Declaimer: la historia no me pertenece como tampoco los personajes de Card Captor Sakura, son de las y las clamp y la novela es de Penny Jordan.


CAPITULO FINAL

Shaoran, ¿qué haces? Acabamos de pasar frente a la casa de mis padres — protestó Sakura y se incorporó en su asiento, tensa y alerta.

— No te esperan todavía. Así que pensé que te gustaría tomar una copa en mi casa.

Incapaz de pronunciar palabra, la joven lo miró, estupefacta, mientras él daba vuelta hacia el camino que conducía hacia la casa de Shaoran.

Lo último que hubiera esperado era que la llevara allí, en lugar de dejarla cuanto antes en el hogar de sus padres. En realidad, su puso que luego de abandonarla en su casa, él regresaría a la mansión de la señora Rika. . . a los brazos de Natzuki.

— No seas ridículo — logró decir por fin, con tono irritado—. No quiero beber más. La verdad es que nada quiero de ti.

— ¿No? —El rostro de él estaba en penumbra mientras se inclinaba para apagar el motor—. No fue esa la impresión que tuve esta noche, cuando te besé. Sin embargo, no te traje aquí para seducirte, si es lo que temes.

— No temía nada semejante replicó ella de inmediato — Después de todo, para eso tienes a tu Natzuki, ¿no?

Hubo un momento de tenso silencio y luego Shaoran abrió la puerta de su lado; descendió del auto y lo rodeó para abrir la puerta de la joven.

—Vamos a la casa antes que nos congelemos.

Ella hubiera querido rehusarse, pero la firme determinación en el rostro del médico se lo impidió.

El viento helado le hería la piel y Sakura temblaba cuando se detuvo en el amplio vestíbulo.

—Vamos al estudio —la invitó Shaoran —. Hay más calor allí.

La joven permaneció inmóvil, envuelta en la caña, mientras él se acuclillaba para poner más leños en la chimenea y atizar el fuego. Una lluvia de chispas saltó de la chimenea y el olor de leña quemada inundó el lugar.

Shaoran no se había molestado en encender luz alguna y las danzantes llamas que lamían los leños desplegaron su resplandor rojizo sobre los muebles y los libreros

— Esta casa es un poco grande para un hombre solo — la joven se sonrojo al percatarse de que había expresado con voz alta sus pensamientos. Shaoran puso otro leño en el fuego y se limpió las manos antes de incorporarse

—Eso me proporciona un cierto grado de intimidad y es conveniente para el ejercicio de mi profesión Además tenía prisa por instalarme y no encontré más opción que esto o un cuarto en tomoeda.

De manera que no había comprado esta casa con miras al matrimonio, se dijo ella.

— Natzuki piensa que tiene buen potencial —agregó Shaoran con desgana, hablando por encima de su hombro, mientras se encaminaba hacia uno de los estantes para sacar una botella y dos copas Sakura lo observó servir el líquido rojo, dominada por los celos. Unos celos que la quemaron con más furia que las llamas que consumían los leños en la chimenea. Apenas podía ver a través de la cortina de dolor que le nublaba la vista y no pudo controlar su lengua cuando, con voz extraña y vibrante de amargura, le espetó:

— ¿Ah, sí? Pero me sorprendería que quisiera establecerse aquí, Shaoran. Me doy cuenta de que está ansiosa por atraparte, pero imagino que Inglaterra es más parecida que Tomoeda a lo que tiene en mente.

Como atrapada en una pesadilla vio como Shaoran se ponía tenso y luego depositaba la botella en el gabinete de bebidas Destellos de luz procedentes de la chimenea se desprendieron del cristal y la joven se asombró de que su mente pudiera percibir tales nimiedades cuando también se daba cuenta de la enormidad de lo que acababa de decir.

No había gentileza alguna en la forma como él sonrió al volverse a mirarla, y ella percibió en ese gesto una cualidad casi diabólica.

— Vaya, vaya — dijo Shaoran con suavidad —. Qué comentario tan revelador. No estarás celosa de Natzuki, espero.

Consternada por lo que le había provocado su lengua incontrolable, Sakura replicó con furia:

— ¿Celosa? ¿Por qué debía estarlo? ¿Porque se acuesta contigo? Fui yo la que rechazó esa oportunidad. . . ¿recuerdas?

Shaoran atravesó el cuarto en unas cuantas zancadas y la tomó por los brazos con violenta furia.

¡Con mil demonios! Nunca sabes cuándo callar, ¿verdad? masculló con voz ronca.

Ella pugnó por desasirse, con una mezcla de temor y furia, pero sus intentos parecieron acrecentar el fuego que podía ver ardiendo en las profundidades de los ojos masculinos.

¡Basta, Sakura! — Shaoran la sacudió como si fuera una muñeca de trapo y, en un paroxismo de amargura, ella alzó una mano para arañarle el rostro. El apartó con presteza la cara y luego, Sakura lo oyó mascullar una imprecación y vio cómo la ira descomponía sus facciones.

Era demasiado tarde para protestar o implorar clemencia y el tiempo pareció detenerse cuando él inclinó, lentamente, la cabeza hacia ella. La joven sólo pudo escuchar el crujir de los leños y el sonido agitado de su propia respiración. Un gemido se ahogó en su garganta cuando sintió la salvaje presión de los labios masculinos sobre los de ella.

No había nada de sensual o excitante en el beso; Shaoran la castigaba, la humillaba, pero a pesar de todo, ella pudo experimentar la oleada de pasión que ascendió por su cuerpo desde sus entrañas.

Pudo sentir los dientes de Shaoran contra sus labios y, se estremeció a la vez que él se valió de ellos para entreabrirle la boca. Cuando la lengua masculina irrumpió, invasora y posesiva, dentro de su boca, Sakura sintió que un fuego líquido le corría por las venas irregulares del corazón de Shaoran. Sin darse cuenta, sus brazos habían rodeado el cuello masculino. La lengua del médico le tocó los labios, y delineó sus contornos con la húmeda punta. Sakura percibió el estremecimiento que sacudió al doctor y apenas pudo reconocer la voz que murmuró, con acento casi dolorido, contra sus labios:

—Oh, Dios, Sakura... ¿Qué haces conmigo?

Su boca volvió a tomar la de ella, con suavidad esta vez, como si quisiera calmar con caricias el dolor anterior. Ella podría haberlo apartado con facilidad, pero no lo hizo, y se abandonó en cambio a la enervante oleada de placer que la arrastró fuera de la realidad, para sumirla en un ensueño sensual, embriagante.

Sakura. . . —susurró Shaoran contra sus labios.

Ella tembló en respuesta al tono de profundo deseo con que él pronunció su nombre. Podía percibir el calor de las manos masculinas donde éstas se habían posado y, bajo el corpiño, sus senos ansiaban, palpitantes, recibir caricias.

La boca de Shaoran ya no era punitiva al moverse sobre la de ella; toda la ira y el desprecio fueron opacados por el deseo que parecía envolverlos. Sin que él lo dijera, ella, presentir el deseo de Shaoran en la forma en que sus manos le acariciaban la espalda y la estrechaban Ella se apretó contra él, entregándose por completo a las manos del destino, demasiado anhelante para oponerse más.

—Sakura, no sabes lo que haces conmigo. Te he deseado durante tanto tiempo.

Las palabras susurradas provocaron que un estremecimiento recorriera la piel femenina y su cabeza cayó sobre el hombro de Shaoran cuando la boca del médico se deslizó, ardiente, por la suave columna de su cuello. El hombre lanzó un gemido ahogado y murmuró con voz densa:

— Déjame hacerte el amor, Sakura, Déjame demostrar cuánto te deseo —sus manos buscaron los botones, en la espalda del vestido y su cuerpo se puso tenso cuando ella se apartó un poco.

Sakura no pudo dejar de sonrojarse levemente cuando lo vio contemplarla. Había una extraña tensión en el rostro de Shaoran y contra su pecho, la joven podía percibir el latir acelerado sus ojos eran brasas encendidas de pasión.

—Déjame desvestirte —suplicó él con suavidad.

Sakura se había detenido ante un hilo de luz proyectado por el fuego y, de repente, la expresión del médico se ensombreció. El temor, ante el recuerdo de su primer rechazo, inmovilizó a Sakura.

— ¿Qué sucede, Shaoran? —preguntó con voz trémula.

—Es este maldito vestido.

Ella lo miró con azoro y consternación.

— ¿Qué tiene de malo?

—El te lo compró —replicó el hombre con dolorida furia—. Eso es lo que tiene de malo — se acercó a ella, con el rostro descompuesto por la ira mientras ponía una mano en el escote y luego rasgaba el corpiño con un violento tirón.

Demasiado aturdida y horrorizada para desmentirlo, Sakura sólo pudo ver, con ojos dilatados, la destrucción que él había causado.

¡Shaoran!

— ¡Quítatelo, por Dios! —bramó él—. No quiero verte vestida con eso… No soporto saber que. . . —lanzó un ronco gemido, arrancándole el vestido con violencia hasta que éste cayó en un des garrado montón a los pies de la joven.

Por lo que pareció una eternidad, Sakura permaneció inmóvil, como paralizada. La luz de la chimenea delineaba con delicadeza el contorno de sus níveos pechos, pero ella apenas se percató de la expresión en los ojos de Shaoran mientras los contemplaba en su rotunda perfección, coronados con la palpitante provocación de los pezones erectos.

—Sakura, eres tan bella. . . Más de lo que había imaginado

—se acercó a la joven y la alzó en brazos, apartándola de los despojos del vestido—. Y pensar que te rechacé — cerró los ojos y ella lo vio tragar saliva —. ¿Todavía me odias por eso? — sus dedos parecieron temblar ligeramente mientras recorrían la suave columna del cuello femenino para luego posarse bajo su barbilla y hacerla levantar la mirada hacia él.

¿Odiarlo? Ella clavó la mirada en los ojos refulgentes de él y se pasó la lengua por los labios. Los ojos masculinos siguieron con avidez ese movimiento, y el calor invadió las entrañas de la joven cuando él la estrechó más y le permitió percibir la firme evidencia de su deseo. Shaoran deslizó las manos por las caderas de la joven, y frotó su cuerpo contra ella. Luego inclinó la cabeza y la besó con una pasión abrumadora.

El cuerpo femenino se rindió a la caricia, mientras sus pechos quedaban aprisionados contra el duro torso masculino.

Shaoran la apartó por un momento, para despojarse de su chaqueta. En el fino algodón de la camisa, Sakura pudo ver dibujada la firmeza de los músculos y, como por propio acuerdo, sus dedos comenzaron a desabotonar la prenda. Perdida en su arrobamiento, de repente se dio cuenta de la tensión de su compañero.

Un leve rubor le tiñó las mejillas al notar la forma en que él la miraba.

—Dios mío, no sabes cuánto esperaba esto —gruñó él, ronco. Sus manos la tocaron, deslizándose con lentitud sobre sus flancos hasta englobarle los pechos. Avasalladoras oleadas de placer la sacudieron y sus senos se tornaron más turgentes y anhelantes bajo las palmas masculinas. Se estremeció de exquisito placer cuando los pulgares se movieron, incitantes, sobre los erectos pezones.

¿Te gusta?

La voz de Shaoran le resultaba desconocida, ronca, densa por la pasión, incitante y acariciadora.

—Cielo santo, casi me volví loco de deseos de hacer esto hace años. . . ¿Lo sabías?

Un estremecimiento y un gemido ahogado fueron la respuesta de ella, y no opuso resistencia cuando él la cargó y llevó hasta el sofá, donde la depositó con toda suavidad. Luego la tomó entre sus brazos.

La luz del fuego recortaba los planos del rostro masculino, y Sakura alargó los dedos, casi con timidez, para acariciarle las facciones. Shaoran tomó esa mano entre las suyas y le besó la palma abierta.

— Sakura, te necesito mucho. . . Tócame. . . Desnúdame.

¿Quién de los dos temblaba cuando él se llevó la mano de la joven hacia el pecho, y la ayudó a desabrocharle la camisa? Bajo la punta de sus dedos, Sakura pudo sentir la piel de Shaoran, tibia y firme. Lo sintió temblar un poco cuando deslizó la mano bajo la tela de la camisa y le acarició con suavidad el velludo torso. Un gemido ronco escapó de la garganta masculina y la joven hizo lo que había deseado durante mucho tiempo: puso la boca contra la firme columna del cuello del médico y la recorrió con la punta de la lengua.

La reacción de Shaoran sobrepasó las más locas fantasías de la joven; nunca se había atrevido a pensar que respondería con tan desatada pasión a sus caricias.

Terminó de desabotonarle la camisa, apartó la tela y, deslizándola por los musculosos brazos, se la quitó por completo.

Sintió que los dedos del médico se enredaban entre su cabello cuando, con deliberada lentitud, ella le acarició cada palmo de piel. La punta de sus dedos recorrió todo lo largo de la línea de vello que descendía hasta la firmeza del vientre y luego, su mano se posó allí, posesiva. Sakura quería tocarlo todo, sin la restricción de la ropa, pero la timidez la abrumó. No tenía experiencia en desvestir a un hombre y como temía romper el delicado hechizo que los envolvía con su torpe inexperiencia, dejó, simplemente, que su mano permaneciera allí, inmóvil, mientras su boca recorría la piel que cubría los duros músculos del torso y su lengua humedeció, de manera tentativa, un oscuro y plano pezón viril.

Lo sintió moverse y frotarse contra ella mientras él deslizaba las manos por sus caderas y muslos, antes de volver a ascender para meterlas bajo el satén de sus bragas, acariciar la rotunda suavidad de su trasero y apretarla contra él.

La tensión que invadió el bajo vientre de la joven fue sobrecogedora y familiar. Lo había deseado antes de esa manera, pero nunca con tan inmediata intensidad. La lógica y la razón estaban suspendidas, sólo imperaba el instinto.

— Tengo que sentirte contra mí. . . toda — susurró Shaoran, al tiempo que la soltaba y incorporaba.

Ella no pudo mirarlo, pero oyó el sonido metálico de la cremallera de sus pantalones y el susurro de la tela al caer al suelo.

Shaoran regresó a ella envuelto en sombras, tenso y viril, la viva encarnación de todas sus fantasías femeninas. La penumbra ocultaba todavía gran parte del cuerpo masculino mientras él se acuclillaba en el suelo, a los pies de la joven, y le tomaba con una mano el talón mientras la otra se ocupaba de los ligueros que le sujetaban las medias.

Sakura pudo percibir la tensión del médico ante la innegable respuesta de su cuerpo al contacto de las manos masculinas. La despojó lentamente de las medias y sus dedos le dedicaron enloquecedoras caricias en la parte interior de los muslos, mientras la despojaba de sus prendas.

Por fin, ambos estuvieron desnudos y él permaneció acuclillado ante ella, contemplándola con sus ojos ámbares, profundos y oscurecidos por la pasión Ella tembló con una mezcla de pudor y deseo. Shaoran alargó una mano y le acarició la curva del cuello, y luego la deslizó por el hombro.

— Perfecto —musitó—. Sencillamente perfecto.

Y luego, todavía acuclillado, la abrazó y besó como ella siempre había deseado; su boca fue tierna y posesiva, ávida y paciente.

—Te deseo tanto. ¡No sabes cuánto! —las manos viriles habían encontrado sus senos y los acariciaban con suavidad y lentitud; luego la boca del médico se posó sobre la piel de los pechos y se movió con infinita lentitud hasta que la joven estuvo a punto de gritar de deseo, y cuando ella sintió la tibieza de los labios masculinos sobre la turgencia palpitante de un pezón, hundió las uñas en la espalda de Shaoran y sordos gemidos brotaron de su garganta mientras se mordía el labio inferior para no gritar, sacudida por una súbita excitación y deseo.

Cuando la lengua del hombre tocó la punta del otro pezón, circundando con suaves movimientos la rosada piel, ella no pudo controlarse más y lanzó un grito de placer.

—Casi podría decirse que nadie te ha tocado así —observó él, con voz apenas audible—. ¿Te gusta esto, Sakura? —Su tono era profundo, ronco, como si estuviera drogado o ebrio, mientras le acariciaba el pezón, esta vez con más rudeza—. ¿Y esto, te gusta esto? —las palabras casi se perdieron cuando él presionó la boca abierta sobre la piel palpitante de la joven y comenzó a succionar un pecho con salvaje fiereza. Espasmos de placer la hicieron arquear el cuerpo y brotaron de su garganta una serie de suaves gemidos de deleite, mientras se apretaba, ávida y anhelante, contra la candente boca masculina, abandonándose sin reservas a la sensualidad de su propia naturaleza.

Una y otra vez, Shaoran acarició las erectas puntas rosadas hasta que ella se movió de manera convulsiva, abrumada por el placer.

—Debería llevarte al lecho —dijo él, ronco, cuando la levanté del sofá para ponerla a su lado sobre la alfombra, frente al fuego —. Pero no puedo esperar más.

Era ella la que se encontraba entre sombras ahora, mientras que el fuego revelaba la tensa impaciencia del cuerpo masculino. La joven se estremeció, sus ojos y manos fueron atraídos de forma irresistible hacia la perfección del cuerpo de su amado; ansiaba tocarlo, pero se sentía casi temerosa de hacerlo.

— Dios. . . Sakura!. . . Sí. . . Sí! —gimió él contra los labios de la chica al notar que el deseo brillaba en los ojos de ésta y le tomó la mano para posarla contra su cuerpo.

Bajó los dedos, Sakura pudo percibir el violento palpitar del deseo masculino, y sorprendida, lo miró a los ojos mientras su mano lo acariciaba con creciente osadía.

—No puedo más, Sakura. . . Te necesito —Shaoran hablaba como si alguien le apretara la garganta.

El cuerpo de la joven acogió el peso del cuerpo masculino cuando él se movió para colocarse entre sus piernas. La sangre se agolo en las sienes de la joven. ¡Lo deseaba mucho! Movió las caderas, retorciéndose impaciente contra él y lo escuchó aspirar profundo. La mano del médico recorrió su cuerpo una vez más, aún en la cumbre del deseo, como si quisiera asegurarse de que estaba lista para la culminación de sus pasiones.

Nadie la había tocado de manera tan íntima, pero no sintió pudor alguno ni vaciló. Estaba anhelante e impaciente debido a delicada caricia de los dedos sobre el centro de su feminidad.

—Shaoran. . . —gimió a la vez que él se disponía a poseerla.

—Sí. . . sí —gruñó él hombre, en un murmullo torturado.

Sakura sintió la portentosa fusión de sus cuerpos; el de ella era inexperto, pero estaba ansiosa de recibir al hombre amado; el de Shaoran era diestro, pero controlado, dominado por ese afán del buen amante que busca dar placer a la vez que lo recibe.

Sakura se percató de todas estas cosas a pesar de la bruma de deseo que la envolvía y nublaba su mente, y también reconoció la instintiva tensión de unos músculos no acostumbrados a tan íntima presión.

De inmediato, notó la leve vacilación de Shaoran, pero la realidad había quedado oscurecida mucho tiempo antes y sus caderas oscilaron y se movieron, apremiantes; sus piernas lo rodearon, reteniéndolo contra ella, de modo que él se vio obligado a proseguir su avance hasta provocarle el agudo, aunque breve dolor de la iniciación, conduciéndola después a un lugar más allá de todos los límites conocidos por ella, donde ambos pudieron compartir el explosivo éxtasis que corrió como lava a través de sus cuerpos, haciéndolos convulsionar en delirantes espasmos, hasta quedar exhaustos y debilitados.

Desde muy lejos Sakura oyó que Shaoran susurraba su nombre. Pudo sentir las lágrimas de dicha que corrían por sus mejillas cuando abrió los ojos para mirarlo.

— Por Dios, Sakura, es demasiado tarde para llorar —dijo él con cierta aspereza, pero la joven estaba sumida en un placentero limbo y no percibió el enfado que endurecía la voz de su amante. Se fue hundiendo en un delicioso sopor, profundo, tibio y oscuro.

Despertó cuando él se incorporó para ponerle unas almohadas detrás de la cabeza, y cubrirla con su camisa. Sakura pudo aspirar su aroma y quiso abrazarlo, pero él se apartó y permaneció de pie frente a ella para ponerse los pantalones, con ceño severo.

—Shaoran, por todos los Dioses. . . ¿Por qué no me dijiste que eras virgen? —ella notó la censura en su voz y la resintió—. ¡Por Dios, cómo pudiste ser tan torpe! ¡Si deseabas tanto a un hombre!

Fue como si hubiera clavado un puñal en el corazón de la joven, quien lo miró con desconsuelo.

—Fuiste tú quien me sedujo —le recordó ella con voz entrecortada. Se sentía en desventaja acostada allí, cubierta sólo por una camisa—. Por favor, dame la ropa.

Shaoran se la entregó; casi le lanzó el vestido. El frente estaba desgarrado hasta la cintura. ¿Cómo iba a explicar eso a los de la agencia teatral?

— Lamento lo de tu vestido.

Parecía más indiferente que arrepentido y Shaoran sintió que la ira la invadía.

—Yo lo lamento más. Estabas equivocado, ¿sabes? No fue un regalo de David. ¡Lo alquilé!

— Entonces, por supuesto, pagaré los daños.

Shaoran no podía creer que minutos antes hubiesen compartido la más maravillosa experiencia que podía experimentar dos seres humanos. Era como salir de un sueño encantador para entrar en una pesadilla.

—No debí hacerte el amor —dijo Shaoran con voz seca—. No tenía derecho. Si hubiera sabido que eras virgen.

Consternada, humillada y ofendida por sus palabras, Sakura replicó, en un impulso de rabia:

— Eso es cuestión de dos, Shaoran. Yo no debí permitir que me hicieras el amor; puedes atribuirlo a mi frustración por haber perdido a Yue.

¿Qué? ¿Perderlo?

—Sí; él y Nakuru se irán a vivir a los Estados Unidos.

¿Quieres decir que le ofreciste tu virginidad como cebo y ahora que la ha rechazado, decidiste que podías usarme para satisfacer tu deseo físico, como podrías haberte valido de cualquier otro?

—Nos usamos uno al otro, ¿o no? —Retrucó ella con una rígida sonrisa—. Supongo que yo no fui más que una sustituta de Natzuki.

—Natzuki busca el matrimonio. . . un segundo esposo. No puedo darle eso.

Shaoran parecía distraído, como si no le diera mucha importancia al asunto, pero Sakura no se dejó engañar. Con el corazón constreñido, apartó la mirada de él.

—Creo que debo irme.

Shaoran pareció reacio a moverse.

—Tú. . . Yo. . . —frunció el ceño y la miró—. Si te lastimé de alguna forma.

Sakura sabía a qué se refería y sintió que le ardía el rostro. Después de todo, él era médico, pero de cualquier manera, se sintió ofendida por su tono frío y profesional después de haberla llevado a las cimas del éxtasis amoroso.

—Me encuentro bien —declaró con voz helada—. Ahora, quiero irme a casa.

— Te llevaré.

Había pasado con él poco más de una hora. La luz del porche estaba encendida, pero del cuarto de sus padres no provenía ruido alguno cuando ella entró, con sigilo, en la casa. Era mejor así; habría sido difícil encontrar una buena explicación para el vestido desgarrado. Cuando se lo hubo quitado, lo guardó con cuidado en la caja'

Ahora le dolía un poco el cuerpo, pero era una sensación voluptuosa, placentera, que le recordaba el placer que había experimentado y que tenía la tentación de revivir alguna vez.

Pero sabía que nunca se repetiría; Shaoran la había usado, nada más. Aunque no podía culparlo; después de todo, ella no hizo el intento de detenerlo. En realidad, podría decirse que lo había incitado de forma activa.

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La vida siguió su curso, pero para Sakura se convirtió en algo que debía ser tolerado más que disfrutado.

Su madre ya pasaba varias horas al día fuera de la cama y Sakura encontraba mayores dificultades en evitar el encuentro con Shaoran, cuando éste hacía sus visitas profesionales.

Todavía persistía en su memoria el recuerdo de su vergonzoso encuentro, al día siguiente de la noche de San Valentín. Ella esperó que él se mostrara igual de ansioso por esquivarla y Sakura le dijo sin darle tiempo de que hablara, que no quería volver a verlo. No podría soportar que Shaoran llegara a darse cuenta de sus sentimientos y la compadeciera por ello.

Por suerte, la agencia que alquilaba los trajes pudo reparar el vestido y decidió que, si era sensata, apartaría de su mente los sucesos de aquella terrible noche.

El único problema era que, sin importar cuán firme fuera consigo misma durante el día, por la noche, al dormir perdía por completo el control y soñaba una y otra vez con Shaoran, y con frecuencia despertaba bañada en lágrimas. Una mañana, la señora Kinomoto había comentado sobre la palidez y pérdida de peso de su hija, diciendo que parecía que fue ella la que estuvo enferma.

Pronto su madre podría prescindir de su ayuda. Originalmente, Sakura pensó en quedarse en Tomoeda y conseguir un empleo en Fukuoka o en Kioto, pero eso fue antes de saber que Shaoran había regresado a su pueblo natal.

Se daba cuenta de que sus padres estaban inquietos y preocupados por su repentino cambio, pero aunque una o dos veces Nadeshiko intentó conducir la conversación hacia el tema de Shaoran, Sakura se las ingenió para distraerla. Lo que sentía por él era demasiado doloroso para comentarlo con alguien.

Quizá si Nakuru no estuviera en Los Ángeles, habría hablado con ella. Apenas esa mañana, la joven recibió una carta de su amiga en la que le comunicaba la fecha esperada del nacimiento del bebé y también le decía que Yue aún no había podido encontrar una secretaria que la reemplazara.

Era demasiado tarde ahora para reconocer que quizá cometió un error en no haber ido con ellos. Sin embargo tomo esa decisión con la mejor de las intenciones

El fin de mes trajo nuevas nevadas y la certeza de que la noche de amor con Shaoran no tendría consecuencias Aunque por lógica debió sentirse aliviada por esto en el fondo percibió una sensación de fracaso y frustración, como si el hecho de no haber concebido al hijo del hombre que amaba la hiciera, de alguna forma, menos mujer.

Razonaba que lo último que podía desear era un hijo ilegítimo, pero de cualquier manera, cada vez que pensaba en ello experimeritaba una sensación de vacío interior.

— Shaoran preguntó ayer por ti — comentó su madre, observándola mientras permanecía inmóvil ante la ventana de la sala, contemplando con expresión distante el paisaje nevado—. Sakura, hija, ¿no quieres decirme qué pasa contigo? ¿Puedo ayudarte?

—Preguntó la señora Kinomoto, afligida, cuando la joven no respondió a su primer comentario—. No debes seguir así. Has perdido peso. . . te has vuelto reservada y melancólica. Shaoran tampoco se encuentra muy bien que digamos. Si han reñido, quizá podrían hablar y… —No se trata de una simple riña, mamá —repuso la joven con tono sombrío sin volverse La simple mención del nombre de Shaoran, era suficiente para llevar a sus ojos las ridículas lágrimas que vertía casi cada noche, cuando estaba a solas en su cuarto.

—Tu padre me dijo que Natzuki regresó a Londres.

La sensación que la embargó, una mezcla de esperanza y desazón, le advirtió lo vulnerable que era. Se dijo que la partida de Natzuki nada significaba y que, en todo caso, aun si la relación del médico con esa chica había terminado, de cualquier manera no había esperanza alguna de que Shaoran experimentara por ella lo que Sakura sentía por él.

Por los comentarios de su amante respecto al deseo de Natzuki de un segundo matrimonio, pudo percatarse del poco interés que el médico tenía en establecer un compromiso permanente, y Sakura lo amaba demasiado para convertirse en su compañera en una aventura sexual superficial.

—Hablando de Natzuki, escuché otro chisme sensacional sobre esa familia. Ni te lo imaginas. . . ¡El alcalde y la señora Sasaki van a casarse! Parece que él ha estado enamorado de la dama durante muchos años, pero que el padre de ella les había negado el permiso de casarse; la esposa del vicario me lo contó. La ceremonia tendrá lugar en la capilla privada de la casa mansión y después, habrá una pequeña celebración. Me parece una de las cosas más románticas que. He oído en mucho tiempo, ¿no crees?

Era romántico, y Sakura se alegró por la pareja, pero por alguna razón, saber de la dicha de otros sólo acrecentaba su propia desolación.

— Espero que no vaya a nevar pronto — oyó suspirar a Nadeshiko —. Tu padre y yo tenemos una cita para visitar a los Hopkins mañana. No los hemos visto desde antes de Navidad.

Helen y Bill Hopkins eran amigos de los Kinomoto de mucho tiempo atrás y vivían en Kioto. Habían pasado la Navidad y el Año Nuevo con la hija de ellos, en Osaka, pero regresaron recientemente y parecía que Shaoran había decidido que la señora Kinomoto ya se encontraba en condiciones de hacer el viaje.

—Estoy segura de que Helen estaría encantada de que nos acompañaras.

Sakura movió la cabeza.

—No, gracias, mamá. No me siento muy sociable por el momento. En realidad, ahora que te estás recuperando, creo que debo empezar a buscar un empleo. Tendré que empezar a revisar los periódicos de Tokio.

—Oh, pero. . . Sakura, tu padre y yo habíamos deseado que. . . Oh, bien, es tu vida, hija.

….

A la mañana siguiente, temprano, los Kinomoto emprendieron el camino hacia Osaka. Había pasado menos de una hora desde su partida cuando el cielo se ensombreció ominosamente y el viento sopló con más fuerza. Observando los primero copos de nieve, Sakura se estremeció y rezó para que sus padres llegaran a la casa de sus amigos sin contratiempos.

Media hora después sonó el teléfono y no se sorprendió cuando el señor Kinomoto le comunicó que habían decidido quedarse a pasar la noche en Osaka, en la casa de sus amigos.

—Me parece muy sensato, papá. Está nevando tanto que apenas puedo ver el sendero desde la ventana.

—Sí, es lo mismo acá, aunque apenas acaba de empezar. Los pronósticos del meteorológico son malos, y lo menos que necesita tu madre ahora es quedar atrapada en una tormenta de nieve. Sin embargo, se preocupa por ti, hija. ¿Estarás bien?

— Oh, papá, ya soy una adulta. He vivido sola durante muchos años, ¿recuerdas?

Oyó la risa divertida de su progenitor.

—Claro, hija. Pero ya sabes cómo son las madres.

…..

El día se alargaba interminable ante ella. Apenas era la hora del almuerzo, aunque afuera estaba oscuro y nevaba de manera tan intensa, que era imposible ver dónde terminaba la tierra y dónde comenzaba el cielo. El viento era tan fuerte que, cuando fue a abrir la puerta trasera para recoger más leños para la chimenea, la fuerza del aire le arrebató la puerta de las manos y la estrelló contra la pared con un ruido ensordecedor.

La nieve se había acumulado ya ante la puerta y Sakura tuvo que regresar para ponerse las botas, antes de salir a buscar los leños que necesitaba.

Se estaba sacudiendo la nieve de los pantalones cuando oyó el ruido del motor de un auto. Miró hacia el sendero de entrada y vio la silueta azul de un Land Rover a través de la ventisca. El vehículo se detuvo frente a la verja y, el conductor descendió.

Incluso enfundado en un grueso abrigo de lana, Sakura reconoció a Shaoran. Llevaba la cabeza descubierta y su cabello era revuelto por el viento.

¿Qué hacía allí?

—Sakura, necesito tu ayuda —dijo, al encontrarse con ella en el umbral de la puerta frontal.

Ella lo miró con fijeza, sin responder.

— Escucha, no tengo mucho tiempo. Una de mis pacientes ha iniciado un trabajo de parto prematuro; vive en una de las casas de la colina y no podré llevarla a tiempo al hospital. Por suerte, en el garaje de tomoeda me prestaron este Land Rover que me ha servido para movilizarme.

—Pero.-. . Yo no puedo ayudar — dijo Sakura con voz incierta—. No tengo preparación médica.

—No te quiero para eso —repuso Shaoran con cierta impaciencia—. Deseo que ayudes cuidando a los hijos de la señora. Su esposo está en el monte, con sus ovejas. Le pediría a tu madre que los cuidara, pero.

—Mamá y papá no están en casa. Se quedarán en Osaka, con unos amigos.

Fue un trayecto espeluznante hasta la casa, apenas a unos seis kilómetros de la casa de los Kinomoto, pero la cabaña estaba muy arriba en las colinas y, en consecuencia, más expuesta a las inclemencias del clima.

Tres veces el Land Rover se atascó en la nieve, y Shaoran tuvo que salir y usar palas y arena para que pudiera avanzar otra vez.

Sakura apenas podía creer que lo lograrían cuando, por fin, Shaoran detuvo el vehículo frente a la casa.

Dos pequeñas cabezas asomaron por la puerta trasera a la vez que la joven se bajo de la camioneta. Los niños eran gemelos, sin duda, decidió la chica y siguió a Shaoran al interior de la casa. La cocina estaba calentada por el fuego de una enorme estufa, y la aflicción en el rostro de la mujer, sentada frente a ella, contaba toda la historia.

—Lamento el retraso —se disculpó Shaoran—. ¿Cómo se encuentra?

Sakura casi pudo sentir en su cuerpo el espasmo de dolor que contrajo el rostro de la mujer, cuando ésta se inclinó hacia adelante.

Pasaron varios segundos antes que pudieran- hablar.

—No creo que tarde mucho. No sabe cuánto me alegra que ha ya venido, doctor —miró -a Sakura por primera vez cuando ésta se acerco La mujer le dirigió una débil sonrisa

—Traje a Sakura para que cuide a los niños —explicó el médico, mientras consultaba su reloj de pulsera; medía la frecuencia de las contracciones sin duda pensó Sakura con nerviosismo Nunca había tenido mucho trato con niños y jamás había estado presente durante el nacimiento de uno — Tengo todo listo arriba doctor — informo la mujer embarazada —Muy bien, señora Akido, estaré con usted en un minuto.

¿Podrás arreglártelas aquí abajo? —preguntó el médico a Sakura y sonrió de manera tranquilizadora a los tres chiquillos que lo miraban con diferentes grados de desconcierto y temor

— Mami va a tener nuestro bebé — dijo a media voz la mayor de ellos. —Sí, eso creo. ¿No debo hervir agua o algo? —preguntó Sakura.

Shaoran rió.

— No.

Hacía mucho, mucho tiempo que Sakura no lo había escuchado reír con naturalidad y pudo sentir que su corazón se aligeraba en respuesta, al recordar aquellos días más inocentes en los que se había conformado sólo con su amistad.

Mantener a los chicos ocupados no fue una tarea demasiado difícil. Estaban bien educados y el hecho de que la joven fuera una desconocida los inhibió un poco pero cuando Sakura vio el tablero de Serpientes y escaleras y sugirió que jugaran a eso los chicos comenzaron a relajarse.

De vez en cuando, Sakura alzaba la mirada hacia el piso superior rezando en silencio porque todo resultara bien para la señora Akido y su bebé.

Cuando la mujer gritó, los gemelos alzaron la mirada con temor y uno de los pequeños se acurrucó, asustado, en el regazo de Sakura. Ella le acarició la cabeza con ternura.

—Mami grita.

La joven lo miró, sin saber qué hacer o decir, pero Hikari, la mayor, salió a su rescate, diciendo con la sensatez de una adulta en miniatura:

— No te preocupes . . . es como cuando Betsy tuvo sus cachorros.

Era una forma de ver la situación, se dijo Sakura con ironía, y por supuesto, los niños de una granja debían estar habituados a los alumbramientos.

El tiempo pareció alargarse mientras Sakura esperaba, en temeroso silencio. ¿Cuánto tiempo tardaba en nacer un niño? Se puso de pie y se acerco a la estufa buscando más combustible. Cuando regresó, los gemelos le pidieron algo de beber y con la ayuda de Hikari, les sirvió un poco de jugo de naranja. Apenas los había reunido para reanudar el juego de Serpientes y escaleras, cuando otro grito desgarrador de la madre rompió el silencio.

Sakura contuvo el aliento, abrazando a los gemelos, mientras Hikari, más estoica, se conformó con pararse muy cerca de la joven.

Desde el descanso de la escalera, escuchó que Shaoran la llamaba y Sakura, aturdida, se levantó y se apresuró a atravesar el cuarto.

¿Puedes venir un momento, Sakura?

El médico parecía calmado, aunque apremiante.

Luego de tranquilizar a los pequeños, la joven subió de prisa por la escalera.

Kaede Akido estaba acostada, con el rostro contraído y el oscuro cabello adherido a su frente y sienes por el sudor Sakura experimentó una profunda compasión al escuchar sus gemidos

— ¿Que sucede? —pregunto al médico con ansiedad— Shaoran, yo.

—Está bien. Todo lo que quiero es que permanezcas a la cabecera de Kaede para que te sujete una mano ¿Puedes hacerlo? La mujer se retorcía y gritaba y Sakura olvidó su temor.

—Moja un lienzo en agua fría, para que le limpies la cara— instruyó el médico.

Cuando se sentó en el borde del lecho siguiendo las instrucciones de Shaoran, y sintió que las uñas de Kaede se hundían en su carne, incluso Sakura, en su ignorancia, supo que el alumbramiento era inminente.

Una oleada de amor y respeto la invadió al escuchar que Shaoran exhortaba y tranquilizaba a la parturienta. Lo miró, observando la total concentración de su rostro antes de volverse a limpiar el rostro húmedo de la mujer con el paño—Sólo un esfuerzo más, Kaede. Puedes hacerlo. Otro.

Un temor reverente invadió a Sakura cuando, como hipnotizada, contempló el momento maravilloso del nacimiento de un ser humano. El hecho de que el bebé estuviera amoratado y cubierto de coágulos y moco, no reducía en absoluto su pasmo y admiración ante lo que acababa de presenciar y si alguien le hubiera preguntado cómo era la criatura habría respondido sin titubear "Bellísima".

En su aturdimiento y asombro oyó que Shaoran decía con tono cansado aunque satisfecho.

— Felicitaciones, Kaede; tienes otra hija.

Desde su lugar en la cama, Sakura observó, con fascinación, cómo el médico colocaba a la diminuta nena sobre el vientre de su madre. Había lágrimas en los ojos de Kaede Akido cuando alargó una mano para tocar la cabeza húmeda de su hija.

—Sakura, ¿por qué no bajas y nos preparas una taza de té?

—sugirió Shaoran con voz apacible. Por un momento, ella permaneció inmóvil, contemplándolo y luego, como saliendo de un sueño, salió del cuarto y fue a la cocina.

Abajo, los niños la miraron con ojos dilatados e interrogantes, y Hikari preguntó al fin.

¿Ya llegó nuestro nuevo bebé?

—Ya es una niña —informó Sakura— Su madre necesita dormir ahora pero en cuanto haya descansado podrán subir a verla.—Estás llorando —acusó uno de los gemelos y cuando ella se llevó una mano a los ojos humedecidos Sakura se percató de que en efecto, lloraba. Se sentía privilegiada y llena de regocijo por haber podido presenciar la magia de un nacimiento. Era algo que recordaría toda su vida.

De manera involuntaria, se llevó una mano al vientre y volvió a experimentar la oleada de desolación que la había embargado cuando supo que no iba a tener un hijo de Shaoran.

Permanecieron en la casa hasta que regresó el esposo de Kaede. Había cesado la tormenta de nieve y el viento comenzaba a amainar. Katashi Akido les dio las gracias, con lágrimas en los ojos, y Sakura se sintió avergonzada de que le agradeciera lo poco que hizo. Los niños ya habían visto a su madre y a su nueva hermana, y Hikari indicaba a sus hermanos, con tono solemne, que no debían tocar a los bebés con las manos sucias.

Había oscurecido cuando Shaoran y Sakura salieron de la casa; la nieve comenzaba ya a congelarse. La joven se estremeció.

Les llevó casi una hora regresar a su casa y, al avistar finalmente la desviación que llevaba el camino, Sakura se puso tensa cuando buscó, en vano, una espiral de humo proveniente de la chimenea de la sala. Al percibir su tensión, Shaoran la miró.

— ¿Qué te pasa?

—Creo que se apagó el fuego de la chimenea de la sala.

Shaoran frunció el ceño.

—Si es así, la casa estará hecha una nevera.

— Pero tenemos calefacción central — le recordó ella cuando el médico detuvo la camioneta frente a la puerta. La chica trató de bajar del vehículo mientras hablaba, pero Shaoran se le anticipó y antes que ella pudiera descender, él estaba del otro lado, ofreciéndole la mano para ayudarla a descender.

Sakura lo siguió al interior de la casa, con el corazón agitado. Vio que Shaoran revisaba el aparato de calefacción central, buscando sin duda el piloto.

— Más vale que vengas conmigo a mi casa — informó al incorporarse—. Si te dejo aquí, te congelarás.

¿No se molestará Natzuki? —se oyó preguntar Sakura, con voz áspera.

Los ojos de Shaoran se endurecieron.

— ¿Por qué tendría que molestarse? —Inquirió él con frialdad - Eres la hija de unos viejos amigos, y no puedo permitir que pases la noche en una casa helada cuando la temperatura sigue descendiendo aún más y estando mi casa apenas a unos cientos de metros de aquí.

—Quizá tampoco tu calefacción central está funcionando—sugirió Sakura, con irritación. ¿Qué había esperado? ¿Que él negara que Natzuki tenía derecho a cuestionar sus decisiones?

—Es muy factible —aceptó él con voz serena; demasiado pausada para gusto de Sakura—. Sin embargo, al contrario que tú, tuve la sensatez de asegurarme de que todos los fuegos estuvieron encendidos antes de salir.

—Yo también lo habría hecho —respondió Sakura de inmediato a su provocación —. Los hubiera encendido si no me hubieses sacado de mi casa como lo hiciste.

De repente, el rostro de Shaoran se relajó en una amplia sonrisa; un gesto que recordó a la joven otras épocas más dichosas. Ella lo miró con enfado cuando él dijo, en son de broma:

—Siempre fuiste una terrible fierecilla, Sakura. Quizá eso tenga. Alguna relación con el color castaño cobrizo de tu pelo —le quitó la capucha del rompevientos y le acarició un rizo rebelde.

El calor ascendió por el cuerpo de la joven mientras se apartaba de él, nerviosa.

—Tienes diez minutos para recoger todo lo que puedas necesitar. ¿A qué hora esperas que regresen tus padres? —demandó luego Shaoran.

—No tengo idea. Iban a regresar esta noche, pero papá llamó para avisarme que, debido a la tormenta de nieve, tendrían que quedarse a pasar la noche en Osaka.

—Mmmmm. . . Bien, si me das el número de sus amigos, llamaré para decirles dónde estarás mientras recoges tus cosas.

Este era el hermano mayor que ella recordaba de sus días infantiles. Estaba dispuesta a protestar que podía cuidarse sola, pero mientras buscaba el número telefónico de los amigos de sus padres, comenzó a temblar debido al aire gélido.

Shaoran estaba colgando el receptor cuando ella descendió por la escalera, luego de haberse cambiado de ropa y guardado otra en un maletín.

—Tus padres estaban preocupados por ti. Trataron de llamar esta tarde, para ver si te encontrabas bien. Les expliqué la situación y tu madre dijo que no te preocuparas y que regresarían mañana, antes de la hora del almuerzo.

De modo que no tenía que preocuparse se dijo Sakura con ironía mientras permitía que Shaoran tomara de sus manos la valija y luego esperaba, con impaciencia, a que ella cerrara con llave la puerta trasera ¿Como se suponía que debía sentirse si se veía obligada a pasar la noche en la casa del hombre al que amaba y el cual no abrigaba por ella un sentimiento similar?

— La que podría preocuparse seria Natzuki si supiera que he pasado la noche en tu casa —observó la joven con ironía. Shaoran le lanzo una mirada de exasperación

— ¿Por que diablos debe importarle a Natzuki que pases o no la noche en mi casa? Después de todo, somos adultos conscientes, aunque tú no te comportes como tal.

Sakura se removió con inquietud en su asiento.

—No es mi culpa que todos en el pueblo piensen que tú y Natzuki son una pareja establecida — murmuró.

— Deja de decir tonterías, Sakura. Tal vez te consuele suponer que sublimé mi deseo de Natzuki al hacer el amor contigo, tal como tú exaltaste tu amor por Yue Tsukishiro, pero no me harás comulgar con tus ridículas ideas sólo para calmar tú conciencia.

—Pero sales con ella — ¿por qué diablos se mostraba tan persistente en el tema? Shaoran había dado vuelta hacia el sendero y Sakura pudo ver su casa, adelante, a la luz de los faros del auto.

— ¿Sí? Parece que sabes más que yo sobre nuestra relación — dijo él con sequedad -—. Creí que sólo estábamos juntos debido a las circunstancias.

—Pero tú.

A punto de recordarle que había ido a Londres con la otra mujer, Sakura se dio cuenta, de repente, de que estaba incursionando en terreno peligroso y opto por un prudente silencio

—Deja de buscar excusas, Sakura —agregó Shaoran con aspereza — Lo ocurrido entre nosotros ya sucedió y por mi parte no lo lamento.

Detuvo la camioneta con brusquedad. Cuando Sakura se enderezó en su asiento, pudo sentir que el corazón le latía con violencia contra el pecho.

— Estoy harto de soportar tus desaires. Siento no haber sido el hombre a quien querías entregar tu virginidad, lo lamento más de lo que imaginas — aseguró con voz fatigada y Sakura se percató en ese momento, con una punzada de culpabilidad, que él había tenido una tarde muy pesada —. Si quieres que me disculpe por haberte hecho el amor, o que diga que me arrepiento, temo que voy a negarte ese gusto.

Por primera vez desde que lo conocía, Shaoran le dio la espalda; descendió del vehículo y se encaminó hacia la puerta de su casa sin ayudarla a bajarse de la camioneta o volverse a comprobar que lo seguía.

Ya había llegado hasta su puerta cuando ella se dio cuenta del frío que sentía y logró seguirlo, con paso torpe. Shaoran encendió la luz del vestíbulo y su claro resplandor revelo la tensión que contraía el rostro del médico Parecía esperar a que ella dijese algo pero que podía agregar ¿Que tampoco lamentaba haber hecho el amor con él? ¿Que estaría feliz de volver a estar entre sus brazos? ¿Que se encontraba dispuesta a aceptar una aventura superficial, aunque la destrozara por dentro?

— Shaoran. . . ¿no podríamos declarar una tregua, aunque sea sólo por esta noche?

Ella miro por largo rato sus ojos brillaban de forma extraña detrás de la negra cortina de pestañas La contemplaba casi como si resintiera tener que hacerlo casi como Sakura sintió que le daba un vuelco el corazón y se humedeció con la lengua los labios resecos nerviosa ¡Dios no hagas eso! No están las cosas bastante mal ya para que te comportes de manera tan provocativa? — estallo él y masculló una imprecación ahogada mientras aproximaba su rostro al de ella Sakura se aparto con presteza y como hacia la helada penumbra exterior mientras esas palabras resonaban en su mente fundiendo el pasado con el presente y una vez más fue la adolescente vulnerable que había acudido a él con el regalo de su amor y deseo, para ser rechazada con crueldad.

¡Sakura! —lo oyó llamarla, pero el grito apenas penetró en el torbellino de sus pensamientos. La nieve era demasiado densa para que ella pudiera correr, pero avanzó con torpeza, sin saber adónde iba; lo único que importaba era huir.

Cuando Shaoran la alcanzó ella lanzó un grito angustiado y se volvió con brusquedad para apartarlo de un empujón pero patino y cayó de espaldas en la nieve, arrastrando con ella a Shaoran.

El peso del médico sobre ella le sacó el aire de los pulmones.

—¡Sakura! . . Oh, Dios, ¿estás bien?

Ella había comenzado a llorar y los sollozos la sacudían de manera incontrolable Pudo percibir la tibieza de las lagrimas sobre su rostro mientras Shaoran se incorporaba

El la levanto el tomo en brazos y la llevo al interior de la casa hasta su estudio.

La nieve cubría la ropa de la joven, y ella no pareció darse cuenta de ello cuando Shaoran la sentó frente al fuego y comenzó a despojarla de las botas.

—Sakura, lo siento. . . Lo siento. . . No quise. . . —sus palabras eran tensas, casi suplicantes y la chica se estremeció, protestando entre sollozos cuando él le quitó las medias y comenzó a frotarle los pies helados.

—Sakura, escúchame. . . fue mi mal humor. Nunca quise.

Ella lo oyó maldecir entre dientes y el sonido penetró en su mente aturdida. Lo miró con ojos inexpresivos.

—Vamos Hay que quitarte esta ropa húmeda —él le hablaba con suavidad, como si lo hiciera con una niña, y como tal, ella permaneció sentada dócil mientras él la dejaba cubierta sólo con la ropa interior, y luego la envolvía en una toalla grande y tibia—. Quédate aquí Iré a preparar una bebida caliente —instruyo por fin.

Cuando el regreso Sakura ya había recobrado el control Shaoran le ofreció una de las tazas de humeante café que llevaba en las manos.

— Lo siento — dijo ella en un murmullo—. Fue una estupidez hacer eso.

—Todos hacemos tonterías a veces —Shaoran parecía tan exhausto y demacrado, que ella quiso acunarle la cabeza entre sus pechos y consolarlo.

—Fue maravilloso. . . esta tarde —susurró Sakura casi con timidez, buscando un tema de conversación seguro—. Tan hermosa. . . esa niña era tan perfecta.

Algo en la cualidad nostálgica en su voz debió conmover a Shaoran, pues preguntó con suavidad:

— ¿Te gustaría tener hijos, Sakura?

Solo los tuyos La joven se sonrojo como si hubiera dado expresión a su pensamiento.

—Sí. . . me gustaría.

El rostro de Shaoran se ensombreció de repente Se puso de pie y la miró con intensidad.

—No es posible; me prometí no entremeterme, pero no puedo permitir que arruines tu vida sin hacer algo al respecto Piensa en todo lo que estás sacrificando al aferrarte a tu amor por Yue Tsukishiro. El no te dará hijos; no te ama a ese grado. Sin duda debes darte cuenta de eso. El ya tiene una mujer e hijos.

Sakura lo miró, reconfortada por el café caliente y extrañada por la intensidad en la voz del médico.

— ¿Has estado enamorado alguna vez, Shaoran?

El frunció el ceño y se apartó de la chica, de modo que su rostro quedó en la penumbra.

—Sí —su voz le pareció tensa a Sakura.

¿Y...Y ella te amaba? — ¿Por qué porfiaba en atormentarse?

—Alguna vez creí que me quería —las palabras parecieron arrancadas con dificultad de la garganta masculina—. Pero. Me equivoqué.

Alguna mujer en Estados Unidos quizá Tal vez esa era la razón por la que había regresado a su pueblo. Sin embargo, Sakura ya no podía preguntar más no tenía derecho y tampoco la fuerza para escuchar a Shaoran hablando de la mujer que había querido a quien quizás amaba todavía.

—Tengo algunos informes que llenar ¿te molestaría si trabajo un poco?

Sakura negó con la cabeza y lo observó encaminarse hacia su escritorio, donde se sentó. A los pocos segundos, estaba absorto por completo en lo que hacía, dejándola en libertad de contemplarlo a sus anchas.

Shaoran trabajó durante cerca de una hora, pero Shaoran no se había aburrido; el crujir de los leños en el fuego, los leves sonidos procedentes del escritorio, donde él trabajaba, y el simple hecho de estar allí, en su compañía, la llenaban de un placer teñido de melancolía. Se quedó dormida mientras él seguía ocupado, y no se percató del hecho de que Shaoran dejó su pluma para acercarse a mirarla con expresión pensativa La toalla había resbalado descubriendo la curva suave de un hombro. Cuando él se inclinó para volver a cubrirla, la joven despertó.

Se sobresaltó al verlo tan cerca.

¿Ya terminaste de trabajar?

— Ya — una leve sonrisa curvó los labios del médico — ¿Tienes hambre? ¿Quieres que prepare algo de comer?

Ella hizo una mueca de disgusto y repuso con voz somnolienta.

—Creo que he perdido el apetito, a últimas fechas —por un momento, Shaoran la miró con fijeza y luego dijo, con voz tensa:

— Por Dios; Sakura, ¿no estarás?.

Cuando sus manos la tomaron por los hombros, ella enfrentó su mirada y adivinó lo que él pensaba.

—No… No estoy embarazada.

Era absurdo suponer que por un momento había visto que la desilusión ensombrecía los ojos de Shaoran y Sakura se dijo que empezar a imaginar cosas era muy mal síntoma.

— Cuando dije que eras provocativa no quise referirme a lo que te imaginaste sabes? — Aclaró Shaoran de improviso— ¿Quieres decir que no tratabas de recordarme que en alguna ocasión cometí el abominable pecado de provocarte? No sé que no era tu intención No me explico por que salí corriendo de esa manera. . . supongo que he tenido demasiadas impresiones este día — se estremeció ante el recuerdo de su actitud.

— ¿Tienes frío? — Las manos de Shaoran le frotaron los brazos a través de la toalla— Más vale que suba a encender el fuego en una de las habitaciones de otra forma te congelaras esta noche

— ¿Solo en una? ¿Y tú?

Por suerte, Shaoran no pareció percatarse de la ambigüedad de su pregunta

— Yo no tengo mucho frío; no necesito calefacción. Parece que poseo mi propio termostato natural — hizo una breve pausa — Tu maletín está en el vestíbulo ¿Quieres que lo traiga?

Ella asintió con una inclinación de la cabeza Mientras el encendía la calefacción ella podría ponerse algo de ropa Aunque nada había dicho a Shaoran incluso su sostén estaba empapado después de su caída en la nieve y ansiaba quitárselo.

Esperó hasta oír las pisadas de Shaoran en la escalera para quitarse la toalla y despojarse del húmedo sostén tembló un poco por el intenso frío.

Solo había llevado consigo una muda de ropa interior de modo que, después de un momento de vacilación, se puso un suéter grueso, con la esperanza de que su volumen ocultara el hecho de que no llevaba sostén.

Puso el que acababa de quitarse con el resto de la ropa mojada antes de ponerse una falda plisada, de lana. Shaoran se quedó unos momentos mirándola desde el umbral cuando regresó al estudio.

—Empieza a nevar otra vez —informó.

Casi en el momento en que pronunciaba esas palabras, las luces oscilaron y luego se apagaron. Afuera ululó el viento.

— ¡Lo que nos faltaba! — estallo el médico

¿Tienes linternas de pilas? —indagó Sakura con ironía.

— Es probable que haya alguna en el sótano, pero no quiero arriesgarme a allí y romperme la cabeza Tendremos que conformarnos con velas,

Velas y luz de chimenea; era muy íntimo, muy romántico, pensó Sakura.

¡Lo que a ella le faltaba!

— Cuéntame sobre los Estados Unidos

Shaoran estaba sentado frente a ella y, por un momento, mientras la miraba, la joven creyó que él había adivinado cómo la afectaba su cercanía.

—No hay mucho que contar —empezó a decir el médico; no obstante, algunas de las historias y anécdotas que le contó resultaron divertidas y, mientras escuchaba la joven rió y él también olvidando que la risa compartida era tan peligrosa como el silencio compartido. . . quizá más.

Cenaron estofado de carne y verduras que Shaoran había preparado y servido, negándose a que Sakura lo ayudara y luego, mientras envolvía con las manos una taza de humeante chocolate Sakura sintió que la embargaba un delicioso sueño Dejo la tasa sobre una mesita y se reclinó contra el respaldo de su sillón. Sólo cerraría los ojos un momento.

Media hora después seguía dormida Shaoran se inclino para mirarla y la tomo en brazos Ella se desperezo un poco y se acurruco contra él con un suspiro de satisfacción Los brazos masculinos la ciñeron más estrechamente y Shaoran frunció el ceño.

Arriba, en el cuarto que él le había preparado, la luz de la chimenea danzaba en los muros, iluminando los diseños florales del papel tapiz.

Ella depositó sobre la cama y luego añadió más leños al fuego, antes de regresar al lado de la joven. No podía dejarla dormir con la ropa puesta.

Sakura despertó y lo miró con los ojos nublados por el sueño mientras el empezaba a quitarle el suéter La joven tiro de la prenda y se la apretó contra el cuerpo, en ademán de protesta.

—Sakura no puedes dormir vestida Mira te traje tu ropa de dormir.

Aturdida por el sueño la joven trato de recordar porque era tan importante que Shaoran no la despojara del suéter pero fue un esfuerzo demasiado grande, de manera que dejó que se lo quitara y solo recordó la razón cuando sintió el aire frió sobre los pechos desnudos.

Ella vio su expresión al mirarla, y sintió su propia respuesta a esa expresión hambrienta en el vientre.

No se asombró cuando Shaoran se acercó para tomarla entre sus brazos parte de ella había esperado que la tocara esa noche. . . lo habla esperado y deseado.

Sus labios se unieron con suavidad a los de él, y su piel se deleitó en la sensación del contacto de las manos que la recorrían anhelantes podía percibir el palpitar del corazón de Shaoran y supo que el de ella latía con igual frenesí. Había deseo y ansiedad en la forma como él la besaba, y no pudo negar una respuesta a esa pasión.

—Sakura déjame permanecer contigo esta noche —susurro el contra su piel, mientras besaba la delicada curva del cuello femenino—. Te deseo tanto.

Irónicamente, si Shaoran no hubiera hablado, ella habría ido al infierno mismo con el pero el sonido casi angustioso de su voz había roto el delicado hechizo y Sakura se aparto del médico dominada por la tensión y emoción.

—No puedo.

— ¿Por qué? —La voz de su amante brotó densa y torturada— ¿Es a causa de él? —el rostro del doctor se contrajo y Sakura se sobrecogió al reconocer los celos en el brillo siniestro de los ojos masculinos—. Es posible que lo ames, Sakura, pero no puedes tenerlo. Además, es a mí a quien deseas. -

Le acarició un seno para subrayar su aseveración y la sensación obligó a la joven a lanzar un gemido de placer.

—Déjame permanecer contigo esta noche. . . —repitió Shaoran, suplicante.

—No —la negativa escapó de la garganta de la angustiada joven Eso era demasiado ya no podía mentir más — No entiendes Shaoran. No amo a Yue, nunca lo he querido. . . Es cierto que él me deseó durante algún tiempo, tal como desea a miles de mujeres; y no niego que es atractivo, pero nunca lo he amado.

Shaoran la contemplo con dureza mas ella le sostuvo la mirada hasta que él quedó convencido de que no mentía. El médico pareció ponerse más tenso y luego dijo con voz sofocada

—Si no lo amas, entonces por qué?. .

Ella no lo dejó terminar.

— ¿No puedes adivinarlo? No deseo tener sólo una relación sexual contigo. Shaoran. . . — lo vio respingar ante esas palabras. Parecía ofendido, lastimado—. No puedo acostarme más contigo; no deseo comprometerme en una aventura pasajera, porque eso me destrozaría. Te amo demasiado.

Ya lo había dicho ¡Ahora la dejaría en paz! Se aparto de él volviéndole la espalda, y esperó escuchar la puerta al cerrarse cuando el saliera Shaoran tenía su propio código de honor ya que sabía la verdad, entenderla. De modo que ella esperó, tensa y peligrosamente cerca de perder su frágil control. Cuando él la toco respingó como si hubiera sido quemada por un carbón ardiente, Shaoran la hizo volverse hacia él.

— Quiero que me expliques bien esto — pidió el médico con lentitud Respiraba con agitación como si controlara con dificultad una oleada interior de furia — ¿No quieres acostarte conmigo porque me amas?

Por primera vez en su vida Sakura tuvo miedo de Shaoran no reaccionaba como ella había supuesto Parecía enfadado violenta y peligrosamente enfadado y la miraba con una expresión que le puso piel de gallina.

¿Es eso lo que dices?

— Sí.

La soltó de forma tan inesperada que ella se fue de espaldas sobre la cama sin dejar de mirarlo con expresión azorada El tenia la mirada fija en el techo y respiraba con dificultad.

—No puedo creerlo —su voz era monótona y dura.

— ¿Por qué supones que hice el amor contigo? — preguntó Sakura con voz trémula, insegura—. Te aseguro que no fue por algo que tuviera relación con Yue.

— Todos estos años luché contra mí, contra el impulso de regresar. . . Me decía que lo que habías sentido era sólo un enamoramiento de adolescente. Me mantuve en contacto con tus padres, traté de sonsacarles toda la información que fuera posible Pensé que eras feliz en Londres la mujer profesional que daba prioridad a su trabajo y ponía en segundo plano al amor Trate por todos los medios de olvidarte y convencerme de que no estaba loco por haberme enamorado de una niña de diecisiete años ¿Tienes idea de lo que sufrí? Me sentía como una especie de de pervertido ¿Que pudo hacerte pensar que lo que deseaba era tener un amorío pasajero contigo?

Ella estaba demasiado estupefacta para hablar.

— Yo. . . Tú sólo. . . Tú sólo dijiste que. . Que me deseabas. . . y yo creí que era sólo sexo. . Me dijiste, cuando mencioné a Natzuki, que no te interesaba el matrimonio Y…

—¡Y por supuesto que con ella no me interesaba, en absoluto! Sólo ha habido una mujer en mi vida con la que he querido casarme. . . y ésa eres tú.

Extendió los brazos hacia ella y la estrechó contra su pecho. Su voz brotó ahogada contra el cabello de la joven.

— Sakura. . . mi amor. . . Al pensar en lo cerca que estuvimos de perdernos. . . Esta noche, cuando dijiste que no querías hacer el amor conmigo. . . — calló de repente y la abrazó con una angustia incontenible.

—No podía hacer el amor contigo; tenía miedo de lo que podría revelar si eso sucedía ¿De verdad me has amado durante todos estos años? —la voz le temblaba por la emoción.

La sonrisa de Shaoran fue maliciosa.

—¿Quieres que te demuestre cuánto? —Rió con suavidad al observar la expresión de la joven—. Cuando tenías diecisiete, yo contaba con veinticinco años; era lo bastante maduro para saber lo que quería de la vida, lo bastante mayor para que me aterrorizaran mis sentimientos por ti. Una de las razones por las que fui a los Estados Unidos, fue porque no podía confiar en mí, no me creía capaz de controlarme para no iniciar una relación para la que tú no estabas preparada. Habría sido demasiado fácil valerme de tus sentimientos de adolescente para persuadirte de que te casaras conmigo; pero sabía que no estaba bien, que no era correcto.

Le acarició el labio inferior con el pulgar y ella lo atrapó entre los dientes mordisqueando con suavidad sus ojos se dilataron cuando percibió el profundo suspiro que lo sacudió

— Lo primero que voy a hacer, cuando esta nieve nos permita salir es conseguir una licencia matrimonial — anuncio Shaoran con voz profunda

Sakura rió entonces era un sonido alegre claro dichoso ¡Ahora estaba segura del amor de Shaoran!

— ¿Y mientras tanto? —preguntó, incitante.

—Cuando te pregunté esta tarde si estabas embarazada, deseaba que lo estuvieras. Entonces habría tenido que casarme contigo, o al menos eso me dije; aunque temo que un instinto masculino muy primitivo todavía me hace pensar que quizá ésa sea una buena forma de asegurarme de que no cambies de parecer.

Un hijo de Shaoran. La emoción estremeció a la joven y las lágrimas asomaron a sus ojos. Alargó los brazos, invitándolo a amarla.

— Quédate conmigo esta noche —suplicó al oído del médico—. Ya hemos pasado demasiadas noches separados.

—¿Estás segura de que es lo que deseas? —ella pudo ver la tensión que brillaba en sus ojos mientras esperaba la respuesta.

— Lo estoy, mi amor. Nunca estuve más segura de algo en toda mi vida.

FIN


Hola a todos =)

Si,si,si ya sé que me quieren matar porque dije que dentro de dos semana lo iba a subir y ya paso un mes, pero se me complicaron un poquitos las cosas a demás que estoy a punto de presentar mis exámenes en la uni y apenas me daba tiempo para adaptar la historia, tenía pensado en terminarlo cuando estuviera de vacaciones pero ya era demasiado tiempo para dejarlos con la intriga y aquí estoy con el capítulo final jejeje.

Ahhh otra vez voy a llora u_n otra adaptación terminada me siento muy feliz espero que lo disfruten mucho….

Agradecimientos a:

Chii tsuki hieme, Sakuchik, Didi, , Emily Castro, LadySc -Maaya- gisselVG y a the mystic poetry….

Ahhh muchísimas gracias a ustedes espero que le agrade jejeje y por darme tantos ánimos y apoyo en sus comentarios jejeje

Bueno me despido y no se preocupen que no me voy a desaparecer por mucho tiempo dentro de poco le vengo con otra adaptación que será cuando salga de vacaciones asi que no se olviden es esta servidora jejeje n_n

Bye!

Endri-Chan