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No todos los Tesoros son Oro y Joyas

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Capítulo 8

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Soyo había sido llamada con urgencia a la habitación del capitán. Abuto se veía sumamente preocupado por la salud de su compañero y jefe. El chico, postrado en la cama, inconsciente estaba tan pálido como los vestidos de seda que le regalaron para la futura boda. Se veía tan indefenso. Su cabello, pegado a su rostro empapado con las gotas de sudor, resaltaba más su color rojizo, parecía sangre. Su respiración profunda y desesperada liberaba grandes bocanadas de aire cálido y frio al mismo tiempo. Su cuerpo se veía congelado de frio, pero la temperatura de la fiebre cambiaba las cosas. La chica rápidamente se acercó a la cama, acompañada de Nobu quien no la dejaba sola ni por un momento. El chico no confiaba tanto en ellos. Se arrodillo en el suelo para destapar la herida, sangre coagulada y aun sin cicatrizar, se veían rastros de pus que debería de purificar con algún tipo de medicamento. Sin mediar muchas palabras pidió a Abuto el libro medicinal. Buscando entre las páginas, con sus manos nerviosas y temblorosas trataba de dar con lo que ella deseaba. Y es que, no la mal entiendan, la chica no estaba interesada en el pelirrojo para nada, solo le preocupaba su salud. Además sentía una gran responsabilidad al tener en sus manos un ser humano, sea este pirata o no. después de todo la chica no era médico y no estaba muy cómoda teniendo que salvar a un moribundo, ¿y si moría? ¿Y si ella veía como la vida de ese pirata se esfumaba de su cuerpo? Esa sensación de culpa la seguiría para toda la vida, y ella no estaba para soportar eso. Soyo no solo se veía frágil, era frágil con temas de este tipo, ser criada dentro de un castillo con todos los lujos, lejos de la cruel realidad la habían hecho vivir en un mundo de felicidad constante. La muerte de sus familiares era algo que no tenía nada que ver con esa forma de vida, pero ella misma no los había visto partir y no había visto nunca sus heridas de batalla, esto era mas que nuevo.

― ¡aquí esta!―la chica encontró por suerte una planta medicinal, con propiedades curativas para las infecciones. La chica cerró el libro y buscando con la mirada a Abuto pidió que la buscaran―Equinácea, necesito la raíz de Equinácea― Abuto acato la orden y rápidamente salió de la habitación.

Afuera el movimiento del vaivén seguía tan fuerte como durante toda la noche. La tormenta no parecía querer detenerse al igual que la embarcación.

A los minutos llego Abuto con la canasta llena de Equinácea y alguna que otro planta. No había querido volver a preguntar la cantidad necesaria que la chica requería para curarlo así que decidió llevar toda la canasta.

― ¿esto será suficiente?―pregunto a la chica. Soyo asintió viendo las raices.

Zura, quien había estado momentos antes en la habitación del capitán traía junto a él un bollo de pan junto a un cuenco con leche. Abuto lo miro extraño y no se quedó con la duda.

―la señorita lo pidió, no me preguntes porque―ambos la miraron con gran extrañes. Soyo no dio explicación, Kamui seguía quejándose entre sueños producto del dolor.

La chica tomo un pedazo de pan y lo unto con leche, cargándolo bastante para luego depositarlo sobre la herida. Presiono bastante la zona, provocando una queja mayor al chico. Abuto y Katsura sintieron asco y preocupación. No era fácil provocar que el orgulloso Kamui se quejara de alguna herida. Sintieron asco cuando la chica, luego de unos momentos, saco el pan empapado de leche junto al pus.

―ya está bastante limpio―dijo segura. La herida se veía libre de esa asquerosidad. Con sumo cuidado, la chica comenzó a triturar las raíces de Equinácea. Ayudándose de una cuchara de madera tiro ese polvo sobre la herida cubriéndola en su totalidad, tomando una mayor cantidad de tela que la que había estado usando cubrió toda su cintura para poder sujetad bien las raíces contra su piel.

Con la ayuda de algunos paños fríos y vigilándolo cada tanto, su temperatura volvió a la normalidad y el jadeo preocupante del capitán comenzó a sesar.

―eres una gran amiga pirata―zura la había abrazado completamente sorprendido. Abuto también se sentía bastante relajado, estaba en deuda con la chica.

Soyo rio nerviosa aceptando el abrazo.

― ¿cómo lo hiciste?―pregunto esta vez Abuto. Soyo comenzó a reír nerviosa, no era una especialista en esos temas, pero…

―cuando era niña mi hermano y yo nos caímos jugando en el castillo―comenzó a explicar la princesa algo melancólica―mi hermano era muy rápido y más fuerte que yo, aun así quería ganarle. Supongo que fui algo torpe, ya que me caí―rio nerviosa con añoranza en sus ojos―en la noche, culpa de mi descuido, no me lave la herida y al cabo de una semana se me infecto. Mi hermano estaba preocupado, él no sabía que me había hecho daño ese día.―se apeno al recordar ese leve reto que sufrió― así que me llevo a curar. Yo no tengo recuerdo de mi madre, pero el sí. Dice que era muy buena curando heridas y que ella le había enseñado una manera de limpiar infecciones―

―te refieres a esa asquerosidad del pan con leche?―Soyo rio apenada. A ella también le había dado asco la primera vez que vio cómo su hermana la curaba.

―bueno―esta vez hablo Abuto―lo importante es que el capitán esta bien. Te lo agradezco, princesa―

Soyo le sonrió aceptando las palabras del mayor. Sin poder seguir un momento más, uno de los tripulantes piratas bajo las escaleras junto a un candelabro.

―Abuto!―lo llamo desde la entrada―perdimos el rumbo y una de las velas se ha caído. El pobre hombre suspiro cansado.

―mientras la vela mayor no caiga, las cosas no serán tan malas―dijo partiendo de la habitación acompañado por zura―ha!―se detuvo en la puerta recordando algo importante―le molestaría cuidarlo mientras no estamos―Soyo se sorprendió por ello―confió en usted―dijo rápido antes que la chica pueda arrepentirse.

La puerta se cerró tras de ellos dejándolos en un espacio bastante seco y poco iluminado, el único candil de la embarcación estaba allí alumbrando con fuerza la habitación, no dejándolos entrar en la absoluta oscuridad.

Soyo miraba cada tanto el estado del chico mientras Nobu se mantenía estoico parado a los pies de la cama de madera donde descansaba el cuerpo del enfermo. Consumidos por el silencio, el tiempo siguió avanzando. Los sonidos leves de las tablas crujiendo mientras las olas voraces del océano los movían de un lado a otro, Soyo se veía soportando bastante bien el movimiento del barco. La primera vez sobre el barco ella había vomitado incesantemente, si la tripulación los seguía verían el rastro de vomito sobre las aguas.

La chica se vio en ese momento bastante sorprendida. No estaba esperando ser rescatada, ni esperaba que Sougo, su prometido la salve. Lo único en su mente era que Nobu y Jiiya salgan de allí junto a ella, pero jamás pensó en volver al castillo. La chica se dio cuenta que no deseaba volver, desearlo acarreaba las implicancias de un matrimonio que se consumaría sin amor, ni sentimiento, además, claro de los miles de momentos que debería estar al lado de su rey sonriendo sin sentirlo, de sentirse una figurita, un premio, un adorno más del castillo. Días antes de zarpar al océano había deseado sin ningún miramiento la idea de tirarse a las aguas y escapar de su destino. Y es que la chica se había enamorado de Okita Sougo. Pero ella, mejor que nadie, sabía que el rey no sentía nada por ella. Durante años lo vio pasearse con diferentes mujeres sin sentir mayor importancia por ninguna. Cuando sus ojos se veían por algún motivo, no veía en ellos más que el cariño fraternal que generaba el ser familiares. El chico se veía tan vacío que dolía. Y ella sabía que no iba a conseguir nada con él, ya estaba resignada.

Nobu, por su parte, la vio dudar, divagar se había vuelto su nuevo pasatiempo y solía verla envuelta en pensamientos y momentos lejanos en el tiempo.

―mi señora―la llamo tomando toda su atención. El chico, desarmado, tomo el cuchillo que habían dejado en la canasta de las plantas con la que Soyo, momentos previos, había triturado las raíces de la Equinácea. ―es nuestro momento para escapar―dijo mirando fijamente el cuerpo adolorido del joven pelirrojo.

Soyo se sorprendió con la certeza que lo decía. Vio a través de sus ojos sus intenciones.

―que quieres decir, Nobu?―pregunto preocupada. Sus divagaciones y sus miedos no la dejaban aun partir nuevamente al castillo, aun si sabía que tenía un deber que cumplir, después de todo ella era la prometida del rey.

―si lo matamos, podremos escapar―el chico apunto con deseos de desgarrar el cuello del pirata. Soyo rápidamente se levantó para detenerlo, le preocupaba que Abuto o algún otro pirata baje y vea tremendo espectáculo dentro del cubículo.

―detente Nobu, no podemos. Esta herido―trato de argumentar la azabache.

―mi señora, debemos buscar la manera de escapar. Falta mucho para el equinoccio, no puedo soportar otro día entre estos piratas, su salud y la de él señor Jiiya me preocupan―Soyo comprendió las causas, pero aún no se sentía segura.

A sus espaldas, la princesa escucho una risa divertida. Kamui quien se veía bastante bien los miro mofándose de la situación. A pesar que aun sentía dolor y que su rostro no mostraba una mayor mejoría, el chico se levantó sentándose en la cama.

―disculpen, sigan con su juego absurdo, no quise distraerlos―rio divertido. Nobu tomo con más decisión el cuchillo dando dos pasos hacia el pelirrojo, pero Soyo volvía a detenerlo― ¿realmente piensas, marioneta del rey, que escaparan sin mayores problemas apuñalándome? Aunque lo primero que deberías de pensar es en que si puedes matarme―volvió a reír.

―en las condiciones en las que estas, cualquiera podría matarte―aseguro Nobu tirando para sí a la princesa.

―puede que tengas razón. Pero en el caso hipotético de que me mataras…―hizo una pausa para mostrar sus dientes como si fuera un depredador―crees que podrás escapar de toda la tripulación, sin contar, claro, que estamos en medio del océano, muy lejos de tierra.―Nobu no había meditado esos puntos, el solo estaba desesperado por salvar a quienes tenía bajo su cuidado y que torpemente dejo que los capturaran.

―me arriesgare si ese es el único camino―Soyo lo detuvo viendo que iba a seguir con su accionar a pesar de la coherencia con la que le hablaba el pelirrojo.

―detente Nobu, está bien…―Soyo se vio sorprendida al ser impulsada hacia atrás. Kamui la había tomado de la muñeca para arrastrarla hacia él, sentándola en la orilla de la cama. Nobu se acercó para liberarla.

Nobu quiso acercarse para liberar a su princesa pero al escuchar la puerta abrirse, Kamui hizo un gesto con su cabeza para que dejara el cuchillo en su lugar. De manera sutil lo volvió a la canasta y vio como Abuto y dos piratas más descendían a la habitación completamente empapados.

―¡ha!―comenzaba a quejarse Abuto―la tormenta no se detendrá para nada, aún queda más de un día si es que no vuelve a desviarse de su ruta―Abuto había estado junto al resto de piratas tratando de maniobrar y sortear las olas. Hace rato que no sabía nada de la salud de su capitán por lo que dejo todo en manos de zura hasta que el volviese.

―espero que mi barco este bien y que tus decisiones sean las correctas―dijo con su típica sonrisa llamando la atención de los tres piratas que recién entraban. Aun mojados se acercaron a ver a su capitán con bastante alegría. Lo veían bien, principalmente vivo. No parecían notar la tensión que aún quedaba en el ambiente.

― ¡muchas gracias princesa, sus manos lo salvaron!―dijo uno sonriéndole. Kamui lo miro con desconcertado volviendo su vista a Abuto quien solo respondio…

―usted la llamo antes de desmayarse―Kamui recordó vagamente en la posibilidad remota de solicitar sus cuidados antes de caer desmayado producto de la infección. Eso seguramente causo que, de manera inconsciente, la llamara.

Kamui callo un comentario, la miro tratando de dejar su orgullo para agradecerle aunque sea una vez, pero no pudo hacerlo. Abuto se despidió luego de un movimiento brusco de la nave, ¿pero que estaban haciendo esos idiotas? Preocupado por el destino de la nave, los tres se dirigieron a la salida.

―Abuto, llévate a este sujeto. Con la princesa me basta―Nobu frunció el ceño alarmándose. Dejarla no era una opción. Soyo lo vio tensarse en su posición cuando Abuto lo llamo. La chica trato de relajarlo para que este tranquilo y fuera sin mayores problemas.

―te matare si le haces algo―le susurro antes de partir, al pelirrojo. Este sonrió como si fuera un niño y jamás hubiera roto un plato.

―que chico más posesivo―murmuro en su lugar.

Apenas cerraron la puerta la chica de cabellera azabache decidió increpar al pirata para saber qué es lo que esperaba de ella y que ganaba con molestar a su sirviente, pero una vez se dio vuelta vio su cara crispada por el dolor. El chico al verla observándolo trato de mantener la compostura nuevamente sin mucho éxito. ¿Acaso estaba intentando ocultar su agonía?

― ¡te duele!―grito afirmando sus palabras.

―cállate, no grites―su rostro se volvió serio―solo tengo que descansar y estaré bien―un movimiento nuevamente brusco del barco lo llevo a maldecir― ¿qué mierda están haciendo esos idiotas?―el chico quiso levantarse de su cama pero Soyo lo detuvo― ¿que…?―

― ¡tú cállate!―le grito la chica. Kamui la miro sorprendido―si yo te curare, tú debes obedecerme, ¿entendiste?―Soyo se había puesto seria.

― ¿y quién te crees que eres, princesa?, ¡acá tu estatus no te sirve!―

―no me sirve, pero te estoy ayudando a curar, ¡así que obedecerás!―Soyo tomo otra planta entre sus manos, era de color violeta, parecía lavanda, aunque se notaba bastante que no lo era―si no lo haces, te hare dormir, ¿entendiste?―lo amenazo.

Kamui la miro a ella y a esa planta en sus manos, era un poderoso calmante que Abuto solía poner en su bebida para dormirlo cuando el chico pasaba largos días y noches sin poder conciliar el sueño. Claro que todo eso lo hacía a espaldas de él, hasta que lo descubrió. El sujeto obtuvo un castigo bastante merecido, pero ahora, en estas condiciones no podía hacer mucho contra la chica y esas plantas.

El pelirrojo termino aceptando entre quejas y maldiciones.

Mientras tanto en los muros del castillo Sougo estaba despierto temprano en la mañana, con sus ropas habituales, aunque sin portar la enorme y pesada capa y su ostentosa corona, ese día no los necesitaba.

Tsukuyo había ido a buscar a Kagura para poder comenzar con sus planes de ´´educarla´´, había tardado casi treinta minutos para verla descender la escalinata. La chica iba con un vestuario bastante simple y cómodo, alejado de las enaguas que le hacían imposible sentarse. Llevaba una bata en Pekín de seda, bastante cómoda y de colores muy familiares para ella, la gama de rojos le traía algún que otro recuerdo de su tierna infancia, aunque, claro, en aquel entonces sus ropas estaban llenas de barro y polvo, y cuando no tenía mucha suerte se ensuciaba de sangre seca, pero eso ya era otra historia.

― ¿se puede saber porque tardaste tanto, mono chino?―le pregunto al final de la escalera. La chica lo miro con gran furia en sus ojos.

―mis disculpas mi señor, tratamos de apurarnos lo más que pudimos―se excusó Tsukuyo. La chica no iba a decir que despertarla fue la tarea más ardua que tuvo en su vida.

―no te preocupes, se de quien es la culpa―la miro con burla. Kagura quiso insultarlo, pero Tsuki la miro deteniendo su accionar. La noche anterior habían tenido una charla en la que la chica marcaba todos sus errores y lo mal que hacia al comportarse de esa manera.

pero quiero sentirme superior a el―había dicho Kagura la noche anterior.

mi señora, para alguien de la elite lo más efectivo es romper su ego―dijo tranquila mientras acomodaba su cabello antes de que partiera a su cama―hablar con educación, segura y decidida, la hará obtener el respeto de su majestad y el de cualquier hombre o mujer―le explico con la calma y paciencia que podría tener una madre.

¿en serio?―pregunto asombrada la pelirroja una ver su pelo estaba perfectamente recogido.

claro, las palabras llevan un gran impacto. Usted conseguiría respeto de él, necesita comportarse y lo conseguirá―

Aunque le importaba una mierda si el chico le tenia respeto o no, si quería sentirse mejor superior a él. Humillarlo como jamás nadie lo hubiera hecho, y si las palabras y un comportamiento estoico ayudaban, bienvenido sea.

Tsukuyo partió junto a Gintoki e Hijikata, ella acompañaría en las prácticas del permanentado. ¿La causa? Sougo vio interés en el albino por su mucama, y no es que el sujeto fuese piadoso y este ayudando a que se juntaran, no claro que no. pero la imagen de un pirata con permanente desconcentrándose por la rubia, mientras Hijikata gritaba alterado por su inutilidad le provocaban disfrute, tal vez la pelirroja tenía razón, él era un auténtico sádico.

― ¿estas preparada?―Kagura levanto la mirada para verlo. Sougo media cabeza más que ella. Otra cosa que odiaba de él, la diferencia de estatura le molestaba, Kagura comenzaba a sentir que todo de su ser le molestaba.―hoy es tu primer día en el infierno―su sonrisa amplia y llena de sadismo la preocupo y alarmo.

― ¿cómo qué primer día? ¡Solo es por hoy!―

―no―negó el chico con suma diversión, realmente estaba disfrutando aquello―gane más de una vez, merezco varios días―le recordó.―además, soy el rey―tomo su mandíbula para acercarla a su rostro― ¡todo lo que diga se obedece sin la menor queja, china!―

Kagura se liberó de su agarre, sus intentos de no insultarlo estaban perdiendo fuerza. Gritarle y golpearlo se volvía algo más efectivo en esos momentos.

Sin que pudiera tomar una decisión de que le haría al idiota rey este la sujeto de la muñeca y la arrastro al gran comedor para comenzar con el banquete. Kagura vio la mesa llena de delicias espantando toda la furia que la estaba consumiendo por dentro.

―siéntate― Okita Sougo le sonrió con dulzura mientras la ayudaba a tomar asiento. Los cocineros y sirvientes veían ese acto con sumo asombro, ¿qué tipo de rey hacia tal gesto de humanidad? Es decir, se vería natural en cualquier persona que no tenga una posición tan elevada como su majestad.

Kagura no dudo en sentarse. La comida estaba servida y decidió tomar una pieza de pavo y dejarla en su plato con los grandes deseos de devorarla en segundos y continuar con el resto. Estaba tan embelesada por la comida que no se preocupó en ver que Okita no había tomado asiento en la mesa, si no que estaba aún parado detrás de ella. Al momento de querer probar la comida, tomo la presa con la mano, pero de un movimiento fluido el chico la detuvo clavándole un tenedor en la mano.

― ¿qué mierda te sucede, hijo de la…?―Sougo tapo su boca evitando que siguiera insultando, la manera de hablar de la chica era propia de los borrachos que se juntaban en bares de beber y buscar buena compañía.

―la educación ante todo, china―le dijo tranquilo. Ella lo miro con molestia.―la comida no se degusta de esa forma.―

La chica lo ignoro y volvió a agarrar otra presa de pavo con las manos, pero el rey fue nuevamente rápido sacando esta vez la presa de sus manos.

― ¡maldición! ¡Déjame comer!―le grito enfurecida. Sougo rio ante su berrinche.

― ¡si quieres comer debes hacerlo con los modales adecuados, niña!― dijo disfrutando del momento.

―no soy una niña y si tengo modales―respondió segura.

Sougo observo el panorama buscando esos supuestos modales.

― ¿cuáles?― pregunto finalmente

―hoy me puse la servilleta― el chico no sabía si ella se estaba burlando o era estúpida. La servilleta que le mostraba estaba puesta de muy mala manera, ni siquiera estaba acomodada como debería ser, sin contar que no usaba una sobre la falda.

La tarde continuo con ella intentando comer a gusto pero siendo detenida por Okita Sougo torturándola y disfrutando, de paso. La chica sufría por no poder probar siquiera esas delicias que se mostraban delante de ella. La hora del almuerzo acabo y los platos comenzaron a desfilar rumbo a la cocina. Kagura los veía partir con deseo y tristeza. Esta era la peor tortura que podría sufrir.

Sin esperar más, la arrastro hasta el salón de prácticas.

―entrenaremos? No puedo pelear con el estómago vacío―se quejó mientras descansaba en el piso frio del salón, recostada en forma de ovillo.

―no, no haremos eso. Practicaras postura―

―he?―casi grito.

―toma!―estiro los libros hacia ella―veremos que tan derecha caminas―

Una, dos, tres, cien veces se derrumbaron de su cabeza. ¿Por qué estaba haciendo esos malabares? ¿Acaso iría al circo? ¿La vendería por algunas monedas a los espectáculos de carpa? Aterrada dejo sus intentos para increparlo.

― ¿porque estoy haciendo esto?―se quejo.

Sougo volvió a mirarla. Estaba bastante estresado, la chica lo divertía, sí, pero en muchas ocasiones lo ponía de mal humor. Su incapacidad para razonar era basta, el ´´ ¿Por qué?´´ de ella, lo estaba colmando.

―porque soy el rey y tengo ganas―dijo secamente. A la pelirroja no le agrado en lo absoluto esa respuesta.

― ¡si no me das una mejor explicación no me moveré!―se cruzó de brazos harta de ese show.

El de ojos carmín se acercó a ella mostrando la diferencia no solo de posición, si no de estatura. Marcando quien era el que dictaba las ordenes y quien las obedecía. Kagura se sintió pequeña, más insignificante que él, pero aun así no se iba a ir de menos con ese sujeto, aun si era el rey del castillo.

―sigue con la práctica―le ordeno serio―ahora!―

Kagura se agacho a tomar los cuatro, pesados libros mientras, Sougo suspiraba y volvía a su lugar para observarla mejor. Aunque darle la espalda fue la peor idea que pudo tomar. En cuanto quiso ver hacia el frente recibió un fuerte golpe en su rostro. No era un puño, era un libro. Con el fuerte impacto del pesado libro antiguo que tenía la biblioteca del reino, Sougo pudo ver unas hebras pelirrojas suspendidas por el ventanal abierto de la habitación. El rey se preocupó al darse cuenta de lo que sucedía…

La sala de entrenamiento estaba en un tercer piso, una caída desde allí podría provocarle la muerte a quien sea o, con mayor suerte, una lesión grave. Sin pensarlo se acercó al ventanal para ver como la chica con gran destreza saltaba a un abeto cercano y con suma agilidad descendía atravesó de sus ramas hasta llegar al piso. Seguido de un suspiro pudo sentir como se su cuerpo se destensaba, sentía un alivio, que él consideraba, innecesario. Pero como hacer que tu cuerpo obedezca en esas situaciones a la razón.

Kagura le sonrió desde el patio, con burla echándose a correr por los alrededores. Okita Sougo maldijo bajando rápidamente por las escaleras caminando con rapidez por los pasillos, buscando la salida más próxima.

En medio de su corrida, se topo con kondo que llegaba tan risueño como siempre.

― ¡hola, Sougo! Perdón por llegar tarde pero…―su majestad paso rápido por su lado sin prestarle atención alguna. No era para nada común encontrarlo tan apresurado. Sougo solía mantenerse muy calmado y tranquilo a todo momento― ¿Sougo?―

Saliendo ya al jardín busco por todos los lugares a la mocosa. El jardín era amplio, cubierto de flores y macetas. Siempre estuvo muy bien cuidado. Dentro de esos muros, ese bello jardín parecía ser sacado de un cuento de hadas. Okita maldijo al no encontrarla, sentía que se estaba escondiendo de él. La risa divertida de una mujer llamo su atención, entre las ramas de un sauce se encontraba, bien sujeta, la pelirroja. El sauce cubría casi todo su cuerpo, lástima que la chica no pudo mantenerse en silencio.

―bájate, china molesta―la chica frunció el ceño al notar que había sido descubierta.

― ¡no! ¡Tú quieres venderme a un circo!―le espeto dejando a Sougo sin comprender lo que ella decia.

― ¿de qué mierda hablas?―pregunto confundido. Inmediatamente se percató del vocabulario grosero que había implementado, seguramente estar tanto tiempo con esa pirata le estaba afectando.

―estoy practicando malabares para eso ¿no?― Kagura sentía su futuro trágico a la vuelta de la esquina, rodeada de monos y gorilas, de leones y tigres, de osos tiernos y lindos… tal vez la idea no estaba mal, ella amaba a los animales.

―china, estas practicando como caminar como una dama―aclaro el chico, luego de escuchar su absurda teoría.

―no te creo― cruzo los brazos con desconfianza.

― ¡no necesito que me creas, solo bájate!― la paciencia que tenía murió con esas palabras. Acaso la pelirroja tenía el poder monstruoso de molestarlo tan fácilmente.

―tengo hambre―volvió a quejarse.

Sougo suspiro derrotado.

―bien, bien… puedes comer, solo si te bajas e intentas hacerlo educadamente―aclaro, este proceso estaba siendo muy tedioso y estresante. Por suerte tenía planificado para mañana una cantidad de profesores que enseñarían a la chica etiqueta y oficio.

―soy educada― se aclaró al moreno. Sougo omitió eso no quería envolverse en una nueva discusión.

―china― estaba impaciente para que baje y buscar algo más para practicar.

―está bien, está bien―Kagura se bajó resignada del árbol. Sougo no comprendía como estaba sometido a esa situación con esa mocosa.

Mientras la chica descendía, pudo ver desde su altura, la flor preferida de su madre… o al menos lo que Kamui le decía. Con sus ojos iluminados por su hallazgo salto del árbol corriendo hacia la dirección en la que se encontraba esa planta.

― ¿hey, que haces?― la llamo desde atrás.

Kagura miro embobada la flor, y sin aparatar sus ojos de ella la señalo haciendo una solicitud…

― ¿puedo tomarla?― pregunto.

― ¿te interesan las flores?― asombrado era poco, creía que la chica solo se interesaba por comer y tener el peor vocabulario de la faz de la tierra.

La chica miro hacia el de ojos carmín choca sus miradas viendo en ella un anhelo en sus cristalinos ojos.

―no, pero esa es especial―

Sougo recordó haber visto esa mirada antes, era una mirada muy parecida a la que el espejo de su cuarto le había devuelto unos meses después de la muerte de su hermana. Había anhelo en ellos y mucha nostalgia.

―puedes hacerlo, solo ten cuidado con el resto― la flor era exótica, pero tenía entendido que habían varios ejemplares dispersados por todo el castillo.

Cerca de la pared del muro, rodeada de ciento de flores, Kagura se estiro inútilmente para agarrarla perdiendo el equilibrio en el proceso. Intento inútilmente volver a su postura pero termino cayendo. Sougo al ver que la chica iba a caer trato de evitarlo sin desearlo. Como si su cuerpo se moviera por sí solo. Cuando quiso ver que estaba sucediendo, ya se encontraba tirado entre las flores con una Kagura sonriendo como una niña pequeña con esa flor exótica en sus manos.

―la tengo―dijo risueña. A su majestad le tomo varios minutos darse cuenta que se había quedado mirando a la chica sin emitir algún sonido. También la postura era para prestarse a confusión. La chica estaba sobre él, sentada en sus caderas mientras comenzaba a sentarse.

―estúpida― murmuro. Sin poder evitarlo había sonreído para ella…

Mientras tanto en la entrada del castillo caminaba a paso apresurado una mujer de actitud altanera y gran porte que vestía un vestido típico de la realeza. La mujer de ojos verdes y cabello negro busco a tientas con la ayuda de los sirvientes a su majestad. Solicito la presencia de Tsukuyo para sus servicios. Mientras la dejaban sola deambular, se topó con su majestad en una pose muy comprometedora con la chica pirata. Eso no era una buena vista.

―mi señora, me llamo―se inclinó Tsukuyo ante su presencia.

Sayaka Tokugawa, la viuda del antiguo rey Tokugawa I, había llegado de visita para saber cómo conseguirían salvar a su hijastra, quien la mantendría unos años dentro del palacio. Pero se encontraba con una imagen que no deseaba ver, el rey flirteando con una pobre pirata. La furia al ver que sus ambiciones no se estaban cumpliendo la hicieron romper su abanico.

―llévame a mis aposentos― dijo manteniendo una postura elegante, sin desarmarse por la frustración que sentía.

Tsukuyo tomo sus pertenencias y acompaño a la dama hasta el cuarto de invitados. De camino allí, sin aun subir la escalinata sus ojos se toparon con los de kondo, quien muy educadamente la saludo inclinando se cabeza ante ella.

―solicito hablar con su majestad a solas, la cena sería un buen momento―

―mis disculpas mi señora, pero tenemos invitados en la cena―le explico rápidamente antes de que se pierda entre los infinitos pasillos del castillo.

―comprendo, dígale que lo espero en mi alcoba, cuando se desocupe―eso ultimo lo dijo mordasmente.

Kondo la vio perplejo, esa mujer no le daba muy buena espina. Sentía que nada bueno saldría de ella. Camino por la sala principal buscando a Sougo, su rey para informarle de la visita inesperada cuando se topó con una imagen que no creyó volver a ver.

Sougo estaba tirado en el pasto, mientras Kagura abrazaba una flor y gritaba a todo pulmón. Pudo ver a su rey reír como un niño y grítale insultos con la misma fuerza que ella, olvidándose de todo el protocolo que conocía. Kondo los miro comprendiendo la relación que se estaba formando entre ellos, así como la furia que desprendían los ojos de Sayaka, quien, seguramente había visto esa escena poco común de Okita Sougo. Era una faceta que muchos pensaban que ya estaba muerta, pero que volvía a renacer gracias a la presencia de una pirata.

Después de mucho pelear, Soyo consiguió que descansara tranquilamente. Kamui había entrado en un profundo sueño. La chica mentiría si no dijera que uso hierbas medicinales para conseguirlo. El pirata era muy terco y estaba empecinado en hacerlo todo el, alegando que estaba en óptimas condiciones. Pero llegando a un punto en el que Soyo ya no supo cómo detenerlo, uso su carta bajo la manga, lo durmió con la misma planta con la que lo había amenazado, eso le pasaba por no obedecer.

Exhausta y teniendo unos minutos de descanso, ayudada por la luz del candil, tomo el libro medicinal y comenzó a leerlo. Soyo sentía que su posición en ese barco era de enfermera, debía estudiar bien ese libro si es que volvía a ocurrir algo nuevamente. Ya había cambiado las raices unas tres veces, limpiando con sumo cuidado la herida, tal como describía el libro.

Pasando las páginas y observando las plantas que estaban dibujadas, Soyo termino llegando a la que uso para dormirlo, la cual tenía una breve anotación al pié de la página, la cual citaba asi:

´´planta específica para dormir profundamente. No usar a menos que sea muy necesario. Provoca delirio. Es muy común entre los chamanes de las aldeas´´

Soyo releyó las palabras, escucho hablar de esas plantas alucinógenas, era un concepto poco común que recién comenzaba a usarse en esos tiempos, la mayoría creía ciegamente en el poder de los brujos, pero Soyo prefería aceptar esa realidad que le daban los grandes estudiosos.

Observando a Kamui, se preocupo por esa reacción secundaria que podría provocarle, solo esperaba que los efectos desaparecieran antes de que despertara. Dejando el libro, busco algo de agua entre la oscuridad de la habitación. Tomo un poco de la cubeta y la sirvió en un vaso de vidrio. Cuando volvió su vista al durmiente Kamui noto que el chico estaba bien despierto.

Soyo pego un salto de la impresión, no se había dado cuenta de que se había despertado. Sentado en la cama con la vista perdida, el chico miro embelesado a Soyo, penetrándola con la mirada.

― ¿se… se encuentra bien?―pregunto nerviosa, su mirada la estaba incomodando.

Kamui no respondió y sonrió tiernamente dejándola estupefacta. Sentada en el banco al lado de su cómoda cama, Soyo se sonrojo hasta las orejas, cuando comenzó a rosar sus manos contra la piel delicada de Soyo. Tomando su rostro entre sus manos, rosando sus dedos por el cuello atrayéndola más a él desde la nuca y terminando de sujetar sus hombros.

―te extrañe―dijo apoyando la frente en su hombro. Soyo comprendió que era producto de la planta y no era él en sí. El chico se alejó un poco de ella para sonreírle aún más―te vez más bonita―Soyo sintió un escalofrió en su interior al escucharlo hablar de esa manera. Donde había quedado ese ser despiadado que era?

―cálmate, debes dormir.―trato de alejarlo sin mucho éxito, el chico era fuerte.

―no me gusta―le respondió rosando su cuello con su nariz provocándole espasmos―no me gusta cuando no dices mi nombre―Soyo no supo saber que decir ante eso, solo quería huir de la situación―dilo―le pidió en su oído.

―yo…―

―dilo― volvió a pedir, estrechándola aún más contra su pecho.

―Ka… Kamui―dijo dudosa.

El pelirrojo se alejó de ella sonriéndole ampliamente como si fuera un niño pequeño provocándole un sobresalto a su corazón. Soyo sentía que se iba a morir de taquicardia en cualquier momento.

―realmente te extrañe―murmuro muy cerca de sus labios rosándolos sin llegar a besarlos. El chico tanteaba para buscar el mejor ángulo para ello pero sentía su visión borrarse nuevamente así que se sujetó aún más del cuerpo de Soyo para evitar caer.―te extrañe mucho, Matako―

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Bien, creo que me emocione mucho con este capítulo. Lo comencé y no pude dejarlo. Es más tenía más cosas planeada para él, pero ya escribí mucho, si no se haría muy largo.

Le dejo unas Aclaraciones antes:

Equinácea: La raíz de Equinácea es muy recomendada para tratar lesiones en la piel y combatir las infecciones. Una de las formas de utilizarla es preparando una infusión, la cual se deja reposar y se aplica directamente en la zona afectada. Pero como no se la forma de preparación de esa infusión (debe ser química) decidí usar mi imaginación al método que usarían en aquella época sin tanta tecnología.

Bata en Pekín de seda: es un vestido largo y abierto por delante, que nos permite dar un vistazo a una falda que va por debajo. En la espalda, partiendo del escote, los pliegues planos se abren hasta el bajo del vestido a modo de cola. Va decorado en los perfiles delanteros con una aplicación de tela tableada.

Pan con leche para las infecciones: esto no lo marque, pero si quiero aclararlo. Mi tía me hace esa preparación para sacarme el pus de una herida, y aunque suene asqueroso es muy efectivo. Con una vez que pongas el pan con leche sobre la herida por unos cuantos minutos te saca todo el pus. Pero como no se mucho de medicina, yo supongo que debe ser para las infecciones, pero solo para la herida externa, por eso busque la Equinácea que cura infecciones.

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¡Con esto los dejo hasta el próximo domingo!

¡Espero que les esté gustando la historia!

Dejen sus lindos review, ¡bye!