Capítulo 8 - ¡Perdidos en la Zona Safari! ¡El regreso a Ciudad Plateada y el misterioso hombre!
Dos semanas más tarde …
Después de un interminable y agotador viaje en el que tuvo que ir tanto en bici como andando, Red llegó a su próximo destino: Ciudad Fucsia. Era una ciudad famosa por la llamada Zona Safari, un lugar de gran atracción turística donde se podían atrapar pokémons de lo más raros y especiales:
- ¡Ya he llegado! - exclamó Red -. ¡Qué emoción!
Al llegar a recepción, le aprovisionaron con unas pokéballs especiales que eran las que debería utilizar dentro de la Zona Safari, pero también tuvo que dejar a sus pokémons con los recepcionistas:
- Esperamos que tengas una buena captura - dijeron los recepcionistas.
Y Red se aventuró a la Zona Safari. Primero tomó una balsa y viajó a través de un riachuelo hasta una zona boscosa.
- Veamos qué pokémons me encuentro por aquí … - decía Red -. Aunque también me pregunto cómo voy a atrapar un pokémon sin luchar … ¿Qué querrán haber dicho con que "aproveche lo que tengo a mi alrededor"?
De pronto, Red avistó un pequeño pokémon con forma de zorrito marrón, de enormes orejas y grandes ojos, muy familiar.
- ¡Pero si es un Eevee! - exclamó Red, atónito -. ¡No me lo puedo creer! Ya tengo uno, pero quiere ver si éste reacciona igual …
Red siguió a Eevee, que echó a correr. Pero Red consiguió seguirle el rastro, y le acorraló contra unos árboles.
- Venga, pequeñajo, no te voy a hacer daño - dijo Red, arrodillándose frente al pequeño Eevee -. ¡Quiero ser tu amigo!
Se dio cuenta de que aquel Eevee estaba algo sucio y parecía un poco asustado.
- **Qué raro …** - pensó Red.
Entonces, se dio cuenta de que allí había alguien más. Giró la cabeza y encontró que, sentada junto a unos arbustos, había una niña mirándole fijamente.
- ¡UAAAH! - gritó Red, cayéndose al suelo de culo del susto.
La niña no dijo nada, aunque no dejó de mirarle. Era un año menor que Red, y habría resultado mona de no ser por lo sucia que estaba. Su rostro denotaba cierta indiferencia, pero también presentaba algún síntoma de tristeza.
- Qu … ¿Quién eres? - preguntó Red.
- Puedes llamarme Amy - murmuró la niña -. Y ese Eevee es mío.
- Ah … - dijo Red, dándose cuenta de que aquella niña no le haría nada -. Bueno, Amy, yo me llamo Red. Y he venido …
- Supongo que habrás venido a atrapar los pokémons más raros de aquí, como todos - dijo Amy, aburrida.
Eevee correteó hacia ella y se acurrucó en su regazo.
- ¿Vives aquí? - preguntó Red.
- Nadie sabe que estoy aquí - respondió Amy -. No está permitido para los humanos cobijarse aquí. Al igual que nunca encontrarías un Eevee en la Zona Safari.
- Entonces, ¿qué haces aquí? - preguntó Red -. ¿Has venido a atrapar pokémons y te has perdido? Puedes venir conmigo, si quieres. Yo te llevaré a la salida.
- Sé dónde está la salida - afirmó Amy, serenamente -. Estoy viviendo aquí por propia voluntad.
- ¿Pero no eres muy pequeña para …? - preguntó Red, alucinando -. Oye, ¿dónde están tus padres?
- No están - respondió Amy.
Red sintió cómo el alma se le caía a los pies. Amy sumergió su rostro en una expresión de profunda tristeza y se abrazó con fuerza a su Eevee:
- Me separaron de mi hermano - explicó Amy, tristemente -. A él le llevaron a un orfanato de Johto, y yo escapé.
Amy lucía unos enormes y bonitos ojos de un color que se debatía entre rosa y morado. Red se apenó al escuchar eso.
- Llegué a Kanto por mi propio pie - añadió Amy -, y en el camino conocí a Eevee, que me acompaña desde entonces.
- ¡¿Viniste desde Johto hasta Kanto tú sola? - gritó Red, alucinando.
- Sí … - respondió Amy -. He estado medio año vagando por Kanto y he decidido alojarme en Ciudad Fucsia. Pero como sé que nadie me querrá acoger, he decidido quedarme aquí.
- Amy, siento mucho todo esto - dijo Red -, pero este no es lugar para vivir. ¡Los pokémons podrían atacarte! E Eevee no podrá contra todos ellos, a parte de que necesitará que restaures su salud de vez en cuando.
Amy pestañeó y miró a Red, con tristeza.
- Venga, sal de aquí - dijo Red, extendiendo su mano hacia ella -. Ven conmigo.
Finalmente, Amy se levantó.
- Bueno - dijo -, Red, si quieres, te acompañaré por la Zona Safari. La conozco perfectamente y sé los pokémons que aparecen en cada zona.
- ¿De veras? Vaya, ¡gracias! - exclamó Red, agradecido.
Media hora después …
Amy había guiado a Red por la mayor parte de la Zona Safari y habían visto todo tipo de pokémons, incluido algún Dragonair, un bello pokémon de tipo dragón. De pronto, oyeron un estruendo, seguido de dos rugidos:
- ¿Qué ha sido eso? - preguntó Red, alarmado.
- Probablemente dos Nidokings que se estén peleando por una Nidoqueen - respondió Amy.
- ¡Nidoking! - exclamó Red, ilusionado -. ¡Ese pokémon es brutal! ¡Tengo que atraparlo!
Red, Amy e Eevee se acercaron hasta donde estaban los temibles Nidokings forcejeando. Red sacó un Safari Ball:
- ¡Bueno, a ver qué tal funciona esto! - exclamó Red, lanzando aquel diferente tipo de pokéball.
- Espera - dijo Amy -, antes deberías …
Pero la Safari Ball pasó volando entre los dos Nidokings y tuvo tanta suerte que atrapó a Nidoqueen.
- ¡Oh, no! - exclamó Amy -. ¿Qué has hecho?
- Vaya … - murmuró Red, cogiendo la pokéball con Nidoqueen dentro.
Los Nidokings rugieron y se abalanzaron sobre Red.
- ¡Por aquí, Red! - exclamó Amy, cogiendo a Eevee en brazos.
Red siguió a Amy por todo un bosque, mientras los pasos de los Nidokings retumbaban tras ellos. Un rato después, dejaron de oírse.
- ¿Les hemos despistado? - preguntó Red, resoplando.
- Eso parece - dijo Amy, secándose el sudor de la frente.
Eevee pareció olisquear algo en el ambiente e, instantes después, se abalanzó sobre Amy, apartándola justo a tiempo para que no fuera capturada por una enorme cepa cuya punta estaba afilada.
- ¡Uagh! - gritó Red.
El chico, en cambio, sí que fue capturado.
- ¡Red! - exclamó Amy.
De entre los árboles apareció el pokémon que había atrapado a Red. Se trataba de un enorme pokémon de tipo planta llamado Victreebel, que tenía forma de campana y era famoso por sus jugos venenosos.
- ¡Un Victreebel! - exclamó Amy -. ¡Eevee, mordisco!
Eevee mordió las cepas de Victreebel y se quedó enganchado. Victreebel, furioso, empezó a agitar sus cepas, tirando a Eevee contra el suelo.
- ¡Amy! - gritaba Red, mientras Victreebel ya le levantaba del suelo -. ¡Haz algo, por favor!
Amy sacó de su mochila un pedrusco naranja con una llama pintada y se la acercó a Eevee, que empezó a brillar hasta evolucionar en su forma de fuego.
- ¡Es …! - exclamó Red.
- ¡Flareon! - exclamó Amy -. ¡Lanzallamas!
Flareon disparó un chorro de fuego por la boca, incinerando a Victreebel, que se agitó y lanzó a Red por los aires.
- ¡AAAAAAAHHHHHHHH! - gritaba Red.
- ¡Oh, no! - exclamó Amy, preocupada.
Guardó el pedrusco naranja, con lo que Flareon volvió a ser Eevee, y él y Amy echaron a correr por la zona por la que había salido volando Red.
- ¡Red! - exclamaba Amy.
Le encontraron colgando de un árbol … con otro Victreebel hambriento esperando debajo, acompañado de una manada de Weepinbells.
- ¡Aah! - chilló Amy.
Finalmente, Red tuvo que dejarse caer, y tuvo tanta suerte que cayó al borde de la boca de Victreebel.
- ¡Red! - gritó Amy -. ¡Sujétate fuerte! Eevee, voy a hacerte evolucionar en Flareon otra vez.
Pero Eevee agitó la cabeza, temeroso de volver a meter la pata. Entonces, y con un esfuerzo sobrehumano, Red hizo un impulso y se salió de la boca de Victreebel.
- ¡Ya estoy harto! - exclamó Red.
Y encontró con que había caído entre todos los Weepinbells.
- No podemos combatirlos porque son demasiados - dijo Amy, rebuscando en su mochila -, ¡pero sí que podemos intentar calmarlos! ¡Red, lo que tú necesitas son objetos!
- ¿"Objetos"? - repitió Red, que no era la primera vez que escuchaba aquella palabra.
Entonces, Amy sacó de su mochila auténticos objetos, así como Poké Muñecas, caramelos raros y vitaminas.
- ¡Úsalos con los pokémons y se volverán más amistosos contigo! - exclamó Amy.
Red los cogió y se dispuso a utilizarlos.
Media hora después …
Con la ayuda de los objetos, Red consiguió calmar a los Weepinbells, que se pusieron a jugar con él. Además, aprovechó para capturar al Victreebel.
- ¡Muy bien, Red! - exclamó Amy, algo más animada.
- ¡No lo habría conseguido sin tu ayuda! - exclamó Red -. ¡Eso sí que son objetos de verdad!
De repente, apareció uno de los Nidokings de antes, con un estruendo furioso, y espantando a todos los Weepinbells.
- ¡YAAAAAHHHH! - gritaron Red y Amy.
Nidoking rugió y se dirigió hacia Red.
- ¡¿Y ahora qué hago? - gritó Red, y cogió una piedra del suelo -. ¡Toma esto y déjame en paz!
Red acertó con la piedra en todo el ojo de Nidoking, que se le inflamó, haciéndole enfadar aún más.
- ¡¿Pero qué haces? - chilló Amy.
- Aprovechar lo que tengo a mi alrededor - gruñó Red.
Entonces, Amy sacó otro pedrusco como el de antes, pero de color azul y con una gota de agua tallada en él. Eevee brilló hasta evolucionar en su forma acuática.
- ¡Vaporeon! - exclamó Amy -. ¡Ataque rayo burbuja!
Nidoking sufrió bastante aquel ataque de agua, pero Vaporeon era demasiado pequeño para poder estar al nivel de Nidoking.
- ¡Cuidado, Vaporeon! - exclamó Amy.
Pero Nidoking le asestó a Vaporeon un coletazo tan fuerte que lo estampó contra el suelo.
- ¡Vaporeon! - exclamó Amy, arrodillándose junto a su pokémon.
- ¡Tranquila, Amy, yo me encargaré de él! - exclamó Red, sacando la pokéball que tenía a Victreebel -. ¡Ahora tengo a éste! ¡Adelante, Victreebel!
Red hizo aparecer al pokémon planta que acababa de atrapar, que se lió a forcejeos con Nidoking enseguida. Red probó a buscar sus datos en la pokédex para ver si algo le podía servir.
- ¡Ajá! - exclamó Red -. ¡Victreebel también es de tipo veneno! ¡Victreebel, ataque ácido!
Victreebel expulsó un líquido negro y acertó a Nidoking en toda la cara, envenenándole. Nidoking rugió y se desplomó sobre el suelo, muy herido.
- ¡Ya lo tenemos! - exclamó Red -. ¡Victreebel, hoja afilada!
Con un torbellino de hojas cortantes, Victreebel derrotó a Nidoking. Red sacó otra Safari Ball:
- ¡Adelante, pokéball! - exclamó Red.
Y Nidoking fue atrapado.
- ¡Genial! - gritó Red, abrazando a Victreebel y luego haciéndole volver a su pokéball; se giró hacia Amy -. ¿Qué te ha parecido, Amy?
Pero Amy señaló a algo que había detrás de Red, asustada.
- ¡Cuidado, Red! - exclamó.
Red se giró justo a tiempo para ver cómo un árbol derribado por Nidoking se precipitaba sobre él …
Un par de horas más tarde …
Al ver que tardaba tanto, el encargado de la Zona Safari salió en busca de Red, con Pikachu, Poliwrath e Ivysaur, para seguirle el rastro.
- ¡Ah, aquí estás! - exclamó el encargado, tras encontrar finalmente al chico.
Red se despertó cuando sus pokémons se le echaron encima.
- Eh … ¿dónde estoy? - preguntó Red, atontado, y se fijó en sus pokémons -. ¡Ah, chicos, habéis venido a por mí!
- ¿Estás herido, muchacho? - preguntó el encargado.
- Pues me duele un poco la cabeza, creo que me he hecho una brecha - respondió Red, llevándose una mano a la cabeza; fue entonces cuando se dio cuenta de que llevaba puesta una venda -. **¡Anda, pero si tengo una venda! Habrá sido …**.
- Menos mal que estás bien dentro de lo que cabe, chico - dijo el encargado, secándose el sudor de la frente -. Ven, te acompañaré a la salida.
- **Bueno, al menos he capturado a Nidoqueen, Victreebel y Nidoking** - pensaba Red, mirando sus Safari Balls.
Llegaron a la entrada a la Zona Safari, donde los recepcionistas parecían alarmados por algo.
- Pero bueno - dijo el encargado de la Zona Safari -, ¿ahora qué demonios ha pasado?
- ¡No se lo va a creer! - exclamó uno de los recepcionistas -. ¡Parecía que había estado viviendo en la Zona Safari un tiempo! ¡Salió de aquí como una bala y no pudimos detenerla!
- ¡¿Pero de quién estáis hablando? - preguntó el encargado, atónito.
- ¡De una niña! - respondió el otro recepcionista -. ¡Una niña de ojos morados y con un Eevee!
Para sus adentros, Red sonrió:
- **Muy bien, Amy - pensó -. Espero que encuentres un hogar**.
Quince días después …
En Ciudad Verde, dos jóvenes entrenadores observaban la entrada al Gimnasio de esa ciudad:
- ¿Hace cuánto que está cerrado? - preguntó uno de los chicos.
- Ya ni me acuerdo - respondió el otro chico -. Desde que Giovanni se fue, han pasado muchos meses.
- ¿Quién es Giovanni? - preguntó su amigo.
- ¡El líder de este gimnasio, por supuesto! - respondió el chico, haciéndose el entendido -. ¡Mira!
Señaló a través de la ventana. En uno de los lados de la oscura sala se elevaba un busto medio derruido con la cabeza de un hombre tallada.
Mientras tanto, a las afueras de Ciudad Plateada …
Red acababa de salir de la Cueva de Diglett, una interminable cueva subterránea que unía Ciudad Plateada con Ciudad Carmín.
- ¡Por fin hemos llegado! - exclamó Red, algo sucio; se volvió hacia la salida de la cueva -. ¡Vamos, señor! ¡Ánimo, que ya queda poco!
- Vaya, vaya, menudos ánimos que llevas, chico - dijo una voz de hombre desde dentro del túnel -. Estás lleno de energía, ¿eh? De todos modos, perdóname por haberte desviado tanto del camino.
- ¡Deje de preocuparse por eso! - exclamó Red, despreocupadamente -. Además, fui yo el que insistió en acompañarle. ¡Fósiles pokémon! ¡Debe de ser emocionante eso de revivir pokémons a partir de estas pequeñas piedrecillas!
Y Red se sacó del bolsillo unos cuantos pedruscos que había encontrado dentro de la Cueva de Diglett.
- Seguro que de todas esas, alguna será un buen fósil - comentó el hombre, amablemente -. Aunque cuidado, también pueden resultar ser piedras normales y corrientes …
- Tch, no me digas … - murmuró Red, deseando que no fuera así.
- Como sea - añadió el hombre -, ¡lo descubriremos en cuanto los llevemos al famoso Museo de Ciudad Plateada!
Y Red y aquel hombre comenzaron su camino hacia las afueras del norte de Ciudad Plateada. El hombre se dio cuenta de que Red no le quitaba el ojo de encima:
- ¿Qué pasa?
- Perdone … - se disculpó Red -. Pero es que … Me parece muy familiar, ¿seguro que no nos hemos visto antes?
- ¿Otra vez con eso? - preguntó el hombre, sonriendo con pesar -. ¿Cómo me voy a acordar de algo de lo que tú no puedes acordarte?
- Bueno - dijo Red -, ¡será que no puedo pensar en un amante de pokémons como una persona extraña para mí!
- ¿Amante? - repitió el hombre -. Jajaja, Red, sólo soy un mero buscador de fósiles. ¡Aunque me gustaría ser un gran entrenador como tú.
- ¡Lo sé! - exclamó Red -. ¡Incluso los líderes de gimnasio me temen!
Aunque Red no se dio cuenta, en ese momento el hombre cambió drásticamente de expresión, y le miró con frialdad. No obstante, se corrigió enseguida y volvió a adoptar su sonrisa pesarosa:
- Incluso los líderes de gimnasio, ¿eh? Pues sí que debes de ser fuerte - dijo el hombre, echándose a reír.
- ¿No me cree? - preguntó Red, mosqueado -. ¡Pues he combatido contra bastantes líderes de gimnasio! Y les he derrotado, ¡por no hablar de los mejores miembros del Team Rocket!
- Jajaja, no lo dudo, no lo dudo - dijo el hombre, sonriente.
- No parece decirlo muy en serio - gruñó Red.
De repente, empezó a hacer un calor espantoso:
- ¿No está haciendo demasiado calor? - preguntó el hombre, secándose el sudor de la frente.
- ¡Y que lo diga! - exclamó Red -. ¡Mire! ¡Ahí se ve una columna de humo!
Se acercaron … y descubrieron que el Museo de Ciudad Plateada estaba ardiendo.
- ¡Qué horror! - gritó Red, espantado -. ¡¿Lo ha iniciado algún pokémon?
Red empezó a mirar a su alrededor, en busca del causante del fuego. El hombre estaba quieto, pensando:
- **Este fuego … - pensaba -. ¿Un Magmar salvaje? ¡No, dos!**.
Finalmente, Red se encontró con los dos Magmars, una especia de patos de fuego. No paraban de emitir llamaradas por sus picos.
- ¡Señor! - exclamó Red, llamando la atención del hombre -. ¡Fíjese en lo que puede hacer un verdadero entrenador!
- **Por fin podré comprobar lo bueno que es en realidad** - pensó el hombre, mirando a Red.
- ¡Adelante, Snorlax! - exclamó Red.
El gigantesco y gordo pokémon apareció, durmiendo como siempre, haciendo de muro entre Red y el hombre y los dos Magmars.
- ¡No hay que preocuparse! - exclamó Red, al darse cuenta de que el hombre miraba horrorizado cómo las llamas alcanzaban a Snorlax -. ¡Snorlax recupera continuamente salud mientras duerme! ¡Así nos dará tiempo!
- Alucinante - comentó el hombre -, aunque un poco bestia, ¿no crees?
- ¡No se preocupe! - exclamó Red, sacando la pokéball de Poliwrath -. ¡Oh, mierda! ¡Poliwrath tiene muy poca salud!
- **Sigh … Sólo es un crío - pensó el hombre, suspirando -. Rabia, coraje pero nada de planificar. Obviamente, no debo preocuparme por él …**.
- ¡Ya lo tengo! - exclamó Red, tras pensar por unos segundos -. ¡Snorlax, vuelve! ¡Te elijo a ti, Sandshrew!
Hizo aparecer a un pequeño pokémon con forma de armadillo.
- ¿Ese no es el pokémon de nivel bajo que capturaste ayer? - preguntó el hombre.
- ¡Sí! - respondió Red -. ¡Póngase por ahí, señor! ¡Como ya sabe, los pokémons de arena pueden dar todo su potencial en suelos de arena … como este! ¡Sandshrew, ataque arena!
Sandshrew comenzó a agitar la arena con sus patas, provocando una ola de arena que se precipitó sobre las llamas y los Magmars:
- ¡Y la arena es genial para sofocar las llamas! - exclamó Red -. ¡Además, atraviesa las llamas y golpea cosas!
En efecto, a parte de apaciguar las llamas, la arena las atravesaba y golpeaba a los Magmars.
- **Lo que carece de inteligencia le sobra de ingenio - pensó el hombre, sin dejar de mirar a Red -. ¿Es así como gana sus batallas?**.
El hombre se dio cuenta de una cosa, y se lo comentó a Red:
- Sí, la arena está golpeando a los Magmars. Pero sólo parece molestarles, ¿qué piensas hacer?
- ¡Déjeme pensar, déjeme pensar! - exclamó Red -. ¡Ya sé! ¡Sandshrew, corre!
- **¿Va a rendirse?** - pensó el hombre.
Pero Sandshrew empezó a correr a toda velocidad en círculos alrededor de los dos Magmars, levantando más arena aún. Así, en unos segundos, los Magmars estaban cubiertos de arena, sin poder moverse.
- ¡Lo conseguimos! - exclamó Red, todo contento, abrazando a Sandshrew.
- **Es rápido - pensó el hombre, mirando a Red -, y sabe cómo aprovechar las habilidades de los pokémons. Umh … será mejor que me encargue de él …**.
Pero entonces, Red hizo volver a Sandshrew.
- ¿No … no vas a terminar con ellos? - preguntó el hombre, señalando a los Magmars atrapados bajo la arena.
- Nah - respondió Red -. No puedo atacar a un oponente que no se puede defender.
El hombre rió.
- Bueno, bueno - dijo; miró al museo, totalmente carbonizado -, me temo que ya no podremos estudiar ningún fósil. De todos modos, esas piedrecillas que encontraste no creo que fueran más que eso.
- ¡Oh, venga! - exclamó Red, fastidiado.
- Así que - dijo el hombre, rebuscando en su bolsillo -, toma esto. Tiene más pinta de fósil, así que seguro que tendrás suerte con él. Es mi regalo por haberme acompañado. Puede que no nos volvamos a ver.
- ¡Guau, gracias! - exclamó Red, mirando la extraña piedra al sol -. ¡Parece que hay algo dentro de esta piedra! ¡Qué emoción, seguro que es un fósil de verdad!
- Buena suerte en tu viaje, muchacho - dijo el hombre, dándole la mano a Red.
- ¡Je, gracias! - exclamó Red -. ¡Ha estado bien viajar junto a usted, señor! ¡Adiós! ¡Y gracias!
Red empezó a alejarse de allí, tras despedirse alegremente del misterioso hombre.
- Jaja … - rió el hombre -. Ve con cuidado, Red.
En cuanto Red se perdió de la vista, el hombre sonrió con malicia:
- Pensando que todo había acabado sólo porque les había inmovilizado - murmuró -. Es demasiado blando. Los Magmars son fuertes e inteligentes, y no pararán hasta acabar con alguien que los haya humillado.
En ese momento, los Magmars se libraron de la arena que los cubría y, furiosos, se abalanzaron sobre el hombre. Pero entonces, un rayo de hielo les alcanzó y les congeló. Se trataba de un pokémon del hombre, de tipo agua y hielo, que escondía una mirada siniestra dentro de su bivalvo.
- Un idiota como él se destruirá a sí mismo si esperamos lo suficiente - comentó el hombre, sonriendo malévolamente -. Cloyster, acábalo.
El pokémon del hombre, aprovechando que los Magmars estaban convertidos en estatuas de hielo, les partió por la mitad. El hombre rió con maldad:
- Tras enterarme de que había derrotado a Surge y a Koga, tenía que observarle con mis propios ojos - dijo el hombre, sin dejar de mirar por donde Red se había ido -. Y pensar … que ese niño ha sido una molestia para el Team Rocket …
En es momento, una ráfaga de aire pasó por aquel lugar. La chaqueta del hombre se abrió y se pudo observar que, en el chaleco que llevaba debajo, había grabada una R de color rojo.
