Disclaimer: Los personajes no me pertenecen.

¡Hola a todos! ¿Cómo están? Espero que muy bien. Bueno, como les había dicho, aca estoy subiedo un nuevo capítulo. Y como siempre, simplemente quería agradecerles por leer mi historia y por comentar. Realmente, Muchas Gracias!

Ahora sí, sin mucho más que decir, los dejo con el cap.

Un beso grande,

lU


De finales e inicios


La sintió llorar, desmoronarse a su lado, como él mismo debería estar haciendo. Sintió como lo abrazaba y susurraba miles de palabras en su oído. Sintió como deslizó sus suaves dedos por su mejilla y como sus labios atraparon los suyos. La sintió contestar por él, quitarle la ropa y arroparlo en la cama. La sintió besar su cuello y recorrer su cuerpo con sus manos. La sintió suspirar por él y hasta se sintió a él mismo suspirar por ella.

El aire le faltaba y no se atrevía a intentar captar un poco más. No podía moverse y sin embargo seguía sintiéndola allí a su lado. Tenía mil preguntas y cien mil quejas. Quería gritar, llorar y golpear. Quería amar y odiar, quería recordar y pensar y sin embargo no podía nada. Solo la sentía, allí con él. Con la mano firmemente puesta en él, con sus lágrimas reemplazando las de él.

Y luego la vio, llorar, maldecir y gritar. La vio abrazarlo, acariciarlo y amarlo. La vio ocupando su lugar, cubriendo sus responsabilidades y la vio siendo su sosten. La vio frente a ese par de piedras, la vio haciendo aparecer unas flores, la vio escurrir las lágrimas que deberían ser de él.

Y también la escuchó. La escuchó sollozar sin poder evitarlo, la escuchó morir de dolor, la escuchó doblarse de pena. La escuchó susurrándole palabras de ánimo, la escuchó decir cosas que nunca antes había dicho, la escuchó alzarse con segurirdad, determinación y valentía. La escuchó decirle lo mucho que lo amaba, decirle cuánto lo necesitaba y cuánto estaría ella ahí para él. Para siempre, la oyo decir. También escuchó su corazón latir y eso lo hizo reaccionar.

-¿Estás bien? –Preguntó.

-James... –Susurró ella –James –Volvió a decir, a suplicarle.

Y lo sintió, en sus mejillas, calientes y frías pero siempre saladas. Lágrimas, por fín estaba llorando. Y aún estaban en ese lugar, frio y triste, y las flores seguían vivas, pero solo era eso. Y no podía ni distinguir los nombres de las placas pero sabía cuáles eran. De marmol brilloso, elegantes y dignas de ellos, pero seguían siendo poco. Y nada les haría justicia. Absolutamente nada.

Y gritó, abrazandose a ella, maldijo y lloró. Y se dejó caer de rodillas, porque se sentía vencido. Y realmente lo hubiese estado sin ella a su lado.

-Lily –La llamó y ella lo besó, y besó sus lágrimas y abrazó su dolor.

Y permanecieron allí, llorando a sus padres. Recordandolos, sabiendo que no volverían pero que deberían seguir. Por ellos, porque nadie más lo haría. Y sabían, pues ya no eran unos niños, que el dolor recién comenzaba. Que había llegado el momento, que ya no se trataba de la escuela y de un Severus que se empeñaba en lastimarla. Era la verdad y dolía, pero estaban juntos y seguirían así hasta el final.

-Debemos volver –Dijo finalmente ella, pues no había ni tiempo para hacer aquel duelo, pues él no esperaba y ellos tampoco debían hacerlo y él asintio. Y miró una vez más la tumba de sus padres. Y leyó claramente "Donde tú estes, yo estaré, siempre luchando contra aquello que te lastime" Cerró los ojos y apretó la mano de Lily. Y simplemente se dejó guiar. Hasta que en algún momento volvió a sentir, volvió a verla, volvío a escucharla. Y estuvo seguro.

-¿Lily? –La llamó, las manos le sudaban como cuando conoció a su padre.

-¿Sí? –Dijo ella. Un delantal cubría su figura, unos guantes en sus manos y el pelo recogido de una forma desordenada y graciosa. Llevaba todo el día haciendo la limpieza de la casa y estaba divinamente preciosa.

-¿Quieres casarte conmigo? –Preguntó con la voz temblándole y el corazón en la boca.

Y ella lo miró, sonrió y se largó a llorar. Las cosas estaban mal, ellos lo sabían, pero por unos segundos se olvidó que hacía unas semanas habían enterrado a los padres de James, que ella no veía a los suyos desde aquel día que se fue con James luego de que este los conociera, que la gente estaba desapareciendo y que estaban muriendo. Se olvidó que debía preparar comida para la Orden y que estaba sucia producto de la limpieza. Se olvidó que tenía miedo y que estaba cansada, se olvidó de todo y simplemente asintió. Se lanzó a sus brazos, besó sus labios y se dejó amar.

Y una semana después, con una sencilla pero preiosa túnica blanca y sus largos cabellos sueltos y rizados, cogida del brazo de su padre, caminó por un estrecho pasillo hacia él. Con los ojos brillosos y una sonrisa radiante James la esperaba. A su lado, Sirius sonreía igual de felíz, Lupin se llenaba de paz con el sacramento que estaba a punto de presenciar y Peter le sonreía nerviosamente.

Y el señor Evans reprimé unas lágrimas, y trata de que no le importe que hace mucho que no ve a su pequeña. Y que Potter vuelve a arrebatarsela un poco más. E intenta ignorara el aspecto de su niña. Que de niña ya tiene poco. Y observa a la mujer en que se ha convertido, y ve como sus ojos brillan. Y como reboza de alegria cuando dice –Sí, acepto. Y la abraza porque sabe que forma parte de algo mucho más grande, que se le ha escapado de las manos y que es mucho más valiente que él mismo. Que está luchando, por eso que todos se entristecen y que él sabe y siente aunque no lo vé.

Y sonrié cuando recuerda el día que nació, el día en que su esposa le dio la segunda maravilla en su vida. Y cuando la sostuvo lo supo, que sería especial, lo supo en ese momento. Y no importaba la magia, o su color de cabello, importaba que haría cosas que él solo soñaría. Que sería especial, distinta a todos, unica a su modo y que sería libre. Especial –Pensó mientras la veía bailando en los brazos de Potter.

El señor Evans abraza a su mujer, y mira a su hija. Lamenta que Petunia se halla negado a asistir, pero lo entiende. Las cosas no están bien, la vida ya no es como alguna vez lo fue. Y puede verlo en los ojos de todos, el terror, la angustia. Y sabe que su hija está luchando, peleando por recuperar eso que alguien les está arrebatando. Y lo supo ese día, cuando estaba a punto de irse, cuando se acercó a él y le mostró una fotografía, una muy rara donde las personas se movían y saludaban.

-Estos son mis amigos –Había dicho –Quiero dejarte la fotografía para que los conozcos –Una sonrisa triste en sus labios –Siempre puedo confiar en ellos, tú también puedes hacerlo –Y cuando durante el siguiente tiempo se cruzó con uno y con otro, todos cerca de su casa, paseando distraídamente, supo que había tenido razón. Y no se había preocupado cuando los vio seguir a Petunia o a su mujer, porque eran "amigos" de Lily y él podía confiar en ellos. Son de nuestro bando –solía pensar.

-¡Lily! –La llamó su madre y la chica se volteó.

-¡Mamá! –Gritó por encima de la múscia, James de su mano se acercó a saludar a su suegra.

-¿Se irán de luna de miel? –Preguntó. Definitivamente su madre no tenía la astucia de su padre, sin embargo había que verla para saber de dónde Lily sacaba toda esa dulzura y alegría.

-No.. –Dijo Lily, su mirada clavada en James, simplemente no podía dejar de mirarlo, lo amaba tanto.

-Pero no se preocupe señora –Dijo James sonriendo –Me aseguraré que todos los días sean memorables y las noches... Las noches serán inolvidables.

Las dos mujeres frente a él se ruborizaron. Y Lily golpeó suavemente su brazo pero James no ser avergonzó. Ese día, ese preciso día, nada le importaba. Solo Lily y su sonrisa, solo ella y su amor. Y le diría a todo el mundo que ella era su mujer, su esposa y que la amaría hasta lo último. Y no le importaba que supiesen que su esposa era una diosa en la cama, un reina, la mejor...