Ya es 02, en algunos lugares 03 de agosto, pero necesito decirlo: ¡Feliz 01 de agosto! ¡Feliz Odaiba memorial!

Imagen propuesta por mí: pájaros negros, hojas de cuaderno volando, gato y niña rara.

Personajes: Iori, Miyako.


Un gato negro y un cuervo, ninguno de los dos representa a la muerte ni mala suerte, pero sí están malditos, malditos porque tienden a ser prejuzgados. Opacan su belleza y esplendor fijándose solo en lo físico: en sus colores, en sus ojos inexpresivos. Por ser diferentes y sin colorido automáticamente se convierten en malos animales,como si ellos realmente no sintiesen nada en absoluto.

Una vez le dije a Miyako que me sentía como un pájaro negro al que nadie puede ver en la densa y oscura noche. Nadie me ve porque soy silencioso, no busco llamar la atención y, porque también, no tengo la belleza y viveza de un azulejo.

Cómo aquellos animales, aquella vez: fui incomprendido. Ni siquiera ella supo comprender mis porqués. Quedé devastado. Pensé que entendería. Me equivoqué.

A lo largo de mi vida me han dicho: apático, desabrido, que soy muy maduro para un niño de mi edad. Me juzgan, sin saber mi verdad. A pesar de ello, ninguna de aquellas palabras dolió menos que su silencio, por ello le dejé marcharse.

Nadie conoce mi pasado, nadie sabe por qué me he quedado sin colores, por qué tuve que teñirme de negro, por qué el rojo llama mi atención, ni por qué prefiero observar el mundo y no comprometerme con él.

Pero no me importa.

No importa porque soy como un cuervo negro que vuela en libertad y, como ellos, seguiré desplegando mis alas hacia el cielo azul, no importa cuántas veces me quede solo, o susurren cosas de mí. Nadie me conoce, mucho menos conocen mis razones. Aunque espero que alguien, algún día, llegue y se quede para intentar comprender…