Roma entra de nuevo a la casa buscando comida esta vez, está seguro de haberla visto en algún lado cuando estaba buscando la salida, en algún momento...

Germania se va tras él, sintiéndose un poco idiota. Nada nuevo desde que se despertó. Roma empieza a abrir puertas una tras otra, otra vez, porque no se ha enterado de cuales ha abierto y cuáles no, mucho más consciente de lo que hace ahora.

Bien, si Roma no quería estar con él, él tampoco querría estar con Roma. Así que, muy sencillo, le evitaría. Se detiene de seguirle a la tercera puerta mirándole póker face, dándose la media vuelta y yendo hacia el cuarto donde habían despertado en la mañana.

—Así que... cuéntame, ¿cómo un hombre grande, fuerte e independiente ha sido obligado a ser confinado aquí contra su voluntad? —pregunta sin mirarle cuando nota que se va. Germania se detiene en la puerta, maldiciéndole por lo bajo.

—Supongo que tú podrías contarme lo mismo —responde.

—Yo no he dicho que esté contra mi voluntad —sonríe mirándole de reojo y se mete por fin a la cocina.

Germania se pellizca el puente de la nariz. Tendría que seguirle... No. Tendría en realidad que irse a otro cuarto, eso... ESO sería lo más sensato. Si quería hablar con él que fuera a buscarle. Vacila.

—¿Quieres comer algo? Estoy muerto de hambre, pero mis niños me explicaron cómo funcionan estas cosas para hacer fuego dentro de la casa... —explica empezando a abrir armarios, buscando.

A Germania le RUGE la tripa a la simple mención de comida, recordado que desde ayer tiene un montón de hambre. Sus piernas caminan hacia la cocina sin pedirle permiso siquiera.

—Vamos a ver... —Roma encuentra la nevera y sonríe, empezando a sacar frutas tropicales, verduras y cosas en general, la mitad no está seguro de lo que son y la otra mitad no las ha visto en su vida.

Germania levanta las cejas al ver lo que saca, inclinando la cabeza al notar que no conoce nada en absoluto.

—¿Qué vas a preparar?

—Mira, estos le gustan mucho a Hispaniae, me lo ha contado... —le muestra los tomates y luego saca un plátano y levanta las cejas mirándolo con una cara...— ¿Esto es comida de verdad? —tiene que hacer un esfuerzo para no partirse de risa sólo de imaginar cómo se debe comer.

Germania no puede más que sonreír MUUUUUY levemente de lado, sonrojándose un poco y negando con la cabeza.

—Voy a comerme uno —decide dejándolo fuera y se vuelve a buscar más (porque está buscando carne).

Germania se estira y toma el que ha dicho que le gusta a España, oliéndolo un poco.

—¡Mira esto! ¡Es un cactus! —saca una piña.

Germania le mira como si le hubiera dicho "mira esto, es un *plopsi".

—Como los que hay en el sur, en el desierto, ¿sabes? en Cartago y en Egipto había muchos de ellos... bueno, no eran como estos, pero se parecían... Cartago me enseñó a sacar agua de ellos, quitándoles la piel y sorbiendo la pulpa, aunque es muy amarga —explica dándole la vuelta—. Pero no sé para qué se quiere aquí si tienen grifos con agua dulce.

Germania, que no ha visto nada de eso nunca, se maravilla un poco como cada vez de que Roma sepa esas cosas.

—Quizás los grifos no sirven a veces. Quizás lo han puesto aquí para que pienses en Cartago y Egipto —agrega entre dientes para sí mismo.

—No, no, ¿cómo no van a servir? Si no sirven hay un problema de cañerías o con los acueductos —niega con la cabeza volviéndose a la nevera a ver que más encuentra. Porque sí tenían cañerías, aunque las tenían de plomo y la gente se moría envenenada, siempre todo muy pintoresco.

Sigue buscando sacando mangos, papayas y cualquier otra fruta tropical rara que encuentra hasta que encuentra unos lichis, se queda mirándolos.

—Eso no parece comida... —suelta Germania.

—Pinchan...

El germano se le acerca con curiosidad. Roma le pasa uno y de repente la nevera empieza a pitar porque hace mucho rato que está la puerta abierta, asustándole. Germania, como es evidente, también se asusta, dejando caer el lichi y dando un saltito.

Roma se queda unos instantes mirando la nevera y nadie sabe por qué, la cierra mirando a ver qué pasa.

—¿Qué hiciste? —le riñe Germania en automático al tiempo que cierra la puerta.

—¡Nada! —se defiende—. Quizás estas cosas que pinchan no son de comer...

—Ya te lo he dicho yo... —se agacha a buscarla levantando la mirada antes de levantarla y quedándose como bobo absoluto con una mirada fantástica de tooooodo Roma desnudo.

Roma se queda mirando el que tiene en la mano y cuando nota que Germania le mira desde el suelo, le guiña un ojo. Germania se levanta sonrojado y carraspea.

—Quiero probar todas estas cosas —asegura riendo un poco de la cara que ha puesto, yendo a abrir los cajones.

Germania frunce el ceño mascullando algo entre dientes y riñéndose a sí mismo por poner cara de idiota. Roma saca un cuchillo de palmo y medio de uno de ellos y toma a Germania de la cintura, acercándole al mármol. Perfecta combinación para TENSAR a Germania.

—Vamos al triclinium, ayúdame a llevarlas —pide tomando unas cuantas entre los brazos, dejándole la piña, los kiwis y los lichis que pinchan a Germania.

Germania frunce el ceño y carga las frutillas como puede, picándose un poco el pecho. Roma se acerca a las tumbonas que hay en la terraza, que es lo más parecido a un triclinium que hay, dejando las frutas en la mesa de madera.

El sajón deja caer las frutas a la mesa y se le quedan pegados dos lichis en el pecho. Roma le mira y se ríe, yendo a quitárselos.

—Esto no se come, Rom —protesta Germania arrugando la nariz.

—Ya veremos... —vuelve a mirar los lichis en su mano y sonríe—. A veces las cosas parecen espinosas por fuera y luego son dulces cuando las abres —le mira a los ojos.

Germania se revuelve un poquito. Roma sonríe y le da un beso suave en los labios

—Debe ser veneno... —se calla con el beso.

El romano se separa suavemente, sentándose en la tumbona, sin mirarle. Germania se sonroja, desviando la mirada y limpiándose los labios con el dorso de la mano.

Toma uno de los lichis con una mano, poniéndolo sobre la mesa y el cuchillo con la otra, lo clava un poco para que no resbale y da un golpe seco para partirlo por la mitad... aunque el hueso no se lo permite, sí consigue abrirlo. Germania se asoma mirándolo con interés, notando que deja un charquito de líquido.

—Oh... no esperaba que tuviera un hueso tan grande —comenta tomándolo y abriéndolo como un melocotón ahora, le pasa la mitad a Germania.

El germano se la acerca a la nariz y la huele, sacando un poco la lengua, le da una suave lamida y levanta las cejas.

—¡Es dulce!

—Sabe como a uva... pero rara —asiente Roma paladeando su mitad.

—Sabe como a uva pero sumergida en ese perfume asqueroso que usas.

—Y eso que tú hueles como a menta o algo así hoy —se ríe acabando de comerse la poquita pulpa que tiene medio lichi.

—¡No huelo a menta! —protesta sabiendo perfectamente que huele a menta en efecto, menta de Alemania. Aprieta los ojos.

—Sí lo haces —sonríe mirándole de reojo mientras abre el otro lichi y le pasa la mitad otra vez.

Germania se come su mitad esta vez sin saborearla tanto porque tiene mucha hambre.

—¿Que más hay? —pregunta mirando el resto de las frutas y tomando el tomate que también trajo junto con las cosas que pican que le mandó Roma.

—Eso... eso ahora no te va a gustar, es ácido —niega con la cabeza y toma la papaya—. Vamos a probar esto, parece un membrillo... quizás se ha de preparar con miel.

Germania se le acerca un poco.

—Huele MAL.

El mismo proceso que con el lichi, puñalada de cuchillo y golpe seco. Levanta las cejas al notar que sí se parte por la mitad y es naranja en vez de blanco como el membrillo.

—Es muy extraño... —le pasa su mitad.

Germania mira las semillas y se las quita una por una con pulgar e índice. Muerde un trozo con todo y cáscara y arruga la nariz escupiendo porque la cáscara es amarga.

Roma le da un mordisco al interior, semillas y todo, y abre los ojos como platos al notar que es dulce, escupiendo las semillas y con la cara sucia.

—¡OOOH! ¡Está muy bueno!

—La cáscara es horrenda —protesta Germania haciendo cara de asco y mirándole, notando que esta todo embarrado de la cara, teniendo la repentina compulsión de levantar la mano para limpiarle.

—¡La pulpa no! Es muy dulce, no te comas la piel —le da dos mordiscos más, escupiendo las semillas.

Germania se acerca a su trozo y le da una mordida pequeña sólo a la pulpa que sabe mucho mejor que con cáscara. Roma se ríe de él, aun con toda la cara manchada.

—Eh, deja de reírte de mí que tú estás todo embarrado —levanta la mano y le pone un dedo en la mejilla quitándole un trocito de papaya. El romano se tensa mirando el dedo de reojo, sonriendo —. Mira —le muestra el trocito en la punta de su dedo.

Lo mira, le mira a los ojos y se relame de esa manera incomoda. Germania quita el dedo, sonrojándose con esa cara de culpable que suele ocasionar que Roma se relama de esa manera incómoda.

Roma se ríe de nuevo y se pasa el dorso de la mano para limpiarse un poco.

—Te-Tengo... —balbucea estúpidamente y aprieta los ojos, detestándole —, Tengo más hambre que esas frutas.

—¿De qué tienes hambre? —pregunta en doble sentido y le mira de reojo.

Y el jodido Roma SIEMPRE consigue que Germania se entere de los dobles sentidos, aun cuando en el 99% de las otras ocasiones no se entera de nada. Abre la boca para contestar y le mira un poco de arriba a abajo, porque claro que además de hambre de comida tiene y mucha, hambre de justamente ESO. Cierra la boca.

Roma se ríe y un instante más tarde vuelve a acordarse de todo el asunto, volviendo a ponerse nervioso, dejando de sonreír un poco, apartando la vista y pasándose una mano por el pelo. Luego suspira y niega con la cabeza riéndose de sí mismo.

Germania echa un poco la cabeza hacia atrás y le mira a los ojos, frunciendo el ceño.

Was?

—Nada —niega y se encoge de hombros tomando el plátano y se lo pasa—. Quizás esta te sacie.

—Te lo ibas a comer tú —murmura sin moverse, sabiendo que algo va decididamente mal.

—Bien —se acerca el plátano hacia sí y como no sabe si tiene o no un hueso, pero no quiere cortarlo por la mitad y destrozar su forma, empieza a pelarlo con el cuchillo como a una manzana.

Rom —le llama después de unos instantes de mirarle pelar el plátano.

Le mira y se le clava más el cuchillo hasta todo el grueso de la piel, porque no la estaba sacando toda. Germania baja la mirada al plátano sin poder evitarlo y se sonroja un poco, olvidando el asunto tan serio que tenía entre manos.

Roma estira la piel y levanta las cejas al notar que sale sola, dejando el cuchillo de lado. El germano se revuelve un poco pensando que la estúpida cosa que tiene en la mano Roma es... irreal. Esas cosas no existen, punto. Roma acaba de pelarlo del todo mirándolo y mira al germano de reojo, riéndose un poco idiotamente.

—Los dioses tienen tu sentido del humor, al parecer —protesta Germania.

—En serio, como esto sepa a verga... —se muere de risa.

—Eres un asco —se queja el germano lanzándole un huesito de lichi encima.

Roma se ríe más, protegiéndose y aprieta un poco el plátano, que se le deshace un poco en el puño.

—¡Oh, cielos! —protesta al notar la textura.

—No me expliques... —murmura sin ver lo que ha pasado imaginándose cualquier clase asquerosidad.

Se lleva la mano a la boca y empieza a lamerse los dedos por donde se ha esparcido, notando el sabor. Germania le mira de reojo y se sonroja otra vez, tensito. Roma levanta las cejas.

—Sabe muy extraño, ¡pero está bueno!

—Con esa forma, me habría sorprendido que no supiera extraño.

—Podría acostumbrarme a comer tres o cuatro de estos al día —entrecierra los ojos, sonríe maligno y empieza a lamer la parte intacta que sale por encima de su mano de manera completamente obscena.

Germania abre los ojos como platos y se sonroja de manera completamente evidente, paralizándose. El latino sonríe aun más al notarlo y se lo mete a la boca haciéndolo entrar y salir con algún suspiro/gemido, sin dejar de mirarle fijamente a los ojos.

El rubio aprieta los ojos, se sonroja más y repentinamente, hace un movimiento tirando de su brazo para que pare.

—¡Basta!

Roma muerde el plátano y se medio ahoga de risa, tosiendo.

—Solo tienes... esas asquerosidades en la cabeza —golpe en el brazo, toma el tomate y le da una mordida.

—Pfes ef gue miggalo! —se defiende con la boca llena, señalando el plátano.

JA, ja... ya lo he mirado bien... a él y a TI, ¡que no ayudas a que uno no piense en eso! —protesta sin pensar. Roma se ríe más, tragando.

—¿No serás tú que me miras y sólo puedes pensar en eso?

Dos grados más de sonrojo germano.

Nein!

Se sigue riendo con la mano en el estómago y los ojos cerrados, medio doblado. Germania suelta un insulto bajito, arrugando la nariz porque el tomate está MUY ácido, aunque en el fondo, muuuuuuuuuy en el fondo, prefiere que Roma se ría aunque sea en burla, a que esté serio y... raro.

—¿Entonces quieres probar mi verga? —pregunta cuando se calma un poco.

WAS?!

—Me refiero a la fruta, no sé cómo se llama, así que la he bautizado como "verga" —sonríe.

—¡Nein, no vas a bautizar una fruta como "verga", es confuso! —protesta.

—Por eso —se ríe.

—Pues no quiero que sea confuso ni que estés hablando de verg... ¡de eso!

—Está bien, ponle tú un nombre —propone inocente.

Germania parpadea, y se sonroja, y en su cabeza sólo escucha "vergavergavergavergavergaverga".

—D-Da lo mismo el nombre, puedes llamarle "fruta ridícula".

—Ese es demasiado largo —niega.

—¡No es largo llamarle ridícula a una fruta!

—No me gusta, la llamaré verga.

—¡No quiero que la llames verga! Ya suficiente tenemos con tu propia verga y las veces que te refieres a ella —otra vez sin pensar hasta que se oye a sí mismo, aprieta los ojos y se lleva una mano a la boca, sonrojándose.

Roma se muere de risa otra vez.

—Entonces dale otro nombre... —responde de nuevo.

Otro insultito por lo bajo, esta vez dirigido a Roma directamente.

—¿Que acaso no la puedes llamar tú de otra manera que no sea "ver... " —carraspeo—, de esa manera?

—Cabrón... —repite el insulto—. Bien, la llamaremos cabrón...

Ojos en blanco, aunque este nombre le parece mejor que el de "verga".

—Bien, eres como Preussen cuando medía esta altura —hace un gesto para señalar un metro de altura de su mano al suelo.

—Entonces quieres probar mi cabrón —frase con un sentido completamente obvio dejando claro que se refiere a sus regiones vitales.

Germania le mira de reojo y se sonroja otra vez, revolviendo un poquito en su lugar.

Nein, no quiero probar tu verga —chilla histérico y el subconsciente le traiciona.

Y Roma se muere de risa ooootra vez… Hasta que le dan un golpe con la mano abierta en la nuca.

—Ouch! —protesta aun riéndose, llevándose la manos a la nuca.

—¡Eres un idiota! ¡Deja de confundirme!

—¡Vale, vale! —se ríe aun, levantando las manos en señal de rendición.

Germania se cruza de brazos otra vez y le mira de reojo, sonriendo un poquitín porque se ha rendido, con una estúpidas y ridículas ganas de abrazarle, que no puede con ellas. Aprieta los ojos, brazos y labios, sonrojándose más.

—¿Tienes más hambre entonces?

Nein —mentira absoluta girando la cara, pero le ha dado terror atraparse a sí mismo queriendo abrazarle.

—Entonces creo que podríamos ir a ver cómo de grande es esta isla...

—Quizás puedas ir tú y yo te espero aquí —replica un poco más agresivo de lo que quisiera.

—¿No quieres venir conmigo? —le mira un poco desconsolado.

El ordenado y rígido cerebro de Germania suelta un "?" sin entender... ¿qué no era Roma el primero que había salido corriendo como loco? ¿Y ahora sí quería estar con él? Aprieta los ojos sin comprender.

—Vale, vale... iré. ¡Eres demasiado complicado, Rom!

—¿Qué tengo de complicado? —sonríe levantándose, recogiendo las frutas que no se han comido, porque quiere llevárselas.

—¡Tienes TODO de complicado, no te entiendo! —protesta levantándose también y cubriéndose lo mejor que puede con su funda.

—No hay nada qué entender —sonríe y nota la funda, quitándosela de un tirón, metiendo dentro la fruta tranquilamente.

—¡Ehhh! —protesta cubriéndose las regiones vitales.

—No puedo llevarlas en las manos todo el rato —sonríe y le mira de arriba abajo, haciendo que Germania se sonroje más.

—¡No puedo ir desnudo!

—¿Por? Yo voy desnudo.

—Tú puedes ir desnudo a donde sea y no te incomoda porque tienes algo mal en la cabeza... yo no tengo ese problema —le mira de arriba a abajo ooootra vez y se sonroja... oooooootra vez.

—Pero si no tienes nada de qué avergonzarte hombre —se ríe.

—Te odio, de verdad que te odio —protesta yendo a la puerta y saliendo.

—¿Por queeeé? —se va detrás, riéndose.

—Por idiota, por incomprensible y... —bufa, caminando en la arena, sin soltarse las regiones vitales, volviendo a mirar al cielo en automático intentando saber dónde están.

—Sigo sin saber por qué dices esas cosas —responde andando a su lado, con la bolsa de frutas al hombro.

—Entonces eres idiota, y... ¿sabes? No te creo, no te creo que no sepas, lo haces a propósito, pero no vas a conseguirlo.

—Es difícil saber qué cosas no entiendes porque para mí las cosas que hago son muy obvias —suspira explicándole un poco más seriamente.

—¿Qué es lo que te parece tan obvio? No es obvio irte y luego chillonear porque no quiero venir contigo. Eso se contrapone.

—¿Irme? —le mira de reojo.

Germania se sonroja más y apresura el paso. El romano apresura el paso también para andar a su lado, frunciendo un poco el ceño. El sajón apresura aún más el paso, siguiendo la costa, y mirándole de reojo, roooojo como tomatillo.

—No te hagas el idiota.

Roma trota un poco para seguir a su lado.

—No me hago el idiota, estoy aquí, ¿A dónde iba irme? Si esto es una isla no puedo... —se detiene dándose cuenta de lo evidente.

Germania le mira de reojo y se le acelera un poco el corazón al notar que no lo había pensado. El latino da un pasito atrás y traga saliva, nervioso, mirándole un poco en pánico. El rubio aprieta los ojos al verle la cara por un instante y se gira al frente, caminando aún por la orilla de la costa.

Roma se pasa una mano por el pelo, repitiéndose a sí mismo que no pasa nada para calmarse, antes de echar a correr para andar a su lado otra vez. Y Germania flipa tres veces y levanta las cejas cuando le escucha, porque eso NO se lo esperaba, bajando incluso un poco la velocidad al andar, aunque sin detenerse.

—Si esto es una isla no puedo ir a ningún sitio —acaba la frase, aun un poco nerviosito.

—Lo sé —murmura bajito de vuelta bajando un poco la cabeza—, lo cual no me hace sentir del todo cómodo, es idea de tus hijos, no mía.

—Eso explica por qué no querían contarme el plan...

Germania se detiene de repente y el romano hace lo mismo, mirándole de reojo.

—La isla es lo bastante grande.

Quid?

Germania suspira, poniéndose de espaldas al mar y mirando los árboles tropicales que hay frente a él.

—Vamos a dar la vuelta a la isla, la dividimos en dos, tú te quedas con una parte, yo con la otra, NO ME INVADAS —advierte—, y se resuelve tu problema.

Roma parpadea y el germano se humedece los labios.

—¿Quieres huir de mí, o quieres huir hacia alguien más? —pregunta el sajón cerrando los ojos.

—No estoy huyendo, no te creas que me das miedo —frunce el ceño.

Abre los ojos sin entender en lo absoluto esa respuesta, ni siquiera se había puesto a pensar en el miedo.

—¿Eh?

—No te las des tanto "nos repartimos la isla y no tienes que huir" si me molestas te mataré y asunto arreglado.

Le cambia la cara a una completamente diferente, porque lleva demasiado rato pensando en otra línea. OTRA línea del todo distinta, relacionada a estupideces de mujer como el amor y los besos y el oler bien, y esto se sale DEMASIADO de ese guion y tarda un poco en procesarlo. Roma le sostiene la mirada de manera agresiva, con el ceño fruncido. Matarle. Esto... era un plan para matarle. Germania tiene incluso un escalofrío, y escucha el sonido de su corazón.

—¿Queda claro? —pregunta el latino.

Y las prioridades empiezan a ser otras. Prussia, la casa... un arma. Un cuchillo, quizás lo haya guardado en la funda que le quitó de la cintura.

Roma sigue sosteniéndole la mirada, de un ojo a otro, sin saber qué piensa. El germano se tensa, se tensa mucho, empezando a pensar que quizás esta sea la última oportunidad que tiene antes de volver a la casa donde quizás haya más cosas con qué matarle. Aprieta los dientes y sin pensarlo mucho más, se le echa encima tratando de tirarle y, especialmente, de quitarle la funda.

El romano levanta las cejas cayéndose de espaldas sin esperarse eso, suelta la bolsa intentando defenderse. Y Germania pelea con el ánimo de alguien que acaba de caer en la cuenta (según él) de que es un absoluto idiota que ha venido aquí engañado pensando que es para ENAMORARLE, cuando en realidad lo que quieren es matarle.

Roma se defiende gritándole que pare, sin atacarle de vuelta, haciendo lo posible por inmovilizarle, rodando en la arena. Germania continúa bastante incansable, gritándole que no va a matarle y que le matará él primero, con unos gritos bastante más sentimentales y descorazonados de lo que se da cuenta.

Al final, como Germania no está usando la cabeza y Roma sí, consigue detenerle con las manos sobre su cabeza, sentado en su estomago, respirando agitadamente con algunos rasguños y arañazos, lleno de arena. Le mira fijamente manteniéndose firme en inmovilizarle, con el ceño fruncido.

Germania respira agitadamente con los ojos rojos y el corazón muy acelerado haciendo un esfuerzo por moverse, sin conseguirlo. Aprieta los dientes y le mira a los ojos.

—¿Pero qué coño pasa contigo?

—¿Vas a matarme? ¿Eh? Venga... es el momento. ¡Ya te molesté, ahora mátame! —grita un poco, moviéndose sin dejarse pensar demasiado.

Y Roma le mete una bofetada. Bien, sumemos esto a la lista de cosas que Germania no esperaba.

—¿Quieres calmarte?

Oh, mira, una cosa más que no esperaba. Aprieta los ojos, pero deja de intentar pelear. Roma se relaja un poco, soltándole las manos, aun sentado sobre él. El germano se lleva las dos manos a los ojos, tomando aire.

—¿Qué pasa? —pregunta de forma más dulce, poniéndole las manos en el pecho.

"Estoy completamente asustado" sería la respuesta apropiada.

—Y-yo...

Roma le escucha, acariciándole un poco el pecho con las manos. Momento incómodo en que Germania quisiera estar en su casa en su cama hecho bolita.

—Soy un idiota —susurra respondiendo con sinceridad, en una actividad bastante extraña porque usualmente el que es idiota es Roma, no él, y no suele admitir sus idioteces enfrente del romano.

—Cálmate, venga —sonríe quitándole arena de la cara con las manos.

—Tú también eres un idiota y no vas a matarme, aun cuando creas que tienes el plan perfecto con tus hijos —se quita una mano de los ojos y le mira.

—¿Qué plan para matarte? —pregunta frunciendo el ceño.

—Es lo que has dicho, que me matarías, no vas a matarme —insiste.

—Te mataré si tratas de hacerme algo, pero no es el plan.

—¿Hacerte qué, inútil? ¿Dejar que te vayas? —pregunta medio fastidiado medio revuelto aun.

—¿Qué problema tienes con eso de que me vaya?

Germania bufa.

—Que no quiero que estés aquí si no quieres, por eso propuse dividir la isla —contesta sincero frunciendo el ceño.

—Ah, ¿tú puedes estar contra tu voluntad y yo no? —sonríe de lado y Germania aprieta los ojos porque no había pensado en eso.

—Ugh... te detesto.

Roma le besa riéndose y el germano se deja, porque está histérico desde hace rato deseando beso y no pleito... Y al notar que profundiza el beso, el romano le sigue, porque sólo iba a ser algo superficial, pero aún hay un poco de adrenalina en su sangre.

A Germania se le va la cabeza, volviendo a besarle con un montón de intensidad, apretándole contra sí mismo. En menos de un minuto vuelven a estar en donde lo han dejado cuando Roma ha huido.

Y esta vez, es Germania el que se separa un poquito soltando un "aaaaaah" de dolor cuando intenta hacer fricción contra la pierna de Roma y siente como la arena, pegada a TODAS sus partes con el sudorcito, prácticamente le lija las... regiones vitales.

Volviendo en sí a Roma y asustándole otra vez. Se arrodilla y se echa para atrás. Germania vuelve a mirarle olvidando la lija y la fricción y la arena.

Was? —presiona de nuevo, frunciendo el ceño. Roma se humedece los labios, nervioso.

—E-Estoy... estamos... arena... —se levanta ahora sí del todo, yéndose hacia el agua.

Germania se levanta también, siguiéndole.

—¿Qué es lo que pasa? —insiste, presión-presión.

—Nada —salta sumergiéndose, nadando para alejarse un poco y respirar.

Germania suspira un poco antes de saltar tras él, sintiendo DELICIOSA el agua fresca a su alrededor. Roma nada un poco tratando de liberar adrenalina y devolver su corazón a su sitio.

Germania saca la cabeza pasándose las manos por los ojos, olvidando un segundo que estaba siguiendo a Roma. Respira, sintiéndose repentinamente mejor y recordando lejanamente algo que había dicho España. "Si huye, no te apaniques, sino... ", cierra los ojos sumergiendo la cabeza e intentando recordar "... pregúntale por qué?", ¿eso era lo que tenía que hacer? Ni siquiera recordaba, les había ignorado por completo, todo por pensar que del segundo día ya se preocuparía después. Sale del agua cuando ya casi no le queda aire.

Un rato más tarde, Roma da la vuelta y se sumerge para volver... abre los ojos bajo el agua y le parece ver un montón de peces de colores que no ha visto nunca. Acercándose de nuevo a Germania, sonriendo nerviosamente al pasar por su lado hacia fuera.

—¡He visto peces!

—¿Peces? —pregunta extendiendo una mano hacia él y tomándole de la cintura.

Se separa un poco en un movimiento bastante natural, señalándole donde. Germania suelta el aire por la nariz y se sumerge, alejándose un poquito de él (no sea que quiera ahogarle XD), y abriendo los ojos. Flipa al ver que hay tantos y de taaaaaaaantos colores, levantando las cejas y saliendo otra vez.

—¡Son muy bonitos! —Roma sonríe cuando sale, sin tocarle.

Ja, sí lo son —le mira a los ojos pensando menos en los peces y más en lo que pasa con él.

—Vamos, hay que dar la vuelta aun —hace un gesto para que salga y le siga hacia la arena, alejándosele un poco.

Sigue mirándole unos instantes más antes de sumergirse en el agua y salir echándose el pelo hacia atrás, volviendo a flipar de sentirlo tan suavecito, y además que no se le enreda tanto como antes. Se sonroja un poco al verle el culo al romano, pero sin dejar esa preocupacioncilla de lado.

Rom... —murmura caminando tras él al salir a la arena, recordando hasta entonces que está desnudo... se cubre con las manos.

Roma recoge la funda del cojín con las frutas del suelo, colgándosela del hombro, tomando un mango y tratando de partirlo otra vez por la mitad... le mira. Germania vacila.

—¿Quieres? —le ofrece cuando consigue notar que tiene un hueso súper grande, pasándole la mitad.

—Eh... quizás podemos pescar peces para la comida —propone cambiando lo que iba a decir de manera bastante obvia, tomando el mango que le da.

—Yo no conozco estos peces, este mar no es mi mar... ¿Qué pasa si son venenosos? —pregunta empezando a andar a su lado, comiéndose el mango que en contraste con el agua salada esta HÍPER dulce.

—Pues... Ya sé que no lo es pero algo más revemos que comer además de estas... ¡Oh! ¡Es muy dulce!

—¡Está más buena que la que parecía un membrillo!

Ja! —se la come con cierta compulsión.

—Creo que había más comida en la firgafirica —él y los idiomas.

—Eso espero... —murmura mirándole de reojo.

—Había huevos y queso y he visto pan y más cosas en un armario... pero quería probar estas —sonríe.

—¡Ya pudiste darme queso! —protesta dándole un empujoncito y Roma se ríe—. ¿Para qué construiría alguien una casa así en esta isla?

—Pues para venir a pasarlo bien, claro, ¡todo esto es muy bonito!

—¿Te lo parece? —mira el mar y los árboles y la arena percatándose al fin (efecto Roma= ir al bosque y no ver los árboles).

—Claro, mira qué transparente está el agua y la arena blanca y fina... —sonríe.

—Ciertamente nunca había visto un lugar así —admite en germano—, aunque hace un calor HORRIBLE y el sol... —Germania debe empezarse a ver rooooooojo.

—¿Te molesta? —le mira de reojo sonriendo.

—El calor, ja —le mira también—, estar contigo aún más —empujoncito un poco juguetón.

Roma se ríe otra vez y se devuelve.

—Me refería al sol, si te molesta el calor, vamos a andar más dentro del agua.

—Bien, vamos a andar dentro del agua —sonríe esta vez bastante más, tomándolo de la cintura y empujándolo al agua.

Y el romano casi se cae con la bolsa de las frutas aun, muerto de risa. Germania le sigue empujando hasta que los dos tienen hasta las pantorrillas adentro del agua. Roma da una patada al agua, salpicándole y el sajón se intenta defender con las manos, agachándose un poco y echándole el agua al romano, que se protege con la bolsa, aun muerto de risa y tratando de correr.

—¡No huyas! ¡Cobarde! —sonríe un poco, echándole más agua (embobándose un poquito con su culo).

—¡Ha! ¡No huyo, es una retirada estratégica! —vuelve a dar patadas para salpicarle, riéndose y corriendo de espaldas, acaba cayéndose de culo.

Y Germania suelta una carcajada... resbalándose y cayendo casi encima de él. Sí, digno de anuncio de tele... o de programa de risas. Roma se echa para atrás apoyando la cabeza sobre el agua pero como sigue muerto de risa, no se sostiene. Germania sale del agua tosiendo un poco.

Roma le mira sentado y le pega un repaso de arriba abajo, que no nota Germania por toser y por pasarse las manos por el pelo hacia atrás, ahora sí como anuncio de shampoo, cuando consigue dejar de toser.

Inclina la cabeza al notarle el pelo extraño ahora mientras el rubio se pasa dos o tres veces las manos por el el, pensando que es ridículamente suave. Se levanta y se le acerca.

Germania se exprime un poco el pelo y luego baja las manos alejándose un pasito del romano, sonrojadillo, cuando le ve de pie.

Non, non, ven —se acerca otra vez.

Was?

—Ven —levanta una mano para tocárselo.

El germano le mira la mano, dejándole hacer. Se la pasa por el pelo y de repente se acuerda de cuando lo ha tocado antes mientras le besaba al despertarle, que lo ha notado mucho más suave, pero no ha prestado atención.

Was? ¿Qué tengo?

—El pelo muy suave... —asegura pasándole los dedos. Germania abre los ojos como platos y se sonroja dándole un empujón.

Nein!

Roma se echa para atrás con la mano el alto, mirándole.

Es culpa de tus hijos.

—Entonces lo hicieron para mí —sonríe.

Neeeeeeein! NEIN! Nadie hizo nada para ti —chilla y el latino sonríe más con esa respuesta —. ¡Deja de sonreír, no era para ti!

—Ellos lo hicieron para mí y tú te dejaste hacerlo por lo mismo... por eso estás afeitadito así y hueles a menta y tienes las uñas tan limpias...

Nein! ¡No tengo nada! ni estoy afeita... ¡deja de decirlo en pequeñito! ¡Y si huelo a menta fue porque ese hijo tuyo del mal me hizo bañarme dos veces, y no tengo las uñas de ninguna manera, siempre las tengo así!

El romano vuelve a reírse mirándole de esa manera de "eres tan mono".

—¡Deja de verme así! —protesta porque le conooooce.

—Es que me gustas mucho —suelta completamente sincero, sin dejar de hacerlo. El germano aprieta los ojos y se sonroja bastante, sin esperárselo.

—No digas esas cosas.

Roma se ríe tontamente y se sonroja un poco.

—¿Por qué no?

—¡Porque no, porque no son ciertas!

Quid? Sí es cierto — le mira un poco desconsolado.

—Bueno, sí, te gustan todos... ¿cuál es el punto?

—¿Eh?

—Es como decirle a alguien "tienes manos" —se encoge de hombros, molestito. Roma parpadea, mirándole un poco herido con ello.

—Bueno... sí. Quizás sí —se encoge de hombros.

Baja los hombros pensando en tooodas las cosas que ayer le metieron por horas en la cabeza, de lo mucho muy especial que era para Roma. Niega con la cabeza.

El moreno se echa a andar de nuevo, pensando en ello, que no es tan así como lo pinta en realidad y que aunque sí le gusten los demás eso no quita que sea bueno y bonito que él le guste... lo bueno es que quizás eso le proteja de que note que tanto le gusta realmente.

Germania se echa a andar a su lado, pensando que no puede con todas las cosas que están en su contra a la vez... la conspiración/que quiera matarle, pensar que quiere huir, tratar de entender por qué está extraño y también pensar en todos los demás. Todo está junto y todo es un problema, pero no puede con todo a la vez.


El capítulo de los PLÁTANOS. EL capítulo. ¡No olvides agradecer a Josita su beteo y edición!