Capítulo 8

Gran amigo, Fiel Sirviente sirviente, Temible guerrero

"El Desafío" (1°Parte)

La noche era tranquila y serena, en todo el Valle aún se respiraba la felicidad y la emoción provocada por los increíbles combates que habían dejado perplejo a más de uno, en el Templo de Jade todo era quietud, una bella noche y cubría todo con la luz de las estrellas mientras que el viento llevaba su armoniosa melodía arrastrando las hojas secas y el polvo a su paso, todo parecía paz al menos en apariencia...

— Voy a salir un rato Hiena… — dijo Pardus a la vez que deslizaba la puerta de su cuarto— la noches es perfecta.

— ¡Ama Pardus siempre es lo mismo con usted! —replico Hiena dejando caer un caballito de madera sobre un viejo tablero de ajedrez— Siempre que estoy por ganarle... abandona.

— Vamos Hiena, la noche esta hermosa como para desperdiciarla jugando Ajedrez

—Si usted lo dices, a mí solo me provoca sueño, huaaaaaaammmmm —dijo Hiena soltando un enorme bostezo.

— Voy a salir un rato a caminar, me hace falta reflexionar un poco.

— Ama Pardus... —dijo Hiena irguiéndose de su sillita y acercándose a la puerta

— ¿Si Hiena? —contesto Pardus volteando a ver de reojo a su amigo.

— ¿Está… enamorada?

— ¿¡Que...! Jejeje —la risa de Pardus aunque franca no podía ocultar lo que su amigo ya sabía bien— Pero que incoherencias dices Hiena, como supones que podría enamorarme en un momento como este, además después de tanto tiempo ni siquiera recuerdo cómo se siente eso.

—Es solo que... hacía muchos años, que no le escuchaba decir que una noche estuviera... "hermosa".

—A pues yo... solo quería decir...

—Lo sé Ama... todo esto es entonces por el panda verdad, se ha encariñado con el verdad...—dijo Hiena mientras se lamentaba en voz baja como si estuviera sumamente cansado— ¡Ahhhhhhhh! de todas las posibles criaturas tuvo que ser un panda… y tuvo que ser este panda, sabe las consecuencias que eso podría acarrearnos si la misión se viera comprometida.

—Lo entiendo Hiena, pero no confundas las cosas, tal vez le he tomado un poco de cariño es cierto, pero de eso a estar enamorada del esponjoso… jejejeje, en realidad que tienes mucho tiempo libre como para pensar esas cosas, el simplemente me agrada y realmente me duele tener que hacerle esto…

—Él no podría perdonarle, ni se tomaría el tiempo de comprenderla, para el usted solo sería una traidora, debe estar consiente… por favor no se ilusione, además el Juez Ying va a quedarse con el panda y la tigresa, y puedo asegurarle que ese par no volverá a ver la luz de otro día y nosotros tampoco a menos que juguemos bien nuestras cartas.

— Si es muy probable que jamás lo vuelva a ver... –Pardus seguía viendo al piso, hablando casi en un suspiro.

Hiena se percató aunque un poco tarde ya que sus palabras no estaban siendo de mucha ayuda para su amiga, por el contrario parecía como si la verdad la estuviera hundiendo en una espiral depresiva. Él sabía que ese era un lujo que no se podían permitir, un lujo que podría echar todos los planes abajo incluso costarles la vida.

—Hágame un favor Ama —dijo Hiena pasando al lado de Pardus y poniendo suavemente su mano en su hombro— olvide lo que dije perdone mi impertinencia, sé que ha sufrido mucho solo que... No quiero verla sufrir más, no se merece esto, usted no se merece nada de lo que le ha pasado.

—He obtenido lo que merezco, solo lo que mi lucha me ha permitido obtener.

—Solo que usted ha luchado mucho, es justo y necesario que obtengas una retribución por esto, sé que nuestro actuar no es correcto pero era la única forma de...

—Gracias Hiena... —la guepardo lo interrumpió súbitamente sumiendo a los dos por unos segundos en un silencio sepulcral, volteo a verlo y le dedico un ligera sonrisa— Ambos sabemos cuál será mi destino… de todos modos eso amigo es inevitable... cumpla o no con mi misión. Una vez que esto termine tú te encargaras de todo...

—Ama Pardus... yo...yo... lo siento... no quise que usted se...

Hiena callo, bajo la mirada avergonzado como si hubiera hablado de un tema que el mismo se tenía prohibido, entristecido y decepcionado consigo mismo se dispuso a ir a su habitación, no había más que decir la verdad era demasiado cruda y fría como para seguir soportándola, no alcanzó a dar ni dos pasos rumbo a su habitación cuando la voz de Pardus le paro en seco, la voz de la felina sonaba como si estuviera a punto de quebrarse.

—A veces me pregunto ¿cuánto más tendré que seguir luchando de este modo?, ¿Cuánto más tendré que seguir mintiendo?, ¿crees que después de todo esto tenga perdón?, a veces dudo que mi motivo justifique mis actos. —las garras de Pardus se afianzaron fuertemente al barandal de madera como si estuviera usando todas sus fuerzas para mantenerse en pie— Sé que probablemente mi lucha terminara pronto, de un modo u otro, lo siento... el frio que recorre mis venas me lo dice... solo me gustaría saber si mis actos podrán ser perdonados, dime... dime Hiena crees que después de mis pecados, después de mi traiciones aun merezca un justo descanso.

—Ama… si usted no tiene perdón… no imagino quien sea digno de tenerlo. Usted le ha entregado todo a ese maldito demonio de Ying… —Hiena apretó sus puños con tal fuerza que hizo crujir sus nudillos— ¡TODO! Satisfacía sus deseos más bajos y oscuros, ha sacrificado su dignidad, su honor, su vida y su futuro, no es justo, no lo es… y aunque tenga que dar mi vida por ello, hare que al menos por una ocasión se haga justicia para usted. Pero por ahora sea paciente por favor, nuestro tiempo ya vendrá, y una vez cumplamos el trato nos largaremos de aquí y usted enterrara todo esto en su pasado. Solo recuerde porque estamos luchando. Usted aún tiene mucho camino por recorrer, doy fe con mi vida de ello.

—Hiena… gracias, siempre has sido mi amigo y mi sirviente más fiel. —dijo Pardus mientras una sonrisa se le dibujaba en el rostro— siempre me apoyaste cuando nadie más lo hizo incluso a costa de tu propia vida, la única cosa que me honra más que tus leales servicios es tu amistad.

—Gracias Ama… ahora si me disculpa, mañana tengo un combate y es importante que descanse.

—No parece que te vaya a ser fácil el combate, pelear contra una de los 5 furiosos, seguramente sabrás dar un buen espectáculo.

—Claro que si Ama, ahora descanse, le hará falta también a usted.

—Aun no, voy a salir a caminar un rato, necesito despejar un poco mi mente.

—Solo no se pierda, no quiero despertar y tener que estarla buscando en la habitación de... alguien ¡heheheheheeh!

—Muy gracioso, ja—ja —dijo Pardus con un tono sarcástico y de fastidio— ya vete a dormir, ¡ufff...!

Aparentemente a Pardus no le hacía mucha gracia el sentido del humor burlón de su amigo, pero que más podía hacer era una hiena al fin y al cabo y aunque le costara admitirlo era ese mismo sentido del humor lo que tenían en común y les había permitido sobrellevar siempre los momentos más desagradables.

Hiena se marchó sin decir ni una sola palabra más, era clara la lealtad y confianza que aquella criatura tenía hacia Pardus, ella sabias que su lealtad y amistad eran incondicionales, Hiena era un amigo con quien siempre había podido contar desde que ella era muy pequeña.

Pardus abandono las habitaciones y empezó a caminar sin rumbo fijo siguiendo la vereda que salía del templo y subía hacia la montaña cercana, en toda su estadía ella nunca había subido , pero la luz de las estrellas la invitaba a seguir avanzando a la vez que la dulce brisa nocturna refrescaba su piel y una reconfortante corriente de aire fresco le acariciaba el rostro, ese camino que subía por el valle era sumamente tranquilo desde él podía verse el valle a lo lejos, a esa distancia parecía que era iluminado por pequeñas luciérnagas , después de unos minutos de trayecto logro llegar a un lugar maravilloso que desafiaba la imaginación de sus sueños más apacibles ,un paraje grande y amplio cubierto de pasto verde bañado por el rocío de la madrugada, este misterioso lugar despedía por sí mismo una atmosfera de profunda paz, como si una aura invisible invitara a la reflexión y a la meditación, las grandes rocas de color gris oscuro le daban a ese lugar una imagen similar a la de un jardín, por un momento ella se sintió hurtada de todos los problemas que la tenía apresada, la felina recorrió lentamente aquel gigantesco sitio mientras que con su mirada exploraba cada rincón, cada piedra, cada flor todo en ese lugar parecía estar en una perfecta y balanceada armonía, ella se deleitaba al sentir el césped húmedo bajo sus pies así como también un dulce y sensual aroma que desconocía pero que sin embargo le trasmitía una profunda tranquilidad. Un poco más adentro del jardín un diminuto y sutil destello llamo la atención de la guepardo, una pequeña lucecita que pareciera moverse como si flotara suavemente sobre el piso, acercándose más logro ver de dónde surgía aquel juego de luces, un estanque que parecía no tener fin se hizo visible ante sus ojos, el agua cristalina reflejaba las estrellas del cielo, haciéndolas ver como si estas tuvieran vida propia, corriendo... jugando en el vital líquido, como si tratasen de escapar de este, se acercó e inclino sobre la orilla del estanque y tomando un poco de agua entre sus manos lavo con ella su cara, la sensación que le produjo el agua recorriendo sus mejillas era reconfortante, como si fueran todas las lágrimas que ella no podía derramar, las gotas de agua se deslizaban por su cara hasta su cuello como una fresca y fría caricia.

—(Cielos... Hacia tanto que no sentía que el agua fuera tan deliciosa, me pregunto si no habría problema si yo...)

Un deseo asalto los sentidos de felina, como si su cuerpo se lo pidiera a gritos, volteo a sus alrededores como si espera que alguien apareciera por sorpresa.

—(Acaso me estaré volviendo loca, es obvio que nadie está por estos lares, además solo será un momento)

Las dudas abandonaban lentamente la mente de la felina de la misma forma en que ella se despojaba de sus prendas dejándolas caer libremente sobre el suelo, las estrellas redibujaban su cuerpo con trazos de luz plateada que eran finamente reflejados por su sedosa piel, su exquisita figura se veía acentuada por una inusual pero delicada franja en negro azabache que partía de la parte superior trasera de su cuello prolongándose por su espalda y hasta el final de su cola, el cuerpo de aquella felina era una obra de arte, de exquisitas líneas que juntas diseñaban su esbelto cuerpo aunado al color dorado de su pelaje y el aire elegante y orgulloso de su porte, su esbelta y sensual silueta así como los sublimemente marcados músculos de sus piernas y el agudo filo de sus garras harían que cualquiera se diese cuenta en el acto que se encontraba ante un depredador bello y letal, quedando así en la duda de correr por su vida o dejarse caer en las seductoras garras de aquella mortal felina.

Pardus se sumergía lentamente en el estanque sintiendo como el agua fría acariciaba todo su cuerpo dejándose llevar por sus sentidos, todas sus ideas parecían disolverse lentamente en aquel cristalino líquido a medida que ella se adentraba más, era como si su cuerpo empezara a levitar, ya no sentía peso alguno por un instante al menos por un segundo desde hacía ya mucho tiempo ella pudo simplemente cerrar los ojos y dejarse llevar, olvidarse de todo, de todos… su cuerpo estaba suspendido por completo como si estuviera siendo transportada por encima de las nubes, ella y se había fusionado perfectamente con estanque, su respiración apenas si generaba ondas visibles sobre la superficie del agua entonces su mente fue invadida por otro pensamiento.

—(Po... ¿por qué después de tanto tiempo...? ¿Y por qué tú? Cielo santo de todos los que he conocido... ¿Por qué diablos tuviste que ser tú? maldita sea... ¡Aaahhhhh! No es justo tú no te mereces esto… es que no entiendo eres... eres un panda por Dios, jamás en mi vida había visto uno, pero es tan adorable, tan tierno, tan amable... ¡increíble Rayitas! si yo fuera tú ya lo hubiera devorado hace mucho, él es simplemente encantador, digo me gusta es agradable y simpático... pero de eso a estar enamorada de él, jejeje ese Hiena sí que dice cosas ocurrentes... ¿enamorarme de un panda? digo no tendria nada de malo... tal vez… si le hubiera conocido en otras circunstancias yo…)

—Pero que tenemos aquí… —dijo una voz que salía de entre las sombras producidas por las rocas.

— (¡Ohh… ¡ Diablos, ¿Por qué?, ¿Ahora que deseara?) —Pardus pensó para sí misma mientras se erguía sobre el estanque quedando con medio cuerpo fuera del agua mientras frotaba su cara con su mano, obviamente aquella presencia le había incomodado a sobre manera.

—Irreverentemente sensual, no podía esperar menos de ti Pardus.

Una columna de llamas oscuras surgió de entre las rocas, las flamas iluminaban tenuemente los alrededores con un color índigo, un ser envuelto en mantos negros salió de entre las flamas acercándose a la orilla del estanque, al hacerlo las llamas retrocedieron dejando ver lobo de un pelaje tan negro que pareciera que la luz de las estrellas se perdiera en esa inmensa oscuridad, sus ojos brillantes como el jade se clavaban firmemente en el cuerpo de la felina, a la vez que dejaba ver una sonrisa llena de filosos colmillos que incluso para un lobo resultarían tétricos, el resto de su cuerpo estaba cubierto por una túnica oscura con unas hombreras alargadas en color morado oscuro marcadas con diseños tribales en rojo sangre.

— ¿Qué desea Juez Ying? —pregunto Pardus sin siquiera inmutarse y viendo directamente a los ojos a aquella imponente presencia.

—Que agresividad, pero si solo pasaba para saludarlos —dijo Ying mientras soltaba una sonrisa entre dientes— Claro que no esperaba encontrarte de esta manera, aunque debo admitir que no me des conforta.

— ¿Cree que a estas alturas me pueda importar que usted me vea así?

—Querida Pardus no solo es el verte desnuda… —dijo el lobo mientras empezaba a adentrarse en el agua— es el hecho de verte desnuda en el estanque de Lagrimas Sagrado, ¡jejeje! tu ignorancia e irreverencia me resultan… excitantes.

— (¿Qué?, porque todo por en este lugares tiene que ser sagrado, primero los arboles ahora los estanques, solo espero que las galletas no lo sean también) —pensó por un instante para sí la felina— Entiendo, pero dígame Juez Ying ¿a que debo el "honor" de su presencia? —dijo mientras le daba la espalda y se encaminaba a la orilla.

— ¡Jajajaja! Es que también necesito decírtelo, que acaso no puedes imaginarlo, y yo que te creía más inteligente.

—Creí que ya habíamos "cumplido" esa parte del trato Juez, además este no es ni un buen lugar ni un buen momento…

—Pero que dices... —el agua empezó a agitarse pareciera como si estuviera hirviendo alrededor de el— No pudiste haber escogido mejor lugar ni mejor momento Pardus, ahora vamos a jugar como en los viejos tiempos...

El lobo se sumergió completamente en el agua, esta rápidamente adquirió un tono oscuro como si hubieran derramado una enorme cantidad de tinta en ella, ella volteo a verle pero no le lograba encontrar el agua se había vuelto demasiado oscura para poder ver atreves de ella, entonces sintió como la tomaban por las piernas y la sumergían de golpe en el agua, todo se había vuelto profundamente oscuro, mientras una voz retumbaba en sus oídos "Jejeje acaso no te parecen divertidas... La agonia, la desesperacion, el dulce tacto de la muerte " ,ella sientia una presencia que le recorría todo el cuerpo hasta llegar a su cuello y tomarle con fuerza, el agua inexplicablemente empezaba a quemarle como si esta se hubiera convertido repentinamente en acido, el aire le faltaba, empezó a forcejear hasta que logro zafarse de aquella oscura fuerza, con la ayuda de sus garras logro arrastrarse hasta la orilla del estanque, se tiro en el césped mientras escupía agua y empezaba a respirar aceleradamente.

— ¡Jajajaja! Vamos Pardus, esperaba que fuese un poco más divertida —Ying emergió del agua esta vez su túnica se había convertido en flamas de color índigo que recorrían su cuerpo cual serpientes — Después de todo alguien con tu físico debería saber perfectamente como "divertirse".

—No le parece… —dijo jadeante la guepardo— que ya antes nos hemos "divertido" mucho, solo déjeme en paz, déjeme cumplir con lo acordado, solo quiero eso por favor.

—Pardus… Pardus… Pardus… creo que aún no te quedan claras las reglas del juego – Ying la tomo del hombro la volteo y acerco su cara a la de ella, sus ojos verdes parecían atravesarla como si fueran cuchillas ardientes, alzo sus garra por encima su cabeza estas resplandecian como si fueran afiladas guillotinas— permíteme ¡recordártelas!

Pardus puso sus manos contra el pecho de Ying a pesar que ella sabía muy bien que las flamas que cubrían su cuerpo la quemarían, este solo respondió con una risa burlona. Su risa se vio opacada cuando sintió que algo le había sujetado el brazo.

— ¡Suéltala Ying! –Hiena se encontraba sobre una roca, las vendas que cubrían sus brazos eran las mismas que habían detenido el brazo de Ying — ¡A menos que quieras perder tu brazo!

— ¡Hiena! Eres solo un titiritero barato, como Diablo se te ocurre tocarme con estas asquerosas vendas – Ying sujeto a Pardus por el cuello y la levanto del piso— ¿Quieres que la suelte? Quítamela si eres capaz.

—Hi—Hiena, suelta a Juez ahora mismo, ¿es que acaso te has vuelto loco? – le reclamo la guepardo

—No hasta que él no la libere, él no está respetando el acuerdo, me prometió que no volvería a ponerte un dedo encima si accedíamos a este trabajo –dijo Hiena que se mostraba colérico.

—Pues que crees mi patético amigo, yo puedo cambiar las reglas a mi antojo, además no recuerdo que tu vida estuviera acordada en el pacto Hiena, ¿O me equivoco?

El brazo de Ying empezó a arder en llamas esta vez eran tan intensas que iluminaba el lugar en un color morado brillante.

— ¡Maldición Hiena, te estoy dando una orden, obedece suéltalo ya! —grito Pardus volteando a ver enfurecida a su amigo— ¡No seas estúpido y obedéceme!

—Pardus creo que no les has sabido enseñar buenos modales a tus perros, no te preocupes... Ahora mismo te daré una lección de como se hace...

— ¡Si le haces daño te juro que podrás olvidarte de tu Pacto imbécil! —Pardus reclamo con furia a Ying clavando su mirada en sus refulgentes ojos verdes.

La flamas que cubrían el cuerpo de Ying desaparecieron por completo dejando a los presentes en silencio por un segundo, Ying cerro los ojos como si entrara en una profunda meditación.

—Si eso es lo que realmente deseas, elegí, su vida o tu Pacto, ¡jejejeje! —dijo Ying sin abrir los ojos y en un tono sumamente tranquilo— es simple... Si o no.

—Yo... —Pardus volteo a ver a Hiena este solo le negó con la cabeza— Yo...

—Eso imagine... —digo Ying abriendo los ojos y volteando a ver a Hiena con una diabólica sonrisa— despídete leal sirviente, ahora conocerás la verdadera y ardiente oscuridad.

Ying dirigió el brazo que tenía atrapado por Hiena hacia este apuntando con su dedo índice, las sombras volvieron emerger del brazo de Ying en forma de flamas negras que le liberaron de las ataduras aunque estas ardían con potencia no producían ningún tipo de resplandor.

—¡Te dije que lo dejes! —Pardus grito colérica, haciendo uso de su increíble flexibilidad afianzo sus cuatro garras al brazo de Ying, las enterró con todas sus fuerzas para luego jalar y rasgar su piel.

Una gigantesca flama negra salió disparada por el dedo de Ying, pero debido al dolor infringido por Pardus Ying perdió la concentración haciendo que la flama pegara contra el suelo incendiando todo el piso el fuego rápidamente se consumió a si mismo junto con un buen pedazo de tierra.

¡Eres una idiota! —Ying hizo arder su cuerpo completo en una inmensa flama verde brillante como sus ojos, el agua oscura se evaporaba al contacto con él, pese a que las flamas ya cubrían el cuerpo de Pardus esta no le soltaba, Ying la sujeto fuertemente del cuello, Hiena solo alcanzo a ver como Ying estrello a Pardus contra una roca, lo había hecho tan rápido y con tanta fuerza que había dejado una estela de llamas detrás de él.

— ¡Jejeje! Ying en serio quieres hacerlo… —Aunque estaba sufriendo un inmenso dolor Pardus volteo a ver a Ying a los ojos y le sonrió burlonamente— Anda, mátame si te atreves, sé que no tienes las agallas.

Ying esta enardecido su cuerpo brillaba como si fuera una antorcha verde, despego a Pardus de la roca y la aventó contra el piso, la felina rodo varios metros hasta golpear con otra roca que la detuvo, Ying volteo a verla, nunca antes le había desafiado, jamás había dudado en obedecerle y si había algo que irritaba a Ying era justamente que no cedieran antes sus caprichos.

— Te sobrestimas Jubatus, tú ya no vales nada para nadie, le has fallado a todos, los has traicionado, les has dado la espalda, eres una idiota si crees que te matare tan fácilmente, Jejeje la única razón por la que sigues viva es porque me deleita ver como tus propios pensamientos te torturan.

— Tu jamás podrías entender, —Pardus le reclamo mientras se apoyaba en la roca tratando de erguirse —como puedes saber cómo duele, si tú no tienes a nadie a quien traicionar, no tienes a nadie mas que a ti mismo, mírate siendo devorado por las flamas de tu propia avaricia y egocentrismo.

—¡Ama Pardus! —Hiena intento correr hacia ella pero una pared de flamas los dividió haciéndole perder todo contacto visual con ella— ¡Pardus!

¡Hiena, maldición no te lo voy a repetir... lárgate ya, es una orden! —la voz autoritaria de Pardus se escuchó atreves de las flamas

—Pero… usted –replico Hiena.

— ¡Ahora!

Hiena estaba petrificado, no quería abandonarla, Ying era un monstruo de lo peor, pero el sabía que Pardus jamás le perdonaría si le desobedecía en esta ocasión.

Pardus ya se encontraba de pie aunque aún se estaba apoyando sobre la roca, sus ojos estaban fijos en los de Ying ella sabía lo que seguiría a continuación y aunque la actuación de Hiena fuera noble y con buenas intenciones solamente había logrado complicarle la situación.

— ¡Haga lo que tenga que hacer Juez! —dijo Pardus mientras se inclinaba frente a Ying y cerraba los ojos— pero por favor deje cumplir nuestro Pacto, le prometo que esto jamás se volverá a repetir, solo por favor tenga piedad...

—Eres una tonta Pardus —dijo Ying mientras se acercaba a ella y clavaba sus garras en el hombro de la guepardo— sabes que esto te costara mucho más que una noche de diversión verdad... la piedad es algo a lo que tú ya no tienes derecho.

—Al que pida sangre se le dará sangre... Al que pida piedad se le dará piedad...

Una voz misteriosa sonó en las alturas, Pardus abrió los ojos y volteo a ver de dónde surgía esa voz, una figura cubierta capa y capucha blanca estaba parada sobre la roca que estaba a espaldas de Pardus, no alcanzaba a distinguir quien o que era, lo único que sorprendió mas a la felina fuel la cara de disgusto de Ying a la vez que este le soltó y empezó a retroceder lentamente. El encapuchado dio un salto quedando justo entre Pardus y Ying ambos eran del mismo tamaño y aunque no podía verle claramente Pardus sintió una presencia igual de imponente que la de Ying pero de una naturalidad muy distinta.

— ¿Qué haces aquí? —replico Ying

—Evitando que cometas una estupidez... Y a decirte que el pergamino está en el Valle, acabo de arribar de Gongmen, alguien sustrajo el pergamino de entre los escombros de la torre y lo ha traído aquí.

¿Qué? Lo han traído aquí, jejeje, parece que me han facilitado más el trabajo. Gracias por el dato... Ahora si no te es muy molesto lárgate de mí vista, tengo cosas que atender con esta gata.

—A partir de ahora La escuela de la Tormenta está bajo mi cargo, si ellos tiene aún acuerdo contigo entonces lo tomare como propio y veré que se cumpla a cabalidad, mientras tanto y ellos se sujeten a las reglas tú no puedes acercárteles. —el extraño le dio la espalda a Ying se quitó la capa y cubrió a Pardus con ella.

— ¿Me estas ordenando que hacer?, ¿Quién demonios te ha dado esa autoridad? , ellos son míos, tu misión no me interesa eres solo un...

La voz de Ying desapareció súbitamente, el extraño le había colocado al cuello el filo de una Katana, esta brillaba con el mismo fulgor que la luna, iluminando la cara de Ying que mostraba un mueca de odio e impotencia. Pardus si apenas pudo ver cuando desenfundo la espada, la velocidad de aquel individuo era comparable a la suya incluso pudiera que superior.

— ¿Acaso... te estas revelando Ying? ¿Sabes el castigo por eso verdad?, el que seas Juez no te exenta Ying. ¿Te queda claro?

— ¡Pardus! —dijo Ying volteando a ver a la guepardo— más te vale no equivocarte de nuevo si deseas que nuestro trato siga en pie, pero te juro que esto no se quedara así, sabrás de mi eso tenlo por seguro.

El cuerpo de Ying ardió en una inmensa flama negra para luego volverse una nube de ceniza y abandonar el lugar.

—Solo un idiota hace un trato con Ying, y solo un idiota aun mayor se atreve a desafiarle en su juego —dijo el extraño que aun seguía cubierto de la cara por una gran capucha, sin embargo Pardus alcanzó distinguir dos ojos como zafiros que le veían con una gran compasión— Te sugiero que sea cual sea el trato que tengas con él lo resuelvan rápido antes de que mi misión aquí concluya, de lo contrario quedaran a su suerte... retírense ya, mañana les daré instrucciones, por favor informa a Lion que habrá un cambio de planes, ahora yo estoy a cargo de ustedes, Hiena...

—Si... Dígame señor — Hiena no sabía por qué pero aquel ser le inspiraba un fuerte respeto, por el simple hecho de haberles quitado a Ying de encima— ¿Que ordena?

—Llevabate a Pardus, sus heridas no son graves, pero requiere reposo, encárgate por favor y Pardus... por favor en lo futuro procura informarte un poco mejor antes de tomar un baño, lo que ustedes han hecho aquí es insoportable, sin mencionar el desastre que dejo Ying.

El sujeto de acerco a la orilla del estanque y toco la punta de este con su espada, al instante el color oscuro del agua empezó a disolverse a salir como vapor, en cuestión de segundos el estanque había retomado su paz y claridad.

—Los veré pronto —dijo el extraño

Después de decir esto el extraño empezó a internarse más en el jardín hasta perderse entre las rocas, Hiena cogió las cosas de su Ama luego le ayudo a incorporarse y juntos emprendieron el silencio y sin decir nada el camino de vuelta al templo, hasta llegar a sus habitaciones.

—Ya está Ama ya llegamos... sé que está molesta pero comprenda no podía dejar que...

—¡Cállate! —Pardus puso a Hiena contra la pared apretando su cuello con su antebrazo— Tu estúpido acto heroico casi nos cuesta el Pacto, casi me cuesta la vida, casi me cuesta tu... Hiena entiende, si te pasa algo... ya no tendré a nadie en quien confiar, sabes que necesito que tú te encargues de todo ya te lo he dicho, pero tu... eres como mi hermano, terco, testarudo, por qué demonios nunca entienden.

Hiena vio como las lágrimas salían a flote de los ojos de su Ama, hacía mucho que no la veía llorar, de hecho hacía años que no le veía así.

—Ama yo... le prometo que no volveré a actuar precipitadamente, discúlpeme.

—Una disculpa no te devolverá la vida si te matan... Usa tu cabeza por Dios, él no iba a hacer nada que no hubiera hecho antes, y ahora estamos bajo las ordenes de ve tú a saber quién, pero el mismo Ying duda en retarle, ¿acaso te parece que estamos más cerca ahora?, ahora no solo tenemos que separar a esos dos sino que también debemos obedecer las órdenes de ese tipo.

—...

Hiena no dijo nada mas Pardus le soltó entro a su habitación y cerró la puerta de golpe, dejando al fiel sirviente solo. El solo camino por el pasillo entro a su habitación y cerró la puerta, mañana tendría un combate importante aunque a estas alturas a él ya no le interesaba.