Y aquí esta el capítulo que estuvieron esperando y el que necesito más esfuerzo por mi parte. Chicas, hay dos canciones para hoy, cuando vean los nombres les pido que las pongan, ¿vale? Con más razón la primera que aparecera. No las entretengo más, disfruten este especial capítulo.

Un pequeño RECORDATORIO: En el grupo del fic estoy publicando las imagenes de los atuendos aquí descritos tal y como lo estuve haciendo la temporada pasada.

Gracias por los reviews, favs y follows.

No olviden que tenemos un grupo en fb del fic, lo encontraran con el nombre de la primera temporada.

Cheers!

Soundtrack del Capitulo.

"The Power Of Love (La Fuerza Mayor)" Il Divo www youtube com / watch?v= -fN49TItkdQ

"A Year Without Rain" Selena Gomez www youtube com watch?v= M8uPvX2te0I

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Capitulo beteado por Patto Moleres. Betas FFAD

www facebook com / groups / betasffaddiction /

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Algunos de los personajes no me pertenecen, provienen de la maravillosa imaginacion de la gran Stephenie Meyer; la historia es completamente mia. Version Edward y Bella de la novela RobSten, link en mi perfil.

Las avenidas, ciudades y barrios de Los Angeles mencionados en la historia son verdaderos.

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¡El gran día llegó!

¡La espera ha terminado, California! Nuestra princesa, Isabella Swan, se casa hoy con su príncipe encantador: Edward Cullen. Recordemos que la pareja se comprometió durante el último Año Nuevo en la cena anual de la familia Swan.

Durante estos meses, los Cullen y los Swan se vieron envueltos en una vorágine digna de la planificación de la boda del año, y esta noche sólo habrá lo mejor de lo mejor; Charlie Swan no escatimó en gastos para darle a su pequeña la boda que se merece, y junto a Renee y Jasper Swan, tiró la casa por la ventana y les mostró a todos los mortales cómo hacer una boda perfecta. Para nadie es un secreto que Isabella es la consentida de su padre, pero por si aún quedaban dudas, la boda las aclarará.

Aprovechamos este espacio para confirmar lo que era un secreto a voces desde hace dos días: Edward e Isabella sí están esperando su primer hijo. La nueva señora Cullen tiene cuatro meses de dulce espera y al parecer, las familias pensaban ocultarlo hasta después de la boda pero la incipiente barriguita que Bella comenzó a mostrar, cambió por completo sus planes.

¡Muchas felicidades a la feliz pareja!

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Bella POV:

13 de agosto de 2010. El Gran Día.

9:30 de la mañana.

Charlie y Renee entraron en silencio a la morada habitación de Isabella, se acercaron a la cama de dosel dónde la princesa dormía. Charlie se sentó en la cama, al lado de su cabeza mientras que Renee hacía lo mismo a los pies de su niña. ¿Cómo es que creció tan rápido? Ambos se preguntaban. ¿Cuándo dejó de ser la pequeña traviesa que jugaba en el lodo y metía perritos abandonados a su casa sin que nadie se diera cuenta?

Esa pequeña traviesa había crecido antes de que sus padres pudieran prepararse para eso, se convirtió en una especial y maravillosa mujer que ese día se casaría con el hombre de su vida. El espectacular anillo de compromiso brillaba de una manera diferente, y es que su mano izquierda se encontraba posada sobre su pequeña barriguita de cuatro meses. Para Charlie y Renee aún era una completa sorpresa que su hija estuviera embarazada, tan minuciosa y perfeccionista que es, no pueden comprender como pudo dejar sus pastillas durante dos meses; pero aunque sorprendidos, ambos estaban felices, era lo único que faltaba para coronar esos meses perfectos.

Charlie acarició la mejilla de su hija, causando que ésta abriera lentamente sus ojos chocolates que heredó de él.

—Buenos días, princesa —la saludó.

—Buenos días, papi —respondió. Charlie jadeó sorprendido pues frente a él no veía a la mujer de casi veinte años, embarazada y a horas de casarse; veía a la niña de seis años que, con un oso de peluche bajo el brazo y sus trencitas, lo saludaba dando saltitos y pidiendo a gritos unos panqueques de nuez y vainilla, la niña que él tomaba en brazos y sentaba sobre el alto banco de madera de la barra.

Renee notó el desconcierto de su esposo y palmeó los tobillos de su hija, distrayéndola de la extraña reacción de su padre.

—¿Nerviosa, mi cielo?

Bella bufó.

—¡Mucho! Pero más emocionada. Casi no pude dormir, y bodoque tampoco ayudó mucho que digamos.

—Recuerda que él o ella siente tu inquietud, cariño. Necesitas estar calmada para que él también lo esté.

—¡Es que no puedo! Nunca había estado tan nerviosa en toda mi vida, ¿y si algo sale mal? ¿Si no entró en ningún vestido? ¿Si me quedo muda al momento de decir acepto?... ¿¡Y SI EDWARD NO LLEGA!?

—Puedes estar segura que el chico llegará, pequeña… —le dijo Charlie—, bueno, si es que tiene sentido de supervivencia.

—¡Charlie! —lo regañó Renee.

—Sólo decía, mujer.

Isabella rió entre dientes mirando la divertida discusión de sus padres hasta que finalmente, su bodoque comenzó a reclamar por su desayuno.

—Ok, esto es divertido, pero bodoque y yo necesitamos desayunar ahora —los interrumpió. Charlie y Renee la miraron sorprendidos y se apresuraron a bajar a desayunar.

El día en la mansión Swan comenzó de manera normal, pero había pequeñas diferencias que indicaban lo importante que era mañana para toda la familia; el comedor estaba lleno pues ambas familias, la Swan y la familia Higginbotham, habían viajado desde Washington hasta California para presenciar ese día tan especial en la vida de Isabella. La princesa se casaba, y se lo merecía después de todo lo que pasó. Y sabían que Edward era el indicado, porque cuando todos pensaban que ella ya no tendría salvación, fue él quien la amó como se merece, quien la hizo más feliz de lo que alguna vez fue. Edward, el único que la hizo volver a confiar en el amor.

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Mientras tanto, en el enorme Palacio de Bel Air que esa tarde se convertiría en el nuevo hogar de Edward e Isabella, toda la familia Cullen estaba reunida esperando con ansías que el gran momento comenzara. Para todos no era un secreto que una parte de la familia no estaba de acuerdo con la boda: era apresurada, sin sentido e increíblemente innecesaria. Pero Edward tomó su decisión sin preocuparle que su familia no estuviera de acuerdo. Ellos consideraban que mantenerse en las familias más acaudaladas del Reino Unido les daría más reconocimiento del que ya tenían; sin embargo, Edward se enamoró de una americana, y se enamoró como nunca. Las cosas eran diferentes para sus padres y sus hermanas, ellos adoraban a Isabella, les parecía la mujer perfecta para Edward, porque ella no era la típica niña de sociedad bien portada e hipócrita que se interesaba más por impresionar que por ser ella misma. Isabella no era así y eso era lo que los Cullen más amaban de ella. Por un momento, se les olvidaba que eran una de las familias más prestigiosas de Londres, y se permitían ser ellos mismos, sobre todo Edward.

Él, que había vivido toda su vida guiado por las reglas del protocolo, se sentía libre cuando podía salir con Isabella y demostrarle a todo el mundo que ella era lo más importante para él.

Carlisle y Esme no podían dejar de mirar a su hijo. Aún tenían en sus mentes la imagen del chico de veintiún años que un día dejó Londres para comenzar una nueva vida en Estados Unidos, donde dirigiría la sucursal americana de su imperio de inversiones. El chico se había convertido en un hombre que llevó a su empresa hasta la estratósfera del mundo empresarial, que figuraba en las listas como uno de los empresarios más importantes del mundo, rebasando a su propio padre por un lugar; si fuera alguien más, a Carlisle le preocuparía y haría todo lo posible por regresar a su lugar, pero tratándose de su propio hijo, lo único que podía hacer era sentirse orgulloso.

¿Cómo es que llegó tan lejos?, se preguntaba Carlisle. ¿Cuándo dejó de necesitar mi ayuda cuando olvidaba una multiplicación?

Hoy ese chico se casaba y comenzaría una familia como siempre quiso. Era un día especial y como tal debía ser tratado.

Esme, Kate e Irina se fueron a Hollywood después de desayunar, intercambiando lugares con todos los hombres de la corte, incluyendo a Jasper que llegaba junto a su padre.

Una de las reglas que Isabella dejó en claro era que quería a los hombres de la corte separados de las mujeres, todos se verían de nuevo hasta la ceremonia.

—¿Cómo están, Charlie? —le preguntó Edward a su suegro estrechando su mano.

—Ya sé que no preguntas por mí, muchacho —le dijo entre risas. Edward se encogió de hombros—. Están bien. Ya desayunó e iban de camino al spa. De hecho tuvo la energía suficiente para corrernos a Jasper y a mí en cuanto terminamos.

—Eso lo hace todo el tiempo así que no hay diferencia —intervino Liam.

El día comenzó más rápido de lo que esperaban. Las mujeres, reunidas en Hollywood, eran consentidas por masajistas de primera; mientras que los hombres en Bel Air brindaban por la prosperidad del matrimonio y por la buena salud del pequeño heredero en camino.

Las apuestas por el género del bebé eran parejas. Unos aseguraban que Bella cargaba con un niño y otros torturaban a Edward jurándole que esperaban a una niña idéntica a su madre; lo único que Edward y Bella querían, era que su bebé naciera con buena salud. Si era niño o niña no era su prioridad, amarían a su hijo como a nada en el mundo.

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Isabella estaba en las profesionales manos de su estilista, Peter, mientras que sus damas eran arregladas por las estilistas del hombre. Durante las muchas pruebas que les fueron aplicadas a las chicas, llegaron a la conclusión de que Isabella conservaría su estilo natural con el cabello suelto y maquillaje ligero; en cambio, las damas tendrían peinados más recogidos que ayudarían a que Bella siguiera brillando.

El vestido de princesa estaba colgado en la puerta del vestidor acompañado por todos los vestidos de las damas, listos y esperando para ser usados mientras una fotógrafa de los muchos que fueron contratados se agasajaba con el arreglo de la novia, las damas y las madres. Ese día era muy importante para todos y querían tener tantas fotos como se pudiera incluso si la pobre mujer se encontraba apretujada entre tantas personas que había en la habitación.

Peter colocó la tiara de plata y diamantes que Edward mandó a hacer junto al anillo de compromiso de Bella; tenía una forma de montaña rusa que subía y bajaba, formado por más de treinta pequeños tubos de plata coronado por un diamante cada uno, estos servían de soporte para un intrincado diseño de cristales; la forma le recordó mucho a la Fringe* y lo supo porque ella amaba esa tiara. Edward también lo sabía y por eso su primer pensamiento al diseñarla era hacerla cercana a la Tiara Real. Isabella la vio por primera vez la noche anterior cuando Kate e Irina se la mostraron, ignorando las órdenes de su hermano que dejaban en claro que la princesa no debía ver su joya hasta que Peter la colocara; ella de inmediato quedó maravillada con ella. Le pareció tan hermosa y elegante que no pudo evitar llorar al saber que en realidad era única y toda suya, y que fue su marido quién la diseñó en persona solo para ella.

Después de la tiara, le puso el velo de encaje de catedral con cristales incrustados en las orillas. Era muy delicado y exquisito, como si estuviera hecho de nube o aire.

—¿Cómo se ve? —preguntó el estilista con una sonrisa, llamando la atención de todas—. Me quedó más divina que nunca, ¿no es cierto?

—Pet, sabes que me gustaría decir que sí pero déjame aclarar que mi niña, hoy, simplemente deslumbra con o sin toda tu "magia" —respondió Renee.

—Lo sé, lo sé; sólo quería subirme el ego un poquito más.

—¿¡MÁS!? Pet, entre tu ego y el mío, ya no cabe ni un alma aquí adentro —bromeó Bella—. Y gracias. Yo siempre estoy divina.

—Y ahí está la razón por la que nos entendemos tan bien, cariño.

—¡Obvio! —respondió Bella. Se puso de pie—. Ayúdame —le pidió a su estilista. El chico asintió y la siguió al vestidor de dónde sacaron unas bolsas de centro comercial en color morado metálico con moños plateados en una esquina. De los moños colgaban pequeños cartones de color lila con los nombres de la dama de honor a la que iba dirigido el regalo. Todo ese rato, las mujeres estuvieron pendientes de lo que la novia y su estilista hacían—. Chicas, quiero darles estos regalitos que Edward y yo mandamos a hacer para agradecerles todo el apoyo que nos han brindado, no solo desde que nos comprometimos sino también desde que estamos juntos. Espero que les gusten, chicas.

Entregó uno a uno los regalos. Cada bolsa tenía una pamela morada en forma de ovoide de organza con flores de tela en un costado; un clutch ovalado de perlas y cristales y un juego de aretes y gargantilla de plata y diamantes morados.

Las chicas reaccionaron sorprendidas y emocionadas con cada artículo que descubrían y todas se levantaron a agradecer y abrazar a la novia.

—Belly, esto es maravilloso —le dijo Rosalie—. Muchas gracias.

—No fue nada, lo hicimos con todo nuestro corazón. Y para mi mamá y Esme también hay algo especial —dijo sacando dos cajas de terciopelo blanco, las entregó y se mordió el labio esperando la reacción de las mujeres.

Dentro de esas cajillas había un juego de plata con collar, pulsera y aretes. Tan sofisticados y elegantes que las madres no pudieron evitar soltar unos sollozos, la abrazaron y le besaron las mejillas.

—Bella, es tan lindo, cielo —le dijo Esme.

—Sí, mi amor. Gracias.

Bella sonrió y dejó que todas sus amigas, su hermana, sus cuñadas, su madre y su suegra la abrazaran hasta que Peter las separó alegando que aunque su maquillaje era a prueba de agua, no iba a correr riesgos.

Bella esperó a que su madre y su hermana estuvieran listas para que la ayudaran con el vestido. Cuando lo estuvieron, fueron al vestidor y la ayudaron a meterse en su hermoso vestido de princesa color blanco alabastro con esa fantástica cola de tres metros y el corsé repleto de cristales y diamantes, con una falda de tul fluida y un tierno y enorme moño en la espalda baja.

La ayudaron a salir del vestidor donde todas las esperaban expectantes por ver a la novia. Isabella salió sonriendo y sosteniendo un lado de la falda.

—¡Oh, por Dios! —exclamaron los presentes.

La fotógrafa disparo sin parar, obteniendo tomas de cada paso de la novia.

—¡Es hermoso! —gritó Leah.

—Izzy, estas muy, muy, muy hermosa —le dijo Ángela.

—Mi hermano se volverá loco —dijo Irina. Isabella lanzó unas risitas.

Ilaria y Rosalie le ayudaron a subirse en sus zapatos de purpurina plateada y ponerse la tradicional liga con el toque morado que faltaba, su mamá y Esme le ayudaron con las joyas mientras Kate e Irina se las arreglaban con la chalina de marfil y el despampanante broche de diamantes y zafiros que una vez perteneció a la madrina Elizabeth. Ilaria fue y regresó de su habitación cargando una cajita azul que le tendió a Isabella.

—El vestido y los zapatos son nuevos, el broche de tu madrina es azul y viejo, sólo te falta lo prestado —le dio la caja. Isabella la recibió encantada y le quitó la tapa. Dentro había un precioso crucifijo plateado en una cadena del mismo tipo, ambos ya comenzaban a mostrar signos de cobre, pero eso los hizo más bellos porque eran un gesto de Ilaria, algo que le pertenecía pero que quería prestarle a su hermana en ese día tan especial. Bella miró a su gemela sonriendo—. No es la gran cosa pero significa mucho para mí porque mi mamá... Dydime me lo regaló cuando comencé la preparatoria... Y lo quiero de vuelta, princesa.

Bella lanzó unas risitas asintiendo.

—¿Me ayudas? —le preguntó extendiendo el brazo donde usaba su singular brazalete de tiara que Edward le regaló hace casi un año. Ilaria sonrió. Sacó el crucifijo de su caja y lo aseguró alrededor de la muñeca izquierda de Isabella. Cuando terminó, las hermanas se abrazaron bajo la emocionada mirada de Renee.

La novia estaba lista, al igual que su corte y las madres. La fotógrafa pidió que fueran al balcón para sacar unas fotos y después bajaron al jardín trasero.

La limosina plateada ya la esperaba; las damas y las madres tenían disponibles autos antiguos de color negro. Tanto la limosina como los autos se encontraban adornados por listones lilas y blancos.

Para Edward, los padrinos y los padres había algo parecido, a excepción del novio quien sería transportado en una limosina estilo antiguo plateada; los adornos eran los mismos.

En Bel Air ya habían sido entregados los regalos que consistieron en un juego de gemelos para camisas, los de los padrinos eran de plata, cuadrados con puntitos que daban la sensación de ser granitos saliendo del broche; para Carlisle y Charlie eran de la misma forma, lo que los diferenciaba era ese barnizado negro que le daba un toque de más elegancia y madurez.

Salieron de la nueva Mansión Cullen-Swan y se subieron a los autos. Edward no podía estar quieto, estaba emocionado y nervioso a la vez; estaba a minutos de casarse con la mujer de su vida, con la que lo hacía feliz sin importar nada; una niña mimada, caprichosa y berrinchuda, con un extraño complejo de princesa y aires de grandeza. ¿Cambiaría algo de Isabella ahora que son marido y mujer? Por supuesto que no. Él la conoció así, con esos modos se enamoró de ella, ha vivido con esos berrinches y esos caprichos desde hace casi un año; cada que ella hacía un puchero, Edward se enamoraba más y más. Y tenía una cosa clara: a la Princesa ni los años ni su estado civil la cambiarían.

Isabella Marie Swan-Cullen sería siempre una Princesa.

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Frente al salón donde sería la boda, se encontraban arremolinados los reporteros y fotógrafos de los periódicos de mayor circulación en Estados Unidos y Londres, pues de algún modo lograron que las familias aceptaran la cobertura desde el exterior bajo la filosofía de "si no puedes contra el enemigo, únete a él"; no estarían en la ceremonia ni en la recepción y no habría fotos de paparazzi de esos momentos... Estaban seguros.

La prensa esperaba con ansías la llegada de los novios con su corte y sus padres, ya habían recibido el aviso de que el novio ya estaba en camino escoltado por sus padrinos, su padre y su suegro. Ahora sólo esperaban la alerta para preparar sus cámaras y no perderse ni un solo segundo.

¡Edward está llegando, repito, Edward está llegando! —anunció un corresponsal que se encargó de cubrir la trayectoria del novio. Los fotógrafos prepararon sus cámaras mientras escuchaban las sirenas de las motos policiales acercarse. Conocían el procedimiento, porque había sido dado un día después de la Cena de Ensayo para distraerlos y desviar su atención del embarazo de Isabella. En cuanto escucharan las sirenas, tenían un minuto para prepararse.

Las motocicletas fueron las primeras en aparecer, seguidas por los autos que transportaban a Carlisle Cullen y Charlie Swan; detrás de estos venían los amigos de Isabella, seguidos por Mikeatrás luego llegaba Emmett, siguiéndolo llegaba el padrino: Eric, y por último, haciéndose esperar, llegó la limusina plateada antigua. Las cámaras fotográficas disparaban sin piedad ni descanso, inmortalizando cada momento de la llegada del novio. Mozos vestidos de smoking abrieron las puertas de los autos mientras la escolta policial se apresuraba de nueva cuenta a la entrada de Bel Air para esperar a la novia.

—¡Edward, Edward, por aquí! —gritaban los fotógrafos sin parar consiguiendo que el novio los saludara con un gesto de mano y una sonrisa.

—¡Felicidades por el embarazo! —soltó un fotógrafo. Todos lo miraron sorprendidos. No estaba prohibido, pero tenían en claro que no iba a ser mencionado durante la boda.

Edward volvió a sonreír y agradeció con un gesto.

—¡Muchas gracias! —respondió y dejó que los mozos lo guiaran al interior del jardín.

Lo llevaron por un camino que lo dejaba fuera del campo de visibilidad de los invitados y lo mantuvieron dentro del salón hasta que comenzara la marcha nupcial; a los padrinos y a Charlie los llevaron a un lateral del jardín mientras que Carlisle fue directamente a su asiento.

Fuera del jardín, el frenesí había cesado por un momento para permitirles un descanso a los fotógrafos. El radio pitó y se prepararon.

Isabella está saliendo de la casa de sus padres, repito, Isabella está en camino.

Dentro del jardín, el celular de Kebi sonó con la alerta de mensaje. Un texto de su asistente le avisaba que la novia estaba en camino y corrió a dónde estaban los padrinos y el padre de la novia.

—Chicos, ya vienen —avisó. Y comenzó el ajuste de corbatas, camisas y cabello. Era agosto en California, lo único que todos querían era un poco de aire fresco, pero estaban demasiado ansiosos como para poder refrescarse.

Más pronto de lo que creían, las sirenas comenzaron a sonar. Los fotógrafos se prepararon y Kebi mandó a Charlie a recibir a su hija. Y ahí estaban. Primero llegó el auto de Renee Swan, seguido por el de Esme Cullen. Detrás de ellas venían las amigas de Isabella; después llegaba Rosalie con Kate e Irina Cullen siguiéndola; el último auto negro pertenecía a la gemela de Isabella, y al último llegaba la novia en una impresionante limusina blanca. Ilaria bajó sin esperar a que le abrieran la puerta, se apresuró a la limusina junto a Camille y Stephanie, las niñas de las flores quienes lucían un precioso vestido morado de tirantes con la falda llena de arruguitas, el talle liso y un listón lila en la cintura; sus cabellos estaban peinados de la misma manera que el de Bella en la boda de Londres. Todas ayudaron a Isabella a bajar y a sostener la larguísima cola. Charlie sostenía el ramo mientras las mujeres se las arreglaban para bajar el enorme vestido de princesa. Cuando por fin estaban fuera, los fotógrafos comenzaron a gritar el nombre de la novia a lo que ella respondió con una sonrisa cortés y un saludo de una forma muy real, la felicitaron por su embarazo y agradeció de la misma forma que Edward.

Entraron al jardín y fueron directamente a donde estaban los chicos. Las expresiones en sus rostros al ver a Bella fueron impagables. La princesa sonrió y lo descartó con una mano.

—Estás preciosa —le dijo Jasper.

—Gracias —respondió. Los hermanos se abrazaron.

—¡Listos, señores! —gritó Kebi. Se acercó a Isabella y le bajó una capa del velo al rostro para cubrirlo—. ¿Lista? —le preguntó.

—Muy lista.

La corte comenzó a acomodarse frente a la novia bajo el siguiente orden: Jasper y Kate iban primero, seguidos de Mike e Irina, atrás se encontraban Emmett y Rosalie; después Garrett y Leah y por último Liam y Ángela. Las niñas entrarían minutos después que ellos esparciendo los pétalos de rosa lila y blanca por toda la alfombrilla blanca.

Y así fue como entraron, cuando las primeras notas del Canon del Pachelbel sonaron, dos mozos apartaron las telas que mantenían en secreto a la novia y su corte; una a una las parejas entraron al lugar de la ceremonia y al mismo tiempo, Edward tomaba su lugar guiado por el sacerdote y acompañado por Eric. Los invitados miraban sonrientes la procesión, reaccionando de diferente manera cuando las pequeñas Stephanie y Camille hicieron su aparición, ambas preparando el territorio para su Tía Bella, medio metro detrás de ellas entró Ilaria.

Las telas se volvieron a colocar entre la novia y el jardín hasta que comenzó a sonar la Marcha Nupcial. Todos se pusieron de pie viendo como las telas se abrían y Charlie entraba llevando a su pequeña. Edward suspiró y sonrió. Estaba magnifica. Toda ella brillaba con esa luz propia tan hermosa y singular que tenía. Isabella y Edward cruzaron miradas por sobre la barrera del encaje de catedral y sus sonrisas se hicieron aun más grandes y deslumbrantes.

El día que ambos estuvieron esperando había llegado, esa tarde harían más poderosa su unión, los votos de ese día harían aun más eterno su amor. Esa tarde comenzaría una nueva vida para ambos, una más feliz y maravillosa; y todo gracias al principito o princesita que estaba en el vientre de Isabella.

Charlie y Bella llegaron al final del altar, Edward bajó las escaleras que los separaban; su suegro tomó la mano de Isabella y la dejó sobre la de Edward. Tomados de las manos, los novios subieron hacia el arco de cristales y flores y la ceremonia dio comienzo.

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Increíble. Era lo único que los invitados podían pensar al ver a los novios casándose. Todo el amor que ellos destilaban con unas miradas, con unas palabras o simplemente con estar de pie, uno al lado del otro tomándose de las manos. Esme y Renee no podían parar de llorar, eran sus pequeños los que estaban en ese altarcito; sus bebes de mejillas regordetas y sonrojadas los que estaban uniendo sus vidas para siempre. Jasper, Kate e Irina miraban con una sonrisa, recordando todos los juegos que tenían cuando eran niños o cuando se solapaban las travesuras para que ninguno fuera regañado o castigado. Carlisle y Charlie tenían en sus mentes las imágenes de los niños que saltaban a sus brazos cuando llegaban del trabajo o cuando los recogían de sorpresa en la escuela.

El momento de los votos llegó antes de alguien pudiera considerar prepararse. Isabella se giró hacía su hermana y le entregó su ramo, posteriormente el sacerdote hizo regresar a Charlie, el hombre tomó la mano izquierda de su hija entregándola al padre para que él la colocara sobre la de Edward.

Yo, Edward Anthony, te acepto a ti: Isabella Marie, como mi legítima esposa. Para sostenerte y respetarte de este día en adelante; en las buenas y en las malas; en la riqueza y en la pobreza; en la salud y en la enfermedad; amarte y cuidarte, hasta que la muerte nos separe.

El sacerdote invirtió la acción: soltó sus manos y tomó en su lugar la mano de Edward colocándola sobre la de Isabella.

Yo, Isabella Marie, te acepto a ti: Edward Anthony, como mi legítimo esposo. Para sostenerte y respetarte de este día en adelante; en las buenas y en las malas; en la riqueza y en la pobreza; en la salud y la enfermedad; amarte y cuidarte, hasta que la muerte nos separe.

Charlie y Eric regresaron a sus lugares. Después de unas cuantas palabras, Edward e Isabella fueron declarados marido y mujer, Edward retiró la capa de encaje que aun cubría el rostro alabastro de su mujer y se inclinó para besarla. El primer beso de su nueva vida.

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Mientras los novios tenían la tradicional sesión de fotos, los invitados se dirigieron al elegante salón para la hora de los cocteles. Cabe mencionar que todos quedaron anonadados por ese pequeño saloncillo; la iluminación, las fuentes y las fotos de Edward e Isabella desde bebés hasta la actualidad. Algunos invitados esperaban encontrar fotos del bebé que esperaban o del vientre de Bella, pero se quedaron esperándolas por que el límite de los Cullen y los Swan llegó esa mañana cuando los periódicos informaron sobre el notorio y muy hablado embarazo.

Al terminar los cocteles, los invitados fueron guiados al salón principal donde fueron recibidos por un collage de los novios en morado, blanco y negro, con estilo antiguo donde estaban escritos los nombres de los novios. A la izquierda de éste, apoyada en la pared, se encontraba una mampara de acrílico de la que colgaban cristales con las tarjetas de asignación de mesas diseñadas en un material acartonado de color morado con relieve granulado.

Al mismo tiempo que los invitados eran distraídos con su asignación, Edward e Isabella ingresaban al salón y subían a un pequeño loft donde estaban sus cambios de ropa. Peter atacó a Bella con maquillaje y cepillos mientras Renee y Esme la ayudaban a quitarse el velo y Kebi se las arreglaba con la larguísima cola. Kate e Irina ayudaban a su hermano a cambiarse la pajarita blanca por una corbata morada.

—¡Damas, mamás y estilista; regresen a las mesas! ¡Rápido, rápido! —ordenó la planificadora dando unos ligeros aplausos—. Ustedes dos aguarden aquí, no se muevan —y salió del loft gritando por la radio.

—Kebi está más histérica que yo y eso que soy la novia —bromeó Isabella.

—¿Será porque las hormonas ya no están tan difíciles como al principio del embarazo, princesa?

—Mi amor, las hormonas están presentes todo el embarazo... ¡Muero de hambre! ¿Cuándo nos dejaran bajar?

—No debe faltar mucho, amor. En este momento ya deben de estar acomodando a los invitados.

—Eso espero. La última vez que comí fue una hora antes de salir de Hollywood, ¿que Kebi no sabe que a una mujer embarazada no hay que dejarla con hambre tanto tiempo?

Edward rió entre dientes y estrechó a su esposa entre sus brazos.

—¿Ya te dije lo maravillosa que estas hoy?

—No, y me siento un poco ofendida, Cullen. ¿Te gusta mi vestido?

—Esta precioso. Explícame una cosa.

—¿Cuál?

—¿Cómo es que cada día estas más hermosa?

Isabella rió y se pegó al pecho de su marido. A los pocos minutos, Kebi llegó para llevarlos a las escaleras principales desde donde harían su gran entrada; la planificadora se colocó detrás de ellos en las escaleras y dio una simple orden por el radio:

Es hora.

Edward y Bella se tomaron de las manos.

—Damas y caballeros —dijo una voz dentro del salón—, todos de pie y sus copas en alto para recibir a los novios: Edward e Isabella Cullen.

Bajaron las escaleras al mismo tiempo que las puertas se abrían y los invitados comenzaban a aplaudir. Los novios entraron tomados de la mano y sonriendo de oreja a oreja. Los primeros acordes de The Power Of Love de Il Divo sonaron durante su recorrido.

Después de pensarlo mucho, escuchar quizá demasiadas canciones —más de cincuenta, eso está claro— y cuando estaban a punto de rendirse ante un vals victoriano, Kate, Irina e Ilaria se aparecieron en el pent-house un día antes de viajar a Londres y los hicieron escuchar todas las canciones del grupo italiano diciéndoles que en ellos, encontrarían la canción indicada para su primer baile como esposos. Y lo hicieron, justo antes de caer rendidos de cansancio la encontraron y estaban felices con su decisión.

Al llegar al centro de la pista, Edward colocó una de sus manos en la cintura de Isabella y ella lo hizo sobre el hombro de él, sus manos unidas se pegaron a sus pechos comenzando a bailar. Sus frentes en ningún momento se despegaron, se cantaban la letra y se besaban. Por esos pocos minutos, no existía nadie más en el mundo, sólo ellos dos y ese bebecito que era testigo del amor que sus padres se estaban profesando con ese pequeño baile.

—Te amo —se dijeron cuando la canción terminó.

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Cuando estaban a punto de comenzar con la fiesta, Isabella volvió al loft y se cambió el vestido y los zapatos con ayuda de su madre y su hermana.

El vestido era corto con cola irregular, el talle era de corsé asimétrico y los zapatos fueron morados metálicos. Peter le arregló el maquillaje y el cabello; Kebi llegó, tomó el ramo de cristal que prepararon especialmente para lanzarlo y se llevó a Isabella de vuelta al salón. Con otro "es hora" indicó que la novia estaba lista para una segunda entrada.

—Señores, démosle otra calurosa bienvenida a la novia con su segundo vestido.

Bella entró sonriendo y pavoneándose con ese espectacular vestido de fiesta. Edward la recibió con un abrazo mientras el maestro de ceremonias pedía a todas las mujeres solteras ir hacia la pista para el tradicional lanzamiento del ramo. Edward ayudó a Bella a subirse a una silla, Kebi le dio el ramo.

Isabella vio riéndose como Leah y Ángela buscaban un lugar privilegiado para atrapar el ramo. Sus amigas continuamente se quejaban de que se quedarían solteras y vivirían rodeadas de ochenta gatos y todo por qué no lograban retener a un solo novio por más de dos meses; las pobres se quejaban de su soltería desde la boda de Alice. Bella miró a Liam y Garrett quienes estaban bromeando con Alice sobre ese mismo tema. Los tres le regresaron la mirada.

—¡Si no lo atrapan, este par no sale ni en rifa! —bromeó señalando a las chicas. Los chicos y Alice rieron a carcajadas porque era precisamente lo que estaban pensando—. ¿Listas? —preguntó mirando a las mujeres detrás de ellas, todas gritaron un fuerte SI, Isabella se giró tapándose los ojos y lanzó el ramo. Los chicos y Alice se tomaron de las manos mientras la novia cruzaba dedos...

Rose gritó dando saltitos con el ramo hacia arriba.

Fue el turno de los hombres. Bella se sentó en la silla y alzó la pierna con ayuda de Edward, quien le quitó la liga lentamente con los dientes; se levantó y dejó que su marido subiera a la silla. El pedazo de tela saltó por las manos de los hombres, hasta que un oso grande y musculoso dio un brinco y la atrapó. Las risas no se hicieron esperar cuando Rosalie gritó más emocionada que hace un momento dejando en claro que ella sería la próxima novia.

Los novios abrazaron a sus amigos felicitándolos por sus pericias.

El espectacular pastel de seis pisos, cuadrados con grabado de colcha, diamantes en cada punto de cruce, listones de fondant morados, y adornado con un arreglo de diamantes en el tope con los nombres de los novios y una cascada de flores que partía de la parte trasera hasta el final del pastel; frente al pastel apoyados en la base, estaban los tradicionales muñecos del pastel con una variante: el novio tenía una coronita y la novia usaba una versión en escala y de azúcar de la tiara de Isabella.

Dos cosas pasaron al mismo tiempo: una proyección de toda la historia de Edward e Isabella juntos comenzó, y Leah empujó a Liam hacia el escenario provocando que la proyección fuera pausada. Bella golpeó su frente con su mano negando ligeramente con la cabeza.

Lo que nadie sabía era que eso estuvo planeado por los padres de Isabella y el grupo. Los chicos estaban por entrar a la Universidad, cambiando el nombre de su banda y dando a sus canciones un contexto más maduro, como el que se merecía por tener una líder y una vocalista casadas. Liam anunció por el micrófono el nuevo nombre del grupo: Meow y con un "chicos, suban" dejó en claro que en ese momento se iban a presentar. Isabella y Edward dieron un saltito, ella corrió hacia sus amigos y los jaló de los cabellos.

—¡No puedo hacerlo!

—¡Sólo canta!

—Pero... ¿Y Emily?

—¡Hazlo! —gritó Garrett lanzándole su micrófono de diamantes morados y blancos.

—Garrett, ya hemos hablado sobre esto: ¡NO TENGO LOS MALDITOS REFLEJOS DE UN PUTO GATO!

—¡Dios! ¿Y con esa boquita dijiste "acepto"?

—Jodete con un cactus —y le enseñó la lengua.

Isabella miró a su banda torciendo el gesto. El grupo estaba deshecho. Sólo estaban el bajista, el guitarrista y el baterista; y de cinco chicas que eran solo había cuatro. La boda había causado mucha discordia entre todos ellos, pero lo que estaban a punto de hacer gritaba a todos: los gatos están de regreso y esta vez, más invencibles que nunca. Pero era obvio que aun Isabella y Alice tenían que superar sus diferencias, limar asperezas y volver a ser el dúo dinámico que le dio a la banda todos esos premios y primeros lugares en la preparatoria, y sobre todo, las responsables de que ahora todos estén en la mejor Universidad de Californía.

Sin un tecladista, lograron comenzar "A Year Without Rain", un cover que los hombres prepararon especialmente para ese día y que sabían que Isabella amaría. Ella miró a Edward quien alzó su dedo pulgar sonriendo; suspiró y comenzó a cantar dejando a los invitados con la boca abierta.

¿Puedes sentirme?

Cuando pienso en ti.

Con cada respiración que tomo.

Cada minuto.

No importa lo que haga.

Mi mundo es un espacio vacío.

¡¿Ella canta?!, preguntaban todos. Los Cullen no lo podían creer, sabían que lo hacía, sabían que tenía una voz preciosa porque Edward lo decía a cada momento durante su visita a Londres el octubre pasado; pero saberlo es muy diferente que verlo. ¡Era excelente! Natural. El reflector la amaba.

Como si estuviera recorriendo un desierto.

Por mil días.

No sé si esto es un mirador.

Pero siempre veo tu rostro, nene.

Edward e Isabella tenían sus ojos puestos en el otro, no podían apartarlos. Estaban dentro de su propio mundo, en el día más feliz de sus vidas.

Te estoy extrañando muchísimo.

No puedo ayudarlo, estoy enamorada.

Un día sin ti es como un año sin lluvia.

Te necesito a mi lado.

No sé cómo voy a sobrevivir.

Un día sin ti es como un año sin lluvia.

Bella bailaba en su lugar, moviendo las caderas, los brazos, luciéndose en una de las cosas que más amaba hacer: cantar. ¿Y qué mejor que hacerlo en el día de su boda? Demostrar que ella no solo es la chiquilla mimada que todos conocen.

Así, la canción continuó avanzando; dejándolos más perplejos a todos. Era absolutamente increíble.

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.

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La fiesta se dio sin contratiempos, todos celebrando y brindando por la felicidad de los novios. Demasiado pronto, Renee y Esme fueron por sus hijos para que se cambiaran de ropa y salir hacia su luna de miel que sería en México. Pasarían cerca de un mes en una hacienda propiedad de los Swan en la ciudad de Zapopan, y regresarían con tiempo para el cumpleaños de Isabella y su entrada a la Universidad.

Edward se cambió el chaque por un pantalón gris, acompañado por una camisa morada; Bella se cambió el vestido por otro también blanco, oversize con un escote en la espalda disimulado por una capa de organza blanca y adornos plateados. Se quitó los zapatos morados y los cambió por unas sandalias altísimas de estilo gladiador. Le soltaron el cabello y se lo acomodaron de lado con una flor blanca debajo de la oreja derecha.

Los novios bajaron tomados de las manos, se despidieron de su familia y salieron corriendo del salón mientras les llovían pétalos de rosa y granos de arroz; se subieron a la limusina antigua que transportó a Edward en la tarde. La prensa vitoreaba y felicitaba a los recién casados mientras partían de Bel Air con dirección al aeropuerto internacional de Los Ángeles donde un avión privado propiedad Cullen-Swan los esperaba para llevarlos a Guadalajara.

Y así, una de las mejores noches en las vidas de las familias Cullen y Swan llegó a su fin. La boda fue todo un éxito y sus retoñitos partieron felices al inicio de una nueva etapa.

Ahora sólo quedaba esperar por el nacimiento del príncipe o la princesa...

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*Tiara Fringe: Tiara Real Britanica.