Como he dicho antes la escritora de esta hermosa historia es Diana Palmer y yo no pretendo violar ningún derecho de autor solo compartir una historia con mis personajes favoritos de la saga. Espero que les guste.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen y la historia tampoco, todo es obra de la maravillosa S.M y de Diana Palmer respectivamente.

Acá las dejo con un nuevo capítulo de esta historia, espero que lo disfruten.


Capitulo 7:

— Entonces... ¿no es una broma?, ¿Hablas en serio?

Bella se rió de la cara de asombro de Rose.

—Sí, voy a casarme con J.D. Whitlock.

—Bella, estás loca —le dijo la esposa de Emmett, tomando una silla y sentándose al lado de su escritorio—. Escucha, lo único que quiere es conseguir la custodia de su sobrino, tú misma lo dijiste, eso, y que no te amaba... ¿Es que las cosas han cambiado de repente?

Bella meneó la cabeza tristemente.

— No, eso no ha cambiado —respondió—. Pero, ¿Cómo habría podido negarme a su proposición? Estoy enamorada de él —añadió—. Tal vez algún día aprenda a quererme.

—Pero esa situación no es justa para ti —insistió Rose—. Tú te mereces algo más.

—¿Y qué me dices de Seth? —contestó la joven—¿no se merece ese chico una vida mejor que la que ha llevado hasta ahora? Si vuelve con su padrastro, crecerá sin amor, se convertirá en un adolescente problemático... Se merece una oportunidad de ser feliz. Es un chico estupendo.

—Lo sé, lo conocí un día que vino aquí con J.D. —asintió Rose—. En fin —añadió, exhalando un profundo suspiro—, espero que sepas lo que estás haciendo. Lo último que podría imaginar es a ese hombre loco de amor. Emmett me dijo que estuvo aquí ayer, y que fue muy grosero contigo.

—Lo fue... —admitió Bella agachando la cabeza—, y yo lo fui antes con él, pero ya lo hemos solucionado. Nos hemos pedido disculpas mutuamente, y hemos hecho las paces.

¿J.D. pidiendo disculpas? Rose enarcó las cejas incrédula. Después de todo existían los milagros...

—Ya veo.

—Compréndelo, Rose, sean cuales sean sus razones para haberme propuesto matrimonio... sencillamente no podía rechazarlo... lo amo.

Rose McCarty no podía rebatir ese argumento. Miró a la joven, y se vio a sí misma, años atrás, enamorada perdidamente de Emmett, soñando con él día y noche.

Sabía que a ella le habría ocurrido exactamente igual, habría hecho cualquier cosa que Emmett le hubiera pedido.

—Sé cómo te sientes —le dijo con una sonrisa indulgente—. Te deseo suerte, Bella.

—Gracias.

Rose se marchó, y Bella siguió trabajando hasta la una y media de la tarde, momento en que, con una puntualidad británica, apareció Jasper para recogerla.

—¿Y Seth? —inquirió la joven, mirando detrás de él.

—Se ha ido al cine con los hijos de mi capataz —le explicó Jasper—, y se me estaba ocurriendo mientras venía hacia aquí, que podríamos comprar algunas cosas para hacer un picnic. Buscaríamos un lugar apartado a la orilla del río, y allí disfrutaríamos de la comida... y de algo más —sugirió en un tono sensual.

Bella se sonrojó, pero sonrió entusiasmada.

—Me parece una idea estupenda.

Jasper se rió suavemente y la tomó de la mano, llevándola hacia la salida.

—La gente nos está mirando —murmuró irritado, al ver que una secretaria primero y varios peones después se volvían con curiosidad a su paso—. ¿Le has contado a alguien que nos hemos comprometido?

— Sólo a Rose McCarty —respondió Bella—, y acabo de decírselo, es imposible que lo haya ido contando por ahí. Además, no es de esa clase de personas —dijo en defensa de la esposa de su jefe.

—No pensaba acusarla —replicó Jasper—. No, dudo que lo sepan. Como siempre estarán pensando mal de mí, creyendo que aún vas a recibir una herencia millonaria... —masculló con resentimiento.

Bella lo hizo detenerse, le tomó el rostro entre sus manos, y lo miró a los ojos muy seria.

—Jasper, acordamos que eso no nos iba a importar —le dijo.

Él suspiró y asintió con la cabeza.

—Es verdad.

Esbozó una sonrisa por ella, le rodeó los hombros con el brazo, y se encaminaron al aparcamiento de la nave, donde Jasper había dejado el coche.

Pararon en el centro comercial de Jacobsville, compraron unos sandwiches, fruta y refrescos en un pequeño supermercado, lo metieron todo en una nevera que Jasper llevaba en el maletero, y siguieron hasta la ribera del río.

Tras almorzar, se tumbaron los dos sobre la fresca hierba, el uno junto al otro, a la sombra del gran árbol bajo el que se habían sentado.

—Estás preciosa con ese vestido blanco que llevas hoy —murmuró Jasper, que tenía la cabeza girada hacia ella, y llevaba largo rato admirando su hermoso perfil—. Pareces un ángel.

La joven volvió el rostro hacia él con un suave rubor en sus mejillas y una sonrisa tímida en los labios.

—Así es como me siento —respondió—, como si fuera un ángel y me encontrara en el Cielo.

Estiró los brazos y arqueó la espalda perezosa, dejando escapar un bostezo.

—Mmm...hay tanta paz aquí... —murmuró cerrando los ojos.

—Si eso es una queja...

Un ruido de movimiento hizo que Bella volviera a abrir los ojos, y vio que Jasper se estaba poniendo encima de ella. Había una sonrisa en sus labios, y no era una sonrisa cualquiera, sino la clase de sonrisa que hacía que todo su ser pareciera latir.

Jasper se apoyó en los codos y las rodillas para no cargar todo su peso sobre ella, y bajó la vista a los labios de la joven.

—Creo que sería una lástima que no aprovecháramos este momento —murmuró en un tono seductor.

Se inclinó un poco, y frotó sus caderas lentamente contra las de ella, de lado a lado. Aquel ligero movimiento lo excitó, y se tensó al sentir que lo invadía una oleada de calor.

Bella vio que su rostro se contraía, y advirtió, conteniendo el aliento, cómo cambiaban y se endurecían los contornos de esa parte de su anatomía.

—Cuando era más joven, apenas necesitaba de estímulos para que esto ocurriera —comenzó Jasper—. En cambio ahora... hacía años que no me excitaba tan rápido —le confesó, sin apartar la mirada de su rostro encarnado—. Me encanta el modo en que mi cuerpo reacciona ante el tuyo.

—¿Quieres decir que... no reacciona del mismo modo con otras mujeres? —inquirió ella, azorada pero llena de curiosidad.

Jasper sacudió la cabeza.

—Parece que sólo me ocurre contigo. Debo estar haciéndome viejo —le dijo con humor—. O eso, o es que tu inocencia virginal me está rejuveneciendo.

Jasper agachó la cabeza y la besó, abriéndole los labios mientras una de sus fuertes piernas se introducía entre los muslos de Bella, levantando la falda del vestido con la rodilla.

—No tenemos mucho tiempo antes de la boda, y quiero que te acostumbres a mí antes. Así te resultará mucho más fácil en nuestra primera noche.

Ella se sonrojó ante las implicaciones de sus palabras, y Jasper sonrió.

—Eso te excita, ¿no es verdad? —le susurró con voz ronca. Y sus ojos descendieron a los senos femeninos, observando con deleite cómo los pezones se ponían rígidos bajo su escrutinio—. Tienes unos senos perfectos —le dijo mirándola a los ojos.

El rubor en las mejillas de Bella se intensificó, y Jasper se rió suavemente.

—Dios, sé que es muy poco caballeroso por mi parte azorarte diciendo esas cosas, pero es algo que me resulta simplemente irresistible, igual que no puedo resistir más el hacer esto...

Y se inclinó sobre ella, tomando un erecto pezón dentro de su boca.

Bella pensó que iba a desmayarse de placer. La sensación de la cálida boca de Jasper sobre su cuerpo, aun a través de la ropa, era algo increíble.

Se arqueó hacia él, y de su garganta salió un sonido gutural, mientras le clavaba las uñas en los anchos hombros. Los dientes de él mordisquearon suavemente la aureola, antes de que su lengua comenzara a dar pasadas circulares en torno al pezón, sensibilizándolo aún más.

—Jasper... por favor... —gimió ella, sin saber qué le estaba pidiendo exactamente—, por favor...

Él apenas podía escucharla, embriagado como estaba por el deseo. Sus dedos comenzaron a desabrochar con ansia los botones del corpiño del vestido, y pasaron varios segundos angustiosos para ambos hasta que él pudo abrirlo al fin y apartar la odiosa tela para imprimir ardientes besos por cada centímetro de piel que había quedado al descubierto.

Bella lo tomó por la nuca, queriendo atraerlo más hacia sí, y él alzó la cabeza para volver a besarla mientras seguía estimulando sus senos con las manos.

— Jas... Jasper... —jadeó la joven entre beso y beso, perdida en un remolino de deliciosas sensaciones.

Él volvió a levantar la cabeza, despegando sus labios de los de ella, y admiró sus senos.

—Dios mío, eres preciosa, Bella... —le susurró—. Eres la criatura más hermosa que he visto jamás...

—Te deseo muchísimo, Jasper... Sigue... no pares... hazme el amor...

Pero él sacudió la cabeza, tratando de controlarse. De hecho, tuvo que obligarse a apartar los ojos de su pecho desnudo para mirarla a los ojos.

—No, no debemos continuar... Yo creí que podría controlarme, pero ahora ya no estoy tan seguro... No estamos casados, pequeña...

—Pero eso no importa —protestó ella quejumbrosa—, hazme el amor, Jasper... hazme el amor...

—Claro que importa —replicó él, tomando sus manos suavemente para desengancharlas de su cuello.

Con increíble delicadeza, volvió a abrocharle el vestido, rodó hacia el lado para quitarse de encima de ella, y la abrazó susurrándole tiernas palabras mientras esperaba a que el deseo de ambos remitiese.

Cuando notó que la tensión se había disipado del cuerpo de la joven, tomó su rostro entre sus manos y lo alzó para que lo mirara a los ojos.

—Como tú me dijiste, el paso que vamos a dar es un paso muy importante —le dijo poniéndose muy solemne—, por eso debemos hacer las cosas bien. Sólo espero que la decisión que hemos tomado sea la correcta.

—Lo es —dijo ella obstinadamente.

Quería creer que lo era. De algún modo, su corazón le decía que tenía que serlo.

Sin embargo, no le pasó desapercibido el hecho de que él no parecía convencido.

A Bella la semana siguiente se le pasó volando. Pasaba cada rato libre que tenía con Jasper y Seth, y fue con Rose a comprar el vestido que llevaría en la boda. Tras mucho buscar, no queriendo lucir nada pomposo, escogió finalmente un elegante traje de falda y chaqueta blanco nácar, que podría ponerse en otras ocasiones, y añadió también un sombrero a juego con velo y unos zapatos. Como no estaba acostumbrada a mirar el precio de las cosas que quería comprar, ahora que estaba empezando a tener que hacerlo, se espantó de lo cara que eran las prendas que había comprado. Cuando se lo mencionó a Jasper, este se rió y la tranquilizó diciéndole que la ocasión bien merecía despilfarrar un poco.

La ceremonia se celebró en una iglesia de Jacobsville de cuya comunidad era miembro Jasper, y a juzgar por el número de personas que asistieron, además de los invitados, Bella se dijo que la mitad de la pequeña ciudad debía estar allí.

Casi todo el mundo sabía ya que la joven había perdido su herencia, e incluso el primo de Jasper, Jake Black, estaba en buenos términos con él.

Tras la ceremonia hubo un pequeño convite para los más allegados, y después, dejando a Seth al cuidado del tío de Bella, Jasper y Bella partieron hacia San Antonio, donde iban a pasar un par de días de luna de miel.

Al llegar, tras dejar las maletas en la habitación, cenaron en un restaurante cercano al hotel, con una banda de mariachis interpretando suaves baladas.

Mientras terminaba su postre, Bella suspiró de felicidad y miró soñadora a su marido.

—¿No estás decepcionada? —le preguntó él de repente—, ¿no preferirías que hubiéramos podido ir una semana a Niza, o a Saint Tropez?

La joven sonrió y sacudió la cabeza.

—Me encanta este lugar. Es colorido, y cálido... y me siento muy feliz. Sólo deseo hacerte igual de feliz a ti.

Jasper esbozó una sonrisa lobuna.

—Pues entonces acábate eso cuanto antes y volvamos al hotel. Tengo curiosidad por ver cuántas veces te sonrojarás antes de que pueda enseñarte lo que es la pasión.

El corazón de Bella empezó a latir desenfrenadamente.

—De acuerdo —murmuró.

Pidieron la cuenta, pagaron, y salieron del cargado ambiente del restaurante al fresco aire nocturno. Jasper advirtió que Bella estaba rehuyendo su mirada.

—¿Asustada? —le preguntó con suavidad cuando estuvieron a solas en el ascensor del hotel.

—Un poco —admitió ella con una risilla nerviosa. Finalmente se atrevió a alzar la vista hacia él—. Es que no quiero decepcionarte, porque tú debes tener mucha experiencia.

Jasper esbozó una sonrisa amable.

—Puede, pero nunca he estado casado —le recordó— tampoco he tenido que iniciar a una virgen — se puso serio—. Pero no tienes que preocuparte, Bella, te prometo que tendré mucho cuidado de no hacerte daño.

—OH, no me preocupa eso —balbució ella.

—¿Seguro? —inquirió él, enarcando una ceja.

El ascensor se detuvo. Salieron, y Jasper abrió la puerta de la habitación, dejando pasar a Bella primero, para entrar él a continuación, y cerrar la puerta con el pestillo tras de sí.

La habitación estaba en penumbra, y Bella extendió la mano para accionar el interruptor de la luz, pero Jasper la detuvo tomándola por el brazo.

—Te resultará más sencillo en la oscuridad —le susurró mientras le rodeaba la cintura con ambas manos y la atraía hacia sí—. Además, no quiero que me veas desnudo todavía.

—¿Tienes verrugas o algo así? —respondió ella entre risas, tratando de hacer una broma para relajarse a sí misma.

—Por la mañana lo entenderás —fue la respuesta de él — . Y ahora... —le dijo alzándola en sus brazos y dirigiéndose a la cama—, vamos a disfrutar el uno del otro.

Bella nunca hubiera imaginado que llegaría el día en que yacería con un hombre y le dejaría desvestirla, pero allí estaba, y estaba sucediendo. Esos minutos de preludio, que podrían haber sido un auténtico suplicio, contribuyendo a su nerviosismo, Jasper supo convertirlos en ansiosa expectación, besándola mientras desabrochaba botones y soltaba enganches, y acariciándola suavemente para que se relajara. Cuando la hubo desnudado por completo, la atrajo hacia su cuerpo, y Bella sintió una leve abrasión al contacto con la tela del traje de él.

—Jas... Jasper... tú aún estás vestido... —murmuró.

Él siguió besándola con languidez.

—Lo sé.

Su mano descendió hasta uno de los senos de la joven, prodigándole sensuales caricias y haciéndola gemir, para seguir bajando hasta su vientre, e introducirse por entre sus muslos aterciopelados. Y entonces, por primera vez la tocó del modo más íntimo que un hombre puede tocar a una mujer. Bella se puso tensa.

—Relájate, cariño —susurró contra sus labios, mientras sus dedos se adentraban más allá, pero de pronto...

Un grito ahogado escapó de la garganta de la joven, y Jasper detuvo su mano.

—Dios, me temo que no podremos llegar al final esta noche —le dijo—. Escucha, cariño, creo que será mejor que esperemos a que te vea un doctor —le dijo levantando la cabeza para mirarla a los ojos—. No quiero asustarte, pero esta barrera será difícil de romper.

Bella tragó saliva.

—Yo... nunca pensé... —balbució—, nunca se me ocurrió que... La verdad es que no he ido nunca a un ginecólogo porque hasta ahora no he tenido ninguna clase de problemas femeninos, y jamás pensé que necesitara hacerme un chequeo prenupcial...

Jasper le acarició el cabello con la otra mano y se apartó de ella, tumbándose a su lado. Todo el cuerpo le latía por la necesidad de poseerla, pero no quería hacerle daño, no quería que el sexo se convirtiese para ella en una experiencia desagradable.

—Bueno, esto son cosas que pasan —le dijo.

Pero ella sacudió la cabeza, y Jasper advirtió que sus ojos se estaban llenando de lágrimas.

— Lo he estropeado todo... —sollozó la joven amargamente—, he estropeado nuestra noche de bodas... Debí haber ido al ginecólogo antes de la boda...

—Shhh... Vamos, no seas tonta —le dijo él, rodeándola con sus fuertes brazos y estrechándola contra sí—. No has estropeado nada.

Mientras volvía a besarla con ternura, su mano fue descendiendo otra vez hasta alcanzar el vértice entre sus piernas, sólo que esa vez, en lugar de introducirla dentro de ella, la acarició de un modo superficial, pero muy erótico. La joven contuvo el aliento extasiada, y pronto el placer la tuvo atrapada de tal manera, que sus sentidos se cerraron al resto del mundo.

Largo rato después, Jasper se levantó de la cama, dejándola con los ojos muy abiertos, y temblando ligeramente sobre el colchón. Encendió la luz, y admiró el resultado de sus atenciones: los ojos verdes de Bella lo miraban soñolientos y saciados, sus labios estaban algo hinchados, y todo su cuerpo había adquirido una tonalidad sonrosada.

Había quedado tan satisfecha que ni siquiera protestó ante su escrutinio. Por la expresión en el rostro de Jasper, parecía que acabaran de imponerle una medalla.

—Creo que no necesito preguntar si te ha gustado... —murmuró. Se dio la vuelta y empezó a quitarse la ropa.

Bella lo observó con visible placer. Tenía un cuerpo de impresión: musculoso, bronceado, y perfectamente proporcionado. Cuando finalmente se giró, Bella aspiró hacia dentro asombrada, pero no fue capaz de despegar sus ojos de él.

Jasper se acercó a la cama, y se tumbó a su lado con los ojos grises brillándole por el deseo insatisfecho.

—Ahora es mi turno —le susurró, inclinándose hacia ella—. Quiero que me hagas sentir lo mismo que yo te he hecho sentir a ti.

—Lo que quieras, Jasper —se apresuró a contestar ella, sintiendo que era más que justo que lo correspondiera—. Dime qué tengo que hacer...

El tomó sus labios, y le dio a continuación unas cuantas lecciones que fueron disipando la timidez, miedos e inhibiciones de la joven.

Cuando Jasper gritó extasiado por segunda vez y se derrumbó sobre el colchón, Bella se arrebujó contra su cuerpo y cerró los ojos, cansada pero feliz, y pronto ambos se quedaron plácidamente dormidos.

A la mañana siguiente regresaron a Jacobsville para que Bella pudiera ir a un ginecólogo, y en cuanto hubieron deshecho las maletas, la joven llamó para pedir cita.

Y así, el lunes por la mañana, el doctor le hizo una pequeña operación que le dijo solucionaría el problema, mostrándose agradado ante la preocupación de su marido por ella. Habría podido ser una experiencia bastante desagradable para los dos si él no se hubiera detenido, añadió.

Bella regresó a casa, y esperó ansiosa a que pasaran los tres días que el ginecólogo le había dicho que le durarían las molestias. Se prometió convertir esa noche en la más excitante de la vida de Jasper, y le pidió a su tío que permitiera a Seth quedarse con él ese día. Nadie sabía que su matrimonio aún no había sido consumado, pero aquella noche lo sería.

Puso una botella de champán a enfriar, preparó una cena especial con recetas que Rose le había dado, y se puso lo más sexy que tenía, un vestido negro corto de satén, con tirantes y pronunciado escote. Se había dejado el cabello suelto, tal y como le gustaba a Jasper, y se había aplicado unas gotas de perfume en las muñecas y detrás de las orejas.

Jasper había sido tan paciente y tierno con ella, contentándose con algunos besos y caricias, que quería compensarlo. Aquella noche le demostraría que la espera había merecido la pena.

Oyó el coche aproximarse a la casa, un frenazo, y cómo Jasper salía del vehículo y cerraba de un portazo. Algo relacionado con el trabajo debía haberlo enfadado, pensó Bella mientras encendía las velas de la mesa. Bueno, ella tenía la cura para eso, se dijo esbozando una sonrisa seductora.

Al poco rato se abrió la puerta principal, y Bella se volvió, observando extrañada que estaba mirándola furibundo, como si estuviera acusándola de algo.

—No me dijiste que tenías una tía abuela en Miami con dinero como para comprar la mitad del Estado.

Bella parpadeó confundida y frunció el entrecejo.

—Bueno, sí, mi tía abuela Jessica... —balbució—, pero, ¿qué...?

Las facciones del rostro de Jasper se pusieron rígidas, estrujó con la mano el sombrero que acababa de quitarse de la cabeza.

—Tu tío Aro me ha llamado hace unos minutos. Quería que fuera yo quien te diera la noticia: tu tía abuela ha muerto y vas a heredar todo lo que poseía, lo cual incluye una suma de varios millones de dólares.

Bella se dejó caer temblorosa sobre la silla que tenía más cerca.

—Tía Jessica... ¿muerta? —repitió en un hilo de voz—. Oh, Dios mío... no puede ser... recibí carta de ella la semana pasada... y estaba bien... estaba bien...

—No me lo dijiste —repitió Jasper en el mismo tono abrupto—. ¿Por qué?

La joven alzó los ojos hacia él. Se sentía desorientada, como si aquello que estaba ocurriendo no fuera real.

—Yo... nunca surgió el hablarte de ella —murmuró con voz apagada, encogiéndose de hombros. Las lágrimas empezaron a acudir a sus ojos verdes. Toda su vida había sentido un profundo cariño por la anciana—. La quería muchísimo, su dinero nunca me interesó. Además, siempre pensé que lo donaría a alguna asociación benéfica. Ella sabía que yo no lo necesitaba —murmuró meneando la cabeza sin comprender por qué su tía habría decidido dejarle sus bienes y su fortuna.

—Tú lo has dicho, sabía que no lo «necesitabas», en pasado —le dijo él con aspereza—. Pero ahora que ya no eres rica...

—Pero puedo rechazar la herencia —repuso Bella.

—No tienes que hacer eso por mí —le respondió Jasper secamente, sin darle oportunidad a contradecirlo—. Supongo que querrás tomar un vuelo cuanto antes, para poder asistir al funeral y a la lectura del testamento. Tu tío irá contigo. Me ha dicho que ya ha comprado los billetes y que te llamará más tarde — concluyó quitándose la corbata, y mirándola de nuevo con furia.

—Jasper... esto no es culpa mía —le dijo ella con la voz quebrada, mientras las lágrimas le rodaban por las mejillas.

—¿Crees que no lo sé? —le espetó él—. Pero esto lo cambia todo. No puedo seguir casado contigo, no cuando vas a recibir una herencia millonaria.

—Pero, ¿qué pasará con Seth, con la custodia? — dijo ella, aferrándose a su última esperanza de hacerlo cambiar de opinión.

Él no contestó, y Bella aprovechó ese momento de indecisión para intentar convencerlo.

—Nadie tiene por qué enterarse de esto, Jasper. Haré que mi tío me juré que guardará el secreto. Al menos podríamos seguir casados hasta que consigas la custodia de Seth. Después, si quieres —añadió con tristeza—, podemos... divorciarnos —musitó.

—¿Divorciarnos? —repitió él con una risotada áspera—. No hará falta que nos divorciemos. Conseguiremos una anulación del matrimonio. ¿O es que lo has olvidado, cariño? —se burló—. Hemos estado jugando nada más, nunca hemos llegado hasta el final. De hecho, me alegro de que haya sido así, porque al menos nadie podrá decir que traté de forzarte para quedarme con tu dinero. Además, eres joven, encontrarás a un chico de tu clase y volverás a casarte.

Ella lo miró desolada.

—Pero... ¿y tú?

Jasper se encogió de hombros con indiferencia, y se giró para que ella no pudiera verle el rostro.

—Yo tengo a Seth.

—Pero, Jasper, tú también querías este matrimonio... —le suplicó Bella—, lo dijiste...

—Lo que quisiera o dejara de querer ya no importa en absoluto —le espetó él con frialdad—. No voy a permitir que la gente vuelva a murmurar, diciendo que soy otro

Whitlock ávido de dinero, sobre todo teniendo que pensar en el futuro de Seth.

—Ya veo — murmuró Bella derrotada.

Había tratado de mantener viva la esperanza, creyendo que las cosas entre ellos podrían llegar a ir bien, pero Jasper era un hombre orgulloso, demasiado orgulloso como para ignorar las habladurías de la gente aun cuando no hubiera ni un ápice de verdad en ellas.

—En ese caso... llamaré a mi tío —murmuró.

Jasper no contestó, sino que salió, y cerró la puerta tras de sí.


Espero que les este gustando la historia y que dejen sus bellos comentarios :D!

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