Era miércoles por la mañana. Byron ya estaba en clase. Estaba algo cansado.

No podía quitarse de la cabeza la imagen de Elsie llorando.

Eso lo martirizaba. No quería que volviera a llorar. Nunca más. Por el bien de los dos. Y él mismo se encargaría de protegerla. Para siempre.

- Love, ¿Puedes resolver esta ecuación?

- ¿Eh? Esto... x=50

- Bien. Pero deja de estar en las nubes.

- Oh, si, lo siento. No volverá a pasar.

Pero estuvo toda la mañana pensando en ella. En qué podía hacer él para que estuviera bien.

Nunca supo por qué, pero desde que la vio por primera vez no hizo más que preocuparse por ella. Todo le resultaba tan extraño... Esa chica le gustaba. Le gustaba mucho. Durante tanto tiempo se había considerado siervo de Afrodita... y que poco sabia de ese sentimiento que poseía la diosa... no tenía idea de lo que sentía por Elsie, pero lo que si que sabía era que había algo muy fuerte que los unía.

Y es que había tantas cosas que le gustaban de ella...

Su larguísimo y precioso pelo añil, el color pálido de su piel, su hermosa voz, esas sonrisas tan tiernas y tímidas que mostraba sin pretenderlo...

Pero lo que de verdad le encantaba eran sus ojos.

Esos preciosos ojos color añil con ese brillo tan especial.

Se disgusto mucho cuando por las lágrimas sus ojos se enrojecieron. ¿Para qué mentirse más a si mismo? Elsie le gustaba muchísimo.

¿A qué hora saldría del entrenamiento? Podría ir a verla a su casa, suponiendo que a ella no le molestaría.

Podría proponerle dar un paseo, o algo... decidido, entonces. Iría a ver a Elsie. Mejor iría a mediodía, aprovechando que seguramente ya estaría en casa.

...

Elsie no tenía ninguna gana de ir a clase ese día, y aunque no le gustaba mentir, le dijo a su madre que se encontraba mal. Tras darle un medicamento que Elsie escondió bajo la almohada, su madre se fue a trabajar, y como siempre, volvería por la noche.

Se había pasado toda la mañana en la cama, pero sin dormir. Solo podía pensar en la tarde anterior. En el reconfortante momento que había vivido con Byron.

Aparte de los de su hermano, nunca había tenido un abrazo tan tierno.

La verdad, tenía ganas de verlo... ¿Qué le estaba pasando? Ella no solía ser así... no daba contacto físico tan fácilmente. Pero Byron le hacía sentir cosas de lo más nuevas en su interior. ¿Acaso era posible que ese chico se hubiera vuelto tan necesario para ella en tan poco tiempo?

Realmente era un chico encantador, atento y tierno... y además... le había contado cosas que jamás le habría contado a nadie.

Vaya... ya era mediodía...

Sonó el teléfono.

- ¿Diga?

- ¡Hola, Elsie!

La chica reconoció la voz de Mark, su capitán.

- Ah, hola, Mark.

- ¿Estás bien? Como no has venido a clase...

- Si, es que... estoy algo cansada... pero tranquilo, iré al entrenamiento.

- No, descuida, quédate en casa. Si estás cansada no podrás jugar bien.

- Pero... ya ayer no entrenamos... ¿No se supone que debemos hacernos más fuertes?

- Puedes estar tranquila, Elsie. La academia Alius no ha dado señales de vida de momento. Tú descansa y te avisaremos de lo que suceda, ¿Vale?

- Bueno... Oh, te tengo que colgar. Acaban de llamar a la puerta.

- De acuerdo, ¡Adiós!

...

- Gracias por hacerme caso, Mark

- No es nada, Axel.

- Elsie debe parar un poco. Entre Kevin, ella y yo, tenemos demasiada presión. y ella no podrá soportarlo si esto sigue así.

- Si, tienes razón...

El delantero notaba como el chico lo miraba divertido.

- ¿Qué pasa?

- No te hagas el loco.

- … Mark, vamos a entrenar.

...

- ¿Quien será a estas horas?

Abrió la puerta.

- ¡Byron! que... ¿Qué haces aquí?

- Bueno, vine para ver como estabas, aunque no contaba mucho con que estuvieras... ¿Hoy no has ido a clase?

- No, estaba algo cansada... ¿Quieres entrar? No me hace mucha gracia estar en pijama fuera de casa...

- Oh, vale -Nervioso-. ¿Y que tal te encuentras? ¿Estás bien?

- Si, por supuesto.

- ¿Y que tal el moratón?

- ¿El moratón? Bueno... ni me acordaba, no lo he mirado...

- No deberías ser tan descuidada.

Se acercó a ella y le quitó la gasa con cuidado.

- Tiene mucho mejor aspecto. En dos días ya habrá desaparecido.

- Bien... ¿No tienes clase por la tarde?

- No, hoy no. ¿Y tú no tenías entrenamiento?

- Mark me llamó y me dijo que descansara. Pero ya descansé lo suficiente, y necesito volver a jugar.

- Pues... ¿Por qué no jugamos? Después de ir a comer, claro.

- ¿Jugar los dos solos?

- Claro. Te llevare a un lugar. ¿Pero adonde quieres ir a comer?

- Mejor si comemos aquí, ¿No? Podemos hacer algo rápido.

- Por mi vale.

- ¿Y se puede saber a donde me vas a llevar?

- Sorpresa...

- Oh, vale, vale... Vamos a comer, ¿No?

Le encantaba tener confianza con Byron. Al final, era como si realmente estuvieran entrelazados por los dioses. Y en verdad, se compaginaban muy bien. Ni siquiera con Neil, su mejor amigo de toda la vida, se había llevado así. Comieron y después de que Elsie se cambiara de ropa, fueron al lugar al que Byron iba a llevarla.

Elsie se quedó paralizada. No creía que fuera a ir alguna vez a ese lugar.

- ¡Pero esto es...!

- Mi instituto, claro. El instituto Zeus.

Realmente era todo extraordinario. Todo rodeado de césped y flores, columnas y estatuas de mármol, y una enorme fuente con miniaturas de los dioses perfectamente grabadas.

¿De verdad era un instituto?

Parecía un lugar de vacaciones, en lugar de un centro de estudio.

- ¡Byron, es maravilloso! Jamás hubiera imaginado que un instituto pudiera ser así.

- Es bonito, ¿Verdad? Aunque bueno, el lugar al que vamos ya lo habías visto. Ven. - la agarró de la mano y la llevó con él-

Llegaron al lugar.

- El estadio... ¿Por qué me has traído aquí?

El campo de fútbol donde habían jugado la final del frontier. Todo seguía tan deslumbrante como la otra vez.

- Dijiste que querías jugar, ¿No? Jugaremos los dos aquí. Hoy no vendrá nadie. ¿Te parece bien?

- ¡Si, por supuesto!

- ¿No te importará jugar sola con una persona?

- Claro que no -mejor, de hecho. Le interesaba ver como actuaba Byron contra ella en solitario.

Byron cogió un balón y empezó a correr.

- A ver si logras robármelo. Muéstrame lo que sabes hacer de verdad.

- Tú lo has querido.

Corrió hacia él y aprovechando que estaba de espaldas, se apoyó en sus hombros, saltó sobre él y tras girar bajó al suelo y le robó el balón. Pero fue muy fácil.

Siguieron así durante un rato.

- No estas jugando en serio

- ¿Por qué lo dices?

- No has empleado ninguna técnica definitiva.

- La hora celestial te haría daño.

- -Sonriendo- Debo reconocer que me gusta mucho tu técnica... sabiduría divina... es increíble... Oye, ¿Me la podrías mostrar? En fin, si no es mucho pedir…

- Mejor que verla, ¿No preferirías hacerla conmigo?

- ¿Y como podría yo hacer eso? - Byron le tendió la mano.

- Ven, súbete a mis pies. Yo te agarraré. Ven.

La puso sobre él y la agarró por la cintura, pero luego puso sus manos sobre las de ella, entrelazándolas.

- No me dejes caer...

- No lo haré... ¿Preparada?

- Si…

Desarrolló la técnica, como solía hacer siempre. Pero esa vez fue la más especial de todas. El hecho de poder compartirla con Elsie le hacía sentirse mejor.

Elsie estaba asombrada. Realizar una técnica tan magnífica, y más junto a él... era una de las experiencias más maravillosas que había tenido en la vida. No lo olvidaría jamás. Byron había depositado su confianza y su técnica en ella. Sintió su fuerza, su poder. Parecía que los dos estaban siendo rodeados por un aura de luz pura, mientras a Byron le crecían unas hermosas alas en la espalda.

Golpearon el balón, los dos a la vez, y esa técnica nunca había tenido tanta fuerza.

Bajaron y durante un rato no se movieron, mientras Byron acariciaba las manos de Elsie con las suyas.

Allí, en medio del campo de fútbol, parecían un solo ser.