Mi amor por ti

Nota aclaratoria: Los personajes de Sailor Moon no me pertenecen son de Naoko Takeuchi, al igual que la historia, es la adaptación de un libro de María Nestora Telléz Rendón, espero lo disfruten

Capítulo 7. Los cuidados del príncipe

Cerca del castillo del Reino Umbroso se encontraba una bella aldea que pertenecía al Reino de Ilusión, sin embargo invadida por Lord Diamond, la cual sufría de las tiranías del mismo, a pesar del que el Rey de Ilusión hacía todo lo posible por ayudar a su súbditos la cercanía con el reino umbroso era su perdición.

En esa pequeña aldea llegaron dos hermanos, uno de ellos, el más joven de los dos era de cabellos negros, su belleza era varonil, de talle esbelto y airoso cual si fuera un príncipe, gentil, su voz era agradable, insinuante, majestuosa, sus hermosos ojos azules, como una noche clara y hermosa, su mirada era una mezcla de dulzura, bondad, amor, valor, energía. El otro joven que lo acompañaba apenas unos años mayor que él, de cabellos rubios, también era muy guapo, pero no tanto como el primero. Cuando llegaron a esa pequeña aldea, una enfermedad la había azotada, el pelinegro les digo que era médico y con la ayuda de unos lugareños instalaron un pequeño consultorio para atender a los necesitados y entre ellos escogió a algunos para enseñarles los secretos de la medicina, entre ellos algunos se fueron ganando la confianza, a unos les comentó que era un médico del Reino de Ilusión, a otros les dijo que era un enviado del Rey y a los más dignos de su confianza les dijo que él era el mismísimo príncipe del reino de ilusión, que su prometida, su futura esposa, que se hallaba secuestrada en el castillo del reino umbroso. Y que Andrew era su gran amigo, casi su hermano. La gente del lugar al verse confiados con tal secreto se ofrecieron gustosamente a ayudarlo en lo que se pudiera, y por fin llegó ese día pues llegaron del castillo del reino umbroso a buscar gente que trabajara en el palacio y por supuesto que entre los que eligieron estaban aquellos "dos hermanos". Por supuesto el corazón del Príncipe saltaba de emoción, que disimulaba muy bien mientras se acercaban al castillo, por fin después de tanto tiempo iba a ver a su amada, la iba tener frente a frente, sin embargo sabia que debía ser cuidadoso, pues no quería poner en peligro a su amada.

Llego el día en que el príncipe y Andrew marcharon al castillo de Lord Diamond, ¡cuánta emoción cabía en el pecho del príncipe, al ver las torres en donde se encontraba su amada! Aquella mansión que siempre había aborrecido, le era tan especial solo porque ahí se encontraba Serena, su gran amor. Por fin pudieron entrar al castillo, y en el patio central esperaron a que le asignaran sus deberes.

El gallardo príncipe dirigía sus miradas a todas partes buscando detenidamente a la persona dueña de su corazón, sin embargo nunca se apareció. Cuando llegó el encargado de repartir los empleos, les preguntaron a que se dedicaban – a la jardinería – contestaron

- Jardineros , que bien, justo lo que necesitamos, pues es necesario cultivar el jardín de la princesa del Reino Umbroso, la prometida de Lord Diamond – El príncipe se estremeció de furor al escuchar tales palabras; pero tenía bastante prudencia para dejar percibir su emoción, mientras el encargado continuaba – Es necesario tener vigilada a nuestra princesa, pues nuestros enemigos han tratado de llevársela, espero que arreglen el jardín para que ella olvide ese trauma – termino diciendo

- no se preocupe, Señor, estamos seguro que nadie tratará de llevársela, la protegeremos aun a costa de nuestra vida – respondió el príncipe

De ahí fueron llevados al jardín el cual estaba lleno de aquellas flores que le hacían tanto daño a Serena, el príncipe estaba impaciente, deseaba con todo su corazón poder ver a su amada lo más pronto posible – Andrew, ¿Por qué tarda tanto – repetía constantemente; al caer la tarde apareció una pequeña figura, una joven pálida, de mirada inquieta y distraída, de no ser por Andrew el príncipe no hubiera podido reconocerla –Señor, ella es Serena – le dijo pues tenía muy poca semejanza con el retrato de ella que llevaba colgado en su cuello, la cual también había guardado en su mente y en su corazón con mucho amor.

- Andrew, ¿pero que le han hecho? Mírala, mira el terrible estrago que le han hecho mis enemigos a la mujer más hermosa. Por favor, habla con ella para ver si te reconoce.

Andrew se adelantó para tratar de hablar con ella, pero la rubia siguió ni siquiera lo noto paso de frente y fue a sentarse a un pequeño banquillo. Andrew se acercó muy lentamente y al estar junto a ella le habló con mucha dulzura – querida Serena, ¿Qué tienes? ¿Cuál es tu pena? ¿Por qué tus ojos reflejan tanto dolor? No me reconoces, soy Andrew, tu amigo, no tengas miedo, dime lo que alberga tu corazón, ven querida niña, llora conmigo – Serena volteó para saber de dónde provenía esa voz tan dulce, hacia tanto tiempo que no escuchaba palabras tan tiernas que la hizo reaccionar - ¿Por qué me hablas de ese modo? Aléjate de mí, no te me acerques, acaso no sabes que estoy maldita – después se rió, en realidad la locura le había afectado demasiado. De pronto siguió hablando incoherencias - ¿habrá hoy baile? Por favor tráeme flores que me hacen olvidar lo que me pasa, quiero adornarme con ellas – pero de pronto cambió su actitud – No quiero nada, no quiero nada – dio un fuerte suspiro y por más intentos que hizo para llorar no pudo, la enfermedad también le impedía llorar - ¡ay de mí! Se me han agotado todas la lágrimas – se tiró al suelo jalándose los cabellos. El príncipe estaba oculto, su corazón se le desgarraba al ver a su princesa, pero estudiaba cada uno de los signos para poder curarla de esa enfermedad, veía fijamente cada una de sus reacciones y poder realizar la medicina que la ayudara. Serena, una vez recobrada la calma se levantó y se regresó a sus aposentos muy lentamente, debido a lo débil que se encontraba por su enfermedad.

Al irse Serena, el príncipe estaba acongojado por todo lo que le había pasado a su amada, lo primero que tenía que hacer era cambiar las flores que tanto daño le hacían a la rubia, y cambiarlas por unas de las cuales tenía que sacar las medicina que la curaría, pero que también el aroma de ellas ayudarían también al restablecimiento de la chica. Sin embargo era necesario hacerlo de una manera prudente sin que los habitantes del castillo pudieran notarlo y por supuesto puso manos a la obra. A partir de ese día sus tareas eran quitar las flores dañinas cambiándolas por las que ayudaban, también empezó a preparar la medicina que tendría que tomar Serena para su curación, así mismo preparaba un incienso, pues en las noches subía al balcón donde se encontraba la habitación de su amada y escuchaba que su dormir era intranquilo, por lo que le ponía el incienso tratando de que entrara por la pequeña brecha de la ventana, debido a por órdenes de Lord Diamond estas permanecían cerradas. El príncipe pasaba las noches en velas, cuidando el sueño de Serena, Andrew siempre le decía –por favor, Señor, debe irse a descansar – a lo que el príncipe le contestaba – Andrew ¿Cómo puedo descansar, cuando Serena sufre y padece? No me pidas eso, por favor te lo ruego – sin embargo al igual que el príncipe Andrew vigilaba a los dos, pues no quería que pudieran descubrir las intenciones de su Señor – cuando llegaba el día, apenas descansaban unos instantes para poder continuar con sus labores. Pasó el tiempo y el jardín estaba cubierto por las flores que ayudarían a la recuperación de la chica, cuando Serena bajaba al jardín, lo cual hacía cada vez más tiempo, Andrew le hablaba con mucho cariño, la chica se estaba acostumbrando nuevamente a la presencia de su amigo, de tal manera que cuando no se hallaba lo buscaba con la mirada, el príncipe seguía vigilándola para saber cómo reaccionaba ella y poder determinar el día en que debían empezar su curación; con respecto a las noches, gracias a que hablaron con Luna y la convencieron ella habría una pequeña ventanilla que se hallaba arriba del balcón, por donde entraba con mayor facilidad el aromático incienso haciendo cada vez más suave y reparador el sueño de la chica.

Por fin llegó el día en el que empezarían a curar a Serena, como siempre ella bajó al jardín, y Andrew la esperaba con un ramo de rosas, muy difíciles de conseguir en esas tierras, pero gracias a las habilidades del príncipe como jardinero habían nacido en esa tierra.

- Serena, ¿te agradan estas flores?

- Si, son hermosas, ¿me las regalas? – y tendió sus manos para recibirlas

- Serán tuyas si te tomas esto – le ofrece un vaso donde se encontraba la medicina diluida en un refresco dulce, debido a lo amargo de la misma, Serena pero al probarlo, se lo apartó inmediatamente de los labios diciendo – está muy amargo – y haciendo gestos con la cara – yo te ayudo – dijo Andrew y tomo un poco para alentarla – Por favor toma un poco más y las flores serán tuyas – Serena, tomó lo que quedaba del vaso, claro haciendo gestos de que no le gustaba, pero al terminar el contenido Andrew le entregó el ramillete. En los días consecuentes para que pudiera tomar la medicina, le ofrecían toda clase de obsequios, pájaros, pequeños animalitos, miel, todo aquello que le agradaba a la chica, el príncipe por su parte trataba de que las medicinas fueran lo menos amargas. Cuando estas bebidas ya habían hecho su efecto de preparar el cuerpo de la chica para poder recibir aquella que la curaría, sin embargo debían ser cuidadosos, por lo que el día que se celebraba una gran fiesta por una pequeña batalla que supuestamente habían ganado. Beryl se sentía afortunada pues era la orgullosa reina de ese castillo, los bailes y festejos casi siempre eran en su honor.

En la hora que todos estaban entretenidos en el baile, Serena bajo al jardín, pero Andrew toco una bella melodía con su flauta, la cual la chica al escucharla fue hacia de donde salía el sonido de la melodía, de esa manera Andrew la condujo a un sitio que era el más retirado del jardín, que había sido abandonado, pero al llegar el Príncipe y Andrew lo habían cultivado con tal empeño, haciendo que nacieron de el bellas flores, los árboles se hicieron frondosos formando un pequeño bosquecillo en el cual en medio de él pusieron una pequeña cabaña. En ese lugar no se escuchaba el bullicio del palacio, todo era apacible y tranquilo, cuando llegaron Andrew y Serena el sol estaba por ocultarse haciendo que las copas se tornaran doradas, dando un espectáculo maravilloso, así mismo el trinar de los pájaros, el sonar del viento entre las hojas de los árboles y hasta el murmullo de un pequeño arroyo que pasaba por ahí, hacían de ese lugar el más agradable que pudiera existir en ese castillo. Serena estaba admirada, jamás pensó que pudiera existir tal lugar en ese castillo tan tenebroso, caminó lentamente admirando todo lo que se encontraba a su alrededor. Andrew le salió a su encuentro y la llevó a una banca cerca de la cabaña, se sentaron guardando silencio, de pronto una bella melodía lleno el lugar, la voz que la cantaba era majestuosa y tierna

La letra de la canción hablaba del gran amor que un caballero tenía por su amada, decía que ella era la más hermosa de todas la mujeres, y que él moría de amor por ella, la esperaba, sin embargo esa espera se tornaba dolorosa debido a la lejanía de ellos, que la amaba a pesar de todo lo que lo separaba y que su deseo más grande era que algún día ella pudiera ser su esposa.

Serena escuchaba atenta la canción, cuando esta terminó quedó inmóvil y muda, parecía que no respiraba, parecía una estatua que adornaba el jardín, después de un largo silencio Andrew le habló - Serena, ¿sabes quién es el misterioso cantor? – La chica hizo un ligero movimiento y Andrew prosiguió – ¡Es un amante, si tú supieras cuan desgraciado es en amores! Es el más hermoso y gallardo de los hijos de los hombres; tiene todos los talentos y todos los encantos que pudiera pedir la mujer más exigente, pero no obstante esto, es tan amoroso como mal correspondido, dejo su patria donde era muy feliz, se fue lejos de ahí a buscar a su amada: ¡ella le había dicho que lo amaba, que lo amaba mucho, ¡él se creía correspondido! Pero al llegar al lugar donde se supone que la encontraría, donde esperaba estrecharla en sus brazos y oír de la voz de su amada lo mucho que ella también lo amaba, esperando que ella lo aguardada dichosa de esperarlo, pero si supieras que fue lo que pasó, ella – pero Andrew se quedó callado en ese momento, Serena daba las señales de la más viva ansiedad, pero al ver que el chico se había callado, rompió su silencio y preguntó – ¿Qué sucedió? ¡Dímelo! ¿Qué hizo ella? – en verdad ¿quieres saberlo? – Preguntó Andrew – pues te lo diré. Escucha Serena, ella se marchó y él sufrió, si hubieses visto su dolor hubieras derramado lágrimas

– Y luego – interrumpió la chica – la olvidó para siempre, la abandonó y se volvió a su patria, o será que sólo la busca para saciar en ella su venganza ¿no es así?

– Por supuesto que no, la ama más que nunca – replicó Andrew con viveza – la busca para salvarla y ha jurado que la rescatará de manos de sus enemigos que la tienen secuestrada

Serena al escuchar la palabras de Andrew quedó sobrecogida de dolor, hubiese derramado torrentes de lágrimas, pero su enfermedad no se lo permitía, se llevó las manos a su pecho tratando de suavizar el dolor que le producía su corazón y sólo acertó a gritar – Ya no es tiempo, es demasiado tarde para salvarla – volvió a actuar como una loca y después se desmayó. Darién se angustió y al ver que su amada iba caer a causa del desmayo se apresuró a tomarla entre sus brazos para evitar que cayera al suelo, creía morirse de dolor, al ver el sufrimiento de su amada, pero tenía que ser fuerte si deseaba curarla, la rocío con un bálsamo especial y le dio a beber no sin mucho trabajo una esencia maravillosa, cuando Serena estaba por volver en sí, nuevamente se escondió. Serena abrió los ojos lentamente y miró a su alrededor, Andrew la ayudó a levantarse, nuevamente se sentó en la banca. El sol acababa de ocultarse y unas pequeñas lámparas iluminaban el lugar, los ruidos de la noche empezaban a llenar el lugar. Serena experimentaba una emoción desconocida, conserva los recuerdos un poco borroso de lo que acababa de pasar, entonces ocurrió el milagro de la ciencia y la medicina. La chica logró lo que en mucho tiempo no podía: rompió en un copioso llanto. Al fin, no podía creerlo una mezcla de sentimientos se unieron a la sorpresa de ver su llanto, si, lloraba y sus lágrimas bajaban en torrente por su mejillas. Andrew la miraba complacido, pues el que pudiera llorar, era un paso para que pudiera curarse, le preguntó – Serena, ¿has tenido algún enamorado? – Serena, al oír esto pasa un mano por su frente como si de esta manera pudiera llamar a sus recuerdos – Yo – decía muy despacio – si en otro tiempo – de pronto el recuerdo de su amado príncipe llegó hasta ella – Andrew, soy muy desdichada, muy desdichada, es más soy una ingrata, ¡Ay de mí! Me deje engañar, si al menos hubiera aprovechado aquellos momentos en esa noche, ahora no hay remedio, estoy perdida para siempre

- Serena ¿Quién es él?

- Andrew, ¿cómo me preguntas eso? Tú sabes muy bien que es el príncipe de Ilusión. Al fin pude pronunciar su nombre, ¿Quién ha hecho, que al fin pueda recuperar los recuerdos de mi adorado amor? – decía para sí muy quedamente Serena

- Serena ¿te gustaría verlo? ¿Quieres ver al príncipe de ilusión?

- ¿Ver al príncipe? Yo, que he sido una ingrata, por no esperarlo en donde prometí, ¡oh no! Me moriría de vergüenza y sin embargo no he anhelado otra cosa desde que supe que lo amaba y que él me amaba, si ese es el deseo de mi corazón, claro que deseo verle, deseo implorar su perdón

- Pues aquí lo tienes, Serena – el príncipe salió de su escondite con todo esplendor y gallardía. Al verlo muchos sentimientos de la chica se mezclaron, amor, miedo, angustia, ansiedad, tantos que la pobre chica no pudo más y volvió a caer desmayada en brazos de su amado, el cual la tomó en sus brazos y la deposito en la cama que había en la cabaña, y se quedó velando su sueño, que después de mucho tiempo era tranquilo y reparador. La noche había caído por completo y los rayos de luna entraban por la ventana iluminando la cara de la chica, tan bella la encontraba el príncipe, pues Serena desde que tomaba la medicina habían vuelto a tomar color sus mejillas, las manos del príncipe tenían en ellas la de la enferma, pero ahora tenía una angustia – Andrew, Serena va a despertar y al fin habrá recobrado la razón por completo, pero ¿me amará? ¿No le habré devuelto la salud para que escuche un cruel desengaño? Eso no lo soportaría

- Príncipe, estoy seguro, que Serena solo loca como estaba habría podido firmar la escritura donde se compromete con Lord Diamond, pero estoy seguro que ella lo ama mi Señor, la conozco y sé que es verdad – pasaron toda la noche velando el sueño de la rubia, pronto el trinar de los pájaros anunciaron que el amanecer estaba por llegar y debían despertar a la chica para que fuera a sus aposentos y no descubrieran que no durmió ahí – Es hora de despertarla y Andrew pregúntale lo que deseo saber

Andrew con mucha ternura despertó a la chica, la cual se sentó al despertarse tratando de recordar el lugar donde se encontraba, después de un rato, se fijo en Andrew, no recordaba muchas cosas

– ¿Dónde me encuentro? ¿Quién eres tú? – preguntó la chica sorprendida

– Serena, me alegro que estés mejor - después de eso le platicó todo lo que había pasado desde que ella se comprometió con el príncipe siendo pequeña hasta el día que escapó del castillo de la Luna, conforme Andrew le contaba todo, la chica iba recordando, al final se cubrió el rostro llorando – Basta, Andrew, no sigas, acaso me has devuelto la salud y la razón para descubrir lo desgraciada que soy, no hay remedio para mí – decía la chica llorando

– Serena, tranquila, mira la escritura que firmaste no es válida porque no estabas en tu sano juicio cuando la firmaste, además aunque lo hubieses hecho estando bien, no se hizo correctamente, ante las personas encargadas de darle fe y validez a ese documento – al escucharlo la rubia levantó el rostro sorprendido, acaso había una esperanza para ella

- Entonces, no tengo ningún compromiso con Lord Diamond – dijo la chica sorprendida

- Así es Serena, pero dime ¿Aun quieres ser la esposa del príncipe de Ilusión? ¿Tú aún lo amas? Respóndeme Serena

- Por supuesto Andrew, mi amor y mi corazón sólo le pertenecen al príncipe de Ilusión – dijo Serena – pero él ¿acaso podrá perdonar mi falta?

- Mi niña, el príncipe jamás ha dejado de amarte, el moriría si tu no le correspondieras, de hecho mando un médico para que te curarás

- Por favor Andrew, dile que lo amo, que esperare a que me saque de este castillo, para poder ser su esposa, es lo que más deseo en este mundo

- Ten por seguro que él sabrá del amor que le tienes y lo harás muy feliz, pero ahora debes ir a tu habitación, no queremos que se den cuenta de que te has curado – la cubrió para que el rocío de la mañana no le hiciera mal y la regresó a su habitación, por su parte el príncipe no cabía de gozo, había escuchado de la boca de Serena cuánto lo amaba.

Ese mismo día pero más tarde Serena salió como siempre al jardín, Andrew le salió al paso y le dijo –Serena, voy a presentarte al médico que te curó – dicho esto el salió el príncipe disfrazado que a pesar de que la chica lo había visto en Fotografías no pudo reconocerlo, la chica lo trato con cariño pensando en que su amado lo había mandado para ayudarla a restablecerse, pasaron toda la tarde los tres platicando, por supuesto que el príncipe le daba su medicina la cual la chica tomaba muy a su pesar, pero sabiendo que era lo que quería su amado.

La rutina de bajar al jardín donde la esperaban el príncipe y Andrew, después se iban al pequeño bosque para que no descubrieran que la chica había recobrado la salud, se dio por varios días, hasta que una tarde encontraron a la chica muy triste

- Serena ¿Cuál es el motivo de tu tristeza? – preguntó el príncipe

- Creo que el príncipe no me ama – decía acongojada la chica

- ¿Qué el príncipe no te ama? ¿De dónde sacas eso? - cuestiona el príncipe sorprendió

- Es que tiene varios días de que recobre la razón y no me ha mandado ningún mensaje, ni me ha escrito, me ha olvidado – respondía llorando la chica, al escucharla el joven monarca no pudo más y le dijo – Serena, adorada Serena, el príncipe no te ha escrito porque tiene la dicha de estará tu lado, porque el príncipe soy yo, que hablo contigo – dicho esto se quitó el disfraz revelando su verdadera identidad a su amada, al verlo la chica sólo acertó abrazarlo diciéndole con todo su amor – siempre has sido tú, mi adorado príncipe, perdóname por no esperarte donde te prometí – Serena mi amor todo está olvidado – sellando su encuentro con su primer beso de amor

Continuará

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Gracias a todas por leer este fic, como pueden notar al fin nuestra pareja esta junta, ¿pero que pasará con ella? no dejen de leer el proximo capitulo que espero subir lo más rápido que pueda, solo les pido paciencia, no solo con este sino con todos mis fics

un agradecimiento especial a: anyreth, Isis Janet, mariaelena83, patty ramirez de chiba, Sailor Lady, SereyDarien por los reviews enviados

solo una aclaracion, cuando no pueda contestar de manera directa su review, dejaré uno para sus aclaraciones

besos a todas

gracias, muchas gracias a todas

Las quiero

Cherrie