Hola holita! Resulta que hoy estoy hiperactiva, ya sabéis... TERCERA TEMPORADA ESTA NOCHE! Aunque hasta mañana no podré verla ¬¬, pero bueno, los nervios siguen aquí. Bueno sí, estoy hiperactiva y poco concentrada en lo que se supone debería estar concentrada, así que he decidido subir el capítulo siguiente antes de tiempo. Gracias por todos los comentarios anteriores, y gracias sobre todo por seguir mi historia, ¡sois geniales! Espero que os guste este nuevo capítulo! ;P
Capítulo 8
Los rayos de sol que entraban por la ventana impactaron directamente contra los ojos de Santana. Se giró para no tener que mirarlos y poder dormir de nuevo, pero le fue imposible; echaba en falta algo. Estiró el brazo buscando ese algo, pero no encontró nada. Levantó la cabeza y se apartó el pelo de la cara. ¿A dónde había ido?
Oyó unos ruidos en la cocina y se dirigió hacia ella, de puntillas, no quería ser vista. Ahí estaba Brittany, preparando algo con la sartén mientras calentaba un par de cafés. Sonrió, apoyada en el marco de la puerta y siguió su camino de puntillas hacia su chef particular. Brittany estaba de espaldas a ella, así que no podía verla. Rodeó su cintura con los brazos, sintiendo cómo se sobresaltaba durante un instante y cómo se relajaba al siguiente sabiendo que era ella. Apoyó la frente en la nuca de la rubia.
-Buenos días.- dijo Santana aún soñolienta.
Brittany se giró sonriendo, sin separar a Santana de ella, y apoyó su frente contra la de la latina mientras pasaba los brazos por su cintura.
-Vaya, ya pensaba que no te despertarías, Bella Durmiente. He estado zarandeándote un rato.
-A la Bella Durmiente se la despierta con un beso.- soltó Santana aún medio dormida. Sintió cómo la rubia se tensaba y se alejaba poco a poco de ella. - Perdón, no quería...
-No pasa nada.- Brittany sonrió para quitarle importancia y le dio un beso en la frente.- Espero que te guste el bacon.
-¿Me has hecho bacon?
-Sí, y huevos revueltos. Y más te vale comértelo todo o si no te lo daré yo.
Después del desayuno Santana consiguió despertarse del todo. Era sábado, no tenía trabajo, así que podía ir directamente al hospital a ver a Natalie. Brittany se vistió después del desayuno y le dio el pijama a Santana para dejarlo junto al resto de la ropa sucia.
-¿Vas a ir a ver a Natalie?- Preguntó la rubia recogiendo los zapatos que dejó en el salón.
-Sí, supongo que estaré ahí todo el día. Y si estoy muy cansada me quedaré ahí a dormir.
Brittany la miró mientras se apoyaba contra la pared con los brazos cruzados.
-Puedes venir a dormir con nosotros...
La latina levantó una ceja hacia Brittany, la cuál asintió; lo que acababa de decir era una tontería, y las dos lo sabían.
-Creo que ya tienes suficiente lío con Artie y Lord Tubbington como para tenerme a mí también por ahí rondando.
-En realidad... sólo está Artie. Lord Tubbington se fue al cielo de los gatos el año pasado...
Santana se llevó una mano a la boca sorprendida. Le encantaba ese gato, siempre le había tenido un cariño especial. Brittany se encogió de hombros y cogió su bolso.
-Gracias de todas formas.- se apresuró a decir Santana.- Y gracias por quedarte esta noche.
Brittany se acercó a ella y le alisó algunos mechones despeinados de la cabeza.
-Sabes que puedes contar conmigo.-Sonrió mientras se dejaba envolver por la cálida mirada de Santana.- Sé que ha pasado mucho tiempo, pero quiero que sepas que si algún día te sientes sola me puedes llamar. O si necesitas comer algo que no sea pizza.
-Sí, creo que hay algo en la Diversalada que la hace adictiva, me apetece ahora mismo un plato.
No sabía qué le impulsó a hacerlo, qué fuerza sobrehumana estaba controlando su cuerpo en ese momento. Lo único que Brittany sabía era que, de repente, su cuerpo se había inclinado hacia delante mientras cerraba los ojos para presionar sus labios contra los de Santana con toda la suavidad que le era posible. Si Santana había sentido un escalofrío cuando los dedos de Brittay tocaron su cabello, ahora lo que sentía era una descarga eléctrica que atravesaba su columna vertebral de arriba a abajo. Aquella dulzura, aquel sabor... No había cambiado nada, sus labios seguían provocando aquellas sensaciones que había experimentado tantas veces años atrás. Fue muy corto, duró el tiempo que tardaron en darse cuenta de qué estaban haciendo, pero Santana sintió que fue lo más intenso que había experimentado en años.
Las mejillas de Brittany estaban al rojo vivo, y se tapaba la boca con una mano.
-Lo siento, de verdad...- dijo recogiendo el bolso que se le había caído al suelo.- Yo... - Miró a Santana a los ojos intentando disculparse. La latina pudo distinguir la fina capa de lágrimas que estaba cubriendo aquellos preciosos ojos azules- Me voy.
-Espera... ¡Britt!- la puerta se cerró antes de que pudiera terminar de decir nada.
Santana estaba confusa. Se llevó los dedos a los labios, aún sentía el tacto de los labios de Brittany sobre los suyos.
-Mierda...- se dijo así misma.
Se dio cuenta de la hora que era y se dirigió a la ducha. Ahora sólo tenía que concentrarse en ver a Natalie y tener fe en que pronto despertaría.
Brittany abrió la puerta de su casa con cuidado, Artie tal vez seguía durmiendo, y no quería despertarlo si así era. Cuando entró en su ático una sensación de cobijo se apoderó de su cuerpo, volvía a sentirse a salvo ahí dentro. Dejó el bolso en el perchero que había al lado de la puerta y se dirigió a su dormitorio para prepararse la ropa y ducharse. Artie estaba durmiendo todavía.
Sonrió al verlo ahí tumbado y pensó cuánto le habría afectado saber que iba a pasar la noche con Santana. Dejó la ropa que había cogido sobre la mesilla y se arrastró sobre la cama hasta llegar a Artie. Pasó un brazo sobre su cintura y le dio un beso en la mejilla. Artie abrió los ojos poco a poco y abrazó a Brittany.
-Hola.- Dijo ella mientras se despertaba.- Siento haberte dejado solo...
Se inclinó para poder besar otra vez la mejilla sin afeitar de su prometido. Sonrió y volvió a besarle una y otra vez, le encantaban las cosquillas que aquella barba de un día le provocaban.
-Confío en ti, sé que no harías nada de lo que pudieras arrepentirte.- Dijo él mientras se reía e intentaba despertarse del todo.
Brittany se acurrucó entre sus brazos y apoyó su cabeza en el pecho de Artie. Se arrepentía de muchas cosas, pero no quería que él lo notara. Todo lo que había hecho aquella noche estaba mal. Se arrepentía de haber abrazado tanto a Santana, de la pelea con los cojines en el sofá, de haber dormido con ella... Pero sobre todo de lo que acababa de pasar antes de irse.
Al pensar en el beso recordó aquella sensación, aquel torrente de energía que había viajado desde sus labios hasta la punta de sus dedos de los pies, aquellas mariposas en el estómago que no había sentido desde hacía ya siete años. Enterró más la cabeza en el pecho de Artie y le besó el cuello.
-Aquí es donde debo estar...- susurró, tan vagamente como para que sólo ella pudiera oírlo.
-¿Qué hora es?- preguntó Artie sin soltarla.
-Tarde. Tengo que arreglarme, hoy viene mi ayuda personal para elegir un buen vestido de novia.
Se deslizó hacia fuera de la cama, recogió su ropa y se dirigió directa a la ducha. Al salir, Artie ya se había sentado en su silla y se había preparado la ropa limpia. Le dio un fugaz beso en los labios y se despidió de él.
Había quedado al medio día en la puerta de Bridal Boutique, una de las mejores tiendas de vestidos de novia de Nueva York, y ya estaba llegando tarde. Cogió el primer taxi que encontró y le dio las indicaciones a toda prisa. Como no, acabaron en medio de un atasco. Al llegar, le dio el primer billete que encontró y no se molestó en recibir el cambio; salió disparada del taxi en dirección a la puerta de la tienda de vestidos.
-Por fin, ¡me tienes esperando desde hace tres cuartos de hora!
Brittany se abalanzó sobre el cuello de la rubia y la abrazó con todas sus fuerzas.
-Te he echado de menos, Q.- Dijo mientras enterraba su cara en el pelo de su amiga.- No sabes la de cosas que han pasado...
-Eh, B... ¡Me ahogas!- Sintió cómo Brittany la soltaba un poco y aprovechó para abrazarla ella también.- ¿Qué ha pasado? Te noto muy rara.
Brittany se separó para mirarla a los ojos directamente. Había mantenido el contacto con Quinn después de la graduación. De vez en cuando iba a visitarla y hablaban durante horas, o simplemente se llamaban para saber cómo estaba la otra, por eso le había pedido que fuera su dama de honor en la boda y le ayudase a elegir un buen vestido. No quería tener secretos con ella, se había portado muy bien durante todos estos años.
-La he visto. Vive aquí.
Quinn levantó una ceja y suspiró mientras parpadeaba repetidamente.
-Por tu cara deduzco que eso no es todo.- Se cruzó de brazos y esperó a que Brittany siguiera contando lo que le pasaba.
-Ayer su prima tuvo un accidente... Estaba tan indefensa, Q, tan frágil... No podía dejarla sola...
-Os habéis acostado...
-¡No! Bueno, no como tu piensas...- Brittany se llevó una mano a la cabeza mientras Quinn levantaba una ceja, sin entender a su amiga.- Dormí con ella, pero no de esa forma. Hablamos, nos reímos... y ya está.
-Le habrás preguntado por qué demonios se le ocurrió irse sin despedirse, ¿verdad?
Brittany negó con la cabeza y Quinn dejó caer sus brazos indignada.
-¡Estaba muy triste! No podía presionarla para que me contara eso... me necesitaba a su lado...
-Que lo hubiera pensado antes de irse. ¡Que hubiera pensado en todas las personas que la necesitaban mientras ella estaba por ahí perdida sin dar señales de vida!
Quinn se volvió a cruzar de brazos y clavó la vista en el suelo. Brittany le frotó el brazo. Ver a Quinn en ese estado hizo que se diera cuenta de lo egoísta que había sido durante años. Tras marcharse Santana, Brittany pensó que su vida había terminado, que era ella la única que sufría mientras los demás la animaban a seguir a delante sin entender que para ella sería imposible. Entonces se dio cuenta de que cuando Santana dejó Ohio no fue ella la única que sufrió; nunca había pensado en todas aquellas personas que querían a Santana, en todas aquellas que sufrieron cuando de pronto desapareció...
-Bueno.- Dijo Quinn después de secarse una lágrima que amenazaba con salir.- ¿Qué vas a hacer?
-¿Con qué?
-Con ella. Supongo que ya no te querrás casar con Artie...
-¿Qué? Claro que quiero casarme con Artie. Santana ya pasó, es historia para mí, y debo pasar página, empezar de cero. Que haya vuelto a verla no significa que haya vuelto a sentir lo que sentí hace años.
Quinn sonrió a su amiga, orgullosa por lo madura que se había vuelto estos últimos años.
-Entonces vamos a ver esos vestidos.
Santana sostenía la mano de Natalie entre las suyas mientras la enfermera le hacía lo que se consideraba ''revisión diaria''. Todo estaba en orden al parecer, todo iba bien. Sí, todo salvo el hecho de que no se sabía si alguna vez iba a despertarse de aquel fatídico coma.
Había corrido el sillón en el que Brittany había dormido para poder sentarse al lado de su prima y se había pasado toda la mañana ahí. Sólo la había dejado durante un momento para comprarse un bocadillo en la cafetería.
-Natalie, tienes que despertar... - susurró cuando la enfermera se fue.- Te necesito... ahora más que nunca.- Acarició la mano de su prima con un dedo, dibujando círculos sobre la piel.- Sé que a veces me enfadaba cuando me dabas tus lecciones y consejos, pero era sólo porque sabía que tenías razón.- Hizo una pausa, esperando que su prima diera alguna señal de poder escucharla.- Y ahora es cuando necesito tus consejos, Natalie... por favor... no me dejes sola.
Observó el cuerpo inmóvil de su prima, esperando que reaccionara ante sus palabras, ante sus caricias, ante sus ruegos... pero no hubo ninguna respuesta. Dejó caer la cabeza sobre la camilla y cerró los ojos.
- Me ha besado, Natalie. Ha sido bastante corto, pero ha pasado...- No sabía si podía oírla o no, pero de verdad necesitaba hablar con alguien, y sólo se le ocurría ella.- Y ha sido lo más dulce que me ha pasado en años...
Sintió un escalofrío al recordar el beso, al recordar todas las sensaciones que se habían despertado gracias a aquel fugaz contacto con sus labios. Sonrió para sí misma... ya había sentido aquello antes, hacía muchísimo tiempo.
A su memoria vinieron miles de imágenes, miles de recuerdos, pero sólo quiso concentrarse en uno. Quiso concentrarse en una noche en el verano antes de comenzar el instituto. Tenían doce años, y Brittany la había invitado a pasar una semana con ella en su casa. Santana sabía que no iba sólo porque Brittany quisiera pasar una semana con ella; sabia que cuando Brittany la invitaba era porque necesitaba su apoyo en esos momentos.
Los padres de Brittany se peleaban constantemente, pero aquel verano fue el peor. Santana lo comprobó la primera noche, mientras las dos cenaban en el jardín de Brittany unos bocadillos que la señora Pierce había preparado. Después de cenar las mandaron a dormir. El dormitorio estaba en el piso de arriba y sólo tenía una cama, así que tuvieron que dormir apretadas. Se quedaron hablando hasta bien entrada la noche, aunque en realidad la única que hablaba era Santana. Brittany no podía dormirse, así que su amiga le estuvo contando cuentos toda la noche. Le gustaba contarle cuentos de hadas a Brittany, para ella era una forma de asegurarse de que no tuviera pesadillas.
Estaba a mitad de uno de sus cuentos cuando los Pierce volvieron a pelearse, pensando que las niñas se habían dormido. Se oían golpes sobre la mesa y tonos de voz muy altos por parte de los dos. Santana agarró la mano de Brittany, intentando darle fuerzas para aguantar los gritos de sus padres. Entonces el señor Pierce sacó el tema del dinero, comentando la escasez de éste y culpando a la señora Pierce. La madre de Brittany le replicó que no era problema suyo, que bastante tenía pasándose el día cuidando de ''el maldito retoño que él sembró en ella''. Santana endureció la mandíbula al oír aquella frase; sabía que Brittany no había entendido lo que su madre había dicho, era demasiado inocente para hacerlo, pero ella sí, y Brittany no se merecía semejante apodo.
Brittany notó la tensión de Santana y la abrazó, buscando a la vez un punto de apoyo para soportar los gritos de sus padres. Entonces el señor Pierce contestó.
-Como si fuera sólo culpa mía que la estúpida de tu hija naciera. ¡Deberías haber tomado más precauciones!
Los dedos de Brittany se clavaron en los hombros de Santana; eso sí lo había entendido. A medias, pero lo había entendido. Santana no lo soportó más. Abrazó con todas sus fuerzas a Brittany y dejó que apoyara la cabeza en su pequeño pecho. Brittany lloró y sollozó agarrada a Santana, los gritos de los Pierce no cesaban y cada vez parecían más fuertes. Los dientes de Santana comenzaron a chirriar, no podía creer lo que estaba pasando en casa de su mejor amiga, no podía creer que tuviera que aguantar todos esos gritos; y sólo de pensar en qué otras cosas podrían haber dicho cuando ella no estaba le hervía la sangre.
El cuerpo de Brittany acabó totalmente enterrado entre el de Santana, la pequeña rubia sólo quería desaparecer, perderse entre su mejor amiga y que nadie la encontrase nunca. Fue entre aquellos pensamientos cuando oyó la voz de Santana: estaba cantando. Era una nana hispana, Brittany no se la sabía, ni siquiera la entendía, pero no le importaba. Se concentró en la voz de su amiga, en la melodía, en la sensación de hogar que estaba sintiendo en ese momento entre los brazos de Santana mientras su voz la envolvía con una canción. Cantó la canción una y otra vez, en su oído, susurrando la letra despacio, canalizando toda la rabia que había estado acumulando en aquella canción para calmar a su mejor amiga, acariciando su pelo mientras apoyaba la cabeza sobre la de Brittany para poder susurrar más cerca de su oído. Después de un rato que se les hizo eterno, los gritos cesaron, los Pierce habían decidido acostarse. Toda la casa quedó en silencio, ni siquiera se oían los sollozos de Brittany, sólo quedaba el sonido de una nana.
Cuando se dieron cuenta de que todo había pasado, Santana dejó de cantar, pero no soltó a Brittany. No sabía si seguía despierta, no se había movido desde hacía mucho tiempo, así que decidió no moverse ella tampoco. Entonces Brittany estrechó un poco más fuerte a Santana, haciéndole saber que seguía despierta. La latina se separó unos centímetros de ella y le apartó todo el pelo de la cara, estaba totalmente empapada. Empezó a secar sus lágrimas, y usó la camiseta que había preparado encima de la mesa que tenía al lado para limpiarle la nariz, no le importaba, ya la lavaría. Sólo le importaba Brittany.
Cuando le secó todas las lágrimas, apoyó su frente contra la de Brittany, dejando que la rubia enterrase la cara en su cuello mientras la abrazaba.
-No es verdad, Britt.- susurró.- No eres nada de lo que te han llamado.- Volvió a oír un sollozo de Brittany, así que la abrazó más fuerte.- Ellos son los únicos estúpidos. Estúpidos por no darse cuenta de lo maravillosa que eres, B. -Llevó una mano a su mejilla y la acarició. Abrió la boca para seguir hablando, pero algo la paralizó. Sacudió la cabeza, tragándose el orgullo.-Brittany, eres...- Suspiró y separó su cabeza de la de Brittany para acariciar su pelo.- Eres el azúcar de mi mundo.- Su voz se quebró al decir aquella frase. Sus mejillas habían adoptado un color rojizo. Brittany la miró a los ojos, Santana nunca hablaba sobre sí misma de esa forma tan íntima.- Eres lo único que hace mi mundo más dulce; tú eres lo único por lo que me levanto con ganas de vivir un día más. Y si ellos no lo ven... si no ven en ti lo mismo que yo... entonces ellos son los únicos estúpidos.- Acarició la mejilla de su amiga y dejó escapar una lágrima.- Te quiero, Brittany. Te quiero muchísimo. Nunca... Nunca pienses que estás sola, porque no es verdad: estoy aquí. Y nunca pienses que nadie te quiere, porque... Dios, yo sí lo hago. Te quiero tanto que me duele...
Brittany volvió a sollozar, pero esta vez eran diferentes. No eran los mismos sollozos, no estaba triste. Aquellas palabras habían hecho que volviera a sonreír y sollozara de felicidad. Santana le sonrió y la besó. Esta vez no fue en la frente, no fue en la mejilla ni en la mano. Posó sus labios contra los de Brittany mientras le acariciaba la mejilla con una mano y la abrazaba con la otra. Brittany cerró los ojos ante aquel contacto, y entonces Santana notó humedad en sus propias mejillas: su amiga acababa de derramar una lágrima. Separó sus labios de los de ella y volvió a abrazarla, apoyando la barbilla sobre la cabeza de Brittany.
-Te quiero, San.
Fue lo único que salió de los labios de la rubia esa noche. Nada más decirlo cayó en un profundo sueño. Santana se abrazó al pequeño cuerpo de Brittany. Físicamente era más grande que ella, pero en ese momento necesitaba su protección.
La semana pasó más o menos igual: cada noche sus padres discutían y acababan abrazadas mientras Santana cantaba para que la pequeña Brittany no escuchase nada a parte de su nana. Nunca intentó volver a besarla, no de esa manera. Solía darle algún beso en la frente o en la mejilla, pero no volvió a hacerlo en los labios.
Aquel fue su primer beso con Brittany, y pasarían un par de años hasta que hubieran más, pero en ese beso había experimentado los mismos sentimientos, las mismas emociones, que en el beso que le había robado Brittany esa mañana. Aquellas mariposas en el estómago, aquella forma de erizarse el vello en sus brazos, aquella corriente eléctrica que recorrió su espalda...
Apretó un poco más la mano de Natalie y levantó la cabeza. Estaba llorando, pero a la vez sonreía. Empezó a reírse sola mientras se secaba las lágrimas. Miró el reloj, era bastante tarde, pronto iban a echarla de aquella habitación. Se levantó aún secándose las lágrimas y le dio un beso a su prima en la frente. Sonrió después de darle el beso y le susurró al oído.
-Estoy enamorada de ella, Natalie.- Hizo una pausa para dejar escapar una pequeña risa- Aún estoy enamorada de Brittany.
