Bueno, son las 7 y media de la mañana y como no entro a clase hasta las 8 y 15 y ya estoy en clase, pues me queda esperar. Así que iré escribiendo mientras tanto.
Disclaimer: Pues... Snk pertenece al señor Isayama, alias mi marido (para mis lectores, que conste que fueron ellos los que me cazaron no yo), así que paciencia. Si a él le pasa algo, yo me encargaré de continuar la serie. Y, por supuesto, canonizar mis parejas favoritas. Solo tengamos un poco de paciencia.
Parejas: id a mi perfil y leer con detenimiento. Que aún me sorprende que no quede lo suficientemente claro.
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Nunca había observado una hoguera tan de cerca. El buen tiempo comenzaba a aflorar, por lo que el clima era realmente agradable. Pero, tenía la sensación de que aquella inmensa ola de calor calentaba más de lo que parecía. Quizás así se derretirían los fragmentos de su helado corazón.
Todo había comenzado como una broma de Hanji, una mera insinuación. Tras el tiempo pasado junto a Kabei, concibió que sería mejor despojarse de todo aquello que hubiese sido mancillado con su presencia. Incluyendo el colchón donde dormía.
Y ahora, ambas mujeres, acompañadas de sus amigos, contemplaban el espectáculo flameante que tenían ante sí. Llamas danzando mientras se llevaban hasta el último resquicio de piel muerta de esa infame persona.
- Entiendo que quememos tu cama, pero, ¿por qué la mía también? – se dirigió a su pequeña amiga – No habrás...
- ¡No, no! ¡En tu cama nunca! – corrió a defenderse. No quería ni la más mínima insinuación de que había podido acostarse en la cama de su mejor amiga aprovechando que ella no estuviese allí – Pero Kabei solía ir a tu cuarto...Ya sabes...Para molestarme...
Una potente oleada de arcadas se hizo presa de su garganta. Tan solo imaginarse a ese tipo masturbándose encima de sus sábanas le revolvía el estómago. Debería haberle golpeado más fuerte cuando tuvo la ocasión. O haberle dejado estéril para el resto de su vida. Su estirpe no era algo que mereciese la pena de perpetuar.
- Entonces, oficialmente y hasta que lleguen las nuevas camas, no tenemos donde dormir en casa – apuntó la chica de cabello cobrizo.
- En efecto.
- Entonces, quizás deba llamar a Erd para decirle que vamos a estar unas semanas más allí – siguió – Aunque no creo que le haga mucha gracia, no puede traerse a su novia si seguimos durmiendo en su cuarto.
- Podemos dormir en el sofá – propuso a la ligera, sin pensar.
- Ahí no cabemos las dos.
- En tal caso que Hanji venga a dormir conmigo – Rivaille habló a sus espaldas con tranquilidad, como si no estuviese proponiendo nada extraño.
Lo peor de todo, es que ya lo había hecho. Cegada por la noche en que echaron a ese inútil de su apartamento, había accedido ir a pasar la noche con él. Arropada por sus brazos toda la noche. Aún no había tenido el valor de contarle a Petra que el mismo día de su reconciliación había dormido con él. Y prefería que dejase de insinuarlo. Porque, dormir en su casa implicaba estar con él. Y no toleraría que estando Hanji en ella durmiese en la cama aparte de su despacho.
- En tal caso que vaya Petra a tu casa. Yo ya dormía en ese sofá antes de llegar ella. Estoy más acostumbrada.
- ... – le miró con aparente desaprobación. Esquivándole, como siempre.
- No, no, profesor, no quiero molestar. Puedo volver a la casa de mi padre unos días.
- Eso está muy lejos. No podrás venir cada día a las prácticas– cabezota y obstinada. Obcecada en no tener demasiada intimidad con aquel profesor. Solo tenía que aceptar y asunto zanjado.
- P-pero...
Auruo intentó hablar, pero antes de que las palabras salieran de sus labios, se dio cuenta de algo. Él no podía proponer su hogar, demasiadas personas ya allí. Y, por otro lado, Petra no podía volver de golpe a su rutina habitual. Había pasado por un mal trago. No estaba aún preparada para reincorporarse a sus obligaciones.
Pasar unos días con su padre, una persona ajena a todo lo que había ocurrido en el último mes, no era la mejor opción. Podría terminar deprimida, de nuevo. No, necesitaban ingeniar algo para que ella se liberase de sus tensiones. Olvidar las cargas que había sufrido. Divertirse. Vislumbró el calendario tranquilamente. 14 de mayo. Dentro de una semana tendría sus exámenes finales. Su graduación, y después, la preparación para la prueba de acceso a la universidad.
Como incentivo para los alumnos, su instituto tenía la tradición de que, cierto tiempo antes de las evaluaciones, cortaban las clases para que pudiesen concentrarse y estudiar en casa. La mayoría aprovechaba el tiempo para descansar hasta tarde, o, incluso salir con sus amigos. Casi ninguno lo invertía en sus estudias.
Auruo ocupaba sus mañanas en repasar todos los temas dados para, por la tarde, ir a ver a Petra y Hanji y comprobar su estado. Cada día. Cuando terminase oficialmente el instituto, no tendría tiempo de verlas. Sobretodo a su pequeño ángel. Sentía algo de pena por ese hecho. Meditó sobre ello unos instantes y entonces supo como podía animarla.
- ¿Y qué tal si salimos unos días fuera?
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Demasiado calor, la arena caliente se metía dentro de su calzado y le quemaba los tobillos. Nunca le había agradado esa época del año. Ni siquiera la estación. Mucho menos el lugar. Pero claro, a ese muchacho se le tenía que ocurrir esa estúpida idea.
Pasar unos días bajo el ardiente sol del verano derritiéndose en la playa. Él, por su parte había propuesto otro tipo de viaje, más tranquilo. Tal vez, una ciudad tranquila. Visitar alguna sala de museos recién inaugurada. Pero a veces se olvidaba de que hablaba con un adolescente y dos mujeres que en ocasiones también lo parecían.
Todas sus propuestas habían sido futilmente rechazadas, en su mayoría por suponer un gasto adicional demasiado caro por el desplazamiento. Rivaille prefería pasar una semana en un país exótico o interesante que ir a la diminuta y estrecha playa que quedaba cerca de su ciudad.
Ni siquiera era bonita. Un pueblo pescador, con una cala rodeada de rocas y cimientos. El hotel que habían conseguido alquilar quedaba cerca, pero la palabra lujo o presteza no iba incluida en el precio. Habitaciones pequeñas, con dos camas individuales cada una. Un baño común y bastante maloliente.
Nada más detener el coche frente a aquel lugar supo que aquel fin de semana sería horripilante. Al menos, había conseguido convencerlos de que requería bastante limpieza. Hanji, por su parte, procuró escaquearse con la idea de comprar provisiones en una tienda cercana. Su ceja se levantó con furia mientras pensaba en esa pesada nevera que habían tenido que transportar todo el viaje.
Provisiones...Innecesarias...Una mera excusa para no ayudar, simple y llanamente. Al menos Petra y Auruo obedecían sin quejarse.
Cuando finalmente hubo vuelto, cambió de tema rápidamente proponiendo ir a la playa. Aún es temprano, decía. Y allí se encontraba, bajo ese horrible sol abrasador rodeado de familias que habían decidido aprovechar el buen tiempo para pasar un rato con sus congéneres. Niños que jugaban a la pelota por doquier. Tendría que esquivarlos para salir ileso. Aquello no eran vacaciones.
- ¡Es el mar, es el mar!¡Llevo tanto tiempo sin venir! – saltaba y gritaba como una niña pequeña - ¡Venga, vamos Petra!
-¡E-espera, Hanji, primero hay que colocar todo! – intentaba detenerla sin éxito. Que Hanji escuchase y atendiese era una casualidad muy rara – No podemos dejarlo tal cual.
- ¡Venga, vamos!¡Quítate este vestido!¡Haremos castillos en la orilla! – su vieja amiga comenzó a levantarle el vestido para que se desvistiese – Prometo que va a ser divertido.
- P-pero, Hanji, no me desnudes así, me da vergüenza...
Su estrecho y pequeño bikini comenzaba a aflorar. Al contrario que a Hanji, a Petra le gustaba vestir con ropas femeninas y ajustadas. Esta pieza de baño, en concreto, tapaba solo lo indispensable de su cuerpo, no había mucha diferencia con su ropa interior habitual. La visión de su cuerpo semidesnudo fue demasiado. Un golpe tras ellas. Las chicas se giraron ante el estruendo, confusas.
- ¿Auruo? Oye, chico, ¿estás bien? – le palmeó la cara intentando despertarlo – Parece que ha sufrido un shock. Seguro que ha sido por verte el culo – bromeó.
- ¡No digas tonterías! – replicó – El pobre ha sufrido una insolación. No estará acostumbrado al calor.
- ¿Y qué hacemos entonces?
- Es mejor dejarlo descansar o podría ponerse peor.
- Vaya... Bueno...- comenzó a andar hacia atrás - aquí los médicos sois tú y Rivaille. Así que... ¡me voy a nadar!
- E-espera, ¡Hanji!
- Si le pica una medusa avisadme, ¡en eso soy experta!
Antes de que pudiese replicarle, ya había salido despedida tirándole el pequeño conjunto de camiseta y pantalón corto que llevaba puesto. Para cuando se giró en su dirección ya estaba lejos. Se resignó y se inclinó doblando su ropa para que no se manchase. A Hanji le daba igual, pero Petra no tenía ganas de estar quitando rastros de arena de sus sábanas durante días.
Hizo un pequeño agujero para clavar la sombrilla y poder descansar bajo ella. Mientras colocaba unas piedras para que no se moviese una sombra se aproximó protegiéndola del intenso sol.
- ¡P-profesor!, pensaba que se habría quedado en el hotel... Revisando la limpieza – la última frase la masculló entre dientes intentando disimular.
- Ha quedado bastante limpio. Aunque posiblemente se llene de suciedad al volver – enunció fríamente.
- ¿No le gusta este sitio? Quizás deberíamos haber ido a otro... Como usted sugirió.
- No importa, estamos aquí por tí, Petra – realmente le extasiaba aquel lugar, pero no era momento de quejarse – Tú estás bien, ¿no?
- Sí, si. Solía venir con mis padres cuando era pequeña, así que hacía tiempo que no hacía este tipo de viajes. Me alegra poder volver tras tantos años sin venir.
- …. – miró hacia el océano detenidamente – ¿Dónde está? - no necesitaba especificar a quién se refería.
- S-se ha ido adentro...Ella es... algo impulsiva, y al estar aquí no podía esperar a que llegásemos todos. Hace un rato que se fue a nadar.
- Entiendo – se giró hacia el chico que estaba sentado en el suelo en silencio – ¿Qué le ha pasado?
- S-se ha desmayado...Por eso me he quedado con él.
- Puedes irte con Hanji a chapotear, si quieres. Yo me quedaré con este inútil.
- N-no se preocupe, profesor. No me apetece mucho nadar ahora... Estoy un poco cansada...
- Ya veo – Volvió a mirar hacia el agua.
- Riva- digo, profesor, si quiere... Puede ir con Hanji. Cuando está sola suele meterse en líos. Prefiero que alguien la vigile.
- Sin duda hace falta alguien con suficiente aguante como para soportarla – aguzó la vista hacia el horizonte – ¿¡Ha llegado hasta la boya!?
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Echaba de menos esa sensación de ingravidez y libertad. Era como si el hecho de notar su cuerpo flotar la alejase de otras vicisitudes mentales. Le encantaba ese tipo de momentos, siempre había tenido predilección por la acción. Y la natación fue lo que más le atrajo tiempo atrás.
No sabía porqué, pero ese contacto directo con la naturaleza, con el agua, cuando su adrenalina se disparaba le traía viejos recuerdos borrados. Como si ya estuviesen impresos en su piel. Conocía a la perfección todo los movimientos de esa disciplina, no necesitaba ni tan siquiera practicar.
Había estado en el equipo de su instituto y continuado en la facultad, pero llevaba años sin haberlo llevado a cabo. Encontrarse con tanta soltura en mitad del mar le sorprendía hasta a ella misma. Pero, comenzaba a notar la agonía de sus músculos al quejarse.
Sujetó la pequeña tabla de surf que traía consigo y dejó que su peso se apoyase en ella. Descansaría un rato mecida por el oleaje y luego volvería. Si, luego...volvería. Luego...volvería.
- ¡Tú idiota, no te quedes dormida! ¿Quieres morir ahogada? – se giró instintivamente hacia la voz y allí le encontró. Parecía agotado – Me ha costado alcanzarte. Ibas demasiado rápido. Llevo más de media hora siguiéndote – parpadeó dos veces para ser consciente de quién le hablaba - Hazme un sitio. Estoy exhausto.
- R-rivaille, ¿qué es lo que...? – el hombre la rodeó con los brazos y se apoyó en su espalda reposando el cansancio acumulado – ¡H-hey!
- Petra me ha mandado a buscarte – notó como ella intentaba liberarse de su abrazo y procedió a agarrarla con más fuerza – Estate quieta. Estoy así de cansado por tu culpa, así que déjame descansar.
- Pero ella podría vernos... No quiero que vuelva a molestarse. Así que apártate a un lado.
- ¿En serio, Hanji? ¿¡Eres consciente de que estamos a más de tres kilómetros de la costa!?¿Realmente crees que alguien va a ver lo que hagamos o dejemos de hacer aquí?
- …...
- ¡Además, tú viste lo mismo que yo aquella noche!¡No se de que te preocupas tanto! Cuando fui a buscar a ese zoquete para llamar a sus padres, Petra se había tumbado a su lado y le estaba colocando los brazos para que la abrazase, no se que necesitas pensar más.
- Petra aún no me ha dicho nada sobre ese tema. Quizás hubiese hecho lo mismo si hubiese sido yo la que me hubiese quedado dormida en el suelo...
- ...
Notó un ligero movimiento de su cabeza en su nuca, luego su mano apartándole el cabello mojado y lamiendo los rastros de humedad que dejaba a su paso. Sus dedos fueron ascendiendo hasta su barbilla hasta girarla totalmente hacia él notando las gotas de sus labios traspasar a los de ella.
- ¿Qué haces?
- …... – no necesitaba responder a esa pregunta tan evidente. Continuó besándola al notar que no oponía demasiada resistencia.
- Rivaille, espera.
- ¿Ahora qué? – se mostró ampliamente enojado – Petra no va a verte ahora.
- ¿No estamos yendo demasiado lejos?
- ¿En qué?
- En esta relación.
- …. - se mesó las sienes con furia para hacer acopio de valor – Primero, ni siquiera me dejas tocarte. Segundo, no se de que relación hablas si no quieres que salgamos de verdad. Y tercero, lo máximo que hemos hecho ha sido pernoctar en la misma cama. No se dónde le ves tú a esto ir demasiado lejos.
- Vale, cálmate, cálmate. No te enfades – caviló unos instantes y volvió a hablar - ¿Cuándo he dicho yo que no puedas tocarme?
- ¿Eso significa que puedo hacerlo?
- Supongo...
Antes de que comprendiese el alcance de sus palabras notó sus dedos helados traspasar su ropa acariciándole las costillas y dirigiéndose a sus senos. Cuando percibió sus yemas dibujando la pequeña extensión del centro de su pecho que se elevaba un poco más y se distinguía del resto, se quedó inmóvil.
- Tranquila, no voy a hacerte daño. Si lo hago, puedes detenerme - y no era daño lo que sentía con su roce, sino algo distinto. Incluso se atrevería a decir que intentaba ser delicado para ella. Solo por ser ella - ¿Cuántos hombres han hecho esto? - de nuevo su lengua recorriendo su columna.
- Sabes bien que ninguno - ¿debía detenerlo o dejarlo continuar? Solo le estaba tocando el pecho y debía reconocer que era agradable - ¿Alguna pregunta más?
- Sí. ¿Por qué llevas un bañador tan ridículo? - cubría casi toda su espalda y continuaba hasta cubrir gran parte de su trasero. Para nada erótico. Aunque gracias a eso ningún otro hombre se atrevía a mirarla.
- Era el más cómodo de la tienda.
- Ya veo. Pero es incómodo para otras cosas... - sus dedos bajaron por su vientre, bajo la extensa capa de nylon hasta alcanzar su cadera. Cuando notó el roce era tarde - ¿Aquí tampoco ha tocado nadie?
- N-no.
- ¿Puedo? - susurró en su oreja haciéndole temblar.
- ¿Duele?
- No debería - se despegó de ella unos instantes algo inquieto - ¿Nunca te has...?
- No. Nunca había pensado en esas cosas antes – hasta conocerle a él, añadió mentalmente.
- En tal caso, perdóname si te hago daño – ¿qué era ese extraño fuego en sus entrañas que notaba cuando sus dedos se introducían dentro de ella?
A pesar del agua notaba como resbalaban y atravesaba la capa de tejido, que ya no la protegía. Su otra mano bajó para ayudar a la que ya se encontraba dentro. Su cabeza se apoyó en su hombro, notaba los resoplidos que daba. Parecía que él estaba tan afectado como ella por esa extraña situación.
De su boca salió un ahogado gemido. Nunca se había oído a sí misma emitir ese tipo de sonido. ¿Qué era aquello? Nunca lo había hecho antes, no pensaba que la primera vez que experimentase ese placer sería en mitad de aquel sitio. Mucho menos con él. Aunque en cierta manera, lo ansiaba. Pero, ¿por qué? ¿Por qué deseaba tanto que aquello hubiese sucedido antes?
- ¿Te molesta que haga esto? - preguntó al fin sacándola de sus pensamientos.
- No lo se...
- ¿Quieres que pare? - un diminuto mordisco en la unión entre su clavícula y el omóplato.
- No. S-sigue.
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Una pequeña gota de sudor ardiente bajó por su frente hasta alcanzar su nariz. Era un poco molesta, así que se revolvió un poco en sueños. ¿Sobre qué estaba apoyado? Era una almohada un poco rara, parecía más dura de lo que estaba acostumbrado. Si se giraba un poco podía notar en su barbilla una especie de textura más suave de lo normal.
Aunque, aquello no parecía el tejido que solía cubrirla. No parecía ningún tipo de tela que hubiese conocido antes. La diminuta porción de agua amenazaba con caer de la punta de su nariz. Instintivamente, acercó su mano para limpiarsela cuando notó una voz a su espalda.
- ¿Estás mejor? - abrió los ojos de la impresión ¿Petra? ¿Estaba tumbado sobre sus piernas?
- P-perdón – se incorporó de golpe y notó un extraño vértigo que le asestaba la cabeza.
- No te levantes tan deprisa. Podrías marearte de nuevo – le acercó una pequeña botella de agua – Será mejor que bebas algo. Llevas horas inconsciente.
- ¿Horas? - intentó detenerse a pensar porqué razón había perdido el conocimiento. Mientras su vista se acostumbraba a la intensa luz del sol lo recordó. La tenía frente a sí, prácticamente desnuda, toda su piel expuesta, a tan solo unos centímetros de él. No le costaría nada tocarla... - ¿D-dónde están el resto? - intentó forzar a su mente a pensar en otra cosa.
- Hanji se largó a la mínima de cambio – señaló hacia el inmenso cuadro pintado de azul que tenía al frente – Y el profesor está con ella. Llevan un rato allí, se les ve a lo lejos. Estarán hablando...
Agudizó la vista hacia dos figuras prácticamente desapercibidas que flotaban en mitad del agua, muy cerca la una de la otra. O quizás era un efecto de la distancia. Pero eran ellos dos. Balanceó su cabeza hacia ella y la notó algo melancólica mientras los observaba.
- ¿Te preocupa?
- No... - cabeceó un poco y se sentó más cerca de su amigo – Creo que al profesor le gusta Hanji de verdad.
- …...
- Y creo que ella siente lo mismo. Pero se contiene por mí. Quizás debería hablar con ella...
- ¿Por qué? - rezó internamente por no tener que volver a la misma situación que habían pasado hace poco.
- Es que, creo que tan solo admiraba y respetaba al profesor. Y me molesté más porque Hanji me lo ocultase. Y... además...ha comenzado a gustarme otro chico... - susurró en voz baja.
- Ah – otra puñalada en su corazón. Ser su amigo era más doloroso que lo que esperaba. ¿Cuántos novios tendría que soportar en silencio? Solo podría conformarse con estar a su lado...
- Por eso quiero hablar con ella. No quiero que se contenga por mi culpa... Me hace sentir culpable.
- ….
Hacía bastante calor, el sudor volvió a recorrer su frente empañándosela. La completa satisfacción a tan solo unos metros de distancia. Agua fría que era capaz de enfriar sus doloridos músculos. Refrescante y helada.
- Puedes irte tú también si quieres. A mí no me apetece... - la chica se dio cuenta de sus intenciones al mirar constantemente hacia el frente.
- Ven conmigo. Podemos intentar alcanzarlos.
- Emmm, yo... - comenzó a raspar el suelo con sus uñas – No se nadar.
- P-perdona. No lo sabía... - ahora se sentía culpable por sugerir ir a la playa sin conocer eso. Quizás era humillante para ella no haber aprendido.
- Cuando...era pequeña – comenzó a hablar haciendo que el chico le prestase toda su atención - … Mi madre y yo íbamos en un coche...Cuando salía de clase...Atajamos por otro camino porque había mucho tráfico...
- … - no comprendía que le estaba contando.
- Fue... solo un instante. Un camión nos adelantó y se estrelló contra una furgoneta que venía de frente. Mi madre viró para evitar el choque y caímos por el acantilado...
- Petra, no hace falta que...
- No, no. Quiero contártelo – se apoyó en su hombro recordando aquella vieja escena. Percibió el dolor que le causaba narrar aquello y le acarició la parte baja de la espalda para tranquilizarla – Estuvimos encerradas durante una hora. Hasta que consiguieron rescatarnos. Mi madre había muerto al impactar contra el agua. Desangrándose contra el volante.
Permaneció en silencio unos minutos. Tan solo imaginarse a una pequeña Petra encerrada entre esas paredes de metal, con el cadáver de su madre y cuyos gritos eran ahogados por la constante tromba de agua que entraba a través del filo de los cristales.
- Por eso no me he atrevido nunca a aprender a nadar – y por esa razón tenía tanto miedo a los espacios cerrados.
- Lo siento...
- No te preocupes. Pasó hace mucho tiempo. Debería haber pasado página hace tiempo y avanzar... - su compañero permaneció callado respetuosamente – Auruo...
- ¿Sí?
- ¿Me podrías... enseñar? Si eres tú, quizás me atreva...
- ¡P-por supuesto!¡Cuando quieras! - comentó con excesivo entusiasmo.
- Entonces...- se levantó e insufló una larga bocanada de aire fresco - ¡Vamos! ¡Que no sean solo ellos quienes se diviertan!
- C-claro.
Miro hacia el horizonte enfrentándose a esa enorme masa acuosa que siempre había sido su enemiga. Pero dentro de poco, dejaría de serlo. Si lograba superar ese horrible acontecimiento que había marcado tanto su vida, Kabei solo sería un leve dolor de cabeza.
Se giró hacia atrás y se quedo muda unos instantes. Auruo se estaba quitando la camiseta, mostrando una trabajada y ancha espalda. Toda su musculatura se encontraba ampliamente desarrollada, pero sin llegar a ser grotesco o exagerado. Por lo visto, aquellas sesiones matutinas trasladando a sus hermanos al colegio habían dado su fruto.
Sintió un poco de calor en sus mejillas cuando se volvió hacia ella y pudo admirar sus pectorales.
- Eres todo un hombre, ¿eh?
- ¿Cómo?
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- Eso te pasa por ser tan despistada y no haberte puesto protección.
- Solo han sido un par de horas... No pensaba que fuese a ser tan grave – su piel ardía, dolorida, calcinada.
- Lo que me extraña es que el profesor también se haya quemado – el hombre le esquivó la mirada sin dar explicación – Él suele ser más responsable que tú.
- Bueno...Es que estábamos discutiendo ideas de la tesis y se nos pasó el tiempo volando – se rascó la cabeza intentando disimular.
- Como sea, será mejor que os echéis crema o mañana os estaréis despellejando como una serpiente – le tiró el bote y cruzó los brazos enfadada – Yo no pienso hacerme cargo.
- Venga, entra ahí. Te ayudaré a echártela – Rivaille la empujó adentro de la habitación sin mediar más palabra – Disculpa por las molestias Ral.
- No se preocupe profesor.
La puerta se cerró tras ellos y Hanji se sentó en la cama tanteándose cuanto abarcaba la marca en su espalda. Al llevar esa prenda, tan solo tenía la mitad de ella herida. Los hombros ni se atrevía a tocarlos.
Apretó con fuerza el bote y extrajo un fluido blanquecino de él y comenzó a restregárselo en los brazos y la cara. Era frío y sentaba de maravilla sentirlo sobre su piel. El problema sería cuando tuviera que extenderla por detrás.
- Túmbate. Te la echaré en la espalda – sugirió él.
- Tengo el bañador mojado. Voy a mojar las sábanas.
- Pues quítatelo.
- ¿¡Cómo!? ¡Estamos así por tu culpa! ¡No me voy a desnudar después de esto!
- Idiota. Si no quieres que te vea, puedes taparte – sabía que no lo decía en serio. Pero su peculiar manera de quejarse mientras sonreía le solía cabrear.
- De acuerdo, pero no mires.
Esperar unos segundos mientras notaba como se quitaba lo único que la cubría en aquel instante. Debía contenerse ampliamente para no volverse y recorrer todo su cuerpo con los ojos, memorizando cada centímetro. Pero había insistido enormemente en que no quería que la mirase. Era lo mínimo que podía hacer tras haberla llevado a aquella situación.
- Ya está.
Se había arropado con opaco tejido que no dejaba entrever nada, completamente arrebujada entre el tejido.
- Destapate al menos la espalda, o no podré hacer nada – se sentó a su lado y pasó un brazo a su costado, sin permitirle mucho rango de movimiento.
- ….. - dubitó unos segundos y bajó un poco la tela dejando ver sus hombros desnudos y parte de su espina dorsal.
- Si no bajas más voy a mancharlas de crema – sin pedir permiso, la agarró hasta dejar el inicio de su trasero,
- Eres un mirón – bromeó – Solo quieres mirarme el culo.
- Idiota – comenzó a masajear sus hombros, de manera tranquila pero con bastante fuerza y continuando por el resto de musculatura hasta sus dorsales.
- No sabía que también tuvieses conocimientos de fisioterapia.
- Hay muchas cosas que no sabes de mí. Puedes preguntarme lo que quieras.
- De acuerdo – se concentró hasta alcanzar la idea que llevaba tiempo rondandole por la cabeza tanto tiempo - ¿Por qué yo?
- No entiendo.
- ¿Por qué... me elegiste a mí? Debes haber conocido a muchas mujeres a lo largo de tu vida. Seguro que tienes donde elegir.
- Eres lo menos parecido a una mujer que he llegado a conocer.
- ¿Qué? - se rió ante la respuesta – Eso no es nada romántico.
- …..
- ¿Entonces por qué razón fui yo y no otra? - se dejó mimar mientras notaba que el dolor se menguaba gracias al frío contacto.
- Acabo de decírtelo.
- ¿¡Por qué no parezco una mujer!?
- Exacto. Eres tan rara que me dan dolores de cabeza cada vez que tengo que lidiar contigo. Por otra parte, es imposible discutir porque no paras hasta tener la razón. Y por si fuera poco, te gustan cosas exageradas y sin sentido. No tienes ningún gusto culinario, por no hablar de tu sentido de la estética.
- Todo eso son defectos – volvían las carcajadas atacando su estómago - ¿Te gusto porque soy extravagante?
- Sí.
- Bueno, me lo tomaré como un cumplido – hundió su cabeza entre sus brazos mientras su piel absorbía el fluido.
- ¿Y qué hay de tí?
- Yo... diré lo mismo que tú. Eres un bicho raro.
- …...
Volvió a cubrirse y viró hacia la pared. Intentó relajarse mientras hacía un repaso de todo lo acontecido en ese día. A pesar de las consecuencias, había sido agradable. No le importaba estar debatiéndose ahora con el dolor infernal que azotaba en toda su piel. Había merecido la pena.
Notó que el peso del colchón disminuía y sintió a su acompañante abrir la puerta levemente y asomarse a través de ella. Quizás quisiera decirle a sus amigos, que estaba mejor y que no tenían que preocuparse.
- Auruo.
- ¿Sí?
- Hanji se ha quedado dormida en mi cama. Dile a Petra que me quedaré con ella para cuidarla.
- Vale – miró hacia la habitación que era el baño, seguramente ella estaría dentro lavándose los dientes - ¿Y yo? ¿Dónde voy a dormir?
- Ese no es mi problema.
Volvió a cerrar la puerta y rebuscó alrededor del pomo un pestillo o algo que le diese privacidad. Nada, tendría que ser sigiloso.
- Yo no estoy dormida. ¿Por qué le has dicho eso?
- … - se metió bajo las sábanas a su lado y comenzó a respirar en su cuello – Quiero pasar la noche contigo – no sabía porqué, cuando hablaba, nunca detectaba ni el más mínimo vacilar, ni tan siquiera ningún atisbo de duda.
- ¿Y Auruo qué? No hay ningún sofá ni sillón en la sala de al lado.
- Que se vaya a dormir al balcón.
- Pobrecito, lo tratas demasiado mal. Él me cae bien, deberías ser más amable – comentó divertida – Tienes el bañador empapado. ¿No deberías quitártelo tu también?
- Como quieras.
Movimiento a su lado y ligeros golpes de sus rodillas al moverse. Al parar sintió algo extraño rozándole el trasero.
- ¿¡Qué!? ¡Vístete! Esta es tu habitación, tú aquí si tienes ropa de cambio.
- Tú no puedes hacerlo. Así que no sería justo. Así estamos los dos igual.
- ¿Siempre tienes excusas para todo?
No le hacía falta pensar demasiado para saber que él quería continuar lo que habían estado haciendo esa tarde. Sus brazos descansaban sobre su vientre y no dejaba de respirar en su oído, dejándole clara su existencia. O, probablemente, para intentar mirar desde su posición.
- Gírate. Quiero verte – ordenó.
- ….Ya me has visto. Esta tarde.
- Solo te he tocado, y no puedo ver a través de tu ropa.
- Si eres lo suficientemente inteligente, deberías saber como es alguien a través del tacto. No debería resultar tan difícil.
- Mi tacto me dice, que eres una mujer plana, sin curvas y carente de pecho.
- ¡No estoy tan plana! - se giró instintivamente para golpearle en la cabeza dejándose expuesta.
- Vaya, me equivoqué – anotó con satisfacción.
Estaba un poco enfadada, pero tampoco podría protegerse a sí misma de aquella manera, y menos con ese constante acercamiento por su parte. Cada día le costaba más detenerlo. Lo ocurrido hacía tan solo unas horas, había sido culpa de dejarse llevar por su deseo. Reprimirse no había estado entre sus intereses en esos instantes.
Bajó la vista hasta alcanzar a ver el responsable de su contacto inesperado junto a sus muslos. Una masa de carne algo grande y gruesa. Había visto cosas así en internet, películas y similar. Pero no a tan poca distancia. En su facultad tampoco había tenido oportunidad de estudiar aquel tipo de espécimen. Los animales, no contaban.
- ¿No vas a decir nada? - apuntó orgulloso de su miembro.
- No.
- ¿No?
- Nada – vanagloriar e hinchar más su ego...Podía esperar sentado a que dijese algo positivo o algún piropo de esa cosa que tenía entre las piernas.
- Como quieras.
Se acercó lentamente y le agarró del pelo que comenzaba a ondularse debido al calor, enredándose en su muñeca. Sus ojos se clavaron en los de ella y se cerraron a la vez. Si alguien entrase en ese momento no estaba segura de si podría detenerse.
- ¿Con cuantas mujeres te has acostado? - se atrevió a preguntar.
- …..Prefiero no hablar de ese tema.
- ¿Demasiadas?
- …... - ninguna palabra como respuesta – Fue una etapa estúpida. No me siento orgulloso de ello.
- ¿Debería preocuparme?
- No – su lengua se enredó con la de ella intentando callarla. No era algo de lo que quisiese alardear. Pero, como siempre, era imposible callar a Hanji Zoe.
- ¿Y cuantas de ellas eran vírgenes?
- Eres insoportable.
- Responde – insistió, jugando con su pelo.
- Ninguna lo era – pareció vacilar unos segundos y prosiguió – Si tu quieres, tu serías la primera. Y la única – apuntó.
- …..
- Si quieres hacerlo primero con otro no me importa. Pero – su voz cambió a un tono más directo y amenazante – Cuando decidas de una vez estar conmigo, me aseguraré de que no surja nadie más durante el resto de tu vida. Aunque tenga que matar al resto de la humanidad.
- ¿Qué clase de amenaza es esa?
- La verdad.
- …...
Entornó los ojos mientras fingía que pensaba profundamente la propuesta. Rivaille había decidido ignorar su habitual mueca melodramática y siguió bajando por su cuerpo. Primero su clavícula, luego su esternón, virando un poco hasta encontrarse con su pecho.
No podía pensar tranquilamente mientras él estaba seduciéndola de esa manera. Centrarse, pensar pros y contras. Ventajas y debilidades. Problemas. Sobre todo problemas, y bastantes dificultades. También estaba Petra, no habían vuelto a hablar desde aquella noche sobre el tema. Y delante suya intentaba aparentar que no eran más que simples amigos. Y que aquellos roces no existían.
Su cabeza acariciando su ombligo. Notaba como su barbilla se hundía en su pelvis y continuaba su recorrido hacia abajo. Lo único que consiguió sacarla de su trance fue el repentino tacto húmedo de su lengua.
- ¡E-espera! - jadeó excitada.
- No voy a llegar hasta el final. No hasta que tu quieras – continuó satisfaciéndola mientras sentía su pecho subir y bajar – Siempre he querido probar esto. Pero, me daba asco.
- ¿Y yo no te doy asco?
- No.
- …... Rivaille...
- ¿Qué?
- Quiero hacer el amor contigo – sonrió y entrelazó sus dedos en su cabeza – Si no queda más remedio, me conformaré con estar solo contigo. Con un montón de cadáveres pudriéndose por matar a mis futuros pretendientes.
- Me gustaría conocer al loco que sea capaz de verte como una mujer y enamorarse de tí.
- Pensaba que tú eras ese loco.
- Tienes razón, lo soy.
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Y lo dejo así. Gracias por el apoyo y por tragaros todo el escrito
¡Nos leemos!
