Tenia ganas de escribir.

No tengo auto-control.

Esto fue lo que paso.


Capitulo 7: La tierra verde.

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El cielo era mucho más frío que la tierra.

No esperaba darse cuenta de eso alguna vez en su vida, pero era una verdad difícil de ignorar cuando te encontrabas recluida y rodeada por las alturas, consumida en un manto oscuro con la sensación familiar de cosquilleo a lo largo de su cara, hombros y manos que era en lo único que podía pensar. Incapaz de poder registrar cualquier otra cosa a su alrededor que no sea la sensación de la silla de cuero atada a la fuerte espalda de un dragón, o el olor a metal y pieles tocadas por el fuego de sus acompañantes vikingos que se mantenían en silencio.

Era como si un consenso general se hubiera erigido, en el cual todos acordaban no mencionar absolutamente nada de la clara redada en su contra y como eso había acabado. Su voto de silencio creaba un ambiente tenso, pero no incomodo, algo mucho más indulgente de lo que cabría esperar de barbaros del norte o los receptores de un intento de asesinato sorpresa.

Estarían justificados en su molestia y tendrían todo el derecho de tomar represalias en algún momento, importándoles poco como se sentiría ella en medio de todo eso. Pero en su lugar, actuaban como si comprendieran y respetaran su perdida.

De su hogar, de su gente, de todo lo que conocía y creía.

Y si tan sólo no estuviera sumergida en medio de un letargo emocional, quizás habría podido apreciar eso. En lugar de simplemente sostenerse por inercia a los costados y capa del hombre frente a ella, sin saber muy bien cómo debería de sentirse al respecto de toda la situación en general.

Lucha por respirar en medio del aire demasiado frio y ligero con la conciencia de una fea verdad que se escondía y cultivaba en medio de su ignorancia, sin saber desde hace cuánto tiempo las personas que le importaban conspiraban en su contra.

Dispuestos a matarla.

No desconocidos, ni siquiera enemigos a la corona. La horda enardecida que le dio caza blandiendo antorchas y trinches en su contra, como si fuera una bruja traidora en lugar de su monarca quien siempre ha pensado más en ellos que en sí misma, todos ellos, eran las mismas personas del pueblo, sus soldados, los que no dudaron en apuntar a matar.

Su propia gente.

Un puño helado apretaba su pecho cuando pensaba en eso. En el tiempo que debieron de invertir y resguardar ese plan. Cuantos de ellos, cuantos secretos. Todas las veces que evitaban su mirada al pasar o acallaban sus voces cuando la sabían cerca.

Las miradas que se apartaban al suelo o a cualquier dirección general lejos de ella. ¿Sería culpa?, ¿Miedo?, ¿Desprecio?, ¿Algo completamente diferente o todo mezclado en una amalgama de oscuridad latente?.

¿Era de algún modo su culpa o…

Se detiene inmediatamente se seguir pensando en cuan doloroso era eso en cuanto respirar se vuelve difícil, y sólo puede pensar conscientemente que no era bueno sufrir un ataque de pánico cuando está volando. A una ridícula altura sobre un extenso mar de aguas heladas y desoladas sin otro tipo de seguro de poder sobrevivir que los jinetes de dragones a los que no conoce y de los que sinceramente desconfía.

Puede que sean lo suficientemente amables como para respetar su dolor, pero no podía estar segura de cuanto de eso era una fachada y cuanto sincero. Ellos podrían simplemente ser indiferentes a todo lo que paso y no hablar por la simple razón de no considerarlo relevante en lo más mínimo.

Eso la dejaría sola.

Completamente desamparada sin nada detrás o nada seguro de frente. Simplemente el frió y el dolor en su pecho en las puntas de sus dedos que simplemente no se van.

Nunca se van del todo y justamente en ese momento acepta que no lo harán nunca.

El frió siempre ha sido parte de ella, esa es su maldición. Lo entiende y comprende, incluso lo acepta, pero eso no hace las cosas menos dolorosas.

No evita que quiera llorar o dejar correr libre la escarcha de sus manos, soltarse de una buena vez para ver qué pasa. Hacer el tipo de cosas que nunca tuvo el valor de hacer durante todos sus años de encierro en una habitación demasiado grande y vacía con extensos años para añejar la soledad y el miedo.

Manteniendo el frió.

Dentro de ella, en todas partes del mundo a su alrededor. Igual a esa oscura noche llena de estrellas, donde iba surcando un cielo ligero y silencioso que emulaba muy bien a esa cárcel de la que ha sido presa prácticamente toda su vida.

Pero esta vez, ella era plenamente consciente de ese hecho. Ya no tendría una falsa ilusión de que estaba haciendo las cosas bien y de que eventualmente todo mejoraría.

De que algún día, con suerte y mucho esfuerzo, la aceptaran tal y como era de todo corazón.

Ahora sabía que eso jamás podría ser así, tanto como era consciente de que no podría llorar por ello y dejarse ir. Porque si algo había aprendido a lo largo de su vida, era que sin importar que, debía mantenerse firme y seguir a pesar del miedo.

Así fuera luchar tanto como huir, lo importante era avanzar y moverse.

Y ahora, en su poco favorable situación actual eso haría. Porque era lo correcto, lo único que podía y sabía hacer, lo único que le quedaba.

Mantenerlo todo dentro de ella y así conservar algo de su dignidad como persona, como reina, y seguir a pesar de hallarse completamente sola con un destino incierto al frente.

Era algo que ya había hecho antes, podría hacerlo de nuevo.

Si…ella podría hacerlo.

A pesar de que a su alrededor…

Todo es tan frio.


Fue una suerte que el sueño no la venciera. Prácticamente podría contar como un milagro no haberse soltado en algún momento de la noche para caer a su muerte segura. En especial cuando se tomaban en cuenta los breves periodos en los que la baja temperatura y su anémico estado de ánimo habían jugado en su contra, volviéndola letárgica.

Por otro lado, ha comparación de ella y su torpeza general, era sorprendente la resistencia que los vikingos habían mostrado ante ese peculiar viaje de larga distancia. La hacían preguntarse sobre la cantidad de tiempo que pasaban sobre el lomo de sus dragones para poder generar ese tipo de condición física.

Ellos bien podrían vivir en los cielos o los rumores de sus extraños pactos con entes sobrenaturales eran ciertos. Porque no creía humanamente posible que pudieran mantenerse firmes en sus asientos por tantas horas sin quejarse de calambres o dolor en algunas partes específicas del cuerpo.

Aunque ella bien pudo carecer de un tiempo adecuado en equitación; eso o su biología era distinta. A pesar de sus mejores esfuerzos, no podía identificar adecuadamente cual era la diferencia entre ella y su lamentable parecido a un venado recién nacido, contra la otra mujer del grupo que se mantenía firme y segura sin ningún tipo de dolor o incomodidad visible.

Claro que, objetivamente, su primera suposición sobre su capacidad trabajada a lo largo del tiempo y la practica debía de ser cierta. Ellos simplemente eran criaturas de los cielos, inmunes e indiferentes ante ese desconocido e incómodo estilo de vida que ellos mismos implementaron cuando decidieron domesticar dragones.

En el instante en que decidieron cruzar el mundo y tomarlo como suyo.

-¡Oh, ahí está! -

Rompiendo el silencio impuesto a lo largo de una noche entera, el grito animoso de Ruffnut llamo la atención de todos mientras señalaba al frente con emoción.

Por un instante, casi fue contagiada por la única muestra de normalidad que había visto en un buen tiempo, pero se abstuvo de su primer impulso de querer elevarse un poco en el asiento y ver por sobre el hombro del rey dragón a la dirección en que la mujer rubia señalaba.

En su lugar, se mantuvo firme con su mirada en la capa de piel y el blanco de su vestido, notando el curioso contraste de tela ahora que su vista era favorecida con la tenue luz del nuevo amanecer.

Sin embargo, por mucho que le hubiera gustado fingir que eso era lo más interesante del mundo la situación no se lo permitía. En especial cuando quedo muy en claro su próximo destino era lo que Ruffnut señalaba con tanto entusiasmo.

Pronto, comenzaron a descender a un ritmo lento pero constante que le causo unas curiosas cosquillas en el estómago y que inconscientemente aumentara la fuerza de su agarre. El cual debió de ser particularmente fuerte, ya que el vikingo frente a ella se removió incómodo.

-Cuidado con el hielo – Le advirtió por lo bajo en un tono tenso, cuidando que ninguno de los emocionados vikingos lo escucharan.

Con desconcierto, volvió su vista a sus manos para notar ante su sorpresa como sus dedos se habían enterrado profundamente en la tela gruesa. Junto con astillas de hielo delgado como agujas que se extendían como vides de sus manos para perderse entre las capas de piel. No de manera letal, pero si aparentemente llegando a partes sensibles e importantes.

Rápidamente aparto las manos sintiéndose avergonzada. -Lo lamento –

-No te recomendaría causar que cayéramos en picada, no terminaría bien para ti. -Dijo en un tono demasiado casual para alguien que habla con otra persona cuyos términos no son los mejores. -Además – Continuo en un humor ligero. - Ya tendrás más tiempo para intentar apuñalarme. –

-Yo no…-

La situación estaba siendo extraña, ¿Él estaba siendo gracioso o hablaba enserio?, sea como fuera el caso, no tuvo tiempo de responder adecuadamente cuando fue interrumpida de nueva cuenta por el grito particularmente fuerte de la emocionada vikinga que ya comenzaba a saltar en su asiento.

-¡Miren, Kastalinn á hæðinni! – Grito en una lengua que no entendía mientras volvia a señalar algún lugar al frente al que ella no podía acceder. -¡Ya se puede ver perfectamente claro!-

-¡Su alteza real, realmente querrá ver esto! – Para su sorpresa, el grito ligeramente despectivo que la invitaba a unirse de algún modo a la algarabía provino de Snotlout.

Él había sido el único del grupo que nunca oculto sus intenciones o trato de encajar en el protocolo. Siempre fue osco y particularmente burlón, en especial frente a los miembros de alto rango a los que disfrutaba de volver locos al jugarles bromas y tratarlos como poco más que juguetes.

Con ella no fue muy diferente. Si bien sus ataques nunca fueron directos, si le hablaba poco y siempre que lo hacía parecía estar burlándose de ella de alguna forma, en una especia de chiste interno que ninguno de sus compañeros parecía seguir o poder detener sin importar cuando lo reprendieran. Su actitud fue la principal razón por la que le general Garfth la había tenido tan vigilada esos últimos días.

Por lo que su repentino intento de incluirla, aunque fuera de una manera tan simple, fue cuando menos desconcertante.

Al menos lo suficiente como para querer intentar seguir adelante con el repentino buen estado de ánimo y tomar la pequeña y débil rama de olivo figurativa.

Por lo que con algo de esfuerzo y un poco de pena, tomo los hombros frente a ella para impulsarse y ver al frente. Claro que desestimo cuanto tiempo de equitación se necesitaba para poder hacer un movimiento como ese luego de tanto tiempo sentada en una silla para montar, por lo que fue sorprendida ante la poca fuerza de sus piernas.

Tuvo que sostener todo su peso en el agarre que mantenía en los hombros ajenos. Sintiéndose particularmente incomoda por la acción grosera y la poco ortodoxa posición, justamente luego de casi apuñalarlo y usarlo como alfiletero.

Era tan poco agraciado de su parte.

Tanto, que estuvo a punto de dejarse llevar por el sentimiento de vergüenza ante su pobre condición física y estuvo muy tentada a dejarse caer en su asiento para fingir magistralmente que nada de eso paso. Cuando de pronto fue sorprendida por un breve vistazo de lo que los esperaba al frente, y eso fue todo lo que se necesitó para que dejara de lado su pena y orgullo herido para sujetarse firmemente del par de hombros que aparentaban soportar bien todo su peso en bruto.

Lo cual, le dio la seguridad para poder admirar la vista.

Lo primero que sus ojos pueden divisar de la tierra firme frente a ella luego de una noche de vuelo continuo, es la magnífica vista de un castillo sobre una gran colina reclamando el horizonte.

En ese punto a la altura que volaban, el aire que toca su piel no es menos fresco, pero la calidez del sol ayuda mucho.

Le permite apreciar cómodamente los rayos del amanecer y sus colores. Ver como estos caían igual a un manto de tonalidades rojizas y purpuras sobre la gran construcción de piedra gris, cubriendo con majestuosidad los campos verdes y vibrantes que se extendían bastamente a lo largo del perímetro del lugar, antes de ser cambiados por un bosque espeso y con sombras de la noche aún en sus entrañas.

Todo el contraste era una vista hermosa, un regalo bienvenido luego de una noche cubierta por un mar de oscuridad y frialdad donde la única compañía que le brindaba algo de familiaridad eran las dudas y el sentimiento de soledad.

Por lo que poder apreciar al día reclamar su territorio tan tranquilamente, le era reconfortante. Había lago en la calidez del sol y el acto mundano pero seguro del amanecer que la hacían sentir segura.

O al menos, lo fue hasta que apresuraron notoriamente el vuelo y se acercaron lo suficiente para ver la extensión real del panorama que la distancia no le permitía observar con claridad.

La maravillosa primera impresión se fue, obligándola a tomar asiento en un movimiento algo brusco en el que soltó todo el aire fresco que sus pulmones tenían.

Porque, poco a poco frente a ellos, el extenso campo de hierba verde que llamaba a la vida se fue volviendo amarillo y reseco hasta que simplemente no quedo nada de su anterior belleza. Se sentía como si un telón pesado y brillante se hubiera levantado para dejar a la vista los verdaderos matices del lugar.

Uno donde una mayor extensión de territorio estéril tomaba todo el panorama por completo. Donde alguna vez todo fue próspero y rebosante, ahora lo único que se podía ver eran las secuelas del fuego y la destrucción arraigados hasta lo profundo, dejando a la mayoría de la tierra en la que se adentraban oscura y cubierta de escombros.

Luego, llego lo peor.

Pronto la tierra marchita fue cubierta con algo más que restos de casas y madera. A lo largo de caminos improvisados que se hacían espacio entre lo que alguna vez fue un pueblo, se encontraban los cadáveres de animales de granja y domésticos que se pudrían a la intemperie. El olor era horrible y nauseabundo, pútrido. Hablaba de un tiempo considerable con todos los cuerpos ahí, dejados para simplemente pudrirse.

No lo aguanto mucho tiempo y se cubrió con la manga de su vestido luchando con las lágrimas que surgieron a causa del hedor. No podía ser posible que semejante olor proviniera de animales de granja. Sin embargo, fue la única que reacciono de algún modo ante la sangre seca y los enjambres de moscas que volaban por el aire, puesto que todo el ambiente pútrido no pareció molestar a nadie más que no fuera ella.

No a los cuatro jinetes y por supuesto que ni siquiera detuvo al pequeño ejército de hombres vikingos armados y acompañados de dragones que caminaban merodeando por el lugar. Los que marchaban bajo un estandarte de la silueta negra de un dragón que era de algún modo familiar.

Volando sobre ellos, le daban una vista panorámica clara de lo que se encontraban haciendo.

Caminaban entre lo que quedaba de ese pueblo, se gritaban unos a otros mientras se encargaban de supervisar a un grupo de personas que aparentemente se encontraban limpiando los escombros o rematando cuerpos de soldados medio cubiertos de tierra y ennegrecido por el fuego.

Hombres y mujeres que portaban armaduras similares o completamente distintas. Podían ser vikingos, civiles o los enemigos, incluso tal vez aliados, pero eso aparentemente no les importaba. Si estaban gravemente heridos se les ejecutaba sin parpadear para luego ser echados a una apila de cuerpo creciente, y de la que ahora sabia, provenía la mayoría del pútrido olor.

Nunca había visto algo así con sus propios ojos.

Su parte racional, la que quiere evitar que entre en pánico, quiere darle algún tipo de sentido a lo que estaban haciendo, pero no podía encontrar una justificación para ese acto de sangre fría, era simplemente cruel.

Desechar la vida de semejante forma…

Ahora no le sorprendía el completo desinterés del rey dragón ante la muerte de su guardia real, y su percepción de que simplemente esos hombres eran peones remplazables.

Si esto era lo que hacía con sus propios hombres, la aterraba descubrir que era lo que hacía con sus enemigos.

O tal vez, si tenía una idea, una imagen mental que provenía de cartas viejas y pruebas sutiles a su alrededor que demostraban que todo eso sólo era el comienzo del verdadero fin.

Con eso es cuando se da cuenta de que cualquier advertencia que el rey vikingo hubiera querido darle anteriormente sobre lo que aguardaba en el exterior, jamás habría podido expresar adecuadamente lo que la estaba esperando afuera de su pequeño mundo y que ahora estaba viendo.

No había forma de que estuviera preparada adecuadamente para enfrentarse cara a cara con los despojos humanos que quedaba una vez las cosas acabaran. Estar presenta para ver la época de hambruna, las fosas comunes. A los sobrevivientes morir a pesar de sus mejores esfuerzos.

Era una visión del futuro próximo que no le agradaba nada y provoco que apartara la vista con forme avanzaban al castillo, mientras el ambiente general empeoraba en miseria y dolor, como lo harían los niveles del infierno en la divina comedia.

Primero los pecados más débiles, para luego avanzar hasta el origen del mal primigenio.

Sólo que esta vez la oscuridad no acecha en el fondo de un foso sumergido en el tártaro. No, el mal no estaba impreso en tinta o bajo sus pies en las profundidades de la tierra. Estaba justo ahí, completamente a la vista, a su alrededor. Corriendo libre y salvaje como un animal desbocado.

Tomando los cielos con alas poderosas, vistiendo armaduras, consumiéndolo todo en fuego.

Esa en una verdad que la asusta.

La hace nuevamente consiente del hielo delgado por el que camina.


El resto del vuelo promete ser corto y acompañado por platicas amenas entre los tres vikingos que intentan incluirla de vez en vez a pesar de su poca respuesta. Ignorando como la incomodan con su actitud indiferente y divertida mientras sobrevuelan a los esclavos que son obligados a recoger lo que quedaba de sus hogares.

Cosa que claramente no parecía importarles, ni siquiera algo que merecía su reconocimiento mientras peleaban entre ellos o se dirigían a ella para preguntarle unas cuantas cosas.

Sigue sin poder comprender porque hacen eso, o cual es la razón por la que repentinamente dejaron de tratarla como alguien ajeno al grupo para intentar darle lo que supone, es su versión de una demostración local.

Era claro que ellos ya habían estado en el lugar, y simplemente puede suponer hace cuanto tiempo fue de eso. Parecen completamente cómodos con el ambiente a su alrededor, en especial cuando de ubicaciones se trataba. Lo cual, era información importante tomando en cuenta que no sabe con exactitud donde se encontraba.

Tal vez si supiera que tierra era esa podría sentirse un poco mejor y darle un sentido de familiaridad, o bien podría hacer que el dolor que le causaba ver a las personas a su alrededor fuera peor.

Pero a pesar de sus dudas decide tomar el riesgo y darle un nombre al lugar, una identidad. En especial ahora que le han despojado de ella. Nadie merece perecer en el olvido, marchitándose en silencio.

Escucha entonces las indicaciones y consejos que le dan de los mejores lugares que podía encontrar alrededor, o al menos, los que no están parcial o completamente destruidos.

-Por el Oeste hay unos riscos que tienen unas cascadas, no son de lo más emocionantes, pero aparentemente son sagradas o algo así. – Señalando en esa dirección casualmente con una mano, el pelinegro causo que Ruffnut asintiera y ella misma buscara con la vista.

Intentando ver algo desde la distancia, pero rápidamente se da cuenta de que no conseguirá nada a causa del movimiento y de la velocidad a la que van. Además de que nota lo realmente lejos que podrían estar esas cascadas, por lo que sigue escuchando a la mujer rubia continuar con las indicaciones.

-Si, también habían unos lugares legendarios que supuestamente estaban malditos por viejos espíritus -Cometo aburrida mientras se sacaba algo de la oreja para arrojarlo después. -Pero sólo eran un montón de rocas. – Eso era algo interesante, eran pocos los lugares que tenían leyendas vivas o relacionadas con rocas.

Estuvo a punto de preguntar más específicamente sobre eso, pero entonces la mujer bajo la velocidad de su vuelo para quedar a su altura y voltear a verla. Sin darle tiempo para abrir la boca, y luciendo una expresión dramática le dijo. -¡Ni un sólo espíritu vengador se apareció!, ¡Ni siquiera uno de esos pequeños que te roen los dedos de los pies!, fue tan malditamente aburrido. Si hubiera sabido que los locales simplemente amaban sus tontas rocas, mejor me habría cambiado de escuadrón. -

-Oh vamos, no fue tan malo. Tú al menos encontraste ruinas interesantes y muy antiguas, yo simplemente me quede transcribiendo reportes. – Desanimado, el vikingo rubio quien también disminuyo la velocidad para alcanzarlas en alguna parte de la conversación, dejo caer los hombros. Parecía un niño pequeño al que se le prohibió salir a jugar con sus amigos. -No hay nada interesante en escribir sobre cuantos suministros se necesitan o cuantos heridos están en baja, no al menos cuando todos los hombres simplemente tienen un caso grave de resaca por haber robado las reservas de alcohol del castillo. –

No tenía ni la mínima idea de a que se refería, pero, francamente, no entendía de que estaban hablando la mayor parte del tiempo que habían decidido comenzar a platicar. Siempre eran chistes internos o referencias sobre cosas que ni siquiera sabía que existían, recuerdos de lugares que jamás había visto en su vida.

Eso los animaba y mantenía el ambiente contrastante que la tenía tan incomoda.

Sin embargo, para su sorpresa, las palabras de Patapez no causaron otra oleada de chistes bruscos. Contrariamente al hilo general su comentario detuvo la charla por completo y causo que todos a su alrededor se tensaran en diferentes grados de incomodidad, incluido el rey dragón. A quien apenas pudo sentir, y sólo porque estaba prácticamente pegada a él. De otra forma jamás habrá notado como sus hombros se encuadraron y el agarre que tenía en las riendas de cuero que mantenía afianzadas.

A diferencia de los otros que claramente no podía disimular tan bien.

Ruffnut abrió los ojos cómicamente, incluso perdió el equilibrio por un momento, pero se repuso rápidamente para darle una mirada molesta al rubio que se encogió en sí mismo, aparentemente avergonzado por mencionar algo que no debía. Snotlout por el contrario, pareció impactado por un momento en el que ni siquiera se movió, pero como era de esperarse eso no duro mucho. Inmediatamente después estallo en sonoras risas que causaron su descenso rápido y repentino en un muy poco masculino "¡Haaaaaaa!".

Dejo de gritar asustado cuando se aseguró de que no se estrella contra la pared de una casa aun humeante.

La extrañeza de la situación casi hace que se levante de su asiento por la sorpresa, pero se abstiene porque en realidad su integridad física no es su prioridad. Además de que se repone con relativa facilidad y los alcanza momentos después, claramente molesto con las burlas de los otros dos que ahora se dirigían a él.

Y está bien, puede que ella haya sonreído por un segundo o dos.

-Si, como sea -Mascullo acomodándose el casco y tomando de nueva cuenta su posición anterior, aparentando estar bien. -La fiesta no estuvo tan buena, ni siquiera recuerdo la mitad de lo que paso –

-Si, todo estuvo algo confuso -Luciendo incomoda, Ruffnut se aclaró la garganta evitando sin mucha sutiliza su mirada, por alguna extraña clase de motivo que la elude. -Pero tienes razón, no es como si nos perdiéramos de algo importante, todas las fiestas vikingas terminan igual. Con todo el mundo arrepintiéndose y pidiendo perdón a todos sus ancestros por la horrible resaca, pero es algo que todos sabemos que es un falso juramento porque lo repetiremos en cuanto tengamos la mínima oportunidad. –

- Heilsa – Corearon los hombres alzando sus brazos derechos mientras sonreían.

Se abstuvo de hacer algo tan poco educado como rodar los ojos o negar con la cabeza. Porque puede que sea una reina criada desde la cuna, pero no le era indiferente la relación entre los hombres y el alcohol.

Bien podrían provenir de culturas diferentes, pero al parecer había cosas universales. Era una lástima que fuera ese tipo de cosas lo que tendría que experimentar libremente de ahora en adelante. Ruffnut tenía razón, esa combinación nunca terminaba bien.

En su experiencia eso sería un duelo por honor o para saldar una deuda, incluso por la mano de una mujer, y en caso menos "elegantes" por un profundo desacuerdo.

Claro que, algo en sus anécdotas y sonrisas cómplices le dicen que no será ese tipo de problemas conducidos por el alcohol lo que enfrentara de ahora en adelante, pero al mismo tiempo, si, lo serán.

Bien, ella quería familiaridad.

Ahí la tiene.

-Bueno, como decía, por aquí hay muchas rocas sagradas que sólo están talladas con muchos garabatos que nadie entiende. -A su explicación, la mujer rubia le agrego ademanes con las manos para ejemplificar mejor su desprecio. – Muy aburridas, ni siquiera bonitas o entretenidas. Es por eso por lo que las destruimos a todas, no sirven. –

-¿Qué hicieron qué? –

Sin poder detenerse a pensar en lo que estaba diciendo o haciendo, elevo un poco la voz en completa incredulidad ante lo que le dijeron.

No podía ser cierto, ¿Ellos simplemente destruyeron lugares sagrados porque no les gustaban?, eso era simplemente bizarro. Tenía que ser una de sus extrañas bromas que no entendía.

Pero para su horror y sorpresa, nadie reía o parecía querer seguir con el chiste. En cambio, todos a su alrededor voltearon a verla con el mismo aire casual con el que habían mantenido su charla desde el principio.

El primero en responderle fue Patapez.

-Bueno, yo no lo explicaría así -Comenzó a explicarle tranquilamente. – No diría que las destruimos por no ser entretenidas, pero la parte de que son inservibles es verdadera. –

-¿Cómo es eso diferente a destruirlas porque no les agradaron? -Le cuestión luchando con su molestia, intentando de alguna forma manejar todo el asunto diplomáticamente, como le habían enseñado a tratar los problemas toda su vida.

Un punto de vista en el que al parecer no estaba sola, porque la siguiente vez que alguien respondió a su pregunta fue el rey dragón en persona.

-La diferencia es que por sí solas no son de utilidad, no significan absolutamente nada para nosotros. – Le hablo sobre su hombro, pero sin mirarla. Mantenía su vista la frente del camino, a diferencia de todos a su alrededor que lo miraban atentamente. Él continuo. -Pero el daño que eso significaba para los locales, eso, eso es verdaderamente valioso. Por eso las destruimos. -

Sus palabras causaron que se mantuviera en silencio por la sorpresa, no pudiendo creer del todo lo que le estaba diciendo con tanta facilidad.

Le tomo un tiempo, pero se las arregló para hablar y mirarlo abiertamente incrédula cuando le respondió.

-¿Una táctica de desmoralización? -Lo acuso aun tratando de contenerse al medir su tono de voz. Control ante todo. -¿Destruyeron un lugar de siglos y de un valor incalculable, sólo por eso? –

Era increíble.

Oh, ¿Pero en que estaba pensando?.

¿Por qué eso la sorprendía tanto?, acababa de ver la facilidad con la que desechaban a sus propios solados, ¿Por qué tendrían que tener algún tipo de consideración religiosa o moral con el enemigo?.

Era ridículo pretender que algo así no iba a pasar tarde o temprano cuando se estaba en medio de la guerra. Pero de alguna forma la idea de que también les haya quitado eso era particularmente insultante.

Como alguien que se mantuvo firme por mucho tiempo con la simple creencia de que sus guantes de verdad ayudaban a controlar sus poderes, comprendía plenamente lo que los símbolos podían ayudar para sobrellevar los tiempos difíciles, en especial los que implicaban muerte y destrucción.

A esta pobre gente ya le habían quitado todo lo material, y ahora se enteraba de que incluso su parte espiritual había sido profanada. Era…

Era…

No podía darle una palabra a eso. Simplemente no se encontraba siendo capaz de describir la sensación que le dejaba saber a tantas personas como cascarones vacíos sin esperanzas, permaneciendo entra las cenizas que quedan de lo que alguna vez fue su hogar.

En especial cuando los responsables parecían tan desinteresados.

-Claro que lo hicimos, un espíritu bajo es mucho más fácil de quebrar. -Le informo con un tono educativo que comenzaba a enervarla. -Pero si eso hiere tus sensibilidades -Señalo puntualmente la última palabra, como si fuera algo tonto de su parte tener piedad de otros. -Quizás te tranquilizara saber que ese no fue un tiro de gracia, ellos se mantuvieron luchando por un buen tiempo después de eso –

Oh, como le gustaría ser igual que Anna ahora para poder darle un buen golpe en la nariz.

Su desinterés por el tema era como un Deja vu que calentaba su sangre de una forma que no creía posible. Él era frio y apático, igual a la primera noche que se conocieron. Desestimando, aun ahora el daño que estaba causando a su alrededor.

Como si, realmente, nada de eso importara.

-¿Y hacen mucho eso?, atacar un punto bajo por desesperación, quiero decir. -Dejo de pretender que podía mantener completo control para ceder al desconocido y oscuro impulso que le pedía atacar de cualquier manera que pudiera, sin importarle que llegaran a pensar o decir sobre ella, mantuvo su frente en alto al enfrentarlos. Viéndolo directamente a pesar de que él no le devolvía la misma cortesía.

Bien, si estaban siendo indiferentes al otro, ella podría aprender fácilmente las reglas de ese juego.

Estaba preparada para cualquier tipo de represalias que los vikingos pudieran tener en su contra por insultarlos no tan sutilmente, incluso se preparó para recibir risas de burla desestimando su comentario llamándola una "lindura" o "cosita dura" como ya lo habían hecho con anterioridad cada vez que los enfrentaba a ellos o su autoridad. Pero en lugar de algo como eso, lo único que obtuvo a cambio fue un silencio tranquilo, pero ligeramente tenso haciéndola sentir repentinamente fuera de lugar.

Entonces el castaño volvió a hablar, y fue algo que francamente jamás espero oír.

-Sólo nos tomamos esas molestias cuando son unos oponentes duros. -Entonces, por primera vez desde que partieron de su reino y comenzaron a hablar, él volteo a verla. Y la mirada frente a ella era más parecida al del hombre en el jardín de hace unos días, que al del rey dragón frio y distante. Se aparto un poco por la impresión.

Si él noto su sorpresa no lo demostró cuando continuo.

-O cuando queremos venganza. –

Se encontró sin saber qué hacer con esas palabras que sonaban y parecían mucho más importantes de lo que aparentaban a simple vista, así que no dijo ni una palabra. Se mantuvo en su lugar, sosteniendo su mirada hasta que él la aparto de nuevo al frente.

-En este caso en particular, fue una mezcla de ambos -Termino de explicarse para ella. Fue entonces cuando noto, como en algún momento de esa corta platica mayoritariamente unilateral, los otros tres se habían apartado una buena distancia de ellos.

Dándoles un espacio que se sentía raro.


Le toma un tiempo, pero se arma del valor suficiente para intentar volver a levantarse y ver al frente para poder descubrir en donde esta.

Intenta primero con dar pequeños empujes con sus piernas para asegurarse de que no estén atrofiadas y puedan mantener su peso sin tener que sostenerse de algo…o alguien.

Era una suerte que la falda de su vestido de novia fuera lo suficientemente abultada como para que sus primeros intentos pasaran desapercibidos ante ojos indiscreto. Además de que en ninguna ocasión perdió el equilibrio y cayo vergonzosamente de una altura sólo potencialmente mortal.

El equivalente a una distancia de un edifico de cinco pisos. Que si bien, podría matar a cualquiera, para ella no representaba un mayor problema que no pudiera resolverse con invocar una gran cantidad de nieve para amortiguar su caída. Y si bien, aun cabía la posibilidad de salir herida, su probabilidad ante una muerte segura se reducía drásticamente a simplemente un hueso roto.

Era probablemente esa la razón por la que se estaba tomando el riesgo de intentar levantarse tantas veces. Eso, y la molesta sensación de que sus piernas perderían toda función si se mantenía mucho más tiempo inactiva.

Realmente tengo que preguntarles como lo hacen.

Algún día, si ella puede confiar en ellos lo suficiente, o si, por el contrario, es ella la que deberá de ganarse su confianza para poder montar a su propio dragón.

-¡Al fin! -Snotlout exclamo alegremente deteniendo abruptamente el que sería su intento número quince de levantarse. Apenas se detiene el tiempo suficiente para ver como aumenta su velocidad de vuelo dejando al grupo atrás rápidamente.

A su acción no tardaron en unírsele el resto del grupo, incluidos el dragón que montaba.

El empujón por el repentino aumento de velocidad causo que su equilibrio se debilitara y tuviera que bracear en busca de algo en que sostenerse para evitar la fea caída. En esta ocasión, fue el cuello de la capa del hombre desprevenido frente a ella.

Fue meramente un acto reflejo, algo repentino, nada intencional. De haber sido así, habría elegido cualquier otra cosa de la que sostenerse y así evitar la embarazosa situación de tener su propia pequeña caída en picada, acompañada de su chillido asustado y el sonido que hace alguien que está siendo estrangulado por la espalda, repentinamente.

Hay un pequeño forcejeo, torpe y vergonzoso en el que el dragón se involucra también. No sabe cómo es que está pasando exactamente, pero se encuentra sintiendo el vértigo de la caída, lo que causa que tire más fuerte de su agarre mortal en el cuello de la capa gruesa de piel, y que, por consiguiente, el castaño forceje en un intento por respirar, lo que causa que el dragón descienda desordenadamente por alguna razón que su cerebro asustado no puede asimilar.

Caen.

Tres segundos, cuatro, cinco. La caída se detiene de un momento a otro, no puede evitarlo y termina golpeando con su frente la nuca del castaño y ambos gritan por el dolor. El impulso termina por regresarla a su asiento, y con ella medio cuerpo del hombre cae sobre su persona.

Es mucho más pesado de lo que aparenta para ser un hombre delgado, además de que el peso de las pieles, metal y cuero no estaban ayudando a su lucha por respirar.

-¡Oh! -Alcanzó a escuchar entre el ataque de mini pánico en el que comenzaba a sacudir los brazos. Tan poco digno y tan solo, quizás, algo cómico. -¿Qué diablos? – Para su total alivio, la presión sobre ella se levantó dejándola respirar. No perdió el tiempo y comenzó a tomar grandes bocanadas de aire muy necesario. -¿Estas bien?- Sin recuperarse del todo por el mareo, se las arregló para poder enfocar su vista al frente cuando estuvo segura de que no moriría.

Cuando sus ojos vuelven a la luz, ve como todo era ligeramente borroso. Le costa sólo un momento para enfocarse lo suficiente y así darse cuenta de que no, no se habían estrellado, seguían volando y estaba cara a cara con alguien justificadamente confundido.

Había tantas cosas que quería decir después de una situación así. Palabras elocuentes, que demostraran su capacidad para mantener el control en todo momento, sin importar cuan desordenado y torpe haya sido. O en su defecto, cualquier cosa que expresara lo confundida, asustada y desconcertada que estaba.

Pero en lugar de demostrar una de sus capacidades de liderazgo, su cerebro actuó en automático. Diciendo una simple frase que bien pudo haber sido su tarjeta de presentación a lo largo de su vida.

-Lo siento –

Sigue tan aturdida que no le importa lo pequeña que sonó su voz o la forma en que tuvo una regresión a su estado infantil, sentándose tranquilamente con las manos en su regazo. Imitando muy bien todas las veces en que congelo algo por accidente hasta que se quebró o rompió y sus padres la veían con tanta sorpresa como la sentía ella.

Sin embargo, sus padres jamás comenzaron a reír después de esas ocasiones. Ni negaban con la cabeza dándole una sonrisa divertida sobre el hombro.

-Te dije que no causaras una caída en picada, o no terminaría bien para ti. -Sin ningún problema aparente con ser estrangulado o golpeado, retomo su control sobre las riendas de un dragón sorprendido que movía su cabeza en todas direcciones, sorprendido. Él simplemente siguió con su camino.

Eso le dio un momento para recuperarse de lo que acababa de pasar. Tranquilizo su respiración hasta que estuvo segura de que su cara no estaba sonrojada por la falta de aire, y se sentó en silencio tomando su frente adolorida con las puntas de sus dedos.

¿Qué acababa de pasar?.

¿Realmente había hecho eso?.

Oh por dios.

Ella realmente lo estrangulo, lo golpeo y casi causa una caída peligrosa simplemente porque estaba intentando pararse de una montura sin ayuda. En pleno vuelo, algo en lo que no tenía ningún tipo de experiencia o referencia previa.

¿En que estaba pensando?. Hacer cosas tan infantiles no era lo suyo. Arriesgarse así no era algo que hiciera muy a menudo. Era infantil, poco inteligente y nada que alguien de la realeza intentaría hacer, mucho menos una reina. Si alguien la hubiera visto…

¿Alguien la vio?.

No, no. Los otros jinetes ya se habían adelantado…Aunque eso no evitaba que algún soldado o civil la hubieran visto. A ella y al dragón negro que caía del cielo.

Abrumada por la vergüenza, comenzó a ver a todos los lados buscando a cualquiera que pudo haber visto semejante espectáculo. Y no le gusto para nada lo que comenzó a ver conforme se acercaban.

Para su intranquilidad y paranoia, los grupos armados esporádicos se convirtieron en una población densa y mayoritariamente conformada por lo que parecían locales vencidos. El ruido comenzaba a aumentar por el sonido que hacían todos ellos mientras acarreaban cosas, cajas con comida y materiales que se veían muy pesados.

Los guardias que rodeaban el perímetro o dirigían a los grupos grandes no parecían preocupados por eso, les gritaban y forzaban a cargar más. Si no lo hacían, eran azotados para luego volverlos a obligar al trabajo forzado sin importar el tipo de heridas que causaron.

Muy pronto se dio cuenta de que ninguno pudo haber visto o prestado atención a su desliz. Estaban más interesados en seguir las ordenes y mantenerse al día con el trabajo.

Entonces, mientras comenzaba a ver la nueva perspectiva de lo que seria una ciudad en reconstrucción, lo ve.

El enorme castillo de piedra gris que era aún más impresionante de cerca. La muralla exterior era basta y se veía relativamente nueva. Si tenía que adivinar, suponía que fue una adhesión reciente para hacerle frente a la avanzada vikinga, que, por desgracia, no sirvió de mucho.

Eso no le quitaba imponencia a la estructura que a primera vista se veía fuerte y sólida. Le era impresionante imaginar cuanto tiempo este castillo se había mantenido en pie, y como incluso, estaba demostrando haber podido resistir una invasión de vikingos por un buen tiempo.

Sin embargo, el asombro que sentía muto rápidamente a la preocupación conforme avanzaban y podía ver grandes a una distancia cercana, maquinarias que jamás había visto antes en su vida resguardadas por grandes dragones cubiertos por armaduras de metal. Se agrupaban alrededor del castillo que, a pesar de su mayor optimismo inicial, mostraba paredes caídas y torres desmoronándose manchadas de hollín.

Al acercarse, podía ver mejor como todas las ventanas parecían haber estallado de alguna forma, esparciendo pedazos de cristal por todas partes. Mientras que alrededor, el suelo más cercano a la estructura era manchado por grandes boquetes rodeados de escombros.

Entre ellos, un tallado de madera roto por la mitad muy familiar.

Para el momento en que sintió el descenso y escucho los gritos de vitorees que llegaban a sus oídos, la sensación de cosquillas en su estómago amenazaba con hacerla vomitar.

La enferma la vista, el olor a muerte y el tiempo que le había tomado reconocer donde se encontraba, porque lo que estaba viendo frente a ella y la había rodeado a lo largo del camino era completamente distinto a la hermosa tierra que había pisado una vez años atrás. Cuando el color del jade lo cubría todo y la construcción de piedra era tan majestuosa e imponente en su simplicidad. Sin una muralla pesada y construida a toda prisa, ni cabezas decapitadas incrustadas en estacas decorando la entrada.

En esos tiempos que ahora parecían tan lejanos, las pares y torres parecían tan impenetrables, tan resistentes y longevas como los clanes que lo construyeron todo con sus propias manos y vivieron por generaciones en esas tierras siguiendo un ideal de hermandad.

Por lo que era perturbador y aterrador ver como todo eso fue reducido a nada más que escombros quemados que eran saqueados por invasores, que tomaban la tierra que fue hogar de clanes nobles y valientes.

Se desmonta en silencio ignorando literalmente todo a su alrededor, alejándose con pasos indecisos del grupo y el gran recibimiento que estaban teniendo a manos de otros vikingos hasta estar frente a la bandera rasgada que apenas se mantenía colgada de una pared parcialmente destruida.

Como un gigante caído, ondeando flácidamente al viento, cubierta de hollín y tierra, la bandera del clan Dunbroch le daba la bienvenida a esa tierra conquistada.

Conmovida profundamente se llevó una mano al pecho mientras la otra cubrió su boca.

Tenía ante ella el que alguna vez fue el emblema con más fuerza y nobleza que alguna vez haya conocido, reducido a nada.

No sabe que fue lo que paso exactamente, pero lo supone. Y eso es suficiente para cubrirse los ojos con una mano mientras agachaba la cabeza, luchando con las lágrimas al sentirse por fin rebasada con todo el peso de las cosas.

Era simplemente demasiado.

Perdió a su hogar y lo único que conocía como una familia. Y ahora sabía que perdió no sólo a un reino aliado, sino también a una buena amiga.

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¡Estoy viva!

Oh algo así.

Tengan cuidado al mudarse amigos, es un trabajo pesado del que muy pocas personas te advierten. Todo es caos y gritos, nadie sabe donde están las cosas que necesitan, pero si se tiene a la mano los adornos de navidad.

Como sea, planeo aprovechar todo lo posible el resto del tiempo de vacaciones que me quedan, en especial por que la historia comienza a ponerse muy interesante. Por ejemplo, ¿alguien noto el pequeño sube y baja de mociones que tuvo nuestra querida Elsa?, bueno, es solo el comienzo. En lo personal, no creo que alguien sepa como reaccionar en consecuencia ante un fuerte golpe emocional, ademas, el mundo sigue en movimiento, estés abordo o no. Cosas raras suceden amigos, y tanto como me gusta apegarme a la realidad en lo que a las emociones y actitudes de los personajes se refiere, no evita que quiera meter un poco de mi cuchara en todo esto.

Como poner momentos divertidos cuando no debería, por ejemplo (?).

Espero que eso no los molesta si es que están aquí esperando una historia que es todo seriedad. De eso habrá, pero soy una chica Marvel con una gran cuchara de Disney, no pueden culparme del todo.

En fin, nos vemos, no prometo cuando porque no quiero sentirme mal si no cumplo.

¡Espero que este capitulo les haya gustado!.

Dato curio:
-Quería agregar el hecho de que los vikingos tiene su propio idioma, que vendría siendo el nórdico antiguo. Por desgracia Google traductor no tiene esa opción, así que tome lo segundo mejor. El islandes, por lo que lo que los vikingos quieren decir es:
"El castillo en la colina" y "Salud", en ese orden.

Muse Bellamy: ¿Te he dicho que me encantan tus comentarios?, porque lo hago. Me ayudan mucho para ver como es recibida la historia, es muy refrescante ver tu punto de vista, me encanta. Y tengo que decírtelo, la relación entre los vikingos y Elsa apenas iniciara su construcción. Sera lento y confuso par amabas partes, pero confió en que las cosas resulten mayoritariamente bien. (Crucemos los dedos). ¿Solo la nana te da mala es pina?, tal vez no estoy haciendo muy bien mi trabajo jajaja. Y si, Anna es un tema complicado. En la película y los cortos siempre es...bueno, impulsiva y despreocupada, pero si me lo preguntas, con un actitud demasiado optimista. Elsa todavía lucha con los problemas del pasado, ¿Pero ella no tiene ningún problema?, sospechoso.
Por otro lado, que bueno que los vikingos y su gran entrada te hayan gustado, ellos siempre seguirán su actitud del cannon y serán mayoritariamente un alivio cómico, no puedo verlo de otra forma por mas que lo intente. ¡Y gracias por tus buenos deseos!, tratare de honrarlos actualizando lo mas pronto posible :)

atrum nemus: ¡Hola!, lindo nombre de usuario por cierto (El latín siempre ha sido bienvenido en mi hogar, a mi mamá le gusta, pero yo no soy muy buena en ello) Me alegra mucho que mi historia te guste, y que te tomaras el tiempo de dejar una critica constructiva. Siempre lo he dicho, sigo aprendiendo y estoy abierta a consejos, pero soy mucho más densa de lo que me gustaría así que lo siento por eso. Esta vez he tenido mucho cuidad, espero no haberme equivocado tanto. Te confieso que siempre he querido encontrar un Beta, porque no importa cuando releo las cosas siempre hay algo que se me escapa. Por desgracia, no he tenido suerte hasta ahora, sólo soy yo, mis dedos de mantequilla y mi poca concentración a la hora de repasar. Pero bueno, no te aburro más. Espero que el capitulo de hoy te haya gustado, y espero seguir viéndote por aquí más seguido :)