Este es un capitulo especial. De vez en cuando interrumpiré la historia con unos capítulos llamados Interludios, en ellos aparecerán momentos pasados de nuestras protagonistas relevantes para la trama actual. En este caso se trata de Nozomi.
Se que he tardado bastante en actualizar y que el capitulo es algo mas corto de lo normal así que intentare subir el próximo lo antes posible.
Las dos pequeñas caminaban por el bosque. La puesta de sol anaranjaba las nubes y los últimos rayos de luz del día se filtraban entre los árboles. Ambas se llevaban bien pese a conocerse desde hace poco. Desde su llegada Nico se había aferrado a Nozomi como a un clavo ardiendo y esta no podía estar más feliz por tener a alguien con quien relacionarse, no solo eso, la llegada de Nico había provocado que Nozomi dejara de vivir en el subsuelo con el resto del aquelarre. Aquella niña había revolucionado su vida en pocos días. Habían comenzado a vivir en una cabaña en ese mismo bosque y pese a su corta edad de ocho años se las apañaban bastante bien solas. De vez en cuando alguno de los ancianos se aventuraba fuera de su escondite para darles lecciones de magia pero aquello ocurría en contadas ocasiones, la mayor parte del tiempo aprendían de libros muy antiguos que estos les habían dejado. Las dos trataban de comportarse lo mejor posible con la otra pero a veces les era difícil entenderse. Nozomi había crecido aislada de cualquier humano medianamente normal, únicamente rodeada de brujas y brujos que habían olvidado hace décadas lo que significaba la humanidad. No sabía lo que era vivir en sociedad y carecía de valores que cualquier persona consideraría básicos. No sabía lo que era tener una familia o alguien a quien llamar amigo. Esas brujas se habían limitado a procurar que no muriera de hambre, a enseñarle únicamente a usar la magia y a odiar a cualquiera que no la utilizara. Por eso, en ciertas situaciones Nozomi actuaba de manera errónea a ojos de Nico pero esta se esforzaba por apartar su miedo y pasar por alto su comportamiento extraño. Al fin y al cabo era la única persona con la que podía estar, le daba miedo estar sola pero aun la aterraba más salir de aquel bosque. Temía que siguiera habiendo alguien buscándola.
-Nozomi ¿por qué no vivimos con el resto de brujos?
-¿Nn? –La pequeña bruja estaba caminando sobre un tronco caído pero bajó de el para acercarse a Nico. -¿Por qué lo preguntas?
La niña se encogió de hombros antes de contestar.
-¿No sería más seguro que vivir las dos solas? A ti te dejan entrar, ¿por qué a mí no?
-No lo sé. Yo he vivido ahí siempre, supongo que no les gustas porque vienes de fuera del bosque.
Nico agachó la cabeza con desanimo sin añadir nada más.
-Pero no creo que te gustase vivir ahí. Esto es mucho mejor, -Nozomi levantó los brazos señalando a su alrededor –el sol, la luna, el aire fresco… es mucho mejor que el polvo y la oscuridad constante. Además vivir con ellos te daría miedo…
-¡No es verdad! –Nico la interrumpió de mal genio, si de algo se había convencido la pequeña tras todas sus últimas vivencias era de lo valiente que se había vuelto. –¡Ya soy mayor y nada me da miedo!
-La última vez que uno de ellos vino a nuestra cabaña te echaste a llorar. –No había ningún rastro de mofa en la voz de la pequeña, solo exponía la verdad.
-¡P-pero… es que no tenía ojos! Cualquiera se hubiera asustado… -Un escalofrío recorrió a la pequeña al recordar el rostro de aquel hombre. Sus cuencas estaban vacías, ni siquiera tenía parpados y podía verse el interior de su cabeza si uno se fijaba bien. -…No entiendo cómo podía leer… -Se tapó los ojos intentando olvidarse de la imagen.
-Tiene un gusano dentro de la cabeza que lee por él y le dice lo que pone.
-Eso es mentira… -Después de todo lo que había visto podía ser perfectamente posible pero aun así hizo caso a su sentido común y se atrevió a llevarle la contraria a la otra niña.
-¿No me crees? Yo lo he visto, se asoma por el agujero y como está dentro de su cabeza solo tiene que hablar bajito para que él lo oiga. Ese gusano fue el que se comió sus ojos en primer lugar.
Nico la miró con duda, estaba empezando a creer su historia.
-¿De verdad? ¿Seguro que no me estas mintiendo?
Nozomi se quedó en silencio mientras se observaban la una a la otra.
-No. Era mentira.
La morena se enfadó al instante.
-¡Nozomiii! ¿Por qué has dicho eso?
-Quería ver si me creías.
A veces Nozomi hacia aquellas cosas y Nico no lograba entender por qué. Le estaba empezando a fastidiar porque si seguía así no sabría cuando tomarla en serio.
-¿Por qué siempre te inventas esas mentiras? Ni siquiera mientes bien…
-Ya lo sé… Ellos siempre me descubren… quería probar contigo pero tú tampoco me crees nunca.
-¿Por qué les mientes a ellos? –La miro con los ojos abiertos de par en par. Lo poco que sabía de esa gente le decía que era mala idea.
-Porque ellos me lo ordenan.
-¿Eh? – Cada vez la pequeña Nico estaba más perdida.
-Dicen que tengo que aprender a mentir porque cuando sea mayor me será muy útil… pero cuando me ponen a prueba no consigo engañarles nunca y siempre me castigan. Pensé que contigo sería más fácil pero tampoco lo consigo.
-….mmm. Entiendo… es que… tus mentiras son poco creíbles.
-¿Poco creíbles? –Nozomi se acercó y le tomó la mano, entonces se sentó en el suelo haciendo que la otra la imitara. Al parecer Nico podía ayudarla. -¿Tu que hubieras dicho?
-¿Para explicar cómo ese señor podía leer? Mmm… Habría dicho que lo hacía con magia.
-Pero no hay ningún hechizo para leer sin ver…
-Pero yo eso no lo se y lo hubiera creído. Lo que si se es que los gusanos no hablan y que no saben leer.
-Ya veo…
-Supongo que para engañar a alguien lo mejor es averiguar lo que sabe y no sabe esa persona y aprovecharse de ello.
En ese entonces notaron que uno de los matorrales cercanos a ellas se movía y vieron aparecer un pequeño conejo blanco que las miró con cautela. Una sonrisa enorme apareció en la cara de Nico mientras observaba con emoción al animal. Metió la mano en el bolsillo sin hacer movimientos bruscos y alcanzó un trozo de manzana que le había sobrado de la merienda para ofrecérsela. El conejo se acercó a ella y comenzó a comer sin importarle que esta acariciara su pelaje suave. Nozomi se limitó a mirar la escena pero su atención no estaba en el animal sino en la cara de Nico.
-Me gusta que sonrías, tu sonrisa es muy bonita.
-¿Eh? –Las mejillas de Nico se colorearon. Levantó la mirada hasta ver a la niña de nuevo. Así como había veces que Nozomi le mentía porque si, también había otras en las que era directamente sincera sin reparo alguno. -¿Por qué dices eso?
-No lo sé, -la niña se encogió de hombros –solo sé que me gusta verte sonreír. Allí abajo nadie sonríe.
Nico devolvió su atención al conejo, ahora consciente de la mirada de la otra niña sobre ella.
-Tu sonrisa no está mal tampoco aunque podría ser más alegre.
-¿Nn? ¿Mi sonrisa?
-Sí, ahora estas sonriendo. –Nico habló con algo de duda y la miró extrañada.
Nozomi se tocó la cara con sorpresa.
-¿Por qué estoy sonriendo?
-¿Eeh? Tú sabrás.
Nozomi estaba confundida, la verdad es que no estaba acostumbrada a sonreír y no tenía ninguna razón en especial para hacerlo en ese momento. Nico vio el desconcierto en la cara de la otra niña y decidió echarle una mano.
-Mi mamá dice… –la pequeña no pudo evitar hacer una breve pausa al obligarse a corregir sus palabras- decía que la sonrisa es la única cosa buena que se contagia.
-¿Entonces estoy sonriendo porque tu sonríes? –Nozomi la miró sorprendida.
-Supongo.
Nozomi se acercó más a Nico mientras su sonrisa se hacía más amplia.
-¡Muchas gracias!
Aunque la más bajita no pudo evitar pensar por enésima vez que aquella niña era muy extraña, sintió algo de cariño hacia ella. En ese instante el conejo se asustó y salió corriendo. La expresión de Nico cambió rápidamente a una de tristeza y Nozomi se levantó de inmediato. Quería recompensar a la morena por haberla ayudado a sonreír.
-Voy a buscarlo, ahora vuelvo. No te muevas de aquí.
Esta asintió y esperó con paciencia hasta que la vio aparecer de nuevo tras largos minutos. Al parecer había conseguido encontrar al animal pero cuando se acercó con el Nico se dio cuenta de una gran diferencia. Cuando Nozomi se lo ofreció con una sonrisa tímida levantándolo en el aire hacia ella, el pequeño conejo colgó inerte sin ningún rastro de vida.
-P-pero…
Nico comenzó a llorar y Nozomi se empezó a poner nerviosa sin saber qué hacer.
-¿Q-qué te pasa…? –Dejó el conejo en el suelo y se acercó más a la otra niña.
-¿Por qué lo has matado? –Los ojos de la pequeña estaban llenos de tristeza pero también de enfado, lo que sorprendió a Nozomi.
La bruja no entendía por que se estaba enfadando con ella. Nico quería aquel conejo y ella se lo había traído, ahora podría acariciarlo todo lo que quisiera sin que se escapara. Había querido contentar a la pequeña pero al parecer sus acciones la habían molestado una vez más.
-Él no quería quedarse contigo…
-¡No tenías por qué matarlo!
-…así es más fácil…
Ninguna de aquellas razones era suficiente para que Nico concibiera quitarle la vida a aquel adorable animal. No podía evitar sentirse mal por él, había muerto por capricho sin merecerlo. Entonces vio que los ojos de Nozomi empezaban a llenarse de lágrimas también. Aquella imagen sorprendió a la pequeña. Aunque Nico había llorado muchas veces delante de la otra niña, era la primera vez que pasaba al contrario.
-Yo solo quería que dejaras de estar triste… -Nozomi habló entre pequeños sollozos, era frustrante cada vez que asustaba a Nico cuando lo que quería era ser amable.
La morena la miró con pena. Le habían pasado muchas cosas malas desde que logró escapar de su aldea, echaba de menos a su familia y no había pasado un solo día en que no deseara volver a su antigua vida pero era cierto que Nozomi siempre la intentaba animar cuando algo le daba miedo o cada vez que recordaba todo lo que había perdido. Suspiró reuniendo toda la paciencia que pudo y miró con decisión a la otra niña. Nico se había dado cuenta de que Nozomi no era una mala persona, cuando se equivocaba en algo lo hacía sin maldad. La niña no había tenido a nadie que le enseñara la diferencia entre el bien y mal, al igual que su madre había hecho con ella o ella con sus hermanos pequeños. En ese momento Nico tomo la decisión de enseñarle todo lo que no había aprendido por vivir encerrada con toda esa gente decrepita bajo tierra.
-¡Nozomi, -vio como esta se tensaba y la miraba con susto. Levantó la mano y señaló al animal muerto que yacía en el suelo. –eso está mal!
La pequeña bruja la miró confundida. Por mucho que le daba vueltas al asunto no entendía que tenia de malo aquello.
-¿Por qué? Tú querías tenerlo y ahora lo tienes.
-Matar está mal.
Nozomi la miró como si hubiera dicho que el sol es negro y la luna verde. La niña había estado rodeada de muerte desde la primera vez que respiró en ese mundo. Le iba a costar mucho comprender a la otra pequeña. La mente de Nozomi no contemplaba conceptos como bien o mal, su vida había girado únicamente entorno a acierto y error. Error era cualquier acción que hiciera enloquecer al aquelarre y que generalmente conllevaba un castigo, acierto era la ausencia de error lo que normalmente le permitía comer un día más.
-Pero tu dijiste… –Nozomi hizo una pausa, temía volver a molestar a Nico pero quería entenderla del todo. –Dijiste que querías matar a todas esas personas…
Nico miró al suelo, dándose cuenta de la contradicción. Le estaba regañando cuando ella pensaba hacer algo mucho peor.
-Todos ellos son malos y se lo merecen pero aun así… matar está mal. Pienso hacerlo de todas formas, me da igual convertirme en una mala persona. Hare lo que tenga que hacer para castigarlos a todos.
La morena vio que la otra niña aun tenía dudas pero le sonrió con tristeza y le acarició la cabeza.
-No importa, poco a poco lo iras entendiendo. Ayúdame a hacer un agujero.
-¿Eh? -Vio como esta se agachaba y comenzaba a cavar con las manos en la tierra húmeda, así que decidió imitarla. -¿Qué estamos haciendo?
-Una tumba.
La más alta no quiso volver a preguntar y espero a ver por si misma el significado de aquello. Después de unos minutos el agujero era bastante grande y Nico colocó al animal dentro.
-¿Por qué lo escondes?
-No lo escondo, lo estamos enterrando. Es lo que se hace cuando alguien muere. –Mientras hablaba se puso de pie de nuevo y se sacudió la tierra de las manos dando por terminado el trabajo.
-¿No os lo coméis?
-Bueno… -Nico se quedó pensativa mirando la tierra removida a sus pies- es cierto podríamos haber aprovechado y hacerlo de cen…
-No, no hablo del conejo. ¿Cuándo muere alguien no os lo coméis?
Definitivamente esa era la frase más aterradora que Nico había oído nunca, no solo fueron las palabras lo que le puso los pelos de punta, sino el tono casual con el que las pronunció. La morena la miró con los ojos de par en par pero intentó no parecer asustada. No lo consiguió.
-No… No comemos personas… -Se alejó inconscientemente de Nozomi mientras se le empezaban a humedecer de nuevo los ojos. -¿Me vas a comer?
-¿Eh? ¿No…? –Nozomi tenía miedo de volver a abrir la boca. Tenía la sensación de que cada cosa que decía o hacia disgustaba a la otra niña. -¿Te has enfadado conmigo?
-Em… No. –Enfado no era precisamente la palabra. Nico quería hacerse amiga de Nozomi pero muchas veces le daba miedo que le hiciera daño.
Al parecer el disgusto en la cara de Nico hablaba más alto que sus palabras.
-No te enfades conmigo por favor. No quiero que te vayas. –La voz de la niña comenzó a temblar. –No quiero volver allí abajo.
El corazón de la morena se encogió al ver la súplica de esa mirada verde. Sin pensar demasiado el gesto, se acercó a ella y le dio un abrazo. Nozomi se sorprendió y dio un respingo al sentir a la otra tan cerca. No pudo evitar tensarse ya que no estaba acostumbrada para nada al contacto físico. Nico lo notó pero no se apartó.
-No voy a ir a ningún lado porque no estoy enfadada. Ya te he perdonado por lo del conejo ¿vale? No le des más vueltas.
-¿Perdonado? ¿Qué es eso?
Por suerte en ese momento Nozomi no podía ver la preocupación de la otra. Nico se apartó un poco para poder hablar cara a cara y sonrió con amabilidad. La tomó de la mano y comenzó a caminar. Se tomó unos segundos para pensar en la mejor forma de abordar el tema.
-¿Sabes qué pasa cuando alguien hace algo malo, no?
-Que se le castiga.
-Sí, esa es una opción pero hay veces en las que no tiene por qué ser así. Perdonar es cuando alguien te hace algo malo pero no lo castigas. Por ejemplo, tú has matado a ese conejo y me he puesto triste pero sé que pensabas que estabas haciendo algo bueno y que no querías hacerme llorar así que te perdono. Eso significa que ya no estoy enfadada contigo.
Nozomi sonrió con ilusión mientras sus mejillas se sonrojaban, de nuevo de buen humor. Nico sonrió de vuelta sintiendo que aquel día su amistad había avanzado mucho.
-Me quedare contigo pase lo que pase, así que no te preocupes más por eso. No te dejare sola nunca.
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-¡Nicocchi!
Nozomi gritaba con todas sus fuerzas, su voz resonaba en el silencio de la noche. Se suponía que debían ser cuidadosas y no alertar a ningún pueblerino pero en ese momento eso le importaba poco. Se asomó al interior del pozo mientras el terror recorría su rostro. Pese a la oscuridad podía distinguir la figura de su hermana intentando mantenerse a flote. Miró alrededor en busca de ayuda pero estaba sola y tampoco había nada que le pudiera resultar útil. Las lágrimas le empezaban a nublar la vista, volvió a asomarse a la profundidad del pozo.
-¡Nozomi! ¡Ayúdame! –La niña intentaba sujetarse a la pared pero la piedra estaba resbaladiza. El agua fría se había colado en sus pulmones y le costaba respirar, además un dolor intenso comenzaba a abrirse paso desde su estómago hacia el resto de su cuerpo. Sin duda su hechizo había funcionado y el agua estaba maldita, debía salir de allí cuanto antes.
Nozomi dejó caer el cubo sujeto por una cuerda intentando no golpear a su hermana.
-¡Agárrate, voy a intentar subirte!
Nico trató de sujetarse lo mejor que pudo pero cada vez se sentía peor. Nozomi tiró de la cuerda pero era demasiado peso para ella. Aun así siguió intentándolo sin mucho resultado. El pánico hacia que le costase pensar con claridad, sabía que contra más tiempo pasara su hermana allí abajo más riesgo corría. Probó a usar su magia y levantarla con telequinesis pero desafortunadamente, la habilidad de Nozomi en ese campo era muy reducida por no decir nulo. Sus poderes poco desarrollados no podían con el peso de Nico y tras un par de minutos forzándose su cuerpo empezó a doler demasiado. Rindiéndose, volvió a tirar de la cuerda. Las lágrimas no dejaban de caer por sus mejillas pero no tenía tiempo de secárselas. Necesitaba ayuda pero no podía avisar a nadie. Entonces vio una pequeña araña muy familiar acercándose a ella por el murillo de piedra del pozo. Entonces la cara de la niña se iluminó con alivio. Sin duda, esta había sentido su estrés y había acudido.
-¡Ayúdame, rápido!
Llevó al animal al suelo y se alejó dejándole espacio. Entonces este se transformó en un caballo negro y entre los dos tiraron de nuevo de la cuerda. Gracias al familiar no tardaron mucho en subir a la otra niña. Nozomi se acercó de nuevo al borde para agarrarla y haciendo un último esfuerzo consiguió subirla por encima del pozo. Las dos cayeron al suelo y la mayor se apresuró a abrazar a su hermana. La estrechó con fuerza mientras seguía llorando pero enseguida se separó de ella para comprobar su estado. El alivio por haberla sacado de ahí le duró poco al ver el mal estado en el que se encontraba. La pequeña temblaba de pies a cabeza y tenía la mirada perdida.
-¡Nicocchi! ¡¿Estas bien?!
Nico levantó una mano que tanteó en el aire hasta toparse con la cara de la otra bruja.
-¿N-nozomi? ...no p-puedo ver nada…
El estómago de esta dio un vuelco al oír esas palabras.
-Lo siento mucho Nicocchi… Yo- yo no quería… -El llanto apenas la dejaba hablar.
Necesitaban ayuda urgente, ellos sabrían cómo solucionar el problema. Busco con la mirada a su familiar que había recuperado de nuevo su forma original y le habló con desesperación.
-Muéstrales lo que ha pasado y pídeles ayuda. ¡Rápido!
El animal volvió a cambiar de forma, esta vez transformándose en una lechuza que alzó el vuelo al instante hacia el bosque. Nozomi volvió su atención de nuevo hacia su hermana, sus temblores cada vez eran más violentos y al parecer había perdido la consciencia. Miró alrededor pensando en el camino más directo que la llevara fuera del pueblo. Sabía que ninguno de los ancianos se arriesgaría a aparecer en Salem por muy mala que fuera la situación. Debía llegar al bosque si quería recibir ayuda. Trató de usar de nuevo su magia para hacer a la otra niña más ligera y esta vez funcionó algo mejor gracias al contacto entre ellas. Después de largos y dolorosos minutos estuvo lo suficientemente dentro de la maleza como para considerar que lo había logrado. Se dejó caer sin cuidado y ambas acabaron en el suelo. Cada célula de Nozomi gritaba de dolor tras el gran esfuerzo, un hilo de sangre caía de uno de sus oídos pero no llegó a darse cuenta y su cuerpo sufría calambres sin parar. En unos segundos no pudo más y quedó inconsciente.
Cuando abrió los ojos lentamente estaba dentro de su cama, en su pequeña cabaña. El fuego calentaba la estancia y la calma la inundó de arriba abajo pero al instante recordó todo lo que había pasado y abrió los ojos de par en par. Miró hacia la cama de Nico y vio que uno de los ancianos estaba allí inclinado sobre su hermana quien a cada pocos segundos gimoteaba de dolor. La niña se levantó enseguida y corrió hacia ella para verla más de cerca pero antes de que pudiera acercarse demasiado el brujo la mandó a volar con su magia y se golpeó con fuerza contra el suelo. Nozomi no necesitó más para saber que debía mantenerse alejada y se quedó en silencio durante horas mirándolos desde su propia cama. Cuando el hombre terminó lo que estuviera haciendo se dirigió hacia Nozomi y le señalo con el dedo.
-Esta así por ti así que tú te encargaras de ella. No te separaras de esta cama hasta que se recupere y si muere será tu culpa. En cuanto una de las dos cosas pase ven a vernos.
La niña asintió repetidas veces con la mirada fija en el suelo. No necesitaba preguntar para saber lo que le esperaba cuando todo terminase.
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Nozomi estaba sentada en el suelo, apoyaba su espalda contra la cama de Nico mientras se rodeaba las piernas con los brazos. Agotada como estaba tras días sin descanso, sus ojos se cerraban una y otra vez y cabeceaba constantemente.
-¿…que… haces ahí?
Al oír aquel susurro Nozomi levantó la cabeza automáticamente y se giró hacia Nico. No sería la primera vez que imaginaba la voz de la chica llamándola pero aun así se levantó con toda la esperanza que aún mantenía intacta. Nico trataba de abrir los ojos pero le costaba dejar de parpadear. La otra bruja se apresuró a acercarse a ella.
-¡Nicocchi!
-¿Qué haces… en el suelo? –La morena logró fijar la vista en su compañera. El sudor cubría su cara pálida y su voz temblaba a la vez que su cuerpo.
-¿Estas bien?
Nico desvió la mirada hasta el techo. Todo seguía dándole vueltas y sentía que gran parte de sus músculos estaban dormidos. Apenas podía moverse por voluntad propia, sin embargo los calambres que sufría hacían que su cuerpo se retorciera sin pedir permiso.
-Bien no es la palabra…
Veía lo asustada que estaba su amiga y no pudo evitar sentir algo de cariño. Era gracioso ver por una vez a Nozomi llorando y temblando de miedo cuando siempre era al revés. La sombra de una sonrisa apareció en sus labios pero no llegó a formarse.
-¡Perdóname! –La bruja rodeó a su amiga con los brazos mientras le hablaba. -Y-yo no quería que esto pasase. Lo siento mucho. ¿Me perdonas?
La mirada de Nozomi estaba llena de angustia, al igual que cada vez que le pedía perdón a Nico. La morena ya estaba más que acostumbrada a esa situación. Nunca podía resistir la mirada suplicante de su amiga después de haber hecho algo mal, esperando ser disculpada y deseando que su error no hubiera puesto en su contra a la única persona que le importaba. Con esfuerzo y dolor colocó una mano sobre Nozomi para tranquilizarla. Aquella vez el descuido de la más alta la había puesto gravemente en peligro pero aun así todo había sido un accidente, las dos habían estado jugando y fácilmente podría haber sido Nozomi la que hubiera acabado en el pozo.
-¿No lo hago siempre? –Nico vio que los ojos de Nozomi seguían llenos de duda y que la chica estaba lejos de tranquilizarse. –Te perdono. Soy incapaz de enfadarme contigo.
Aun con todo, el aspecto de Nico era horrible y Nozomi seguía sintiéndose culpable. Aunque por fin había despertado seguía pareciendo estar al borde de la muerte, Nico estaba muy lejos aún de recuperarse.
-Ey… no te preocupes. E-estoy bien… mira –Nico sonrió con sus labios temblorosos. -¿Ves?
La sonrisa de Nico siempre lograba calmar a Nozomi. Después de los años había acabado siendo una especie de promesa silenciosa de que todo marchaba bien y de que no había nada de lo que preocuparse. La morena tomo la mano de la otra chica y la estrechó con la poca fuerza que tenía.
-Vuelve a la cama. Si te quedas dormida en el suelo pillarás un resfriado.
Nozomi negó con la cabeza y se colocó más cómodamente contra la cama de su hermana sin soltar su mano.
-Voy a cuidar de ti hasta que estés bien.
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Nico se calentaba junto al fuego. Estaba sola en la cabaña, al despertar su hermana no estaba y llevaba horas esperándola. Ya se encontraba mejor pero aun sentía dolores por todo el cuerpo. Miraba distraída el baile de las llamas que tenía delante cuando escuchó un gran golpe al otro lado de la puerta. Fue rápidamente hasta allí pero abrió con cautela. Entonces vio a Nozomi en el suelo y se agachó sobre ella al instante con el corazón en un puño.
-¡Nozomi!
Al apartarle el pelo de la cara pudo ver lo malherida que estaba. La entró dentro de la casa con esfuerzo y la tumbó sobre la cama. La desvistió con cuidado y comprobó el gran número de heridas que recorría su cuerpo. Por unos momentos la pequeña no supo que hacer y simplemente se quedó mirándola horrorizada.
-¿Nozomi? –Intentó despertarla moviéndola suavemente.
-¿…Ni…cocchi…? ¿He llegado a casa?
Al oír su voz la morena pudo respirar algo más aliviada. Le acarició con cuidado la mejilla mientras contenía las lágrimas.
-Sí, estas en la cabaña conmigo.
Nozomi sonrió con cansancio e inclinó la cabeza contra la mano de Nico buscando que la caricia fuera más firme.
-¿Me das un abrazo por favor?
Nico estuvo a punto de acceder al instante pero se dio cuenta de que antes tenía que hacer algo con esas heridas.
-Déjame ayudarte y luego te daré todos los abrazos que quieras ¿vale?
La mayor asintió en silencio y cerró los ojos agotada. Nico limpió la sangre con detenimiento y la rabia se fue acumulando en su pecho por minutos. No era justo que su hermana tuviera que aguantar aquello. Poco a poco las lágrimas se acumulaban en sus ojos y le impedían ver con claridad. Trató de usar un hechizo de magia curativa con el que había estado trabajando esa semana y lentamente pero sin pausa fue sanando las heridas de la chica. Una hora más tarde solo quedaban rasguños en la piel de Nozomi, aun así la pequeña bruja no manejaba a la perfección el hechizo y en muchos casos había sido incapaz de borrar las cicatrices que habían aparecido. Sus manos picaban, empezaba a ser doloroso pero podía soportarlo. Cuando estuvo satisfecha con su trabajo se limpió el sudor de la frente y suspiró. Se acurrucó en la cama junto a Nozomi y la abrazó con fuerza. Esta se dio cuenta enseguida y se acercó aún más con una sonrisa de oreja a oreja. A la mayor le encantaba que Nico la abrazara, en ese aspecto era un poco caprichosa y siempre que tenía una ocasión no la desaprovechaba.
-¿Te encuentras mejor?
-Aun me duele pero creo que ya estoy bien… -La voz de Nozomi sonaba adormilada. –Gracias, Nicocchi.
La morena acariciaba el cabello de su hermana mientras pensaba de nuevo en los monstruos que habían hecho eso. Los odiaba con cada fibra de su ser, si seguía allí era por Nozomi y porque ahí podía aprender todo lo que necesitaba para llevar a cabo su venganza.
-…No llores.
Nico estaba tan perdido en sus pensamientos que no había notado sus lágrimas hasta que Nozomi las limpió con sus dedos.
-No es justo. ¿Por qué tienes que aguantar todo esto? Fue un accidente… No tenían por qué hacerte esto.
-No estés triste, por favor. Ya estoy bien… –Nozomi puso su mejor sonrisa. -¿Podemos dormir hoy así?
Nico suspiro a la vez que sonreía ligeramente.
-No tienes remedio… -Le dio un beso y cerró los ojos. –Buenas noches.
-Buenas noches...
