Draco despertó en un lugar frío y desconocido. No sabia donde estaba y le costaba recordar lo que pasó. Hizo memoria pero no lo logró. Se sentó y observó a su alrededor. Se encontraba en una sala grande y fea, donde todo era gris. No recordó estar en ese lugar en ningún momento de su vida.
De pronto, recordó todo. Recordó a Hermione, al error que cometió diciéndole 'Te amo', y cuando le lanzó aquel Cruciatus que además de un poco de dolor, logró que vinieran los dementores a llevárselo.
Ahora todo concordaba para él y las cosas comenzaron a tener lógica. Recordó las palabras que Moody, cuando dijo que al utilizar algunas de las maldiciones imperdonables ganaban un boleto directo a Azkaban. Al recordar esto último, se le heló la sangre. Allí estaba la respuesta: Se encontraba en Azkaban.
Le dolía todo el cuerpo, la caída fue inesperada y le dolía terriblemente la cabeza. Se sentía estúpido, hacerle la maldición Crucio a Hermione era innecesario.
Aunque divertido Pensó.
De un momento a otro el terror lo invadió. Los dementores no sabían que él era menor de edad. Se supone que debería estar en la casa de la sangre sucia. No en Azkaban.
No sabía que hacer, estaba perdido. No sabía que iba a hacer cuando lo encerraran los del ministerio de magia. Lo único que sabía es que había ensuciado el nombre de su familia y despertar más sospechas de que eran mortífagos. Había puesto a todos en peligro; a Hermione, su padre, Dumbledore, Snape y a él.
Rápidamente, la noticia se iba a esparcir por todo el mundo mágico. Él se imaginó las portadas del profeta con títulos como "Adolescente de una familia rica e importante en Azkaban" o "Un Malfoy en Azkaban: Investigan el uso de la maldición cruciatus en una muggle".
Se sentía ridículo.
-Piensa, Draco. -Dijo en voz baja para él mismo.
Luego de unos segundos la idea se le vino a la mente. Era una respuesta que a cualquier prisionero se le ocurriría, pero casi imposible de llevar a cabo: Escaparse.
No sabía como hacerlo, ya que desconocía cómo hacerlo. De las personas que lo habían logrado, solo conocía que dos lo habían hecho gracias a el señor tenebroso. Pero el no podía hacer nada. No tenía ninguna marca tenebrosa, debido a que no era mortífago y su padre, que sí lo era no sabía que se hallaba allí. Para que Voldemort lo rescate, se tendría que enterar todo el mundo mágico de la noticia, y ahí, lo buscarían nuevamente, así que era ridículo. Todo lo era. No se escaparía más de allí. Viviría en ese frío y tenebroso lugar hasta su muerte. Se imaginó viejo, solitario, desnutrido y sucio. Eso simplemente lo llevó al llanto. No aguantaba estar así, pero la depresión era mayor.
Da igual ahora, llorar no cambiará en nada, ya mi dignidad está por el piso con todo esto. Ya la perdí. Pensó para sus adentros.
No muy lejos de allí, una chica de pelo castaño se despertó bruscamente en el frío piso de la mansión Malfoy. Se sentía confundida, pero solo bastó con mirar a sus alrededores para recordar todo.
Se sentía confundida. Sabía lo que había pasado, pero no entendía a Malfoy. Ella recordó todo lo que pasó, de la manera tan buena que había actuado para que Malfoy pensara que había hecho bien el hechizo Obliviate correctamente, la manera en que sus labios le habían dicho 'Te amo' y luego de cuando sintió que sus huesos hervían con la maldición Crucio. No sabía de verdad lo que Draco sentía por ella, aunque ese 'Te amo' se sintió tan real. Raramente, cuando lo escuchó, no logró evitar sonreír. Aunque también odiaba a Malfoy, no había nada peor que el dolor que se siente con la maldición Crucio.
Recordó a los dementores. Draco debería estar en Azkaban. No pudo evitar sentirse felíz, pero luego recordó que él estaba bajo la responsabilidad de ella.
Tenía miedo. Podrían matar a Draco. O peor. La podían expulsar.
Tenía que recatarlo. Hermione no sabía como lo podía hacer, ella no sabía donde quedaba Azkaban ni conocía a nadie que supiera, porque Sirius, había muerto hace poco tiempo y preguntarle a los mortífagos que habían estado allí era una idea muy peligrosa.
Tenía que actuar rápido.
Para peor, ella no sabía donde se encontraba, ya que había llegado a esa mansión gracias a la familia Parkinson.
La inspiración le llegó rápidamente. Hermione comenzó a buscar al elfo doméstico en la mansión. Ella conocía muy bien el poder de los elfos domésticos.
A los lejos, ella logró distinguir una pequeña criatura. Debía ser el elfo doméstico.
Ella se acercó y confirmó sus presentimientos.
-¿Me puedes llevar a un lugar? -Preguntó Hermione.
-Dogby solo obedece a sus amos. Dogby es de los Malfoy.
Hermione rió para sus adentros. Pensó en la poca creatividad que tenían los Malfoy para los nombres de elfos. Se vió tentada en decirle que no tenía dueños y hacerle toda la explicación de P.E.D.D.O, pero luego se dio cuenta que sería perder tiempo y lograr que el elfo no lograra lo que ella quería, así que simplemente, decidió por mentirle.
-Soy una Malfoy, de hecho, me voy a casar con Draco este año, ¿No te ha contado Lucius? -Mintió Hermione, tratando de no poner cara de asco al decir que se iba a "casar".
-Dogby no ha visto al amo Lucius desde febrero.- Respondió el elfo desconfiado.
-Bueno, ¿Me puedes llevar a un lugar?.- Preguntó Hermione.
-Dogby la llevará a donde quiera ama Malfoy. -Dijo el elfo desconfiado.
-Bueno, entonces llévame para Azkaban. -Dijo Hermione.
En un instante, el elfo le agarró la mano. Hermione sintió lo mismo que sintió cuando la señora Parkinson la trasladó para la mansión. Se hallaba en una isla desierta, frente a una enorme edificación de forma triangular muy sombría. Esa debía ser Azkaban. El elfo doméstico desapareció antes que Hermione pudiera darle una nueva orden.
Ahora estaba completamente perdida, no sabía como ingresar y estaba sola.
Caminó hasta la entrada y comenzó a sentir un frío intenso. Debía ser por los dementores.
Intento hacer el conjuro Alohomora, pero esta vez no funciono. Tendría que esperar a que alquien ingrese en Azkaban o que la encuentre un dementor para poder entrar.
Se sentó en el suelo en la espera de que sucediera algo. Luego de unos eternos diez minutos, unos dementores entraron llevando a alguien. Hermione miró a la persona. No era Malfoy, pero era alguien que ella conocía, pero no se acordaba quién era ni de donde lo conocía. Cuando la puerta se abrió, Hermione logró ingresar.
El salón principal era grande y triste. Para la suerte de Hermione, era tal como la describían en los libros: Sin personas. Era sin dudas un lugar peligroso. No sabía donde se podría encontrar Malfoy. Finalmente, ella optó por seguir a los dementores, quizás la llevaran a un lugar cerca de Malfoy.
A pesar de no creer en el destino, ella sabía muy bien que su misión es salvar a Draco. Una llama comenzaba a prenderse en ella, y toda llama termina convirtiéndose en fuego.
