Descendía de él una figura alta y esbelta de cabellos dorados… No pude verle el rostro cuando se acercó porque mi vista se tornó en penumbra. A duras penas alcanzaba a escuchar lo que decía.
-…Dios… De todas las… ¿…qué… ella?-
Sentí como la persona de un fuerte agarre me arrastraba, pero el dolor me puso a dormir…
-Ho… no…-
-Tsubasa POV (Fin)-
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"Aquí vamos de nuevo…" "De todos los lugares que podías esconderla, ¿la traes a tú casa? ¡Qué patética!"
-¿Podrías callarte? ¡Cuando llegue Tsubasa te pondrá un alto!-
"¿Me golpeará? ¿O te golpeará a ti? ¡Ja, ja, ja!-
-¡Silencio!-
La arrogante voz en mi cabeza continúa fastidiándome, taladrándome a cada instante al punto de desesperarme por mis actos. ¿Qué podría hacer? No pensé que le arrebataría la vida a una de mis amigas, ni mucho menos a Maki… Ella que estuvo apoyándome de cerca y había confesado sus sentimientos, ¡a un monstruo como yo! A veces siento que no soy yo misma, algo en mí se apaga y ya no sé lo que me sucede, es ahí cuando Ella entra…
Golpeaba mi cabeza repetidas veces con la puerta de la habitación en la que estaba apoyada, viendo frente a mí el cuerpo de Maki. No hallé otro lugar donde meterla y desesperada la traje como pude aquí. ¿Cómo? Ni yo misma lo sé…
Estoy hecha un desastre llorando como niña pequeña, ni siquiera he cambiado mis ropas sucias, y el puto dolor en mi espalda me tiene bien pendeja, arde en vez en cuando… Agh…
Tsubasa, ¿por qué tardas? ¡Llega por favor, llega!
Como si mis suplicas fueran escuchadas, escuché ruido en la entrada, por lo que bajé corriendo como loca extasiada a recibirla. Abrí la puerta y la abracé con fuerzas.
-¿O-Onee-chan? Me… me estás asfixiando…-
-¡¿Yukiho?! Me desprendí del abrazo al darme cuenta de la persona errónea, y no venía sola.
-Hola, Honoka-san. ¿Está todo bien? Pareciese como si estuviera llorando, además de que su uniforme está…- Arisa señaló mi blusa que estaba cubierta de manchas oscuras… ¡Mierda!
-Eso parece sangre…- Decía Yukiho.
Tragué saliva a ver como cambiaban sus expresiones ante mí. No sabía que decir, ¿Qué les diría?
Las tomé de la muñeca a ambas llevándolas hasta la sala obligándolas a que se sentarán en los sillones. Se empezó el interrogatorio.
-¿Onee-chan, qué te pasa? ¿Por qué estás tan alterada?-
-Es… es que… ¿por qué vino Arisa?- Tropezaba con mis palabras. Ambas chicas se miraron desconcertadas.
-Sabes que ella viene a casa este día. ¿No estás bien, verdad?-
-Oh, sí, es verdad. Lo siento.- Palmeé mi frente.
-P-Puedo retirarme si no se encuentra bien, Ho…- La dulce voz de la pequeña rusa fue interrumpida por la de una que intentó sonar autoritaria.
-No, no te iras, Arisa. Ya estás aquí, vienes conmigo no con ella. Además…- Volteó a verme. –¿Por qué estás tan sucia? ¿Crees que no me di cuenta? Hay gotas en el suelo mal limpiadas con el mismo color rojo.-
"La pequeña de tez clara se ve deliciosa, ¿no lo crees?" Ignoré aquello golpeándome mentalmente.
-B-Bien, ¿quieres saber qué es esto? Es sangre.-
-Creo que debo irme.- Arisa se puso de pie, al pasar a mi lado la detuve.
-No te preocupes, es falsa.- Le guiñé un ojo. –Es para el disfraz de la "Escuela Embrujada", ¿lo recuerdan? Muchas gracias, Yukiho. Arruinaste mi sorpresa.- Solté un suspiro para hacerlo notar de lo más normal.
-¡Oh, increíble! ¿De qué se disfrazará, Honoka-san?- A la pequeña rubia le brillaban los ojos. Se lo ha creído por completo, bueno, fue lo mejor que se me ocurrió.
-Me vestiré de…- Me acerqué a la pequeña para estar lo suficiente cerca de su cuello. –Vampi…-
-¡Sí, sí, sí, ya entendimos!- A empujones, Yukiho me apartaba de la menor. –Pero aun así, ¿cómo puedes ser tan torpe para derramártelo encima del uniforme? Las manchas ya no se quitaran…-
-Jaja, sí… Chicas, ¿les parece si les doy dinero y van a algún Café por ahí? No las esperaba tan rápido en casa…- Tenía que sacarlas de alguna forma.
-No. Tengo que prestarle unas cosas a Arisa, como dije antes, ya está aquí. No se irá ni saldremos. Vamos, Arisa.- Comenzaban a salir de la sala pero les bloqueé el paso.
-¿P-Podrían traerme algo del mini-super? De paso se compran unas botanas, no hay que ofrecerle a Arisa, Yukiho.-
-¡¿Te comiste mi bolsa grande de frituras?!- ¿Tenía una? Ni siquiera me había acercado a la cocina, me he estado alimentando de diferente forma… Asentí con pequeñas risitas. –¡Rayos! Bien, entonces tú pondrás el dinero, y no me lo des incomple…-
Yukiho cortó lo que decía para voltear al techo, Arisa hacía lo mismo. Leves golpes se escuchaban que después aumentaban como si quisieran hacer un agujero, cosa que me desconcertó y puse más atención a esos ruidos extraños. Yukiho volvió su mirada hacia mí e hizo su interrogante.
-¿Tienes a alguien arriba?-
-¡No, estamos solas!- Dije casi automáticamente… Se me aceleraba el corazón. Sólo el cuerpo de Maki estaba arriba y tenía que sacarlo. ¿Pero que son esos ruidos?
-¿Entonces alguien entró por una ventana? Arisa, ocúltate. Onee-chan, vamos a ver qué es eso.- Agarraba una raqueta de tenis vieja que estaba escondida detrás de un sillón.
-No, talvez algo se cayó de la repisa. Dejé las ventanas abiertas, sí, y el viento está fuerte. Debe ser eso.- Volvía a bloquearle la salida. Esta frunció el ceño en molestia.
-¿Por qué me bloqueas el paso? Estas encubriendo a alguien, ¿no es así? Dije que no metieras a nadie a ningún desconocido mientras nuestros padres están ausentes.-
-No, no. En serio, no es nada de lo que piensas… V-Vayan al parque a jugar.- Carcajeé pero esto la hizo molestar aún más.
-¡No somos niñas! Si no te quitas te doy con la raqueta a ti.-
-V-Vamos, Yuki… ¿eh, pasos?-
-¡Alguien está bajando!- Gritó Yukiho al escucharse unas pisadas que estaban a punto de bajar por las escaleras.
Pero un ruido más fuerte que caía por las escaleras nos alertó a todas corriendo a ver lo que sucedía. Estupefactas nos quedamos al ver el cuerpo de Maki tirado frente a nosotras, en como esta última daba pequeños espasmos, trató de apoyarse con sus manos pero estampó de nuevo al suelo…
-Esto no puede estar pasando…- Dije apenas audible. Podía jurar que estaba temblando como nunca y no podía detenerme.
¿Cómo? ¿Pero cómo sucedió esto? Básicamente el cuerpo de aquella peli roja estaba moviéndose frente a mis ojos. Esta estaba mucho más cubierta de sangre que yo, prácticamente bañada en sangre y todavía con el cuello abierto… Tratando de ponerse de pie inútilmente porque caía al intento.
-¿¡Nishikino-san!?- La primera en reaccionar era mi hermana que se acercó a socorrer a Maki. De reojo miraba a Arisa que estaba igual que yo, pero la diferencia del impacto es enorme porque la mujer que lucha frente a mí, yo la asesiné, ¿no es así? ¡ESO FUE LO QUE PASO…! Pero está moviéndose, respira con dificultad, ¡pero respira a fin de cuentas!
-N-No puedo… res…pirar…- Agitada Maki tomaba aire por la boca, inhalando y exhalando de manera exagerada mientras se tomaba la garganta.
-¡Arisa, llama a una ambulancia rápido, es probable que se haya golpeado la tráquea al caer por las escaleras! Y la herida en su cuello…- La pequeña rusa corrió a tomar el teléfono tecleando el número de urgencias.
-Habla al Hospital General, ¿cuál es su emergencia?-
-¡Tenemos a una persona grave con…!- Arrebate el teléfono de la oreja de la rubia y lo colgué, desconecté todo el cableado que le daba línea. Las chicas me miraban atemorizadas.
-Qué… ¡¿Qué diablos haces, Onee-chan?!-
-Nadie llamará a nadie…- Dije de manera fría.
-¡Buscaré ayuda afuera!- Trató de salir a prisas Arisa llegando abrir un poco la puerta, pero con mi velocidad la estampé contra esta, cerrándola de nuevo y asegurándola.
-Me duele… por favor, ya…- Dijo mientras le torcía el brazo derecho detrás de su espalda, oprimiéndola contra la puerta.
-Dije que no llamaría a nadie. Necesitas una lección por hacer caso omiso.- La oprimí ahora contra la pared tan fuerte, que los cuadros de fotografías que estaban colgados cayeron.
-¡Basta, la estás lastimando, ¿por qué haces eso?!- De reojo miré a Yukiho como se desbordaba de desesperación teniendo a Maki en brazos, esta última con la mirada al suelo.
Levanté de apoco el cuerpo de Arisa elevándola a centímetros del suelo, al igual que Umi lo hizo conmigo horas atrás… Su rostro cambiaba de un rojo de esfuerzo tornándose a un purpura de asfixia rodando sus ojos hacia arriba.
-¡No lo hagas, Honoka! ¿Se te metió el Demonio o qué? ¡La vas a matar!- Con jalones a mis brazos y golpes a mi espalda, Yukiho trataba de detenerme y casi logra su cometido, pues los golpes en mi espalda me provocaron ardor y aflojé el agarre de la rubia.
Para quitarme de encima a mi hermana, solté una patada que la sacó hasta el final de ese pasillo.
"Deberías matarlos a todos y hacerlos pedazos." "¡Destrípalos!"
-¡Jajaja… Siento que Eli pierda a su adorable hermana, JAJAJA!- Terminé por clavar mis colmillos en su cuello.
-¡NOOO!-
Escuché al fondo y después recibí un placaje que me tomaba por la cintura, soltando a la menor.
Al ver bien de quien se trataba, esta me recibió con sus filosos orbes oscuros que hacia resaltar el violeta en ellos, corriendo y tacleándome con la puerta que se destruyó del golpe en el trayecto. Fuimos a dar afuera de la casa.
Maki quedó encima de mí, noté como ahora respiraba placenteramente sin dificultad alguna, pero su piel se estaba poniendo rojiza hasta el punto de humear.
-Ahora tiene sentido… regresaste como…-
-¿Cómo qué?- Dejaba a relucir sus colmillos en su mandíbula de manera amenazante.
-¿Estás consciente de lo que ahora eres?-
-Yo… lo arreglaré.-
-Eso no se arregla…-
-Tú me hiciste así. ¡Sé cómo funciona esto, lo he leído!-
-Sí, seguro. Te quemaras por completo si sigues que te dé el sol.- Apartaba a un lado a Maki para incorporarme.
-No me importa, puedo soportarlo. Todo es mental, no caeré.-
-¡Ajá! Que bien lo asimilaste.- Esbocé una sonrisa divertida. –Mira lo que hiciste con la puerta, hah…- Entré de nuevo a casa encontrándome a la pequeña rusa presionando la herida del cuello y aun tosiendo, a su lado Yukiho que me miraba y estaba a la defensiva.
-¿Qué les pareció mi actuación de vampiro? Bastante realista, ¿cierto? ¡Jaja! Seré fabulosa en el evento.-
-Aléjate, Honoka…- Yukiho se aferró más al cuerpo de Arisa.
-No te haría nada, hermanita. Claro, si no me provocas.-
"¡Slap!" Recibí una bofetada por parte de ella.
-…..-
-Eres un monstruo…-
-No eres la primera que me lo dice.- Sujeté su rostro para verla fijo y con voz firme le ordené. –Escucha con atención: Todo lo que acaba de ocurrir, lo olvidarás…-
-Ya es suficiente, Honoka.- Quería entrar de nuevo Maki, sin embargo la "Ley de Vampiros" se lo impedía. Desconociendo la extraña barrera invisible frente a ella.
-Limpiarás la sangre "falsa" que derramé en mi habitación y donde haya rastros de esta…-
-¡Mierda! ¿Qué tanto lo dices? ¡Déjame entrar, me estoy empezando a quemar!-
-Nunca le des paso a nuestro hogar a Maki o lo pagarás muy caro, ni mucho menos a Tsubasa…- Esto último lo dije en susurro a su oído para que no alcanzará a escuchar la peli roja. –Arisa le pasó un pequeño accidente, nada de qué preocuparse. Estará bien.-
Terminé con la hipnosis con Yukiho y ahora aplicaría la misma táctica con la rubia. Mientras Maki luchaba por entrar…
-Nnghh… Honoka…-
-¡No es justo! Tú eres más resistente que yo y apenas acabas de despertar… ¿Cómo rayos es que te convertiste? Sigo sin entenderlo… Y pensar que antes estaba muerta del miedo.-
-Y tú me lo preguntas… ¿Huh? La… la piel se me está cayendo…-
-Te traeré una chamarra grande y una gorra…-
-Y… ¿Qué pasara con ellas?- Señaló con su índice a Yukiho y Arisa que estaban algo idas por la hipnosis.
-No habrá problemas, olvidarán todo lo que pasó y en unas horas actuarán como normalmente lo suelen hacer.-
Mientras Maki esperaba afuera de la entrada, le indique que se lavara el rostro con agua que había atrás de la casa.
Subí a la habitación de mis padres. Saqué una chamarra grande de papá que no usaba y unas de sus gorras, esta podría cubrirle un poco el rostro y la chamarra de lo grande que es, le llegaría hasta la mitad de la falda.
Ahora otro problema, Tsubasa venía en camino… Tal vez si le marco y le explico.
"El número que usted marcó no está disponible o se encuentra fuera del área del servicio."
Tsk, tendré que enviarle un mensaje de texto. Espero lo vea…
"Tsubasa, falsa alarma. Disculpa por preocuparte pero ya lo he arreglado, no hay nada de qué preocuparse. Sé que soné desesperada antes, pero mis emociones se elevan y sigo sin poder controlar esa parte. Nos vemos y lo siento."
Simple y sin tanto detalle, aunque dudo que se lo crea…
-¡Honoka!-
-¡Voy, voy!-
Bajé por las escaleras con cuidado de no resbalarme con la sangre que había en ella.
-Aquí tienes.- Lancé la chamarra junto con la gorra y esta se las puso en cuanto las atrapó. –Daremos un paseo, Maki.-
-No, tengo que ir a mi casa a cambiarme, y darme una ducha. Además… no puedo estar mucho a la luz, ¿no?-
-Yo te enseñaré cómo.-
-¿Y tú piensas salir con el uniforme así? Y a la casa le falta la puerta, dejarás libre a cualquier intruso de entrar.-
-Cierto. Bueno, que te parece que, en lo que me cambio de ropa, le hablas a una ferretería para que pongan una nueva. Le presté mi celular. –Tienes tarjeta de crédito en tu mochila, ¿no? Te la traeré cuando llegue el sujeto. ¿Podrías esperar por mí, dama?- Le mostré una juguetona sonrisa.
Sonrojada desvió la mirada. Me sorprendió ese gesto, ¿no se supone que deba detestarme por lo que hice?
-Apresúrate o me calcinaré…-
-Bien.-
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-Tsubasa POV-
-¡Gggrrhh! ¡Nnnggh!-
-Mierda… ¿Pero qué clase de puto monstruo eres? ¿Eres inmortal? Me dejas atónita. Por más que te clave cosas, regeneras muy rápido, bueno, algunas tardan más que otras. Esto irá a la libreta de apuntes…-
¿Qué son esos gritos? No veo nada… Aparte de que apesta mucho a sangre…
-Ahora probaré la sierra de sable, si te parece bien. Sólo cortaré del centro del muslo hasta llegar más debajo de la rodilla.-
El ruido de la sierra se activó. Escuchándose gritos ahogados, ¿alguien estaba amordazado aparte de mí? ¿Le están torturando? ¿Dónde mierda estoy? ¿Por qué estoy escuchando todas estas cosas? ¡¿Soy la siguiente?!
-¡Mnh, mnhh! ¡MNGGHH!-
Los gritos eran desgarradores y dolorosos, sentía mis huesos helar. Iba imaginando todo lo que sucedía, el crujir de los huesos al chocar con la sierra empeoraba todo apareciendo imágenes grotescas en mi mente. Por una parte quería deshacerme de la venda que cubría mis ojos y por otra parte no, poder ayudar a esa persona…
Pero parece ser que estoy bien sujetada de las muñecas, torso y pies con sogas, y la silla no se mueve, debe estar pegada al piso.
Vamos, ¿qué podría hacer? ¿Gritar por ayuda? Imposible y estúpido. También estoy amordazada con algo de tela en mi boca, sellada con cinta. Si gimoteaba en lo más mínimo, llamaría la atención del psicópata y haría lo mismo conmigo, cosa que no quería…
El ruido del sable de la sierra cesó, escuchándose sollozos entrecortados y dificultosos.
Los pasos de esa persona en pie se acercaba a mí dirección, por lo que fingí estar "dormida".
Sus fríos dedos rozaban por cada una de mis heridas del rostro. Se centró por la principal, la herida de la cabeza, no sé porque, pero rezo para que sigan abiertas y no hayan regenerado del todo, de lo contrario no sería normal que presenciara eso…
-Auch… Casi te abres la cabeza…- Teniendo su voz más cerca en definitiva se trataba de una mujer.
Despegó con cuidado la cinta de mi boca, sacando también la tela húmeda por mi saliva. No pude evitar respirar agitada.
-Perdón por despertarte así. Si bebes esto, curarás rápido tus heridas, te lo aseguro.- Podía oler más sangre cerca de mi nariz.
-¿Podrías… quitarme la venda de los ojos?- Dije temerosa esperando una contestación.
-…Sí. Por qué no.-
Llevó sus manos detrás de mi cabeza y deshizo el nudo de la venda. Cuando abría los ojos y mi vista se aclaró, me encontré con ese par de azules celestes frente a mí, detrás de una careta de seguridad llena de sangre, su rostro dibujaba una triste sonrisa. Cayendo en cuenta que conocía a esta persona…
-A… ¿Ayase?- Entonces ella fue quien…
-Tsubasa, en verdad lo siento por lo de antes. Tenía prisa y no te vi.- Dijo mientras se quitaba la careta de seguridad.
-¿Dónde estoy? ¿Qué es este lugar?-
Miré a mis alrededores, un cuarto amplio con muchas herramientas extrañas colgadas en las paredes y otras dentro de unas vitrinas de cristal, poca luz había en el lugar que apenas se apreciaban.
-Estamos en un búnker-base, a 20 metros bajo tierra que nos separa de la casa.- La rubia apuntó con su índice hacia arriba y caminó tranquilamente hasta el switch de luz, activando varios de estos. Las luces blancas se encendieron de golpe, y ahora era todo más claro… Hasta en las orillas de esa habitación había armas, cuchillas, estacas, herramientas médicas, hachas, sierras y hasta instrumentos de tortura… Era una maldita habitación del terror con tanto arsenal que daba miedo.
Pero lo que atrajo más mi atención era la mesa sólida de acero en el centro, una persona se removía jadeante. Estaba encadenada de las muñecas y pies, sangre por los suelos que goteaban de la misma.
Su cabeza giró a donde me encontraba sentada, mostrándome sus orbes ámbar que estaban cristalinos de lágrimas, pareciesen que estuvieran a punto de salirse de su órbita al verme aquí con tal desconcierto. Reaccioné de la misma manera al ver su rostro…
-¿Sonoda…?-
-No hagas mucho contacto visual con ella. Cosas malas pasan.- El rostro de la rubia era tan sereno regalándome una cálida sonrisa que para el lugar, y situación en las que estábamos, no cuadraba para nada. Sentía escalofríos solo verla.
-¡¿Qué le estás haciendo?!-
-Averiguo cosas… Mira, bébete esto, deberían sanar tus heridas quedando como nueva. Saldrás de aquí cuando lo crea necesario, ya viste suficiente.- Apretando mis mejillas acercó un vaso introduciendo de lleno su contenido en mi boca. Era sangre, pero era diferente, tenía otro sabor y entre más la bebía sentía como quemaba mi garganta, ahogándome y regresándola… Era como acido…
-La herida está cerrando, ¡asombroso!- Limpió la sangre que escurría de la comisura de mis labios. –Te traeré agua fresca y algo para comer. Estarás un buen tiempo aquí.- Se dirigió a una puerta de metal, escuchándose detrás de ella ruidos de un elevador.
-Sonoda, no sé lo que está pasando, pero saldremos de aquí juntas.- La peli azul asintió lentamente.
En definitiva teníamos que salir de este tétrico lugar, no estábamos para nada a salvo con esa rubia, pude ver claramente a través de esos ojos que no estaba bien, sentía la locura que desprendía.
Debía aprovechar el tiempo en lo que Ayase no estaba, forcejeando desesperadamente con las sogas pero estas no cedían… No me quedó de otra que romperme el pulgar izquierdo para poder deslizar la mano. De un tirón saqué la mano raspándome con la textura de la soga.
-Bien. Sigue la otra.- Una vez estando libre de las manos, seguían las piernas que me fueron más rápidas de desatar, el problema ahora es la soga en mi torso. Tiré de ella una y otra vez para salir por debajo arrastrándome por la silla.
-¡Hm, mh!-
-Ya. Ya voy.- Fui hasta donde estaba Sonoda para ayudarla. –¡Oh, por Dios!-
El cuerpo de Sonoda estaban tendido en la mesa semidesnudo, sólo las bragas y el brasier la cubrían empapada de sangre. Cortadas contundentes, en su pecho una cicatriz que burbujeaba logrando cerrarse, del muslo hasta debajo de la rodilla abierta dejándose ver los huesos rotos y varias varillas atravesando sus brazos y torso…
-Ella… ¿Por qué te está haciendo esto? Es demasiado cruel…- Le retiraba la mordaza de la boca.
-Las… cadenas… debes romperlas con algo.-
-Uh… Haré mucho ruido y eso la traerá de vuelta.-
-Ella regresará pronto…-
Agarre el sable de sierra que estaba en la repisa y comencé a cortarlas. Las cadenas tintineaba con la cuchilla.
-Estoy haciendo mucho ruido.-
-Entonces córtame las manos y pies, será más rápido.-
-¡¿Estás loca?!-
Ya tenía una de sus manos libre y con ella comenzó a sacarse las varillas del cuerpo que caían una por una al suelo resonando en el lugar. Quejándose dolorosamente se tomó un respiro mientras continuaba con la siguiente, mientras yo seguían cortando con la sierra.
-Tsubasa… tendrás que ayudarme a caminar, no podré por mi cuenta…-
-Sí, lo haré.- Corté la última que restaba, segundos después senté a Sonoda en la mesa para bajarla con sumo cuidado, temblando apenas podía sostenerse. Llevé su brazo alrededor de mi cuello, sosteniéndola de la cintura. –Y bien, dime la salida.-
-La única salida es por donde ella salió.-
-¿Qué, el ascensor?-
-Bueno, a menos que quieras romper una pared y comiences a cavar a la superficie…-
-Si trataste de ser graciosa, no lo eres.- Me dio una sonrisa de medio lado. Estaba muy exhausta, su cuerpo se hacía más pesado. –Nos toparemos de frente con Ayase…-
-Hay bastantes armas aquí… Podrías usar la que gustes.-
-¿Qué la ataque, me dices?-
-Ella… estará bien… Ya recibió un disparo, podrá con otro…-
-¿Eh, disparo? ¡Tsk! Preguntaré cuando salgamos de aquí, y tendrás que responderme.-
-Te diré lo que quieras… Espero al menos tú tengas la educación de escucharme…-
Busqué un arma con la vista, la que estuviera más cerca para no hacer mover tanto a Sonoda. Tomé una Python, revisé que estuviera cargada y llamé al ascensor de vuelta…
El ruido de las cuerdas de acero se hacían escuchan indicando que ascendía.
Ella podría estar bajando… ¡Joder! ¿Por qué rayos tendría temor de esa rubia? Soy un vampiro y ella humana, podría destrozarla. Aunque estoy en desventaja porque traigo a Sonoda mal herida… No podré moverme rápido, ni mucho menos que sepan que soy. ¿Ahora quién estaba temblando más? ¿Sonoda o yo…?
Sentí sostener débilmente la mía, donde tenía la Python. Con sus pocas fuerzas levantaba mi brazo para ponerlo recto apuntando al frente.
-No tiembles, tienes que… mantenerte firme. Sostén bien el arma o el impacto te hará retroceder de manera brusca. Hasta podrías lastimarte la muñeca…-
-Bien, ¿así?-
-Sí. En cuanto se abran las puertas y llegue a estar dentro. No dudes en disparar.-
Bien, bien… ¿Cómo llegue a terminar en todo este lío? Pude haber atacado a algunas personas antes, pero disparar un arma, para nada…
El ruido ceso y las puertas se abrían a la par lentamente. Segundos después dos detonaciones aturdieron mis oídos.
-¡Deten…! ¡Oye, para! ¡TSUBASA!- La tercera detonación se escuchó en todo el búnker. –Oye…-
-Mierda, mierda…- No podía dejar de temblar, ¡maldita sea!
-No está ahí, tampoco tenías que disparar a lo bruto. No gastes balas así…-
-Pensé que me saltaría encima con algo, me entraron nervios. ¡Esta cosa es potente!- Miraba los tres agujeros que estaban en la pared del ascensor.
-Será mejor que nos apresuremos.-
Nos adentramos al ascensor. Accioné el botón y las puertas se cerraron de nuevo comenzando a elevarnos.
-Uhm, ¿Sonoda…?- El silencio me estaba matando, tuve que romperlo.
-Pensé que todas las preguntas serían una vez que saliéramos de aquí…-
-Ayase tiene muchas armas, ¿no crees? Y cosas terribles que… matarían a cualquiera…- Volteé la vista con ella.
Todo su cuerpo estaba jodidamente terrible, y su sangre tenía un olor muy fuerte y distinto a los demás.
-Podrías… dejar de mirarme con esos lascivos ojos.- Sus dorados iris me miraba de reojo con notoria vergüenza. –Tenerte cerca me hace querer golpearte.-
-¿Crees que te miro con esa intención, sólo porque estás semidesnuda?-
-Tu mano en mi cintura también dice mucho, me toqueteas cada segundo.-
- Oye, creo que no es momento para esto… Te estás resbalando y debo sostenerte bien.-
-Apestas.-
-¿Huh?- Esta mujer…
-Disculpa, no lo hago con mala intención. Mis palabras salen solas de mi boca. Hay algo en ti que hace que me ponga a la defensiva, por decirlo de una manera.-
-Ajá… Da igual. Llegamos.- El ascensor dejó de moverse, poniendo arriba de las puertas "Superficie" en luces verdes.
-Firme como hiciste ahí abajo.-
Apunté con el arma ahora por mi cuenta esperando que las puertas se abrieran. Sin embargo, no se abrían. Miré a Sonoda y tampoco parecía entender lo que ocurría. ¿Aún hay electricidad, no? Los focos siguen encendidos…
De pronto, un motor se escuchaba con lejanía detrás de las puertas. El sonido se apagaba y encendía, escuchándose cada vez más cerca.
-¿Es una moto? Dime que es una moto y no lo que imagino.-
El motor resoplaba fuerte y estable detrás de las puertas. Estaba decidida en disparar las balas que me restaban.
Las puertas abrieron a la par dejando ver a una completa loca bloqueándonos el paso…
-Las estaba esperando.- Sonreía cínicamente Ayase.
-¡Dispara!- Gritó con desesperación Sonoda al ver otra sierra frente a sus ojos. Hizo que me pusiera nerviosa de nuevo disparando a lo tonto…
-¡Joder, maldita loca!- Ningún disparo me era certero.
La rubia metió la motosierra dentro del ascensor por lo que me eché al piso de este y levanté el arma apuntando a su cabeza.
Disparé y la primera bala rozó su oreja. Intentó atacar de nuevo con la motosierra pero al segundo disparo la detuvo, pues había dado en el ojo derecho. Fue entonces que me arrastré con Sonoda rebasándola para salir de ese maldito Infierno. Poniéndonos de pie nuevamente corría llevándome a rastras a Sonoda buscando una salida de esa casa que era prácticamente un laberinto, tantos pasillos y puertas con muchas habitaciones extrañas… Parecía una casa con interiores normales pero de pronto con cada paso que daba, los cuadros de pinturas tenían plasmados demonios, bestias, experimentos y runas raras difíciles de leer. No faltaban las velas que estaban esparcidas en cada esquina ya derretida, cosas tiradas y rotas. Paredes con enormes rasguños. ¿A dónde nos vino a meter Ayase?
-¡No encuentro la salida, Sonoda…!-
-Búscala rápido… estoy perdiendo la… conciencia…-
-¡Oh, no, no, no! No puedes.-
-Ya perdí mucha sangre… ¿Qué más quieres?-
-¿Me estás diciendo que morirás?- La peli azul agachó la cabeza y su cuerpo se dejó caer más. –Oye, ¡despierta! ¿¡Por un carajo y la salida!?-
La desesperación me estaba carcomiendo con cada paso que daba. Más pasillos, más puertas. El lugar se estaba tornando oscuro y siniestro, llegando escucharse voces hablarme…
"Debes morir" "¡Desaparece!" "Perjudicas a la naturaleza" ¡No eres bienvenida!" "Debiste morir" "Muere, muere, muere" "¡MUERE MALDITO SER!"
-¡Aahhh! ¡Basta, deténgase!- Llevé mis manos a mis orejas, no quería que esas voces entraran a mi mente.
-¿Cómo te atreves a tirar a Umi así?- Volteé detrás de mí. Ahí estaba Ayase con una sonrisa de oreja a oreja como si nada le hubiese pasado. El ojo que le había volado estaba volviendo a la normalidad… –Qué tenemos aquí, ¿acaso tienes miedo?- Volvía a prender la motosierra.
-¿Tú acaso eres…?-
No me iba a quedar a descubrir lo que fuera esa lunática. Subí a Sonoda rápidamente a mi espalda y salí corriendo a otro pasillo.
-No encontrarás la salida si sigues dando vueltas, Tsubasa.- La voz de la rubia resonaba en todo el lugar.
-¡Tu puta casa es un laberinto! ¡Debiste estar fumada para pedirle tal trabajado al arquitecto!- Grité antes de girar a la derecha.
-¿Laberinto, dices?- Salía Ayase a la vuelta de esa esquina. Estaba con un rostro sorpresivo frente a mí, pero acompañada de una temible sonrisa. –¿Miras muchos pasillos y cosas horribles? ¡No puede ser, en realidad funciona!-
Realmente estaba confundida, ¿ahora de qué rayos hablaba? Las veces que me he topado con Ayase parecía más amigable, serena y cuerda. Lo que estaba frente a mis ojos era otra persona, una cínica desquiciada que se atrevió a traerme aquí y viendo claramente las condiciones de Sonoda, Ayase estaba enferma por hacer tal atrocidad. Me atacó después de todo y yo igual a ella, ¿pero es normal, no? El querer defenderte del peligro.
Su ojo regreso a la normalidad, estaba intacto. Nada de lo que vi hoy es normal… Una vez Él me dijo: "A partir de ahora las cosas no serán fáciles, ni serán normales. Créeme cuando digo, que no somos los únicos seres sobrenaturales…" Reí al principio con la rima que logró, ¿dónde estaba el chiste? No lo sé, pero tenía bastante razón…
Ayase se encontraba pensativa que hasta dejó caer la motosierra, posando la mano en su mentón. Tenía sus ojos entre cerrados.
Deduciendo todo en mi cabeza, tomé la iniciativa de preguntarle.
-Ayase, ¿no eres humana, verdad?-
-Tú tampoco lo eres, ¿no es así?- Tragué saliva ante eso. –La casa misma está maldecida para todo vampiro haciéndolo alucinar…-
Terminar de escuchar sus palabras me dejó congelada por un momento. El ambiente se puso tenso y frío, lo único que escuchaba era mis latidos que parecían una locomotora, el tic tac del reloj y las suaves respiraciones de Sonoda a mi oído que cesaban a cada minuto.
-Je, je… ¿Tampoco serás una especie de Cazadora, o sí?- Reí de manera irónica.
-Mitad de eso…- El gesto de la rubia se volvió más serio y de la nada sacó una pistola.
-¡Espe…!-
Antes de poder girarme, dos detonaciones hicieron impacto en mi pecho. Obligándome a caer de rodillas sin dejar de cargar a Sonoda. Ardía y me oprimía mucho, más que quemarse al sol, ¡esto era peor!
-Las balas son de roble blanco. Entiendo el dolor al principio, pero a ti te afectará más porque son especiales para vampiros. ¡Buen trabajo, Umi!- Depositó un beso en el arma como si de un trofeo se tratará. –Al fin podré dejar de sufrir y deshacerme de todo esto. Si te mato a ti en vez de Umi, será menos el remordimiento.-
-Tú… estás mal… ¡Aggh! Todo lo de ahí abajo tiene algo de sentido…-
-¿Eso crees? Pero me sorprendes, si Ella era tu amiga… ¡ELLA QUE ME MALDIJO PARA TERMINAR SU ESTÚPIDO TRABAJO!-
¿De quién hablas?-
La rubia gritaba cosas sin sentido. Me reincorporé para poder atacarle cuando tuviera la guardia baja, tenía que salir antes de terminar también como Sonoda.
-Ahora todo tiene relación… Esa perra quería matarte pero no tuvo el valor de hacerlo, por lo que tuvo que arrastrarme en todo esto…- La mirada celeste se posaba perdida y vacía. Fue ahí cuando la empuje a un lado para salir corriendo de nuevo. –¡Maldición, Tsubasa!-
-¡Tengo que salir, tengo que salir, tengo que salir!-
No sé si mi vista empezaba a engañarme, pero de todos lados salían manos oscuras tratando de alcanzarme. Ya estaba bastante agitada, y las balas me han dejado débil, después de todo es madera…
Cuando creí que estaba perdida, ahí vi una puerta que era grande y distinta a las anteriores, posiblemente la salida. Aumenté la velocidad de las piernas aumentando la fuerza de los músculos y nervios sintiendo cuan electrizante eran estos. Pateé la puerta despojándola de las bisagras.
¡Por fin, nos largamos de aquí!-
Los alrededores eran amplios rodeado de enormes árboles, como si estuviésemos lejos de la ciudad. Regresé la vista a esa casa, no era tan grande como mi mansión, pero era siniestra. Me dirigí rápido al auto que vi estacionado, era el mismo que me atropelló pues tenía una abolladura de golpe, miré si tenía las llaves puestas, para mi suerte ahí estaban y las puertas no tenían seguro. Abrí la puerta de copiloto y senté a Sonoda abrochándole el cinturón de seguridad, y por mi parte fui al del conductor.
-Ya nos vamos, Sonoda. ¡Woo, nos vamos~!- Posé mi mano en el hombro de la peli azul, estaba fría... –Oye, ¿Sonoda? Ey, despierta… tienes que conversar conmigo durante el camino, oye…-
Tomé su pulso, pero ya no lo sentía…
-¡No, ¿por qué?! ¡Agh!- Golpeaba el volante furiosa. Soltando uno que otro pitido del claxon. –¿Ahora…?-
-¡TSUBASAAA!-
Levanté la mirada a la entrada de la casa, ahí estaba parada una enorme bestia blanca rugiendo con su enorme hocico.
-¡No es cierto!-
Comencé a girar la llave del auto encendiéndolo, no voy a mentir, ni siquiera tenía idea de cómo manejar… Pisé los pedales, y el auto empezó a retroceder. Pero la bestia corrió y tomó el auto de los laterales frontales del cofre.
-¡GRRRAAHH!-
-¡No, suelta, mierda! ¡Déjanos ir!- El corpulento animal era un lobo blanco, con mirada oscura resaltando ese celeste en esos orbes sedientos de carne. –¡Si no me dejas ir, entonces…!- Aceleré y me lleve de frente a la bestia estrellándola con la pared de esa casa.
-¡Grr! ¡TsuBRGASAAA!- Golpeó el parabrisas hasta agrietarlo.
Aceleré hasta el punto de ver por los espejos retrovisores el humo de las llantas. La bestia de la opresión comenzó escupir sangre, la tenía apresada de la cintura para abajo con el frente del auto. ¡Era la oportunidad!
-¡Vete al diablo, enferma animal!-
Emprendí camino a la carretera alejándome de ese infierno vivido. Dejando atrás a esa bestia, a esa que una vez fue Ayase…
.
-Tsubasa POV (Fin)-
Continuará...
1. ¿Quién será la persona que Eli se refiere como "Ella"? ¿Maldecida por qué y para qué por "Ella"?
2. Ahora Maki también estará envuelta en todo este lío, ¿podrá manejar las cosas Maki mejor que Honoka, siendo esta última la que le enseñe cómo? Sabiéndose que ni Honoka puede controlarse...
3. Tsubasa sabe cosas, pues alguien se las contó. ¿Será volverá de ayuda o será un estorbo?
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