SOPLO EN EL ESTADIO DE QUIDDITCH
- ¿Qué crees que pasará con Ron y Hermione? Tú los conoces bien a los dos.
Harry y Ginny caminaban tomados de la cintura por los terrenos linderos a La Madriguera.
Era una hermosa y serena noche. Las estrellas titilaban desde el azul profundo y la luna parecía invitar a las confidencias y al romance.
Harry se encogió de hombros.
- Es difícil saberlo. En realidad hace mucho que no pasamos tiempo juntos. Supongo que luego de que se les pase el enojo hablarán y tratarán de arreglar las cosas…
- ¿Tratarán?
- Nunca los había visto pelear de esta manera. Todo depende de los deseos que tengan de componer las cosas…
Ginny asintió en silencio.
Los dos caminaron en silencio, estrechados, acompañados por el ruido de sus pasos sobre la hierba húmeda.
- No quisiera que a nosotros nos sucediera lo mismo que a ellos, Harry. Prométeme que siempre me dirás todo: sea bueno o malo.
Harry se detuvo, miró a Ginny a los ojos y no pudo evita sonreír.
- Te lo prometo. Pero no debes preocuparte¿dónde encontraría yo alguien como tú?
- ¡En todas partes¡No sabes los celos que siento cuando escucho a las muchachas hablar sobre ti! "¡Harry es tan sexy!".
- ¡Yo nunca he sido sexy! – protestó.
- Eso es lo que tú crees - comentó Ginny mitad en broma mitad en serio -. ¿Por qué crees que me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi?
- Eso es algo que siempre me he preguntado.
- ¿Y qué te respondes?
- Que espero que nunca vayas al oculista.
- ¡Tonto! – dijo Ginny dándole un empujón cariñoso a Harry.
Y los dos se besaron largamente.
Los días pasaron rápidamente sin que Harry tuviera noticias de sus amigos.
Inmerso en su trabajo, él y Williamson siguieron distintas pistas sobre el paradero de las piedras robadas, pero sin resultado.
Williamson, por su parte, no parecía darle al asunto demasiada importancia y parecía molesto por lo que consideraba una asignación menor. Pero mucho más le molestaba tener a Harry de compañero.
Cuando por fin llegó el fin de semana, Harry se sintió aliviado de poder tomar distancia de las preocupaciones del trabajo y distraerse presenciado el partido de Quidditch entre las Harpies y los Falcons.
Harry se transportó a una distancia segura del Estadio y se abrió camino tratando de no llamar la atención. El aire del bosque vibraba con la expectación previa al encuentro de Quidditch.
Los vendedores aparecían a cada paso, con bandejas o empujando carritos repletos de las mercancías usuales en estas ocasiones: banderines luminosos (verde y plateado para el Holyhead Harpies, grises y blancos por los Falcons) que gritaban los nombres de los jugadores; sombreros puntiagudos adornados con halcones que se movían; bufandas de ambos equipos; banderas que gritaban: "Ganemos, pero si no podemos ganar rompamos unas cuantas cabezas" cada vez que se las agitaba; escobas para niños y fotos de los jugadores.
Harry, que había decidido utilizar un grueso gorro de lana para encubrir su apariencia lo más que fuera posible, se acercó a uno de los carritos atraído por una fotografía de Ginny vistiendo la túnica verde oscura de su equipo.
- ¿Hermosa, eh muchacho¡Una pollita como esa puede quitarte el aliento a cualquiera! Dicen que hoy jugará de titular. Es Ginny Weasley y está autografiada. ¡Es la novia de Harry Potter, así que ten cuidado! Un galleon, por ser tú. Valdrá el doble dentro de poco si juega tan bien como promete.
- No, gracias – Harry dejó la foto supuestamente autografiada y tomó en su lugar unos omniculares.
- ¡Ah, veo que eres un entendido¿Conoces los omniculares? — explicó el vendedor con entusiasmo—. Se puede volver a ver una jugada... pasarla a cámara lenta, y si quieres te pueden ofrecer un análisis jugada a jugada. Precio especial: diez galeons…
- Los llevo — dijo Harry depositando las monedas de oro en manos del vendedor.
Entonces, se oyó el sonido profundo y retumbante de un gong al otro lado del bosque, y de inmediato se iluminaron entre los árboles unos faroles verdes y grises, marcando el camino al estadio.
La multitud se apresuró para ocupar sus lugares antes de comienzo del partido.
Siguiendo a la gente, Harry se internó en el bosque por el camino que marcaban los faroles. Oían los gritos, las risas, los pedazos de canciones de los miles de personas que iban con él. La atmósfera de febril emoción se contagiaba fácilmente, y no pudo dejar de sonreír recordando los partidos disputados en Hogwarts.
Finalmente, en claro del bosque, apareció la silueta del enorme estadio. Aunque no era tan grande como el que se utilizara para el Mundial de Quidditch, sus dimensiones eran imponentes.
Miró con atención a su alrededor hasta distinguir un letrero encima de una de las puertas que rezaba: TRIBUNA PRINCIPAL.
Ginny le había conseguido asientos de primera.
- Es una de las ventajas de ser el novio de una jugadora profesional de Quidditch – había bromeado al darle la entrada.
Una bruja apostada en la puerta controló su ticket y dijo con voz monótona.
- Tribuna principal Todo recto escaleras arriba hasta el final. Siguiente.
Harry sabía que seguramente allí se encontraría con Ron.
A instancias de Ginny, Harry había intentado hablar con Ron y Hermione, pero los dos habían rechazado el tema de plano.
- Hermione es un tema cerrado, Harry. Cosa del pasado. Ella nunca cambiará porque no tiene la capacidad para reconocer que yo tengo razón y que ella está equivocada. Me pregunto si alguna vez me quiso en realidad…
Harry había comprendido que no debía insistir. Al menos por un tiempo hasta que Ron se serenara.
Hermione, por su parte, se sentía mortificada.
- Tú estuviste allí, Harry. Tú fuiste testigo de cómo me humilló delante de todos. ¡Y pensar que gasté una fortuna para comprarle esa estúpida escoba! Ron nunca cambiará. Estoy mejor sin él. En este momento de mi vida debo concentrarme en mi carrera y dejar a un lado todo aquello que me distraiga mis responsabilidades.
Las escaleras del estadio estaban tapizadas con una alfombra de color púrpura. Harry subió con la multitud, que poco a poco iba entrando por las puertas que daban a las tribunas que había a derecha e izquierda. Siguió subiendo hasta llegar al final de la escalera y se encontró en una pequeña tribuna ubicada en la parte más elevada del estadio, justo a mitad de camino entre los dorados postes de anotación. Contenía unas veinte butacas de color rojo y dorado, repartidas en dos filas. Ron, George y el Señor Weasley ya se encontraba allí.
- ¡Eh, Harry, aquí! - llamó Ron.
Harry hizo un gesto de fastidio. Afortunadamente la mayoría de los asientos aún no se había ocupado, de lo contrario se hubiera visto molestado por un grupo de magos y brujas deseosos de conocer en persona al famoso Harry Potter.
Rápidamente tomó asiento junto a Ron en la fila de adelante y observó el estadio que tenía a sus pies.
Cinco mil magos y brujas ocupaban sus asientos en las gradas dispuestas en torno al campo de juego. Todo estaba envuelto en una brillante luz dorada que parecía provenir del mismo estadio.
A cada extremo se levantaban tres aros, a unos quince metros de altura. Justo enfrente de la tribuna en que se hallaban, casi a la misma altura de sus ojos, estaba el panel gigante que en ese momento transmitía las publicidades a todo el estadio.
- Deberíamos contratar publicidad en los partidos de Quidditch - gritó Ron a George para hacerse oír por encima del clamor de la multitud.
- Demasiado costoso – respondió George –. Fred estaba tratando de intercambiar fuegos artificiales por publicidad. Pero justo para esa época suspendieron los torneos. Sin embargo, he realizado algo que, si todo sale como preveo, no traerá mucha atención…
Harry utilizó los omniculares y comenzó a observar con ellos a la multitud que había abajo, al otro lado del estadio.
Una rubia cabellera casi platinada atrajo su atención.
Ajustando los controles pudo distinguir a Draco y Lucius Malfoy.
El padre de Draco lucía más delgado y pálido de lo usual. Parecía haber adquirido el hábito de mirar a su alrededor con desconfianza cada vez que algo se movía.
Las personas sentadas a su lado, murmuraban por lo bajo y dirigían abiertas miradas de desprecio a los indeseados ex mortífagos.
Con la vista fija en el campo de juego, Draco y Lucius permanecían aparentemente impasibles ante los comentarios de los magos y brujas que los rodeaban.
- ¿Cómo van las cosas en el Ministerio, Harry? — comentó el señor Weasley —. Supe que Harrison te asignó tu primer trabajo de campo…
Harry asintió de forma mecánica mientras continuaba observando a los Malfoy.
- No quieres revelar nada sobre tu asignación¿eh? – rió el señor Weasley -. No te lo tomes demasiado a pecho. Los aurores no son inefables.
Durante la siguiente media hora la tribuna se fue llenando lentamente. A pesar de tener su cabeza oculta bajo el gorro de lana, Harry se vio obligado a estrechar la mano de magos y brujas desconocidos y besar a sus hijos.
Afortunadamente, la voz de Ludo Barman resonó en todo el estadio y todo el mundo se terminó de acomodar en sus asientos
- Damas y caballeros... ¡Bienvenidos¡Es una noche perfecta para la práctica del Quidditch!
Los espectadores gritaron y aplaudieron. Ondearon miles de banderas.
Ludovic "Ludo" Bagman había sido un célebre bateador del Wimbourne Wasp en la década de 1980 llegando incluso a jugar en la selección nacional. Cuando su carrera deportiva llegó a su fin, ingresó al Departamento de Juegos y Deportes y se convirtió en su director.
Ludo había sido acusado de pasar información a Augustus Rookwood, un viejo amigo del padre de Ludo. En su defensa, Ludo admitió pasarle información, pero alegó que él no era consciente de que Rookwood estaba trabajando para Voldemort. Su tibia defensa había sido aceptada por un jurado bien predispuesto hacia él debido a su fama.
- Y ahora, permítanme presentarles a… ¡el Holyhead Harpies!
La tribuna en que se encontraban Harry y los Weasley bramó aclamando la entrada del equipo.
- Me pregunto qué habrán traído —dijo el señor Weasley, inclinándose en el asiento hacia delante—. ¡Aaah! —De pronto se quitó las gafas y se las limpió a toda prisa en la tela de la túnica—. ¡Son veelas!
- ¿Veelas? – exclamó Harry dirigiéndose los omniculares hacia el campo de juego.
- Sí – explicó George –. Nuestra cuñada movió sus influencias y consiguió que un grupo de porristas de Bulgaria asistiera al evento. Gabrielle está entre ellas.
En medio de una veintena de vellas, bailoteaba la mascota del equipo: un águila poderosa de plumaje blanco y plomizo coronada por un penacho bífido.
Las veelas bailaron alrededor del águila con sus blancas cabelleras al viento provocando toda clase de gritos, exclamaciones y silbidos.
Harry y los Weasley compartieron los omniculares para poder observar de cerca de las bellas muchachas que danzaban.
En el climax de la música, el equipo salió al campo de juego y voló alrededor del estadio. Harry se alegró de comprobar que Ginny efectivamente jugaría como titular.
Cuando cesó la música, el estadio estalló en una aclamación tan grande como si alguno de los equipos hubiera anotado un tanto.
- Y ahora —bramó la voz de Ludo Bagman— tengan la bondad de alzar sus varitas para recibir a... ¡los Falcons!
Nada que hiciera los Falcons, podía superar la presentación del Harpies, y su presentación fue recibida con tímidos aplausos de sus simpatizantes.
Siete borrones grises y blancos rasgaron el aire y luego de circular por el estadio, se ubicaron en una de las mitades del campo de juego.
Finalmente el árbitro entró en el campo vistiendo la característica túnica dorada en la cual brillaba un silbato de plata.
Alto, delgado y de aspecto recio, caminó hasta el centro del campo de juego llevando la escoba en una mano y la caja con las pelotas en la otra. Luego de realizar el sorteo y dar las últimas indicaciones a los dos capitanes, abrió la caja con un golpe de su pie y las cuatro bolas quedaron libres en ese momento: la quaffle, de color escarlata; las dos bludgers negras, y la snitch dorada.
- ¡Comienza el partido! — gritó Barman entusiasmado —. Las Harpies están en posesión del balón¿no son hermosas? Spencer avanza, hace un amague y se la arroja a Skinny Norris, Norris para Spencer, esquiva a un jugador de los Falcons, Weasley arremete por detrás. Le lanza el pase… Atrapa y… ¡Anota¡Qué excelente comienzo para las Harpies y par ala debutante Ginny Weasley.
Harry no había presenciado un partido tan emocionante desde el último Campeonato Mundial. Y, aunque sintió añoranza por sus días de buscador, comprendió que nunca podría jugar a ese nivel. La velocidad de los jugadores era increíble: los cazadores se arrojaban la quaffle unos a otros tan rápidamente que el relator apenas tenía tiempo de decir los nombres.
En pocos minutos, debido en gran parte a una gran actuación de Ginny, la Harpies se pusieron en ventaja por 30 a 10.
Los Falcons haciendo honor a su lema habían comenzado el juego rudo, haciendo crujir los huesos de un par de cazadoras. Los sanadores del Harpies tuvieron trabajo extra para mantener el equipo completo en el campo de juego.
- ¡SPENCER ANOTA! — bramó Bagman, y el estadio entero vibró entre aclamaciones y aplausos por la bravura de las Harpies que a pesar de los golpes seguían yendo hacia adelante —. ¡Cuarenta a cero a favor del Holyhead Harpies¡Qué espíritu admirable el de estas mujeres.
El último comentario de Ludo Barman provocó el inmediato abucheo de la parcialidad de los Falcons.
Entonces las cazadoras de las Harpies se formaron para realizar la Parkin's Pincel volando a toda velocidad hacia el portero del equipo rival, quien no tuvo más remedio que correrse a último momento para evitar un choque parecía inevitable. Ginny se encargó de colocar la quaffle en el aro del centro convirtiendo un nuevo tanto para su equipo.
El juego se tomó aún más rápido pero también más brutal. Los Falcons estaban dispuestos a vender cara su derrota y los golpeadores aporrearon las bludgers con todas sus fuerzas para pegar con ellas a las cazadoras del equipo rival, impidiéndoles hacer uso de algunos de sus mejores movimientos.
Aprovechando el momento de frustración de las Harpies, los Falcons lograron romper la defensa de las Harpies, esquivar a la guardiana, y marcar el segundo tanto del equipo poniéndose 40 a 20.
Las harpies volvieron a estar en posesión de la quaffle y no lo desaprovecharon, con habilidad y precisión hicieron rápidos y precisos pases, volando a gran velocidad peligrosmente cerca de las tribunas.
- ¡Las Harpies están dando hoy una clase magistral de cómo debe jugarse el Quidditch! — bramó Barman entusiasmado.
Finalmente, Ginny y Spencer cayeron en picado por en medio de los cazadores, tan veloces como si fueran dos misiles sin control.
- ¡Se van a estrellar! —gritó el señor Weasley.
Era imposible, aún con los omniculares, distinguir quien de las dos estaba en posesión de la quaffle. Finalmente Ginny se abrió a un costado arrastrando la marca y al guardián quien comprendió una fracción de segundo tarde, que había elegido a la jugadora equivocada. Con el camino libre, Spencer no tuvo dificultades en poner a las Harpies arriba 60 a 20.
La derrota de los Falcons parecía sellada, sólo faltaba que la buscadora del equipo atrapara la snitch.
Harry, no había podido con sus instintos y, en varios ocasiones había recorrido el campo de juego en busca de la elusiva bola dorada.
En dos ocasiones la había descubierto aleteando burlona, lejos de l acción por encima de las cabezas de los jugadores.
En esta ocasión, sin embargo, la acción lo tomó completamente por sorpresa. El buscador de los Falcons hizo un rápido giro con su escoba y salió disparado hacia arriba apuntando directamente a una estrella dorada que brillaba por encima de su cabeza.
Harry se apresuró a colocarse sus omniculares y vio en las letras de color púrpura impresas sobre la imagen Amago de Wronski: un desvío del buscador muy peligroso.
Pero la buscadora de las Harpies no había caído en el engaño. Por el contrario, con expresión decidida volaba peligrosamente a ras del suelo con la mano extendida.
- ¡Ha visto la snitch! —gritó Harry—. ¡La ha visto¡Míren!
Distraídos por la jugada del buscador de los Falcons, sólo una pequeña parte de los espectadores parecía haberse dado cuenta de lo que ocurría.
- ¡Van a chocar contra la tribuna! —gritó George aferrando con fuerza los brazos de su butaca.
Y no se equivocaba.
Un segundo después de atrapar la snitch, la buscadora del Harpies chocó contra los carteles de publicidad con una fuerza tremenda.
La blonda cabellera de la buscadora estaba teñida de rojo, pero su brazo extrañamente doblado, sin duda a causa de una fractura, sostenía con orgullo la pequeña esfera dorada.
- ¡Increíble¡La atrapó¡Las Harpies ganaron el juego! —gritó Ron.
Los sanadores llegaron rápidamente hasta la jugadora herida, que mantenía el puño en alto.
De los cuatros costados del estadio bajó un aplauso de reconocimiento.
El tablero anunció «HOLYHEAD HARPIES: 210; FALMOUTHS FALCONS: 20»
Los aplausos de la tribuna del Harpies fueron creciendo más y más hasta convertirse en gritos de alegría.
El más alegre parecía el entrenador Barbew quien felicitaba a cada una de sus jugadoras como si hubieran ganado el campeonato.
- ¡EL HOLYHEAD HARPIES HA GANADO! — anunció Barman – Definitivamente parece que el Harpies ha roto su racha de mala suerte. ¡Qué bien le viene esta victoria al entrenador Barbew y a su equipo.
Harry y los Weasley descendieron de la tribuna comentando animadamente las instancias del partido.
- ¡Ginny estuvo fantástica! —la voz de Ron estaba ronca de tanto gritar —. Te apuesto a que mañana aparecerá en los titulares de la sección deportiva del Profeta.
- Mientras no se refieran a ella como "la novia de Harry Potter", no tengo ningún problema con ello. Será bueno que alguien más aparezca en los encabezados de aunque más no sea para variar – suspiró Harry.
George palmeó la espalda de Harry.
- Si sigue jugando así creo que pronto superará tu fama, Harry. Es obvio que ya ha superado a la de Ron.
Ron le hizo un gesto obsceno a su hermano mientras sacudía la cabeza molesto.
- Muy gracioso, George. Yo no veo que tu nombre aparezca en los periódicos tampoco.
- Mañana mira los anuncios comerciales en la sección deportiva del Profeta. "Sortilegios Weasley" aparecerá en la misma página que la crónica del partido. "Ginny Weasley"… "Sortilegios Weasley"… Imposible que quienes lean el periódico no noten la coincidencia¿no creen?
- ¡Eso es brillante! – aprobó Ron.
- ¡Y otra idea que no se te ocurrió a ti, hermanito!
- Pusiste mucha fe en Ginny – comentó Harry.
- Por supuesto, es del lado inteligente de la familia.
- Vamos a los vestuarios a felicitar a Ginny – dijo Ron ignorando el comentario de su hermano.
Una mano tomó a Harry del brazo y lo apartó a un rincón oscuro.
Antes de que pudiera sacar su varita, una voz pastosa susurró arrastrando las palabras:
- Tengo información para ti, Potter.
Lucius Malfoy estaba parado junto a su hijo.
Con la cabeza hizo un gesto despectivo a Harry y una mueca de desprecio se curvó en sus labios. Por un breve instante, el padre de Draco fue el viejo enemigo.
Luego, mudando inmediatamente de expresión estrechó la mano de harry y con una sonrisa absolutamente falsa en el rostro dijo en voz lo suficientemente alta como para lo escucharan aquellos que estaban a su alrededor:
- Es un placer verte, Harry…
Harry retiró la mano con brusquedad y volviendo su mirada a Draco dijo:
- ¿Qué has averiguado?
- Antes que nada quiero que quede claro que no pienso convertirme en tu soplón ni nada parecido. Cualquier deuda que creas que tengo contigo queda cancelada.
- Eso seré yo quien lo decida. Dime que has averiguado.
- Hay un grupo operando en el extranjero. Están sedientos de venganza.
- Vaya novedad… Dime algo que no sepa.
- Como de costumbre no entiendes nada, Potter. No se trata de mortífagos asustados buscando matar a unos cuantos muggles en recuerdo de los viejos tiempos…
Draco hizo una pausa. Su pálida piel brillaba, perlada por pequeñas gotas de sudor
- Es un grupo organizado. No sé quien lo dirige, pero sabe lo que hace. Han estado reclutando gente. Mucha gente. No sé qué se proponen, pero sea lo que sea se trata de algo grande… Están interesados en mercancía antigua… Pagan muy bien…
- ¿Objetos como las piedras robadas?
Draco asintió.
Harry sopesó un instante la información recibida y finalmente preguntó:
- ¿Dónde puedo encontrarlos?
Malfoy se encogió de hombros.
- Vamos, Draco. Debes dame algo más que eso.
- Operan en muchas partes…
- Un grupo grande como el que describes no puede andar moviéndose de aquí para allá sin ser descubierto. Deben tener una base de operaciones.
Harry tomó la muñeca de Draco y la apretó con fuerza.
- Me debes la vida…
Malfoy hizo un gesto de fastidio y liberándose de un tirón musitó.
- El señor Borgin está muy entusiasmado con un negocio que cerró ayer. Mercancía verdaderamente oscura… Ya sabes de lo que hablo… El envío se realizó a Sicilia, Italia.
Draco se apartó de Harry y se reunió con su padre que lo había aguardado en silencio unos metras más allá.
- Hasta nunca, Potter.
Harry permaneció reflexionando en lo que había escuchado, hasta que unos pasos apresurados y el sonido de su nombre lo sacó de su ensimismamiento,
- ¡Harry¿Qué haces allí¡Vamos! Papá y George nos esperan en los vestuarios ¿Por qué te quedaste atrás? – dijo Ron respirando con dificultad.
Pero antes de que Harry pudiera decir nada, una lechuza planeó por encima de las cabezas de la multitud que se alejaba y voló directamente hacia ellos.
Aleteando con fuerza para disminuir la velocidad, se posó con suavidad en el hombro de Harry y se quedó quieta para que pudiera desatar el pergamino que traía en su pata.
Su nombre se veía claramente estaba junto al sello personal del Ministro.
Kingsley Shackelbolt había implementado un nuevo sistema de seguridad colocando sellos encantados en los mensajes importantes, para que sólo la persona a quien iban dirigidos pudiera abrirlos. En caso de que alguien más intentara abrirlo, el mensaje se autodestruiría.
Harry tocó el sello del pergamino con su dedo y este se desenrolló.
Mientras leía el contenido de la misiva y sus facciones se fueron contrayendo hasta formar un gesto de preocupación.
Finalmente, dobló la carta y la guardó en el bolsillo interior de su túnica.
- ¿Qué sucede¿Malas noticias?
Harry asintió:
- Dile a Ginny que me perdone. Debo partir de inmediato.
Y sin esperar respuesta salió a la carrera hasta alejarse del estadio.
Una vez que estuvo en un lugar apartado y solitario, despareció.
NOTA:
Hola a todos.
Espero que hayan pasado una hermosa Navidad y les deseo un Feliz Año Nuevo.
Agradezco de todo corazón los reviews y las hermosas palabras que han escrito en ellos.
Quisiera pedirles un favor: ahora que ya me han hecho saber que les gusta cómo escribo, que les encanta la historia y que desean que actualice lo más pronto posible¿Podrían en los próximos mensajes comentar cosas que les gustan de la historia (o no), lo que les llama la atención, los sorprende o lo que sospechan sobre la trama? Si así fuera me sentiría muy agradecido y contento…
Sobre la historia: Malfoy le ha dado un valioso dato a Harry… y a nosotros.
¿Han podido conectar varios datos sueltos que ya han aparecido en la historia?
