¡Por favor regalen me una sonrisa!


Capítulo beteado por Isa Traductora Ffad (beta FFAD)

Todos los personajes de la historia son de la S.M. solo la trama es mía.


Solo inténtelo, por favor señor… Vader…

Pe-tri-fi-ca-do.

Así se quedó Edward, incluso dejó de respirar cuando la escuchó llamarlo así.

¿Co-cómo me-me di-dijiste? —preguntó mientras parpadeaba repetidamente. Bella sonrió con malicia hacia sus adentros y planeó aprovechar al cien por ciento su reciente descubrimiento.

Por favor, hay que quedarnos, nada le cuesta intentarlo, solo dele una oportunidad antes de desechar por completo la posibilidad —se puso imposiblemente cerca de él y suavemente deslizó su mano entre su alborotado cabello, dejando un corto pero bastante sugerente beso en sus labios—. ¿Sí? ¿Señor Vader…?

¡Catapum!

Así habían explotado las intenciones de Ed… El señor Vader de irse.

Bueno… En realidad no creo que el quedarnos dañe a nadie —Edward trató con todo su ser que no se escaparan de su boca las palabras que estaba a punto de decir, pero le fue imposible porque ellas rogaban por salir—. Mi joven Padawan*…

Capítulo 8:

Bella abrió desmesuradamente sus ojos cuando se dio cuenta de cómo Edward la había llamado, para de inmediato poner una sonrisa en los labios y asentir de una manera sumisa, poniéndose recta en su lugar para poder esperar que la "función" comenzara.

Edward estaba tan conmocionado por la forma en la que Bella se había referido a él, que realmente no se dio cuenta a lo que había accedido una vez más, hasta que una pareja con una vestimenta… Bastante ligera se colocó en el centro del escenario.

— ¿Be-Bella? —le preguntó cuando las, ya de por sí, tenues luces del cuarto se apagaron por completo, dejando solo un haz de luz que era el que iluminaba a la adulta pero joven pareja de ligeras ropas.

— ¿Sí, señor Vader? —. Edward, evitando poner atención al escalofrío que le causaba el nuevo apodo, continuó con su pregunta.

— ¿Qué-qué hace esa pa-pareja ahí arriba y-y vestidos a-a-así? —. Para él no pudo pasar desapercibido la escasa vestimenta de la mujer que solo consistía es una especia de corsé muy apretado de color negro con franjas rojas y unos zapatos que le hizo sentir vértigo de tan solo pensar de subirse en ellos. La mujer no tendría menos de veinticinco, pero tampoco parecía pasar de los de los treinta. Su cabello era tan largo como para llegar a la altura de sus hombros; pareciendo ser una melena de león al ser completamente rizado y sus ojos no sabría decir de qué color eran porque ella nunca levantó su mirada del suelo, ni abandonó su posición sumisa con sus dos manos entrelazadas al frente de su cuerpo.

El hombre parecía tener exactamente la misma estatura que Edward, lo que significaba que andaba rondando los uno noventa de estatura, la diferencia estaba en que él se veía realmente intimidante por lo ancha de su espalda y expresión oscura al igual que sus ojos y cabello.

—Buenas noches, nuestros nombres son Demetri y Victoria —dijo con voz firme y autoritaria, sin permitirle a la mujer presentarse por sí misma—. Nosotros esta noche nos encargaremos de mostrarles a ustedes que están interesados en iniciarse en este mundo de las parejas Dominante/sumisa, algunos aspectos que esta clase de relación implica.

Los ojos de Bella brillaban con emoción al mismo tiempo que daba dos palmaditas en el aire como una niña emocionada a punto de ver la nueva película de Disney. Edward tragó grueso y tomó una calada de su inhalador tratando de lograr que la serenidad regresara a él, que prácticamente temblaba como hojita al aire, con sus manos y frente sudando frío.

—Esta clase de relación no es para todos. El que llame su atención o crea que es interesante, no significa que eso los hará tener lo necesario para ser Dominante o sumiso — ¡Amen hermano! Prácticamente gritó la mente de Edward al escuchar sus últimas palabras—. Aunque… Nunca lo sabrán si no lo intentan, ¿verdad? —concluyó Demetri, y ahora fue el turno de Bella mirar con triunfo a su nervioso acompañante—. Muy bien, comencemos…

La siguiente media hora fue una de las más emocionantes para Bella, que prácticamente absorbía todo como esponja de lo que decían y mostraban en pareja. A pesar de que hablaron sobre varios puntos e incluso posturas y artículos sobre la relación D/s, siempre hicieron hincapié en que la base de toda relación de ese tipo sin importar qué: la confianza.

Así como esa media hora fue una de las más emocionantes para Bella, fue una de las más angustiantes y estresantes que Edward había que tenido que sufrir en su vida.

Y eso era solo el comienzo…

Llegó un momento en el que Demetri habló acerca de que una de las bases fundamentales de la confianza para aquel que adquiría el papel del sumiso era la confianza física. Se paró en frente de su compañera a la que educadamente le pidió que se parara frente a él mientras tomaba asiento en una silla que sacó de tras bambalinas.

—Es fundamental que exista esa confianza y conocimiento corporal por parte de las dos caras de la relación, pero sin embargo una pareja de Dominante/sumisa que no cuente con la confianza del sumiso, no se pueden llamar a sí mismos una pareja de este tipo.

Con cuidado y casi veneración comenzó a acariciar cada una de las curvas de su compañera que en ese momento se encontraba enfrente de él sin inmutarse por el público que ahí los observaba.

—Para un Dominante, el conocimiento y confianza de su sumiso es poder. El sumiso confía porque sabe que su Dominante solo quiere lo mejor para él. Por ende cuando un sumiso confía, se es un buen Dominante.

—Edward, déjeme ir —le dijo un poco exasperada Bella a Edward.

Una vez es sus asientos, Bella con una naturalidad mucho más palpable que antes optó por sentarse en las piernas de Edward a los pocos minutos de la presentación. Edward en una forma casi de auto protección abrazó fuertemente a Bella como si de un oso de peluche se tratara, y en esos momentos de la presentación solo asomaba su despeinada cabellera y sus rectangulares lentes de pasta por la hendidura del cuello de Bella. Tan entumido y en shock se encontraba en su lugar que nunca llegó a escuchar la parte en la que el "maestro" le solicitó a la parte sumisa que se levantaran de sus asientos y se colocaran frente a su Dominante. Con ese intento, ya era el cuarto con el que Bella trataba de levantarse de su lugar, pero le resultaba imposible por el fuerte agarre de Edward en su cintura, que parecía no estar dispuesto a dejarla ir.

— ¿Eh? —dijo Edward un poco confundido. ¿Qué había dicho Bella? Él estaba demasiado ocupado tratando de entender la matemática o por lo menos la fórmula de esa complicada relación en la que su novia pretendía que formara parte, sin siquiera tomar en cuenta que él no contaba con todos los requerimientos que —hasta ahora había podido apreciar— solicitaba el tal Demetri para los Dominantes, que según los deseos de Bella debía ser él.

—Por favor, déjeme levantarme —dijo con resignación Bella al no ver señales de que Edward-boa constrictor la dejara levantarse.

— ¿Qué? ¿Por qué? —Edward que miraba hacia todos lados como venado cegado por las luces de un todo terreno, en lugar de dejarla ir, afianzó más su agarre si eso era posible.

—Por favor, solo me quiero levantar —Bella suavizó su voz y volteó su cabeza para darle una tranquilizadora sonrisa y un beso en la mejilla. ¡Ella se quería levantar! ¡Ella se quería ir de ese perturbador lugar! Pensó con regocijo Edward, haciendo que de inmediato la soltara. Quedó igual o más confundido que antes cuando al verla levantarse y querer hacer lo mismo, ella lo empujó suavemente con una de sus manos para que permaneciera en su sitio.

— ¿Qué pasa, que no nos íbamos a retirar?

— ¿Retirar? No señor, yo solo estaba haciendo lo que el maestro nos indicó que hiciéramos a los sumisos. Usted por favor permanezca en su asiento.

— ¿Y cómo y para qué ha solicitado que todos los "sumisos" se levanten y se pongan en frente? —Edward jugaba nerviosamente con su corbata cuando sus ojos comenzaron a observar al resto de las parejas en la misma posición que ellos. Desde el preescolar, Edward tenía recuerdos claramente vívidos de cómo él siempre iba un paso adelante de sus compañeros, cuando de operaciones o problemas de ingenio se trataban, pero ahora… Ahora parecía que su cerebro tenía cierto retraso mental con esa clase cosas, pues siempre se daba cuenta de la situación en la que se encontraba cuando ya era demasiado tarde para reaccionar.

Como ahora.

Para una persona que podía resolver ecuaciones algebraicas como resolver un dos más dos, o problemas de física como si de un juego se tratasen, le resultó muy difícil conectar el hecho de que la compañera del maestro había estado exactamente en la misma posición en la que Bella ahora se encontraba frente a él, y de lo que obviamente venía a continuación si el patrón se repetía.

—Be-Bella, él no-no querrá que no-nosotros hagamos lo-lo mismo… ¿Verdad? —preguntó de pronto en pánico.

—Ahora les pediré que toquen, sientan, conozcan el cuerpo de su sumisa o sumiso —habló desde el escenario Demetri, que en ningún momento durante sus palabras había dejado de tocar y acariciar el cuerpo de Victoria.

— ¡¿Qué?! —Edward no pudo evitar que su expresión saliera de sus labios llamando la atención de las otras tres parejas que, aunque se encontraban a una distancia bastante amplia, alcanzaron a escucharlo. Bella volteó hacia todos ellos regalándoles una sonrisa de disculpa.

—Señor, por favor tranquilícese, no es nada del otro mundo —le dijo Bella para tratar de calmarlo al verlo aferrado a su inhalador. Edward, esta vez con voz más modulada, volvió a hablar:

— ¿Cómo que no es nada del otro mundo, Bella? No te preocupes, yo no te pienso faltar al respeto así. Es increíble que ese individuo haya solicitado tal cosa —dijo ahora él para darle a entender que ella no tendría que preocuparse, él no la obligaría a hacer algo así. Claro que en la mente de Bella se desarrollaba una percepción de los hechos muy diferente a la de él. Esto claro que la tenía nerviosa, porque ella ya había tenido dos noviecillos antes, pero el problema era que uno había sido del instituto y de besos inocentes nunca pasó y no creía que su novio de preescolar contara como experiencia para esta clase de situación. Nunca la había tocado como en ese momento la tocaría Edward —si no le daba un paro respiratorio antes, cabe remarcar— y eso la emocionaba más de lo que podría estar nerviosa. Solo esperaba ser lo suficientemente bonita para él.

—No se preocupe, yo quiero que lo haga —le dijo con una sonrisa que casi parecía de súplica. Genial, ahora oficialmente Edward no entendía al género opuesto; cuando se les intentaba respetar no lo querían y cuando no se les respetaba lo exigían ¡Daría lo que fuera por estar en su improvisado laboratorio que desde joven construyó en el sótano de la casa de sus padres! ¡Al menos a la física y a la química sí las entendía!

Bella, al ver la duda y desconcierto en los ojos de Edward, volvió a interferir:

—Recuerde que usted lo prometió —dijo con un pucherito que hizo suspirar un "está bien" a Edward. Él de verdad agradeció que a ella se le hubiera ocurrido ponerse ese ridículamente grande y ancho abrigo.

Edward elevó sus dos manos y las colocó en los hombros de Bella, donde realmente no podía siquiera sentir la forma de ellos por lo grueso que era esa clase de peluche de la cual estaba hecho el abrigo y las deslizó hasta sus muñecas. Bueno, no está siendo tan difícil después de todo.

— ¿Qué es lo que hace? —preguntó Bella mientras ladeaba su cabeza.

—Lo que me dijiste —contestó con simpleza Edward, que lo único que hacía era repetir ese movimiento sobre sus brazos.

—No, por favor permítame —. Un fuerte sonrojo cubrió el rostro de Bella cuando quitó las manos de un muy confundido Edward de sus brazos. Con manos seguras, pero un sonrojo mayor al de un tomate, llevó sus dos manos al broche del abrigo que abrió completamente para después dejarlo caer a sus pies.

— ¡Santo Vader señor de todo lo oscuro! —Edward exclamó cayendo literalmente hacia atrás de su asiento terminado en el suelo al ver a Bella de esa manera. ¡Por Einstein y de qué manera!

Bella al quitarse el abrigo, quedó solamente en un hermoso pero atrevido conjunto de Victoria Secret en color azul rey, con un sostén con un poco de pedrería y unas pequeñas pantis que cubrían lo necesario, y para rematar unos tacones negros de vértigo que había sido lo único que Edward había podido apreciar hasta ese momento.

— ¿No le gusta? La señorita del lugar me dijo que se me veía bien —Bella de pronto perdió parte de su seguridad y comenzó a jugar con sus dedos cuando vio que lo único que se asomaba por el bajo respaldo del sillón eran los ojos de Edward que la miraban de arriba abajo parpadeando constantemente. Edward miraba una y otra vez a Bella sin realmente llegar a comprender si eso que estaba enfrente de él era una mujer o la famosa diosa de la mitología griega Afrodita.

Bella, al no obtener reacción por parte de Edward, comenzó a molestarse.

— ¿Sabe? Puede que a usted no le guste, pero al menos al resto de los hombres de este lugar sí —Bella cruzó sus brazos sobre su pecho indignada y ahora un poco molesta de percatarse que todos los hombres en el salón, incluyendo Demetri, tenían sus ojos sobre ella y al parecer del que esperaba respuesta seguía sin dar reacción alguna. El resto de las demás mujeres llevaban una vestimenta similar a la suya, pero hay que reconocer lo que es bello, y entre todas Bella era la más hermosa, teniendo un cuerpo que haría a cualquier mujer sentirse como E.T. el extraterrestre con disfraz de mujer.

Cuando Bella habló, las neuronas de Edward hicieron conexión más rápido que si de una operación matemática se tratara. Solo había escuchado salir de su boca dos frases.

Les gusta.

Otros hombres.

Casi como si hubieran colocado un misil en su parte trasera, se levantó de un solo salto del piso y corrió a ponerse enfrente de Bella.

— ¡Por Lord Vader Isabella! ¡Eso no puede ser clasificado como una vestimenta! ¡Semejante exposición de piel seguro causará una enfermedad de tipo respiratoria!

— ¿Pero le gusta?

— ¿Cómo? —Edward paró de revolotear alrededor suyo como mosca con ataque de epilepsia.

—No quiero saber si puedo enfermar con esta ropa, quiero saber si cree que me veo bien en ella.

—Bella, no seas ridícula, te ves hermosa con ella. Ahora me harías favor de ponerte ese bendito abrigo. ¡Al del lado se le están saliendo los ojos! —Edward hizo una pausa para voltearse a la izquierda que era donde se encontraba el hombre al que se refería después de poner a Bella detrás de él—. ¿Qué? ¡¿Acaso se le ha perdido algo en la anatomía de MI novia!? Que claramente sea superior tanto corporal como facialmente que su compañera no le da derecho a querérsela. Como vulgarmente diría una persona promedio: ¡tragar con la mirada! —cuando al hombre al que se dirigía fue volteado bruscamente por su acompañante de forma furiosa, decidió que había terminado con ese. Así que pasó a Bella a su izquierda para continuar con el que se encontraba a su derecha—. ¡A usted también lo estoy viendo! ¡Ojos al frente, que ahí está su compañera!

Bella realmente no puso atención a cómo Edward en medio de una crisis de enojo y neurosis arremetía verbalmente contra todos los hombre de la sala, porque para ella solo resonaba una palabra en su cabeza.

Hermosa.

Edward creía que ella se veía hermosa.

Cuando Edward quedó satisfecho al ver que todos los hombres del lugar parecieron haber sido reprendidos y por ende ahora se encontraban inhabilitados de voltear a ver a SU Bella, se agachó para poder recoger el abrigo que aún se encontraba en el piso, pero se detuvo tragando saliva audiblemente cuando uno de los tacones de Bella pisó la prenda, deteniendo su tarea. Cuando Edward levantó su mirada y tuvo toda una vista panorámica desde esa posición del cuerpo de Bella, inevitablemente tuvo que sacar su inhalador de su bolsillo trasero y tomar una calada antes de hablar.

— ¿Qué-qué es lo que ha-haces? Déjame re-recoger el abrigo por fa-favor —Edward, al ver que ella no tenía intención de quitar su tacón de ahí y no pensaba lastimarla para retirarlo, soltó todo el aire que tenía contenido en sus pulmones y se levantó para quedar enfrente de ella. Se quitó su chaqueta y cuando estaba a punto de ponerla sobre sus hombros, ella tomó sus manos deteniéndolo.

— ¿En serio lo cree? —preguntó ella.

— ¿Es serio creo qué? —dijo intentando poner su chaqueta sobre ella por segunda vez.

—Que me veo hermosa así —. Edward paró por completo sus intentos cuando escuchó a Bella preguntarle eso con tanta esperanza. Vaya que para Edward esa era una situación de lo más bizarra. El pasar de no obtener ni la hora de la chica más fea del instituto a tener a la que consideraba la más hermosa de todas requiriendo su aprobación, resultaba, a lo menos, extraño.

—Tú no te ves hermosa hoy, Bella —le dijo seriamente, haciendo que la cara de Bella decayera rápidamente—. Tú te ves hermosa siempre. Tú eres hermosa —dijo Edward tímido y con un sonrojo en sus mejillas que lo hacían ver adorable.

— ¡Awww Edward! —dijo Bella olvidándose de todo eso del "señor".

— ¿Qué? Solo estoy diciendo la verdad y no solo lo dijo porque seas mi novia. Es científicamente comprobable, tus genes son muy buenos. Tienes todo aquello que nuestra sociedad occidental considera bello, solo llegaría a "faltar" el que tus ojos no sean de color o tu cabello no sea rubio si nos basamos únicamente en el modelo estereotipado de la mujer rubia, que si me lo permites, a mí me gusta más el hecho de que seas morena. ¿Sabes? Eso se puede deber a una fijación psicológica…

—Edward, solo déjalo en que crees que soy hermosa —Bella sonrió divertida antes de lanzarse al cuello de Edward y besarlo con la euforia que siempre la caracterizaba. Edward respondió de igual manera a su beso, pero esta vez en lugar de poner sus manos en la cintura de Bella como siempre hacía cuando ella lo besaba, él mantuvo sus manos fijas a sus costados. Suficiente tenía con tratar de no desmallarse al sentir a Bella completamente pegada a él ahora que andaba tan ligera de ropas.

—No muerdo, ¿sabías? —Bella hizo un puchero al ver que Edward, a pesar de corresponder a su beso, trataba de alejar su cuerpo del suyo.

—De hecho sí lo haces. Te es fisiológicamente posible, pero eliges no morder a otros seres humanos por lo inaceptablemente social que resulta. ¿Ahora podrías ponerte de nuevo el abrigo?

—No.

— ¿Por qué no?

—Aún no hemos hecho la actividad que nos pidieron, así que si eres tan amable… —hizo una pausa para señalar el sillón pidiéndole silenciosamente que tomara asiento de nuevo.

—Bella, insisto en que no creo que esto sea lo más apropiado.

—Por favor, no empiece de nuevo. Usted. Lo. Prometió —dijo haciendo gran hincapié en su promesa. Edward rodó los ojos con desesperación al escuchar que había vuelto con todo eso del "usted", pero suspiró con resignación al recordar que era cierto que él había prometido aquello y tomó asiento de nuevo.

Las manos de Edward, al igual que todo su cuerpo, comenzaron a temblar con nerviosismo a la vez que su respiración se volvía irregular casi hasta el punto de convertirse en una ataque de asma cuando ella tomó sus dos manos y las comenzaba a dirigir a sus hombros desnudos a falta de iniciativa por parte de él. Cuando la palma de sus manos estuvo a punto de hacer contacto con su piel desnuda, Edward rápidamente alejó sus manos como si pensara que la piel de ella lo podría llegar a quemar.

Bella se sintió frustrada al ver esa reacción de Edward como si ella fuera una leprosa. ¿Por qué era así con ella? ¿Por qué no podía simplemente tocarla como de seguro en su momento tocó a otra de sus novias? ¿Sería ella la más fea de las que había tenido hasta ahora?

De pronto una idea llegó a su cabeza recordando su comportamiento de hace un minuto.

—Como veo que a usted no le resulto atractiva, creo que lo mejor será pedirle a otro de los hombres que están en esta sala que me ayuden con esto —se dio media vuelta, pero antes de que siquiera diera su segundo paso, sintió con unas manos la tomaban por la cintura y soltó un pequeño gritillo al sentir que era empujada hacia abajo para terminar sentada en las piernas de Edward y verse completamente encerrada en sus brazos con la cara de él enterrada en su largo cabello castaño rojizo.

—En serio eres peor que Darth Sidious —habló amortiguado por su cabello.

— ¿Entonces lo hará?

—Está bien, lo haré…

Bella se levantó contenta después de su resignada respuesta y se puso en posición ante Edward, que era un manojo de nervios. Ella también sentía nervios al ser la primera vez que estaba tan expuesta frente un hombre y esperando a que él la tocara, pero se armaba de valor diciéndose a sí misma que era Edward, su Edward, el chico inteligente, introvertido y definitivamente de gustos peculiares que desde que lo vio por primera vez la hizo quedar prendada de todo el personaje que él era.

Edward con manos tan temblorosas como unas maracas, las elevó hasta finalmente colocarlas sobre la piel desnuda de los hombros de Bella, para después recorrer con cuidado el camino de sus brazos. Cuando llegó a sus codos, Edward no pudo seguir y volvió a retirar sus manos como si el cuerpo de Bella quemara. Bella ahora sí estaba a punto de comenzar a gritar de frustración por la actitud de Edward, pero antes de que digiera algo, él tomó sus rebeldes cabellos entre sus manos y habló deteniendo el grito de Bella en su garganta.

— ¿Po-podrías…? ¿Tú-tú podrías…?

— ¿Podría qué? —preguntó con interés al escuchar el tono frustrado y algo avergonzado de Edward que hacía que toda su cara se tiñera de un intenso rojo.

—Yo-yo no creo po-poder con e-esto —Bella iba a hablar, pero él la detuvo levantando su mano para continuar con lo que tenía que decir—. No creo poder con e-esto, pero si tú-tú… No quiero que pienses que estoy loco… —Edward hizo una pausa reflexionando—. Bueno, no quiero que pienses que estoy más loco de lo que ya parezco, pero creo que yo… Tal vez si pudieras… Si tú…

— ¿Si yo qué…? —lo animó a continuar.

—Si-si tu me-me di-dijeras señorVaderotravez —habló tan rápido y entre dientes que estaba seguro que Bella no lo había escuchado decir eso último, y tal vez fuera lo mejor.

Pero claro que ella lo escuchó.

—Disculpe, no le entendí muy bien señor…Vader… —dijo Bella con el tono más sugerente que pudo. Comenzó a hacer una danza de la victoria en su interior en cuanto vio esa chispa de malicia atravesar sus ojos que tan rara vez aparecía. ¡Qué tonta había sido! ¡¿Cómo no se le había ocurrido eso antes?!

Como si el solo sobrenombre hiciera que una parte de Edward que ni él mismo conocía aflorara, habló dejándose llevar por la extraña sensación de poder que le daba el ser llamado así.

— ¿De verdad desea ser tocada, joven Padawan? —. Bella asintió frenéticamente, sintiendo las casi ridículas ganas de salir a comprar una playera que dijera "I love Darth Vader" para agregarla a su colección junto a su playera "I love Nerds".

—Por favor maestro… —dijo con voz sumisa. ¡Alabada fuera Alice por obligarla a ver la saga Star Wars cuando eran más jóvenes!

La palabra "maestro" hizo magia en Edward, y con manos ahora mucho más seguras las puso sobre sus hombros. No vaciló esta vez y recorrió sus brazos por completo. Sin saber muy bien por dónde más proseguir, se detuvo por un momento. Bella al ver su lucha interior decidió interferir.

— ¿Desea que le ayude señor Vader?

—Lord —dijo de la nada Edward.

— ¿Disculpe?

—Es Lord Vader, no señor Vader, si no es mucha molestia.

—Por supuesto que no. ¿Me permite que lo ayude, Lord Vader? —. Se lo pensó solo por unos segundos y después asintió con su cabeza concediéndole el permiso. Bella tomó sus dos manos y las llevó hacia donde iniciaban sus rodillas. Con lentitud y cooperación por parte de Edward, recorrió todo el camino de sus muslos, pasando por sus caderas hasta llegar a su pequeña cintura. Para esas alturas la respiración de Edward era bastante irregular, al igual que la de Bella, y el verde en sus ojos ahora era prácticamente indetectable pasando fácilmente por oscuros. Edward tenía tantas emociones y sensaciones en ese momento atravesando por su cuerpo, que se sentía confundido, tanto como se sentía eufórico. Bella decidió que él podía hacerlo solo desde ese punto y esperó a que él siguiera con el recorrido por sí mismo.

Edward se sintió algo intimidado y nervioso en cuanto Bella retiró sus manos de las suyas, pero la necesidad casi de vida o muerte de seguir recorriendo la piel de Bella, que estaba seguro era la más suave que hubiera tocado jamás, lo animaron a continuar. No atreviéndose aún a tocar los pechos de Bella, los saltó llevando sus manos a su rostro donde detalló fascinado cada uno de sus rasgos. Llegó hasta su boca que se encontraba entre abierta gracias a su respiración regular y con su dedo pulgar trazó con lentitud su labio superior para después repetir la misma acción con su carnoso labio inferior. Bella al sentir sus íntimas y cuidadosas caricias no pudo evitar suspirar, haciendo que su cálido aliento chocara con el pulgar de Edward.

Toda una corriente eléctrica atravesó el cuerpo de Edward al sentir el aliento de Bella contra su pulgar, sintiendo algo que lo fascinó y asustó por partes iguales. Por primera vez en su vida sintió que una parte de su anatomía específicamente masculina comenzaba a despertar queriéndose desesperadamente hacerse notar.

—Quiero un beso —pidió-exigió Edward, al aún estar hipnotizado por los labios de Bella que se veían más apetitosos que nunca.

—Claro que sí, Lord Vader —Bella casi con malicia dio un pequeño beso a la punta de su pulgar, que lo hicieron temblar por la sensación y después se reclinó hacia él para darle un relativamente corto pero bastante efusivo beso antes de volverse a enderezar.

Edward, borracho por el beso, fijó su vista en una parte de la anatomía que habían llamado su atención desde aquella noche que la conoció. Apostaba que solo por cálculos mentales que —avergonzado, tenía que admitir— realizó desde antes de esa noche, tendrían el volumen exacto para caber en sus manos. Bella, al notar la parte de su cuerpo que ahora él miraba con añoranza pero definitivamente tenía miedo de atreverse a tocar, decidió hablar aunque ella misma se estuviera muriendo de vergüenza.

—Si desea tocarlos, Lord Vader, siéntase con la liberta de hacerlo —. Edward no sabía si aquello era correcto, pero en serio sus manos picaban por llenarse de esas dos protuberancias femeninas. Al ya no poder más con el impulso, bajó sus manos del cuello hasta colocar cada una de sus manos en cada uno de los senos de Bella.

¡Por Lord Vader Señor de todo lo que era malo y oscuro en la galaxia que nunca había sentido algo así!

Eran suaves.

Eran firmes.

Eran circularmente perfectos.

Eran…

Eran mejor que la matemática, física y química.

Nunca creyó pensar o decir algo así, pero esas dos protuberancias femeninas geométricamente circulares eran mejores. Muuucho mejores.

Bella se sonrojó con orgullo como nunca en su vida al ver a Edward adquirir un rostro como el de un niño en una dulcería. Bella se vio obligada a borrar su pequeña sonrisa de satisfacción cuando Edward, dejando a un lado su timidez, ejerció presión sobre sus dos pechos obligándola a cerrar los ojos por lo placentera de la sensación.

Ok, eso que definitivamente estaba cobrando vida era su sable y no precisamente el sable de luz que siempre tenía colgando a un lado de su cinturón.

Edward al sentirse motivado por su recién descubierta fascinación por esa parte de la anatomía de Bella, se atrevió a comenzar a dar circulares masajes sobre ellos. Bella dio un pequeño respingo de sorpresa ante la acción de Edward y sin poderlo evitar soltó un vergonzoso gemido.

Eso fue demasiado para Edward y su sable de luz, que ahora rogaba por salir a adentrarse en los agujeros negros de la galaxia de la anatomía de Bella.

Bella abrió sus ojos algo incómoda al notar que los movimientos de las manos de Edward se habían detenido y ahora sentía una presión en sus pechos que incluso la lastimaban por lo intensa y sin cuidado que era. Estuvo a punto de comentarle a Edward que la estaba lastimando, pero solo pudo respirar con resignación cuando vio a Edward con la cabeza gacha y cuerpo inerte con sus manos aún pegadas a ella.

Edward se había desmayado.

Otra vez.

.

.

.

Edward parpadeó confundido repetidamente sin poder ubicar en dónde era que se encontraba. No era su departamento y las paredes estaban pintadas de un suave morado que lo hacían descartar que fuera un hospital. ¿Dónde estaba? ¿Era una cama sobre lo que estaba? Al ir ubicando un pequeño tocador con lo que parecían productos de mujer y un escritorio en el mismo cuarto, llegó a la conclusión de que era la habitación de alguien.

— ¡Vaya, hasta que decides regresar al mundo de los vivos! —le dijo la voz risueña de Bella desde la puerta de habitación donde sostenía un vaso con agua. Al ver a Bella hizo que instantáneamente todos los recuerdos de la noche llegaran a su cabeza como una película.

—Lo-lo siento —murmuró avergonzado—. La-lamento haberme de-desmayado, no-no era mi i-intención

—No te preocupes, ¡al menos hicimos un gran avance hoy! —. A ella realmente le había frustrado que todo hubiera terminado tan abruptamente como lo había hecho, pero sin esa clase de cosas, Edward no sería el Edward que tanto le gustaba, por lo que no estaba molesta con él.

Ya habría ocasión para intentarlo de nuevo.

—No te mortifiques, no pasa nada —le dijo con una sonrisa sentándose a un lado de él en su cama—. Ahora toma esta pastilla que te quitará el dolor de cabeza que de seguro tienes, te ayudará a relajarte para que puedas descansar por lo menos lo que resta de la noche —. Edward aceptó la pastilla y el agua que ella le ofrecía para tomarla.

— ¿Qué hora es? ¿En qué lugar me encuentro?

—En mi apartamento, en mi habitación para ser más exactos —tomó el vaso con agua y lo colocó en el escritorio al lado de su cama—. Y son las 3:30 A.M.

— ¿¡Tan tarde?! ¡Siento haber invadido tu espacio durante tanto tiempo! En realidad ni siquiera llego a hacer las suficientes conjeturas como para saber cómo exactamente lograste que llegara hasta aquí, debió ser todo un logro. Dame unos minutos para contactarme con Jasper y me retiraré, realmente no me siento con el ánimo ni deseos de conducir —Edward se quiso levantar de la cama, pero Bella se lo impidió.

—No te preocupes, ya he hablado con él. De hecho Jazz fue parte de todo este gran logro, que si gustas te explicaré a más detalle mañana, pero por ahora descansa, él sabe que te quedarás esta noche aquí.

—No Bella, de ninguna manera. No te pienso quitar tu cama y no tengas dónde dormir mientras yo me quedo en ella —quiso volverse a levantar, pero ella que ya tenía puesto su pijama que consistía en un pantalón de franela color negro y una blusa de tirantes del mismo color con estampados de manzanas rojas en ellos. Saltó a la cama quedando acostada a un lado de él y abrazándolo para evitar que se fuera.

—Bella, no creo que esto esté bien, mejor yo…

—No estamos haciendo nada malo, Edward. Eres mi novio, yo soy tu novia y simplemente vamos a dormir, no hay nada de incorrecto en que yo quiera dormir abrazada a mi novio —. Claro que para ella no había problema, pero para el pobre de Edward que acababa de descubrir su nueva fascinación, no era tan sencillo el poder tenerla tan cerca.

—Pero…

—Edward Anthony Frederick Cullen cállate y abrázame —. Edward tomó una respiración para calmarse lo mejor que pudo y después de varias respiraciones consiguió estar lo suficientemente calmado como para pode relajarse y envolver sus brazos alrededor de ella.

— ¿Yo he sido la más fea de todas ? —. El comentario tímido de Bella hizo que los ojos de Edward que casi se cerraban, se abrieran con sorpresa.

— ¿De qué hablas? —realmente no comprendía a qué venía la pregunta.

—Sí, de las mujeres con la que has estado, ya sabes… Íntimamente —Edward comenzó a toser al comenzarse a ahogar con su propia saliva—. ¿O la de peor cuerpo? Perdón por la pregunta, pero la duda me carcome el cerebro —se abrazó más fuertemente a él sin querer escuchar la confirmación. ¿Si no por qué él se veía tan resistente a siquiera tocarla?

—Bella, verás… Yo… Yo a pesar de la edad que tengo no… —. Genial Edward, termínale de explicar que en realidad eres más patético de lo que pareces, se dijo así mismo.

— ¿Sabes qué? Mejor no quiero saber, creo que no quiero escuchar la respuesta —dijo enterrando su rostro en el cuello de él. ¡Bella estaba loca! ¡¿En verdad cree que él tiene la pinta de un Casanova y que estuvo robando los corazones de miles de mujeres bellas?! Hasta que la conoció a ella, las únicas mujeres que le dirijan la palabra eran sus maestras de física y matemática, y su madre. Además aunque así hubiera sido, ¿más bellas que Bella? Imposible.

— ¡No Bella! Estás entendiendo mal. Mírame; definitivamente no tengo la clase de prototipo por el que las mujeres se mueren —tragándose toda su vergüenza interrumpió a Bella que quería argumentar lo que dijo—. Yo… Yo ni siquiera he estado con una mujer… —Edward enterró su rostro tatuado de vergüenza en el cabello de Bella, esperando que ella se retirara al ver lo patético que era o por lo menos escuchar cómo se reía y burlaba de él. Pero pasado el tiempo no obtuvo una reacción por su parte, por lo que asustado movió su rostro para poder ver el de ella. Se sorprendió de encontrarla con sus ojos enormes y su boca en forma de una perfecta "o".

—Bella, yo… —Edward no pudo terminar porque la "o" que los labios formaban fueron sustituidos por una gran sonrisa. Bella aún con la enorme y brillante sonrisa en sus labios, llevó su rostro hacia el suyo para besarlo y pegarse más a su cuerpo aunque pareciera imposible. ¡Eso lo explicaba todo! No era que ella no le resultara atractiva. Bella aún sonriente volvió a enterrar su rostro en el cuello de él cuando rompieron el beso.

— ¿No te molesta? —preguntó sorprendido.

—Claro que no, se podría decir que me alegra. ¿Sabes? Yo… Yo tampoco he estado con nadie —habló con voz amortiguada por su cuello y agradeciendo que le sirviera como escudo para que él no viera su sonrojo al decir eso en voz alta.

—Eso ya lo sabía —se escapó de los labios de Edward.

— ¿En serio? — ¡¿Qué acaso era tan obvia que llevaba la letra "V" tatuada en la frente?!

—Bueno, solo fue cosa de hacer algunas conjeturas —trató de componer.

— ¿Sabes? Para ser unos inexpertos no lo hicimos tan mal esta noche en el club —dijo Bella con un fingido tono de orgullo. Edward sin poder evitarlo soltó la carcajada, abrazando con fuerza y cariño a Bella entre sus brazos mientras negaba divertido con su cabeza y dejaba un beso en el tope de la de ella.

— ¿Qué? —preguntó riendo contagiada por su carcajada, pero sin creer que su solo comentario fuera el causante de toda su reacción. Edward aún riendo a carcajadas, negando con su cabeza y sin soltar su agarre, habló:

— ¡Vaya pareja que somos tú y yo!


Antes que nada una DISCULPA si alguien llego a mal interpretar eso de "Como ya sobre pasan los 100 con facilidad" solo recibí un comentario al respecto pero supongo mas de una le debió de haber molestado. Juro que nunca lo hice con la intención de darme aires de superioridad ni mucho menos, se que estoy lejos de ser una gran escritora o algo por el estilo (ni siquiera tengo una historia con mas de 1000 XD) lo que quería evitar era que sintieran que era como de esas ocasione en las la autoras dicen que si no son exactamente el numero de reviews que piden (para aumentar los de la vez pasada) no habrá capítulo hasta entonces. Así que de nuevo perdón .-.

Bueno... pasando a temas mas relajados ¡¿Qué les pareció la primera interacción -consciente- de nuestro D/padawan?! ^^ el capítulo siguiente ya esta prácticamente terminado así que prometo no desaparecerme por mucho tiempo. :)

MUCHAS GRACIAS POR TODO SU APOYO Y TOMARSE EL TIEMPO PARA DEJARME SUS COMENTARIOS. LEO CADA UNO DE ELLOS Y ME DA GUSTO SABER QUE MI HISTORIA LAS PUEDE ALEGRAN POR UN MOMENTO.

¡Nos leemos en el siguiente jóvenes padawans!