El manga/anime "Inuyasha" y todos sus personajes le pertenecen a Rumiko Takahashi. Yo sólo los tomo prestados para participar en el Concurso de Navidad "Operación R.E.G.A.L.O." del foro "¡Siéntate!", en respuesta al deseo de Skyler Streat en la categoría de parejas crack.
8
Frágil
997 palabras
Las cigarras se esforzaban para mantener el primer lugar de sonidos molestos; después, con sus propios méritos, le seguían los gritos y chillidos infantiles que se escuchaban por todas partes. El parque se encontraba repleto de niños jugando y padres vigilándolos, e Irasue era uno de ellos.
—Sólo tócala, está fría —le dijo a Sesshoumaru, animándole a acercarse a la fuente donde los niños se amontonaban para jugar con el agua y refrescarse.
Eran finales de las vacaciones de verano —una temporada muy calurosa como para beber café—, su nuca picaba por el sudor y ella salió porque necesitaba un respiro. El bochorno que presionaba su pecho y estómago no llegó con el calor asfixiante de la estación, sino que se presentó desde hacía unos cinco meses, la misma cantidad de tiempo que llevaba Izayoi desaparecida.
Sin explicaciones ni advertencias, sólo llegó de la misma forma que apareció en su vida —tan devastadora como un huracán—. Ni siquiera le informó al director de su renuncia, por lo que Irasue tomó su decisión de ausentarse del trabajo como un berrinche, o una acción causada por el miedo —cómo deseaba que no fuera eso, aunque se presumía como lo más probable—. Luego, cuando Sesshoumaru le contó que tenía una nueva profesora «malvada como un ogro», Irasue entendió que Izayoi jamás volvería a esa escuela.
Su primera reacción fue la ira, enfurecerse con aquellos que creía culpables de su sentimiento desagradable; criticó el lado egoísta de Izayoi y también la intervención de su marido porque las cosas iban tan bien antes, porque él debería aceptar que su tiempo se había terminado. Pero si era cuestión de brindar responsabilidades, Irasue sabía quién saldría peor parada, quién le hizo correr tras soltar tal confesión de colegiala.
Y, como si el saberse una completa estúpida no le abrumara lo suficiente, las acusaciones nada sutiles de su esposo hacían que su sangre hirviera.
—¿Qué hiciste? ¿Qué le dijiste? —las preguntas desesperadas le acorralaban contra la pared, y ella era incapaz de responder con el veneno que deseaba. Porque se sabía culpable, pero no quería que, si titubeaba un poco, se notara cuánto le pesaba.
Entre gritos, miradas hostiles y silencios gélidos… era tan frustrante. ¿Eso demostraba cuán frágil era su juego de la casita?
—¡Sesshoumaru! ¿Le tienes miedo al agua? —Irasue le gritó al niño que sólo continuaba observando.
Por supuesto que él no era un cobarde, lo que le molestaba era lo «antihigiénico» —su nueva palabra favorita— que le parecía el juego. Y se le vio menos divertido que antes por el regaño en público. Enojado, Sesshoumaru tomó un poco de agua en sus manos y apuntó directamente hacia el rostro de su madre. Ella se limpió las gotas que escurrían por su barbilla, se arremangó la blusa y pagó al pequeño maleducado empujándole a la fuente.
Sesshoumaru, mojado hasta los hombros, le vio con los ojos dorados marcados por la conmoción. Quien debería sentirse de esa forma fue Irasue, al menos eso pensó al contemplar cómo su hijo pasaba del bochorno público a un llanto silencioso.
«Soy un completo desastre», pensó mientras caminaba de la mano con el niño ya más calmado. Exhaló, sintiendo el cansancio por todas partes.
Su celular vibró en el pantalón de su bolsillo y, al leer el mensaje, perdió el equilibrio por un instante.
—Sesshoumaru, ¿ya eres tan rápido como para ganarle a tu madre? —todavía restableciéndose, retó a su hijo a una carrera hasta el automóvil.
—Claro que sí —se le vio confiado, a pensar de que notó que su madre corría en serio, sin importarle las zapatillas de tacón o la imagen que daba.
Ambos llegaron al mismo tiempo, pero parecía como si la carrera no hubiera terminado, sino que se trasladó hacia la carretera que les guiaba a otra ciudad, a un barrio, a un pequeño edificio con apartamentos.
En ese lugar también se escuchaban las risas de los niños, incluso la atmósfera resultaba más hogareña con juguetes tirados en las banquetas y pequeñas masetas en las escaleras.
—¿Quién vive aquí? —Sesshoumaru preguntó a su lado. Estaba saltando los escalones de dos en dos.
Su madre arrugó la frente como respuesta y buscó su móvil para verificar el número del apartamento. Aunque su familia tampoco sabía sobre lo que ocurría en su cabeza, no fue difícil sobornar a uno de los hermanos por información. Irasue creyó que fue un desperdicio hasta que recibió su mensaje.
Mi madre acaba de decirme que hace unos días le pidió que le enviara unos papeles y su número de seguro social. Ella cree que se escapó con un hombre.
Irasue ignoró la parte sensacionalista para preocuparse por una persona que tendía a enfermarse fácilmente. Tembló bajo la ropa que aún estaba húmeda cuando vio el número indicado en una puerta entreabierta. Actuó como una ladrona al entrar sin invitación al sitio que, aunque pequeño, se sentía confortable.
—Un lugar muy apropiado para ti —soltó, más nerviosa de lo que esperaba cuando notó la silueta conocida sentada en la sala.
Izayoi se levantó como acto reflejo. Sus acciones precipitadas cobraron sentido cuando vio el vientre hinchado.
—Yo me alejé —la mujer tartamudeó—. No quiero nada, sólo déjenos en paz.
Hubo una punzada dentro de su pecho. El temor en el rostro de Izayoi y el cómo parecía buscar desesperadamente una forma de salir eran intentos de protegerse y, por más que le doliera, ella era la amenaza.
Si deseaba verle de esa forma, Irasue tomó el papel de la villana. De todas formas buscaba aprovecharse de la situación.
—No voy a hacer nada, tampoco le diré dónde estás —prometió, y la muchacha les repasó con la vista a ella y a Sesshoumaru, como reconociéndoles a penas. Parpadeó, poniendo en evidencia sus lágrimas.
Irasue se esforzó por continuar con su fachada recia, por no notarse débil.
—Sólo no vuelvas a desaparecer.
Sin embargo, cuando Izayoi asintió, no pudo extinguir en su garganta el suspiro de alivio.
Una viñeta más enfocada en el "presente". ¿Qué quiero decir con eso? Ni idea jaja, supongo que es la sensación que da, sin tantos saltos en el tiempo. Ah, también hice llorar a Sesshoumaru (suena tan raro), pero es un niño y, al final, todos somos frágiles.
Y eso es todo por hoy. Sí, sé que debo otras dos viñetas pero, conociéndome, se lo dejaré a mi yo del futuro.
Loops~
