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De cómo complicar más las cosas
―Entonces volví a encontrarme con Luna, ¿vale? Y yo creía que lo mío con ella estaba superado, pero…
Miré un momento a sus padres, que me observaban curiosos.
―¿Y? ―quiso saber mi padre ―. No te calles ahora.
―Creo que he de ser un buen hombre y seguir intentándolo con Hannah.
―Pero… ―protestó mi madre, pero yo no dijo nada. Me despedí de ambos y me marché, de vuelta a la escuela.
Por supuesto, había evitado revelarles cierta información a mis padres, principalmente dos: que había dejado embarazada a Hannah y que me había acostado hacía dos días con Luna.
Estúpido. Estúpido, estúpido, estúpido. No podría haber ido directamente al Cabeza de Puerco, no, tuve que quedarme con Luna, recordar por qué no me declaré ante ella y, para colmo, besarla y, lo que es peor, acostarme con ella en una habitación de las Tres Escobas, estando Rolf justo en la de al lado. Brillante, Neville, brillante.
Llegué a Hogwarts justo para el almuerzo. Rolf y Nott estaban ya allí, pero no hablé demasiado con ellos.
―¿Qué tal está Luna? ―preguntó Theodore.
―Hoy estaba extraña, la verdad. Me ha estado ayudando en mi clase de esta mañana con los de quinto, pero se la veía distante. En fin, tengo que irme
―Hasta luego. ¿Y tú? ¿Qué tal con Hannah?
―Eso no es de tu incumbencia.
Desde hacía unos días, me había suavizado con Theodore Nott. Ya no me mostraba tan arisco y tan a la defensiva con él, quizás porque había demostrado ser un hombre normal y corriente, y no alguien que hubiese estado metido en actividades ilegales en algún momento de su vida.
―Vamos… Se os veía muy juntos últimamente. Aunque, según me ha contado Rolf, el otro día la liaste bien liada. Tal vez deberías hablar con ella, ¿no crees?
Me dolía admitirlo, pero Theodore tenía razón. Tenía que hablar con Hannah y tenía que hacerlo ya. En fin, no quería tener que recurrir a permisos para ver a mi futuro hijo.
Por la noche, entré en el Cabeza de Puerco.
―Buenas noches, Aberforth, ¿está Hannah?
―¿Es que no te has enterado, muchacho? ―Aberforth secaba un vaso.
―¿Enterarme de qué?
―Hannah se ha ido a Londres. Tom, el tabernero del Caldero Chorreante la ha contratado, recomendada por mí. ¿No te lo había dicho?
Yo ni siquiera contesté. Salé del Cabeza de Puerco y me quedé fuera, contemplando Hogwarts. ¿Y ahora qué? ¿A qué venía eso? Hannah se había ido a Londres, a un trabajo mejor. ¿Debería seguirla?
Bueno, al menos podría ir para hablar con ella. Dejar las cosas claras.
Minutos después, las llamas esmeraldas de la chimenea del Caldero volvían a la normalidad, después de haberme expulsado de ellas.
―¿Neville?
―Hola, Hannah.
La joven acababa de servir unas copas, pues estaba en mitad de la taberna con una bandeja bajo el brazo.
―¿Qué haces aquí? ―quiso saber ella. Se notaba que estaba asustada.
―¿Que qué hago aquí? Bueno, he venido para saber por qué la futura madre de mi futuro hijo se ha ido sin más, sin avisarme siquiera.
―No tenía por qué avisarte ―contestó ella, desafiante.
―¿No tenías que hacerlo? ―preguntó yo, irónico.
―¡No, no tenía! ¿Acaso no tenías tú que decirme que íbamos a una cena con tu exnovia, habiéndole dicho que salíamos juntos?
―¡Luna Lovegood nunca fue mi novia!
―¡Pero la querías! ¡La quieres, de hecho! ¿Sabes qué? Me importa una mierda, Neville. No te necesito, puedo criar a este bebé yo sola.
―¿Ah, sí? ¿Y cómo vas a hacer eso, Hannah? ¿Con un pobre sueldo de camarera? ¿Qué harás después del trabajo? ¿Hacer la calle?
La torta que Hannah me soltó se oyó en toda la taberna, tanto que los pocos clientes se giraron para verlos, quienes ya de por sí estaban dando la nota.
―Eres un gilipollas.
Yo me pasé la mano por la mejilla, la cual estaba enrojeciendo.
―Lo siento… Lo siento, no era mi intención decir eso, pero compréndeme. Quiero a ese bebé. Lo querré siempre. No puedes apartarme de él.
―Si vas a querer a este bebé, Neville, entonces has de ser sincero conmigo. Me da igual con quien quieras estar, quiero que seas sincero conmigo. Porque así sabré que serás sincero con él o ella.
―Sí, tienes razón.
―Tengo que volver al trabajo.
―Hannah, espera ―le detuvo. Acto seguido, me arrodillé. Hannah se alarmó ―. Sé… Sé que todo ha sido muy precipitado, créeme. En fin, tu embarazo, nuestro par de citas… Pero este tiempo que he pasado a tu lado, Merlín, creo que ha sido el mejor de mi vida. Así que te lo preguntaré ahora. Y puedes decirme lo que quieras, no te obligaré a nada, pero… ―saqué un anillo y se lo enseñé ―. ¿Quieres casarte conmigo?
Hannah se quedó mirando, boquiabierta.
―Yo… Yo… Neville Longbottom, eres un idiota. Y sí, me casaré contigo.
Sonreí ampliamente. Tras ponerle el anillo en el dedo, se levantó y la abracé, besándola en los labios. Hannah me rodeó el cuello con sus brazos, mientras que los clientes del Caldero Chorreante aplaudían y vitoreaban felicitaciones.
Al rato, volví a Hogwarts. Tras llegar a Hogsmeade, ya que quería hacer partícipe a Aberforth de la buena nueva, volví al Castillo. Sin embargo, me topé con alguien frente a las Tres Escobas.
―Hola, Luna. Buenas noches.
―Ah, hola, Neville. ¿Qué tal estás?
―Bien. Muy bien, a decir verdad. He estado hablando con Hannah y… todo se ha arreglado.
―Me alegro por ti, entonces. Neville, hay algo que…
―Merlín, si no lo digo creo que reventaré. Hannah y yo nos vamos a casar.
Parecía que a Luna le hubiesen arrojado un balde de agua fría encima.
―¿Qué?
―Lo que has oído. Hannah y yo nos casamos. Es un poco precipitado, ya lo sé, pero en fin, vamos a tener un hijo. Qué menos que formalizarlo. ¿Qué ibas a decirme?
―¿Qué? Ah, sí. Esto… ¿sabes qué? No tiene importancia. Lo tuyo parece más importante ―rió, aunque le costó muchísimo ―. En realidad tengo que irme ya, regreso a Londres y debería estar ya en el andén. Pero te doy mis felicitaciones, Neville. Espero que Hannah y tú seáis muy felices.
―Gracias, Luna. De todo corazón, gracias.
Se abrazaron y yo puse dirección al castillo, mientras que Luna se fue en dirección contraria, al andén. Se detuvo y se volvió un momento, pero Neville ya estaba lejos. No había tenido valor para decirle que estaba embarazada.
