Capitulo 8
La pesada rutina de la universidad por fin regresado. Las vacaciones habían llegado a su fin, aunque no todo era tan malo como parecía. Anna estaba contenta de ver a sus viejos compañeros, la mayoría se había ido de viaje o simplemente no tuvieron tiempo de verse en vacaciones. Por otro lado, Elsa estaba tomando el regreso a clases como la perfecta excusa para olvidarse de Anna y de todo los acontecimientos que les habían pasado.
Su relación, por extraño que parezca, estaba mejorando y ya no se encontraba en la cuerda floja. Anna dejó aun lado sus coqueteos e insinuaciones y prefirió mantener su distancia. Esto trajo consigo algo bueno, Elsa volvió a actuar como antes, al menos en el sentido de volver a tratarla como su hermana menor.
Aunque Anna seguía manteniendo su firme postura de aceptar y corresponder, de cierta forma, los sentimientos de su hermana, está seguía manteniéndose debajo del radar. Esto para no levantar sospechas y así no provechar la ira de sus padres. Pero de vez en cuando, las dos tenían sus momentos especiales. Esos en los que Elsa mandaba al diablo todo, sus miedos, preocupaciones, la opinión de sus padres y solo se enfocaba en estar con Anna. Pero también esos eran los momentos en los que más frágil y culpable se sentía. No importaba de que lado lo viera, era ilógico pensar que todo esto iba a tener un final feliz.
Durante las primeras dos semanas de clases, las cosas fueron así. Elsa metida en sus asuntos y Anna en los suyos y solo cuando la situación lo ameritaba, las dos expresaban sus sentimientos. Era como si las dos estuvieran en una montaña rusa de emociones.
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—Estoy aburrida, deberíamos de hacer algo — preguntó Anna a su hermana, esta estaba cómodamente leyendo un libro.
Elsa estaba tan centrada en su lectura que ni siquiera se percató de la presencia de la pelirroja en su habitación.
—¿Hola? Tierra llamando a Elsa — La rubia por fin quitó la vista del libro. Anna estaba sentada justo frente a ella.
—¿Cuándo entraste a mi habitación?
—Vine para decirte que estoy aburrida y qué si querías hacer algo. Es fin de semana, Elsa. No nos vendría nada mal el salir un poco.
Elsa dudó un poco sobre si contestar a la pregunta. El semestre había iniciado algo pesado y una salida con su hermana no le vendría mal. Aunque conociéndola, las cosas podrían ponerse algo complicadas.
—Anna me encantaría salir pero… Prefiero quedarme en casa y terminar de leer este libro.
—Podemos ir a un bar tú y yo nada más o ir al cine a ver una película. Vamos Elsa, no te vas a morir por algo así.
La rubia lo estaba pensando mucho. Anna solo quería distraerse y nada más. No había necesidad de ir a alguna fiesta loca, solo pasar tiempo de calidad con ella.
—Esta bien, me haz convencido. Y ya deja de hacer esa mirada de perrito regañado — Anna sonrió triunfante al ver que Elsa estaba aceptando.
—¡Sí! Por eso te amo — Anna se abalanzó directo a hacía su hermana, dándole un fugaz beso en sus labios dejándola perpleja.
Elsa le lanzó una mirada de pocos amigos, para luego rodar los ojos con una sonrisa en sus labios. La siempre actitud infantil y despreocupada de su hermana era el mejor remedio para hacerla sonreír.
—Esta bien, saldremos pero yo voy a elegir el lugar. ¿Esta claro? — Anna asintió varias veces — Bien, ahora déjame ponerme algo decente.
—Muy bien. Te veo en la sala en diez minutos.
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La luz de las farolas empezaban a iluminar las calles. Apenas si se podían distinguir los últimos rayos del sol. Un viento fresco empezó a soplar, golpeando suavemente el rostro de dos chicas que paseaban por un parque.
Al final la salida resulto ser una buena idea. Elsa había propuesto el ir por un helado y de ahí caminar por el centro de la ciudad. Anna se abrazaba del brazo de su querida hermana, sintiendo el calor de su cuerpo.
—¿Recuerdas este lugar? — Preguntó Anna.
—Como olvidarlo, aquí fue donde nos conocimos.
—Recuerdas que yo solía venir aquí todos días con mi mamá luego de la escuela.
—Sí lo recuerdo. Papá y yo solíamos vivir a dos calles de aquí, en un pequeño departamento. Yo no era una niña muy sociable que digamos… Pero un día papá me trajo a este parque para que hiciera amigas y…
—Estabas sola y sentada en uno de los columpios. Llegué yo y te invite a jugar a las muñecas.
Elsa no pudo evitar sonreír al recordar ese momento. De niña ella no se sentía muy cómoda jugando con otros niños de su edad, prefería mejor estar sola leyendo un libro o jugar algún juego de mesa con padre. Pero cuando una simpática pelirroja llegó a invitarla a jugar, no pudo rechazarla. A partir de ahí empezó a formarse una gran amistad entre las dos. Además de eso y gracias a ellas, sus padres se conocieron y prácticamente era casi diario se vieran.
—Y un año y medio después de ese día… Tú y yo nos convertimos en hermanas. — Anna tomó de la mano a su hermana. Aquel día de la boda de sus padres, fue sin duda una de los más felices de su vida.
—Sí… Hermanas.
"Ella es tu hermana… No puedes hacerle esto"
—Anna…
—Dime.
—¿Te gustaría besarme?
Anna se sorprendió con la pregunta, que casi tira su helado de chocolate. Cómo era posible que Elsa le estaba preguntando eso. Todo este tiempo ella era la que se negaba a esa idea, la que no quería que las descubrieran o demostrar sus sentimientos.
—¿Por qué me preguntas eso? — Ahora Anna la estaba viendo de frente.
—Solo contesta… ¿Quieres besarme?
La pelirroja se acerco a su rostro con cierto miedo. Elsa también estaba nerviosa, no podía engañarse más tiempo, ella también quería besarla.
Chocolate, vainilla, frio y calor. Ese beso que había iniciado tranquilo, pronto se convirtió en un intenso juego de labios contra labios. Ya no importaba si alguien pudiera reconocerlas, Elsa ya había tomado su decisión.
