Kenshin despertó con la brillante luz del sol filtrándose por las ventanas.
Parpadeó varias veces para que sus ojos se adaptaran a la claridad. Tardó varios segundos en darse cuenta de que la habitación, no era su cuarto, y de que el peso que le tenía adormilado el brazo, no era su perro.
Miró a Kaoru. Su rostro estaba relajado, no se parecía en nada a la fiera que era cuando estaba despierta. La estrechó un poco más en su abrazo aprovechando para colocarla un poco más sobre su pecho y descansar el brazo.
El personalmente pensaba que sería bueno que la abogada siguiera tan dócil como lo era en ese momento una vez despertara. Pero sabía que eso no sería así. Ella le chillaría o... bueno, no quería pensar más, con los chillidos tenía bastante.
También sabía que todo lo que había ocurrido era un error. Un gran error. Había intentado alejarse de ella más de una vez, pero siempre que llegaba a la puerta, daba la vuelta y regresaba con ella a tomarla una vez más.
Bostezó –Menuda noche de locos...
Kaoru despertó cuando el sonido de la voz de Kenshin llegó a sus oídos. Saltó de la cama de un brinco y se apoyó contra la pared.
Kenshin esbozó una sonrisa pícara. –Buenos días –su mirada se paseó por el cuerpo de Kaoru –Sí, muy buenos.
Kaoru no fue consciente de su desnudez hasta que vio que Kenshin se la comía con la mirada. Enrojeció.
Estiró de la sabana y la colocó en torno a su cuerpo.
La sonrisa de Kenshin se incrementó dándole un aire de malicia.
Kaoru se ruborizó al darse cuenta de que ella lo había dejado desnudo al quitarle la sabana. Automáticamente se llevó la mano a los ojos para tapárselos, cosa que hizo a Kenshin soltar una carcajada.
-¡Ay mi Dios! No ha sido un sueño.
Kaoru abrió minimamente los dedos para mirar a Kenshin de nuevo. –Es real ¡Ay madre!
-¡Vaya¿Debo tomármelo como un cumplido? Has dicho sueño y no pesadilla. Aunque no, no soy ni una cosa ni otra.
Kenshin se levantó ágilmente y antes de que Kaoru se diera cuenta, él le tenía su mano atrapada contra su erección. -¿Te parece esto un sueño, Kaoru?
Kaoru abrió los ojos como platos y retiró la mano de golpe.
-No tienes que hacerte la vergonzosa conmigo. Los dos sabemos que no tienes nada de santa.
Kaoru lo miró con el ceño fruncido y echando chispas por los ojos. Kenshin levantó las manos en señal de rendición.
-Tranquila de todas maneras no pienso volver a cometer el mismo error de anoche. Así que no tienes que esconderte de mi.
¿El mismo error de anoche¡¿El mismo error?! Ella pensando que era un sueño por ser la mejor noche de su vida... ¿y el decía que era un error?
"¡Estupendo Kaoru! En verdad te los buscas..."se reprendió.
-¿Me permites usar el baño para darme una ducha?
Kaoru lo miró con gesto de reproche pero Kenshin no le prestó atención.
-¿Acaso me pediste permiso anoche para usar mi casa¿O para entrar a hurtadillas en mi patio?
Kenshin sonrió. –¿Debo suponer que las toallas están en ese armario?
Kaoru negó con la cabeza y señaló con un dedo en dirección al cuarto de baño.
Kenshin le pellizcó la mejilla tiernamente antes de salir por la puerta hacía el cuarto de baño.
Kaoru resopló una vez estando sola en su cuarto. ¿Ahora qué¿No volvería a verlo más, igual que pasó con Enishi? Aún no sabía como se había dejado manipular de esa manera.
Ya tendría que haber aprendido la lección.
Miró alrededor y vio la ropa de Kenshin y la suya propia pulcramente dobladas encima del tocador. ¿Cuándo habría salido al patio a buscarla? Porque que ella recordara, la ropa, junto con la toalla y el libro se habían quedado olvidados en el patio. Sonrió al ver el libro en su mesilla de noche y la toalla bien doblada en la silla.
Su mirada se posó de nuevo en la ropa de Kenshin y en las "Adidas Good Year" que se encontraban debajo. Sonrió. ¿Con que un error no...?
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Kenshin salió de la ducha y abrió el armario en busca de una toalla.
Toalla pequeña... toalla pequeña... toalla pequeña...
¿Dónde demonios estaban las grandes?
Suspiró, en fin, no era que le importara. Había entrado desnudo y saldría desnudo igual.
Se secó con una de las toallas pequeñas, se peino el cabello con los dedos y salió en dirección al cuarto de Kaoru.
Cuando llegó al cuarto escuchó como la puerta del baño se cerraba de golpe seguida del sonido del pestillo.
Esa mujer estaba bien paranoica... ¿Qué sentido tenía esconderse de alguien que ya te ha visto desnudo y con el que además has compartido una noche como la que habían compartido Kaoru y él?
"¡Mujeres¿Quién las entiende?" resopló.
Posó su mirada en el tocador solo para darse cuenta de que su ropa había desparecido.
"Estará encima de la cama" se tranquilizó.
Miró la cama, sin sabanas, sin su ropa...
Solo había encima una bata diminuta con lacitos que no le llegaría ni a tapar la entrepierna y unas babuchas con orejitas de conejo.
-¡Mierda! –esta vez si que se la había jugado bien.
¿Qué pretendía¿Qué saliera con la batita y las babuchas¡Ni muerto!
Miró en el armario. Faldas... faldas... faldas...
-¡Joder¡¡¡Kaoru!!!
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Kaoru sonrió mientras se enjabonaba. Ya lo notaba desesperado y aún no sabía tan siquiera que era lo que había hecho con su ropa. Cuando lo supiera...
-¡¡¡Kaoru!!!
¡Uy! Esa vez había sonado más cerca. Contó hasta tres... dos... uno...
Kenshin golpeó la puerta del cuarto de baño y al ver que no contestaba la zarandeó.
-¡Kaoru, maldita sea¿Dónde está mi ropa? Contesta mujer, o sino...
-¿O sino qué? –Kaoru aguantaba la risa a duras penas.
Kenshin se quedó aturdido. ¿Lo estaba retando? –O sino... –¿O sino qué? Se preguntó el mismo. ¡Mierda!
–O sino echo la puerta abajo –sonrió satisfecho.
Oyó la risa de Kaoru desde el otro lado –Me gustaría ver como lo intentas. Los titulares serian excelentes ¿Te imaginas? Jefe de policía acusado de allanamiento de morada y destrozos de material hogareño.
Kenshin se quedó con la boca abierta. ¿Con quien se había acostado¿Con la reencarnación de Satanás¡Joder!
Contó hasta diez.
Siguió hasta veinte.
Y decidió seguir contando hasta treinta.
Dejó escapar el aire y una vez más calmado, decidió esperar a que Kaoru saliera del baño.
Se dirigió a grandes zancadas hacía el salón, decidiendo que seria lo que apretaría más el cuello de Kaoru, si sus manos o su pie.
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Kaoru bajó las escaleras ya vestida con un vestido de piqué sin mangas de color turquesa y unas sandalias blancas.
Se quedó parada en el umbral de la puerta al ver a Kenshin estirado en su sofá, completamente desnudo y cambiando canales en la televisión.
Ese hombre era la perfección masculina personificada. Aunque le faltaba altura. Rió.
Kenshin giró el rostro y le dirigió una mirada furibunda. –¿Dónde está mi ropa?
Kaoru se rascó el antebrazo –¿Sabes? No sé tu pero yo necesito un café. No soy nadie sin un buen café para empezar el día.
Kenshin se sentó de golpe –Y yo no soy nadie sin mi ropa en casa ajena.
Kaoru no estaba del todo de acuerdo en eso. El no había usado su ropa durante la noche y ella había notado su presencia. Y mucho...
Kaoru volteó en dirección a la cocina –Sí, tú también necesitas uno.
Kenshin resopló resignado y la siguió –Vale Kaoru. Me has ganado ¿De acuerdo¿Estas contenta?
Kaoru volteó y le entregó una taza de café con una gran sonrisa. Aunque no podía evitar ruborizarse al ver a Kenshin sin ropa. Por el contrario, él no parecía avergonzado por su desnudez.
-Sí, lo estoy.
Kenshin sonrió –Bien, entonces ¿puedes entregarme ya mi ropa?
Dio un sorbo al café y su cara morada no pasó desapercibida por Kaoru. ¡Estaba asqueroso y salado! Pero Kenshin en ningún momento se quejó.
Kaoru bajó la mirada al suelo y su rubor se intensificó –No puedo.
Kenshin quedó perplejo –¿Cómo has dicho?
La voz de Kaoru sonó como un susurro. –No la tengo.
A Kenshin empezaron a zumbarle las sienes. Eso no le olía nada bien. –¿Qué has hecho con mi ropa, Kaoru?
-Esto... se la di al vagabundo de la esquina.
Kenshin abrió los ojos como platos –¡¿Qué has hecho que?!
Kaoru se encogió de hombros y Kenshin echo a correr hacía el salón, retiro las cortinas un poco y miró al feliz vagabundo con su camiseta Armani puesta, sus Levi's y sus Good Year. ¡Mierda! Solo esperaba que sus boxers siguieran dentro de la casa.
Se estaba empezando a cabrear. Y mucho. –¿Cómo has podido hacerme esto, Kaoru?
Kaoru se cruzó de brazos y enfrentó su mirada.
-Un error. Tú cometiste uno anoche y yo lo he cometido esta mañana. Son cosas que suceden.
Kenshin se golpeó mentalmente al darse cuenta de su propia estupidez. La había dañado con su comentario y no había sido esa su intención. Ella no era el error, sino él.
-Bueno siempre podemos... –sus palabras murieron al darse la vuelta de nuevo hacia la ventana y ver que el vagabundo ya no estaba. ¡Mierda!
Kaoru se tapó la boca para que Kenshin no viera su sonrisa. En esos momentos el pobre hombre le daba pena. Quizá se había pasado. A lo mejor con arrancarle un dedo hubiera sido suficiente, pero en fin... lo hecho, hecho estaba.
-Mirare haber que puedo encontrar para que te pongas.
Kenshin asintió y se dejó caer en el sofá. Siempre terminaba jodido...
Kaoru bajó al rato con unos vaqueros y una camiseta unisex.
Kenshin no se molestó en ir al baño a vestirse ¿para qué?
Cuando terminó de vestirse la cara de Kenshin era un poema y Kaoru no pudo evitar reírse a su costa.
-Te ves adorable. Muy... mono...
Kenshin gruñó –Los pantalones me asfixian y la camiseta se me pega. Parezco Billy Eliot con el mallot puesto.
-Pues eso es lo más grande y masculino que tengo. Además, no te ves tan mal.
Kenshin siguió refunfuñando un rato hasta que se dio cuanta de que eran las once y media y aún no había llevado el Ferrari a reparar.
-En fin, me marcho ya. Tengo que llevar el coche al taller y antes tengo que pasar por casa a cambiarme el uniforme de bailarín profesional. El chapista del taller es un fan incondicional de Billy Eliot y no me gustaría que me atosigara para que le firmara un autógrafo.
Kaoru sonrió. Aún no podía creer que Kenshin se hubiera tomado tan bien su jugarreta. Ella estaría chillando como una histérica. En cambio Kenshin sonreía e incluso bromeaba.
Lo acompañó hasta la puerta y cuando salieron al porche los dos se quedaron estáticos al ver al viejo señor Takamoto y media calle más rodeando el Ferrari.
Kenshin apretó fuertemente las llaves del coche en sus manos y se acercó con paso decido. Si alguien se atrevía a burlarse de su atuendo se lo comería vivo.
Nadie se burlo de su atuendo, pero callar no estaba en su vocabulario.
-¿Es este tu coche muchacho? –perguntó Takamoto.
Kenshin asintió con reticencia sin saber muy bien que esperar de ellos.
Takamoto sonrió –Sakai, me debes quince mil yenes. Es el chico de las prisas.
Kenshin enrojeció al recordar como se había marchado la noche anterior a toda prisa llevándose la valla por delante.
Takamoto miró la puerta del Ferrari y sonrió –Las prisas son malas consejeras¿verdad? –hizo una pausa para mirar a Kaoru –Buenos días Kaoru.
Kaoru le sonrió, era simpático el hombre –Buenos días Taki. ¿Qué tal tiene usted la espalada esta mañana?
-Hay vamos tirando. Hoy la espalada no me molesta, hoy lo que me molesta es la falta de sueño.
-¿La falta de sueño¿Tiene usted insomnio?
-¿Yo insomnio? No, eso no. Lo que sucede es que anoche los grillos de tu patio estaban muy escandalosos, y tú sabes cuanto me molestan los grillos.
Kaoru enrojeció violentamente y Kenshin apretó los labios en una fina línea mientras se subía al coche y bajaba las ventanillas.
-En fin, la compañía es muy grata, pero tengo que marcharme. Si me permiten sacar el coche...
Los vecinos se apartaron al instante. Takamoto se agachó y lo miró con suspicacia –Recuerda chico, las prisas no...
-...no son buenas consejeras –Kenshin terminó la frase por él –Gracias por el consejo.
Echó marcha atrás, y salió a la calzada, después de decir adiós con la mano a una avergonzada Kaoru partió rechinando ruedas.
Kaoru se quedó alucinada. "¡Será cobarde!" Se había largado corriendo y la había dejado allí con todo el marrón.
CONTINUARÁ
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