CAPÍTULO 8

DONDE NADIE HA LLEGADO ANTES, PROBABLEMENTE

Interior del Cráter Norte

6 de la tarde.

De momento esto no es complicado. Les sigo de cerca por el cráter, haciendo el menor ruido posible e intentando estar lo más cerca de ellos (como se me ha aconsejado).

Eso sí, llamar cráter a "esto" es un eufemismo. Esto es un gran hoyo en una montaña. Tiene desniveles y es factible el descender sin precipitarse (y menuda caída), pero no deja de ser un agujero muy hondo con un intento de camino bastante precario que serpentea por ahí. Con lo que, al decir que no es complicado, me refiero a que no es complicado descender. Esconderse es bastante difícil. No hay casi sitio para poder hacerlo y, al ser tan vertical, se me ve casi sin querer.

Suerte que mi traje es azul. Solo me falta ir envuelta en luces de colores para acabar de llamar la atención.

Afortunadamente no hay monstruos. No hay espacio físico como para que aparezcan, después de todo. Solamente podrían aparecer si fueran voladores, aunque ninguno ha hecho acto de presencia aun. Eso siempre es bueno, son un engorro.

Además, la segunda ventaja de este sitio es que puedo oírles perfectamente.

— Desde luego, esto ha cambiado bastante desde la última vez, ¿eh? – comenta el muñeco blanco.

Como se nota que a Reeve no le va esto de la acción y las aventuras.

— La última vez que estuvimos aquí todo quedó destrozado, ¿recuerdas? – responde Lockhart, bromeando.

El muñeco blanco parece que se ríe, al hacer el gesto de reírse.

¿De verdad hace falta eso? Si solo es un muñeco…

— Vincent me dijo hace ya algún tiempo que nada de esto es lo que era – comenta ahora Strife –. Después de que la corriente vital saliera en ayuda del planeta contra Meteorito, este sitio acabó… bueno, así. Irreconocible.

— Como mínimo no hay monstruos esta vez – añade Red XIII.

— Ya te digo – comenta la ninja –. Lo bichos que aparecían por aquí no eran moco de pavo, que yo recuerde. ¿Recordáis a aquel dragón negro? A veces, por las noches, me despierto recordando cuando nos lanzó aquellas llamas oscuras… y prendió fuego a los pantalones de Barret…

Desde aquí puedo ver como Yuffie está intentando contener su risa, y media AVALANCHA está intentando disimularla.

— ¡Eh! ¡Que era un &%$%&$%# dragón! ¡Tú ni siquiera te querías acercar a él! – protesta Barret.

— Ya… – se defiende Yuffie entre risas – p-pero… no fui la única… que se enfrentó a Sefirot… con… pantalones cortos…

La chica no puede aguantarse más y empieza a reírse sin tapujos. Media AVALANCHA ahora intenta ahogar su risa. Y yo intento no sonreír.

El miembro más corpulento del grupo terrorista cruza sus brazos y, por lo que parece, se niega a hablar.

— ¿Alguien ha estado aquí desde que estuvimos nosotros? Aparte de Vincent, quiero decir… – pregunta Red XIII, una vez que las risas se han calmado.

Ups. Cuidado. Paso a paso. Que esto está escarpado y caerse es una mala idea.

—…

No alcanzo a oír la respuesta. Ni quien la responde.

—… marcas en la… … subir, ya que la corriente… … Midgar…

Ese vuelve a ser Red XIII, y sigo sin escuchar bien lo que dicen. Una de dos, estoy ahora demasiado lejos o él habla muy flojo.

— Igualmente – ahora si distingo otra vez la voz de Strife – esto es territorio de Vincent. Él sabrá si ha pasado alguien por aquí o no.

— ¿Cómo que "territorio de Vincent"? – oigo decir a Yuffie.

— Pues que vive aquí – responde Lockhart.

¿Eh?

Parece que Yuffie ha pensado lo mismo que yo. Desde aquí puedo ver su cara de sorpresa.

— No vive exactamente dentro del cráter, sino en una casita en los alrededores. No sé donde exactamente, pero por aquí cerca.

Parece que la respuesta de Lockhart no acaba de convencer a Yuffie.

— Oh, vamos, Yuffie. No es tan difícil – interviene el piloto del grupo –. A Vincent siempre le han gustado las cosas raras. ¿Te lo imaginas en una casa rústica de madera en medio de un bosque helado y plagado de monstruos? ¿Verdad que sí? Pues ya está. No es tan complicado.

— Pues no tenía ni idea – supongo que dice Yuffie, al decirlo tan bajo que apenas la puedo oír.

Bueno, no creo que saque nada de información relevante sobre la misión en esta conversa.

— Ya era hora, ¿eh? – creo que ha dicho Lockhart, que ahora tiene una sonrisa enorme en la cara (que hasta se ve desde donde estoy).

Yuffie (y todos, de hecho) parecen confundidos con esas palabras.

— ¡Venga! ¡No hace falta que lo ocultes! – dice Lockhart con un tono burlón – Si todos aquí sabemos que te gusta Vincent.

— ¿Qué? E-Eso no es verdad… – responde rápidamente Yuffie…. algo sonrojada.

— Vamos – continúa Lockhart, poniéndole el brazo izquierdo alrededor del cuello –, que aun recuerdo como le mirabas aquella vez que fuimos a Ciudad Huesos.

Parece que esas palabras han causado conmoción. Todo el grupo se ha detenido y observan a las féminas, aunque intentan ocultar su interés. De una manera muy pobre, en mi opinión.

Si hasta yo me he interesado.

— Aahh… N-No… Ehh…. ¿N-No deberíamos seguir bajando? Es peligroso pararse a charlar por aquí – intenta escaparse la chica –. N-No os paréis. Seguid.

Lockhart suelta de mala gana a Yuffie y parece que el grupo continúa el descenso, aun a regañadientes. Parecían desinteresadamente interesados. Yo debería ponerme en camino también, no quiero perderlos de vista.

— ¡Y que conste! – grita una voz fácilmente reconocible – ¡A mí no me gusta Vincent! ¡No os empecéis a hacer ideas extrañas!

Y simplemente sale corriendo.

¿Siempre ha sido así? Las veces que ha hablado conmigo parecía mucho menos… no sé… más… madura, supongo.


Interior del Cráter Norte

6:20 de la tarde.

Hemos llegado al fondo.

Eso es malo para mí. Si no tienen un camino que seguir empezarán a mirar para otro lado. Y eso es malo para mí.

El fondo… es como cualquier fondo. El camino baja… hasta que ya no se puede bajar más. Como si hubiéramos llegado al fondo de una taza de café. Bueno, no tiene que ser café, sino una taza. Sin otro sitio por el cual irse excepto por el que has venido. Donde estoy yo escondida, por cierto.

Aunque eso de que no hay otro sitio por donde ir es falso. Sí que hay caminos. Unos pocos, y no precisamente los habituales, pero los hay.

Mientras hemos ido bajando nos hemos encontrado (se han ido encontrando, mejor dicho) túneles, o entradas de túneles, por ahí. La mayoría estaban demasiado lejos para que pudiéramos haber (para que YO pudiera haber) entrado. Sin embargo, ahora que estamos al final, hay tres a los que podrían (podríamos) acceder. Dos a unos pocos metros de donde estoy yo (aunque uno más cerca que el otro) y un tercero justo a ras de suelo, en el fondo, donde están ellos. Mis esperanzas están puestas en ese último túnel y, puesta a pedir, me gustaría que se decidan rápido a ir por ahí.

— ¿Y ahora por donde? – pregunta Lockhart en voz alta – ¿Cuál de estos caminos os parece el mejor?

— Pues… no sé… ¿Por ese? – dice Yuffie señalando el más cercano.

Lockhart se gira hacia ella con expresión dubitativa.

— ¿Seguro? Porque la última vez que estuvimos aquí…

— No me recuerdes la última vez que estuvimos aquí – interrumpe Yuffie –. Todavía estoy intentando olvidarlo. Además, da igual por cual vayamos, al final todos irán a parar al mismo sitio. Siempre van a parar todos al mismo sitio.

Veo como Lockhart va a protestar esa afirmación pero… se detiene antes de decir nada. Parece que no tiene argumentos para rebatir a la ninja.

¿En serio? Pues que suerte que tienen. Yo me he llegado a perder en Midgar y mira que crecí allí. Bien les podría asegurar que eso no pasa siempre, pero no pienso salir de mi escondite ahora.

Porque estoy escondida. Detrás de una piedra relativamente grande que había por ahí. Desde luego, ha sido una suerte. De lo contrario, estaría más expuesta que… bueno, ¿la... piel de Lockhart? A pesar de que no es demasiado correcto, creo que es un buen ejemplo.

Parece que los miembros femeninos de AVALANCHA siguen planteándose dónde ir, pero sus integrantes masculinos se han sentado todos en el suelo, esperando a que ellas decidan el camino a seguir. Me pregunto si es así como deciden las cosas.

— Creo que deberíamos ir por aquí – comenta Red XIII, que es el único que está examinando uno de los túneles (el más cercano, que está a ras de suelo).

— ¿Y eso? – pregunta Lockhart.

— Pues porque el túnel es totalmente horizontal.

¿Eh?

— ¿Cómo que horizontal? – cuestiona Yuffie, acercándose al felino para ver en el interior de dicho túnel.

— Pues es verdad… y es totalmente recto, además. ¿Es eso normal?

— … No. En absoluto.

Extrañados, tanto Strife como Lockhart se acercan a examinar ese túnel también.

— Puede que haya sido cosa de algún monstruo – comenta Lockhart – Después de todo, no sabemos qué monstruos habitan ahora por aquí. Quizá haya sido excavado…

— No, no lo creo – comenta Strife –. Aun si fuera un monstruo, no es normal que sea tan recto. Si que se puede ver que tiene algún que otro desnivel hasta donde alcanza la vista pero es demasiado antinatural. Esto no lo ha hecho ningún monstruo.

— Eh, mirad esto.

Yuffie se ha adentrado un poco en el interior del conducto y creo que está señalando algo en la pared. No lo sé seguro porque no lo veo bien desde aquí. Strife y Lockhart, además de Red XIII se adentran también y ya casi no puedo escuchar lo que dicen. Y no puedo acercarme sin que me vean esos vagos compañeros suyos.

Oigo voces, y reconozco quien las dice, pero no logro distinguir palabras ni frases.

Es un poco frustrante. Por fin parecía que podría enterarme de algo interesante, pero no. Parece que aun tendré que esperar un poco más. Me pregunto si luego Yuffie me comentará que es lo que están diciendo. Sería raro, cuanto menos, a pesar de que puedo imaginármelo, si se lo pido adecuadamente.

Al cabo de un minuto vuelve a salir Strife, que ordena al grupo seguir por ese túnel. Sus compañeros obedecen (rechistando un poco) y yo me quedo sola. Me espero unos segundos más, por si a alguno se le ocurriera volver, que no quiero quedarme al descubierto. Pasado ese tiempo, con más agilidad que rapidez, desciendo el trecho que me faltaba hasta el final y me acerco al túnel.

Lentamente miro en su interior.

El grupo camina a unos veinte o treinta metros de mi posición. El túnel es oscuro, ciertamente, pero ellos portan una luz que les ilumina el camino. Bien puede llegar a ser materia Fuego, en verdad. Lo malo de eso es que yo no puedo usarla (es decir, utilizando el fuego de la materia Maestra) para ver mejor aquí adentro si no quiero delatar mi posición y, a pesar de que a más distancia más oscuridad, si se giran en cualquier momento… me verán como en un día soleado. Quizá no un día soleado, pero me verán claramente, eso sin dudarlo.

No tengo otra opción, por otra parte. He de seguirlos sin falta. No quiero encontrarme a algún monstruo rezagado y que el día de hoy tenga un final abrupto.

Supongo que todo dependerá de mis habilidades y del sigilo con que me desplace. Y suerte como para parar un tren, por descontado.


Interior del Cráter Norte.

6:30 de la tarde.

— No me acaba de gustar esto, ¿sabéis? – confiesa Yuffie.

— Entiendo lo que quieres decir, pero no tenemos alternativa – responde Strife.

Al cabo de unos cuantos minutos caminando por este túnel en dirección desconocida hemos llegado a una cueva. O a algo parecido. Puede que alguna vez fuera una cueva, a pesar de que el tiempo no la ha tratado como debería. Ahora solo hay rocas desprendidas por todos lados, y de múltiples tamaños; algunas son enormes, del tamaño de casas, y otras mucho más pequeñas. Aquí hubo una vez algo importante, ya se puede ver solo con los restos.

Los miembros de AVALANCHA se han quedado inspeccionando una zona en concreto del lugar, aunque desde la oscuridad del túnel (porque no puedo entrar ahí por las buenas) no alcanzo a ver que observan.

— ¿Qué es tan importante como para que nos hayamos detenido? – pregunta Lockhart.

— Eso – responde Strife, señalando algo justo delante de él.

— ¿Y eso es…?

— ¿Hmm? Ah, claro. Que tú no luchaste contra Jenova – el jefe de AVALANCHA se aparta un poco y finalmente consigo ver qué es eso tan interesante. Es una especie de… ¿palo? No, sigue siendo roca, y está medio incrustada entre las demás. Es como una tira de roca, tallada y con cada una de sus cuatro caras perfectamente plana. Sí que es cierto que desentona un poco esa forma con las demás piedras de su alrededor.

— Eso – continua ahora Yuffie – era el "suelo" sobre el que nos enfrentamos a Jenova. Un montón de esos, para ser exacta. Me tropecé con uno y Jenova casi se me lleva por delante, así que me acuerdo bien.

— Ahhh… ¿así que es ESTO? Te había oído hablar largo y tendido sobre ellos, aunque creía que solo sería un mito – bromea Lockhart.

— Si, ya ves – añade Strife –, tampoco son gran cosa.

— ¿¡Qué!? – protesta Yuffie – ¡Pero si…!

— Yuffie, reconócelo: Tienes una fijación. Hemos escuchado esa historia un millón de veces, no hace falta que la volvamos a oír.

— ¡Pero si no…!

— ¡Yuffie, por favor! – insiste Strife – ¡Me sé mejor lo que te pasó con ese maldito suelo que de lo que recuerdo la batalla contra Jenova! ¡Y no digas que no! ¿Verdad, Tifa?

—… "Y entonces Jenova se me tiró encima. Yo, aun con mis reflejos de ninja, solo conseguí quedarme a cuatro patas. Tenía que moverme o esa cosa acabaría conmigo. Vi, por suerte, que Red estaba acercándose a mi posición, y que Cloud se dirigía…" – Lockhart recita lo que muy probablemente sea la historia de Yuffie. Y lo recita de memoria.

La joven ninja se pone a hacer pucheros al no poder rebatir tan elocuente argumento.

— Oh, vamos Yuffie, que tampoco es para ponerse así – intenta disculparse Lockhart, de una manera un tanto peculiar.

— No me toques. No quiero hablar con ninguno de los dos.

Parece que se ha enfadado de verdad.

He de admitir que me ha hecho algo de gracia, a pesar de que no debería. Esto de espiar a la gente es más divertido de lo que pensaba.

— Déjala, Tifa. Ya se le pasará. Como mínimo ahora sabemos dónde estamos, más o menos.

— No sé si os habéis fijado, pero el camino sigue – añade Red XIII, quien se ha acercado al grupo mientras conversaban –. Cloud, esto no me gusta nada.

— Ya, a mí tampoco me agrada estar aquí, aunque hemos de hacerlo.

— No, no me refiero a eso.

— ¿Y entonces? – pregunta el jefe de AVALANCHA, confundido por las palabras del felino.

— Estamos sospechosamente cerca de donde luchamos contra él. No creo que sea una coincidencia.

— Ehh, no es por molestar ni nada – interrumpe Yuffie – pero… ¿no nos cargamos a Sefirot en ese… sitio psicodélico? Quiero decir, os acordáis de donde luchamos contra Sefirot, ¿verdad? No fue aquí. Salimos volando y todo eso… ¿no?

¿Salir volando? ¿Sitios psicodélicos?

Casi prefiero no haberlo oído.

Ahora no puedo sino imaginarme a Sefirot con un traje hortera y bailando bajo una bola de esas brillantes que hay en las discotecas de Midgar.

Esa es una imagen mental que no necesito.

Parece que Yuffie ha dicho algo tan raro como me lo ha parecido a mí porque los demás se han quedado en silencio, observándola.

— Eso… probablemente… era una ilusión de algún tipo – responde finalmente Lockhart –. Una vez lo derrotamos aparecimos en el interior del cráter, y no creo que nos transportara de vuelta tan amablemente. Lo que creo que pasó fue que la ilusión (o lo que fuera eso) se desvaneció cuando lo matamos. Que rápido que se te ha pasado el enfado, por cierto…

— Ehh… no, si yo… – balbucea la ninja.

— Estoy de acuerdo con Tifa – asiente Red XIII, indiferente a las palabras ininteligibles de Yuffie –. Yo también pienso que pasó algo parecido. Volvimos todos juntos y de una pieza, y no creo que…

— Bueno, espera – le corta Lockhart –. Para ser totalmente exactos, no aparecimos todos juntos. Vincent y Yuffie no se reunieron con nosotros hasta el último segundo, justo antes de salir despedidos con la aeronave. Y creo recordar que tampoco estabais en la sala de mando luego… ¿Qué estaríais haciendo, me pregunto?

— ¡Pero que Vincent y yo…! – Yuffie baja la voz cuando se da cuenta de que ha atraído la atención de todos los miembros presentes de AVALANCHA (y la mía también, porque me ha pegado un susto importante) – P-Pero que Vincent y yo no… somos nada. Maldita sea, Tifa. Deja ya de hacer eso, ¿quieres? Me está empezando a irritar.

Desde aquí puedo ver como Yuffie está bastante cabreada.

— Vale, lo siento. No hace falta que te enfades. ¿O te estás sonrojando?

— Bueno, ya vale. Tú te vienes conmigo – interfiere Strife, agarrando suavemente a Lockhart por los hombros y llevándosela lejos de una Yuffie que tiene una mirada asesina –. ¿Por qué te metes con ella?

No alcanzo a escuchar la respuesta. Parece que es solo para los oídos de Strife.

La pareja se dirige hacia el túnel (o, mejor dicho, la continuación del túnel) y, sin mediar palabra, el resto de AVALANCHA prosigue la marcha por el interior del cráter. Todos no, por eso. Yuffie se ha quedado quieta donde estaba, ahora mirando al suelo abatida.

Sus compañeros no reparan en la ausencia de la chica y se pierden por el camino. Y la ninja sigue ahí. Utiliza la materia Fuego para iluminarse, al irse la única fuente de luz junto con los demás.

Ehh…

¿Debería decir algo?

¿Debería salir de mi escondite o…?

No es que esté escondida precisamente. Estoy en la oscuridad del túnel, si bien no es muy complicado verme debido a la nueva fuente de luz.

Pero si salgo…

¿Y si vuelven?

Hmm…

— Maldita sea. ¿Por qué no para de emparejarme con Vincent?

Yuffie habla para sí misma.

No estoy segura si debería escuchar esto.

— Esa Tifa – continua –, ¿Por qué no puede dejarme en paz? Y encima con el único tema que me molesta. Si a mí quien me gusta es…

No estoy segura si debería escuchar esto.

De cualquier manera, se ha parado a media frase. Y ahora pone una cara grotesca.

Y mira hacia aquí.

Ah.

Se había olvidado de mí.

Lo puedo ver en su cara.

Y ahora se ha acordado.

Es obvio que me ve. No estoy tan fundida con las sombras como desearía, y se me ve perfectamente. Y aun así, no dice nada. Solo se queda mirando, con esa cara.

Esa cara.

No se acordaba de mí y ahora lo ha hecho. Esa cara la delata.

Podría llegar a plantearme muchas cosas sobre la situación actual. Lo del intercambio de materias y todo ese embrollo, pero no lo haré. Voy a hacer la vista gorda esta vez. Voy a obviar que me haya olvidado a pesar de que actuaba bajo sus órdenes.

No suele pasarme esto, sinceramente. Noto un pequeño pero persistente pinchazo de… no estoy segura… algo comparable a lo que siente una esposa cuando su marido se olvida de su aniversario. Esa sensación. Persistente, desde luego. Solo espero que no se refleje en mi cara, porque como estoy oculta en las tinieblas, quizá se me note un poco.

También ha de ser doloroso para Yuffie, no tengo duda alguna sobre ello. Su cara lo refleja bien. Han pasado varios segundos y ni se ha movido. Espero que esté arrepintiéndose. No, seguro que lo está haciendo ahora mismo. Más le vale que lo esté haciendo ahora mismo.

Ella sigue mirando en esta dirección. No me hacen falta más pruebas: me ve. Así que la saludo. Y lo hago con una sonrisa tan cálida como falsa.

Instantes después, ella me devuelve el saludo, aun algo aturdida. A los pocos segundos se gira en dirección al túnel y sale caminando detrás de sus compañeros. Casi no se nota que intenta huir de mí.

Cuento mentalmente hasta diez y me dispongo a seguirla. No debo retrasarme demasiado, o la luz se irá del todo y no veré nada.

Atravieso la sala rápidamente y vuelvo a introducirme en el túnel. Se ve luz huyendo al fondo. La sigo, manteniendo la distancia, con total conocimiento de que ella sabe que estoy justo detrás. Espero que mi presencia sea como un golpe continuo a su consciencia.

Seguimos así durante un par de minutos.

Finalmente llegamos (ella primero y luego yo) a otra sala, esta vez mucho más grande que la anterior. Los otros miembros de AVALANCHA ya están en su interior, así que me toca esperar en la entrada. Esta vez, por eso, hay más cobertura natural. Por fin parece que empiezan a irme bien las cosas.

El lugar al que hemos llegado es en realidad una caverna, un hueco en el interior de la montaña (¿o debería decir cráter?) de dimensiones considerables y bastante más grande que donde estábamos hace escasos minutos. Estalactitas y demás protuberancias típicas se forman a nuestro alrededor en esta cueva subterránea sumida en la oscuridad, con la sola excepción de las materias que portan Cid Highwind y Yuffie. Tal es el tamaño de este sitio que el sonido de sus voces apenas llega a mis oídos.

—… Hay algo que no me gusta – Esa era la voz de Strife –. Hay algo que no me gusta nada de nada. ¿Vosotros también lo notáis?

— Si… – comenta Lockhart – hay algo raro… pero no sé que es…

— Tenéis razón, yo también lo noto – añade Red XIII.

— Pues yo no noto nada.

Esa era Yuffie, como no. Insensible a cualquier cosa ajena de la que deba preocuparse.

— Estoy con Yuffie. Yo tampoco noto nada.

— Tú nunca notas nada, Barret – comenta Highwind hacia su compañero –. Aunque tengo el presentimiento de que algo malo va a pasar.

— ¿A sí? – pregunta Yuffie.

— Si… se me están a punto de acabar los cigarrillos. Solo me queda uno, y eso suele ser señal de desgracias – dice con desdén –. Cloud, no hay nada aquí. ¿Podemos irnos? Lo de hacer de aventureros ha estado bien. Hemos caminado, seguido un camino misterioso y tal. No hemos encontrado nada. ¿Podemos largarnos de una vez? Este lugar me da muy mala espina.

Vaya falta de respeto.

Yo le digo eso a Tseng y ya puedo ir despidiéndome de mi trabajo. Y con un poco de suerte, solo de eso.

Strife lo permite, por lo visto, pues sopesa la propuesta de su compañero.

— Está bien. Solo quiero asegurarme de que aquí no hay nada. Registremos este sitio y luego nos vamos, ¿de acuerdo?

—… Vale – suspira el piloto.

— Dispersaros – ordena Strife –. Buscad cualquier cosa que sea sospechosa.

Casi toda AVALANCHA balbucea algo parecido a una afirmación.

— ¡Venga, va! ¡Con ganas! – les anima Strife – ¡Cuánto antes acabemos, antes nos iremos a casa!

— ¿Ya os vais? ¿Tan pronto?

¿Eh?

No reconozco esa voz. No es de AVALANCHA, por lo menos.

Pero sí que me suena. ¿Dónde la habré escuchado?

Oteo rápidamente el horizonte en busca del origen de la voz, sin éxito. Sin embargo, reparo en que el grupo al que he estado observando mira a algún punto en el techo.

¿Qué hacen? Pero si no… hay… nada…

Vaya.

Esto se ha vuelto mucho más peligroso de lo que esperaba.

Es él.

No puede ser. Está muerto. Acabaron con él… ¿no?

Pero ahí está.

Descendiendo desde la oscuridad, espada en mano. Y con esa melena blanca que me ha producido más de una pesadilla.

Sefirot.