A/N: Para referencias a mi estilo y a ciertos aspectos del fic, lean 'Littera Minima' y sus secuelas, de la cuál esta colección de Omakes forma parte. En específico, este Omake se ubica DESPUÉS del final de 'Cave Helena!' Por favor, quienes dejan reviews anónimas, dejen un mail de contacto para que pueda responder sus comentarios con más agilidad.
Saint Seiya, la trama y sus personajes pertenecen al Sr. Kurumada y a quienes han pagado por el derecho respectivo. No estoy sacando beneficio económico de este escrito: nada más hago esto para relajarme y entretener a mi imaginación, eso es todo.
ADVERTENCIA.
Del Manual del Villano Para la Malvada Conquista de la Galaxia, Principio 91: No ignoraré al mensajero que se tambalea agotado y evidentemente agitado hasta que mi higiene personal o mi pasatiempo haya acabado. Podría ser realmente importante.
Se pide criterio y discreción por parte de los lectores. Peligro de deshidratación, por lo que se ruega tomar las medidas necesarias. No me hago responsable de castigos, lesiones, o penas capitales derivados de la lectura de este capítulo.
"Colección de los Omakes Perdidos."
(Omakes de los 9 Meses: Milo y Alisa.)
Nuevas Medidas.
Santuario. Playa Mixta.
17:16 pm.
¡Ah, la Playa! Nada como disfrutar de una buena y tranquila playa, en el día libre. El día estaba caluroso, el Sol radiaba energía, no había mucha gente y los aprendices con permiso se mantenían a una buena distancia. Además la vista era estupenda: el Egeo se abría ante él en su inmensidad, vistiendo colores azules y turquesa. Apenas había oleaje. La arena a sus pies no le importunaba y la brisa que corría en esos momentos era por completo agradable.
En pocas palabras, era el día perfecto para tumbarse en el suelo a broncearse. Justamente lo que en esos momentos estaba haciendo Milo, santo dorado de Escorpión.
Helo allí, disfrutando de día libre, echado de espaldas sobre su toalla en la arena, en traje de baño de color verde oscuro, haciendo gala de su envidiable y bien cuidado físico, dejándose mimar por los rayos del sol. Apenas se distinguían algunas cicatrices de batalla, pero estas pasaban desapercibidas bajo el bronceado. Toda una vista para engordar los ojos. ¿A quien le importa la paradisíaca playa si se puede observar este tipo de ejemplar macho del Homo Sapiens?
Mejor me dejo de hilar baba y sigo con el Omake.
Milo se sentía tranquilo y relajado. Era justo lo que le había recomendado el médico. Estaba a medio adormilar cuando sintió algo frío en su torso. Esbozando una sonrisa sexy, abrió un ojo y miró a Alisa, quien estaba echada junto a él, sobre su costado, apoyando su cabeza en una mano, mientras que con la otra dejaba caer bloqueador sobre su pecho.
"Te vas broncear demasiado. No quiero que después te estés quejando por quemadas por sobre exposición solar."
"Hasta que te saliste con la tuya y me echaste esa porquería encima." Milo bufó fingiendo desagrado. Alisa le sonrió, e incorporándose, se sentó sobre sus talones y procedió a estirar la crema en la piel de Milo.
"No es una porquería: esto protegerá tu piel del sol." Explicó Alisa muy traviesa. "Incluso un santo dorado como tú debería preocuparse de su piel." Entonces el rostro de la chica se ensombreció. "Sin mencionar que tengo que marcar territorio."
"¿Marcar territorio? Jajaja, ¿Eso por qué?"
Con cara de haber tragado un ajo, Alisa señaló hacia un costado. Milo se incorporó sobre sus codos y giró la cabeza en aquella dirección, sólo para descubrir a un grupo de amazonas de no más de 18 años, saludándole con entusiasmo. Milo sintió una enorme gota en la cabeza, les hizo una seña con dudoso desgano y se volvió hacia Alisa.
"Alisita, sabes que tengo ojos solo para ti."
"Los ojos son solteros." Rezongó Alisa con el ceño fruncido. Milo acabó por sentarse y le sujetó el mentón a su esposa.
Es que no tenía remedio. El año previo, por estas mismas fechas, no quería ver a Alisa ni de lejos, pero ahora no podía dejar de verla y siempre necesitaba sentirla cerca. No sabía en qué momento había ocurrido tan abrupto y feroz cambio en su corazón, pero no tenía intenciones de cambiarlo. Ella era su chica, su esposa, su amante. Milo estaba en ese sentido atrapado por ella: enamorado hasta el tuétano, sin querer dejar de estarlo, con sus instintos de casanova dedicados por entero a Alisa, hacia todas sus virtudes y defectos. La adoraba con todo eso. ¡Tan diferente de las chicas que una vez persiguió! Tan sencillamente bella… tan enojona y dulce.
"¡Me encanta cuando te pones celosa!" Le dijo mientras pasaba sus dedos desde su barbilla hasta su mejilla.
"No estoy celosa, Milito. Racionalmente no al menos." Alisa le sonrió coqueta. "Pero no puedo decir lo mismo de mis hormonas: ellas son las del problema."
"Entonces tendré que aplacarlas." Dicho esto, Milo la besó en los labios. "¿Crees que sea suficiente?"
"Hmm… lo pensaré." Alisa en ese momento se puso de pie y estiró los brazos. "Estaré en el agua por si me buscas." Le dijo tras guiñarle el ojo.
El santo de escorpión abrió un poco más los ojos y se puso de pie, apresurándose a detenerla con un sencillo gesto. Ese anuncio le había preocupado de súbito.
"¿Vas al agua? Alisa, ¿Estarás en el agua?" Le preguntó con ojos grandes y una inflexión de voz singular, propia de quien quiere disimular su preocupación. "¿Es realmente necesario?"
"Hace calor y me estoy cocinando. Sí, es necesario." Rezongó Alisa, suspirando resignada. Mil tragó saliva. "
"Ten mucho cuidado y no te vayas muy adentro. No quiero que te pase nada." Le pidió preocupado, acariciándole la mejilla. "Recuerda que debes cuidarte." Alisa le miró con inocencia.
"Milo, un poco de agua no me va a matar: además tengo calor." Le dijo tras sonreírle. Entonces la chica se agachó junto a su toalla, tomó su bolso y extrajo una coleta para amarrar su cabello y con tranquilidad, se dirigió al agua.
Preocupado, Milo la observó unos instantes, muy pensativo. Verla alejarse le dio un sentimiento de ansiedad. ¡Se iba a meter al agua! No había nada de malo en eso, pero ¿y si algo le pasaba? Quizás ya se estaba poniendo paranoico. Tragó saliva: era verdad, Alisa tenía razón, un poco de agua no iba a matarla ni a ella ni al bebé, pero… suspiró. Tenía que fortalecer el carácter: Alisa apenas iba por el primer trimestre de embarazo y aún le quedaba mucho que recorrer. Ponerse nervioso ahora le destruiría el temple.
… Todavía era demasiado pronto. Alisa aún no mostraba signos evidentes que estaba esperando un bebé. Bueno… él estaba convencido de que su esposa ya tenía una incipiente pancita, pero todo el mundo le decía que eran ideas suyas, motivadas por el entusiasmo, dado que Alisa aún no engordaba. Quizás le faltaban vitaminas o proteínas y por eso aún no se inflaba. ¿Y si mejor la alimentaba mejor? Ya: esa noche la llevaría a comer helados. Su chica tenía antojos por helados, ¡Era una buena idea! No… ¿Acaso una ensalada era más conveniente? Menos. Milo sacudió la cabeza. Mejor la llevaba a comer un buen pedazo de carne para…
"¿Le viste las piernas?"
"¡Las mejores que he visto en años!"
"¡Milo es un suertudo!"
"Oigan ustedes dos: es mujer ajena. Más respeto."
Peor que antena parabólica. Los oídos de Milo captaron esta conversación por accidente. Y de no ser por ella, jamás se habría dado cuenta que sus pies, como guiados por voluntad ajena, habían comenzado a seguir a Alisa al agua. El santo de escorpión se detuvo por inercia y comenzó a buscar la fuente de estos comentarios.
"Parece que está más caderona."
"Son ideas tuyas, no le han crecido aún as caderas. Alisa está como quiere: lo que sí, la veo más prominente de busto."
"No hablen así de ella, ¿Qué acaso no pueden mostrar un poco de respeto? Va a ser mamá." Reclamó una tercera e indignada voz.
¿Caderona? Un momento. ¿Prominente de busto? Alisa no estaba caderona: tenía medidas perfectas, al menos a su juicio. Milo, como buscando las evidentes pruebas que desmentirían tal juicio, volvió sus ojos hacia su esposa, que aún caminaba en dirección al agua.
Sí, tenía piernas muy bonitas. Siempre las había tenido: eran como columnas griegas. Incluso desde el primer día en que la vio tuvo que admitir que Alisa tenía piernas de lujo. No solo él había notado tal atributo físico, sino también los demás santos. De hecho, ese había sido uno de los tantos comentarios obligados que se suscitaron justo después de la boda sorpresa, cuando Alisa comenzó a vivir en la Casa de Escorpión. Ni siquiera era un misterio para Milo que los primeros días, más de un dorado se quedaba por completo alelado mientras la veía subir las escaleras zodiacales, y no pocos salían a propósito para verle las piernas, cuando la sentían pasar.
"Más les vale que hayan terminado con esas mañas, que si no…" Gruñó entre dientes el escorpión. Entonces dio un paso más, pero…
"¡Tanta curva y yo sin frenos!"
"Ya no hay chicas así. No será la gran cosa, porque hay que decirlo, hay mujeres más lindas que Alisa, pero vaya que tiene sex appeal."
"Hmpf. Ya dejen eso y a trabajar."
El bichito verde de los celos comenzó a masticar la base del cuello de Milo con fiereza. No solo eso, sino además su instinto de macho comenzó a patearle el hígado. ¿Quién era el ciego, tarado y otros apelativos, que decía que Alisa NO ERA bonita? Era La Mujer Más Linda De Todas. Ni siquiera aquellas acrílicas y casi plásticas mujeres con las que salía antes podían comparársele. No, señor. La belleza de Alisa era sencilla, pero al mismo tiempo exótica. Es que sabía sacarse partido, sin matar la simpleza que la caracterizaba. Eso desarmaba al Escorpión. ¿Cómo se atrevían a decir que Alisa no era…?
¡Un momento! Milo abrió los ojos como platos. ¡Alisa Sí Estaba Más Caderona! Era algo bien sutil, imperceptible incluso, pero sí, esos comentarios tenían razón, estaba más caderona. ¡Él Era El Experto Y Sus Ojos No Lo Engañaban! El escorpión se llevó las manos a las caderas, asumiendo una pose pensativa que para colmo de males hacía gala de su firme y armónico físico, que me hace pensar en llevarle un poco de sombra, pues si sigue al sol, este bombón se derrite…
…
No volveré a escribir sobre Milo en la playa y en traje de baño. Me distraigo fácil.
En fin. El asunto es que el escorpión se quedó mirando hacia su esposa, que ya chapoteaba tranquilamente en el agua. La observó pensativo, analizando la evidencia que tenía ante sus ojos. Sí, no solo estaba más caderona, sino que además estaba algo más… ¿Cómo decirlo sin que suene feo, más… generosa en sus medidas superiores.
Su rostro fue adornado por una expresión placentera, casi lasciva. Tal descubrimiento lo complació enormemente. Darse cuenta que Alisa había cambiado sutilmente sus medidas le había dado ideas raras y de pronto se sentía impaciente por ponerlas en práctica. Por poco se pone a ronronear de gusto, pero como Milo es un ser humano y no un gato, no pudo darse ese lujo (aunque feliz lo hubiera hecho). La mirada del cazador que perseguía chicas, del casanova más cotizado del mercado, pero 'retirado permanentemente' de la vida de picaflor, regresó a su rostro, y tenía un solo objetivo: Alisa.
"Lástima que no la conocí antes. ¡Qué no daría por haberla…!"
"¿Quieren dejar de pensar así? Les irá mal si siguen hablando así de Alisa." Tal comentario fue interrumpido con presteza.
Le dio un tic en un ojo.
Milo entonces recordó el motivo por el cuál se había fijado en las nuevas medidas de Alisa. ¡Ay, como se puso! Fue como si una negra nube de tormenta se posara sobre su cabeza. Sus ojos seguían siendo los de un depredador, pero como que ahora estaban orientados a otros fines más relacionados con repartir golpes que con otra cosa. Apretó los puños con fuerza. Su cosmo amenazó con encenderse molesto. ¡¿QUIÉN Era El IMBÉCIL Que Estaba Pensando ASÍ De SU (mucho muy importante) Esposa!
"¿Qué te pasa Mu? ¡Vamos: Reconoce que Alisa es un dulce a los ojos." Gruñó Máscara de la Muerte, quien era uno de los integrantes de aquellos comentarios que de pronto habían captado la atención de Milo.
"¡Bah! Milo no tiene porqué saber nada. ¿O nos acusarás?" Rezongó Shura, llevándose los brazos detrás de la cabeza. "¡Serás Amargo! Ni siquiera es tu problema."
"No le diré nada a Milo." Protestó Mu, cruzándose de brazos. "Solo digo que deberían tener más respeto por Alisa, que va a ser mamá… y por Milo que no está muy contento que digamos."
"¿A qué te refieres?" Preguntó Máscara molesto.
Mu, quien junto con Máscara y Shura realizaban las rondas de Santuario, observó con cara de pared a sus compañeros y retrocedió un paso… que bastó para que el cangrejo y la cabra vieran al suficientemente enfurecido escorpión, cuyo cosmo ya ardía de furia.
"¿Por qué no le preguntan para ver qué opina?" Les preguntó Mu con sarcasmo.
Al ver la venota que pulsaba en la frente de Milo sin control alguno, Máscara y Shura se quedaron de una pieza, deseando no haber hablado en forma tan descuidada de Alisa. Es que pocas veces habían visto al dorado así y sabían que no podían esperar nada bueno. Ambos santos retrocedieron un paso.
"¡Hola Milo! No Sabíamos Que Estabas Aquí. ¡Lindo Día! ¿No Lo Crees?" Le saludó Shura con una gota en la cabeza.
"¡Milo, Compadre!" Exclamó Máscara. "¿Desde Qué Parte Escuchaste?" Preguntó solo para estar seguro a qué atenerse. Milo por fin encendió de lleno su cosmo y se dejó llevar por aquél lado animal de su persona, dominado por la adrenalina y testosterona.
"¿CÓMO SE ATREVE EL PAR DE SACAVUELTAS A MIRAR…?"
PÁRRAFO Y DIÁLOGOS CENSURADOS POR SU ALTO CONTENIDO DE VIOLENCIA FÍSICA Y VERBAL, NO APTO PARA GENTE IMPRESIONABLE. POR SU COMPRENSIÓN, MUCHAS GRACIAS.
Milo estiró los brazos y respiró aliviado. Le dio la espalda a lo que quedó de Máscara y Shura y encaró a Mu. El santo de Aries, que observaba estupefacto a sus compañeros caídos, tragó saliva cuando Milo le dirigió la palabra.
"Gracias Mu por no decir nada." Le dijo más tranquilo. "Aunque no me olvido del anterior asunto pendiente que tenemos." Milo respiró profundo. Mu sintió una enorme gotota en la cabeza. "Me siento más relajado: Ahí te ves."
"No es nada Milo, disfruta tu día libre." Mu vio como Milo le daba la espalda y le hacía una seña, a medida que se dirigía al agua en busca de Alisa. Pronto estuvo con ella retozando en el mar: esos dos si que eran una pareja feliz.
El santo de Aries suspiró de alivio y le echó un vistazo a Máscara y a Shura. Los pobres estaban más golpeados que pera de box de tercera mano, por lo que se dispuso a ayudarles. Al menos estaban concientes y arrepintiéndose de cada palabra que habían dicho. Mu puso una expresión condolida en su rostro y volvió a mirar hacia el mar en dirección de la, hasta ese momento, única pareja casada entre los dorados. Una gota volvió a deslizarse por su cabeza.
"Menos mal que me di cuenta que venía, que si llego a unirme a la conversación… Milo me mata." Pensó Mu condolido, antes de agacharse junto al más cercano de sus compañeros caídos. "¡Mugre Shaka! Todo es culpa suya." Añadió siempre para sus adentros.
Nope. Parecen, pero no son tan santitos como se ve.
Fin del Omake.
Por
Manquehuito (Misao–CG)
PS: ¿Recuerdan aquél capítulo de Littera Minima en que Alisa le hace una pregunta a Shaka que se niega a responder? Bueno, debido a la naturaleza de esa pregunta, el santo de Virgo deriva a Alisa con Mu para hacerle la misma pregunta, quien sí se la responde, pero cuando el santo de Aries llega a Virgo a protestar por la 'interconsulta,' Milo les descubre y de no ser por la llegada de Alisa, creo que Kiki estaría usando ahora la armadura de Aries. Es a ese asunto pendiente al que refiere Milo en este Omake. Por otro lado, las medidas de una mujer embarazada cambian, como es evidente: lo que Milo y los dorados están notando, son los primeros y sutiles avistamientos del estado de Alisa. Recuerden que está en su primer trimestre. De nuevo con mi mala manía de no pedir por una lectora de pruebas, y una vez más, el omake está recién salido del horno. Faltas de ortografía, de gramática y redacción no son intencionales y si descubren alguna, por favor, sean buena leche y avísenme para poder corregirla, lo mismo si tienen quejas o críticas respecto de la historia, para poder ver como lo soluciono (en tanto sean educadas y civilizadas) ¡GRACIAS POR HABER LEÍDO EL OMAKE!
