, ¿no?

-Bingo. Pero no tengamos demasiada prisa.

De hecho, hubiera resultado sospechoso, porque los otros Marines remoloneaban, protestando un poco sobre "joder, ya que estamos podríamos descansar en el pueblo", "putos piratas"…

…y, sobre todo…

"Ni que los rehenes fueran a moverse…"

Eso…lo habían oído hacía apenas un rato.

O sea…que eso confirmaba..

Confirmaba que estaban allí.

Viejo...el viejo y los otros…

-¿Estás bien? – susurró Zoro.

Sanji estuvo a punto de decir "sí"· y sonreírle, encogiéndose de hombros…

…pero no se lo permitieron ni el tono con el que se lo había preguntado ni el vértigo que sintió al pensar en el viejo y en los demás… .

-No… - admitió el rubio, con los dientes levemente apretados…y suspiró al notar que la presa en el hombro se hacía cálida, firme.

-No me voy a apartar de ti, ¿vale? – le susurró el peliverde en el oído. – Te lo he prometido…Todo saldrá bien.

-Ojalá no te equivoques, marimo idiota – le sonrió Sanji suavemente, aún con vértigo, pero…

-¡EH, VOSOTROS DOS, DEJAOS DE CHISMORREOS Y AL PUTO BARCO! –bramó un oficial, furioso, harto ya de lidiar con toda esa puta panda de vagos.

Con eso, ambos subieron…

En unas horas…

En unas horas, esperaban que todo hubiera acabado.

El cabo masculló, dando una patada al suelo.

Se supone que el plan había tenido que terminar ya.

¡Y AÚN NI HABÍA EMPEZADO Y FALTABAN APENAS DOS HORAS PARA AMANECER, JODER YA!

-¡PERO QUE ES UN JODIDO VIEJO, JODER! ¿TAN DIFÍCIL ES? – gritó ese cabo, en el cuartel de la Marina.

¿Por qué diablos estaban tardando tanto para ejecutar algo tan sencillo?

-¿Por qué no vas y lo compruebas? – dijo otro, entre furioso y acojonado.

El marine, cabreado con su compañero, fue a la puerta de la prisión…

…y quedó de piedra cuando vio que el viejo pirata cojo Zeff , aunque atado y a pesar del más que evidente cansancio, tenía a su alrededor por lo menos diez marines noqueados mientras se mantenía de pie sobre su pierna y su pata de palo con aire desafiante…

Y lo mismo iba para el otro grupo de rehenes, que se defendían hasta con los dientes de los marines que intentaban sacarlos de las celdas.

-¿A…a nadie…a nadie se le ha ocurrido sedarlos? – murmuró, aún alucinado.

-En ello estamos… - dijo otro, colgando el Den Den Mushi – En un rato vienen los anestesistas.

-¿Bastará?

-Y yo que sé…ponga otra hora…

Mierda.

¿Otra hora?

Los de arriba iban a trinar.

En fin…

Prisa no tenían… .

Apenas dos horas después, el barco de la Marina llegó al cuartel.

Estaba comenzando ya a amanecer cuando los soldados bajaron, dirigiéndose cansadamente hacia sus habitaciones.

Bueno…no todos.

Sanji sintió como su corazón se aceleraba todavía más mientras él y Zoro, aún camuflados, enfilaban a toda prisa por las escaleras de la prisión.

Pero enseguida supo que algo iba mal.

El…el silencio.

Ese silencio, al que sin embargo no quiso hacer caso hasta que ya estuvieron abajo y la evidencia le golpeó en la cara como una bofetada.

¿Qué…qué cojones…?

Las prisiones estaban vacías.

Al completo.

Sanji, furioso, golpeó la pared.

-Mierda…¡MIERDA! Los han cambiado…¡ME CAGO EN LAHOSTIA!

Zoro lo detuvo, cogiéndolo del hombro.

-¡Vamos al puerto! ¡A lo mejor llegamos a tiempo!

-¡Es cier…!

Pero una voz no les dejó seguir:

-¿Qué hacéis vosotros dos aquí?

Tratando de disimular, los dos avanzaron hacia delante…

-¡UN MOMENTO, IDENTIFICAOS!

Y se dieron cuenta de que un grupo de unos doce se había presentado allí ahora.

-¡A LA MIERDA EL DISIMULO! – gritó Zoro, girándose…

…y las caras de los Marines fueron un auténtico poema cuando vieron que Zoro Roronoa y Sanji Kuroashi había conseguido colarse allí.

Pero uno gritó:

-A…¡Atrapadlos! ¡Se supone que es lo que los mandos querían, ¿no?

-¡Es cierto, ellos solitos se han metido en la trampa! – rió otro.

Mierdaaaaa, pensó Sanji, era cierto; pero no se podía dar el lujo de lamentarse, no cuando esos gilipollas se abalanzaron sobre ellos en tromba, no cuando les bloquearon el paso, que abrieron con relativa facilidad…

Hasta darse cuenta de que la alarma atronaba en todo el cuartel.

-¿Adónde vamos ahora? – preguntó Zoro, atándose el pañuelo a la cabeza.

-A… - murmuró Sanji…y vio entonces la señalización - ¡Por esas escaleras de ahí! ¡MIERDA!

Pero otro grupo, esta vez más numeroso que el anterior, bloqueaba todo ese pasillo a lo largo, saliendo de las puertas laterales…

Entonces Zoro gritó:

-¡CORRE AL PUERTO! ¡YO TE CUBRO!

-¡PERO…!

Pero el peliverde le dio un empujón que lo lanzó por encima de todos los otros, dejándolo al borde de las escaleras.

-¡QUE CORRAS, HOSTIAS!

Y sin más, Zoro corrió hacia ellos, arramblando contra los Marines, sin

Marimo de mierda, pensó Sanji, con los dientes apretados, mientras corría.

No…no hagas gilipolleces, ¿vale?, pensó, apretando el paso, todavía más… .

-¡QUE ME DEIS MÁS COLA, HOSTIA! – bramaba Franky.

El tabernero alucinaba cuando vio a una especie de gorila y a un tipo al que los brazos se le estiraban y un millar de brazos cargando varios de sus barriles de Cola mientras una pelirroja con cara de circunstancias le tendía unos billetes.

Lo curioso es que ni siquiera se había molestado en regatear… .

-¡YA NO QUEDAN MÁS EN LA BODEGA! – gritó Ussop, sudando, saliendo del bar.

-¿¡FRANKY, BASTA CON ESTO!? – gritó Luffy, histérico.

-¡RECEMOS PORQUE SÍ! – bramó Franky desde dentro. - ¡ENTRAD TODOS PERDIENDO EL CULO PERO YA!

-Esto…señorita… - intentó averiguar el tabernero, sujetando a la pelirroja de la muñeca mientras todo el grupo corría hacia el barco - ¿Qué…qué les…?

-¡NO HAY TIEMPO! ¡QUÉDESE CON EL CAMBIO! – gritó ella, tirándole los billetes que le quedaban.

…y a duras penas el tabernero pudo ver que quitaba un Den Den Mushi negro del lado del suyo público…

-¡PERO QUÉ COÑO…!

…pero Nami aún tenía, como todos, el eco de la conversación que había logrado interceptar de ese cuartel de la Marina…

…y las órdenes que habían dado…

Varios marines estaban en el suelo, heridos, inconscientes o ambas cosas mientras Sanji, implacable, seguía avanzando, tratando de llegar al puerto…

Y, de pronto, un Marine, un recluta novato, se arrodilló.

-Yo…¡yo lo sé! ¡Es…no todos lo…lo sabíamos! ¡Por fa…favor, para, Kuroashi!

-¿Qué sabes? – dijo Sanji, levantándolo por el cuello de la camisa.

-Yo…yo estaba…estaba en el puerto…Se…¡se han ido ya, hace una hora!

-¿¡CÓMO QUE SE HAN IDO YA!? ¡¿ADÓNDE SE LOS HAN LLEVADO?!

Casi sintió lástima del Marine, un chiquillo, cuando éste se echó a llorar, desesperado.

-No…no lo sé, ¡NO LO SÉ, TE LO JURO! ¡ EL DESTINO SÓLO LO SABÍA EL GRUPO QUE IBA CON ELLOS!

-¿Dónde está la oficina? ¡Llévame hacia allí, ya!

-¡S…sí!

Poco después, en la oficina, el chico estaba inconsciente y atado mientras Sanji, a toda prisa, entre la impaciencia y la prisa por lo que pudiera pasarles a los suyos y a Zoro, repasaba TODOS los papeles de la oficina, cada vez más nervioso…

Tanto que, bramando, dio una patada al archivo donde aparecieron los papeles que confirmaban que Zeff estaba preso y por qué.

Eso ya lo sé…¡ESO YA LO SÉ, JODER!

Pero vio que otros papeles volaban y los atrapó.

PLAN B.

Y había unas indicaciones…

Esto…

¡ESTO ERA EL DESTINO AL QUE PLANEABAN LLEVARSE A ZEFF Y LOS OTROS SI…!

A toda prisa, se los guardó en la chaqueta…y se dio cuenta de que estaba guardando otros también. Otros que detallaban un tipo de armas.

Un momento…

Era…era un tipo de armas MUY ESPECÍFICO…

Contra…había varias: contra Robin, contra Luffy…

Pero lo que le dejó helado fue…

Uno contra UNO DE ELLOS EN CONCRETO.

EQUIPO R.

Varios marines, a lo lejos, todavía no se atrevían a cargar contra Zoro Roronoa, que iba cortando a todos a su paso.

¡Mierda, habían contado con que esos dos atacaran, pero no tan pronto!

-¡¿CUÁNTO QUEDA PARA EL EQUIPO R?! – gritó uno a otro que se aferraba a un Den Den Mushi.

-¡Y YO QUE SÉ…! ¡LO ÚNICO QUE NOS DICEN ES QUE CONSIGAMOS SACARLO AL PATIO!

-¿¡Y CÓMO!?

Mierda, cocinero, espero que esto te esté dando tiempo, pensó Zoro, girando por enésima vez por el pasillo, mareando con ello a los marines que le perseguían y que logró eliminar en cuanto cargó contra ellos de nuevo.

Pero…joder, los pasillos se le estaban haciendo cada vez más estrechos con todos los que estaban quedando tirados…

Algo…¡ALGO LE DECÍA QUE TENÍA QUE IR AL PUERTO!

¿¡PERO DÓNDE COJONES…!?

Vio entonces mucha luz, mucho espacio…

¡EL PATIO!

A toda prisa, saltó, sintiéndose entonces más libre para moverse… .

-¡AHORA, AHORA!

Un momento.

Todos los que le perseguían se retiraron de golpe mientras varias rejas caían sobre las puertas…

Y entre los boquetes, de pronto, salieron varios cañones, pequeños, que estallaron…

Zoro saltó, consiguiendo escapar de las primeras, pero quedó de piedra…

¡Las balas eran como pequeños explosivos que, una vez disparadas, se dividían, saltando por el suelo y hacia él, dividiéndose, persiguiéndolo…!

A duras penas logró esquivarlas, pero entonces se escucharon varias nuevas detonaciones que pronto llenaron el suelo, sin darle tiempo a Zoro a saltar otra vez…

Pero…

No hizo falta.

Alguien…

Alguien le empujó hacia la zona segura mientras varios cascotes, empujados por patadas, bloqueaban esa salida, haciendo gritar desde dentro a los soldados, que se dispararon a sí mismos…

Pero Zoro no pudo celebrarlo.

En el suelo, estaba Sanji, con los tiros que había ido dirigidos hacia él haciéndolo sangrar…

****AHORA****

Sanji cayó al suelo, herido, con un golpe en la cabeza, cansado, pero satisfecho, apretando los papeles que había conseguido.

Lo…lo había conseguido…

Había conseguido que no mataran al marimo…y que…por lo menos…esos…quedaran inútiles…

El rubio jadeó, sonriendo dolorosamente al ver que Zoro corría hacia él…

-Tar…de…sient…inf…

…pero se dio cuenta de que le gritaba:

-¡La mano! ¡Enséñame la mano!

Sanji sólo entonces se dio cuenta de que su mano derecha estaba como inmovilizada, sangrando abundantemente sobre los papeles…

Mierda…mierda…

Mi…mi mano izquierda…

Mi lado…derecho…

¡NO LO SIENTO!

No…¡joder!

Entonces siseó.

Zoro, antes de que se diera cuenta, había trepado por el agujero que Sanji había hecho con su aparición y había entrado en la primera habitación que había encontrado, un dormitorio, y, con todo el cuidado del que era capaz, le estaba mirando las heridas.

-Tienes…hijos de puta…te han colado varias balas…

Sanji tragó saliva, nervioso, sudando.

Pero Zoro, aunque sudando también, sacó a toda prisa el botiquín que había traído Sanji, cogiendo unas vendas, el alcohol y unas pinzas. Entonces, cogió una de las sábanas de las camas que estaban allí, la anudó y, deprisa, se la puso al rubio en la boca.

Muerde esto.

Temblando, Sanji lo aceptó, poniéndose la mordaza en la boca y sudando, nervioso, al entender lo que el espadachín iba a hacer:

-Cuando…cuente tres…empiezo…por la de la mano…¿De acuerdo? – le dijo éste, sudando.

Sanji, apretando los dientes, asintió, mientras Zoro empezaba:

-Una…

-Dos…

Sanji apretó con fuerza a Zoro con la mano libre mientras éste, de un solo tirón, le quitaba la bala de la palma haciéndolo gritar contra la mordaza.

-Shh…Aguanta un poco más…ya está…voy.. voy a vendártela, ya está.

Zoro trató de centrarse en vendarle bien la herida, a pesar de que le costó al notarlo temblar.

-Voy…voy a por la del costado…

Sanji, llorando de dolor, asintió, apretando aún más la mordaza…

…pero Zoro no se atrevió con la del costado. Joder…no lo veía bien..

-¿Notas algo? – dijo, tocando con cuidado con las pinzas en ese lado, y desesperándose cuando el rubio negó a toda prisa con la cabeza.

En cuanto terminó, le quitó la mordaza al rubio y lo abrazó, con fuerza.

-Lo siento…lo siento…shhh…Ya está, ya está…

Sanji, con la mano sana, lo correspondió, desahogándose ahora, pero tratando de tranquilizarlo.

-Es…estoy bien… Estoy bien… me duele, pero… - cerró los ojos, tomando aire, al notar que Zoro le acariciaba la cabeza, como diciéndole: "no te hagas el duro, ya está".

Eso hizo que se dejara llevar, apoyando la cabeza en el pecho de Zoro mientras éste lo seguía calmando.

-Podrás moverlos…tranquilo… podrás seguir usando…

Pero entonces se dieron cuenta de que el ruido de los marines se acercaba.

Sanji apretó los dientes.

-Si…si nos quedamos aquí…nos cog…

Zoro, a toda prisa, metió los papeles y todo hecho un rebujo en la bolsa.

-Vamos a salir de aquí cagando hostias por un médico, ¿de acuerdo? Ahora…intenta no dormirte…Necesito que me guíes- dijo, intentando quitarle hierro a lo que realmente podía pasar.

Aún algo mareado por la pérdida de sangre, Sanji asintió antes de apretar los labios, mirando hacia Zoro y tratando de centrarse en cómo éste recogía todo, a pesar del sopor que le amenazaba.

-Zoro…

-Ya estoy aquí.

No sabría explicar muy bien por qué, pero oír otra vez esa simple frase hizo que se le llenaran de nuevo los ojos de lágrimas, más cuando Zoro se inclinó a su lado, envolviéndolo en una manta para que no perdiera calor y luego lo levantó, cogiéndolo, saliendo a los pasillos del cuartel, primero alejándose de los gritos que se acercaban..

-¡Guíame! Venga…háblame de lo que sea.

-A…tu derecha… - jadeó Sanji - ¿Qué…qué más…qué más…digo…?

-Lo que sea, pero no te calles.¡Corre!

El rubio sintió que se mareaba a medida que corrían, con el eco de los marines resonando cada vez más cerca…

…y a lo lejos se vieron los primeros.

-¡Venga, joder! ¡HABLÁME!

Sanji, temblorosamente, le sonrió, haciendo un esfuerzo para decir:

-Tengo…. que ser a veces un dolor en el culo.

-Sí, lo eres, pero eres mi dolor en el culo.

-Es…lo más bonito…que me has dicho… Gira…a la derecha…o vuelves… - murmuró Sanji, apretando el brazo que sentía todo lo fuerte que podía alrededor del cuello de Zoro. -. Se…se los han llevado…

-¿Adónde?

-Lo…lo tengo…bajo…bajo la chaqueta…

Zoro se tranquilizó al ver que la voz del rubio parecía cada vez más firme, pero no por eso disminuyó la marcha…

…al revés…

…y más al ver que cada vez venían más.

Rugiendo, tuvo que hacerse cargo con la espada que sujetaba con la boca de los que salieron por una puerta lateral, logrando reducirlos muy a duras penas, saltando por encima de los cuerpo mientras los vivos se retiraban gritando.

Entonces, gritó de rabia.

¡MIERDA, UNA ENCRUCIJADA!

¡Y NO ENTENDÍA LA PUTA SEÑALI…!

-El…puerto…

Miró jadeando a Sanji, que le señalaba, vacilante, unas escaleras que bajaban, hacia la izquierda.

-Va…vamos…al puerto…co…coja… - tosió – un…bo…

-Es…está bien. Está bien. – masculló Zoro, mirándolo otra vez - ¿Es…estás bien?

-Ma…marimo idio...idiota… Te…te lo he…prometido, ¿no? – sonrió Sanji, débilmente…

Y de pronto más puertas se abrieron.

Como uno solo, los rugidos de todos los Marines que iban tras ellos atronaron el lugar mientras los perseguían en avalancha, haciendo que con eso Zoro, con rabia, con toda la fuerza que tenía, apretara más a Sanji tratando de correr, de buscar un escape, por el patio, por la muralla, por donde fuera; a duras penas logró salir del cuartel y cerrar la puerta hacia el puerto, pensando en coger una balsa y escapar…

Pero maldijo, maldijo en cuanto vio que los Marines se les habían adelantado, llenando el puerto, rodeándolos, obligándolo de nuevo a correr hacia una grúa, consiguiendo un parapeto lo más seguro posible para el cocinero dentro de la torre tras él mientras el ruido de los que venían desde fuera hacía temblar todo, acorralándolo, siendo el ruido todavía más presente, más fuerte, más atronador, atronador…

Pero, para Zoro, era todavía más atronador el silencio.

El silencio del cocinero, que ya no hablaba…

A toda prisa, lo dejó en el suelo, sintiendo por una vez que temblaba, muerto de miedo, sujetándolo de los hombros, con aterrada fuerza, moviéndolo, más al ver que Sanji no abría los ojos…

Joder…joder, cocinero de mierda, no,no, nononono… ¡NO ME HAGAS ESTO! ¡NO ME HAGAS ESTA FAENA, JODER!

…y entonces los disparos atronaron el aire, obligándolo a entrar por un momento.

-¡ATACAD A KUROASHI! – gritó uno de ellos - ¡ASÍ LE OBLIGARÉIS A DEFENDERLO!

Zoro, bramando, rabioso, con los ojos llenos de lágrimas, se lanzó, con las tres espadas desenvainadas, como una ola de hierro infernal que ignoró armas, heridas, filos, lanzándose contra todo lo que tenía por delante, sin dejarlos avanzar, ni rozar siquiera la puerta de la cabina.

Sanji, con todas las fuerzas que le quedaban, trataba de abrir los ojos, de entender lo que estaba pasando, de gritar, de decirle a Zoro que no fuera idiota, de moverse, de hacer algo…

Pero quedó paralizado en la bruma cuando se olió la sangre…

Ma…ri…mo…

No pudo ni moverse por más que lo intentó cuando vio la silueta de Zoro inclinada delante de él, rugiendo, respirando pesadamente, lleno de sangre pero aún fiero, resuelto a sacarlo de allí o a morir en el intento…

No…

¡NO!

¡TENÍA QUE HACER ALGO, JODER!

Oscuridad.

Un momento…

Algo…

Algo…se había puesto…

Una especie de barrera…¿se había formado delante de ellos?

Y…

¿Se oían truenos?

Pero…

Entonces…

A pesar de la oscuridad y los gritos de terror, supo seguro lo que se oía…

- ¡GOMU, GOMU NOOOO…!