No soportaba que me impusieran semejante estupidez. ¿Un hijo? Y peor aún, con Edward Cullen, había que estar de remate.
―¿Están todos locos o la única cuerda soy yo? ―chillé.
―Bella, tranquilízate por favor ―me pidió.
―Mira Edward, he soportado ya suficiente con todo esto como para, más encima, tener que aguantar que me pongas una mano encima ―le grité.
―¿Crees tú que te podría una mano encima? ¿Estás loca? Antes muerto ―dijo serio.
―¿Entonces como crees que me harás un bebé? ¿Llamarás a la cigüeña a caso? ―dije dándome vueltas una y otra vez…
―Isabella, lamento que a veces vivas en el siglo pasado, pero una solución sería la tecnología, ya sabes… crearlo artificial y luego implantártelo ―mantuvo su rostro serio.
―¿Quieres que me deforme a tal punto de parecer una vaca solamente para darle en el gusto a mis padres? ―le chillé.
Realmente no me preocupaba engordar con el embarazo, pero si tener que albergar cierta cosa que me uniera a Edward irremediablemente.
―¿Por qué demonios no eres infértil? ―chillé.
Él se quedó estupefacto.
―¿Eres infértil? ―dije ilusionada.
―No ―mantuvo su mandíbula tensa.
¡Demonios!
―¿Y ahora que le diré a Jake? ―dije más para mí que para Edward.
―No podrá decir nada ―sonrió.
―Cállate ―le chillé.
Cuanto le detestaba, me ponía los nervios de punta con sus aires de sabelotodo y peor ahora tendría que aguantarlo como algo más que apariencias… Un hijo ―me repetí ―. Esto es insólito.
―Isabella, sé razonable, era obvio que querrían ser abuelos ―añadió.
―Gracias por tu estúpido consuelo ―le chille.
―Mira, me estas hartando con tus arranques idiotas, escúchame bien de una buena vez ―me sostuvo ―. Jamás en mi vida te tocaría ni un solo pelo aunque sé que te mueres por ello ―rió ―. Haremos unas pruebas en un laboratorio y listo.
―¿No esta en tus planes mi situación sentimental?
―Eso es tú problema no el mío y gracias a Dios porque Jacob Black si que es un dilema ―rió.
―¿Qué sabes tú de él? ―inquirí.
―Más de lo que quisiera saber ―hizo un gesto de asco.
―Eres insufrible ―le dí la espalda.
―Tú eres repugnante.
¿Repugnante? Sentí como mi ira hervía por toda mi piel.
―Eres patético y sin vida personal por eso intentas joder la mía ―reclamé.
―Si, claro ―finalizó.
La gente en el parque nos miraba con detenimiento.
―Ridícula ―rió al verme estupefacta ante las miradas de las personas que caminaban cerca de nosotros.
Condujo en silencio hasta el hotel.
―G-Gracias ―dije molesta.
―Aún esto no termina ―dijo subiendo al ascensor.
―¿Qué pretendes? ―le critiqué una vez solos.
―Me quedaré a dormir contigo ―jugó con las llaves de su auto.
―¡¿Qué?! ¿Estás estúpido? ¡No puedes quedarte!
―¿No? ¿Por qué no? ―rió.
―Pues… porque no tienes para qué quedarte, además si se entera Jacob…
―Si se entera a mi me da igual… ―sonrió patéticamente.
―No te dará igual cuando… cuando… te golpeé ―empuñé mi mano.
―¿Tú le defenderás? ―soltó una fuerte carcajada ―. Demasiado niñito para ser mi esposa ―dijo para si.
―No te quedarás ―sentencié en la puerta de mi habitación.
―¿Quieres apostar? ―dijo sacando su copia de mi llave y abriendo la puerta.
―¡Ándate!
―No ―cerró la puerta.
Indignada me fui al baño… ¿Cómo era posible? Esto era una pesadilla, era una maldita pesadilla con el nombre de Edward Cullen por donde se le mirase.
Al salir le vi muy instalado en el sofá haciendo zapping.
―¿Me puedes explicar por qué mierda te quedarás acá? ―le grité.
―¿Y si no quiero hacerlo?
―Edward… ―dije molesta.
―Esta bien, te diré. Mira abajo habían cientos de paparazzis, llevamos mucho tiempo saliendo y nunca me he quedado contigo, en la televisión ya están hablando cosas… raras ―declaró con calma.
―¿Es una especie de montaje?
―Si, algo así ―dijo en todo seductor.
Se levantó del sofá se acercó a mi a una distancia demasiado provocadora, sentí como mi piel se erizaba. Intenté controlar mi respiración y mi pecho. Entonces él se alejó como si nada.
¿Qué fue eso?
Fruncí el ceño y me fui a mi cama.
―¿Dónde vas sin invitarme?
―Al maldito infierno, pero tu tienes free pass eres cliente VIP ―le grité.
―Vamos, Bella. Tu y yo tenemos que hacer las paces ―rió.
―Cada vez que me dices eso es por que me sueltas una bomba ―me crucé de brazos.
Edward se sentó a los pies de mi cama.
―Bella, intento llevarme bien contigo y tú eres insufrible ―sonrió.
―No te vengas con el cuento de nuevo que me lo sé de memoria.
―Me voy al sofá ―dijo molesto.
Antes de que saliese del umbral llamé su atención.
―Ándate acostumbrando a dormir allí, cuando vivamos juntos ni sueñes compartir la cama ―sonreí triunfante.
―Eso ya lo veremos ―arqueó una ceja y se marchó.
Edward durmió toda la noche en el sofá, mientras que a mi me costó un mundo quedarme dormida. La noticia del bebé me daba vueltas en la cabeza una y otra vez ¿Qué sentido tenía fingir así? ¿Por qué no me revelaba y punto? Podría hacer mi vida feliz, viajar por el mundo, casarme con quien yo quisiese, tener hijos con quien amase y no soportar a mi peor pesadilla como marido.
Entonces recordaba a mi familia, si por que patéticamente eran lo único que tenía y no quería ser la oveja negra. No sé, tenía implantado algo en mí, un chip o que se yo, era algo que me obligaba a hacer las cosas bien.
Me levanté somnolienta aún, quería tomar desayuno, mi estómago exigía comida. Entonces allí estaba Edward, sentado en el sofá, con otra ropa, no era la misma de anoche y con el desayuno servido.
―¿Q-Qué h-haces a-así? ―dije confusa.
―¿Pretendías que no me cambiase de ropa? ―frunció el ceño.
―No, pero ¿Quieres comprarme con un desayuno? ―arqueé una ceja.
―Puede ser ―sonrió.
Me fui al baño, lavé mis dientes y me senté junto a él.
―¿Jugo natural? ―me tenté.
―Sin veneno no te preocupes ―sonrió.
Nunca dejaría de molestarme, debía acostumbrarme a aquello.
Los días pasaron demasiado rápido para mí, mis asistencias a la universidad me agotaban, sin contar que cada día los paparazzis se dejaban ver con mayor frecuencia.
Esa noche tenía una cena con los Cullen.
―¡Alice! ―chillé agradecida al verla.
―Aquí estoy ―sonrió.
―No sé que hacer, tengo una cena con los Cullen y a última hora Edward me avisa que vendrán los amigos de su padre y gente importante ―chillé desesperada.
―¿No tienes vestido?
―¡No! No quiero usar uno repetido ―comencé a buscar entre mi ropa.
Alice me tomó fuertemente del brazo y me llevó a su habitación.
―¿Qué haces?
―No puedes pretender recorrer la mitad de Londres para encontrar un vestido adecuado en menos de media hora, aunque confieso que podría hacerlo, pero debes maquillarte y todo eso ―comenzó a mover las manos desesperada.
―Lo sé ―me lamenté.
―Le daremos una lección a Edward, ¿Quién se cree al querer dejar a mi amiga mal delante de toda esa gente? ―bufó.
Comenzó a buscar vestidos, tiraba unos, recogía otros.
―¿Trajiste esos tacones asesinos? ―sonrió.
―¿Los plateados con brillantes? ―asintió en silencio ―. Si, los traje.
―Lo combinarás con… este vestido ―sonrió.
Me mostró un hermoso vestido color granate. Tentador era la mejor palabra que lo podría describir, tenía la espalda baja y un escote pronunciado, nada exagerado.
―Alice… yo… ―titubeé ―. Es hermoso ese vestido, pero ¿Qué pretendes al querer que lo use?
Ella sonrió victoriosa.
―Que le demuestres que eres una gran mujer y que no tiene por que basurearte, que eres demasiado para él.
―¿Cómo conseguiría eso, querida? ―dudé.
―Conquístalo, sedúcelo, ya sabes. Creo que no tengo para que darte clases, no de ese tipo, tú lo haces muy bien ―sonrió.
―¿M-Me e-estas p-pidiendo…?
―Si, te estoy pidiendo que esta noche te olvides de todo y juegues con él. Bella ya esta bueno de que te insulte, es hora que te destapes ―dijo sentándome.
Comenzó a maquillarme y a peinarme.
―¿Crees que funcionaría?
―¡Vamos! Bella, tú eres genial cuando se trata de conseguir lo que quieres, sólo déjate llevar y la verás…
―Pero, Alice. Yo repudio a ese hombre ¿Cómo bromearé si ni siquiera me gusta un poquito? ―chillé.
―Imagina que es Jacob ―sonrió.
―¡Ah, no! ¿Imaginar que es Jake? ―le critiqué.
―Bella, con Jacob solo están saliendo, además oficialmente Edward es tú novio, técnicamente no le estarías siendo infiel a Jacob por que él es tu amante ―rió ante lo complicado del tema.
―¿Qué consigo con todo esto? Edward y yo no somos niños para hacer esto ―critiqué.
―Por lo mismo, no tienes por qué jugar como si fueran niños. ¿Sabes…? Los grandes tenemos otro tipo de jueguitos con los que podemos incomodar ―me sonrió a través del espejo.
Una vez maquillada y peinada me dirigí hacia mi habitación para ponerme el vestido y los zapatos, Alice me acompañó.
―¿Lo harás? ―dijo cerrando la puerta.
―No lo sé, me sentiría sucia si... ―estremecí ante mis imágenes mentales.
―No he dicho que consumes la seducción, Bella tonta ―rió.
―¿Entonces?
―Simplemente juega… déjalo a medias ―se sentó en el sofá.
¿Dejarlo a medias? Interesante.
Me puse el vestido y los zapatos que me daban de ventaja unos ocho a diez centímetros de altura extra.
Rocié mi perfume preferido y salí nuevamente hasta donde estaba Alice.
―Te faltan los aros ―me informó.
―Lo había olvidado, voy por ellos ―me devolví.
Fui a buscar unos pendientes plateados preciosos que tenían pequeños detalles en sus extremos que combinaban con mi vestido.
―Lista ―salí nuevamente.
―Estas hermosa ―se levantó Alice del sillón ―. Si Edward no reacciona es porque no le gustan las mujeres ―sonrió.
―Veamos primero si soy capaz, ni siquiera he decidido si lo haré.
―Tú puedes, vamos, lo hiciste con el idiota de Mike en la secundaria ―rió.
―¡Claro! Pero esa vez fue más sencillo, simplemente lo dejé esperando un beso ―le critiqué con la mirada.
―Ahora es casi lo mismo, pero tienes que dejarlo esperando otra cosa ―rió.
Salí de allí no muy convencida de lo que haría. Sé que era capaz, pero aún así sabía que después de eso tendría que seguir viendo a Edward y no sería nada agradable.
Me subí al coche que había mandado Edward para que me pasase a buscar.
Estuve tensa todo el camino, en mi cabeza no cabía otra cosa… ¿Lo haría? ¿Caería en el juego?
Al entrar fui recibida calurosamente por Esme y Carlisle que estaba en el vestíbulo recibiendo a los invitados. Ambos estaban vestidos de etiqueta.
―Querida Isabella ―me abrazó Esme ―. ¿Cómo has estado?
―Muy bien, gracias. Me alegra que hayan regresado pronto de su viaje ―dije sinceramente.
―Te ves muy guapa ―me abrazó Carlisle ―. Edward está en el salón con el resto de los invitados.
―Lamento que mis padres no pudiesen asistir ―les disculpé ―. Ya saben que han tenido algunos inconvenientes.
―Nos ha llamado hace unos minutos tu madre y pidió disculpas ―sonrió Esme.
Salí del vestíbulo y caminé al salón.
Sonó mi celular.
"No lo olvides. Tú eres muy capaz, sólo ve de caza… Sin escrúpulos, no lo olvides. Te quiero. Alice"
Sonreí ante el mensaje de mi amiga. Tan especial, sabía que dudaría todo el camino y en el momento exacto me manda el mensaje.
―¿Isabella? ―escuché la voz de Edward a mis espaldas.
Volteé lentamente.
―Edward ―sonreí.
Se quedó atónito, recorriéndome con su mirada de pie a cabeza. Sonreí al verle así de perturbado, intenté mantener mi tranquilidad.
―Estás…―tirubeó ―. Estás realmente decente ―tragó saliva.
―¿Decente? ¿Estas insinuando que carezco de decencia? ―intenté no sulfurarme, aunque mi intento fue en vano.
―Sólo pensé que no estarías preparada ―dijo más compuesto.
―Si, la verdad es qué siempre estoy lista para una ocasión así ―intenté presumir.
Me guió, con su mano apoyada en mi espalda, por todo el salón mientras me presentaba a los invitados.
Entonces Carlisle llamó la atención de todos.
―Bueno queridos amigos ―sonrió ―. Esta cena es más que una cena de negocios. Están aquí ustedes hoy, para presenciar la formalidad del noviazgo de Isabella y Edward, quienes tienen algo que decir ―nos hizo una seña para que fuésemos hasta donde él se encontraba.
Edward enlazó sus dedos con los míos y caminamos hasta donde se encontraba Carlisle.
―Bien ―dijo Edward ―. Bella y yo hemos decidido que nuestro amor no puede esperar, ya es tiempo suficiente como para llevar esto a una formalidad. Ambos tenemos fuertes sentimientos mutuos ―sentí la ironía en esas palabras ―. Y en tres semanas más nos casamos.
La gente sonrió y se oyó un cuchicheo en el salón. Finalmente, aplaudieron con entusiasmo mientras que fingía mi felicidad.
―Bien, podrías besarla para sellar el momento ―susurró Esme a Edward.
Entonces este se acercó lentamente a mí. Mientras que tenía una confusión en mi mente… ¿Seguir o no seguir el consejo de Alice? Tenía a Edward a tan sólo centímetros de mí dudando, al parecer al igual que yo.
Entonces comencé a sentir coraje en mi interior. Si ¡ya basta! Edward necesitaba que viera que no soy una cobarde, que si puedo jugar también a su jueguito, que si era capaz de fingir esto y que aprendiese que con Isabella Swan no se juega.
Me acerqué a él y le tomé por la nuca, para así acercar su rostro al mío y planté mis labios sobre los suyos con pasión. Rápidamente él correspondió mi beso con necesidad… ¿Necesidad? Si eso parecía, entonces continué sin pensar más en lo que hacía, sintiendo sus labios presionando los míos y entonces recordé que había gente. Me detuve suavemente y le sonreí tiernamente al terminar.
Me sentía dichosa ante su cara de confusión.
Gracias a Dios, Esme me separó por unos instantes de Edward para presentarme a alguno de los invitados.
Intenté controlar mi conciencia que me agobiaba al pensar en la infidelidad que acababa de cometer. Entonces recordé lo que decía mi Alice. Era Jacob el amante no Edward, técnicamente no era una infidelidad.
Intenté resguardarme en esos pensamientos, entonces sentí una mano en mi cintura.
―¿Deseas bailar? ―sonrió Edward.
―¡Claro! ―fingí.
―¿Me la prestas mamá? ―le preguntó a Esme que hablaba con la esposa de un importante empresario.
―Por supuesto, querido ―sonrió.
Edward me llevó a la pista de baile sin emitir comentario alguno de nuestro beso.
Nos dejamos mover al ritmo del compás, era una melodía bastante romántica por lo que él apoyó su mejilla cerca de mi oído.
―¿Qué pretendías? ―susurró.
―¿Con qué? ―fingí.
―¡No te hagas! Ese beso…
―¡Vamos! Teníamos que darnos ese beso ¿o no?
―Si, pero fuiste tan efusiva ―dijo confuso.
Me separé lentamente de él y le miré fijamente a los ojos.
―Fue sólo un beso, luego tendrá que ser más que eso, así que me acostumbro rápido ―le sonreí seductoramente.
―¿Tendrá que ser más que eso? ―me citó confundido.
―Vamos, Eddie… ¿No creerás que haremos nuestro hijo del aire? ―sonreí con picardía.
―Ya te dije que hay otros métodos ―añadió secamente.
―Creo que he dicho que no pisaré ni un solo laboratorio ¿Lo recuerdas? ―me acerqué a él posando mi rostro en su pecho.
Sentí como los latidos de su corazón se aceleraron ante mi cercanía, sin duda esto sería más fácil de lo planeado.
Tomó mi mano y me guió rápidamente hacía las escaleras. Tuve que sonreír como si nada ocurriese ya que nuestra rápida separación causó curiosidad entre los invitados.
Entramos en su habitación y me sentó en la cama.
―¿Qué pretendes? ―dijo perturbado.
―Digamos que pretendo darte una oportunidad ―sonreí levantándome de la cama.
―No te creo, ¡Vamos Isabella! ―dijo separándome de su cuerpo ―. ¿Qué quieres?
―A ti ―susurré en su oído.
Estremecí al pronunciar aquello, pero mantuve la compostura mientras que Edward mantuvo su mirada fija en mí.
―P-Por fa…
Le silencié con un beso apasionado, posando mis labios sobre los suyos y moldeando nuestros cuerpos en un efusivo abrazo.
Él tomó mi cintura y la apegó a sí con desesperación. Intenté mantener la calma, tenía que tener las riendas del asunto. Aunque confieso que era más difícil de lo que creía, Edward besaba condenadamente bien, sus labios recorrían mi cuello con desesperación y me sentía derretida en sus brazos, nunca pensé que un ser tan insoportable y despiadado terminase haciéndome sentir así, tan desinhibida y desesperada por él.
Intenté calmarme aunque era en vano, mi pecho subía y bajaba desesperado por la necesidad de aire, mientras que él recorría mi cuerpo con sus manos, acariciando mis muslos y apegándome aún más a él.
―D-Dime B-Bella ¿Q-Que p-pretendes? ―dijo entre jadeos.
No le respondí y tomé fuertemente su barbilla, pegando sus labios nuevamente a los míos.
―Quiero conocer al que osará llamarse mi esposo ―dije ahogada en sus besos.
Comencé a besar su cuello, subiendo lentamente hasta su oído, acaricié su lóbulo con mi lengua, él estremeció al contacto, pero no me detuve.
Nos dejamos caer en su exquisita cama de agua, y me subí arriba de sus caderas.
Él me miró sorprendido al ver que desaté mi peinado y dejé caer mis ondas.
Acaricié su pecho, sus fuertes brazos que me rodeaban y comencé a sentir demasiado calor. Él corrió la cremallera de mi vestido, mientras que le desabrochaba su camisa.
El calor en el ambiente me estaba sofocando y sus besos me ahogaban en un sin fin de sensaciones, únicas a decir verdad.
Estábamos semidesnudos, acariciándonos en tan exquisito momento entonces comencé a sentir una sensación de incomodidad.
―¿Te sucede a-algo? ―jadeó Edward.
―De todo ―sonreí aún perturbada.
Seguimos acariciándonos, aunque ahora no podía disfrutar, tenía en mi cabeza imágenes de Jacob, de nuestro primer momento y lo incomoda que me sentía jugando a esto. No podía creer que me sentía así de bien en sus brazos. No podía ser esto era un error, Edward era un error. Le estaba haciendo daño, pero de paso me estaba haciendo lo mismo y peor aún a mí. Me sentía el ser más vil y asqueroso que pisara el suelo.
Me separé de sus labios, de su exquisito sabor.
Y bajé las escaleras casi corriendo, no quise verle el rostro ni tampoco quería dar explicaciones a la familia, simplemente pedí al cochero que me viniese a dejar y así fue. Lo último que vi fue a Edward subiéndose a su auto.
Llegué hecha un lío a la habitación de Alice.
―Ya voy ―gritó al sentir como derrumbaba su puerta.
―Bella, ¡Madre Santa! ―chilló al verme así de desesperada.
―No digas nada ―dije dentro.
―¿Cómo que no diga nada? ―me criticó.
―Cállate y escucha ¿Si?
Me dejé caer en su sofá y comencé con toda la historia.
―Me siento horriblemente mal. No sé que tiene ese hombre, no lo sé pero te juro que le detesto y aún así sin consumar nada logro un… ¡Ah! No sé una sensación extraña en mi, como si le desease más de lo que yo misma creía y a pesar de todo esto le detesto con la misma fuerza ―suspiré.
―¿Una especie de orgasmo mental? ―arqueó una ceja.
―No lo sé, Alice… lo que si sé es que es tan exquisitamente extraña esta sensación, me siento desesperada.
Mi pecho aún subía escandalosamente. Estaba hecha un atado de nervios, mis manos tiritaban y las imágenes de Edward y yo en esa cama me estaban torturando.
Entonces sentí como sonaba la puerta, al parecer un estruendo peor al que había causado yo cuando estaba histérica por entrar.
―¡Bella abre la puerta! ¡Sé que estas aquí, necesito hablarte! ―chillaba Edward.
No era capaz de verle a la cara, me sentía terriblemente arrepentida y por sobre todo confundida. Le detestaba tanto y a la vez… no lo sé, mi cuerpo me jugaba una mala pasada al tenerle al frente.
Hola chicas!
Lo siento mucho, si... he tardado bastante en escribir y lo lamento
de verdad que he intentado por todos los medios de definir que pasaría ahora.
Tengo clara la historia, pero necesitaba
un acercamiento Edward y Bella y aquí esta.
Espero sus reviews contandome que les pareció
y prometo subir a penas pueda otro cap.
Cariños a todas.
Manne
(Feliz día de San Valentín)
