Reyes con necesidad de ayuda.

- ¿Te puedo decirte algo, hermano? – pegunto un changeling en la armería donde fabricaban armaduras y armas, pero en esos momentos era utilizado para crear los objetos necesarios para la fabricación de la máquina.

Los dos changelings eran los encargados, no los únicos pero eran los más expertos para manipular los materiales extraños.

O los más suertudos.

- ¿Qué es?

- ¿Piensas que estos sujetos, sean quienes sean, estén vivos?

- ¿Qué te hace pensar en eso?

- Muy simple – dijo, alzando con su cuerno, ya que los dos son alicornios, el pedazo de roca liviana pero muy resistente, qué estaba plano bajo las características que les dijo Daniel – Estás rocas son más resistentes que el metal más dura que conozco, más flexible que una armadura de cuero, y muy flexible si lo haces de forma correcta – miro a su compañero – Si estuviese por aquí, rezaría a cualquier deidad, hasta la mismísima Celestia, de que estos sujetos fuesen de los buenos.

- Es cierto, hermano – siguió asintiendo el compañero – Si no fuese así ¿Cómo desaparecieron de la faz de la tierra? Digo, los planos que tuvo ese anciano no crecieron en los árboles y no sé escribieron solos – él miro todas las rocas que estaba detrás de ellos, para después tragar saliva – Si tuvieron estos materiales, debieron ser indestructibles.

- Rocas que al tocar echan chispas. Rocas que es más fuerte y resistente que el acero mismo, hasta el ébano o la piel de dragón…¿Quiénes fueron?

- Hermano – golpeó la roca para aplanarlo lo más posible – Recemos que, estén donde estén, estén bien muertos o bien lejos – levantó su mirada para ver a su compañero – No quisiera cruzarme jamás con ellos.

Suspiro el otro – Que los dioses nos escuche nuestras plegarias.

- Creo que no somós los únicos – su amigo lo miro extrañado – Daniel miraba esos papeles entre una mezcla de curiosidad y un poco de temor. Creo que tiene el mismo miedo que nosotros o hasta peor.

- ¿No crees que él este relacionado? No digo que forma directa, sino indirecta.

- ¿Indirecta?

- Muy simple. Esas armas jamás he visto, y lo más parecido, y solamente estoy hablando por el mecanismo de disparo que tiene esa cosa, de una ballesta. Quizás, en un viaje de él o algo parecido, lo consiguió de alguna parte.

- ¿Piensas que es un aventurero?

- Hijo, soy guerrero y solamente un guerrero puede diferenciar de un guerrero de otro. Y déjame decirte que este humano ha pasado de ida y vuelta al mismísimo tártaro. Sus ojos lo demuestran – él golpeó la roca – Y esos mismos ojos señalan que ha perdido bastante en tan poco tiempo.

Su compañero trago saliva y siguió trabajando – Si es así, que su alma esté libre de toda pena que lo pueda perseguir.

- Más fácil decirlo que hacerlo.

- Si tú lo dices, es un camino que debe de recorrer solo ¿no?

- Exacto. No importa si tienes hijos, una familia o tienes a la mismísima diosa persiguiendo su culo. El camino que debe y está recorriendo solamente es un camino de una solo ser. Nadie lo salvara. Nadie lo cuidara…que el demonio trague mi alma, pero en ese camino está completamente solo.

-Pero no se ve, bueno, perjudicado.

- Por fuera – miro a su compañero con ojos muy serios – Por dentro está una guerra que tendrá un fin. De un modo u otro.

Su compañero asintió, continuando su tarea larga y pesada.

Y otros martillos nuevos.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Daniel estaba sentado en su cama mirando los planos de forma detallada, ya que han pasado dos días y la progresión que se estaba dando era lenta y segura.

Aunque Daniel no sabía si "Segura" era la palabra correcta para esta situación.

Suspiro nuevamente, ya que algo le estaba preocupando y eran por tres circunstancias.

La primera era de su raza. Gracias al Doctor en ese momento, Daniel sabía que no había ningún humano en los alrededores de Equestria.

Y ahí, en ese mismo momento que está sentado en su cama, noto el hueco de esa verdad.

No HABÍA ningún humano en los alrededores de Equestria, pero ¿y otras partes de este mundo? Equestria solamente era un gran reino, pero no era todo el planeta, y aunque sabía que había otras razas viviendo, tenía la sensación de que eran del mismo reino. Eso lo preocupaba, aunque no sabía del por qué el Doctor no le dijo eso; o no se lo dijo para que hallase ese hueco o simplemente ese temor solo era una paranoia de él.

Lo otro era por Applejack, ella sabe que él regresara, pero no sabía cómo estará viviendo.

Aunque la anterior era la preocupación menor relacionado con los ponis, la tercera era la más que le preocupaba. Era por Celestia.

Daniel no sabía con exactitud si la Diosa del Sol se podía considerarse como una amiga, una desconocida o prepararse para una apuñalada en su espalda. Por lo poco que sabía de ella-que no fuese por la serie-era una ser con corazón que le ayudo en ese tormento suyo cuando no se veía tan humano, pero ¿Qué tan benevolente sería si ella descubriese el verdadero rostro de los humanos, o del suyo propio? Además ¿ella sabía de su salida? Claro, no ella no era alguien que vigilase la vida de sus súbditos, pero ¿lo sabría o simplemente hizo la vista gorda de su ida? Aunque claro, no sabía si ella de verdad sabía de eso.

La puerta se tocó, para después decir un "Adelante" por parte de Daniel y después entrase una pegaso Changeling sirviente.

- ¿Paso algo? – pregunto curioso. Ya que sería la primera vez que alguien como ella entraba a su cuarto.

- La reina quiere hablar con usted.

Daniel miraba a la pegaso muy confundido ¿Por qué Chrysalis quería verle? Después de darle un leve asentimiento con su cabeza y que ella se marchase a hacer sus deberes; él se levantó de la cama dirigiéndose, lo más seguro, al trono real.

Después de pasar por los pasillos, y saludar a algunos guardias y sirvientes, que todos lo miraban con respeto, admiración y esperanza.

"Ahora ya sé cómo se sintió ese sujeto que diviodio en dos el mar de Egipto"

Después de sentirse un tanto incomodo por todas esas miradas silenciosas, llegó a la sala del trono que estaba sentada la reina de los changelings con una mirada un tanto…rara.

Después de mover su casco, para que los soldados se retirasen, ella le dio una sonrisa un tanto agridulce – ¿Quieres dar un pequeño paseo?

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Los dos salieron completamente solos, sin ningún guardia que los estuviesen siguiéndolos.

Eso lo puso un poco curioso, pero la cosa empeoro a tal punto que, si pudiera, levantaría una ceja. Ellos dos, con completo silencio, estaban saliendo del reino dirigiéndose hacia el bosque.

- ¿Para dónde vamos? – pregunto Daniel curioso aunque igualmente temeroso.

- Un lugar muy especial para mí – le dijo apenas un susurro melancólico, haciendo confundir un poco al humano.

Después de unos minutos de caminata, Daniel pudo ver un final del bosque, para cuando atravesaron los últimos árboles y atravesar un arbusto grande y espeso, el humano miro algo hermoso.

Lo que miro fue una gran vista del gran bosque, con un bello brillo casi mágico gracias al sol que estaba encima de ellos. Además de ver a pájaros surcando en el cielo.

Una belleza de la naturaleza.

- Vengo aquí para tranquilizarme y aclarar mi mente cuando estoy tensa – explico Chrysalis, acostándose en el suelo – Quisiera que mi madre estuviese aquí, viendo esto conmigo.

Daniel la miraba curiosa ante su declaración repentina, pero sabía, por sus palabras, que este lugar era muy especial para ella. Pero ¿Por qué se lo enseñaba a él, a un completo desconocido tanto de raza como de conocidos? Si, admitía que era la posible solución de ese problema pero - ¿Por qué?

- … - siguió mirando al horizonte con una leve pero verdadera sonrisa. Después fue eliminada y susurro algo inaudible. Daniel no quiso preguntar que dijo, ya que si lo trajo hasta aquí ya debe de ser complicado.

Daniel suspiro y se sentó al lado de ella - ¿En tú hogar hay algo parecido? – pregunto curiosa la reina.

- Los hay, pero siempre hay turistas que molestan la experiencia…pero nada como esto.

- ¿Cómo esto?

- Si, tan…calmado – suspiro, agachando levemente la cabeza – Sin temer de perder mi sobrevivencia y mi humanidad.

Chrysalis miro al humano de manera preocupada, pero no dijo nada al respecto de eso - ¿Crees que…servirá?

- No lo sé – se levantó del suelo y se dirigió al castillo para intentar terminar esa cosa – Solo… - se fue, dejando a Chrysalis completamente sola.

Pero lo que Daniel novio fueron sus lágrimas derramándose.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Daniel estaba sin camisa y unos lentes para cubrirse por las chispas que generaba los elementos para crear la ventana que necesitaba la máquina.

O en este caso, la pantalla donde se iban a reflejar los datos.

Lo que al principio pensaba que tardarían años en fabricar la máquina, solo tardaron días y solo falta este material, pero ¿Cómo carajo podía mostrarse datos sin artefactos electrónicos? Pero lo más raro que paso fue esa misteriosa piedra mostaza. Cuando los changelings lo estaban agarrando para ponerlo en un almacén, por alguna razón comenzó a brillar y luego se apagaba. Lo raro era eso, pero lo que hizo que todos levantasen una ceja de manera bastante confusa era que las otras no brillaban de la misma manera, por no decir que no tenía ninguna clase de brillo.

Y es por eso que uno de los materiales del monitor era de esa piedra mostaza.

Suspiro, quitándose el sudor de su frente al terminar y ver su trabajo bien hecho. La pantalla ya estaba completa y se veía como un monitor de color negro.

Muy raro.

Cuando salió del horno y para espera que se enfríe para trasladarlo. Daniel camino por el pasillo para dirigirse al trono. Durante su trayecto pudo ver a varios changelings susurrando entre sí de manera muy preocupada, pero la principal conversación que entre ellos tenían era de la máquina, por no decir que muchos estaban aterrados si empeorase más su situación.

Cuando estaba al frente de la sala del trono, pudo ver a dos guardias custodiando la puerta, pero lo raro era sus rostros de nerviosismo y miedo; no era como los de atrás, era como algo…algo más.

Cuando entro a la sala del trono, vio una situación alarmante. Un general de una notable edad estaba gritando de forma alarmada a los solados, gritándole a todo pulmón.

- ¿Qué pasa general? – pregunto un tanto serio Daniel, viendo la situación extraña.

- ¡La reina a desaparecido!

- ¡¿Qué?! – grito Daniel sorprendido - ¡¿C-Cómo paso?!

- ¡No lo sé! – le grito el general – ¡¿Y no sabemos dónde se metió?!

"Solo hay un lugar, pero ¿Por qué?" – Yo sé por dónde está.

- Excelente, solo dinos y/Pero debo ir completamente solo.

- ¿Qué? – peguntó un soldados de los varios que estaba en la sala – Te agradecemos por toda la ayuda que nos diste, pero no dejaremos que un/De acuerdo – interrumpió el general después de pensárselo un poco – Pero ¿estás seguro que ella está en ese lugar?

- Espero.

El general suspiro, no le encantaba mucho la idea, pero si era la única forma de que su reina viniese sana y salva lo aceptaría – Solo…tráela a salvo.

Daniel asintió y salió corriendo a la búsqueda de la reina.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Chrysalis estaba mirando a sus súbditos con mucho desprecio.

Desprecio hacia su mismo ser.

Cuando Star Wirl llegó a sus vidas por un mero accidente, pensaba que tenía que ofrecer algo por su silencio. Dinero. Alguna magia perdida. Lo que sea para mantener su boca cerrada.

Pero lo que hizo él fue ayudar a su gente.

Star Wirl ayudo a darnos energía suficiente para que su gente pueda soportar por algunos siglos sin perder la cabeza, hizo todo lo posible para que su gente pueda vivir sin miedo a morir de sed de vida.

Quizás al final no pudo hacerlo, ya que la muerte vino para reclamarlo, pero hizo todo lo posible para dale un casco amiga para su necesidad.

Pero Chrysalis, después de eso, no hizo nada.

Ella amaba a su reino, hasta inclusive arriesgaría su propia existencia para que su gente pueda seguir adelante y, por suerte, hacer que Equestria los mire como seres que puedan ser aliados y no enemigos.

Ella estaba desesperada, hiba a hacer algunas cosas que cambiaría su ser y lo mancharía para siempre.

El secuestro de cualquier ser que los pudiera alimentar.

En ese día iba a proponer esa idea a sus generales y así comenzar los secuestros.

Hasta que llegó…él.

Daniel salvo a esa potrilla sin saber de que raza era, con esas armas tan ruidosas como un cañon o más, salvándola sin necesidad de recibir nada a cambio. Los siguió hasta llegar al reino y vio a su gente y sus consecuencias de su maldición.

No los ataco.

No los recrimino como monstruos.

Solamente los ayudo.

Con esos planos que tuvo ese viejo unicornio, hizo el trabajo de la construcción de esa máquina pieza por pieza hasta llegar lo que es hoy en día.

Pero no solo eso.

Durante su estadía, hablaba con otros Changelings, ayudaba a otros Changelings, iba a los bares con los Changelings.

Y ella no hizo nada, como siempre.

Cuando nadie la miraba, se fugó de su trono y reino para estar a solas, corriendo en lágrima en vida para estar en su lugar secreto, viendo el paisaje.

Y ahí estaba, él, detrás de ella, mirándola con esa mirada de preocupación, la misma que dio al mirar a los Changelings.

Solamente pudo formular una pregunta en su cargante seca.

- ¿Soy una buena reina?

Esa pregunta tomo de sorpresa a Daniel, pero no pudo responder, ya que no sabía qué respuesta dar a esa interrogante extraña.

- Yo no hice nada por mi gente durante todos estos años, a pesar de tener inmortalidad. Mi gente estaba cansada, agotada, triste…yo no pude hacer nada para arreglar todo eso…soy una mala reina.

- No – Chrysalis giró su cabeza para ver a Daniel con perplejidad – En…mi hogar, al faltar algo, siempre hacen protestas; desde las más lógica y hasta las más absurdas, y en casos más graves estaría el golpe de estado – él camino hasta llegar al lado de ella, para después sentarse al lado suyo – En este caso, hubiera un golpe de estado…en circunstancias normales.

- ¿Normales? – pregunto con pesar.

- A pesar de que tú gente estaba casi en un colapso emocional, siempre estabas ahí para ayudarles en todo. Hablar con ellos. Darles seguridad y una pequeña esperanza de vivir en esta maldición tuya – él miro a los ojos de Chrysalis, que vio que aún derramaba lágrimas – No solo eres su reina, tú eres un ángel para ellos, su luz de esperanza y llegarían hasta al final para estar solamente junto a ti.

Los ojos de Chrysalis se abrieron y más lágrimas fueron derramadas de sus ojos, para después abalanzarse ya abrazar al humano mientras soltaba todas sus penas y miedos en gritos.

Solo el cielo de un bello atardecer era testigo de eso.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

- Listo – "Eso espero" pensó Daniel, al poner la roca morada en una especie de compartimiento.

Después de traer a la reina de su escapada, los Changelings hicieron su trabajo más duro que podían sus piernas y cascos.

Hasta la reina les ayudaba en todo lo posible.

Ella no iba aquedarse sentada, viendo como la única esperanza de su gente estaba siendo creada al frente de sus ojos.

Días pasaron y finalmente, la obra que marcaría la vida de todos estaba al frente de algunos para saber si funcionaba, solo faltaría una cosa que hacer.

¿Quién sería el conejillo de indias para hacer tal cosa?

- Yo seré.

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