Hola.
Lo que me he dado cuenta es que no he explicado bien la historia y creo que dejare unos puntos importantes.
Sesshomaru quiere casar a Inuyasha con Kikyo porque la familia de esta es muy importante en Japón, y si no los tienen de su lado, Ryukotsusei la guerra civil.
Y Sesshomaru quiere venganza porque gracias a ese hombre su padre está muerto.
Eso es por lo que no quiere a Kagome cerca de Inuyasha.
Y Kikyo es importante en la historia, pero indirectamente. (alégrense las que odien a Kikyo)
Bueno con esta leve aclaración dejo la historia. No sin antes dar las gracias ha:
Marlene Vásquez : gracias por la idea tan buena, espero que te guste como la puse.
ELIZABETHSHANE : Muchas gracias por tu apoyo ;)
Natita Morrison : Que dice que le gusta mi historia así mucho rete harto mil jajjajjaajaj esas fueron sus palabras.
Y a todos los que siguen esta historia les mando muchísimos besos.
CAPITULO 8: UN TRAIDOR
"No podemos volver a hacerlo." Kagome pronunciaba estas palabras en voz alta. Las pronuncio con firmeza, tranquilidad y valentía… para el vacio y resonante dormitorio.
Fingía estar hablando con el señor Taisho, para cuando estuviera en su despacho no titubeara en hacerlo. Él le había ordenado ir a primera hora a su estudio. Pero esa no era la razón por la cual iría, lo asía porque él la había besado. La perversidad del señor Taisho la había mantenido despierta toda la noche y no había parado de dar vueltas sobre su futon.
El señor Taisho era el culpable de todo. De que le diera urticaria a Inuyasha. De quitarla de en medio. De haberla besado hasta que… todas sus angustias desaparecieron.
Ser besada por el señor Taisho era el peor castigo que había recibido en su vida. Incluso era peor que si él la hubiese despedido, porque así no habría traicionado el amor de Inuyasha.
"Inuyasha." Suspiro de manera fuerte.
Se miro fijamente en el espejo ovalado de cuerpo entero, y miro que casi se veía perfecta. Llevaba un casual pero no menos elegante vestido dorado. En la cintura llevaba un enorme listón nacarado del mismo color. Su maquillaje estaba destinado a destacar su rubor y sus labios pintados de un tono durazno.
Durante su estancia en parís había aprendido multitud de trucos para la mujer, siendo el mayor de todos saber cómo realzar el atractivo de sus facciones de forma económica.
Sin embargo, aquella imagen que le regresaba esa mirada de revisión, era la de una mujer sensata. Nada debía descomponerla… excepto el señor Taisho que la había hecho perder el control de sí misma y solo por un beso.
Bueno, le diría que ya nunca mas volvería a suceder; ella amaba a Inuyasha y se casaría con él.
Y pensó en Kikyo. Esa mujer… bueno, ella debe tener más pretendientes. Pero qué pasaría si la viera de frente. No creía tener la suficiente fuerza para encararla. Y cuando tuviese que pedirle disculpas a lady Taisho por impedir la boda de su hijo, la hermosa señora… ¿la perdonaría?
Eso no debía de importar. Tenía a su favor el amor de Inuyasha y eso era lo único que le importaba.
Salió con decisión al pasillo que estaba iluminado por los apenas visibles rayos del sol. Mientras caminaba asía la biblioteca iba musitando: "No podemos volver a hacerlo jamás". Pero al caminar escalera abajo y andar vagando por los pasillos, le empezaron a pesar los pies.
Llego hasta su despacho y se acerco a la puerta corrediza, escucho, pero no hubo ningún sonido. Cuando le asaltaba el hecho de que tenían que hablar con el señor Taisho ella automáticamente recordaba a como sabia este. Otras mujeres besaban ocasionalmente a los caballeros sin llevarse un disgusto por ello. Otras no parecían encontrar el acto tan intimo como ella, aunque quizá se debiera a su falta de experiencia; o tal vez los besos de Inuyasha sabían mejor que los de su hermano.
Si, lo labios delgados de Inuyasha borrarían la sensación de los labios abundantes del señor Taisho.
Entonces lo único que tenía que hacer era entrar con decisión y decir: "No volveremos a hacerlo."
Golpeo el marco de la puerta con sus nudillos.
"¿Señor Taisho?" Llamo. No hubo respuesta.
Entro y se detuvo a la mitad del estudio vacio mirando a todas partes. Lo había vuelto a decorar. Las paredes estaban llenas de libros, en gran parte de este había cojines para invitar a sentarse a los visitantes a leer, y había una mesa de té que daba directo al jardín privado del señor Taisho. Vio su pequeña mesa donde escribía documentos importantes y pensó que tal vez, todo ese lugar estaba decorado con un gusto exquisito, nada que ver con la personalidad del señor Taisho… cualquiera que esta fuese.
Algo que si estaba muy acorde a como era el, era la magnífica espada que estaba en un altar. Había velas aromáticas y algunos frascos con aceite de clavo para limpiarla. Ella recordaba esa espada, era una de las que el comandante Inu no Taisho le había heredado. La otra magnifica espada era de Inuyasha. El herrero era el famoso Totosai, quien era antiguo amigo de la familia.
Totosai. El mismo hombre anciano y chiflado que era más valioso para los Taisho, que todos los miembros Higurashi juntos.
Kagome arrugo el entrecejo. ¿Por qué le importaba tanto lo que pensara los demás?
Y una respuesta llego a su mente: Por la culpa del señor Taisho.
No es que lo conociera lo suficiente, ni que su personalidad le importara. Lo conocía desde que era una niñita. Pero la naturaleza de la que estaba hecha mostro ser ajena a él. Parecía que a él le gustaba intimidarla, pero ella ya no se sentiría así. Ella se sentía segura de no querer más sus besos. Ni nada de él.
Se sentó en uno de los cojines más cercanos a la mesa de manuscritos del señor Taisho y su mirada recorrió el despacho en general.
En parís se había descubierto a sí misma como una mujer llena de vida y carisma. Sin duda, una personalidad que no debía llamar el interés de alguien como Sesshomaru. Recordó a la señora Kagura, su elegante forma de vestir, su cabello arreglado de manera sofisticada, sus labios rojos y sobre todo sus ojos de un místico color escarlata. Kagome recordó que la señora Kagura era una mujer que le dio pelea a su esposo, la señora Kagura se había fijado primero en él, y cuando este se negaba a casarse con ella, ella solo le grito y lo enfrento…
Y por una razón extraña, Kagome sintió un aleteo en su estomago.
Kagura tan elegante. Toda una japonesa de clase alta. Igual que lo fue la difunta señora Irazue, y como lo era Izayoi. Kikyo también tenía ese refinamiento, pero ella con un dejo de superioridad increíble.
Todas ellas elegantes, hermosas, sensuales, herederas de importantes fortunas. Y ella… hija de un sirviente de la familia del hombre con el que se casaría.
Jamás cambiaria a sus padres ni a su hermano menor. Pero deseo por un momento tener todo ese dinero, para así tener más fácil el amor de Inuyasha.
Unos murmullos y unas pisadas atrajeron su atención. Alguien, una mujer, hablaba apresuradamente entre jadeos, mostrando desesperación y preocupación. Otra persona, un hombre de voz profunda, le contesto.
"Fue encontrado… los guardia del palacio lo encontraron y se lo llevaron, y desde entonces no se ha tenido noticias de él."
"¿Estas segura?"¿Tu lo viste?" el hombre pregunto con una entonación firme.
"Por completo. A mí también me hubiesen encontrado, pero mi carruaje perdió una rueda y llegue tarde. Alguien nos traiciono." La mujer dijo en voz baja. "Es la única explicación. Naraku, tiene que decirle al comandante."
¡Naraku! Kagome se acordaba de él. Había sido la mano derecha de Sesshomaru desde que este salía de viaje a todos aquellos países. Alto y refinado, el señor Naraku sabía combinar el carácter frio con el malévolo. Era alto, su nariz era afilada, su cabello negro como el ala de un cuervo, y tenía unos ojos profundos y de un color violeta. Tenía cierto poder de convencimiento que seducía tanto a hombres como a mujeres. Vestía bien, y su estilo era como el de un típico Lord combinado con la de un hombre de guerra.
"Lo entiendo, Kanna." Respondió Naraku. "Se lo diré al comandante. Ahora tienes que irte a descansar. Has hecho un largo viaje y te ves cansada."
"Yo le trasmitiré las palabras al señor Taisho." Exigió la mujer.
Naraku no se mezclaba con la servidumbre. En la cocina se bofaban de él a sus espaldas, y, lo que era más importante, al padre de Kagome nunca le había agradado. Decía que era un hombre de cuidado. Y Kagome sabia respetar algunos de los juicios de su padre.
En ese momento no le gustaba en nada como se dirigía asía la mujer.
"Está ocupado, Kanna."
"Lo sé, pero…"
"¿Me estas ocultando algo Kanna?" el tono de Naraku parecía duro. Típico de un capitán acostumbrado a mandar y a quien siempre se le daba la razón.
"No, pero…"
"Entonces yo le informare al comandante. Veras que todo va a ir muy bien."
"Han salido tantas cosas mal que eh temido por mi vida, Naraku." Dijo la mujer con tristeza en su voz
"Me encargare de todo."
Kagome ya no entendía muy bien lo que se decía porque las voces se iban alejando. Quiso perseguirlos, pero ella no debía meterse en esos líos.
Y una alarma se encendió en su cerebro: ¿El señor Taisho estaba en peligro? ¿Por qué una mujer temía por su propia vida? ¿Por qué... estaba escuchando cosas que no debía?
Kagome volvió a escuchar pasos acercándose. Dos hombres entraron y cerraron la puerta tras sí, y Kagome se pregunto si debía de llamar la atención de aquellos caballeros para que notaran su presencia.
"No quería verlo. Quería regresar de inmediato. Ya sabe lo extraña que es." Dijo Naraku.
"Debiste de haberme llamado." El señor Taisho parecía molesto. El asunto más que nada parecía serio.
"Se ha ido. Dijo que la captura de nuestro hombre parecía pura coincidencia. Estaba en la hora y el momento equivocado."
Kagome se pegunto cuanto se habría perdido de la conversación de Naraku con la mujer. O… podría ser que Naraku no comprendiera un japonés tan corriente como los que hablaba los sirvientes.
"Envía a alguien tras ella." Ordeno Sesshomaru en un tono dominante.
"Sí, señor Taisho."
Kagome vio como el señor Naraku se alejaba con zancadas grandes.
"¿Señor Taisho? ¿Señor?"
Sesshomaru giro solo su cabeza, parecía haberse dado cuenta desde el principio que ella estaba allí. Camino asía ella y se paro justo enfrente, tocando con la punta de sus pies los pliegues del vestido. Se inclino por saludo y se irguió cuando ella inclino su cabeza.
"¿Vienes a mi despacho y me saludas sin un beso?"
¿Cuándo el frio señor Taisho había aprendido a ser tan desconcertante?
"Se acabaron los besos. Ya no volveremos a hacerlo."
Sesshomaru se aparto de ella con una ceja levantada por la sorpresa. ¿Por qué rayos la joven no estaba entusiasmada por sus besos? Y cuando iba a hacer algo al respecto, la joven hablo.
"El señor Naraku no entendió bien a la mujer." Kagome supo que lo había dicho de forma extraña. "Es decir, estaba sentada aquí, cuando escuche a el señor Naraku hablar con esa mujer, Kanna…"
"Naraku hablo con ella en la noche." Sesshomaru se desconcertó.
Kagome no supo que decir. "Supuse que hablaban de la mujer que estaba justo afuera de su despacho."
"¿Acabas de oír a Naraku hablando con una mujer?"
"Si, hace un momento."
Sesshomaru la miro de hito en hito, una mirada que parecía que le iba a arrancar la piel.
"¿Qué dijo esa mujer?"
"Que una persona fue encontrado y detenido. Que ella estaba a punto de verse implicada, pero debido a un accidente no la encontraron. Quería hablar con usted… dijo que quería hablar con el comandante, pero Naraku le dijo que no. Que usted estaba demasiado ocupado. La envió a descansar a algún sitio."
"¿Estas segura de lo que estas acusando a Naraku?" la pregunta fue hecha con cautela.
"Lo estoy acusando de no entender exactamente el mensaje como yo lo he entendido."
Sesshomaru guardo silencio, imaginando, planeando. Dio la espalda a la joven y analizó la conversación. Se volvió a ella con precisión.
Ya no tenía aspecto severo y, aunque no era Inuyasha (ella no conocía a hombre más guapo), trasmitía cierta fuerza y seguridad en cada movimiento. Las quejas que ella le había mencionado sobre Naraku habían provocado mayor inquietud de la que ella había esperado; pero estaba segura que es señor Taisho se aria cargo de todo.
En la cara de Sesshomaru se asomo una pequeña sonrisa.
"Higurashi, desde el principio te consideré una mujer de rara sensatez. Hablas sin que alguien te haga una pregunta y respondes sin que alguien te allá pedido tu opinión. Pero me alegra ver que seas una mujer cumplida."
La falta de tacto provoco en Kagome el deseo de soltarle una cachetada, pero a la luz del día la sonrisa que le proporcionaba el señor Taisho parecía más peligrosa que el beso que se habían dado.
"También confirma mis sospechas de usted, sin faltar el respeto, sigue siendo el mismo hombre que cree que con un solo vistazo conoce a las personas." Sentencio ella observándolo de forma grave. Pero enseguida se dio cuenta de que había abierto la boca sin pensar y que ahora su castigo era la forma fría con la que la miraba el señor Taisho. "Discúlpeme." Ella se puso de pie, y él se alejo de ella. Kagome lo siguió hasta que él se detuvo y ella tuvo que hacerlo también para no chocar. "Señor Taisho, yo…"
Sesshomaru se giro y le puso un dedo sobre los labios. "Prométeme que no mencionaras nada sobre la mujer llamada Kanna."
Kagome tenía los ojos abiertos por la forma en que el la había sorprendida. Y como pudo se limito a asistir.
"Basta de hablar de eso." Dijo el apretando su dedo contra los labios de la joven. Por alguna razón le gustaba hacerlo. "Mejor hablemos de…"
"Lo que no podemos volver a hacer. Señor Taisho, eso no estuvo bien. Soy consciente de que solo fue un momento de fantasía provocado por la música y el hecho de que usted había bebido…"
"El alcohol nunca me ah echo fantasear." Sesshomaru se molesto por el comentario de la chica. Arrugo sus cejas.
Eran unas cejas bastante bonitas, pobladas y grises, que discurrían sobre unos preciosos ojos dorados adornados de unas pestañas negras y largas. Kagome se sorprendió por la deducción que estaba sacando.
"Siento que debo aclarar mi postura." Susurro Kagome.
Sesshomaru la miro de forma interrogante.
"¿Tu postura sobre qué?"
Kagome se quedo muda. No podía creer que el hombre no notara su desesperación.
"¡Sobre el beso!"
"Historia vieja Higurashi." Dijo quitándole importancia al asunto. "Dejando a un lado el tema…"
"Hoy tenía la ilusión de ver a Inuyasha." Se apresuro a decir la joven, antes de cometer algún error.
"¿Inuyasha?" sorprendido por el cambio de conversación, sus ojos denotaron un cierto brillo.
"Sus ojos se parecen a los de Inuyasha." Pensó Kagome sonrojándose.
"No querrá verte hoy." La expresión de frialdad regreso a su rostro.
"Señor Taisho, no me importa ver unas cuantas manchas."
"Ya no son solo manchas. Tuvo un pequeño accidente. Todos los sirvientes se dieron cuenta. Me sorprende que no te hubiese enterado de nada."
"Y ahí estaba, el grosero y desesperante señor Taisho." Pensó Kagome ignorando lo que había dicho el comandante. Entonces cayó en cuenta. "¿él está bien?" su voz sonaba consternada.
Sesshomaru sonrió de lado. "Entro a oscuras a el cuarto equivocado. Se cayó y rompió la puerta corrediza. Las sirvientas que se encontraban cerca rompieron en llanto por el susto; y las doncellas de las niñas pegaron tales gritos por el ruido que las despertaron."
"¿Él se lastimo?" pregunto desesperada.
"Si." Y fue lo único que quiso responder, dejando a una Kagome ansiosa de saber más.
"Señor Taisho, tengo que ser honesta con usted. Me casare con su hermano. Puedo conseguir que el me ame y…"
"Me lo imagine. Así que te ordeno que nos acompañes a un paseo hoy en la tarde."
"¡No me cambie el tema señor…!"
De pronto comprendió lo que acababa de decir Sesshomaru, y palideció. Sin duda alguna jamás ninguno de los trabajadores había sido invitado a tal evento a menos solo para servir. Lady Izayoi era famosa por las reuniones que hacía y el hecho de que la estuvieran invitando solo mencionaba una cosa… ¡estaban aceptando que ella se casara con Inuyasha!
"¿Fue idea de su hermano?"
Sesshomaru hizo un rápido y seco movimiento con su ceja izquierda. "Inuyasha me encargo que cuidara de ti. He decidido que los invitados te conozcan en un paseo a los terrenos."
La mente de Kagome regreso a su habitación. Tenía que pedir prestado algo para convivir entre japoneses.
"En tu lugar no mencionaría por ahora que eres hija de quien eres."
Kagome pensó en sí debería ofenderse. "Señor Taisho, el es mi padre, jamás negaría que soy su hija."
"Solo hasta que tengas el hermoso anillo que porta Kikyo en su dedo, podrás considerarte su prometida. Y siendo así la alta sociedad no tendrá porque rechazarte." Sesshomaru le presento una ilusión que solo ella había albergado en su mente.
Y se burlaba. Sin que ella notara alguna sonrisa en su cara o burla en sus palabras, Sesshomaru se divertía tanto ilusionándola. La pobre, tonta y sobre todo ingenua señorita Higurashi, en verdad que era toda una chica crédula.
"Ven conmigo. Te llevare a los aposentos de Inuyasha."
Le sujeto del brazo, como lo hacían los enamorados y comenzaron a caminar. Kagome sintió un cosquilleo, ahí donde descansaba su brazo alrededor del de Sesshomaru, mientras sus dedos tocaban la fina tela de sus ropas. Tiro un poco asía atrás, tratando de detener aquel acto de intimidad, pero él se lo impidió.
El paseo por la casa estuvo lleno de pocos obstáculos con apariencia de invitados que se habían levantado antes del mediodía en busca del desayuno. Todos se habían detenido a saludar a el señor Taisho y ser presentados a Kagome, algo que el anfitrión hizo caso omiso y se paso de largo sin excusarse. Así era Sesshomaru, nunca daba explicaciones.
Kagome desconocía que aspecto tenían el señor Taisho y ella juntos; solo los invitados podían ver esa extraña imagen. Estaba segura que comenzarían con sus habladurías… pero que más daba lo que pensaran. Ella sabia la verdad y pronto todos los demás también, y esa verdad era que ella seria la mujer de Inuyasha.
Inuyasha, aquel hombre que amaba de verdad, con quien se casaría. Y la reacción de Sesshomaru fue de aceptación. Kagome se había preparado para la lucha, y él se había limitado a encogerse de hombros. El señor Taisho había recibido la noticia tan bien que tenía miedo, y una sola pregunta giraba en su mente: ¿Por qué?
"Aquí es." Sesshomaru la soltó e hizo un gesto en la cabeza para que ella golpeara la madera.
"Inuyasha, soy yo… Kagome." Dijo la joven pegando a la puerta doble de madera.
Al principio no se escuchó nada, pero al cabo de unos segundos, la puerta corrediza se abrió… solo para dejar ver los ojos ambarinos de Inuyasha.
"Kagome, ¿eres tú?" la voz de Inuyasha sonaba ilusionada.
Kagome apretó las manos en su vestido. "Inuyasha eh venido a verte."
"No."
Kagome voltio a ver a Sesshomaru, quien estaba inmóvil detrás de ella y tenía su rostro de forma inexpresiva. Muy bien; al menos Inuyasha tenía un rostro hermoso. Kagome miro a la puerta.
"A mí no me importa tu aspecto."
"Ya no duele la cabeza. Pronto te veré. Tal vez me corte el cabello de forma nueva y original."
Kagome no entendió porque su amado comentaba lo último. "Solo quiero verte." No lo dijo en voz alta pero si deseaba hacerlo, más que nada para deshacerse de la imagen de su molesto hermano mayor.
"¿Estas ahí, Sesshomaru?" Pregunto Inuyasha.
"Si."
"¿Estas cuidando de Kagome como te lo pedí?"
"Si."
"Sesshomaru cuidara de ti Kagome, sé que es aburridísimo e insoportable, pero siempre cumple sus promesas. Sigue sus reglas y haz lo que él te pida. Te prometo que estaré muy pronto contigo."
"Eres un estúpido Inuyasha." Sentencio el mayor de los Taisho.
"¡Maldito Sesshomaru, si no fuera porque estoy convaleciente te juro que te golpearía! "! Retráctate de lo que has dicho"
"Ni aun cuando estuvieses afuera de esa habitación serias capaz de ganarme en una pelea." Sesshomaru se burlo.
"¡Sesshomaru, me las vas a pagar…!" Grito Inuyasha molesto.
"Basta. Los dos." Advirtió la joven con sus dotes de institutriz.
Los dos se callaron. Sesshomaru le hizo un gesto con la cabeza de que era hora que se retiraran.
Ella apretó las manos contra la madera, y se pego a la puerta para ver si así podría sentir el calor de su amado.
"Lamento… todo."
"Ve con el idiota de Sesshomaru, y te veré mañana." Inuyasha sonó triste.
Sesshomaru la rodeo con la cintura y la aparto de la puerta.
Kagome quería negarse a marchar. Para así poderle insistir a Inuyasha de que siguiera hablando con ella. Pero la puerta se cerró con firmeza y el desapareció. Molesta se soltó del agarre de Sesshomaru, pero al hacerlo se tropezó.
Sesshomaru la sujeto por debajo del brazo. "Inuyasha te menciono que yo cuidare de ti. Y tengo que hacerlo."
Estaba enojada. Nada marchaba como debería. Y se enfureció más al escuchar que el señor Taisho solo la ayudaba porque Inuyasha se lo pedía.
Miro de soslayo al hombre que la detenía.
Aquel hombre era un misterio. Aparentemente era su aliado, sin embargo… no era el hombre que ella recordaba. El hombre que ella recordaba… pues la verdad no recordaba mucho de él, ya que por su culpa ella se tuvo que ir a Francia. Pero también le daba las gracias porque pudo volver como toda una dama.
Llegaron al rellano de la escalera de la tercera planta.
"Creo que va siendo hora de que conozca a mis pupilas." Kagome menciono rápidamente
Sesshomaru se sintió sorprendido. "No. Quiero que te prepares para el paseo en el jardín."
"Señor Taisho, el paseo no es hasta dentro de cuatro horas."
Sesshomaru dio media vuelta y se dirigió hasta la primera planta.
"Dispón de las doncellas que te hagan falta. Escucharte hablar con Inuyasha me recordó que tienes que dar muy buena presentación."
"¿Y las niñas?"
"No te la presentaré en este momento. Al menos, hasta que descubramos cuales será tu verdadero cometido." Estas palabras tenían un doble sentido, mas Kagome no lo interpreto así.
"Pero…"
"La alta sociedad puede distinguir muy fácilmente a aquellos que no pertenecen a la misma. Cuando aparezcas, quiero que estés lista." Habían llegado al pasillo que conducía a la habitación provisional de Kagome. Sesshomaru hizo una reverencia. "Por supuesto, tu belleza es un arma perfecta."
La dejo ahí de pie, mirándolo fijamente mientras se alejaba, sintiéndose desdichada y confundida.
¿Qué era lo que le pasaba al señor Taisho? ¿Por qué no la dejaba conocer a las niñas?
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"Padre, ¿Dirías que el señor Taisho se ha vuelto loco?"
Higurashi levanto la vista de sus plantas para poder mirar a su hija, parada junto a su otro hijo quien llevaba una bandeja en las manos.
"Te trajimos la comida." Dijo Sota con una sonrisa.
"Gracias." Se puso de pie, se quito los guantes y, se estiro para desentumecer su espalda. Kagome sabía que él jamás dejaría ese trabajo aun y cuando a veces le doliera el cuerpo.
Kagome sabía muchas cosas de él. Lo mucho que había llorado a su madre. Lo mucho que se había preocupado por ella y Sota. Lo que Kagome no comprendía era a sí misma y el lugar que ocupaba en el mundo, y a Higurashi se le desgarraba el corazón cada vez que se acordaba de la dura que sería la caída de su hija cuando todo eso acabara. Pero nadie sabía mejor que el que un joven tenía que aprender las lecciones por sí mismo.
"¿Loco, dices?" Tomo la bandeja proporcionado por su hijo. "El amo Sesshomaru, ¿no?"
"Creí que estabas hablando de el joven Inuyasha." Sota la miro confundido.
Kagome sonrió. "Al joven Inuyasha le ha dado una fuerte urticaria." Puso una manta en la hierba e invito a su familia a sentarse.
"¿No me digas?" Higurashi se sentó con cuidado de no tirar el arroz y las guarniciones de su plato. "Una dolencia un poco tonta."
"¡Le pica mucho!" Kagome se puso a la defensiva.
"Apuesto a que no deja que nadie lo vea." Higurashi asistió con la cabeza después del suspiro delatador de su hija.
"Es un engreído el joven Inuyasha." Sota rio, y su padre también lo hizo.
"¡Ustedes dos no entienden que el tiene todo el derecho de ser así!" Molesta Kagome le dio una vasija que contenía agua.
"Dicen que tuvo un accidente en la noche." Dijo Sota riéndose.
"Escuche que se cayó." Susurro Kagome con la mirada triste. Por culpa de un incidente como ese, ella no podía estar con Inuyasha.
"Dijo Shippo, que entro en el cuarto equivocado y se desmayo rompiendo las puertas de madera." Comento Sota bebiendo agua.
"¿Se metió al cuarto de las niñas?"
"Shippo dijo que el joven Inuyasha buscaba la habitación de cierta mujer de aroma a Ylang-Ylang."
Kagome se sonrojo, la había buscado a ella.
"Pero entro a la habitación que comparten Kikyo y su madre. Y se acostó en el futon de su futura suegra. Y esta, al darse cuenta, grito tan fuerte que lo ha dejado sordo por unas horas. Kikyo le rompió un recipiente de porcelana en la cabeza."
"¡¿Lady Kikyo, hizo que?!" grito Kagome sorprendida
"La gente asustada comete muchos errores. En este caso, Kikyo al no saber quién era el intruso, actuó de forma salvaje. Dejo inconsciente al joven Inuyasha. Por ahora se encuentra bien… pero tardara unos días más en recuperarse." Susurro el señor Higurashi.
Kagome no pudo evitar sonreírle a su hermano. "Pobre Inuyasha." No pudo dejar de reír. Hasta que vio como su padre sonreía un poco y como Sota soltaba la carcajada. Se dio cuenta de que estaba mal, y aun más enfrente de su familia.
"Basta de risa, compartamos el almuerzo." Menciono Higurashi, mientras su hijo y Kagome, aun con una sonrisa, agarraban un poco de arroz.
"Pensé que Sota te estaría ayudando a arreglar el jardín." Kagome señalo más allá del césped, asía una loma donde se podían ver una docena de doncellas y lacayos apresurándose por los preparativos de esa tarde.
"Hice una parte, hermana." Protestó el adolecente.
"Está bien así, las flores están en su esplendor." Dijo Higurashi con los ojos cerrados. No tenia que mirar para ver la zigzagueante línea de setos, caminos y muros que ascendían hasta lo alto de la colina. Allí, el comandante Inu no Taisho había construido una pagoda. Se había construido para que pareciera una ruina.
En los últimos años nadie había ido a ese lugar a orar, excepto la señora Taisho, a quien Higurashi había visto demasiadas veces rezando por su difunto esposo. Higurashi había visto tristeza en los ojos de la hermosa mujer, así que hizo lo que pudo con la pagoda. Había plantado algunas rozas salvajes para que treparan y dieran color en primavera, y algunas otras flores para que despidieran su aroma.
A lady Izayoi sonrió, demostrando lo mucho que le había fascinado como Higurashi había dejado el lugar; subía cuando tenía ocasión, los escalones para poder ver la perspectiva de los jardines circundantes.
Para Higurashi, ni siquiera los pequeños jardines, los jardines vallados, los caminos plagados de arboles y el gran jardín central de la grandísima mansión; hacían que su corazón se hinchara de emoción como ver a la bellísima señora Taisho sonreírle como lo había hecho aquella ocasión.
Lo malo era que rara vez, desde que había muerto su señor, la había visto sonreír así.
Higurashi, mastico el arroz despacio, trago y al ver que sus dos hijos lo miraban con interés, el volvió a la realidad.
"Me parece que el señor Taisho es un hombre sensato. ¿Qué te hace pensar que está loco?"
"Un montón de cosas." Kagome se puso nerviosa. "Anoche bailo conmigo."
"¿¡QUE!?" grito sorprendido Sota.
"Baja la voz sota." Higurashi voltio a ver si alguien más escuchaba su conversación. Y cuando se dio cuenta que nadie los miraba añadió: "Eres una chica bonita."
"Pero padre, el no acostumbra a bailar." Mencionó Sota aun con sorpresa.
Ella asistió con la cabeza. "Me hablo toda la noche de lo mucho que le había gustado que regresara."
"Quería apartarte de la fiesta y del joven Inuyasha." Higurashi descubrió el juego de su señor enseguida.
"No, Inuyasha se lo pidió."
"Eso es lo que eh dicho."
"Entonces, ¿crees que de alguna manera el señor Taisho le provoco urticaria al joven Inuyasha?" Sota intervino por su hermana.
"Yo también lo creí así." Mencionó ella al ver que su padre asistía.
Higurashi quería consolarla pero no sabía cómo. Ya le había dicho de lo que pensaba sobre su plan de atrapar al joven Inuyasha. Ella ya no quería volver a oír eso, así que su padre le deseo mucha suerte.
"Pensé que iba a conocer a las niñas hoy, pero el señor Taisho me dijo que tenía que arreglarme para poder ir al paseo."
"¡Ah!, ¿y te encargaras de los sirvientes?" pregunto Sota con una sonrisa.
"Bueno…" Kagome se agarro la falda con nerviosísimo. "Me han invitado."
Higurashi dejo de comer y Sota casi se atraganta con lo que tenía en la boca.
"¿El señor Taisho te ha invitado?"
"Así que ya ves padre, todos mis planes están saliendo bien, hasta ahora tengo la aceptación del señor Taisho." Kagome sonrió con descaro.
Pero Higurashi percibió el nerviosismo debajo de la sonrisa. "¿Estará ahí el joven Inuyasha?"
La sonrisa de su hija se borro.
"No, pero… El parece más agradable de lo que recordaba." Kagome desvió su mirada asía los jardines.
Higurashi dejo a un lado su tazón de arroz. "¿El señor Taisho?"
"También parece más solitario y serio."
"¿El hermano mayor?" pregunto Sota confundido.
"El único motivo que se me ocurre, por el cual no me quiera presentarme a las niñas, es que el me dijo: que le preocupaba tanto que yo diera buena impresión, que quería que me fuera arreglando desde ahorita."
Higurashi y Sota se miraron confundidos, e intentaron intervenir, pero Kagome siguió con su discurso:
"Aunque pensándolo bien, todo lo que tengo que hacer es asearme y cambiar de vestido. Mientras tanto iré a conocer a las niñas por mi cuenta; así el dará cuenta que soy una mujer eficiente."
Para cuando Higurashi iba a protestas, Kagome ya se había despedido de ellos y caminaba rápido a la mansión.
Sacudiendo la cabeza, deseo que el dolor que su hija sentiría pasara pronto. Pero Kagome tenía que aprender ciertas verdades, y lo peor es que él no podía ayudarla.
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Sesshomaru recorrió a grandes pasos el pasillo que llegaría directo a la habitación de su madrastra, mientras su mente analítica ponía en claro los hechos.
Era capaz de resolver problemas difíciles. Sabía mandar a cientos de hombres; sabia conducir una fiesta, bailar un vals y besar a Kagome hasta someterla… pero apenas y podía confiar en alguien que no fuera Naraku.
Golpeo con firmeza la puerta de lady Izayoi. La doncella abrió, dispuesta a pegar de gritos a aquel que había interrumpido, pero se detuvo al verlo. Ella hizo una reverencia.
"¿Señor?"
"Quiero hablar con Izayoi enseguida." La doncella cerró un momento la puerta. Sesshomaru la oyó hablar, y casi al instante, la mujer estaba de vuelta.
"Está terminando de arreglarse, mi señor, pero dice que puede pasar."
Siguió a la doncella al vestidor, y allí vio a su madrastra con la bata aun puesta, la cara sin pintar y el pelo lacio cayéndole en la espalda, tan largo y fino como era. En ese momento, ella mostraba la belleza natural que tenia.
"Querido, ¿Qué es ese problema que no puede esperar?" parecía tranquilamente interesada.
"Ese problema es la hija del jardinero."
La mujer enarco las cejas de pronto.
"¿Qué quieres decir con eso?"
"Afirma que Naraku mintió sobre el mensaje que me dio hoy."
"¿Por qué diría eso?" Pregunto lady Izayoi mientras la doncella comenzaba a pintarla.
Sesshomaru explico la situación mientras la doncella terminaba de peinar a lady Izayoi. Cuando termino de hacerlo, la dama quito de la mano de la doncella, el labial rojo.
"Querida, ¿Tendrías la amabilidad de ver si puedes encontrar a Kanna dentro de la casa? Tenemos que hablar con ella. Date prisa y no dejes que Naraku te vea."
La doncella rápidamente abandono la habitación.
"Es difícil que alguien salga victorioso en una guerra como la que te toco a ti, hijo."
Enfocado por la inoportunidad, se mantuvo sereno y reflexivo. "Tendré que aumentar la vigilancia en la mansión."
"Las niñas." Lady Izayoi se llevo la mano al corazón. "Dales la mínima oportunidad y no dudaran en llevárselas como rehenes."
Sesshomaru ya había pensado en eso, y un sentimiento extraño le revolvió las tripas.
"Las niñas serán vigiladas por un guardia, que estará con ellas en todo momento." Ninguna precaución estaba de mas, el había escogido con cuidado a todos sus hombres y sabia que todos estarían dispuesto a dar su vida por él. "Si encontráramos a Kanna, ¿Qué pasara luego?."
"Pues tendremos que buscar a otro capitán. Si encontramos a Kanna sabremos que Naraku te ha estado traicionando."
Pero… ¿Por qué Naraku les mentiría? ¿Por qué traicionaría todo por lo cual Sesshomaru había estado esforzándose? ¿Por qué se arriesgaba a que el comandante Taisho arremetiera contra él?
"Dinero." Dijo lady Izayoi respondiendo las preguntas que giraban en la mente de Sesshomaru. "Querido, sé que es tu amigo, pero reflexiona. Cuando le conseguiste una plaza dentro de tu orden militar, no dudo en derrocar al otro capitán, y él obtener el puesto. Además, demostró tener enemistad con nuestro mas preciado amigo Miroku."
"Siempre ha sido de confianza para mi, y eso me basa. Miroku es muy buen abogado, sé que es de confianza para la familia; pero Naraku..."
"Naraku se esta asiendo mayor, y a pesar de su capacidad como capitán, sigue siendo eso… un simple hombre." Lady Izayoi se inclino sobre el espejo y esparció un poco de rubor en sus mejillas.
Sesshomaru suspiro. "Me salvo la vida."
Los dedos de la dama tambalearon, dejando caer la brocha. Voltio de lleno a él y lo miro sorprendida. "¿Eso hizo?"
"Recibió una cuchillada que iba para mí."
"¿Hace cuanto sucedió eso?" Pregunto su madrastra dándole demasiada importancia.
Sesshomaru solo desvió su mirada a la ventana que tenía más cerca.
Lady Izayoi no recibió respuesta. Se puso de pie y camino asía él, hasta quedar a escasos veinte centímetros de distancia.
"Su padre era un barón, y su madre, hija de un conde, y una de las mujeres mas frías que eh conocido. Naraku creció en la aristocracia, y se suponía que ocuparía un lugar muy importante en la sociedad. Pero eso fue antes de que su padre lo perdiera todo en una sola partida de Hanafuda ("juego de las flores" es una baraja de cartas Karuta: barajas tradicionales de naipes japoneses) y se pego un tiro." La mujer agarro las manos de su hijastro y las unió con las suyas. "Tú eres respetado. Eres guapo y rico. Y él te tiene envidia." Sentencio la mujer. "Además, ha estado detrás de Kikyo desde hace varios años. A tu hermano lo ha de odiar también."
Sesshomaru soltó las manos de su madrastra y se alejo de ella.
"Higurashi también podría sentir envidia de nuestra familia. Es la hija de un sirviente y por eso está desesperada por casarse con Inuyasha. Podría estar departe del ejército del sur. Tiene lógica."
"No hay nada imposible." Mencionó la mujer sintiendo un vacio en su pecho.
Esa no era la respuesta que Sesshomaru estaba buscando.
"No tienes que sucumbir ante una cara bonita. Hombres más viejos que tu han caído en las trampas de Ryukotsusei."
El se volvió asía su madrastra. "No tiene sentido que deshonrara a su padre. Y tampoco tiene sentido que viniese a conquistar a Inuyasha cuando aquí el pez más gordo soy yo."
"¿Dónde está Higurashi?" pregunto con la típica voz tierna que la caracterizaba, cosa que molestaba a Sesshomaru, ya que nunca cambiaba. Aun y cuando se pensaba que la hija del jardinero era la traidora.
"Le he dicho que la invitaba al paseo de hoy." Lady Izayoi lo miro como si estuviera loco. "Ryukotsusei es un idiota si piensa que me enamorare de una joven tan común como ella."
Su madrastra rio un poco. "¿Te resulta repulsivo que piensen que una mujer sea tu punto débil?" el silencio de Sesshomaru le respondió, junto con su típica mirada de advertencia a la que ella ya estaba acostumbrada. Su esposo siempre cargaba esa misma mirada. "No puedes culpar de todo a la señorita Higurashi. Ahorita Inuyasha está controlado por los múltiples accidentes que ha tenido; así que podremos concentrarnos en los problemas con Naraku."
"Tengo más que controlado a Inuyasha." Sesshomaru se dirigió a la puerta y salió.
CONTINUARA…
