Lana Parrilla y Jennifer Morrison se pertenecen a sí misma y no a una servidora, más me gustaría.

Este fic de temática morrilla está escrito solo para disfrute de los lectores y sin ánimo de lucro.

Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, a mi petita, a mi morena, a Natalia, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.

Va especialmente dedicado al amor de mi vida, esthefybautista, cada día estoy más orgullosa de sentirme tu prometida, de que estés en mi vida, de que seas tú quien me devuelve la sonrisa a todas hora, te amo es poco para expresar lo que siento por ti.

Quiero mencionar en especial a Mery, que ahora mismo está currando como loca, levantando España en las sombras, mi Mery que sin ella este fic no iría a ninguna parte.

También quiero mencionar a Ivet, ya que también me ayuda con detalles que yo no sé y no me deja meter la pata tan a menudo como suelo hacerlo.

Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, EvilSwanQueen21, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.

CAPÍTULO 8 AL LÍMITE

Jared se sentía extraño, sentado en aquel sofá en el apartamento de Jennifer y Lana, jamás imaginó una situación similar. Sobre la chimenea ornamental del salón había varios marcos con fotografías llenos de recuerdos y momentos en los que ambas se veían felices.

Se preguntaba por qué lo ocultaban, él encontraba esa relación hermosa y no entendía a qué tenían tanto miedo como para llegar a esconder cuatro años de matrimonio.

Veía como Jennifer caminaba nerviosa de un lado a otro del salón mientras Lana la observaba, sentada y en silencio. Podía ser pequeño pero no era tonto, de pronto todo encajaba, todo tenía sentido. El innegable magnetismo que tenían en pantalla venía de los inmensos sentimientos que albergaban ocultos. La tensión se podía cortar con un cuchillo, le habían llevado a su propio apartamento para hablar con él, explicarle lo que había visto y pedirle que mantuviese el secreto.

Cansado del incesante andar de Jennifer y de la angustia reflejada en los rasgos de Lana, finalmente rompió ese silencio que empezaba a hacerse demasiado pesado.

-"Entonces… ¿Me vais a contar que hacíais en ese armario besándoos? Y no me mintáis porque sé perfectamente lo que vi"

Jennifer paró en seco y miró a su mujer con el rostro congestionado por el miedo. Lana, sin apartar la mirada de la rubia, suspiró sabiendo que por primera vez en cuatro años iba a sincerarse ya que su esposa parecía haber enmudecido.

-"Jared, no debes contárselo a nadie"

-"¿Contar el qué, que os besabais?"

-"Jennifer y yo somos más que compañeras de reparto, ya lo has visto, pero nadie debe saberlo"

-"¿Compartís apartamento?"

-"Estamos casadas, desde hace cuatro años, antes de empezar la serie nos casamos"

Si verlas en situación cariñosa dentro del armario lo había dejado completamente asombrado, saber que llevaban tanto tiempo casadas en secreto le dejó completamente sin habla. Jennifer se sentó en el suelo y sus ojos se perdieron en el rostro de su esposa. Sabía perfectamente que sus actos de esa tarde traerían consecuencias poco agradables para ambas, que pelearían, que gritarían y que poco a poco se irían rompiendo un poco más.

Lana miraba expectante a Jared, esperando que dijese algo pues el chico parecía haber enmudecido de pronto.

-"¿Estás bien?"

El muchacho la miró, miró a Jennifer sin comprender, ellas se amaban eso se veía, ahora que sabía la verdad podía ver claramente la magnitud de los sentimientos en ambas y, si se amaban, ¿Por qué esconderlo?

-"¿Por qué? ¿Por qué ocultarlo? No lo entiendo, Josh y Ginny están casados también"

-"Al principio lo ocultamos para evitar a la prensa, evitar escándalos, después ya no sé por qué seguimos ocultándolo, yo también me lo pregunto en muchas ocasiones"

Jennifer alzó nuevamente la mirada, el tono de Lana había sido contundente, su mujer estaba llegando al límite y quizás ella también, se les había ido todo de las manos definitivamente.

Jared las observó con disimulo, se notaba que sufrían, se amaban y a la vez las alejaba la mentira, entendió por qué se dirigían miradas cargadas de reproche, de celos cada vez que estaban junto a sus compañeros de reparto masculinos. En ese momento supo que quería ayudarlas a volver a ser felices juntas, quería ayudarlas a salvar ese matrimonio aunque aun no sabía cómo iba a hacerlo.

Cuando Jared se fue y se quedaron solas, volvió a reinar entre ellas el silencio, cada vez más tenso y cortante. Lana estaba enfadada, dolida, avergonzada por el comportamiento de Jennifer ante Elizabeth, sin saber cómo se disculparía sin quedar en evidencia.

No quería mirarla, sabía que si lo hacía estallaría y estaba harta de discutir pues su dolor caía en saco roto, por mucho que Jennifer le jurase amor eterno solo podía creerla mientras estaban solas en su mundo, en cuanto volvían a la realidad las dudas ahogaban su alma, quitarse el anillo era una tortura, era volver a la mentira que estaba destruyendo su vida. Hablaba a menudo con su hermana y esta le decía que debía tener paciencia, pero el límite estaba cerca y cuando lo cruzara no habría vuelta atrás, si llegaba al límite de sus fuerzas sabía que acabaría con el matrimonio.

Jennifer conocía bien a su mujer, podía parecer despistada y poco observadora pero conocía cada arruga de su esposa y sabía lo que pensaba solo con mirar su expresión. Con sus ojos claros clavados en el hermoso rostro de su mujer sabía que esta estaba a punto de estallar en cólera, que se estaba frenando. Con un impulso la abrazó desatando la ira de la morena.

-"Suéltame, no me toques Jennifer"

-¿Estás muy enfadada conmigo?

-"Déjalo, no quiero hablar, simplemente mantente alejada de mí, no quiero verte"

-Lana, no me evites, vamos a hablar

"¿Hablar de qué? ¿De cómo me has avergonzado delante de Elizabeth? ¿De cómo cada día que pasa siento que has dejado de amarme y no haces absolutamente nada para evitarlo? O a lo mejor prefieres hablar de que llevamos cuatro años viviendo una mentira porque te acojona salir del armario, que me arrastraste a tu mundo sin yo desearlo para después renegar de mí, no quiero hablar Jennifer, quiero que me dejes tranquila, no lo soporto más"

Estalló, vomitó todo cuanto llevaba dentro y sin dignarse a mirarla se fue a su habitación pues le dolía la cabeza y sentía unas ganas terribles de estallar en llanto, cosa que no quería hacer frente a su esposa, ella no merecía sus lágrimas.

-¿A dónde vas?

-"A la cama, n se te ocurra seguirme, hoy no duermes conmigo"

-¿Dónde pretendes que duerma si no es contigo?"

Miró a su esposa, desde que empezaron a discutir fue la primera vez que posaba en ella su mirada. Sus ojos azules reflejaban un dolor profundo al verse evitada por la morena. Sintió deseos de correr hacia ella, besarla, sentirla, saber que iba a quedarse a su lado siempre pero el dolor punzante de su pecho y su llanto inminente cegaron su juicio y simplemente escupió con veneno en sus palabras.

-"Prueba en la cama de Colin, seguro que estará feliz de tenerte en ella"

Cerró la puerta de un portazo y echó la llave mientras amargas lágrimas empezaban a caer por su rostro. Perdonaría a Jen, claro que lo haría, siempre la perdonaba y volvía a ella pero a medida que pasaba el tiempo se le hacía más difícil e insoportable tener que perdonarla, sería todo más fácil si simplemente dejasen de discutir, salieran de ese círculo vicioso que estaba destrozando su cordura.

Se echó sobre la cama, llorando amargamente en silencio y escuchando a Jennifer maldecir, fuera de la habitación. No pudo dormir, toda la noche las lágrimas le impidieron rendirse al cansancio y dormir. Jennifer tampoco dormía, no podía y no porque estuviese en el sofá, su mente funcionaba a mil por hora intentando encontrar la solución a su matrimonio, cuando Lana había cerrado la puerta sintió como un jarro de agua fría cubriendo su espalda, sabía que en su habitación la mujer a la que amaba por encima de todo estaría sufriendo sola, seguramente llorando por su culpa y la angustia se pegó a su pecho. Debía hacerse perdonar, lana tenía que volver a confiar en ella y no tenía ni idea de cómo lograrlo, no después de cómo la había cagado. Sabía que la solución era simple, decir la verdad, aguantar el acoso de la prensa durante un tiempo, pero por algún extraño motivo no se veía capaz de dar a conocer su orientación sexual, tenía demasiado miedo. Lana no tenía nada que ver, ella era maravillosa y sus sentimientos no habían cambiado desde que se vieron por primera vez, siempre supo que sería la mujer de su vida y que no querría a nadie más, jamás le sería infiel, no se le pasaría por la cabeza, la desconfianza de Lana sobre sus sentimientos hacía ella destrozaban su corazón en mil pedazos.

Se levantó y deambuló por la casa como un alma en pena, escuchó a través de la puerta el suave llanto de su esposa y así supo que esta tampoco estaba pasando una buena noche.

Se tomó una cerveza a las tres de la mañana, contó ovejas hasta darse cuenta de que solo a la tercera su mente volvía a estar con Lana y en cómo hacerla feliz hasta que se rindió y se metió a hurtadillas en la habitación, convenciéndose a sí misma de que solo echaría un vistazo a su esposa por si necesitaba algo.

Estaba despierta, con lágrimas en los ojos y la mirada perdida en la pared, a pesar de no mirarla sabía perfectamente que estaba ahí. Se acercó a ella como hipnotizada, la morena ni se inmutó cuando Jennifer se tumbó a su lado en la cama y la rodeó suavemente con sus brazos, atrayéndola hacia su pecho y acariciando lentamente sus cabellos, la morena escondió su rostro en ese abrazo y Jennifer notó como la empapaban sus lágrimas, su mujer seguía llorando.

-No podía dormir, veo que tú tampoco.

-"Me haces daño Jennifer Morrison"

-Te amo, Lana Parrilla, puede que nuestra vida sea una mentira pero no hay nada más cierto que esas dos palabras, te amo y lo haré siempre.

-"Entonces ¿Por qué me escondes? ¿Por qué seguir mintiendo?"

-Dame tiempo mi vida, te prometo que lo arreglaré, solo confía en mí

-"Confío en ti, de verdad, es solo que…"

-¿Qué amor?

-"Que estoy llegando al límite, no sé cuánto aguantare, Jen no quiero divorciarme, de verás que no, pero si seguimos así no me quedará más remedio"

-No digas eso, no voy a perderte, tú eres mi vida

Atrapó los labios de Lana con pasión, la sola idea de perderla era devastadora, tenía que salvar su matrimonio, tenía que salvarlo como fuese. Lana correspondió su beso, tiernamente, acariciando su rostro con dulzura, su beso era salado, el sabor de las lágrimas se había impregnado a sus labios, la certeza de que la situación era insostenible estaba latente en el sabor amargo de ese beso, la amenaza de perder a la mujer de su vida palpitaba en su pecho. Abrazó a Lana con fuerza sin dejar de besarla con todo el amor que sentía. No la dejaría llegar al límite, no la perdería. Besando los labios de su esposa Jennifer se hizo una promesa, sería valiente y haría lo necesario para que Lana no derramase una sola lágrima de dolor por su culpa.