Capítulo 8: El Corazón Sigue Roto y Todo Está Peor.

Todos llegaron a tiempo al comedor donde se hicieron una pequeña modificación en cuanto a la forma como se ubicaban en los asientos, Lucy le cedió su puesto a Anaís y ella se ubicó donde anteriormente la rubia se sentaba, es decir, junto a Paris.

—¿Cómo amanecieron mis niñas?

—Muy bien Caldina — contestó Lucy por las tres.

—Eso me parece bien. Anaís, ¿cariño como sigues? — preguntó mirándola.

La rubia cerró los ojos — bien, yo estoy bien. Gracias Caldina por la poción.

—Era lo menos que podía hacer por ti, la verdad es que si me preocupaste demasiado, estabas muy pálida y bueno pensé que estabas enferma o algo.

Paris tomaba su desayuno tranquilo pero escuchaba atento la conversación.

—Lo que hacen los nervios — dijo cerrando los ojos y desaprobando con la cabeza.

A penas la escuchó Guru Clef se las ingenió y ¡PUN! Coscorrón en la cabeza de ilusionista.

—¡Aush! — exclamó sobándose la cabeza.

—¿Cuantos días piensas quedarte? — preguntó Ascot.

—Este yo todavía no sé, mis cumpleaños están próximo y la verdad es que deseo estar con mi padres antes de regresar a mis estudios — contestó evitando la mirada penetrante de Marina.

—Claro los estudios son importantes — comentó con sarcasmo —. Allá deben de estar esperando por ti desesperados.

El comentario de Marina no sólo molestó a la rubia sino que produjo malestar en el príncipe, quien rápidamente miró a su ex novia con rabia.

—¿Y porque no te quedas hasta tu cumpleaños? — propuso Caldina con emoción — Eso sería genial, así olvidamos el mal recuerdo que nos dejó el del año pasado. A sido el peor cumpleaños que he presenciado querida — aseguró colocando una mano en su cabeza —, sufrí bastante con todo.

Un comentario más y la rabia de Paris se disparó, maldijo todo lo que pudo mentalmente mientras que Anaís hizo de cuenta que nada había ocurrido. El ambiente se estaba tensando.

Guru Clef respiró profundo y Marina le agarró la mano para tranquilizarlo.

—A más de uno le daría mucha alegría que lo celebraras con nosotros — dijo mientras aplaudía y hacia otro escándalo.

—Caldina yo pensaría que este tema se puede tratar en otro momento — comentó Presea al ver la cara de todos.

El peliverde bajó su mirada pensando en el comentario de Marina, no le había gustado ni cinco, ¿qué quería decir con eso de que la están esperando desesperados? ¿Acaso había alguien especial que la esperaba?

—Sí, ahorita lo importante es la boda de Ascot y Presea — comentó Lucy.

—Ay si — Caldina se levantó y comenzó a bailar y a brincar — y luego el bebe, el mío, todo va a ser perfecto.

Sin darse cuenta Anaís desvió su mirada y se encontró con los ojos de Paris, que la miraba con algo de ¿rencor?, ella no lo sabía y aunque no lo juzgaba por lo que pudiera sentir ahora, esa mirada le produjo mucha tristeza.

—Paris — lo llamó Guru Clef haciéndolo volver a la realidad.

—¿Que sucede? — preguntó dirigiendo su mirada al mago.

—Necesito comentarte algo, te espero en el estudio.

—Está bien allí estaré — indicó mientras se levantaba de la mesa.

Todos hablaban y se reían, todo excepto la rubia, quien permanecía con la mirada en plato mientras jugaba con el tenedor tratando de asimilar las cosas.

—Muy bien chicas entonces manos a la obra — dijo Marina emocionada — hay muchas cosas que preparar.

—Sí, ¡vamos! — gritó entusiasmada el ex pilar y luego miró a su novio —, espero no te moleste pero tenemos cosas que hacer.

Latis que notó la extraña mirada que Paris y la da de Anaís, sonrió al ver a su novia — claro que no, pero recuerda que esta noche tenemos planes.

—Claro que si — aseguró acercándose y dándole un beso — te amo.

—Y yo a ti mi pequeña Lucy.

Luego de la romántica despedida, las chicas salieron del comedor. Entre todas hablaban de lo emocionante que era todo mientras que Anaís sonreía levemente ocultando sus ganas de llorar.


—Entonces, por consiguiente debes viajar a Autozam — concluyó el gurú entregándole un sobre.

—Pero si me dijiste que no era necesario — señaló con fastidio, Paris se notaba extremadamente serio.

—Pues era así, pero ahora resulta que el encuentro no es sólo con Autozam, sino que van a estar los reyes y princesas de Cizeta y claro la princesa Aska y su tutor.

El peliverde dejó el sobre la mesa y le dio la espalda.

—Es importante que asistas Paris.

—¿No sería mejor que fueras tú, Latis? — dijo mirándolo —, tú sabes más de esas cosas, eres bueno en lo que se refiere a relaciones internacionales.

—Por mí no habría problema, pero resulta que de cada planeta van a ir los reyes, princesas y personas al mando — dijo cruzándose de brazos.

—¿Y esto para cuándo seria? — preguntó con resignación.

—Partes en 3 días — indicó Guru Clef.

Paris respiró profundo — pues si no hay opción, iré.

—Oye Paris, ¿qué es lo que te pasa? ¿Por qué estás tan estresado y molesto? — le preguntó el hermano de Zagato.

—Ay no comencemos, a mí no me pasa nada. Es sólo que bueno quería descansar un poco de todo esto, pero veo que es imposible.

Guru Clef negó con su cabeza. El príncipe no sabía decir mentiras. Su malgenio tenía nombre y motivo propio.

—Pues que te sirva de consuelo, luego de esto podrás descansar por unas semanas de todo esto — aseguró el mago.

—Eso me parece bien, aunque yo quisiera saber algo.

—¿Qué?

—¿Voy a viajar solo? — cuestionó torciendo los ojos. Estaba harto de todo.

—Pues eso no lo sé… — Guru Clef volteó a mirar a su alumno — ¿Latis y si vas tú con él?

—Guru Clef yo ya te dije que Lucy y yo témenos planes — Paris torció sus ojos una vez más, estaba hasta la coronilla con todo lo que tenía que ver con la palabra amor. Sentía envidia y rabia, todos en el castillo eran felices, tenían a su pareja y se amaban hasta más no poder, mientras que él, llevaba un año sufriendo por culpa de la chica de sus sueños, viviendo de recuerdos y extrañándola igual o más que a su hermana; y no sólo era eso, sino que ahora ella, regresaba como si nada, ignorando todo, paseándose por su castillo sin problema mientras pensaba en la persona que la esperaba con desespero allá en la Tierra.

—No puedo hacerle esto a Lucy, ya hemos aplazado esto en varias ocasiones.

—Si Latis lo sé, pero de todas formas alguien tiene que acompañarlo — indicó pensativo.

—¿Y si vas tú?

—No, es imposible, aquí en Céfiro me necesitan bastante — contestó negando levemente con la cabeza.

—Tienes razón, ¿pero quién más? Ascot se va con Presea de luna de miel, Ráfaga tampoco puede, él ahora está capacitando a unos soldados, yo no sé quién pueda ir con Paris.

El príncipe negó con la cabeza y se sentó en el escritorio mientras que Guru Clef y Latis se miraron por un momento.

—Ni se te ocurra pensar en esa posibilidad— dijo con seriedad telepáticamente.

—Pues si lo analizas bien no sería tan mala idea — trató de convencerlo — ¿o es que crees que él no lo pensó ya?

—Claro que lo pensó, pero no sería conveniente — desaprobó con la cabeza levemente — forzarlos, no Latis es mejor no intervenir en esto.

—A bueno entonces que vaya con Marina o con Caldina — el espadachín sonrió.

—Eso no va a pasar Latis— afirmó mirándolo con seriedad — Marina se queda conmigo y Caldina… pues no me parece que sea la persona más apropiada para esto.

—Guru Clef — llamó mirándolo — cuando tengas la respuesta a esto me dices — dijo levantándose y dirigiéndose a la salida.

—Digamos que esto sería algo bueno para ellos —susurró el espadachín una vez se quedaron solos — tú esperaba a que ella regresara, entonces piensa en que es mejor ahora y no más tarde — aseguró caminando hacia la puerta — más mal no pueden estar.


Definitivamente no logró unirse a la conversación de sus amigas, así que decidió salir a tomar un poco de aire, la mirada de Paris no se parecía en nada a que le había dado la noche anterior. Su remordimiento creció y la culpabilidad la dominó.

Mientras caminaba por los pasillos recordó con amargura las veces en las que estado en la Tierra pasaba días encerrada y acostada martirizándose con todo lo sucedido. La soledad fue su peor enemiga, en aquel país no conocía a nadie, donde "estudiaba" o hacia un intento no conocía a casi nadie, no le había interesado en lo más mínimo relacionarse. Ella estaba hundida en una depresión sin final, se odiaba más que a nadie por haber cometido tantos errores y por haberle roto el corazón a la única persona que amaba más que a su vida.

En vez de estudiar pasaba en las horas en su habitación desahogándose y pidiéndole disculpas desde la distancia y claro usando su joya mágica. Cuando iba a estudiar su mente no lograba concentrarse. Esos 12 meses habían sido los más tristes y horribles que jamás había vivido, esperando siempre la mejor noticia que podía recibir en ese momento que se viera en la obligación de dejar de estudiar y tuviera que regresar a Tokio.

Cuando por fin lo logró sintió algo de tranquilidad, ella parecía comprender que era lo que debía haber hecho y que era lo más importante en su vida.

Se detuvo y cerró los ojos, no podía deshacer lo que había dicho y hecho. Él estaba cerca de ella pero no podía hacer nada.

Se frotó los ojos al sentir las lágrimas salir de sus ojos y se recargó en una de las paredes — Paris…

Y como si lo hubiera llamado el príncipe de Céfiro apareció en el mismo lugar mirando los jardines y pájaros trataba de calmar su rabia y frustración. Esa idea si se le había pasado por la cabeza en más de una ocasión, ella era todo un sueño, era bonita e inteligente, era la chica perfecta.

Había escuchado hacia un tiempo que más de un chico estaba detrás de ella pero que jamás se interesó en ninguno por una sencilla razón la cual estaba totalmente relacionada con él y al amor que ambos se profesaban. Aún así la situación ahora era totalmente diferente, ella ya no tenía ningún tipo de relación con él, vivía en otro planeta, en otro país y compartía con todo tipo de personas. Cualquier cosa podía pasar.

—Este yo todavía no sé, mis cumpleaños están próximo y la verdad es que deseo estar con mi padres antes de regresar a mis estudios — contestó evitando la mirada penetrante de Marina.

—Claro los estudios son importantes — comentó con sarcasmo —. Allá deben de estar esperando por ti desesperados.

—¿Desesperados? ¿Quién pude estar más desesperado que yo? — preguntó con amargura dándose media vuelta y siguiendo su camino.


Todo en el castillo se preparó para la ceremonia, la armera real y uno de los hechiceros más poderoso se casaban y todo debía encontrarse en orden. En la mañana hubo mucho alboroto y desorden en el castillo, Caldina y Marina gritaban y se quejaban por todo. Cuando se juntaban y se disponían a organizar eventos de ese tipo eran insoportables, nada les gustaba, eran mucho más impacientes que de costumbre, vivían gritándole a cuanta persona les comentaba algo con respecto a la decoración u organización. Ninguno de los habitantes del castillo se salvó, todos sin excepción tuvieron que aguantárselas en algún momento.

—Todo quedó perfecto — dijo Marina sonriendo.

—Sí, ahora tenemos que ir a arreglarnos.

Las 2 chicas se dirigieron a la habitación de la ilusionista donde se encontraban las demás.

—Estoy demasiado nerviosa — comentó Presea.

Lucy dejó de maquillarse y la volteó a mirar — no te preocupes todo va a salir bien — señaló sonriéndole — ¿no es así Anaís?

Pero la rubia no dijo nada, permanecía mirando por la ventana.

Las chicas se miraron con preocupación, desde que la guerrera había llegado casi no había hablado, se encontraba muy distante de todos y no era necesario ser adivino para saber que lloraba cuando estaba sola.

—Hola mis amores ¿cómo vamos por aquí? — preguntó mientras entraba a la habitación en compañía de Marina.

—Pues aquí estamos bien, falta que maquilles a Presea — contestó mirándola.

—Bueno, pero primero… haber déjame verte Lucy — le pidió viéndola de pies a cabeza —. No cabe duda de que eres una mujer muy hermosa. Ya disfrutaré mucho cuando tenga que hacer tu vestido de matrimonio.

El ex pilar se sonrojó y se rió.

—Aunque todavía falta mi niña, a menos de que nuestro apuesto y muy expresivo espadachín ya te haya dicho algo con respecto a eso.

—Yo… — la pelirroja abrió los ojos — todavía no hemos hablado del tema con seriedad.

—¿Pero si te ha dicho algo Lucy? — preguntó la guerrera del agua.

—Sí, claro pero aún faltan muchos temas que tratar, tú sabes cómo son las cosas.

—Y bien ¿qué hay de ti mi dulce Anaís?

—Ya estoy lista — afirmó con desinterés.

—Haber déjame verte.

La rubia se dio la vuelta para que la viera.

—Ay mi niña estas muy hermosa — dijo sonriéndole pero Anaís desvió la mirada.

Lucy cerró los ojos y negó con la cabeza una vez Marina la miró. Todo parecía empeorar envés de mejorar

—Bueno yo creo… Presea esta noche vas a ser la mujer más hermosa — indicó mirándola y sonriendo aunque en el fondo sentía mucha pena por la guerrera mágica.


—¿Nervioso?

Ascot dio media vuelta mirando a la persona que acaba de entrar.

—¡Vamos! todo va a salir bien.

El ojiverde suspiró — si yo sé pero… creo que es un síntoma normal ¿o no Ráfaga?

—Bueno si eso es verdad, aunque creo que lo de Ascot también se debe por lo del embarazo.

—Sí, es que amigos entiéndame todo lo que me ha pasado, yo no lo creo… además que encontré todo en la persona que jamás imaginé.

—Presea es una persona muy buena Ascot — dijo Paris.

—Sí, pero es extraño, como comenzamos y como se dio todo, ella amaba a Guru Clef y yo a Marina y míranos ahora — el hechicero sonrió —. Me voy a casar y voy a ser papá.

El príncipe bajó disimuladamente la mirada, aunque se sentía feliz por su amigo, no podía olvidar su situación, su sueño siempre fue el de estar junto a Anaís y poder formar una familia. El amor de su vida llevaba más de 24 horas en Céfiro y casi no la había visto.

—¿Con que aquí están?— preguntó Latis.

—Latis hola — saludó Ascot.

— ¿Y bien ya estás listo?

—Sí, claro — contestó nervioso.

—¿Ya no estás seguro? — preguntó frunciendo el ceño.

—No yo si estoy seguro, lo que pasa es que estoy nervioso por todo.

—Vaya Latis yo ya te venia en brazos de su princesa — dijo Paris mordazmente.

El espadachín miró fijamente — mira Paris esa actitud tuya ya me tiene cansado. Si siente envidia o te molesta que yo tenga novia lamento decirte que no me interesa.

—¿Envidia? — el príncipe se rió — no seas estúpido, yo sólo digo que últimamente has descuidado tus labores por andar con Lucy y bueno eso no está bien.

El hermano de Zagato suspiró y cerró los ojos — como si realmente te interesaran lo que pasa en Céfiro, si somos sinceros a ti nunca te interesó esto, es sólo que después de que Anaís te dejó pues fue el único refugio que encontrarse — señaló mirándolo —. Por eso es que ahora andas tan amargado y no le encuentras solución a nada, ella está aquí y una vez más te dejó confundido, ya no sabes dónde esconderte, no le encuentras salida a nada y lo que parecía mantenerte ocupado ya no lo hace. Mira más bien que haces tú con ese problema.

—Ya basta chicos, por favor este no es momento para pelear — dijo Ascot antes de que Paris pudiera contestarle al espadachín — por favor, cálmense.

—No me interesa lo que digas Latis — aseguró dirigiéndose a la salida.

—Latis era mejor no decirle nada, Paris no estaba bien eso cualquiera lo sabe, nada vas a lograr con decirle algo que hasta él mismo sabe — indicó Ráfaga al salir el peliverde.

—Aún así es mejor recordárselo para que haga algo.

—Pues si estas tan seguro de eso, deberías decirle algo parecido a Anaís, esa niña está hecha un mar de lágrimas desde que puso un pie en Céfiro. Es sólo que ella es mucho más disimulada que él.

—Es mejor que no nos metamos en eso — sugirió Ascot —. Tarde o temprano tendrán que hablar.


Todo estaba listo, en el salón principal se encontraban los invitados Marina y Lucy estaban muy emocionada, presenciarían una boda al estilo cefiriano, mientras que Anaís se limitaba a sonreír y hacia su mayor intento por integrase a las conversaciones.

—Clef entonces yo te estaré esperando para pasar el resto de la velada juntos — dijo besándolo — te amo.

—Yo también mi amor.

Marina regresó a su lugar y miró a su amiga — ¿Anaís puedo preguntarte algo?

—Claro dime.

—Amiga es que yo me he dado cuenta que no estás muy a gusto con esta visita, entonces yo quisiera sabes, ¿hasta cuándo piensas quedarte?

La rubia suspiró — no es que no esté a gusto, pero es ustedes tiene que entenderme, esto no es fácil. Yo siento que en cualquier momento va a sacarme a patas de aquí — indicó con tristeza —, yo no quiero eso.

—Pues yo no lo voy a dejar, ustedes no han hablado, estoy completamente segura de que si han cruzado miradas, habrán sido por hay una por mucho. Tú lo que andas es paranoica.

—No lo estoy, pero Marina ayer cuando estábamos desayunando Paris me miró de una forma que yo sentí que me iba a morir — dijo bajando la mirada — ¿cómo esperas que me sienta, cuando esta tan cerca de mí?

—Ay no creo que sea para tanto — señaló no muy segura —, aunque yo creería que es mejor que hables con él.

—Eso no va a ocurrir.

La peliazul suspiró, su amiga no iba a cambiar de parecer y ella ya estaba desesperada, además Clef le había comentado algo que la había preocupado.


La ceremonia se celebró en calma, Ascot y Presea estaban felices. Caldina pasó toda la ceremonia llorando a moco tendido en los brazos de Ráfaga. Lucy presenció todo con un gran sonrisa, ella imaginaba su boda y todo el tiempo miraba a Latis como pidiéndole que se casara con ella. Marina estuvo acompañada de Nikona y de Anaís, su amado mago era el encargado de darles la bendición a la feliz pareja y aunque estuvo sola, la guerrera del agua también fantaseó un poco, ella esperaba que Guru Clef formalizara lo más pronto posible la relación antes sus padres, el sólo hecho de imaginar que llegaran a terminar de la forma en la que terminaron Anaís y Paris le producía escalofríos y un horrible temor. Ese temor lo sentían las dos guerreras mágicas; ellas habían envidiado de cierta manera a su amiga, porque a diferencia de ellas había sabido llevar las cosas, siempre se había mantenido es su puesto, si tenía problemas con Paris los solucionaba sin que nadie se enterara, cosa que no pasaba con ellas, cuando discutían o se disgustaban con sus novios la mitad o todo el castillo se terminaba enterando, además era más seria y segura en sus decisiones. Es por eso que cuando sucedió todo, no comprendían nada y pensaban que si esa relación tan sólida se había desbaratado las de ellas estaban mucho más en riesgo. Y mientras todos celebraran y estaban felices por la boda, en toda la ceremonia Anaís estuvo ausente, su mente divagaba, las distancias eran enormes y su tristeza era mucho peor. Paris estuvo junto a Caldina y Ráfaga, con una mirada que expresaba rabia y amargura, el que Latis le dijera la verdad en la cara había acabado con sus ánimos, no quería estar en ese lugar, no quería voltear a mirarla, sólo quería escapar y pedirle a su hermana que le borrara la memoria una vez más.

Luego de la ceremonia comenzó la fiesta, Presea y Ascot hubieran deseado mejor una cena pero Caldina no les había permitido opinar. El salón estaba bellísimo, las parejas hablaban, felicitaban a los recién casados y otras bailan.

—Paris… — lo llamó Marina.

—¿Qué quieres? — preguntó mientras tomaba otro trago.

—¿Podemos hablar?

—No, ahora no puedo— dijo mientras dejaba a la guerrera sola.

—Ya basta Marina deja de perseguirlo — le pidió Clef apareciendo detrás de ella.

—Pero es que… — se dio la vuelta y lo abrazó —Anaís está sufriendo mucho.

—Sí, pero no podemos hacer nada.

—Mi cielo, yo no quiero no imaginarme lo que va a pasar cuando sepan que van a viajar juntos.

El gurú respiró profundo, no entendía como era que se había dejado convencer por Latis.


—¿Anaís quieres bailar?

—Gracias Ráfaga pero no lo hago muy bien.

El esgrimista sonrió — claro que sí, yo aún lo recuerdo. Vamos no quiero verte sola ni triste.

—Mira es que no quiero ser descortés contigo, pero no tengo ganas — señaló levantándose.

Apenas la vio Lucy corrió tras ella, Anaís le había prometido que iba a compartir con todos ese día y no lo estaba haciendo, envés de integrarse se estaba alejando de todos.

Desprecio, eso era lo que seguramente estaba sintiendo él por ella y se lo merecía, eso era lo que pensaba la rubia guerrera en ese momento, a esa conclusión había llegado. Si había decidido regresar era porque quería verlos a todo y porque en el fondo guardaba una pequeña esperanza de que fuera posible regresar con Paris, pero ahora no lo sabía. Siempre que por algún motivo tenía que mirarlo él la ignoraba o la miraba con una frialdad que la aterraba.

—¡Anaís! — exclamó Lucy — espérate.

—¿Que sucede?

—Amiga, tú me prometiste que te ibas a quedar en la fiesta y que ibas a compartir con todo, pero mira estas huyendo.

La guerrera cerró los ojos y la volteó a mirar — lo siento, pero no puedo estar allá adentro.

—Tú sabes que a mí no me gusta ser dura con las personas, que la que se encarga de eso es Marina y que es ella la que se a afrentando a ti y te ha dicho las cosas como son.

—Yo lo sé…

—Antes de regresar a Céfiro tú sabías quienes estaban aquí y sabias cual iba a ser el comportamiento de cada uno, ¿o no es así?

—S-sí.

—Entonces, ¿por qué te comportas así? — Lucy se aproximó —. Tú sabías que Paris no podía estar de otra manera contigo.

Anaís apretó sus ojos y sollozó — si pero duele.

—Sí, claro por supuesto que duele pero no sé, yo siempre imaginé que tú tenías la suficiente madures para afrontar las cosas, ¿huir? ¿Vas a seguir con eso?

Anaís negó levemente con la cabeza.

—Yo jamás te he dicho nada, no soy de las que juzgan, pero si debo decirte que cada vez me decepcionas más.

La rubia abrió los ojos.

—Yo te tenía en un concepto diferente, en cierta forma eres mi modelo a seguir. Mira por más difícil que este todo, tú no puedes tomar la salida fácil. Aquí en Céfiro la situación no ha sido color de rosa, todos te quieren mucho y a todos les dolió mucho lo que pasó en aquella fiesta y el hecho de que decidiera irte para no volver, por el siempre hecho de que esto es como una familia. Marina y yo nos sentimos terribles cuando nos dijiste todo, pensamos que no éramos después de todo tan buenas amigas, además porque luego supimos que no querías saber de nosotras, que no sólo deseabas alejarte de Céfiro, sino de todo lo que lo que pudiera hacerte recordar. Esos meses donde por medio de correos y mensajes nos decías que estabas feliz, ¿tú de verdad esperaba que te creyéramos?

—Lucy, yo no quise…

—Espera déjame terminar de hablar. Mira Anaís yo no quiero hacerte sentir más culpable de lo que ya te sientes pero tú tienes que entenderlo, Paris no va a actuar como si nada, no puede y yo creo que jamás va a poder y es por una muy sencilla razón y es que él te ama y le duele mucho el verte y el tenerte cerca. Amiga porque no tratas de entender su situación.

—Sí, Lucy porque no entiendes la situación o más bien porque no dejas de decir tantas estupideces juntas.

La pelirroja abrió los ojos con sorpresa mientras que Anaís negó con la cabeza desviando la mirada. Eso era lo último que quería en ese momento.

Paris se acercó rápidamente — tanto Marina como tú me tienen harto con todo esto.

—Paris yo…

—Tú nada Lucy, es mejor que no digas nada. Ya esto no lo aguanto más, su labor como buena amiga tanto con ella como conmigo no es nada buena — indicó con frialdad —, es mejor que te vayas y me dejes hablar con Anaís a solas.

La guerrera del viento lo miró fijamente a los ojos. Nada bueno se avecinaba.

—Pero…

El príncipe fulminó con la mirada a la Lucy — adiós.

—No espera Paris ten cuidado con lo que vayas a hacer — dijo preocupada.

—¡Te dije adiós! — gritó mientras agarraba del brazo a Anaís.

—Pero yo no me voy a ir hasta que no me prometas que nada malo va a pasar — aseguró parándose frente a él.

—Déjame en paz Lucy — pidió. El peliverde estaba perdiendo el control.

—¡No!

—Lucy… amiga tranquila por favor — le pidió la guerrera de windom —, gracias pero no.

El ex pilar cerró los ojos.

—¿Me permites un momento? — dijo mirándolo.

Paris respiró profundo afirmó con la cabeza y la soltó.

—Pero Anaís…

—Lucy tú misma lo dijiste, no te preocupes que nada va a pasar — susurró — ve tranquila. Confía en mí.

Lucy miró a Paris por un momento y luego miró a su amiga —está bien — nada convencida se dirigió a la entrada.

—¿Y será que no hay nadie más que quiera solucionar tus problemas o los míos? — le preguntó cruzándose de brazos.

—¿Qué es lo que quieres? — Anaís le preguntó fijando su mirada en los ojos de él.

—Yo sólo quiero aclararte unas cosas para que no sigas creyendo lo que dicen tus amigas. Te voy a dar mi versión de los hechos.


Hola volvi! XD bueno aqui les dejo un capítulo más. Este fue un record jajajaja en un horas lo escribí, aun más sabiendo que tiempo ni espacio tengo :( . Si aviso desde ya que las siguientes actualizaciones no seran tan prontas ni seguidas, estoy estudiando otra vez y tanto el horario como las materias y trabajos de la universidad estan terribles, solo espero que me tengan paciencia, porque yo si voy a continuar, es solo que el tiempo ahora es reducido.

Como siempre gracias a las que comentaron, a las que no lo hiceron, o olvidaron hacerlo, gracias pór el apoyo, les mando besos y cuidense mis amigas hermosas.

Suerte y saludos.

Lina