VIII
La guerrera del cabello de fuego.
Han pasado dos semanas...
La chica, de unos veinte años, avanzaba con paso firme a través de las calles de Hinata. Todos los que se cruzaban con ella –hombres, mujeres y niños- no podían evitar mirarla de forma más o menos directa. Era extranjera, altísima, con un cuerpo que parecía compuesto solo de músculos y curvas y una larga melena de un rojo intenso y brillante. Vestía de forma sencilla: un par de botas, pantalones vaqueros azules algo gastados y una camiseta blanca de tirantes que se ajustaba a su figura. Cargaba a su espalda, sin mostrar el más mínimo esfuerzo, una enorme mochila de acampada de la que sobresalía la empuñadura de una espada. Dos hombres jóvenes, uno alto con el pelo corto y el otro algo más bajo y regordete, se cruzaron con ella. El más bajo dio un codazo a su compañero.
"Haitani¿Has visto a ese monumento que acaba de pasar?"
"Ya lo creo, ya lo creo...", respondió su compañero, "Venga¡vamos a decirle algo!"
Los dos se dieron la vuelta simultáneamente y avanzaron hacia la joven, que seguía su recorrido. El primero en hablar fue el más alto, Haitani, después de aclararse la garganta.
"Parece perdida, señorita", dijo, con su mejor voz de 'galán', "¿Podemos ayudarla?"
La joven se detuvo y se volvió hacia ellos. Sus ojos eran de un verde extrañamente cálido que contrastaba con la severidad de su hermoso rostro. Los miró de arriba abajo mientras ellos dos sentían que comenzaba a írseles toda la confianza reunida. Por alguna razón que no alcanzaban a comprender aquella muchacha daba miedo.
"¿Queréis algo?", preguntó en un perfecto japonés, aunque con algo de acento. Su voz parecía de acero.
Fue Shirai, el más bajo de los dos, quien tomó la palabra entonces, adelantándose un paso y tomando una de las manos de la chica con delicadeza, como si fuera a besarsela 'a la francesa'.
"Es que nos preocupa ver a una chica joven y sola como usted paseando sin compañía por estas calles y... eh... ¿qué hace?"
La joven giró su mano con un rápido movimiento agarrando a Shirai por la muñeca para acto seguido efectuar otro giro. Se oyó un "crack" proveniente de la muñeca del joven.
"¡Yaaaaarhg, mi mano!"
"No tengo tiempo para tonterías, canijos¿entendido?"
"¡Si, si!", dijo Haitani aterrado y sacudiendo los brazos, "¡Pero suéltale por favor!"
Sin mediar palabra la muchacha lo soltó y le dirigió una sonrisa cargada de malicia, la misma sonrisa que un depredador dirigiría a una presa. Haitani y Shirai –frotándose su dolorida muñeca- comenzaron a retroceder sin mirar atrás y...
"¡Ouch, estúpidos!"
Habían tropezado con un grupo de chavales que apenas debían llegar a los dieciocho años y que tenían toda la pinta de pertenecer a una banda. Aquel con el que habían tropezado era el más grande y tenía todas las pintas de ser el jefe.
"¿Tenéis algún problema capullos?"
"Er... no, no..."
"¡Eh jefe!", exclamó uno con cara de comadreja tras él, "Pídeles el 'diezmo', que están en nuestra calle"
El grandullón hizo crujir sus nudillos enguantados al tiempo que Haitani y Shirai tragaban saliva. Había saltado de la sartén a las brasas, a vérselas con una pandilla callejera que parecía no tener reparos en atracarles a la luz del día. Entonces volvieron a oír esa voz como el acero.
"No pagarán ningún diezmo"
Era la misma chica, que en ningún momento se había movido y acababa de presenciar toda la escena. El matón apartó a Haitani y Shirai de un empujón y avanzó hasta ella, intentando intimidarla.
No pudo evitar sorprenderse al ver que ella era tan alta como él, si no más.
"¿Tienes algo que decir ricura?"
La chica se limitó a sonreír, la misma sonrisa de depredador.
Fue demasiado rápido para que lo vieran ojos humanos no entrenados.
Y el matón estaba en un instante en el suelo, con la nariz rota, cuatro dientes menos e inconsciente.
"Si", dijo ella, "Tengo mucho que decir", y dirigió la vista hacia el resto de la banda "¿Alguno más quiere charlar conmigo?"
Entre gritos y chillidos y llevando a su jefe a cuestas, los gamberros salieron corriendo como si hubieran visto al mismo diablo.
"¡Es un monstruo!"
"¡Huyamos!"
La chica pelirroja rió quedamente, "Vaya, han sido listos... normalmente intentan atacar todos a la vez"
Haitani y Shirai se la quedaron mirando, demasiado aterrados para decir nada. Ella los miro y sonrió, aunque ahora era una sonrisa algo más... cálida, "Tranquilos, no creo que vaya a morderos ahora"
"Ah... mu... muchas gracias", dijeron ambos con una reverencia.
"Por cierto...", comenzó ella.
"¿Ah¿Si?", dijeron los dos, solícitos y asustados.
"Antes dijisteis que parecía perdida, y es cierto", dijo la chica que acto seguido sonrió amablemente –lo cual los aterró aun más- cerrando los ojos al tiempo y preguntando con voz dulce, "¿No sabréis donde está la Residencia Hinata, verdad?"
Mientras, en cierta Residencia, todo transcurría con normalidad.
"¡Ryo-san, se supone que debías limpiar los baños termales por la mañana, no ahora!", exclamó una voz colérica. La voz pertenecía a una mujer joven de largo cabello negro que corría por el pasillo envuelta en una toalla y con una katana en ristre tras un muchacho.
"¡Lo sientooo, no sabía que estabais dentro!", exclamó Ryo, el muchacho en cuestión, que corría aterrorizado llevando un cubo, una fregona y un ridículo delantal rosa.
"¡Si que lo sabías pervertido, no tienes excusa!"
"¡Déjamelo a mi Motoko!", exclamó riendo otra joven, de cabellos rubios y piel morena que corría junto a Motoko. Kaolla Su sacó un mando de control remoto de algún lugar de la toalla en la que también estaba envuelta y del otro lado del pasillo surgió una batería de misiles que fueron lanzados contra el pobre Ryo.
"¿Pero que demo...?", exclamó el joven.
Los misiles le alcanzaron de lleno, haciéndolo rebotar de pared en pared hasta llegar al salón y quedar incrustado contra la mesa.
"¡Bieeeen, impacto con éxito!", exclamó Kaolla haciendo el signo de la victoria.
Mientras, Ryo intentaba despejar su cabeza e incorporarse cuando oyó la voz que le preguntaba, "¿Qué demonios has hecho ahora?"
Alzó la vista y lo primero que vio fue unos pantalones vaqueros negros, una camiseta de manga larga negra con una runa blanca en el centro y un rostro conocido con un mechón de pelo blanco.
"Dani... yo... limpiar... baños...", consiguió vocalizar.
"Ah... ya veo, y mira que te tengo dicho que lo hagas tempranito, para evitar problemas", dijo su amigo, "Intentaré razonar con Motoko, tu corre a esconderte"
Pero no le dio tiempo, en ese momento Motoko hizo acto de presencia en el salón, seguida de Kaolla.
"¡Soranaga-san!", exclamó, "¡Ahora lo pagarás!"
"¡Motoko, espera un momento, razonemos esto como adult...", comenzó a decir Dani.
Motoko alzó los brazos para golpear con su katana... con tal rapidez y fuerza que la toalla se desprendió, dejándola tal y como Dios la trajo al mundo.
"Ah...", consiguió musitar la chica, inmóvil.
"...os", acabó Dani su frase, cortado ante el 'espectáculo' que tenía delante.
"¡AAAAAAAAAARGH!", exclamó Motoko enrojecida de ira, sacudiendo su espada en todas direcciones (direcciones que, casualidades de la vida, parecían confluir en Dani y Ryo)
"¡Corre!"
"¡Ya lo hago!"
Los dos ascendieron por las escaleras con una Motoko desnuda y enajenada tras ellos, que enarbolaba su espada de un lado a otro.
"¡Motoko, mujer, no te cabrees tanto, que tienes un cuerpo muy bonito y no debería darte tanta vergüenza lucirlo!", exclamó Ryo mientras corría, para acto seguido recibir una colleja de su compañero.
"¡Eso, tu mejora la situación, imbécil!"
"¡YO LOS MATO!"
Entre carrera y carrera y tras cruzarse con algunas de las otras residentes, la persecución llegó hasta la azotea.
"¡Hala, ya estamos como siempre!", gritó Dani casi sin aliento, "¡Acabaremos incrustados en las rocas de los baños termales!"
"Me pido la de la derecha, se amolda más a mi cráneo"
Finalmente llegaron al borde de la terraza. Ya no había más camino al que huir y los dos muchachos se volvieron para hacer frente a una enfadada Motoko. Tras ella se habían congregado ya algunas de las otras chicas de la Residencia. Shinobu y Ema le pedían a gritos que no los matase, Naru le pedía que como mínimo volviese a ponerse la toalla y Kitsune alababa sus nalgas.
Motoko alzó su katana, presta para golpear.
Dani cerró los ojos, "Bueno, allá vamos", pensó, "¿Dónde nos tocará acabar esta vez?"
Pero el golpe no llegó, solo un ruido seco como alguien cayendo junto a ellos y el sonido metálico del entrechocar de espadas, seguido de un manto de silencio apenas roto por un "Aah..." de Shinobu.
Dani abrió los ojos.
Entre los dos jóvenes y Motoko se alzaba una chica pelirroja, alta, que con una enorme espada escocesa había bloqueado el ataque de la kendoka, que parpadeaba sorprendida. La chica había parecido saltar desde el patio del exterior hasta la azotea, sin esfuerzo. La recién llegada se volvió hacia Dani y Ryo y les habló en un idioma que ni Motoko ni las demás chicas entendieron –español, obviamente-.
"/Vengo a visitaros y os encuentro a punto de ser asesinados por una mujer desnuda/", dijo, "¿Es qué no aprendisteis cuando estuvimos en aquel campamento de verano/"
"¿So... Sonia?", musitaron los dos a un tiempo.
La chica les sonrió y luego se volvió hacia Motoko, "Y tu", dijo en japonés, "A este par de cabritos solo yo tengo derecho a cortarlos en rebanadas ¿entendido?"
"¿Pero quién demonios...?", preguntó Naru.
"Esto se está poniendo interesante", dijo una sonriente Kitsune.
Motoko, saliendo de su shock momentáneamente, consiguió replicar a la pelirroja "Tengo mis buenos motivos para ir tras ellos¡Me han visto desnuda!"
"Eso será porque andas correteando por ahí en cueros enarbolando una espada", dijo la pelirroja mirando a la kendoka de arriba abajo, con una sonrisa burlona.
Motoko enrojeció de nuevo y comenzó a intentar taparse con manos y piernas como podía mientras Naru y Shinobu intentaban acercarse a ella para darle una toalla. Dani y Ryo seguían sentados en el suelo, el primero algo cabizbajo y con el rostro pensativo, y el segundo intentando taparse la nariz para evitar que se le saliese un mini-geiser de sangre justo cuando Sonia, la pelirroja, se agachó junto a ellos e incrustó un pañuelo de papel en la nariz de Ryo al tiempo que hablaba con Dani.
"/No parece que os alegréis de verme/"
Dani sonrió levemente, "/Nos alegramos, si no fuese por tu entrada en escena Motoko nos habría puesto en órbita, pero también estamos sorprendidos... no has avisado que venías./"
"/Me gustan las sorpresas./", dijo la chica levantándose de nuevo y ayudando a Dani a incorporarse con una mano. Ryo se levantó también, intentando desencajar el pañuelo de su nariz. Por su parte, Naru y Shinobu ya habían conseguido calmar a Motoko. Se hizo el silencio justo cuando todos se percataron de que la kendoka se había quedado mirando fijamente a la recién llegada. Sonia devolvió la mirada, sin parpadear.
Sin duda había que efectuar presentaciones antes de que saltaran chispas.
"Mi nombre es Sonia Rodríguez Wallace, es un placer conoceros", dijo la chica con una ligera inclinación de cabeza y una sonrisa cortés. Todos los residentes de Hinata, al menos todos los que en aquel momento se encontraban en la residencia, observaban a la joven a la que Dani y Ryo habían presentado como su amiga, de la que ya habían hablado en alguna otra ocasión. Distintos pensamientos rondaban por la cabeza de cada una de las chicas presentes.
Shinobu: "Parece buena chica, y si es amiga de Daniel-san y Ryo-san seguro que podremos llevarnos bien... espero"
Kitsune: "Humf, menudo tipito con solo veinte años... ¡si nos gana a Mutsumi y a mi en talla de sujetador!"
Naru: "¿Vendrá para quedarse un tiempo? Es algo que habrá que hablar con Keitarô en todo caso... por lo demás, parece una chica agradable... o eso creo"
Kaolla: "¡Guay, otra compañera de juegos!"
Ema: "Por todo lo que nos han contado de ella me esperaba a alguien mas terrible... pero hay algo..."
Motoko: "Me inquieta, no solo se burla de mí, sino que parece que esconde una bestia dentro... toda ese energía contenida esperando a saltar... da miedo"
Tama: "Myuh!"
Guerogué: "A esta no creo que tuviese que protegerla... ¡Oh, una mosca!"
Vale, entre los pensamientos de las chicas se han colado los de una tortuga y un camaleón/niño/ente-no-identificado, pero el sentido general es el mismo.
La primera de las chicas en hablar fue Motoko, "Dime Sonia-san ¿qué es lo que te trae aquí¿Qué intenciones tienes?", preguntó, con tono seco.
Naru intentó decirle a su amiga que no se debía ser tan cortante con un visitante, pero Sonia respondió primero, "Oh, pues estoy en Japón por negocios... soy coleccionista de espadas y he venido a efectuar una compra muy especial, y de paso he decidido venir a visitar a estos dos energúmenos"
"¿Una espada?", preguntó interesada la kendoka, "¿Qué espada?"
"Oh, una Muramasa"
Ryo, que en aquel momento estaba bebiendo un poco de agua, escupió todo el líquido por la sorpresa. Motoko se quedó pálida.
"U... ¿Una Muramasa?", preguntaron la kendoka y el ninja a un tiempo.
"Tranquilos, solo una réplica para coleccionista...", dijo Sonia riendo y sacudiendo la mano para quitarle importancia al asunto.
"Bufff..."
"... porque una de las originales la tengo de hace años por un regalo, así que tampoco es cuestión de saturar mi colección"
Ryo y Motoko cayeron al suelo de culo.
"Uh, tengo una pregunta...", dijo Dani, "¿De verdad es tan valiosa una de esas espadas?"
"¡Son casi tesoros nacionales, auténticas rarezas!", exclamó Motoko, "¡No entiendo como puede tener una!"
"Es una larga historia", dijo Sonia encogiéndose de hombros, como si el asunto no tuviera la mayor importancia, y con una sonrisa burlona.
"Arrgh, me saca de quicio", pensó Motoko.
"¿Motoko, te pasa algo?", preguntó Shinobu al percatarse de la tensión de su amiga, "Pareces algo tensa..."
"¿Tensa? No Shinobu, estoy absolutamente serena ahora mismo, nada podría ponerme tens..."
"¡Myuh!"
"¡Aaaaargh, quitádmela del hombro!"
"¡Tama, ven aquí y deja a Motoko en paz!", exclamó Ema, cogiendo a la pequeña tortuga en brazos.
"¿Le tiene miedo a una tortuga? Qué cosa...", dijo Sonia.
"¿Y qué si le tengo miedo?", exclamó Motoko, "¡Todo el mundo tiene alguna fobia!"
"Uh... por cierto, Sonia", comenzó Dani, "¿Cuándo vas a ir por esa espada?"
"Oh, tengo el encuentro dentro de dos días", respondió la pelirroja.
"¿Y donde te alojas?"
"Tenía pensado buscarme algún motelito barat..."
"¡No se hable más!", exclamó Ryo, "Te quedas aquí los días que haga falta"
"¿Y de donde sacáis autoridad para cederle una habitación?", preguntó Naru con una media sonrisa.
"Uh... ¿de qué somos los administradores?", dijo Dani con tono esperanzado.
"Y yo la esposa del dueño"
"Je, ahí nos ha pillado", dijo Ryo.
"Peeeero, dado que Sonia-san es una chica –nadie podría ponerlo en duda-, amiga vuestra y que parece de confianza, no veo ningún problema", dijo Naru.
"Ah¡gracias jefa!", exclamaron los dos muchachos al unísono.
"¿Jefa?", preguntó Naru, "¿Me estáis haciendo la pelota?"
"¿Se nota?"
"Soy profesora se secundaria chicos... ya lo creo que se nota"
"Pues yo si veo algún problema", dijo Motoko en ese momento, interrumpiendo la conversación.
"¿Qué ocurre Motoko?", preguntó Shinobu con preocupación.
La kendoka se puso en pie y desenvainó su katana, para pánico general, apuntando con ella a Sonia, "¡Te burlaste de mi en más de una ocasión desde que llegaste, y eso implica burlarse de mi familia y de nuestras técnicas, algo por lo que has de pagar!"
"Todo eso es una burda excusa porque estás mosqueada con el hecho de que bloquease tu ataque contra estos dos ¿no?", dijo la pelirroja sin inmutarse.
"¿Lo ves?", exclamó Motoko, "¡Ya estás otra vez!"
"Veamos...", dijo Sonia llevándose un dedo a los labios, "Lo hacemos al viejo estilo, un duelo, tu marca hora y lugar, y si gano me quedo esta semana y si pierdo me retiró sin armar escándalo..."
"¿E... eh?", musitó Motoko, "¡Es como si me leyera el pensamiento!", pensó.
"Bueno¿qué dices?"
"Er... dentro de dos horas... en la terraza..."
Sonia se levantó y miró a Motoko a los ojos, de nuevo con esa mirada predadora, como si sus ojos verdes estuvieran envueltos en llamas y sonrió con dureza, como si toda la simpatía en su rostro desapareciera aplastada por una implacable determinación. Eso, unido al hecho de ser más alta que Motoko, hizo que la kendoka sintiese un escalofrio.
"He visto esa mirada antes... en mi hermana", pensó.
"No lo entiendo Sonia-san... ¿no deberías estar preparándote para el duelo?", preguntó Shinobu, visiblemente preocupada "¡Ya solo falta una hora!"
Las dos se encontraban en el vestuario anexo a las aguas termales de la Residencia, con Kaolla, Ema y Kitsune junto a ellas, preparándose para un baño, "Estoy de acuerdo con ella", dijo Kitsune envolviéndose en una toalla, "No parece que te preocupe lo más mínimo"
Sonia se limitó a sonreír afablemente mientras abría la puerta que daba a los baños termales y respondía, "Si algo he aprendido con los años es que antes de un combate lo mejor es relajarse y serenar la ment... eer... ¿qué hace una muerta en los baños?"
Flotando en las aguas termales, totalmente desnuda, Sonia se había encontrado con una mujer joven de veintitantos años, con los ojos en blanco.
"Ah, pero si es Mutsumi", dijo Kitsune asomándose a mirar, "¿Cuándo habrá llegado?"
"Eh... pero... es que parece muerta..."
"Tranquila", dijo Shinobu acercándose a la mujer inconsciente, "Le pasa a menudo"
"¿Le pasa a menudo?", pensó Sonia, pasmada.
"Eh, Mutsumi, eh¿me oyes?", dijo la chica peliazul levantando a su amiga y sacudiéndola algo.
"Uh... ¿Shinobu?", musitó la otra entreabriendo los ojos, "¿Me estás sosteniendo desnuda?"
"Eh... bueno..."
"¿Tan lejos hemos llegado ya en nuestra relación?"
"¡Pero qué dices?", exclamó la chica dejando caer de nuevo a Mutsumi en el agua.
"¿Esto también pasa a menudo?"
"Pues si... a veces nos gustaría saber en que piensa cuando dice lo que dice", dijo Ema.
"¡Eh, Mutsumi", llamó Kaolla, "Levántate, anda, que tenemos que presentarte a alguien... Sonia-san, esta es Mutsumi Otohime... Mutsumi, esta es Sonia-san, una amiga de nuestros dos encargados"
Aún algo atontada, Mutsumi se levantó saliendo del agua y se acercó a la salida para saludar a Sonia... aunque lo único que hizo fue quedarse plantada delante de ella mirándola fijamente.
"Er... ¿pasa algo?", preguntó la pelirroja, "Pregunto temiendo la respuesta", pensó.
Mutsumi la señaló con el dedo y sonrió.
"¿Esos pechos son de verdad?", preguntó. Sonia se cayó de cabeza al suelo, al tiempo que Kitsune comenzaba a reprender a su amiga, "¿Pero como se te ocurre preguntarle eso?", exclamó.
"Dios, siempre la misma historia...", pensó Sonia, levantándose del suelo con ayuda de Ema.
"Ahí va, lo siento...", dijo la joven llevándose la mano a la nuca, "Es que me recuerdan a las sandias que planto, tan redond..."
"¡Cambiemos de tema, por favor!", exclamó Sonia sacudiendo los brazos.
Mientras tanto, en el salón de la Residencia, Motoko se había encontrando de repente con Dani y Ryo arrodillados ante ella, suplicando.
"¡No pelees con Sonia, por favor!", exclamó el primero.
"¡Retira el duelo!"
La chica sonrió levemente, "Vuestra preocupación por vuestra amiga es encomiable, pero un duelo es un duel..."
"No, no, si la que nos preocupa eres tu", interrumpió Ryo.
"¿Eh?"
"No sabes con quien te metes Motoko ¡no lo sabes!", dijo Dani casi histérico.
"No será para tanto... vale que es buena espadachina y luchadora, pero no podrá nada contra las técnicas de mi familia, estoy segura de ello"
"Yo de ti no me fiaría... si durante el combate sonríe... preocúpate, preocúpate mucho", dijo Ryo
"Motoko...", dijo Dani, "Sonia es descendiente de celtas, escoceses, cántabros y espartanos ¡Lleva la guerra y la lucha en la sangre!", exclamó, "¡La espada es una extensión de su cuerpo!"
"Y si se la quitan le quedan los puños", dijo Ryo con un estremecimiento.
Naru, que se encontraba apoyada en la pared, sacudió la cabeza levemente, "La verdad Motoko, no creo que hayas pensado mucho lo de este duelo"
"¿Tu también, Naru?"
"No te ofendas, pero has actuado muy impulsivamente..."
"Lo sé, pero ya no puedo echarme atr..."
"¡Buenas tardes!", exclamó una voz desde la puerta. Era Keitarô, que entró en el salón seguido de su hermana. Kanako iba cargada con dos enormes bolsas.
"Ah, cariño, ya has llegado", dijo Naru al ver a su esposo, "Has tardado bastante ¿no han ido bien las cosas con los fondos para la expedición?"
"La reunión fue bien, Kanako consiguió convencerles con su particular estilo de negociación..." dijo Keitarô.
"¿Particular estilo de negociación? Torturas y vejaciones, seguro...", pensó Motoko.
"... pero al volver se empeñó en hacer unas compras para... uh... para ti"
"¿Para mi?", preguntó Naru, perpleja.
"Ropa pre-mamá, ropa para el bebé, juguetes, libros sobre embarazo y un manual para madres primerizas, amén de películas documentales sobre natalidad, cuidado de los hijos, etc...", dijo Kanako.
"Er... gracias... pero no hacia falta que te molestases tanto, Kanak..."
"¡Si hacia falta!", dijo Kanako, "Llevas dentro de ti al hijo de mi hermanito y ese niño debe tener lo mejor ¡Pobre de ti si resultas ser una mala madre!", exclamó, con fuego en los ojos.
"Que psicópata", pensaron Ryo, Dani y Motoko a un tiempo.
"Por cierto...", dijo Keitarô cambiando de tema, "He visto una bolsa de equipaje con un enorme espadón asomando ahí en la entrada ¿de quien es?"
"Oh, una amiga nuestra que ha venido de visita", dijo Dani.
"Y que ya se ha metido en un duelo con Motoko", añadió Ryo.
"Ah, lo normal", dijo el arqueólogo.
"¿Qué insinúas Urashima?", preguntó Motoko con un fruncimiento de ceño.
"Eh, nada, nada... bueno ¿y donde está esa amiga vuestra?"
"Aquí mismo", dijo una voz.
"Ah, bienvemmmf... ", Keitarô se había dado la vuelta rápidamente dispuesto a saludar a la recién llegada, con tan mala suerte que al girar trastabilló y se inclinó algo más de lo debido hacia delante, lo cual unido a la altura de Sonia acabó con el pobre hombre con su cabeza entre los pechos de la chica.
"Oh...", comenzó Ryo.
"... Dios", acabó Dani.
Keitarô se incorporó rápidamente, rojo como un tomate al tiempo que se preguntaba como le pasaban siempre esas cosas, "¡Aaah, lo siento mucho señorita, ha sido un err...!"
Oyó un crujir de nudillos tras él.
"Oh... allá vamos"
"¡ESTÚPIDO PERVERTIDO!", exclamó Naru al tiempo que golpeaba a su esposo mandándolo a través del pasillo rebotando de pared en pared.
"Eh... ¿quién era?", preguntó Sonia.
"Mi marido... ah, te pido disculpas por su comportamiento", dijo Naru, frotándose las manos.
"H... hermanito", sollozó Kanako al ver la escena, dejando caer las bolsas de la compra. Dani, Ryo y Motoko por su parte se habían tenido que arrojar al suelo ya que la trayectoria de Keitarô y los pillaba de camino.
"En fin... Motoko-san ¿estás lista?", preguntó Sonia.
Motoko se levantó con decisión, "Desde luego"
"¡Bien!", exclamó alguien detrás de Sonia. Eran Kitsune y las demás, "Nosotras vamos a ir tomando sitio en el tejado para ver el espectáculo... ah, Daniel-san, Ryo-chan... ¿podéis preparar unas palomitas?"
"Erm... vale..."
"¿Ryo-CHAN?", preguntó Dani, "¿Desde cuando te llama Ryo-chan?"
"Uh... calla... no es asunto tuyo..."
"Vale, vale... 'Ryo-chan'..."
"..."
La terraza. Ya todo está listo para el duelo.
Keitarô, Naru, los encargados y las chicas en el tejado, dispuestos a ver el 'espectáculo', como había dicho Kitsune.
En un extremo de la terraza, Motoko, con su traje de kendo y su katana.
En el otro, Sonia, vestida con sus pantalones vaqueros y una camiseta de tirantes, armada con un enorme espadón escocés.
Y justo en medio una incauta urraca que no sabía donde acababa de posarse.
Y sin mediar palabra, sin que nadie hiciese ninguna indicación, como si las dos oponentes hablasen en silencio solo con mirarse a los ojos... el duelo empezó. La urraca salió volando, su instinto consiguió salvarle el plumaje.
Las dos luchadoras corrieron una hacia la otra e hicieron entrechocar sus aceros. A Motoko le sorprendió sobremanera la facilidad con que se movía y manejaba la pelirroja aquella enorme espada, con una soltura de movimientos inusitada y que parecía basada en la improvisación y en la lectura de los actos del oponente.
"Solo estoy atacando yo, ella para todos los golpes... me está tanteando"
En ese momento, Sonia se giró hacia la derecha, encontrando a Motoko con la guardia baja y atacó, un golpe rápido y preciso que la kendoka consiguió parar... para sentir como la vibración y la fuerza del golpe subía por la espada hasta su brazo, haciéndola trastabillar y retroceder. Pero sin dejarse amedrentar, Motoko saltó hacia atrás y antes de que Sonia se le acercara...
"¡Espada de Doble Filo Shinmeiryû!"
La descarga de energía ki derivada del ataque especial avanzó directamente hacía Sonia. La pelirroja abrió los ojos con sorpresa.
"Un ataque basado en el uso de la energía... vaya, vaya, vaya..."
Y entonces, se limitó a alzar su espada ante ella y plantarse en el suelo.
La onda de energía la alcanzó de lleno. Lo normal es que Sonia hubiese salido por los aires con su ropa hecha jirones y totalmente inconsciente... pero se quedó plantada en el suelo, sin moverse, con el rostro mirando hacia abajo.
Motoko esperó en silencio.
Sonia alzó la vista. La mirada depredadora estaba allí, en sus ojos.
Y sonrió.
En el tejado, Dani y Ryo sintieron un escalofrío al ver aquella sonrisa, "Motoko la ha hecho enfadar... ay, ay, ay..."
"Bien", dijo Sonia, "Habrá que ir a por todas"
"¿A por todas?", preguntó Motoko.
"Oh, si...", dijo la pelirroja.
Y atacó. Motoko casi no la vio venir, jamás vio a nada ni a nadie moverse tan rápido –salvo Keitarô una vez que escapaba de uno de los inventos de Kaolla- y apenas pudo hacer nada cuando Sonia se planto ante ella, agarró su espada por la hoja y golpeó a Motoko en la frente con la empuñadura. La kendoka retrocedió y cayó en el suelo por el golpe, más perpleja que dolorida.
Sonia sonrió llevándose un dedo a los labios y guiñándole un ojo a Motoko, "Una espada no es solo la hoja", dijo, "Y levántate, aún no hemos acabado"
"Habrase visto...", pensó Motoko, cuando la sorpresa dio paso a la furia... "¡Técnica Revientarocas", exclamó la kendoka al tiempo que se levantaba con gran rapidez. Sonia esquivó la descarga de energía, pero una de las múltiples astillas que se levantaron del suelo la rozaron en una pierna, haciéndole perder el equilibro. Reaccionando con rapidez, dejó caer su espada y posó las manos en el suelo para evitar darse de cabeza contra este, impulsándose luego para dar una voltereta e incorporarse para coger su arma cuando pudo ver como su espada era mandada por un golpe de Motoko al otro extremo de la terraza.
"Te he desarmado, Sonia-san", dijo Motoko.
"Pero el combate aún no ha terminado", respondió la pelirroja.
"¿Qué quieres decir? No creerás que puedes vencerme sin una espada, solo con tus manos¿verdad?"
"Entrenar solo con la espada a la larga te hace depender de ella, depender de lo que en el fondo no es más que es acero forjado... y la verdadera fuerza no está en el acero, sino en la mano que lo maneja", dijo Sonia, adoptando una pose de combate, "Ahora, ven a por mí", añadió guiñando un ojo burlonamente.
Motoko, ligeramente preocupada, atacó con una estocada que esperaba que Sonia esquivase (su última intención era herir gravemente a su oponente), pero la pelirroja no hizo ningún amago de esquivar el golpe. Al contrario, inclinó su cuerpo hacia la derecha y desvió la hoja de la katana con sus manos desnudas para acto seguido levantar su pierna izquierda como un resorte, golpeando a Motoko en el estomago.
La kendoka retrocedió llevándose la mano al estomago y casi sin aliento por la fuerza del impacto, "¿Qué era eso...?", preguntó.
"Savate... un 'regalo' de un amigo francés", dijo, "Y da gracias de que no usase cierta versión pura de esa lucha con patadas proveniente de Tailandia...", añadió.
Motoko asintió, "Esto ya se está alargando demasiado"
"Estoy de acuerdo"
Motoko inició entonces una serie de ataques contra Sonia que está desviaba con sus manos. Pero la kendoka había aprendido la lección y procuraba esquivar los golpes que la pelirroja propinaba con sus piernas. Entonces, en un momento dado, Sonia desvió uno de los ataques de Motoko y se giró de tal forma que se colocó a espaldas de la kendoka, dispuesta a golpearla con el canto de la mano al tiempo que saltaba.
"¡Se acabó, Motoko-san!"
Pero sin que Sonia se percatase, Motoko sacó algo de su cinto y se volvió, bloqueando el golpe de Sonia con ese objeto.
"¿Pero qué?", dijo la pelirroja sorprendida, "¿Un portaminas?"
"Un regalo de un amigo", dijo Motoko sonriendo, "Y como has dicho... ¡Se acabó!"
Y entonces hizo algo inesperado: dejó caer su katana y cerró su puño, golpeando a la pelirroja en el aire y lanzándola a varios metros de distancia, hasta que Sonia se estrelló contra uno de los postes del tendedero de ropa.
Se hizo el silencio. Todos los demás, que habían observado el combate sin decir ni una palabra –ni siquiera Kitsune-, se encontraban mudos por la impresión. Motoko no dijo nada ni expresó sorpresa cuando Sonia comenzó a levantarse sin problemas, haciendo crujir unos pocos huesos.
"Buen golpe", dijo la pelirroja.
"Gracias"
"Bien... diría que he perdido"
"¿Te rindes?", preguntó Motoko. Eso si la había sorprendido, no creyó que la pelirroja fuese a tirar la toalla.
"Alargar esto más hubiese sido algo inútil e innecesario", dijo Sonia, "Además, este golpe ha sido la prueba de que te subestimé de la misma forma que tu me subestimaste al principio"
"Pero..."
"No hay 'pero' que valga... me rindo", dijo, y entonces se volvió hacia los 'espectadores', "¿Lo habéis oído? Me rindo"
"No... no puedo creerlo", dijo Dani.
"Alguien ha vencido a Sonia... madre mía...", musitó Ryo.
"La verdad... yo casi no pude ver nada de algunos momentos del combate", dijo Naru.
"Ni yo", dijeron otras de las chicas.
"Se movieron demasiado rápido en algunas ocasiones", dijo Kanako, "Solo alguien con experiencia en lucha podría verlas claramente"
"Parece que tendré que ir a un motel después de todo...", dijo Sonia, "Pero vendré a visitaros estos días, chicos"
"No tendrás que ir a ninguna parte", dijo Motoko.
"¿Eh?", dijo Kitsune, "¿Vas a dejarle quedarse, Motoko?"
"Si, lo merece... y así tendré a alguien con quien practicar estos días", dijo la kendoka sonriendo, "¿Qué dices Sonia-san?"
Sonia se cruzó de brazos y levantó la vista, pensativa.
"Vale...", dijo la pelirroja, "Pero en el próximo combate me tendrás que dejar usar las cimitarras"
"¿Ci... cimitarras?"
"Va a ser una semana muy interesante ¿verdad?", preguntó Shinobu.
"No te haces una idea, Shinobu", dijo Dani, "No te haces una idea"
Fin del Capítulo VIII
Próximo capítulo¡Horror, exámenes navideños!
