La cara de Joanna se descompuso por unos segundos. No podría haberlo hecho… Su hermana nunca haría algo así, al menos la Wendy que conocía.

- Wendy ¿qué has hecho? –se acercó a ella y cogió sus manos preocupada. Puso su mano en su vientre y la miró a los ojos intentando no llorar.

El rostro de Wendy pasó de estar sonriendo a llenarse de lágrimas ¿Cómo había podido ser tan egoísta? Había confiado a sus hijos a una completa extraña, ni siquiera sabía si era verdad o si simplemente era una cambiaformas. Y lo peor era que no tenía manera de volver a contactar con ella a no ser que ella quisiera o que muriera…

- No… no lo sé –rompió a llorar en los brazos de su hermana sin poder evitarlo por más tiempo. Había perdido lo único que le quedaba de Tommy por una estúpida corazonada. Ya nunca podría recuperarlos.

Su hermana no preguntó ni la juzgó simplemente la cogió con cuidado y la subió hasta la habitación. La tumbó en la cama y la arropó.

- Necesitas descansar cielo… Cuando te despiertes verás las cosas desde otra perspectiva. Tengo que salir a comprar –hizo mueca no demasiado segura -¿estarás bien?

No dijo ni una palabra, simplemente asintió con la mirada perdida en el techo. Su hermana le dio un beso en la mejilla y acarició su rostro. Se levantó de su lado no convencida del todo, cogió a Ingrid y salió de la casa para comprar algunas cosas que necesitaba.

En cuanto escucho la puerta Wendy se levantó lentamente, se dirigió al baño y abrió el agua. La dejo correr y caminó hacia la habitación de Joanna. Cogió su daga y la miró durante unos segundos. La daga parecía brillar ahora más que nunca. Ando hacia el cuarto de baño, cerró el agua y se metió en la bañera. Cerró los ojos tratando de no pensar, simplemente actuar.

Esta no era su manera de actuar, ¿qué demonios le estaba pasando? No lo sabía… Ella nunca haría una cosa así pero lo de Tommy, los bebés, la voz de Joanna resonando en su cabeza diciendo que ella la culpable de todo, la muerte de sus sobrinas, su padre vivo en la Tierra por su culpa. Era demasiado… Tenía un límite y ese límite había llegado. Estaba cansada. Joanna llegaría en unos minutos, era ahora o nunca…

Cerró los ojos con fuerza y los abrió de golpe. No, nada había acabado. Ella tenía razón, esa no era quien ella era realmente por esa misma razón debía hacerlo. Debía cambiarlo todo. Volver a casa y arreglar todo el estropicio que había hecho. Empezando por el hecho de recuperar a sus hijos y a Tommy. Miró la daga la de Joanna y luego sus venas. Puso el frio metal sobre su piel y presionó con fuerza hacia abajo. Soltó un leve suspiró al sentir el metal fundirse en su piel. Repitió lo mismo con el otro brazo. Dejó caer la daga al suelo y sus ojos se cerraron lentamente mientras sentía que desaparecía.

Escuchó los gritos y llantos de su hermana en la lejanía, pero ya era tarde. No era está la forma en la que quería que esto acabara pero estaba segura de que Joanna la perdonaría. Que entendería porque lo había hecho… Eso o que nada más volver a casa le daría la charla por haber muerto delante de sus narices.

Abrió los ojos y miró a su alrededor un poco confusa. Suspiró al darse cuenta de que estaba en una barca rodeada de fuego camino al inframundo. Todo le daba vueltas. Cuando la barca paró se levantó con cuidado y buscó a Helda.

Esta la miró un poco sorprendida al verla aparecer, no esperaba que hiciera lo que le había dicho pero al parecer hizo exactamente lo que su padre le dijo que haría.

- Hola, te esperaba… -rodó los ojos e intento aparentar tranquilidad- ¿Por qué has tardado tanto?

Wendy caminó hacia ella con decisión y la miro a los ojos seria y sin ganas de charlar.

- Devuélveme a mis hijos, Helda. ¡Ahora!

Helda la miró e hizo una mueca. Se giró y comenzó a caminar hacia dentro de la cueva. Wendy la siguió un poco molesta.

- No debería…

La bruja se paró en seco. Lo sabía, nunca debió haber hecho eso, nunca debió haber confiado en ella. Todas las palabras, los recuerdos… probablemente eso también era mentira. Antes de que pudiera decir nada ella continuó.

- Pero voy a hacerlo –se acercó a ella y puso una mano en su vientre. Murmuró unos palabras en un idioma desconocido para ella –ya está… no debo dejarte irte Wendy.

La miró de arriba abajo con un poco de desprecio e hizo una mueca, debió haberse dado cuenta de que todo esto era una trampa. Negó y miró el rio que se veía a lo lejos. Tenía que haber alguna manera de salir de allí aunque fuera sin su ayuda. Se giró y la miró de nuevo.

- ¿Por qué no? Me dijiste que me ayudarías a volver a casa –la miró a los ojos y por un segundo pudo ver arrepentimiento en su rostro, incluso miedo pero esos sentimientos se borraron de inmediato ocultados por una máscara.

- Lo sé pero… padre nunca me lo perdonaría.