Epilogo
... Dos extraños bailando bajo la luna se convierten en amantes al compás de esa extraña melodía que algunos llaman destino y otros prefieren llamar, casualidad ...
Darién
7 años después…
– Papá, papá, papá, papá, papá, papá. – escuchaba una voz a lo lejos, sabía quién era, esa pequeña… – ¡Sé que estas despierto! ¡Arriba! – seguí fingiendo que dormía cuando sentí que alguien me comenzaba a picar la cara. – ¡Mi mama va tener a mi hermanito! ¡Despierta!
Me levanté rápidamente con los ojos muy abiertos, comencé a ponerme el pantalón sobre la pijama y a gritar asustado. – Serena ¡Mi amor, ya voy! – cerré el pantalón como pude y buscaba una camiseta en el armario. – Rini, ¿dónde está mamá? – la pequeña me miraba mientras tapaba su boca con sus manitas ¿Se estaba riendo? – Rini, ¿dónde está mamá? ¿Por qué te ríes?
– ¡Perdóname papá! – dijo para después salir corriendo. Me le quede mirando ya que no comprendía que ocurría.
– ¿Amor? ¿Qué ocurre? – fue cuando entro Serena mirándome preocupada. – ¿Por qué Rini salió corriendo? – me recorrió la mirada y me miro curiosa. – ¿Traes la pijama bajo el pantalón?
– ¡Esa niña!
3 años después…
– Mañana es mi cumpleaños papá. – decía Rini mientras saltaba a mis piernas y se acomodaba en mi pecho.
– ¿De verdad? – pregunte mientras le sonreía y jugaba con su cabello.
– Si, de verdad. También es el cumpleaños de mama. – me decía emocionada.
– Lo sé, por eso mañana vamos a ir con tus abuelos a festejar.
– Siiiii… iremos con mis abuelitos. – se bajó de mis piernas de un salto y salió corriendo en dirección al patio. – ¡Endimión! Mañana iremos con los abuelitos. ¡Endimión! Endimión, ¿Dónde estás?
Por unos segundos la sala se quedó en silencio, mientras sonreí al escuchar a lo lejos la voz de Rini buscando a su hermano.
– Por un momento pensé que cuando Endimión naciera Rini se pondría celosa. – escuche la voz de Serena mientras me abrazaba por el cuello. – Pero parece que es lo contrario, ese niño es el juguete favorito de tu hija.
– Si, al diablo las muñecas, un hermanito por favor – los dos reímos, después pase mi rostro por su brazo en una caricia, me encantaba sentir la piel de Serena, respirar su esencia. –… ¿Alguna vez pensaste que terminaríamos así?
– ¿Así cómo?
– Así… juntos, con una familia.
– No, jamás pensé que ese chico que me siguió fuera del cine terminaría robándome el corazón.
Sonreí, alcé el rostro y la besé dulcemente.
– Te amo Serena. – susurre mientras nos mirábamos a los ojos, diez años y aún me volvía loco al mismo tiempo que me derretía de amor.
– Te amo… chico del bigote de papa frita.
Solté una carcajada al recordar nuestra primera cita.
– Eso me recuerda. – dije mientras me soltaba de su agarre, daba la vuelta al asiento y me inclinaba extiendo mi mano. – Hola, mucho gusto señorita. Me llamo Darién, Darién Chiba y me gustaría invitarla a bailar. Soy muy buen bailarín, ¿me concede esta pieza señorita?
– Sera un honor. – respondía mientras extendía su mano.
En ese momento nuestros hijos entraron a la sala mirando como bailábamos, rápidamente Rini miro a Endimión y lo tomo de la mano.
– ¡Están bailando! – grito Rini. – Vamos Endimión.
– ¡Bailar! ¡Bailar! – respondía el pequeño mientras acercaba a nosotros con los brazos extendidos.
Tome en mis brazos a Rini mientras Serena tomaba a Endimión, nos abrazamos los cuatro y comenzamos a bailar.
No podía sentirme más feliz y más completo… Por fin, después de la pérdida de memoria me podía sentir completo, tenía mi propia familia.
